Disclaimer: Nada me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la historia es de Shahula. Yo solo traduzco con su autorización.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite .fanfiction)


Capítulo 10

"Tenemos esta buena oportunidad; tenemos una oportunidad para hacer que algo real pase. Que algo posible pase, para vivir más allá de nuestro miedo..." Michelle Obama

Bella se escurrió las manos en un paño de cocina, con la mirada en los árboles verdes de afuera que veía a través de la ventana de la cocina mientras terminaba de secar los trastes del almuerzo. Sonrió levemente para ella misma, satisfecha por la manera en que el fin de semana se desarrollaba, la claridad y la fácil manera en que Edward y ella eran capaces de interactuar.

Edward había llegado la noche del viernes, Emmett lo dejó en el umbral de la cabaña con una sonrisa con hoyuelos mientras se marchaba a la cabaña Rosebud donde se alojaría durante la visita de fin de semana del presidente. Una vez que Edward tenía su equipaje instalado en el cuarto de invitados, negándose a dejar que Bella se moviera de la habitación principal a pesar de que estaba llena de sus objetos personales, Bella se ofreció a preparar la cena para él, mientras Edward terminaba con algunos asuntos de estado que no había podido posponer.

Compartieron una deliciosa comida, riendo y hablando acerca de su semana, la de Edward mucho más ocupada que la de Bella, aunque ella le aseguró que la soledad estaba bien. Había estado en contacto con Tanya y había llegado a conocer a unos pocos empleados que se encontraban en Camp David durante todo el año, así que no estaba completamente sola.

Bella estaba agradecida, realmente, por el tiempo para ella misma, especialmente en la noche cuando las pesadillas llegaban. Había pasado mucho tiempo desde que las había tenido, terroríficas y espantosas mientras se empujaban en sus sueños, pero parecía que estos nuevos cambios en su vida eran lo que les permitió reaparecer.

Bella solamente esperaba poder librar a Edward de escucharlas durante su estancia. Sería vergonzoso admitir que una mujer adulta aún tenía pesadillas que la hacían temblar y llorar toda la noche.

—Lo siento —dijo Edward detrás de Bella cuando volvió a entrar a la cocina—. Jasper tenía un asunto urgente que necesitaba atender. Le dije que estoy tratando de alejarme del trabajo, pero…

—Un día del trabajo del presidente nunca termina —terminó Bella por él en broma.

Edward sonrió irónicamente de regreso, asintiendo.

—¿Terminaste? Te dije que yo haría esto, Bella. Después de todo tú cocinaste.

—Está bien, Edward. No me importa —desestimó Bella.

—Bueno, a mi sí. Para la próxima, déjalo para mí, ¿entendido? —dijo Edward en una suave declaración. Bella sonrió, calidez corriendo a través de ella por su aspecto serio y su suave demanda.

Ella asintió con la cabeza en señal de acuerdo, ganándose una sonrisa torcida de Edward que casi le robó el aliento de su cuerpo.

Bella la había visto un par de veces, pero nunca tan cerca y dirigida a ella. Era letal, al igual que el hombre que la usaba.

—Así que, ¿qué te gustaría hacer hoy? —preguntó Edward, rompiendo el trance en el que Bella había caído.

—Oh, um, no importa, lo que sea está bien para mí —ofreció Bella, su labio encontrando sus dientes nerviosamente.

Edward se concentró intensamente en su boca, calentando la atmosfera con su intensa mirada, Bella sintió el cambio de aire a su alrededor. Su respiración parecía tartamudear en sus pulmones mientras esperaba a que él hablara, su boca humedeciendo sus carnosos labios una vez antes de que levantara la vista, conectado sus ojos verdes con los marrones de ella.

—Eso deja mucho margen para la interpretación, Bella —respondió Edward en un tono ronco—. ¿Estás segura que no quieres corregir tus palabras?

Bella tragó grueso, su espalda golpeando el mostrador detrás de ella cuando retrocedió un paso del hombre que tenía delante de ella, el cuerpo de él parecía cerrar la distancia entre ellos a pesar de que no dio ni un paso.

Con el corazón acelerado, y la emociones en las nubes, Bella no estaba segura de cuál era la reacción correcta. Solamente sabía que su cuerpo ansiaba estar en contacto con el de él, inmediatamente. Abrió la boca para responder, pero las palabras no salieron.

Ella miró con los ojos abiertos como platos, y desesperados a Edward. Sin saber si podría seguir adelante con lo que su corazón quería, mientras que su cerebro gritaba que se detuviera, que esperara.

Antes de que su boca pudiera encontrar las palabras, Edward se detuvo en seco, comprensión cruzando sus facciones de repente.

—Lo siento, Bella —se disculpó Edward, negando con la cabeza, mientras daba un paso atrás, el tenso aire desinflándose con sus movimientos—. Me perdí por un momento ahí. Es solo que eres tan…

—¿Qué? —preguntó con los ojos abiertos y necesitados.

—Nada —desestimó Edward, ofreciendo una suave sonrisa en su lugar—. ¿Qué tal si tomamos un poco de aire? ¿Das un paseo conmigo?

Bella aceptó, sabiendo que el aire fresco ayudaría mucho para aclarar su cabeza.

—Quiero saber más de ti, Bella —comentó Edward mientras caminaban—. Cuéntame sobre tu vida.

—¿Qué quieres saber? —preguntó Bella.

—Cualquier cosa que quieras compartir, quiero saberlo —contestó Edward, su mirada cayendo en Bella con nada más que sinceridad y verdad.

—No soy tan emocionante, realmente —objetó Bella, pateando una roca a lo largo del camino.

—Bella, no. Has vivido una vida por los últimos cuatro años que te hizo quien eres ahora, una de la que no sé nada. Puede que conozca tu historia, pero no a ti ahora. Quiero conocer todas las versiones de ti, pasadas, presentes o futuras —explicó Edward tocando su hombro por unos instantes para enfatizar su punto.

Bella se relajó, el nudo en su pecho aflojándose con sus palabras. No se había dado cuenta de lo mucho que significaba para ella escucharlo decir eso, el saber que estaba interesado en ella como algo más que la esposa que amaba antes.

Le dio la esperanza de que si sus esfuerzos fracasan, Edward quizá aún la quiera, con recuerdos rotos y todo.

Con una sonrisa, Bella le habló sobre su vida en Kodiak, las amistades que hizo, y las experiencias que tuvo mientras estuvo allí. Tanya y Rebecca, otra buena amiga, la habían presionado a dar un paso fuera de su zona de confort en los últimos años, animándola a vivir su vida en el presente mientras buscaba pistas del pasado, algo que Bella había estado renuente a hacer por ella misma.

Charlotte Byrd —resopló Tanya, girando sus ojos avellana hacia Charlotte en reprimenda—. Tienes que dejar de hacer esto.

No sé de lo que estás hablando.

Tanya chasqueó la lengua, el incrédulo sonido se hizo eco por Rebecca que también se puso de pie con una mirada de desaprobación concentrada en su amiga.

Eso es un montón de mierda, si es que alguna vez he oído alguna. Te estás ocultado del mundo, Charlotte, enterrada en libros y pastelitos. ¿No quieres salir, ver lo que este lugar tiene para ofrecer? —cuestionó Rebecca.

No sé si debo hacerlo, ¿qué pasa si alguien viene a buscarme y yo no estoy aquí?

Charlotte, te quiero, pero debes tener un poco de perspectiva, querida —explicó suavemente Tanya pasando por encima para poner una mano sobre su hombro—. Sabemos lo mucho que significa tu pasado para ti, pero ¿qué si nunca sucede? ¿Qué pasa si nunca recuperas esos recuerdos, y nadie viene por ti? Ya han pasado dos años, cariño, ¿así es realmente como quieres vivir?

Charlotte se mordió el labio, retorciendo sus manos en su regazo mientras se sentaba en su sofá. Sus ojos vagaron por sus amigas, viendo su verdadera preocupación, su deseo de que tuviera más que la vida cerrada que estaba llevando, manteniendo a los demás fuera por causa de sus temores.

Tenían razón; éste no era el tipo de vida que ella quería vivir. Si no hacía algo pronto, su futuro sería tan blanco y sombrío como su pasado; pero esta vez la culpa recaería sobre sus hombros.

Exhalando un suspiro nervioso, Charlotte movió la cabeza, resolución empezando a llenar su pecho.

Está bien, tienen razón. Debo estar abierta a otras posibilidades. Solamente estoy… asustada.

El miedo es saludable, Char —dijo Rebecca—. Es lo que te dice que aún estás viva.

Tanya asintió, sonriendo maliciosamente, lo que Charlotte sabía que solo podría significar que estaba planeando algo tortuoso.

Exactamente. Y pienso que es hora de que Charlotte se sienta viva. Así que propongo que hagamos algo para hacer que su sangre fluya de nuevo.

Charlotte miró con recelo a su amiga.

¿Qué es eso?

Con un brillo en los ojos, Tanya se dirigió al armario de Charlotte, sacando sus abrigos y sus pesadas botas de invierno.

Vamos a montar en trineo.

—Son buenas amigas —dijo Bella con una sonrisa irónica—. Especialmente Tanya. Ella ha sido lo más parecido que tengo a una familia desde que desperté, a veces no sé qué haría sin ella —murmuró Bella.

Edward le ofreció una tensa sonrisa, arrugas alrededor de sus ojos que hicieron a Bella detenerse por un momento, pero siguió cuando él la incitó a que continuara.

—Tanya siempre me ha dado el empujón extra que necesitaba, o ha sido el paño de lágrimas cuando las cosas llegaban a ser demasiado para mí. Sé que puedo contar con ella para lo que sea —explicó Bella mientras miraba las hojas de los árboles moviéndose ligeramente por la suave brisa.

—Me alegro de que tuvieras a alguien así para ti —respondió Edward con ternura, su mirada abatida en el camino.

Bella se mordió el labio, sabiendo que él debía sentirse culpable por no haber podido estar ahí para ella, a pesar de que no era su culpa.

—No seas tan duro contigo, Edward —le dijo Bella, tomando su mano, la necesidad de consolarlo era más fuerte que la necesidad de permanecer distante—. Trataste de encontrarme rápido.

—Pero no lo suficiente —resopló Edward, sus dedos envolviéndose alrededor de la pequeña mano de Bella—. Prometo, que no voy a dejar que quien hizo esto se salga con la suya. Te alejaron de mí, de tu familia, y de alguna manera también se llevaron todos los recuerdos que tenías. Esto no va a quedar impune —prometió Edward, la clara amenaza en su voz.

Bella permaneció en silencio, viendo el fuego y la rabia en los ojos de él, pero sabiendo que no iba dirigida a ella. Apretó sus manos entre las suyas, esperando aliviar su hostilidad un poco con el contacto.

Las facciones de Edward relajándose, sus ojos suavizándose mientras la miraba. Él continuó su paseo, animando a Bella a seguir hablando sobre su vida como Charlotte Byrd.

Edward escuchó con gran atención y diversión todas las cosas que a ella le encantaban hacer, como la lectura y programas de televisión que disfrutaba, lo emocionada que se sentía al comenzar su propia panadería. Gracias a sus amigos, montar en trineo e incluso pescar en hielo podrían ser nombradas como actividades que, si bien la asustaban a muerte, Bella estaba siempre orgullosa de ella por hacerlas.

No fue hasta mucho después de haber regresado a Aspen Lodge que Bella se dio cuenta que ella y Edward habían estado tomados de la mano por el resto de su caminata, sus hombros rozándose y calidez extendiéndose por cada una de sus extremidades por su toque reconfortante.

No podía esperar para sentirlo de nuevo.


¡Hola! ¿que les pareció el capítulo? ¿les gustó? ¿no les gustó?

Bien, he estado algo ocupada con la escuela pero prometo no pasar de dos semanas sin actualizar las dos historias, la buena noticia es que ya terminé la mayoría de mis exámenes, así que ya tengo más tiempo para traducir. Nos leemos la próxima semana.