A los que os quejáis de los capítulos cortos: bastante agradeced que estoy escribiendo el FanFic cuando, generalmente, solo escribo historias originales mías. El FanFic ha surguido de mi adicción a Naruto estos días xD. Yo los FF no los tomo muy en serio (¡lo siento!) y prefiero escribir capñitulos cortos, generalmente los capítulos son lo que he escrito en un día, salvo, a veces, que escribo 3 capítulos en un día porque me da la vena U.u Al menos, acambio de los capis cortos, tenéis todos los días actualización¿no?

Yo siempre he escrito novelas largas (la última 222 hojas, la primera tuvo 180, y en la que estoy trabajando alcanzará, sin duda, las 300) por tanto empezar con la emoción y el meollo del asunto en la página 10 no me cuadra ¡lo siento! Tenéis que darme tiempo, salvo en los Oneshots (por cierto, visitad mi otro FanFic Tsuki no hikari he es especial para llorar, emotivo y conmovedor y ¡esta basada en la realidad!). Pero, os aseguro, que, apartir del capítulo 10 empieza el romance propiamente dicho-.

Creo que eso es todo .

10. Pregunta

No sabía adonde ir. Durante el mes de descanso entre los combates preeliminares y los principales no había misiones que realizar para los gennin y por ello no tenía nada que hacer. ¿O si? No estaba muy segura. Tenía algunas ideas de qué quería hacer aquel día pero, insegura, al momento las desechaba para ir en busca de otra, la cual tampoco aceptaba. Al final se quedaba indecisa sin saber qué hacer.

Se sentó en un banco, contemplando a la gente pasar por la calle, en pequeños grupos, riendo animadamente.

No parecía haber problemas en la villa, todo seguía su curso por muy intranquila y temerosa que ella estuviera. No obstante no le habían pasado desapercibidos los equipos anbu dispuestos por la villa. De todos modos eran pocos. ¿Qué pasaría si se repetía lo de la otra noche¿Actuarían¿Por qué no reaccionaron entonces?

Tantas dudas y tan pocas respuestas… Siempre ocurría lo mismo. Aunque, claro, de tener respuestas no habría preguntas.

Vio entonces a una muchacha. Era rubia y tenía el cabello recogido elegantemente en cuatro coletas. Su mirada azul era levemente altiva y a la espalda llevaba un gran abanico negro atado. Hinata la reconoció. Era uno de los miembros del equipo de la arena. Ella debía conocer bien a aquel chico pelirrojo, Gaara.

Fue a levantarse, pero se detuvo. ¿Qué pensaba hacer¿Acercarse y ponerse ha hablar con ella tranquilamente? No tenía sentido. Para empezar ni sabía con seguridad su nombre¿por qué habría la rubia de escucharla? Y en caso de que lo hiciera¿qué iba ha preguntarle¿Si sabía que su compañero era un enorme monstruo? Ya, claro, y ella la mandaría a paseo en caso de no saberlo, o se pondría a la defensiva en casi de si conocer aquel dato. ¿Y cómo iba ha actuar entonces? Lo mismo le podía dar por atacarla. Y era más que obvio que en caso de confrontación Hinata sería la que saldría mal parada.

Se mordió el labio inferior. La chica casi había llegado a su altura y pronto se perdería por las calles de la villa. Era una oportunidad única de hablar con alguien que podía saber algo sobre aquello. Pero tenía tantas dudas…

Cerró los ojos. Oyó los pasos de la chica. Pasaba a su lado. Ya había rebasado el banco donde estaba la joven Hyuga.

¿Qué hacer?

Normalmente se hubiera quedado allí, sentada, aún tratando de decidirse. En cualquier otra ocasión, para cuando hubiera tomado una decisión, la ninja de la arena se habría ido ya. No obstante aquella vez se vio a si misma levantarse y avanzar hacía la muchacha del abanico. Era como si lo viera todo desde afuera.

Fue al hablarla cuando tuvo, de nuevo, consciencia de ella misma.

- ¡Perdona!

Milagroso, ni había tartamudeado. De hecho¡habría gritado en voz alta y clara! Desde luego aquel día estaba siendo extraño. Más bien toda aquella semana se salía de lo normal. ¿Cómo iba ha ser de otra forma?

La ninja de la arena se giró levemente.

- ¿Si? – inquirió, levemente sorprendida, mirando a la joven Hyuga que ya había recobrado su típica timidez.

La mirada de la muchacha era mucho más fría y desatendida que la de Hinata, llena de sentimiento, cuyos ojos se movían de un lado a otro sin clavarse en nada más de unos segundos. Y menos en aquellos ojos azules. Aunque lo intentó.

- T-tú – ya regresó el mítico tartamudeo y su voz baja y vacilante -. Tú… eres del equipo de la arena¿verdad?

- Si¿por qué? – inquirió la otra, girándose por completo para mirar a Hinata, ligeramente curiosa ante aquella.

Hinata se humedeció los labios, sin saber por donde empezar.

- En tu equipo h-hay un c-chico pelirrojo¿no?

La otra enarcó una ceja, sin saber a donde quería ir a parar aquella chica, algo bajita, de ojos blancos.

- Si, Gaara. ¿Por qué lo preguntas?

- ¿L-lo conoces bien?

Hinata se sentía tonta. Ni siquiera sabía bien como plantear todo aquello, iba improvisando, esquivando un poco la pregunta principal.

- Si – afirmó nuevamente Temari -. Es mi hermano.

Recordó entonces aquel momento, durante la prueba de supervivencia en el bosque, en aquel mismo examen. Gaara había dicho claramente: "Es una pena que yo no os considere mis hermanos".

Contuvo un estremecimiento. A veces, más bien casi siempre, Gaara daba escalofríos al más duro ninja. Y no sin motivos.

- ¿Por qué lo preguntas? – repitió.

- Y-o, es que… verás…

Entonces una pequeña bombilla se encendió en la mente de Temari. Abrió mucho sus ojos azules y miró a Hinata con una mezcla de horror y sorpresa en la mirada. Abrió un poco la boca para decir algo.

Hyuga ya se había callado y sus mejillas se tiñeron un poco de un tono rosáceo, pro la vergüenza, ante la mirada de la otra gennin.

- Tú… tú lo has visto¿verdad?

- S-si… - susurró Hinata al cuello de su chaqueta clara.

Hubo unos momentos de silencio incómodo para Hinata. Esta decidió que aquello no había sido, definitivamente, una buena idea. Se dispuso para marcharse, mas Temari la agarró por la muñeca antes de que pudiera.

- Espera. Hablemos un momento.

Hinata tragó saliva y asintió.

Temari se mordió levemente el labio inferior. Su mirada vagó por la calle, dubitativa, e Hinata supo, de inmediato, que pensaba.

- Sé donde podemos hablar tranquilamente.

Temari la miró un momento, y asintió.

- Maldito Gaara… le dije que anduviera con cuidado, pero él no escucha a nadie – murmuró Temari para si misma mientras las dos chicas andaban por al villa.

Hinata la miró un momento, pero no dijo nada. Acabaron entrando en un pequeño restaurante lleno de gente.

- ¿De verdad crees que este es el mejor sitio? – inquirió la rubia, mirando con desconfianza a la gente que charlaba animadamente.

- Nadie nos hará ningún caso, tranquila.

- ¿Quién eres?

Ambas se sentaron en una mesita en una esquina.

- Hinata, Hinata Hyuga.

- Yo soy Temari. ¿C-cómo es que has visto a Gaara de esa forma? – fue directamente al. Parecía nerviosa.

- Y-yo salí por la noche, no podía dormir. Y e-entonces apareció uno del sonido. Amenazó a tu… hermano – Hinata dudó un poco al decir aquella palabra, mirando con precaución a Temari, pero esta no pareció molesta ni nada -. Y-y… y…

No lograba expresar lo que había ocurrido entonces. Era muy confuso, aunque hubiera tratado de aclararse durante aquel día y el anterior.

- Entiendo… - Temari se apoyó sobre el respaldo de la silla, con el ceño levemente fruncido y una expresión meditabunda. Hinata permaneció en silencio.

Al cabo de unos minutos la muchacha de la arena, dijo:

- Mira, lamento mucho lo que viste, ni debió haber ocurrido. Ahora lo único que puedo decirte es que no se lo digas a nadie y que no te acerques más a Gaara – el resto de Temari permanecía muy serio.

Hinata asintió. Tampoco era que pensase acercarse a aquel chico nunca más. Nunca más en toda su vida. Tendría que estar loca para ello.

- ¿Q-qué es?

Temari la miró un momento fijamente, pero no respondió.

Tras aquello Hinata se fue.