Me levanto del banquillo y doy dos pasos hacia atrás para observar la pintura en la que he estado trabajando. Hago una mueca en el instante en que mis ojos se fijan en el lienzo lleno de pintura. Cuando dijeron que debíamos pintar un cuadro que representara el día más "Extraño" que hemos tenido, pensé que sería cosa fácil expresarlo, pues tenía la idea plantada en mi cabeza desde un principio, pero ahora que la había traducido a lineas, bosquejos y pintura, es completamente diferente a lo que me imaginé. Es sencillamente horrible. Seco las gotitas de sudor que caen por mi frente con la manga extra grande de la camisa y, dandome por vencida, saco el cuadro del tripoide, no quiero volver a verlo. ¿Estoy teniendo algún tipo de bloqueo? Podía ser, pero nunca había tenido un bloqueo como este. La necesidad por desaserme del cuadro se hacen notorias a medida que camino hasta el pequeño lago de la mansión. No vale la pena siquiera guardarlo, nadie lo apreciaría. Me dirigo hacia el camino de piedritas rodeado de flores y césped que dan hacia el lago y me detengo frente al mismo. Nunca he botado ninguna de mis obras. Siempre las guardo, ya sea para referencias personales o simplemente por cariño. Sí alguien revisara mi habitación en este preciso momento se encontraría con todas y cada una de las pinturas, cuadros y bocetos que he hecho, todos guardados sin ningún orden en partícular. "No seas rídicula, desaste de ella y ya" pienso, dandome cuenta que tengo el cuadro aferrado a mí. Detengo mi andar justo frente el líndero del lago, donde no hay patos nadando esta vez.

- ¡Hermione! Te he estado buscándo. -La voz de Harry llega a mis oidos mucho antes de que sienta su mano en mi brazo- ¿Estabas pintando?

Sus ojos verdes escrutan mi figura en un rápido vistazo y entonces sabe que algo está mal. Me toma por los hombros, colocando ambas manos en mi y fijando sus ojos sobre los míos. Salgo de mi mente para verlo, va vestido de forma elegante, más de la que estoy acostumbrada a verlo cuando apenas son las cinco de la tarde. Asiento con la cabeza, regresando en mí.

- Sí, pero no me ha gustado como quedó. -Digo, encogiendome de hombros y logrando que él diera un paso hacia atrás- ¿Para que me buscabas?
- Para decirte que saldré, pero, eso no importa, estás rara. ¿Pasa algo, Hermione? -Pregunta con un genuino tono de preocupación. Vuelvo a encogerme de hombros.
- No lo sé, estoy teniendo un bloqueo y me frustra. -Respondo, aún sosteniendo el cuadro entre mis manos.
- ¿Necesitas que te empuje nuevamente al agua? -Bromea, intentando hacerme reír, pero niego con la cabeza- A ver, dime que sucede.
- Miralo por tú cuenta.

Volteo el cuadro y lo extiendo frente a mí para que pueda verlo con sus propios ojos. Harry se inclina ligeramente hacia adelante, lográndo que su cabello oscuro le caiga sobre la frente en pequeños mechones. Estira las manos como pidiendo permiso para tomarlo y yo asiento con la cabeza, entregándoselo. Frunce el ceño, paseándo la mirada por el cuadro en el que he estado trabajando un día entero. A la final, su expresión se torna suave.

- ¿Qué tiene de malo? -Lo dice de verdad; no le ve nada de malo a mi obra- Es un coche frente al atardecer, y uno muy bonito ¿Cual es el problema?
- Oh Dios, Harry, ¡Todo, tiene todo mal! -Normalmente no estoy de mal humor, pero no sé que me ocurre- Se supone que ese cuadro tiene que expresar el día más extraño en mi existencia y luce completamente normal, aburrido... Sencillo.
- Yo veo un cuadro perfectamente pintado, uno hermoso.
- Eso solo lo dices porque lo pinté yo. -Reclamo.
- No; lo digo porque es verdad.
- Olvidalo, damelo, voy a hundirlo en el agua y hacer que la pintura se corra. -Doy un paso hacia adelante para arrebatarle el cuadro pero el lo alza sobre su cabeza. Suelto un grito de frustración- ¡Damelo!

Harry sigue con el cuadro alzado sobre su cabeza cuando, con un movimiento rápido, me roba un beso tan fugaz que hasta yo dudo haberlo sentido. Me provoca reclamarle, ¿O es que se le ha olvidado que nadie debe saberlo? Pero él vuelve a besarme, esta vez con más tranquilidad, lográndo que deje de gritar.

- ¿Puedes dejar de hacer eso? -Le digo, echándome hacia atrás.
- ¿Hacer qué? -Sus labios buscan los mios pero yo me aparto con rápidez.
- Besarme donde alguien nos puede ver. Tienes que dejar de hacerlo.
- A tí no te importa que te bese donde alguien nos pueda ver; te molesta que lo haga porque estás molesta contigo y con el mundo. -Da un paso hacia atrás y una sonrisa de autoeficiencia aparece en su rostro- Me llevaré el cuadro y solo te lo devolveré cuando vuelvas a ser tú.
- ¡HARRY, VEN AQUÍ! -Grito, viendo como se aleja.
- ¡Adiós hermione!

Harry desaparece por el cendero y pronto no puedo verlo más. Siento como la rabia dentro de mi cuerpo parece bajar de súbito. De repente, ya no me siento molesta con él, o conmigo, o con nadie, sino algo decepcionada, como vacía. ¿Qué rayos me está pasando el día de hoy? Recojo todos mis instrumentos pues sé que es inútil volver a pintar en este momento y con una mueca en mi rostro regreso andando hacia la casa. Hace ya dos semanas que regresamos de la playa, dos semanas desde que besé a Harry y admití mis sentimientos por él. Catorce días en los que hemos tenido que pretender que nada sucede entre nosotros, aunque no siempre sabemos disimular muy bien. Es díficil lograr que Harry se tome algo en serio, para él todo esto es una aventura, un secreto divertido de mantener oculto a las narices de las demás personas aún cuando es obvio. Aunque claro, nadie en esta casa es tan observador como para ver los pequeños cambios en nuestra relación. Seguimos tratandonos como siempre, en ese sentido no hemos cambiado, la única diferencia es que es un tanto más profundo y complicado, pero las señales están allí. Están en la forma en que siempre me dice buenos días a mi antes que a todos los demás, en como ensilla a mi caballo con más cuidado que al resto, en la forma en me mira aún cuando no soy yo la que está hablando o como toma mi mano bajo la mesa cuando los demás están distraídos. Por un lado ha sido sencillo pretender que nada pasa, pero por otro Lily lo ha dificultado un poco. Catherine no siempre está en casa, Harry y Draco tienen varias activadades que hacer al día y la mayoría de las sirvientas ya no aguantan a la pelinegra, así que su único escape y diversión soy yo. Lily, que solía ser tan llena de vida, tan amorosa y explendida como ella sola, se ha ido apagando ante nuestros ojos. Ellos no lo quieren admitir, pero se nota a leguas. Ya no va por la casa tarareando viejas canciones, o hablando todo el rato en las cenas familiares. Ahora solo abre la boca para quejarse, o para demandar que la lleven a algún sitio de la casa, pues no le gusta manejar la silla de ruedas por su cuenta, aunque es perfectamente capáz. Tratato de entenderla, lo hago porqué sé lo triste y frustrada que debe estar debajo de todo ese veneno que lanza a cualquier persona que se le acerca. Es una pobre adolescente que no puede hacer lo que más ama en el mundo pues está postrada en una silla, pero ya hasta a mí se me hace díficil pasar tiempo con ella, pues ya no lo hace para intentar entretenerse, sino para hurgar en mi vida. Está constantemente pidiendole a las sirvientas que me sigan, que la lleven a donde estoy yo, haciendome preguntas demásiado incómodas para responder. Una parte de mí está segura de que Lily sospecha algo, pero no lo dice porque no posee las pruebas necesarias. Agradezco que Catherine se la halla llevado al centro de la ciudad a su visita programada con el doctor local pues eso significa que no tuvo oportunidad de ver el beso que me robó Harry o fastidiarme por el resto del día hasta que llegue en la noche.
Cuando entro en mi habitación mde dirigo directamente hacia el baño, dejando la ropa tirada en el camino y me sambullo de lleno en la tina vacia. Dejo que el agua la llene hasta la mitad y permanezco allí hasta que pierdo la noción del tiempo. No pienso en nada por un buen rato, aunque esa alarma mental que me recuerda que aún tengo que entregar un cuadro para mañana me sigue carcomiendo por dentro. Para cuando me doy cuenta que ya estoy empezando a arrugarme me levanto de la tina y me envuelvo en un piano. Cuando veo por la ventana el sol ya se está poniendo. Saco un vestido azul claro que me llega hasta más abajo de las rodillas y decido quedarme descalza, aprovechando que Catherine no está alrededor para decir que una dama siempre debe llevar zapatos puestos. Estoy abriendo los ventanales de mi habitación para dejar que circule un poco de aire fresco cuando tocan la puerta.

- ¡Pase! -Respondo al tiempo que me giro y me encuentro con la figura de Draco- Hey.
- ¿Estás ocupada? -Pregunta, parado en el umbral. Niego con la cabeza.
- No iba a hacer nada por un par de horas, ¿Por qué no pasas?

Su rostro de piel pálida, ojos azul cielo y cabello rubio se turba, indeciso. Puedo sentir su mirada recorrerme y aquello me hace sentir algo incómoda, sin embargo, es Draco y por lo que veo, solo tiene mucho en mente. Me acerco hasta él y lo jalo suevamente por el brazo, haciendo que pise mi habitación.

- Nunca había pasado a tu habitación. -Murmura, dando pasitos indecisos.
- Claro que si, ¿O es que no te acuerdas? Te la pasabas aquí cuando eramos pequeños. -Comento.
- Sí, pero ya no somos pequeños. -Dice, deteniendose en la mitad de mi habitación.

Me le quedo viendo sin saber muy bien a que se refiere con eso. Hay un brillo en su mirada que definitivamente no sé desifrar y no hace más que confundirme. Espanto esas ideas de mi cabeza y curvo una sonrisa amable.

- ¿Para que me buscabas? -Pregunto, cambiando el tema.
- Ah, sí... Pues, verás, me voy dentro de dos semanas. Tengo que regresar a Londres y no regresaré en al menos dos meses, así que quería invitarte -Y entonces sonríe con esa sonrisa que yo conozco tan bien.
- ¿A donde?
- A un baile que se hará el próximo sábado. Solo estaremos mis antiguos compañeros y yo, y pensé... -Suelto una risita y asiento don la cabeza.
- Draco, deja de preocuparte, iré. No es la primera vez que te acompaño a un baile, ¿Por qué estás tan inseguro?

Se pasa las manos por el cabello rubio claro y niega con la cabeza, soltándo un suspiro lleno de alivio antes de abrazarme como siempre lo hace. Lo rodeo con mis brazos por el abdomen, dejándo que bote su preocupación.

- Tienes razón, esto es estúpido, siempre me acompañas. -Dice con su voz normal, la que estoy acostumbrada a escuchar- Entonces, ¿Irás?
- Claro, no hay problema. -Le respondo al tiempo que el se separa de mi y me da un rápido beso en la mejilla.
- Gracias, Hermione.

Cuando Draco abandona la habitación me deja con una ligera duda en la mente. ¿Será correcto ir con él? No es nada nuevo que yo sea su pareja en los bailes, por lo general siempre voy con él, es una costumbre entre nosotros, pero esta vez se siente diferente. Quizás es por el hecho de como las cosas han cambiado entre Harry y yo. Tal vez no sea buena idea ir a un baile con Draco, pues sí bien la gente no sabe nada de lo que sucede entre su hermano y mi persona, ir con él sería darle una impresión incorrecta no solo a los ojos de Harry, sino a los de los demás. Trato de no hundirme mucho en el tema y me dedico a la única cosa que puede relajarme por los momentos: Dibujar. Como no pienso utilizar pinturas me dejo el vestido puesto, cojo un lápiz, mi block de dibujos y me dejo caer sobre la mullida cama. Mi mente empieza a divagar por los recuerdos, por los pasillos de mi memoria a medida que la suave brisa de la recién llegada noche me refresca el rostro. Antes de que me de cuenta ya llevo varías lineas trazadas y estoy envuelta en mi propio universo. Siempre que me concentro completamente en lo que hago me pasa eso. Me pierdo en mi mundo, desconectandome de la realidad, solo soy capas de ver el lapiz o el pincel que estoy utilizando, nada más. Es agradable, pues es como tener una burbuja protectora que te aisla de los demás problemas y preocupaciones por un buen rato. Dejo que el lápiz me guíe y no alrevés, sencillamente permito que todo fluya. Los minutos pasan sin que me de cuenta hasta que el reloj de la casa suena, indicando que ya ha son las siete de la noche, pero no me detengo, el tiempo no me importa. Me muevo un poco para cambiar de posición y sigo dibujando. Al principio no sabía muy bien que estaba haciendo, pero ahora se materealiza frente a mis ojos. Muerdo mi labio inferior inconscientemente, afincando un tanto más el lápiz en el block. Le doy los últimos toques y para cuando bajo el lápiz, ya son las siete y media de la noche. Sonrío sin poder evitarlo al ver como me ha quedado el dibujo. Realmente me gusta. Me levanto de la cama, llevando el block entre mis manos y salgo corriendo a través de las puertas de mi habitación, aún descalza. Me avalanzo por el pasillo contrario al mío, con un solo pensamiento en mi cabeza. Detengo mi andar frente a las puertas dobles del cuarto de Harry y levanto mi mano libre, tocándo con los nudillos.
La puerta se abre en cuestión de segundos.

- ¿Qué...?

Lo empujo sin hacerle daño, abriendo la puerta lo suficiente y paso sin esperar a que me invite. Harry me ve con el ceño fruncido y se limita a cerrar la puerta tras él. Es obvio que se acaba de bañar pues lleva el cabello húmedo, pantalones más casuales y no se ha puesto la camisa aún. Me obligo a mi misma a no mirar su abdomen, no es el momento de perderme viendo su cuerpo, porque síno, nunca diré lo que tengo que decir. Alzo la mirada, sonriente.

- Veo que ya estás de buen humor. -Comenta, acercandose a mí, yo asiento con la cabeza- Me gusta más verte así.
- Mira. -Le digo, extendiendo mis brazos con el block entre las manos. Harry se detiene.
- ¿Otro dibujo? ¿De qué va?
- Solo míralo, ¿Quieres?

Le hago señas para que se ponga a mi lado y él lo hace, curioso por ver que hay en las hojas de mi block. Abro el mismo en el dibujo que acabo de terminar y lo alzo un poco para que él pueda verlo mejor. Por un instante la confusión se apodera de sus ojos verdes pero sé que captó el dibujo cuando curva una ligera sonrisa.

- ¿Son los collares? -Pregunta, señalándo sin tocar la hoja.
- Sí. -Cierro el block con cuidado y lo dejo sobre la superficie del mueble antes de encararlo- Estaba de mal humor esta tarde porque me pidieron pintar un dibujo que representara el día más extraño que he tenido, y no sabía como hacerlo. Dibujé el auto y la playa porque ese fue el momento del día de la boda de tu tía que hizo que mi mundo se volteara. Pero lo estaba haciendo mal... Así que dibujé los dos collares atados sobre el volante del auto, como reflejo de ese día. ¿Te gusta?
- ¿Ese día volteó tu mundo al revés? -Preguntó con ambas cejas arquedas.
- ¿De todo lo que dije eso fue lo que se te quedó? -Me llevo las manos a la cadera, frunciendo el ceño, pero el ríe.
- ¿Es por eso que estabas tan confundida desde que llegamos? -Dice aguantando una risa.
- Tengo derecho a estarlo. -Le espeto, soltando un suspiro- Aún no sé como llevar todo esto de nosotros, me confunde, ¿Sabes? Y todo eso mesclado con un bloqueo solo me puso peor.

Harry niega con la cabeza y acorta la distancia entre nosotros. Antes de lo que sepa me encuentro entre sus brazos, con su mentón presionando suavemente contra mi coronilla.

- No lo estés. -Murmura, meciendome suavemente- No tomes ésto como una carga, Hermione. Tomalo como una aventura, porque eso es lo que es. -Toma mi rostro entre sus manos y sonríe- Por cierto, me encanta tu dibujo.

Y entonces me besa, y en ese momento sé que tiene razón: Tengo que dejar de preocuparme.