Ginny llegó a su apartamento y se metió a la ducha, la sonrisa no cabía en su cara. Se sentía tan atrevida, un poco loca pero la verdad le había encantado darle ese regalo a Harry. Y al parecer a Harry también le había fascinado, pero luego en su mente escuchó la voz de Lily: "lleven su noviazgo con calma y conózcanse más". Tal vez iba demasiado rápido con Harry, tal vez era demasiado pronto para ciertas cosas en la relación, pero amaba a Harry, lo adoraba, las cosas entre ellos solo se daban, sentía que todo era posible estando con él. Además estaban siendo responsables, trabajaban juntos pero siempre se comportaban en el ministerio, además de que aunque no habían hablado de algo futuro, ambos sabían que tener hijos no estaba en planes ni a corto ni a mediano plazo. Y aunque se querían simplemente la palabra boda aun no estaba en el vocabulario de ambos.

– Vamos, Ginny – se dijo Ginny a ella misma mientras cerraba la llave de agua de la regadera – no llevas ni un mes con Harry.

Por lo que apartó esos pensamientos de su mente y se vistió de manera muy cómoda para ir (de nuevo) a la mansión Potter a ayudar a decorar y terminar los últimos bocadillos.

Se apareció primero en la Madriguera, para llegar junto con su madre a Godric's Hollow.

– Buenos días – dijo Ginny entrando por la puerta de la cocina.

– Buenos días, hija, enseguida voy – se escuchó la voz de Molly desde la planta alta.

La cocina estaba impecable y en la mesa había varias ollas, panecillos y tartas. Así como varias bolsas grandes con el estampado de Sortilegios Weasley. Ginny se acercó a ver que contenían.

– Son adornos que tus hermanos hicieron, bajo mi supervisión, claro. – dijo Molly entrando en la cocina con una caja en sus brazos. La dejó en la cocina y se acercó para saludar a su hija – ¿Cómo estás?

– Bien, mamá, ya sabes con bastante trabajo, pero aun así todo está muy tranquilo, no me ha tocado ninguna misión peligrosa. – Empezaron a aplicar hechizos a las cajas y bolsas para encogerlos y meterlos en bolsas con encantamientos de extensión indetectable.

– No hace falta que te salga una misión peligrosa, cariño, Ron me dice que eres demasiado atrevida, incluso en los entrenamientos. – le reprocha Molly mientras envolvía en cajas las tartas y panecillos para que no se apachurraran dentro de las bolsas.

– Ay, mamá no es para tanto. – Dijo Ginny, pero al ver la expresión de enojo de su madre agregó– Pero prometo cuidarme más.

– Más te vale, hija. Listo, vámonos que Lily nos espera. – Dijo la señora Weasley, luego se fue al pie de las escaleras y gritó – ¡Ron, tu desayuno está en el horno! – pero no obtuvo respuesta, por lo que salió junto con Ginny al patio para poder aparecerse en Godric's Hollow.

– Olvidaba que hoy era el día libre de Ron – dijo Ginny mientras salían.

– Sí, anoche le tocó guardia, pero según Ron no hubo nada interesante. – Dijo antes de desaparecerse junto con su hija.

Se aparecieron en la entrada del jardín frontal de la casa, cruzaron la verja de la entrada y tocaron la puerta principal. No tardó mucho tiempo cuando Layla les abrió la puerta.

– Buenos días, pasen por favor, bienvenidas.

– Muchas gracias, querida, ¡qué alta estás!, y muy hermosa por cierto – le dijo Molly después de saludarla con un beso en la mejilla.

– Gracias, señora Weasley, hola Ginny. – dijo Layla con un leve sonrojo y saludó a Ginny. – Adelante, mi mamá está en la cocina.

Las tres pelirrojas entraron en la cocina donde las esperaba otra pelirroja, Lily Potter, que estaba decorando el pastel de cumpleaños de Harry.

– Buenos días, muchas gracias por venir a ayudarnos. – les dijo Lily mientras se limpiaba las manos en su delantal y se acercó para saludarlas.

– Buenos días, y no te preocupes, es un placer. – le dijo Molly mientras sacaban algunos paquetes de sus bolsas.

– Buenos días, Lily. – le dijo Ginny mientras la saludaba.

– Hola, Ginny, cariño.

– ¿Quieres que Layla y yo adornemos el patio mientras ustedes terminan la comida?

– Si, por favor, Layla, hay algunos adornos en el despacho. – dijo Lily.

– Si, mamá, vamos Ginny. – le dijo Layla y ambas caminaron rumbo al despacho de Lily y James.

– Me alegra que estés de nuevo aquí. – dijo Layla con una sonrisita a Ginny.

– ¿De nuevo?

– Si, De Nuevo, resulta que en la mañana mi hermano se estaba vistiendo cuando mi pequeña Sakura salió de su cuarto con algo en su boca y se fue a mi cuarto, mi hermano llegó corriendo a mi cuarto con una calceta en la mano, porque aun no acababa de vestirse, y entró sin mi permiso, por lo que me enojé y lo eché, pero él estaba muy preocupado por ese "algo" que traía Sakura, aún así lo eché de mi habitación…– Ginny sintió que sus manos empezaron a sudar frio mientras Layla le contaba lo sucedido esa mañana. – En fin, me vestí rápidamente porque mi hermano seguía tocando con mucha insistencia y mientras Sakura estaba recostada en mi cama…


- FLASHBACK -

– Layla, por favor, ¡déjame pasar! – decía Harry desde el pasillo mientras Layla se vestía con su blusa gris y se colocaba unos zapatos bajos.

– Ya, está bien pasa. –dijo Layla y se sentó junto a Sakura. Harry entró corriendo y se acercó lo más posible a Sakura pero al ver a su hermana a un lado, se paró en seco. Estaba muy colorado de la cara. – ¿Qué tomó Sakura de tu cuarto que te molesta tanto?

– Pueeeees… Nada de importancia pero deja lo tomo yo. – le dijo Harry y se acercó a Sakura pero la pequeña Terrier se escondió detrás de Layla. – Sakura, linda, pequeña, dame la, la… lo que traes en tu boquita por favor.

Sakura soltó un pequeño ladrido y movió la cola pensando que Harry estaba jugando. Layla aun no había visto lo que traía Sakura pero se le hizo divertido que su hermano estuviera tan nervioso.

– ¿Qué es, Harry? – le dijo mientras se dirigía a su puerta y su Terrier se pegó a sus piernas para que Harry no la pudiera agarrar, cómo Harry no contestó Layla agregó. – ¿Te parece que vayamos al cuarto de mi madre y me lo des ahí, Sakurita?

Pero la puerta se cerró bruscamente. Layla volteó a ver a Harry que tenía extendida su mano en dirección a la puerta y con un semblante serio pero aun así muy sonrojado.

– Por favor, Layla, dame eso, aquí en tu cuarto.

Layla sonrió muy divertida y se agachó junto a su pequeña Terrier.

– Suelta, Sakura – dijo Layla y la Terrier soltó lo que traía en la boca. Era una tela roja. Layla la tomó y la extendió en sus manos. Era una braga de encaje roja, bastante trasparente a decir verdad. Layla se sonrojó y volteó a ver a Harry que estaba aun más rojo y nervioso. Layla tragó saliva, volteó a ver la braga y luego a Harry. Luego habló con voz muy seria – Harry, no lo puedo creer de ti…

– Layla, yo…

– Con una chica tan linda como Ginny y ¡tú te atreves a engañarla! – le dijo Layla con voz bastante dramática.

– ¡No, Layla! ¿Cómo crees?

– ¡¿Entonces que otra explicación tiene esto?! – le espetó levantando la braga, con un dedo.

– ¡Pues es de Ginny! – soltó Harry y ambos se quedaron congelados, Layla de la sorpresa y Harry por la idiotez de hablar de más. Luego Layla soltó una carcajada. – No es lo que crees…

– Y dime hermanito, ¿qué es lo que creo? –dijo Layla mientras sacaba su varita y hacía flotar la braga.

– Pueees, Ginny no vino aquí, ¿ok? Yo apenas se la voy a dar, es decir ¡No!, olvida lo que dije… Es que…

– Por cierto, ¿y esa chamarra? – le dijo Layla a Harry señalando su chaqueta negra de piel, Harry se sonrojó.

– Layla, por favor, ya dámela. – Dijo Harry con voz de súplica. Layla se compadeció de él.

– Está bien, entonces Ginny NO estuvo aquí, y ella ES tan pura y casta como una virgen, y esa chamarra te ACABA de llegar por lechuza, ¿verdad? – Harry tragó saliva y sonrió a su hermana – ¿Verdad que soy la mejor hermana del mundo y me VAS a regalar un mp3 portátil hechizado para que se escuche en Hogwarts, así como entradas para el concierto de las brujas de Macbeth que se presentan en un mes en Londres? – Harry se acercó a su hermana y la abrazó con un brazo mientras con el otro tomaba la braga que Layla tenía flotando, la guardó en el bolso de su chaqueta.

– Si, eres la mejor hermanita del universo, pecosa y dalo por hecho, – le dijo y le dio un beso en la frente. – te debo una, Layla.

– Y créeme que no se me olvidará, Harry. – le dijo mientras él salía de la habitación de Layla.

– FIN FLASHBACK –


Ambas pelirrojas se encontraban en el despacho, Ginny estaba tan pálida que había tenido que sostenerse de uno de los escritorios, Layla la observaba con una gran sonrisa. Finalmente Ginny habló.

– Layla, yo…

– Escucha Ginny, no quiero saber nada, es mi hermano de quien estamos hablando, sólo asegúrate de que me dé ese mp3 y las entradas y olvidemos este incidente, ¿ok, cuñada? – dijo Layla y le pasó unas cajas a Ginny, ella sonrió un poco y asintió avergonzada.

– Gracias – articuló sin voz Ginny.

– De nada y no te preocupes después veré de que otra manera puedo cobrarles esta. – Y le sonrió de manera dulce, lo cual le pareció a Ginny más peligroso que la frase que había dicho.

Ya en el jardín, las chicas conversaron de otros temas mientras aparecían sillas y mesas y las decoraban, Ginny dejó un espacio libre para poder jugar Quidditch, así como un área donde pudiera ponerse un mini bar, algo que según Sirius, no podía faltar en la fiesta de su ahijado, y aunque Lily no estaba de acuerdo, accedió de mala gana. La señora Weasley y Lily se habían vuelto muy buenas amigas desde que Harry y Ron se habían conocido y después cuando sus dos hijas menores se habían conocido, su cariño aumentó. Ahora con la relación de sus hijos simplemente eran como hermanas, las mejores amigas.

– Ay Molly, no sé qué voy a hacer si mis hijos siguen creciendo, Harry ya está planeando en mudarse… – dijo Lily mientras añadía unos ingredientes a una gran cacerola.

– Lo sé, querida, cuando abandonan el nido es el momento más doloroso que tenemos como madres y te lo digo yo, que he visto como cada uno de mis niños y niña se han ido, excepto Ron, pero él está ahorrando para poder comprar una casa, – dijo Molly en voz baja, mientras cortaba unas verduras – yo creo que quiere tener un hogar para después pedir la mano de Hermione.

– ¿Te lo dijo? – preguntó Lily, mientras ponía unas grandes charolas en la mesa.

– No, pero ya sabes, – dijo Molly mientras terminaban de acomodar en las charolas los muffins y otros aperitivos – lo intuyo, volviendo a lo otro, no te preocupes cuando menos pienses tendrás la casa llena de nietos, yo aún no tengo pero espero que Bill y Fleur se apuren.

– Pero mientras pasa eso, seguiré disfrutando a mis dos hijos aquí en casa. – dijo Lily mientras observaba a su hija jugar con Ginny en el jardín.

La mañana transcurrió con mucha prisa mientras las 4 pelirrojas adornaban el lugar y terminaban la comida. Al final todo quedó maravilloso, la comida era estupenda debido a la buena combinación Potter-Weasley en las recetas, y el jardín lucía espectacular, con grandes adornos de leones y unos pequeños peluches con forma de Harry con su uniforme de Quidditch del colegio, un pequeño campo de Quidditch donde los chicos estarían la mayor parte del tiempo, además del mini bar que fascinaría a los adultos que quisieran embriagarse un poco y había una pequeña sorpresa por parte de James y Sirius para Harry.

– Esto es genial, mamá – dijo Harry observando el jardín desde la cocina, ya que Lily no había querido que lo observara más de cerca – se ve estupendo.

– Gracias, hijo, pero en realidad lo hicieron Ginny y tu hermana, así que agradéceselo a ellas, pero por ahora vete a duchar, que vienes muy sucio. – le dijo Lily mientras observaba la ropa de Harry que se encontraba llena de lodo, todo excepto la chaqueta.

– Es que tuvo una misión de campo…– dijo James, tomando un poco de té.

– Y vaya que fue de campo – dijo Sirius, que se encontraba en mejores condiciones que Harry.

– Tuvimos que perseguir a unos falsificadores de artefactos mágicos a las afueras de Londres.

– Lo bueno es que se encuentran bien – dijo Lily mientras los observaba un poco preocupada. – Por ahora vete a duchar, cariño, no tardan en llegar lo invitados, Sirius puedes pasar a asearte…

– Gracias Lily, pero mejor me voy a mi departamento y enseguida vuelvo. – La interrumpió Sirius – los veo luego. – les dijo despidiéndose de los demás Potter.

Harry subió a ducharse, era verdad que se encontraba muy sucio, pero había cuidado que su chaqueta nueva no se maltratara ni ensuciara, había esperado su fiesta con grandes ánimos, sólo le quedaba disfrutar su cumpleaños con las personas que quería.

Cerca de las siete de la tarde empezaron a llegar la mayoría de los amigos de los Potter, Lily y Layla se encontraban listas para recibirlos y acompañarlos mientras el festejado bajaba. Los primeros en llegar fueron la familia Lupin y Sirius, seguidos de Ginny, Ron y Hermione, los señores Weasley, los gemelos Fred y George, Bill con Fleur, algunos ex compañeros de Hogwarts de Harry así como algunos compañeros de trabajo tanto de él como de James, unas amigas de Layla, Percy con su prometida. Al final había bastante gente y la mayoría se divertía conversando, bebiendo, comiendo o bailando con la música que sonaba de una pequeña rockola mágica que había encantado James.

– Te ves hermosa, pequeña – le dijo Harry a Ginny mientras caminaban hacia el mini bar, luego agregó en voz baja – aunque te veías mejor hoy en la madrugada. – Ginny se sonrojó levemente y sonrió.

– Gracias mi amor, tú también te ves muy guapo con esa chaqueta – le dijo Ginny.

– Ginny – empezó Harry con una sonrisa nerviosa – te tengo que decir algo…

– Ya sé que Layla se enteró que vine…– Harry tragó saliva un poco nervioso, y asintió volteando a ver a su hermana que conversaba con Fleur, Dora y sus amigas. – Esa niña me da miedo– dijo Ginny con una sonrisa juguetona.

– Lo sé, pero no te preocupes, no dirá nada, pero aun así preferiría mantenerla contenta.

– Yo te acompaño a comprar su chantaje. – le dijo Ginny con una dulce sonrisa. Luego se acercaron al campo de Quidditch donde los esperaban sus ex compañeros de Hogwarts, Ron, Hermione, Sirius y James. El partido estaba a punto de iniciar.

Los demás invitados de la fiesta se acercaron para poder observar el partido. Como era un partido rápido los equipos eran de 5 integrantes, un cazador y un golpeador menos. Sin embargo después de varios encuentros con diferentes personas en los puestos, decidieron darse un descanso además de que la luz del sol ya se había ido, sin embargo fueron partidos emocionantes donde Harry y Ginny mostraron unos excelentes aptitudes de buscadores y quien demostró que no se queda atrás en el Quidditch fue Layla que jugó de cazadora y guardián y no lo hizo nada mal en ningún puesto.

Después de los partidos, James y Sirius decidieron darle a Harry su regalo de cumpleaños, el cual según Sirius, iba a sorprender a todos, en especial a Lily.

– Eh, escuchen todos, – dijo Sirius subiéndose a una silla y gritando un poco para hacerse escuchar – James y yo tenemos que darle su regalo a Harry, el cual será el más asombroso de este día…

– Eso es porque no saben lo que yo te regale– le susurró Ginny a Harry y los dos rieron por lo bajo.

– Ya basta Sirius, solo dale el bendito regalo– le dijo James cuando todos rieron por el comentario de Sirius.

– Arruinas la teatralidad Prongs, pero está bien le daré al niño su regalo. – dijo Sirius y sacó de su bolsa lo que parecía un pequeño encendedor y se lo lanzó a Harry. Harry lo tomó y lo observó detenidamente: era el control de un automóvil, Harry presionó un botón y se pudo escuchar a lo lejos la alarma del automóvil. Harry sonrió ilusionado y casi arrastrando a Ginny la llevó hasta el frente de la casa, seguidos de todos los invitados intrigados por el regalo.

Frente a la casa y con un gran moño verde se encontraba un hermoso auto deportivo color negro, Harry se quedó estupefacto viéndolo, era simplemente alucinante, brillaban a la luz de la luna sus rines cromados, Harry buscó el control del auto y presionó otro botón y pudo oír el ronroneo del motor al encenderse. La mayoría de los invitados aplaudió pero algunos, como la señora Weasley, Lily entre otras personas no entendían porque el asombro de regalar un auto. Eran magos no hacía falta ese pequeño lujo, se podían aparecer. Sin embargo para los jóvenes fue una gran sorpresa y todos quedaron fascinados tan sólo de verlo. Apresuraron a Harry para que subiera en él y lo probara. Harry se acercó al coche y abrió la puerta del copiloto e invitó a Ginny a subir, luego subió en el asiento del piloto observó con detalle el panel lleno de lucecitas que no tenía mucha idea para que servían. Sin embargo estaba familiarizado con el manejo gracias a su abuelo materno, por lo que con gran emoción tomó el volante y piso el acelerador después de cambiar la palanca de velocidades.

Después de dar un par de vueltas en su coche, volvieron a la fiesta para seguir celebrando, después de todo aun faltaba el pastel. Harry no paró de agradecerles a Sirius y su padre por tan fantástico regalo.

Después de cortar el pastel la mayoría de los invitados fueron yéndose poco a poco, hasta quedar solamente unos Weasley y la familia Potter y ellos se encargaron de limpiar y recoger casi todo.

– Bueno dejémoslo así, mañana yo me encargo de limpiar todo, muchas gracias por ayudar pero ahora pasemos tomar un té, por favor. – dijo Lily, los señores Weasley, Ron y Hermione entraron a la casa seguidos de Layla y James – ¿ustedes no vienen? – preguntó Lily a Harry y Ginny, ella se encaminó a la puerta pero Harry la retuvo de un brazo.

– Enseguida vamos, mamá. – le dijo Harry a su madre. Ginny se le quedó viendo y Lily asintió y cerró la puerta tras ella. Harry abrazó a su novia y la encaminó a una pequeña hamaca que había bajo el gran roble. Harry se sentó y jaló a Ginny para que se acomodara con él.

Se quedaron un momento observando la luna, mientras Harry jugaba con un mechón del cabello de Ginny, ella se encontraba muy cómoda entre sus brazos.

– Muchas gracias, Ginny – le dijo Harry mientras la apretaba más a su pecho.

– ¿Por qué?

– Por todo, por ser mi novia, por quererme, por apoyarme en todo. Por querer a mi familia…– Harry se le quedó viendo a los ojos, Ginny miró sus grandes ojos verdes, se encontraban llenos de un sentimiento que ella conocía muy bien: de amor, Ginny sonrió, de amor hacia ella.

– De nada, Harry. – se quedó un momento entre sus brazos y luego se separó de él para besarlo. Harry acarició su mejilla suavemente.

– Te amo, Gin – le dijo Harry cuando se separaron. Ginny frotó su nariz con la de él.

– Yo a ti…


Hola! me tardé mucho en volver a escribir un capítulo ¿verdad?, pero a partir de ahora volveré con más capis de esta historia más rapido =) jeje bueno un beso no se aburran, intentaré irme rápido para que se ponga interesante =)

Besos

FreyaF