Lovino tuvo que hacer una especie de equipo con Antonio para obligar a Francis para que se pusiera un traje de baño. Lo encerraron en el baño junto con un traje, cuando por fin se lo puso abrieron la puerta, aunque Lovino hubiese preferido que no saliera para no tener que salir de la habitación del hotel. Pero el momento o mejor dicho, la desgracia recién comenzaba. Salió de la habitación con esos dos, se puso una camisa de tirante para disimular, ya que no le gustaba estar desnudo del torso a menos que fuera para dormir.
Apenas salieron y ya sentía el sol quemarle, como odiaba esa sensación en la piel, lo cual le hizo fruncir el ceño. Si odiaba meterse al mar, ¿cómo le haría para disimular?

— ¡Vamos al mar, Gilbert!

Aunque si Antonio lo arrastraba a todos lados donde se suponía que debía estar, sería más fácil. Pero no lo arrastraba de una manera delicada, lo arrastraba con fuerza haciéndole tragar una buena cantidad de agua salada apenas entrara al mar y al moreno no parecía importarle que tosiera como loco, tenía esa sonrisa tonta que hacía fruncir más el ceño de Lovino y querer ahogarlo en el mar. Pero no, Gilbert jamás haría algo así; sonrió de lado al saber que podía hacer para disimular y de paso vengarse un poco. Tomó la cabeza de Antonio y lo hundió en el mar, lo sacaba y lo volvía a hundir, el moreno creía que era un juego, así que sólo reía como estúpido.
Después de haber tragado quien sabe cuánta agua salada y de que sus ojos estuvieran irritados por fin los amigos de Gilbert quisieron salir; se sentaron en la arena, él se sentó donde diera más la sombra. Francis estaba donde le diera más el sol y Antonio estaba jugando con una tortuga, "¿De dónde salió esa tortuga?". Qué más daba, decidió ignorarlos mientras pudiera, pues parecía que estaban descansando y además nadie hablaba.

— ¿Por qué no vamos a caminar un poco por la playa? —Sugirió Francis mientras se ponía unas gafas de sol.

Lovino no quería, estaba muy bien ahí en la sombra, ya tenía suficiente por hoy. Pero en cuanto Antonio escuchó eso dejó la tortuga y aceptó; los tres se levantaron y caminaron. No habían pasado ni cinco minutos cuando se le pusieron enfrente esos dos muy sospechosamente. "¿Qué sucede? ¿Ahora con que estupidez van a salir estos dos?".

— Gilbert, ¿ya viste quien está ahí? —Dijo Francis mientras se le acercaba al oído, lo cual por reflejo Lovino se alejó un poco, Francis miraba en dirección a la orilla del mar, el también volteó pero no miraba nada raro, miraba a algunos niños y personas que pasaban, ¿a quién debía mirar?

— ¡No sabía que estaría ella en la playa! —Hasta Antonio parecía saber a quién se refería Francis.

— Y no viene sola, viene con tu persona favorita. —Francis lo dijo con todo el sarcasmo que pudo y Lovino lo notó, podía notarlo perfectamente, entonces Gilbert debía odiar a esa persona, al fin algo que podía hacer bien, odiar.

De nuevo volteó, pero no sabía a quién mirar, había varias chicas, ¿cuál se supone que era? ¿Y por qué era tan importante? — ¿En serio aun no la has encontrado? ¡Ahí está!

Antonio tomó su cabeza y lo hizo mirar en dirección a donde estaba una chica con cabello largo, ondeado y castaño, ojos verdes, lo admitía era bonita, pero no era su tipo; la chica estaba con un chico, "Debe ser la persona que odia Gilbert". El chico era alto, cabello negro con un ¿mechón? ¿Rulo? Le hizo recordar el suyo. Usaba lentes y parecía tener cara de ser un estirado. "Yo también odiaría a alguien así". A decir verdad, no sabía cómo debía reaccionar, o porque era tan importante, si sólo era una chica con el que tal vez sería su novio… "¡Oh!". Lovino entonces creyó saber lo que pasaba, lo cual lo hizo sonreír con malicia, "¿Así que te gusta esa chica, Gilbert?". Aunque no era seguro, pero debía ser que le gustara o le haya gustado aquella chica.

— ¿Quién diría que nos encontraríamos aquí a Elizaveta? —Preguntó retóricamente Antonio.

Giró la cabeza de nuevo a donde estaba la chica, al menos ya sabía su nombre. Pero la chica volteó en dirección a él y lo saludó. "¡Mierda!". Elizaveta ahora venía en su dirección con el chico ese que aún no sabía su nombre. Era lo peor, conocer personas nuevas, con esfuerzo sabía cómo debía actuar con esos dos amigos de Gilbert.

— Hola, Francis, Antonio… Gilbert. —Elizaveta saludó a los dos primeros bastante normal, pero cuando saludó al último, se le acercó y le dio un golpe bastante fuerte en el hombro.

¿Cómo respondía a eso? "¿Acaso tengo que regresarle el golpe? No, no… ¿O sí? ¡¿Cómo carajo trata Gilbert a una chica?! ¡Si me sorprende que le hable a una!". Lovino no sabía qué hacer, por supuesto que él sabía hablar con una chica, si era todo un experto en el tema, pero… ¿Gilbert? La chica lo saludó con un golpe, así que debían llevarse así, o al menos eso suponía. Lo peor era que no podía sacar sus encantos de italiano casanova, porque aunque quisiera, era por mucho mejor fingir ser Gilbert a que le preguntaran o lo miraran raro; tenía que reprimirse un poco.
Pero como no sabía qué responder y no reaccionaba, no sólo la chica lo miró raro… También esos dos amigos de Gilbert.

— Bueno… Creo que los dejaré chicos, Roderich me está esperando. Nos vemos, Gilbert.

Lovino no era estúpido, podía notar que lo miraba mucho, o miraba mucho a Gilbert, ¿sería una exnovia? "¿Una chica por voluntad propia saldría con Gilbert?" Tenía curiosidad por saber quién era ella pero, ¿a quién preguntarle? Era obvio que no podía preguntarle a los amigos de Gilbert por ella, "Necesito hablar con Gilbert".

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Después de fingir comer la comida de Arthur decidió hacerse el que acomodaba sus cosas en la habitación. Realmente quería estar un momento a solas, no sabía si era por las náuseas o porque ya se estaba hartando de estar en el cuerpo de Lovino; Además tenía que fingir que odiaba a todo el mundo.
Al entrar a la habitación donde se quedaría vio la maleta de Arthur, el cual el rubio no la había metido por completo debajo de la cama ni la había cerrado correctamente, por lo que se podían ver algunas cosas que tenía. Gilbert decidió echar un vistazo rápido, sacó la maleta y se sentó en el suelo a lado de la maleta para revisar un poco.
Donde se arrepintió, pues no había nada interesante, sólo había ropa y algunos libros aburridos, siguió buscando en el fondo de la maleta hasta que uno de los libros le llamó la atención, pues tenía un pentagrama en la portada. "Justo cuando pensaba que el cejotas no podía ser más raro… Me sale esto". Decidió ojear el libro, tal vez estaba sacando conclusiones apresuradas, pero en cuanto lo hizo, se dio cuenta que Arthur si estaba loco. No entendía absolutamente nada de lo que estaba en ese libro, parecía otro idioma que nunca había visto antes; además que estaba acompañado con extraños dibujos.

— ¿Qué haces con mi libro?

Se asustó al escuchar esa voz, más no gritó ni se sobresaltó, sólo giró la cabeza en busca de saber de dónde provenía la voz. Miró a Arthur que acababa de entrar, no parecía sorprendido ni enojado de que estuviera hurgando en sus cosas, parecía muy neutral, lo cual lo hacía sentir nervioso a Gilbert.

— ¿Por qué de pronto tanto interés en mi libro? Si cuando te lo enseñé por primera vez lo mandaste al diablo. —Lo miró con interrogación.

— Ah… Es que… Estaba algo aburrido… — "Mis excusas van de mal en peor…" Pero no podía hacer mucho, era lo primero que se le vino a la mente.

Arthur sólo sonrió de lado. —Por eso lo traje, se lo había prestado a Lukas, me dijo que quería practicar un hechizo que leyó…

"¡¿HECHIZO?!" Abrió sus ojos todo lo que pudo al escuchar eso, pues quien hablaba de hechizos tan normalmente, los amigos de Lovino lo estaban empezando a asustar, pero dijo hechizo, su cerebro conectó todo muy rápido, si el libro era de hechizos, tal vez podía haber alguno que lo volviera a su cuerpo. Levantó la cabeza para ver a Arthur que seguía hablando, no le prestó atención a lo que dijo después de eso. "¿Por qué Lovino no me dijo que Arthur tenía un libro de hechizos? ¡Pudimos haber vuelto hace mucho!". Bueno, tampoco era como si llevaran meses en el cuerpo de Lovino, pero ahora mismo estaría en la playa con sus amigos y no en un odioso campamento con los hermanos cejas. "Eso quiere decir… ¿Arthur practica brujería?".

— ...Y por eso no le volveré a prestar mi libro a Lukas.

Arthur ojeó el libro hasta llegar a una página que parecía arrancada. "Le prestó el libro a Lukas y le arrancó páginas… Que amigo". Se dijo a si mismo con ironía. "Si Arthur tiene un libro de hechizos, entonces… ¿Él hizo esto?". Podía ser una posibilidad, pero Arthur no parecía ni en cuenta de eso, probablemente no había sido él; pero aun así tenía un libro extraño y probablemente podría ser la solución a su problema.


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Hola, sí, siento la demora… Pasaron algunas cosas y pues, no me sentía con muchos ánimos, además de que cierta persona que aborrezco como no tienen idea, volvió a aparecer. Pues eso, hoy no tengo muchos ánimos de escribir algo en mis notas (por suerte ya tenía el capítulo listo), así que, nos leemos.

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