Harry iba caminando por el cementerio del Valle de Godric. Miraba las tumbas sin prestarles atención hasta que encontró las dos que buscaba. Se agacho frente a la de su madre. Siempre volvía a ella. Miraba la de su padre, pero era en esa en la que sus lágrimas siempre caen.
Aquella vez fue como todas, flores marchitas, viento helado, pero algo estaba mal. Parpadeo confuso. Acercó la cara a la lápida, soltó un jadeo y se cayó de culo sobre el frío pasto.
Draco Lucius Malfoy
De un sobresaltó se despertó. Busco aire desesperado y estiró la mano hacía el cuerpo de Draco.
- ¿Potter?
Harry se estiró hasta tocar sus gafas, de un movimiento involuntario se las puso y se abalanzó sobre Draco.
- Merlín, despertaste -murmuró aplastando con sus manos los cachetes de Draco
Los ojos grises lo miraron preocupados, pero Harry estaba teniendo un pequeño ataque. El sueño sin dudas fue una pesadilla y la sola idea de leer el nombre de Draco sobre la fría piedra lo había desencajado.
- Potter me duele -se quejó Draco intentando alejarse pero Harry seguía sin poder reaccionar.
Sus manos siguieron tocando, confirmando que Draco se encontraba allí, en una cama, en Hogwarts y no enterrado en un frío y olvidado cementerio en el valle de Godric.
- Entiendo que me encuentres irresistible -dijo con sorna- pero si no dejas de tocarme, voy a llamar a Pomfrey.
Harry dio un paso atrás alzando las manos, las cuales habían llegado a las caderas de Draco.
-Pe..per...perdón -tartamudeo sintiendo como si sus mejillas fueran dos pedazos de sol, por el calor que irradiaba.
- ¿Una pesadilla Potter?
Harry parpadeó y con los ojos fijos en el rubio, se pellizcó el brazo. Cuando el dolor llegó, sonrió. Sintió como sus labio se curaban hacia arriba sin poder o querer frenarlos y corrió a la sala de la enfermera.
- ¡Madam Pomfrey!-gritó abriendo la puerta y ocasionando que la bruja dejara caer una bandeja del susto.
- ¡POTTER! -Gritó mirando el desastre en el piso, que Harry intuyó, fue su desayuno.
- Es Draco -jadeó extasiado- ¡Despertó!
La enfermera abrió los ojos y lo empujó para pasar. Cuando Harry la encontró en al lado de la cama de Draco, lo atacaba a preguntas mientras que el rubio lo miraba a él con los ojos entrecerrados, como si lo hubiera traicionado.
Harry estaba en las nubes. Le traía sin cuidado que Draco se sintiera ofendido. Había despertado, y Harry fue consciente en aquel momento lo mucho que había temido a esa posibilidad. Ron se lo había murmurado antes de irse. Prepárate para que no vuelva más, Harry. No había querido creer en sus palabras, pero ver a Draco en ese estado, había hecho tambalear su firme creencia de que el Slytherin era más fuerte que todo.
Después de un concienzudo examen. Pomfrey determinó que Draco está muy bien. Buenos reflejos, las heridas corporales, mal que males, agradecen su estado del día anterior. No moverse en absoluto había acelerado el efecto de las pócimas y si Draco quería, podía intentar caminar.
Harry estaba parado al lado suyo antes de que llegara a responder. Los dos sabían que de iba a parar así Pomfrey no lo hubiera avalado. Draco le lanzó una mirada suspicaz a su brazo pero Harry se mantuvo firme. No iba a poder solo, más le valía acostumbrarse.
Harry volvió los ojos cuando el cuerpo de Draco emergió de las sábanas. La enfermera creía que las cicatrices necesitaban aire, asique los vendajes quedaron para el olvido.
Ver su cuerpo fue un recordatorio, que se despertará no era sino el primero de una larga lista de pasos.
Los días pasaron y Harry se fue alterando. Draco comía solo, caminaba solo, respondía a todo lo que le preguntaban, por lo general con monosílabos, pero si quería podía ser muy explícito. Con cada día que pasaba, más se parecía al antiguo Draco y a Harry toda aquella metamorfosis lo estaba asustando. Hermione pensaba como él, no era normal. Ron y Pansy, por su parte, le dijeron que no fuera pesimista. Claro que Pansy usó palabras como tu que sabrás. Muestrame tu título de medimago Potter. Pudrete. Pero ella era igual de optimista que McGonagall y Pomfrey.
Algo no cuadrada y Harry podía olerlo a la distancia. Se dormía bien entrada la noche intentando averiguar qué era lo que estaba mal. Saco de contexto el extraño coqueteo que Malfoy sostenía con él. No se atrevía a pensar mucho en eso. Siempre terminaba sonrojado a niveles humillantes y eso sólo parecía divertir al slytherin.
Apostaría su varita a que Draco tramaba algo, y lo enfermaba no ser capaz de descubrir el qué.
El rubio se negaba a hablar de lo que pasaba en su casa. La primera vez que Harry deslizó el tema, por el segundo día de recuperación, fue la primera vez que Draco coqueteo con él y como se puso nervioso, volvió a temas que si podía manejar. Desde ese día siempre que Harry hablaba de sus padres, de la guerra, de Voldemort o del incidente que lo llevó a quedar un día fuera de este mundo, Draco empezaba a decirle cosas como Potter, esas gafas te quedan muy bien. ¿Cuando te pusiste tan fuerte?. ¿Acaso eso son abdominales marcados? El cuarto día, Harry cansado de sus esquivos, fue más directo, y le preguntó qué le dijo Narcissa cuando entró en la enfermería. Todavía le subía la temperatura al recordar la lasciva mirada que Draco el hecho a la entrepierna.
Hermione le dijo que no dejará que eso lo intimidara. Era claro que Draco dio con su punto débil y lo usaba para no hablar de lo que en verdad importaba. Pero lamentablemente, saber que pretendía Draco con aquel juego, no le colaboraba. Cada día estaba más y más nervioso a su alrededor y cuando Pomfrey les dijo que lo mejor sería que Draco y Harry durmieran en la torre de Gryffindor, la única vacía en el castillo, supo que solo podía empeorar.
Y así lo había hecho. Como los temas inocuos se acabaron con rapidez, al pasar todo el día juntos, Harry se encontraba pensando indebidamente muchas veces al día.
Lo único bueno, y Harry se alegraba de que hubiera algo que rescatar, era que se habían hecho amigos. Descubrió que Draco no era más ese arrogante idiota. No lo describiría como especialmente considerado, pero como mucho se reía de algunas personas y Harry no era tan santo, el se burlaba de otras tantas. Era verdad que siempre le daba un poco de culpa, pero era un mortal común y corriente.
Draco era muy inteligente, sabía que era bueno en pociones, pero en aquella semana le había ayudado a mejorar un sin fin de hechizos. Harry podía hacer un sillón extra cómodo y reclinable, de cualquier objeto. Claro que no nadaban en un tranquilo estanque, se seguía peleando. Draco se tomaba como una ofensa personal los pocos, nulos, modales de Harry a la hora de comer. Y Harry seguía odiando su capacidad para lograr humillarlo con las cosas más simples.
Había evitado contar en sus cartas tanto a Pansy como a Ron el coqueteo. A la primera por miedo que le cortará las pelotas y a Ron... No sé le ocurría hablando de eso con su mejor amigo. Le agradecía a la vida y al sombrero seleccionador, tener a Hermione. Su cabeza iba a explotar junto con otras partes de su anatomía. Desde que compartían habitación de le hizo todo cuesta arriba.
Las cicatrices, si bien ya no eran rojas y asquerosas, seguían muy visibles en su cuerpo. De un rosa chicle intenso, Harry no entendía como podía seguir encontrandolo brutalmente atractivo, con aquel intento de tateti del terror en el cuerpo, pero así era. No le ayudaba que Draco no parara de meterse con él. Ya no necesitaba que Harry hiciera preguntas incómodas. Si salían a caminar por los terrenos, Draco dejaba caer algún comentario sobre como su ojos brillaban intensamente cuando les pegaba el sol. Ni hablar del día que los agarró un chaparrón volviendo de una breve excursión cerca de la cabaña de Hagrid. Draco se le había acercado, demasiado, y había justificado aquello con un simple, es que hueles delicioso mojado con la lluvia. Había estado muy cerca de besarlo. Harry lo sabía y que merlín se apiade de los dos, lo había deseado.
Una noche antes de que volvieran todos de las vacaciones, Harry pudo comprobar que fue lo que tenía a Draco tan tranquilo. La poción para dormir sin sueños. Ese día Pomfrey dejó de suministrarsela, podía generar adicción y Draco ya estaba lo suficientemente bien para dormir sin ella. Esa fue la noche en que todo cambio.
