Ante todo, quiero disculparme con mis escasas lector s, por la última ausencia.
He estado enferma y eso es todo; soy más vieja que todas vosotras y la enfermedad progresa de acuerdo a ello.
Sin embargo, conseguí el blueray de D9 y pude ver el detrás de cámaras durante el obligado reposo. Eso, me dio más elementos para Tanya y también, me confirmó lo que sospechaba sobre Trent; que se trata de alguien real.
Efectivamente, Trent Opaloch es el camarógrafo y director de cámaras de la película. Leslie es uno de sus ayudantes, de modo que el nombre completo de mi propio personaje (Leslie Trent) quedó como pintado. De paso, me ayudó mucho para diseñar el aspecto físico de Trent. Ya lo veréis. Así mismo, la gente de MNU de quienes hablé…también son personajes en la película. He visto el filme unas tres veces, casi cuadro por cuadro. Y, por si fuera poco, se atravesaron dos cuentos reales y la planeación de una expedición verdadera, a Alaska (Ham and Eggs couloir, googleadlo). Y si os dijera que tengo que corregir una de mis novelas (a publicación en 2016) vais a colgarme…porque todavía faltan al menos 5 capis de este asunto. Me agradarían las habilidades de una araña, en este momento; carezco de suficientes manos para hacer todo lo que quiero. Y no os aburro más.
Vayamos al capi y agradezco de nuevo, vuestra paciencia.
9, Terra 2; Ngubo, D10.
Wikus se frotó los ojos y las antenas, empapados en el agua del barril. Había llovido toda la noche y pese al viento, no podía menos que sentirse refrescado. Alguien tocó en las campanillas de la tienda, improvisadas con dos latas. Sí, había sido Wikus el de la idea y más pronto que tarde, las maltrechas y reparchadas tiendas de campaña a donde los había mandado MNU, lucían sus respectivos cencerros, hechos con latas y piedrillas a modo de dar privacidad a cada habitante y mantener una forma de aviso que no fuera tocar una puerta inexistente. Wikus estornudó y secándose la nuca, bajó los cierres y recorrió la tabla de la puerta improvisada. La nariz pecosa y el pelo rojo y atado en rastas anunciaron al visitante; Josef.
Perteneciente a una de las ONG que se dedicaban a ayudar a los poleepkwa, Josef tenía la comisión más extraña que jamás le habían encargado. Todas las semanas, utilizando su correo personal y sus contactos en JoBurg, mandaba una rosa, hecha con latas de aluminio, para ser entregada en los Highs, la zona de clase alta de la ciudad, en un domicilio específico del que nadie hablaba.
Pero la rosa había sido enviada hacía dos días, de modo que no había razones para que Josef estuviera a su puerta y Wikus de inmediato se preocupó.
—Wikus.
—Buenos días, Josef.
El simpático pelirrojo fue al grano.
—Madre Aurora quiere verte.
Wikus casi hizo ojos de espiral.
—¿Qué hizo Frieda ahora?
El joven humano sonrió.
—Tu hija es un ángel y no ha hecho nada… todavía.
Wikus arrojó la toalla y se acercó por el chaleco tejido –por las manos de las monjas- que estaba sobre su camastro. El chaleco era rojo y más de una vez Wikus se había preguntado si no se trataba de un mero fetiche personal el llevar una prenda que le recordaba a Christopher en cada paso.
—O Madre Aurora pensará lo contrario, Josef. La última vez la echó de la escuela, por andar cuestionando si ser homosexual es pecado ¿Qué le sucede? ¡Los poleepkwa ni siquiera tienen clara una división sexual!
Josef se encogió de hombros.
—No es nada que tenga que ver con Frieda, te lo aseguro…
Wikus se acomodó la prenda e hizo seña al humano.
—Vámonos. Hoy cosechamos los betabeles y tengo que regresar temprano…
Los callejones entre las tiendas eran amplios y a diferencia del Distrito 9, los poleepkwa los mantenían con la limpieza y orden de una colmena.
Mucho tenía que ver la forma en cómo Charlie trataba a Wikus…y el que los demás poleepkwa se enteraran que la hija de Wikus, también era hija de InDuna, de uno de los últimos sobrevivientes a cargo, Christopher Johnson.
Además, no se trataba de un cachorro común y corriente, sino de una hembra.
Igualita a la primera hija de Christopher, Sherryll, nacida recién que la nave llegara a la Tierra y muerta 10 años después, por los nigerianos.
Tener una hija no era cosa común; no había otra de su edad en todo el Distrito 10 y Wikus no tenía idea de lo que ello significaba. Las hembras adultas –muy pocas- sólo ponían huevos de los que salían varones y el antiguo oficinista de MNU no sabía bien a bien cómo reaccionar ante el aparente respeto del pueblo del que ahora formaba parte, por el sólo hecho de tener una hija.
Sabía que, si sus antiguos compañeros y amigos, si su familia, supieran de su estado actual, no sólo se burlarían de él; simplemente lo darían por muerto, dada la vergüenza que todo lo acontecido les inspiraría.
A Wikus no le importaba demasiado, una vez enfrentados los hechos, por bizarros y absurdos que se habían presentado; ahora era un poleepkwa más y de paso, había parido –prácticamente- a una hija.
Pero había una sola persona a la que no podía fallarle y que lo miraría con desilusión y seguramente, con terror y asco.
Y no podía hacerle eso a Tanya.
De la misma forma que no podía abandonar la esperanza de regresar con ella, de esperar a que Christopher volviera y compusiera todo ese asunto y entonces ¿Qué putos carajos iba a pasar con Frieda?
Una sombra de color verde con manchas blancas en el caparazón, de metro y medio de estatura y las extrañas antenas plumosas salió de uno de los callejones, en una exhalación, destruyendo por completo cualquier idea que tuviera en ese momento.
—¡WIKUUUUUUS!
La sombra se estrelló contra él y Wikus sintió que, si le hubieran quedado costillas, de seguro Frieda se las habría quebrado con ese…mitad encuentro, mitad golpe.
—¿A dónde carajos vas, pá?
La alzó en brazos y ella le puso un gorro hecho con papel periódico y lo besó a la forma humana, frotando los palpos contra la dura mejilla de él. Wikus no pudo evitar la risa y sintió sus corazones romperse de afecto.
Josef soltó la carcajada y le tendió a la niña una lata pequeña de comida de gato. Frieda se la arrebató con un guiño.
Malhablada, inteligente, risueña y terrible, la pequeña era el terror de los otros chicos, el encanto de los activistas y ayudantes de las ONG y la meta de las monjas para convertirla en una buena ciudadana terrestre y en una hija de Dios, quien no reconoce diferencias entre las especies y reparte su amor entre todos.
Le acarició las antenas con las suyas, percibiendo la felicidad en las feromonas de ella y en el fondo, el simple y puro cariño que los unía desde antes que Frieda naciera, cuando Wikus miraba con horror el huevo envuelto en su funda de cuero pardo, sabiendo que su vida había cambiado desde ya, desde antes, en cada roce de Christopher, que había llevado a esto.
—Voy con Madre Aurora.
Frieda frunció el ceño.
—¡Pero si no he hecho nada!
Wikus la besó en la frente, acariciando la espalda de la niña.
—Y ¿Quién dijo que has hecho algo? ¿Te crees que Madre Aurora vive de regañarte? Uf…pesas mucho, baja, anda…
Frieda bajó de un salto y tomando la mano de su padre, caminó junto a él. Wikus sintió de nuevo la vieja opresión; la imagen de Oliver estaba igualmente grabada en su memoria y podía reconocer la misma clase de inteligencia en su hija. Con seguridad, ambos chicos lo habían heredado de Christopher.
Porque lo que es yo, soy un perfecto pendejo, que no se merece a esta preciosa niña ni se merece el respeto de estos crustáceos, que ya no son crustáceos sino mi gente, mi pueblo y quienes deberían haberme matado a pedradas, la verdad…
Frieda mascaba ruidosamente la comida de gato.
—¡Hey, señorita! ¿Qué forma de comer es esa? ¿Acaso te criaron en un establo?
La chiquilla se lamió los dedos.
—Un establo habría estado más limpio y habría sido más calientito, Wikus…
Wikus refunfuñó.
—Soy tu padre, no 'Wikus'.
Frieda no le hizo caso; terminó de picotear la lata y la puso con cuidado en uno de los sacos de basura que el Pueblo había puesto en las esquinas divisorias de cada 'manzana'.
Eso era peligroso. El orden actual del Distrito 10 habría puesto a sospechar a cualquier humano; las diferencias con el 9 eran notorias. Allá todo había sido suciedad y hacinamiento, pleitos y un retraso mental tan serio, que llevaba a los poleepkwa a vender sus cachorros y apostarlos en peleas por comida de gato, con los nigerianos. El distrito 9 había sido lo peor de lo peor. Acá, con las improvisadas tiendas y un refugio mucho más endeble que las antiguas y sucias cabañas, el Distrito 10 se sostenía tan limpio como el día de llegada: los poleepkwa se habían organizado de inmediato como lo habían estado dentro de la Nave Madre; en patrullas que distribuían la comida, se encargaban de la basura, mantenían una limpieza absoluta y racionaban el agua. Eso facilitaba la labor de las ONG's y los grupos de ayuda, de los granjeros que vendían cabezas de ganado a las Hermanas y al mismísimo Administrador de MNU y del trabajo a cambio que los poleepkwa entregaban; donde antes se habían visto incapaces de organización y de trabajar ya fuera individualmente o en grupo, ahora se concentraban en reparar la maquinaria de las granjas colindantes, sembrar su propia comida y se habían hecho de un criadero de pollos que iba caminando bien.
Y, en el fondo, Wikus temía que algo tenía que ver él, en todo el asunto…
Faltaban unas cuantas cuadras para llegar al refugio de las Hermanas de la Divina Misericordia, dirigidas por Madre Aurora.
Wikus no sabía si ése era su nombre verdadero –todas las monjas cambian el suyo cuando dejan el noviciado- pero con seguridad, era el que mejor le iba. Madre Aurora había estado en la guerrilla salvadoreña, en la ocupación de Libia y sacando refugiados sirios del Mediterráneo. Nombren cualquier lugar donde los humanos se partan la cara a tiros; Afganistán, Kabul, El Congo, Somalía… la lista, como siempre es interminable. Ahí había estado ella, cuidando hijos de guerrilleros comunistas, curando heridos de ambos bandos y tratando de todas las formas posibles, de evitar que se mataran entre ellos, sin salir muerta en el intento. La malaria había dejado en ella sus huellas inconfundibles; el cabello blanco y el rostro pálido, y no era posible adivinar su edad; podría tener 60 años o cien. Conducía bien cualquier motocicleta, auto o avión que le pusieran enfrente y podía sobrevivir con dos frijoles y agua durante un mes…o eso decían los chicos de las ONG. De no haber sido monja, con seguridad habría sido mercenaria, dado su conocimiento en armas… y en las heridas que provocaban. Las monjas a su cargo actuaban con eficiencia militar y los poleepkwa la respetaban mucho. Los chicos de las ONG y hasta sus directores la temían. Wikus se preguntó para qué lo querría la monja, si su hija no había hecho travesuras.
Frieda tiró de la mano de su padre.
—Estoy terminando 'Moby Dick'
Wikus respondió distraídamente.
—Ajá…
¿Qué diría Chris, de saber que su hija lee todo lo que le ponen delante? ¿Qué dirían los demás, en MNU, que siempre trataron al Pueblo con la punta del pie, como si fuesen retrasados mentales, como si no respetaran lazos familiares o de raza? ¿Cómo puedo disculparme contigo, pequeña, por haberte traído a este mundo tan horrendo? Y, cuándo vas a regresar, Christopher, maldita sea?
—…Y he decidido que voy a tatuarme la cara como Queequeg, papá, porque…Wikus? ¿ME ESTAS OYENDO?
Wikus sacudió la cabeza, volviendo a la realidad.
—¡Claro que no harás eso! ¿De dónde se te ocurren tantas locuras? Además a Chris…a tu padre no le gustará.
Frieda se le encaró.
—¿Ah sí? ¿A mi 'padre'? Y ¿Cuándo lo veremos, eh? ¿Sigues creyendo que va a regresar, que volverá por nosotros algún día?
Wikus se enojó de veras y acercó un dedo al rostro de su hija, las feromonas inundándolo; la pequeña percibió de inmediato la tensión entre ambos.
—Escúchame bien, Frieda Johnson, tu padre es… el hombre…el poleepkwa más jodidamente valiente que he conocido. Y el más honorable. Si dijo que iba a volver, lo hará. No quiero escucharte que hables así de él, ¿Me entendiste?
Frieda extendió sus enormes antenas, en amenaza, pero Wikus no se asustó por ello.
Otro poleepkwa de inmediato habría tomado una posición sumisa, pero Wikus desconocía los rituales insectoides…y su hija también, de paso.
De haber sabido usarlas, las feromonas de Frieda lo habrían obligado a comportarse, mediante un choque químico que incluso las reinas actuales de su pueblo rarísimamente usaban.
Pero la relación padre-hija distaba mucho de ser poleepkwa y tenía rasgos demasiado humanos.
Wikus alzó su otra mano –la que estaba mutilada- y acarició la mejilla de la pequeña.
Y Frieda percibió una miríada de emociones en ese roce y en las feromonas que rodeaban a su padre; enojo, confusión, una angustia terrible y el amor de siempre.
Le habría gustado hacerle ver que no había razones para el miedo, que podían tener esperanzas, que tal vez el Dios de los terranos podría escuchar sus oraciones y quería recordarle a su padre que ella había nacido en éste mundo y no se engañaba a sí misma con las ideas románticas del planeta de las siete lunas, donde la comida no hacía daño ni tendrían que vivir en un campamento que se mojaba fácilmente con la lluvia.
Pero le pasaba lo mismo que a él; así como Wikus no lograba integrarse al resto del Pueblo, por más que su aspecto fuera el de uno de ellos, así tampoco Frieda lograba entender cuál era el lugar de ambos entre todos ellos.
Notaba el afecto y el respeto de los demás. Y se daba cuenta del temor y el desprecio que les tenían los humanos que venían de fuera del Distrito 10, los que no eran como Josef o como Madre Aurora.
La Tierra no era su mundo y a la vez, ella era terrana y le enfurecía sentirse tan confundida como su padre.
Claro, nada de esto habría pasado de no ser por Christopher, su otro padre.
Frieda no sabía si sentirse furiosa con él o alegre de ser su hija; los demás hablaban de él con un gran respeto. Y era por ellos por lo que sabía que Christopher había sido real; de lo contrario habría descalificado hace mucho a Wikus en su insistencia en recordarlo.
Leslie le había dado varias fotos y por el color del caparazón, ella sabía que era más parecida a Chris que al mismo Wikus.
Excepto en el color de los ojos.
Los de Frieda no eran grises o amarillos, rojos o pardos, como los de los otros. Eran azules, del mismo color del cielo de la Tierra.
No supo que mas decir y se abrazó al poleepkwa frente a ella; Wikus hizo lo mismo, mojándole las antenas con su llanto. Ella contuvo su enojo y alzó la mirada.
—No me gusta discutir contigo. Vamos con las Hermanas, si?
-0-
No quedaba nadie y las paredes de la nave eran vagamente luminosas. Wikus se despertó, por primera vez, totalmente alerta, después de mucho, mucho tiempo. Inspiró despacio, sintiéndose calmado.
La atmósfera no le producía aletargamiento, como en la ya lejana Tierra y la comida le había dado fuerza; las mantas de la cama –parecidas a terciopelo- estaban limpias y se sentían cálidas al tacto.
Wikus miró bien la habitación; más grande que la tienda en la que había vivido por dos años y tan limpia como su casa en los Highs; una especie de sofá, una mesita baja, la chimenea y un mueble que parecía un librero. Un paisaje enmarcado en algo que parecía piel, el enorme ventanal por donde se veían las estrellas, una alfombra de colores terrosos cubirendo el piso y la puerta.
Esta se deslizó, dejando pasar a Christopher. El alivio de Wikus fue inmenso; las feromonas de ambos hicieron vibrar el aire, al reconocerse. Sin pausa, Chris se inclinó sobre él y entrelazó sus antenas a las de Wikus, tocando sus frentes. El antiguo humano lo abrazó, con todas sus fuerzas. El alivio a continuación fue parecido a la inyección de un calmante. Y, tal como una droga, las emociones comenzaron a complicarse; Chris acariciaba su mejilla, despacio. Los palpos labiales de ambos se enredaron en un beso y Wikus jaló a Christopher sobre sí, sintiendo el peso de su cuerpo y el roce entre ellos como un choque eléctrico; era tan extraño no tener piel, no sentir lo mismo que cuando fuese humano! Christopher alzó la mano de Wikus, la que estaba mutilada y separándose de él, la besó, despacio, cerrando los ojos.
—Has sufrido demasiadamente…
Wikus cloqueó, riendo, tomando el rostro del otro entre sus manos.
—Me hiciste esperar, maldito.
Chris rió con los ojos.
—La espera terminó. Oliver quiere verte. Hay un lugar para ambos en mi mundo. Y sabes que…
—No tienes que decirlo.
—Pero quiero hacerlo. Te amo. Volví por ti, no nada más a rescatar a los nuestros.
Wikus cerró los ojos por un instante. La calidez en la habitación, la sensación de satisfacción, el afecto que lo envolvía, proveniente del ser en sus brazos. Era todo tan bueno.
—¿Cómo está Frieda?
El desconcierto en la mirada de Chris lo asustó.
—¿Frieda? ¿De quién hablas?
—Tu hija. La hija que me hiciste, la niña que venía conmigo, Frieda ¿Dónde está? ¿Cómo está?
El Poleepkwa negó con la cabeza.
—No había nadie contigo, Wikus. Recogimos a los otros…
Wikus lo apartó de sí, de un empujón.
—¿QUÉ? ¡No puede ser! Tengo una hija, tenemos una hija! ¿Dónde está? ¿Dónde la dejaste?
Chris lo miró, sin entender.
—Debes estar enfermo. O el cambio de comida alteró tu mente. Estabas tú solo. Y los demás. Nunca hubo una hija. No tuviste una hija de mí ¿Cómo puede ser, si ambos somos varones, Wikus?
Chris rió, condescendiente. Wikus se aterrorizó y tomó de los hombros al otro, sacudiéndolo y gritándole, furioso.
—¡NO ESTOY LOCO, CARAJO! ¿DÓNDE ESTÁ MI HIJA? ¿DÓNDE DEJASTE A FRIEDA?
Chris a su vez lo tomó de los brazos.
—Nunca tuviste una hija…todos los nuestros subieron a la nave. Y los terranos…
—¿Qué con ellos?
—Ellos…murieron, Wikus.
Wikus se levantó de la cama de un salto, corriendo hacia la ventana, llena de estrellas. Ni sombra de la Tierra. La voz de Chris tras él, grave y calmada, siguió hablándole como si nada hubiera pasado…
"No debieron habernos atacado. No fue nuestra intención destruír tu antiguo mundo, Wikus. Pero ahora, no tienes nada que temer. Estas con nosotros. Estás conmigo. Ven…"
—¡NO! ¡DÉJAME! ¡DEVUÉLVEME A FRIEDA, A TANYA! ¡NO PUEDES HABERLOS MATADO A TODOS! ¡NOOO!
—Mizungo! ¡Carajo, Wikus, despierta!
Un golpe, el sonido de algo metálico –latas? Ollas?— y el agua fría cumplieron con su labor.
Charlie, Murphy y la hermana Isabel lo sostenían de los brazos, bajo una empapada manta. Madre Aurora sostenía a Frieda en los suyos.
La monja se acercó a él y lo hizo beber más agua; Wikus se atragantó, jadeando.
Una pesadilla.
Pero…había sido tan clara. Las manos de Chris y su mirada y su voz y su boca en la mía…tan nítidas como el agua que ahora bebo, maldito sea…
—Hijo ¿Estás bien?
La mirada de Madre Aurora era firme y sin sospechas. Wikus asintió, sintiéndose ridículo.
Habían llegado al refugio de las hermanas, sólo para enterarse que Madre Aurora estaba en la Administración del D10 y no volvería hasta la tarde. Se habían quedado a comer, a ruego de la hermana Isabel y como fuera, los betabeles del jardín de Wikus podían esperar un día más a su cosecha. Frieda se había puesto a jugar al póker con la hermana Isabel, Josef y Charlie, quien estaba de visita para recoger unas semillas y para llevar huevos de la granja de pollos. Wikus se bebió la última de cuatro cervezas y no supo en qué momento se quedó dormido, con el rumor de las voces de fondo.
Quizá habían sido las salchichas –un brai enorme que la hermana Isabel había asado a conciencia, empapándolo de cerveza y servido con pan recién hecho- o la comida de gato. Por más que era de la misma marca de siempre…
Wikus se frotó los ojos.
—Me disculpo, Madre. No sé que me pasó…
Aurora sonrió, los ojos de color gris bajo las lentillas sin marco.
—¿Soñaste con Chris?
Wikus habría enrojecido, de haber podido hacerlo. Aurora se limitó a tomarle las manos.
—No es ningún pecado, hijo. No, entre los de su especie. Y es el padre de tu pequeña…una verdadera bendición
¿No crees?
Y hablando de ella, Frieda se acercó, con un tazón de caldo de pollo en la mano. Aurora se la entregó sin hacer más aspaviento y no esperó a que la bebiera. Tomó de la mano a Frieda y se la llevó a la mesa, donde había un cuaderno y varios libros.
—¿En dónde estábamos, querida?
Frieda tomó uno de los libros.
—Sagan, Madre. 'El mundo y sus demonios'.
—Ah sí, veamos que decía el bueno de Carlie... —repentinamente, miró a Wikus—descansa y recupérate, hijo. Hablaremos cuando estés mejor.
Wikus volvió a dormirse, arrullado de nuevo por las voces de la monja y su hija. Su hija alien.
Esta vez, no hubo más sueños.
-0-0-
Notas del capítulo;
Por supuesto, muchas de las ideas de Wikus sobre los poleepkwa, siguen siendo erróneas…pero no os puedo explicar el por qué, sin haceros spoiler. Espero avanzar mas rápido. Muchísimas gracias por las lecturas y los reviews.
Sochya bosh eh dif.
S'FA
