La serie de Once Upon a Time y sus personajes aquí mencionados no me pertenecen

Cuando escribí el prompt del primer episodio nunca me imaginé que, en dado caso de haber una continuación, el fic llegaría a los 10 episodios y contando… Estoy sorprendida.

No está de más agradecerles una vez más por tomarse el tiempo de leer y hacerme saber que la historia les gusta. Sé que siempre lo digo pero en verdad, me encantan sus reviews, todos sus comentarios, preguntas y pensamientos sobre lo que pasará me fascinan.

Espero que disfruten el capítulo…

Agradecimientos a la maravillosa autumnevil5, que como siempre me apoya y recuerda (casi obliga) escribir.


Se sentía muy agitado y tuvo que contener las ganas de derrumbarse por la desesperación. Estaba ya tan cerca de ella y había otro obstáculo, posiblemente el más difícil de todos, el padre de Regina, el hombre que sin querer le estuvo ayudando y apoyando para poder entender más a la hermosa reina y claramente podía ver que al igual que ella estaba muy enojado con él y que tendría que convencerlo antes de siquiera pensar en ver a Regina

- Sé que alguna vez te dije que no tuve el valor para defender a mi hija de quienes se acercaron a ella para hacerle daño, pero también te dejé en claro que siempre me hubiera gustado hacer algo para salvarla. Cometí el error de confiar en ti, pero esta vez no le voy a fallar - dijo sereno pero su tono era molesto y decidido, podría jurar que un poco altivo, algo poco característico en el hombre mayor

- No estoy aquí para lastimar a Regina - respondió David apresurado

- ¿Entonces? - preguntó Henry y se dio cuenta que el joven príncipe estaba un poco golpeado y se veía muy cansado, como si no hubiese dormido en días

- Necesito hablar con ella, por favor - pidió

- No - respondió - Te aprovechaste de mi hija y me usaste para saber de ella, fingiendo que querías ayudarme a salvarla cuando todo este tiempo tu única intención ha sido matarla - le dijo, se seguía mostrando sereno pero David podía ver que sus ojos reflejaban enojo y tristeza

- No es así - dijo el príncipe - Henry, por favor… - intentó acercarse pero los caballeros acercaron más sus espadas a él por lo que se quedó quieto de nuevo - Todo lo que quería era salvarla del Oscuro, quería impedir que lanzara la maldición para que no se perdiera por completo en la oscuridad porque Regina me importa. Desde que comencé a estar con ella me ha importado muchísimo, más de lo que jamás pensé imaginar que me importaría alguien, más de lo que jamás llegue a pensar me importaría ella precisamente - soltó una pequeña risa irónica porque eso era realmente lo que estaba pasando, una completa ironía, el Príncipe Encantador enamorado de la Reina Malvada. ¿Quién lo iba a imaginar?

Tragó pesado y continuó al ver que Henry no se oponía a que hablara - Me enamoré de ella - dijo con los ojos inundados de lágrimas y vio la cara de sorpresa del príncipe Henry ante la confesión - Cometí el error de pensar que ella jamás se enteraría de lo que estaba haciendo, de no ser sincero con ella y confesar mis sentimientos. Admito que temía hacer un movimiento en falso que desencadenara en orillar a Regina a lanzar la maldición, sabía que si le confesaba mis sentimientos me echaría porque no me iba a creer. No tuve otra opción que mentir y fingir que seguía estando bien con Snow, sabía que querían lastimarla y decidí engañarlos para saber lo que estaban tramando en contra de ella. Lo único que estaba esperando era capturar al Oscuro para poder venir con Regina y decirle que la amo - terminó casi sin aliento porque hablaba muy apresurado

- ¿Amas a Regina? - preguntó Henry asombrado aunque no entendía por qué lo estaba cuando días pasados habría jurado que él príncipe estaba profundamente enamorado de su hija

- Con todo mi corazón - respondió David

- Pero… Regina dijo que te vio festejando y brindando por su próxima captura y muerte ¿Cómo sé que no estás aquí para matarla? ¿Cómo sé que no me estás engañando? - preguntó mirando al príncipe con un poco de desconfianza pero también con un brillo de esperanza en su mirada.

David llevó sus manos a su espada y los caballeros se pusieron en guardia, listos para atacar pero Henry los detuvo, la sacó de su funda y la puso a los pies del padre de la reina - Todo fue un engaño, tenía que guardar las apariencias para ser partícipe de la captura del Oscuro, quería estar presente hasta verlo tras las rejas de la celda para estar seguro y tranquilo de que no volverá a lastimar a Regina de ninguna forma - respondió - No quiero matarla, la amo, en verdad lo hago Henry, lo único que quiero es que sea feliz. Solo… permíteme hablar con ella - pidió casi en una súplica, no quería estar en contra del padre de Regina e inconscientemente estaba buscando su aprobación.

Un guardia entró corriendo para informarle al príncipe Henry que sólo habían encontrado el caballo del príncipe a los alrededores y no había rastro de que viniera acompañado

- David - dijo Henry - No estoy de acuerdo en que Regina sea tu amante… -

- Dejé a Snow - respondió David rápidamente, interrumpiendo al hombre mayor - Le dije toda la verdad, a ella y los aliados del Reino Blanco, todos saben que me enamore de Regina. Estoy desterrado del reino por cometer traición y no me importa. Lo único que quiero es verla, hablar con ella, por favor - vio al padre de la reina morderse el labio inferior como en un conflicto y después lo escuchó suspirar como derrotado mientras cerraba sus ojos

- Espero no arrepentirme ni estarle fallando una vez más a mi pequeña - dijo muy bajito pero David lo escuchó. Dio una orden y un guardia comenzó a registrar al príncipe buscando alguna otra arma que pudiera portar - No me opondré a que la veas, solo te pido que respetes su decisión -

El príncipe tragó pesado - Lo prometo - dijo asintiendo con la cabeza

- Está en su habitación... -

- Gracias - le dijo y comenzó a correr por los pasillos que sabía lo llevarían hasta ella dejando atrás a un Henry esperanzado de que David pudiera convencer a Regina de que lo que tenía que decirle era verdad, pero sobretodo de que era amada en la forma que jamás pensó que llegaría a serlo de nuevo.


La reina estaba parada frente a su largo espejo admirando su figura, estaba ataviada en uno de sus tantos vestidos entallados que resaltaban sus atributos de una forma muy acertada, se colocó de perfil y no pudo evitar pensar que dentro de poco tiempo no podría llevar esos vestidos porque su vientre comenzaría a crecer y sería imposible entrar en esas prendas. Sintió ganas de llorar ante el pensamiento y se maldijo nuevamente. Tal parecía que ahora iba a llorar por todo, hasta porque el sol salía y se ocultaba.

Tendría que conseguir un guardarropa nuevo dentro de unos pocos meses y eso la hizo resoplar un poquito frustrada. Y entonces, por primera vez desde que lo confirmó, se preguntó cuánto tiempo tendría exactamente de embarazo. Había estado tan triste, devastada y decepcionada por lo de David, porque lo amaba y no era correspondida, tan asustada de aceptar y asimilar que estaba embarazada y tan ocupada liberando prisioneros, regresando corazones y pensando en la forma de liberar a Sidney que no había reparado en que no llevaba la cuenta de su embarazo.

Se colocó de frente al espejo de nuevo y suspiró, su padre tenía razón, debía comenzar a enfocarse en el embarazo, era lo más importante en esos momentos. No podía seguir hundida en la depresión de saber que el príncipe quería matarla mientras ella lo amaba. Tenía que aceptar su realidad, de cualquier forma, por más que en el fondo de su corazón ella lo anhelara, David no iba a elegirla jamás.

Cerró sus ojos luchando porque las lágrimas no cayeran. Lo mejor que podía hacer era ponerse a leer los libros que su padre le había dado con tanta ilusión.

De pronto escuchó que alguien muy agitado entraba a su habitación y suspiró muy cansada, de seguro era alguien buscando venganza por lo de los corazones, pensó que tardarían un poco más en hacer algo así…

Abrió los ojos y ahí, parado detrás de ella a la entrada de su habitación estaba David.

Se quedó paralizada por unos momentos, con la mente totalmente en blanco. Cerró los ojos muy fuerte y los abrió de nuevo en un vago intento porque la imagen desapareciera porque de seguro era una alucinación, él no podía estar ahí en realidad, no era posible… pero nada pasó, el príncipe seguía ahí, mirándola fijamente a través del espejo.

Volteó para encararlo mientras pensaba que de seguro algunos caballeros la habían traicionado ahora que tenían su corazón y habían dejado que David llegara hasta ella. Lo peor de todo es que era más que obvio que el príncipe estaba ahí para capturarla o matarla

- Regina… - dijo él con lágrimas en sus ojos. Estaba muy feliz de verla, de saber que estaba bien. Estaba hermosísima, mucho más de lo que recordaba haberla visto las últimas veces aunque pareciera imposible, pero también la veía cansada y muy triste. No podía evitar sentirse muy nervioso y asustado de cómo fuera a ser ese encuentro. No se quería equivocar ya con la reina pero temía tanto que como siempre fallara para explicarle todo y no entendía por qué solo le ocurría con ella

- No pensé que vendrían por mí tan pronto ¿Vas a matarme tú mismo, encantador? - preguntó con tristeza y resentimiento en la voz. Le hacía mal verle ahí porque se estaba muriendo por correr a sus brazos pero sabía que no debía ni podía hacerlo. Ya no estaba dispuesta a arriesgar nada más con él - No voy a dejar que me captures, tal vez no pueda dañarte pero puedo defenderme - dijo con la voz muy firme, ahora más que nunca no podía permitir que le hicieran daño, debía estar muy alerta porque estaba embarazada y de ninguna manera podía darse el lujo de que la lastimaran. Pero dolía tanto pensar que se tenía que defender de él cuando lo amaba con todo su ser, cuando era el padre del bebé que llevaba dentro ¿Por qué el destino tenía que ser siempre tan cruel con ella? ¿Cómo es que fue a enamorarse de nuevo y de un hombre que la odiaba tanto? ¿Y cómo demonios había terminado embarazada de él?

No pasó desapercibido para la reina que David parecía haber tenido una pelea, tenía un golpe cerca de la boca y su ropa estaba un poco desarreglada, además se veía muy cansado, como si no hubiese dormido en días

- Jamás haría algo así - dijo al tiempo que daba un paso hacia el frente y se sintió un poco aliviado de ver que Regina no retrocedía

- Ambos sabemos que eso no es verdad - dijo con la voz cansada - Vete y diles a todos que pueden vivir tranquilos, no lanzaré la maldición. Solo deseo que me dejen en paz - tomó un largo suspiro mientras contenía las ganas de llorar - Vete a vivir tu final feliz, David -

- Allá no hay un final feliz para mí, ya no… - respondió el príncipe acercándose un poco más, quería llegar hasta ella, sabía que aún no podía pero se estaba muriendo por tenerla entre sus brazos y borrar cada rastro de tristeza que había en ese hermoso rostro

- Si se te perdió Snow te informo que no está aquí - dijo Regina poniendo una mano sobre sus ojos

- Sé perfectamente donde está, pero no la estoy buscando a ella, te estoy buscando a ti - dijo el príncipe

- Basta de juegos, David - dijo mirándolo directamente a sus preciosos ojos azules que estaban al borde de las lágrimas y era extraño verlo así, se suponía que quería matarla por lo que no veía por qué debía verse tan afectado, de seguro era parte del engaño, del mismo vil, cruel pero hermoso engaño con el que cayó perdidamente enamorada de él

- Déjame hablar contigo, por favor… - dijo dando un paso más y ahora si la reina reaccionó poniéndose tensa. Tenía sus hermosos ojos enrojecidos, de seguro había estado llorando y parecía estar a punto de hacerlo de nuevo y eso le partía el corazón

- Creo que todo quedó muy claro la última vez que hablamos - dijo Regina

- No, no tuve la oportunidad de explicarte todo, por favor, permíteme hacerlo esta vez - pidió

No debía, se suponía que no debía querer escucharle, tenía mucho miedo de que eso fuera una trampa, no podía bajar la guardia pero su corazón y su alma le gritaban desesperadamente que lo hiciera porque lo amaba y necesitaba de él aunque no quisiera. Se maldijo por anhelar algo que no iba a suceder ¿Por qué tenía que ser tan tonta?

Se estaba debatiendo internamente y él pareció ver su predicamento porque continuó - No vengo armado, como te dije en la carta, mi intención no es matar… -

- ¿Qué carta? - le interrumpió ella aclarando su garganta

- La que te envié esa misma noche en que me mandaste a la celda - dijo intentando que la voz no se le quebrara

- No recibí ninguna carta - respondió ella frunciendo el ceño

- Graham dijo que la habías leído y... que no me habías creído - terminó en un susurró y cerró los ojos maldiciendo al cazador. Regina jamás recibió su carta, todo este tiempo ella estuvo creyendo que a él no le importó siquiera un poco lo que había sucedido, tampoco sabía que él había confesado tener sentimientos hacia ella. Estuvo todos esos días pensando que quería matarla…

- ¿Me enviaste una carta? - preguntó la reina bajito sin poderlo creer, si eso era verdad entonces el cazador había interferido en que ella recibiera un mensaje del príncipe, en un momento en el que tanto lo había necesitado

- Por supuesto que sí - respondió príncipe - No te iba a dejar así pensando que quería hacerte daño - y pudo ver que una mueca de dolor atravesó el rostro de la reina al hablar de eso y su corazón dolía al pensar en todo lo que sufrió durante esos días - Quería que supieras que mi intención no es matarte y nunca lo ha sido, sé que me viste festejando por ello pero estaba pretendiendo estar de acuerdo y feliz con ese plan pero te juro que era todo lo contrario - explicó y la escuchó soltar una risa poco sincera, era más de dolor que otra cosa y eso hizo que su propio corazón se apretara de nuevo al verla reaccionar así

- ¿Eso es lo que querías decirme? - preguntó - ¿Que soy tu forma de demostrar que eres un valiente y bondadoso príncipe y por el bien de tu reino estuviste acostándote conmigo? ¿Y encima de todo debo estar agradecida porque estás intentando salvarme de ellos en el proceso?- soltó una risa amarga esta vez

- No - estaba comenzando a desesperarse porque no quería que todo acabara de la misma forma que la vez anterior y no había aguantado tanto para decirle lo mucho que la amaba para no hacerlo, ya no tenía nada que perder y anhelaba con todo su corazón tener todo que ganar. Quería un mundo con Regina

- No soy una damisela en peligro David, no soy una inútil princesa que necesita ser salvada - dijo ahora con enojo ante el pensamiento, tenía los ojos inundados de lágrimas que no quería dejar caer

- Sé que no - sonrió triste - Eres una reina y no necesitas que te salven, me queda muy claro. Pero eso no significa que no necesites ayuda… -

- David, ya, por favor… - pidió la reina dolida - Si viniste a esto no tiene ningún caso… No hay necesidad que te sacrifiques acostándote conmigo de nuevo, en primera porque no voy a permitir que me toques y en segunda porque ya tienes lo que querías, no lanzare la maldición, pueden vivir felices por siempre como tanto lo han querido - no pudo evitar que una lágrima escapara de sus ojos y rápidamente la limpió, no iba a llorar de nuevo frente a él. El príncipe ya había visto y tenido suficiente de ella - Ya vete -

- No, no me acosté contigo por eso, por Dios, Regina - habló desesperado - No me voy a ir de aquí hasta que me escuches, hasta que te diga todo lo que te tengo que decir, la vez anterior sé que no pude explicar nada aunque tampoco me dejaste hablar - le dedicó una media sonrisa, sentía en cualquier momento sus lágrimas caerían - Solo déjame hacerlo, te lo suplico -

- Está bien, David… es tu oportunidad de explicar todo - dijo Regina como derrotada. Ya no sabía qué era lo que quería o esperaba, solo quería que todo eso terminara porque le estaba destrozando el alma seguir así, estarlo viendo y no poder estar cerca de él. El príncipe se veía sincero pero no entendía por qué estaba de alguna forma permitiéndole hablar, lo único que ella quería escuchar no lo iba a hacer jamás

- Te amo -

Las palabras resonaron en su cabeza fuertemente y juró que había dejado de respirar, de seguro escuchó mal, David no podría haberle dicho que la amaba, eso era prácticamente imposible

- En verdad te amo, Regina, con todo mi ser… Me enamoré de ti - dijo el príncipe dejando ahora sí que las lágrimas corrieran por su rostro mientras veía que las de Regina lo hacían también.

No lo pudo evitar, comenzó a llorar fuerte y de pronto él se acercaba mucho a ella - No - dijo en medio del llanto, sentía que las palabras se le atoraban en la garganta y que no podía hablar - No te acerques más - le pidió - ¿Por qué quieres hacerme daño de esta forma? - preguntó atragantándose con el llanto

- No quiero hacerte daño, te estoy confesando que te amo, que me enamore de ti - repitió angustiado y desesperado por verla llorando y querer que le creyera, tenía miedo de no poderlo hacer - Lo supe casi de inmediato, comencé a quererte y cuando menos lo pensé me había enamorado de ti y comprendí que te amaba - quería abrazarla para consolarla pero ella no lo quería cerca - No quiero lastimarte, Regina… créeme por favor - le pidió llorando

- Tú no puedes amarme - dijo la reina sorbiendo su nariz - No es posible que sientas algo por mí, soy la Reina Malv… - pero no pudo continuar porque él la interrumpió

- No me importa, te amo - dijo de nueva cuenta.

No se iba a dar por vencido, no sabía si la iba a convencer de aceptarlo en su vida pero al menos quería convencerla de que la amaba en verdad - Te envié esa carta porque quería que supieras que me importas, en ella te pedía que me dieras la oportunidad de hablar contigo, que me esperaras unos días, porque todo este tiempo lo que estaba intentando hacer era ayudarte a salvarte del Oscuro - ella volteó a verlo a los ojos y él le sonrió en medio de su propio llanto - Perdóname, debí haberte dicho lo que sentía por ti pero tenía mucho miedo de que me echaras, que no me permitieras estar cerca de ti. Es verdad que parte de mi plan era que no lanzaras la maldición pero no porque quería asegurar mi final feliz, fue porque no quería que te perdieras para siempre en la oscuridad y quería que Rumpelstiltskin dejara de hacerte daño - se acercó más porque la reina parecía estar como impactada por lo que escuchaba y le preocupaba un poco - Estaba intentando protegerte - sorbió su nariz, sentía que el corazón se le saldría por la garganta en cualquier momento, estaba tan cerca de ella y a la vez se sentía tan lejos - Acepto que al principio era más deseo prohibido lo que sentía por ti pero cuando menos lo pensé ya te quería, me había enamorado y sin darme cuenta te comencé a amar. Me robaste el corazón -

Ella negó rápidamente retrocediendo un paso y vio la desesperación en David por ello - No puedes decirme que me amas. Eres el amor verdadero de Snow… es... la magia más poderosa que hay... rompiste la maldición - dijo llorando, le dolía mucho escuchar todo eso porque deseaba con el alma creerle pero se suponía que el amor verdadero era algo inquebrantable y era difícil creer que él la amara. Sin embargo el príncipe se veía y sonaba tan convincente y sincero y si eso era cierto entonces todo lo que ella había visto todo ese tiempo reflejado en sus ojos azules era real y él en verdad sentía eso por ella, no podía evitar sentirse esperanzada y se odiaba a sí misma por ello

- ¿Ves por qué no quería decirte nada? - preguntó él riendo bajito y sorbiendo su nariz de nuevo - Sabía que no ibas a querer creerme. Sé que es difícil, en su momento hasta yo me sorprendí pero créeme Regina, te amo. Solo estaba esperando a que capturáramos al Oscuro para podértelo decir, te quería segura y a salvo, puedes regañarme todo lo que quieras por intentar salvarte pero no me arrepiento. De lo único que me arrepiento es de pensar que no te ibas a enterar que estaba fingiendo. Me destrozó el alma saber que me habías visto celebrando esa noche, que pensaras que te quería muerta y he pasado los peores días de mi vida angustiado de pensar que no podía venir a decirte lo mucho que te amo pero tenía que ver al Oscuro tras esas rejas con mis propios ojos para asegurarme de que no te haría más daño - confesó rogando porque ella le creyera al fin, si sus palabras no funcionaban no tenía forma de demostrarle que lo que decía era verdad - Quise venir en cuanto tuvimos ese malentendido pero era momento de ir por el Oscuro, por eso te mandé la carta, porque no quería que pensaras que no me importabas, quería que supieras que no quería matarte, que te quiero y que iba a venir en unos días a tí y aquí estoy - dijo dando otro paso y ahora sí estaba frente a ella.

El cuerpo entero de Regina temblaba por las emociones que fueron invadiendo su cuerpo poco a poco conforme él iba hablando. Estaba segura que no podría aguantar un momento más sin sentir el calor del príncipe y quería creerle, era difícil porque el destino siempre era cruel con ella y no podía ser que las cosas fueran de pronto tan perfectas y tenía mucho miedo de aceptarlo

- Regina… - dijo David con un nudo en la garganta, limpió sus lágrimas y tomó aire - Sé que no te soy indiferente, sé que por lo menos tienes sentimientos hacia mí - tragó pesado cuando ella volteó a verle una vez más - Perdóname por haberte dicho que no podía quedarme contigo, me equivoqué en la elección de palabras, perdóname por ser un idiota - y la vio agachar su rostro de nuevo y la escuchó sollozar - Por supuesto que quiero quedarme contigo, permíteme hacerlo por favor… - le pidió en una súplica - Aunque no me ames o no estés enamorada de mí, dame una oportunidad, te lo suplico -

Y entonces el príncipe se dejó caer en sus rodillas frente a ella y volteó a verla hacia arriba - Soy tuyo, si quieres tenerme… - le dijo y la escuchó contener el aliento sorprendida por sus palabras - Ya sé que todo el tiempo estoy diciéndote que eres mía pero sé que no me perteneces - le dijo alargando una mano temblorosa para alcanzar la de la reina y no pudo evitar sollozar cuando la pudo tocar - Pero yo a ti sí, lo supe desde la primera vez, que te ibas a meter muy dentro de mi piel, de mi corazón y de mi alma - tomó su mano y la acercó lentamente hasta sus labios - Y no quise poner ninguna resistencia porque jamás me había sentido tan real como cuando estoy contigo, jamás me había sentido tan libre y tan dichoso de poder estar al lado de una persona como contigo. Dame una oportunidad, por favor... - dijo besando su mano

- David - dijo ella sorbiendo su nariz, todo su cuerpo temblaba al tenerlo tan cerca. Sentirlo tomar y besar su mano era una sensación agridulce porque le llenaba de ese hermoso e inexplicable sentimiento que la invadía cuando estaba con él pero también era doloroso - No puedes quedarte conmigo… - y rompió en llanto

- ¿Por qué no? - preguntó él besando su mano de nuevo

- Es que… no entiendes - dijo intentando librarse de su agarre pero él no la dejo

- ¿Qué no entiendo Regina? - preguntó desesperado

- Tienes que volver allá - dijo respirando profundo intentando calmarse

- No - dijo David - La dejé, le dije a Snow que es a ti a quien amo -

- ¿Qué? - preguntó la reina abriendo sus ojos grandes ante la sorpresa por esas palabras

- No vengo a recuperar ese pacto que teníamos, no quiero que seas mi amante, quiero estar contigo, quiero ser tuyo sin mentiras, sin restricciones, sin secretos - se levantó aprovechando que ella parecía nuevamente haberse quedado paralizada y sin saber qué hacer ante su confesión - Quiero ser tuyo y de nadie más - le dijo atreviéndose a llevar una mano a la tersa mejilla de la reina

- David. No puedes querer estar conmigo y no con ella - le dijo llevando una de sus delicadas manos a la grande de él sobre su propia mejilla - Snow… ella… - y comenzó a llorar una vez más - Ella no tiene oscuridad como yo. Es tu amor verdadero - le dijo bajito pero la escuchó

- Regina- dijo David intentando llamar su atención - Mírame... - le pidió llevando su otra mano a la otra mejilla de la reina para tomar su rostro y hacer que le mirara

- No, David - dijo con los ojos apretados, no quería verlo porque si lo hacía entonces no iba poder resistirse a aceptarlo todo y no quería hacerle daño. No podía evitar pensar en que Daniel terminó muy mal por amarla y no quería que David sufriera el mismo destino que él, no iba a soportar perder de nuevo el amor y prefería no tenerlo - Debes volver con Snow antes de que sea tarde - le dijo logrando zafarse de su agarre y dio un paso hacia atrás

- No voy a volver con ella y eso no está a discusión, no es elección tuya, es mía. Y no quiero volver con ella, aunque tú me rechaces no voy a volver con Snow porque ya no la amo. Eso se acabó - dijo apretando los dientes intentando que el llanto no lo sobrepasara

- No puedes quedarte. No entiendes lo que es vivir así, conmigo - le dijo la reina - Aquí solo hay oscuridad - le sonrió triste - Y tú... - le dijo limpiando sus lágrimas - Estás tan lleno de luz, David - se tapó el rostro con sus manos rompiendo en llanto de nuevo - No es justo que te quedes aquí -

Eso hizo que el príncipe se desesperara, ya no quería verla llorar de esa forma por su culpa, quería verla feliz pero sobretodo quería estar con ella - Entonces no nos quedemos en la oscuridad, camina conmigo hacia la luz - le dijo y se acercó nuevamente y la vio negar bajando sus manos descubriendo su bello rostro - Aunque me rechaces no me voy a ir, no te voy a dejar. Quiero quedarme contigo. Si no me quieres a tu lado aunque me esté muriendo por dentro lo entenderé - dijo con el corazón angustiado y dolido al presentar él mismo esa posibilidad - Pero entonces me quedaré para servirte… -

- No sabes lo que estás diciendo - dijo ella recuperando la compostura - Los guardias que te dejaron entrar, de seguro fueron algunos a los que les regrese el corazón después de tantísimos años y que están dispuestos a vengarse de mí en cualquier momento y no solo ellos, el reino entero me odia ¿Quieres estar con la Reina Malvada en verdad? Quedarte aquí es vivir en el exilio y condenado por mí culpa -

- Estoy exiliado del Reino Blanco por cometer traición al haberme acostado con la mujer más hermosa de todos los reinos - y no puedo evitar soltar una pequeña risa ante sus propias palabras - Y no me importa… - continuó - Quiero estar contigo -

- Si regresas ahora es muy posible que ella te acepte de vuelta. Solo dile que yo te estaba obligando. No dejes pasar la oportunidad de tu final feliz, David. Te arrepentirás después, no sabes lo que es perderlo todo… - dijo dedicándole una media sonrisa sincera pero triste y dolida

- Por eso estoy aquí… - dijo él - Porque quiero una vida contigo - se paró frente a ella y la miró hacia abajo, se acercó tanto que podía olerla y cerró sus ojos un momento dejándose embriagar por ella - Dime que no sientes nada por mí y me iré - dijo en un susurro esperando a que la reina volteara a verle, podía ver que a ella le temblaban los labios como luchando por no dejar escapar las palabras.

No supo si fueron minutos o segundos los que pasaron pero le parecieron una eternidad y pudo sentir como su corazón se quebraba porque ella no respondió - Te amo - le dijo una vez más - Pero sé que no puedo obligarte a estar conmigo. Lo único que quería era que lo supieras. Quería que supieras que me enamore de ti, que no quiero hacerte daño y que sí te quiero tal cual habías pensado que lo hacía. Eres amada Regina… - se inclinó para colocar un beso largo en la frente de la reina - Gracias por haberme permitido pasar este maravilloso tiempo a tu lado y perdóname por haberte causado daño. Adiós, hermosa majestad - tragó pesado y dio media vuelta derrotado, sintiéndose el hombre más desdichado del mundo.

No llegó si quiera a la mitad de la habitación cuando ella no aguanto más - No te vayas - pidió desesperada, su voz se escuchó temblorosa. Lo vio detenerse inmediatamente. Pensó que sería fácil dejarle ir porque era lo mejor para él pero al verlo dar la vuelta y caminar alejándose sintió que se quedaba vacía, que la vida se le iba tras él.

- T-Te amo - dijo en un susurro muerta de miedo porque estaba confesando sus sentimientos. Tenía miedo de aceptarlo, de decírselo y por lo que fuera a suceder ahora pero tenía mucho más miedo de quedarse sin él.

El príncipe cerró los ojos llorando de nuevo sorprendido pero al mismo tiempo emocionado de haber escuchado esas palabras. Ella lo amaba, Regina lo amaba también...

Dio vuelta de nuevo de inmediato, corrió hasta ella y la abrazó al fin, la estrechó muy fuerte entre sus brazos y ella aferró sus manos a su camisa de cuero mientras lloraba abiertamente en su pecho.

Recargó su mejilla en su cabeza cerrando los ojos atesorando ese momento en su corazón porque ella lo amaba como él lo hacía y se sentía tan aliviado de que fuera así, de poderla tener nuevamente entre sus brazos y quería más que nada en el mundo que estuviera tranquila y feliz.

No podía parar de llorar por todo lo que estaba sucediendo, saber que David la amaba la sobrepasaba de todas las formas posibles y sentía que en su cuerpo no cabía todo lo que estaba sintiendo. El príncipe la estrechaba fuertemente entre sus brazos, casi al punto de sofocarla y no le importa, en ese momento más que nunca quería estar así. Lo había extrañado tanto, lo había necesito tanto en esos días y fue una tortura haber vivido pensando que él la quería muerta mientras ella prácticamente moría de amor por él y no sabía qué hacer con el hecho de saberse correspondida.

Salió de su escondite, llevó sus manos al rostro de David para acercarlo a ella y poderlo besar al fin, después de todos esos días de angustia donde pensó que no iba a ser capaz de sobrevivir sin él.

Besar los dulces labios de la reina era la mejor sensación del mundo, era como una pequeña chispa que electrizaba todo su cuerpo y lo transportaba a un mundo de ensueño. David llevó sus manos a la pequeña cintura de la reina y comenzó a acariciarla ahí tiernamente.

El beso era un poco desesperado pero había mucho amor en el mismo, ambos aún lloraban, era difícil coordinar y les hizo falta el aire mucho más pronto de lo que les hubiera gustado.

El príncipe tomó las delicadas manos de la reina que seguían en sus propias mejillas y las llevó a sus labios para besarlas mientras clavaba su mirada intensa en esos hermosos ojos chocolate y podía verla claramente, no había ninguna máscara, era Regina en su más puro estado y pensó que debía estar loco porque se veía más hermosa que nunca. Volvió a cerrar sus ojos besando sus manos mientras dos lágrimas resbalaron por sus mejillas

- Te amo mucho, Regina - le dijo abriéndolos de nuevo, mirándola fijamente y ella comenzó a llorar una vez más

- Y-yo también - logró decirle en medio de su llanto y él la estrechó nuevamente entre sus brazos, entre esos brazos en los que se sentía segura y protegida, que le hacían pensar que todo iba a estar bien y debía confesar que cuando estaba así con él no tenía miedo de nada. Realmente se sentía rodeada de luz.

Las piernas de Regina comenzaron a perder fuerza, David dejó que las suyas siguieran el curso y quedaron ambos en el suelo abrazándose. El cuerpo de la reina estaba totalmente apoyado en el de él mientras la sostenía, le permitió llorar un momento, no quería interrumpirla aunque una parte de él estaba muriendo al verla en ese estado, quería hacer algo más para consolarla pero posiblemente eso le hacía falta, fueron tantos los días de angustia y decepción para ella que entendía que necesitara sacar todo ese sentimiento.

Comenzó a acariciar su cabello suavemente y después de un rato, cuando la sintió calmarse un poco le empezó a decir - Estoy aquí, no me iré jamás. Te amo - la podía escuchar sollozar quedito pero la reina seguía sin decir nada. Siguió acariciando su cabello y repitiéndole lo mucho que la amaba hasta que sintió que su respiración se volvía totalmente apacible y supo que se había quedado dormida.

Con todo el cuidado del mundo la levantó en brazos y se sorprendió de sentirla un poco más ligera de lo que recordaba, la llevó a la cama, le quitó las zapatillas intentando no perturbarla y se recostó a su lado, abrazándola como tanto había extrañado hacerlo y sus ojos se llenaron de nuevo de lágrimas al ser consciente que al fin la tenía segura y tranquila entre sus brazos, sin temor a que al Oscuro le siguiera haciendo daño, como tanto lo había estado anhelado y era la sensación más maravillosa que jamás había sentido. Besó su cabeza, se sentía muy agotado, habían sido muchas emociones y los últimos días le había sido imposible conciliar el sueño. Tomó un largo respiro y se permitió dormir junto a su reina.

Pasaron un par de horas y Regina abrió sus ojos un poco desorientada, estaba tan a gusto como no recordaba haberlo estado en esos últimos días, no quería moverse pero su vejiga estaba en contra de ella. Suspiró obligándose a despertar y entonces fue consciente del cuerpo enseguida de ella que la rodeaba con su brazo por la cintura. Llevó su mano temblorosa al brazo de él y comenzó a acariciar tiernamente, no había sido un sueño, se mordió el labio inferior y no pudo evitar sonreír, en verdad él había ido ahí, le había dicho que la amaba y que lo había dejado todo por ella, que se quería quedar con ella, que la estaba eligiendo a ella. Su corazón palpitaba totalmente emocionado al igual que toda ella.

Volteó a verlo, se veía tan apuesto y tan tranquilo… frunció el ceño al reparar en el golpe que tenía junto a la boca y tocando apenas con sus dedos curó la herida. Lo vio suspirar y removerse ante la acción y se asustó un poco porque no quería despertarlo, no hacía falta que le dijera, sabía que él no había estado durmiendo bien al igual que ella y era obvio que les hacía falta a ambos dormir por lo que no quería perturbarlo. Al ver que no despertó decidió que debía levantarse, no quería separarse de él pero le urgía ir al baño.

Resignada se soltó de su agarre cuidadosamente, se levantó y se dirigió al cuarto de baño.

Cuando regresó él estaba en medio de la habitación despojándose de la camisa de cuero y estaba ya descalzo - Hey - le sonrió cuando la vio llegar. Aún se veía un poco adormilado pero estaba terriblemente guapo con su cabello medio alborotado - Gracias por curarme - le dijo

- De nada - respondió ella relamiéndose los labios y pasando un mechón de su propio cabello por detrás de su oreja - ¿Te desperté? - le preguntó

- No precisamente - respondió el príncipe - Me hiciste falta en la cama y desperté - se relamió los labios ahora él

- ¿Quién te golpeó? ¿Fueron los guardias? - preguntó consternada la reina

- No - respondió David acercándose a ella - Me encontré con Graham camino a acá - la vio fruncir el ceño - Y tuvimos una pequeña charla - dijo poniendo cara de culpa

- Una pelea querrás decir - dijo Regina volviendo a tocar el rostro del príncipe en el punto donde el golpe había estado y lo vio cerrar los ojos y suspirar al sentir su tacto

- Se lo merecía - dijo David besando la mano de la reina - Sobre todo porque ahora sé que jamás recibiste mi carta - tragó pesado - Por su culpa estuviste todos estos días pensando que no me importabas - su voz se escuchó terriblemente triste y dolida.

Regina soltó un suspiro de fastidio, el cazador había ido muy lejos haciendo eso, él vio el estado en el que estuvo ante la ausencia y el dolor por pensar que no era nada para el príncipe y no le permitió recibir la carta que bien pudo haber traído algo de calma a su atormentada alma.

El príncipe puso su mano sobre su tersa mejilla y le sonrió - Te extrañe tanto… - le dijo tragando pesado, no quería llorar de nuevo pero habían sido meses muy difíciles los que pasó sin poder confesar sus sentimientos y los últimos días habían sido un infierno

- Yo también a ti - dijo ella abrazándose a su cuello

- Oh, Regina - sollozó David y la abrazó también - Tuve tanto miedo de perderte para siempre, de que no me creyeras y no me aceptaras - no pudo evitar que las lágrimas comenzaran a salir de nuevo

Le dolía escucharlo llorar y decir esas palabras. Se separó de él y llevó sus manos al rostro de David y con sus pulgares limpió sus lágrimas, lo vio abrir sus hermosos ojos azules que se veían tan puros y sinceros, su mirada era entregada y seguía viendo ese amor que había comenzado a ver en ellos desde hacía algún tiempo y que estuvo anhelando tanto que fuera real

- Hace unas horas me hiciste pasar los momentos más angustiantes de toda mi vida - siguió el príncipe - ¿Por qué eres tan terca, majestad? - esta vez rio bajito y ella soltó una pequeña exhalación a modo de queja que lo hizo sonreír más. Se inclinó para depositar un beso en su nariz

- Tengo miedo - confesó ella muy bajito

- ¿De qué? - preguntó él extrañado

- David… - estaba un poco nerviosa porque era su momento de hablar, él también se merecía saber todo los sentimientos que ella había estado guardando - No sé cómo amar bien. La primera y única vez que lo hice todo terminó muy mal - sollozó - Tengo miedo de que mi destino sea siempre perder a quien amo y no soportaría perderte - confesó comenzando a llorar

- No - dijo él besando su rostro, tratando de borrar sus lágrimas - Ya no llores, por favor - le pidió - Confía en mí, no iré a ningún lado, nunca… Nadie va a separarnos, te lo prometo. No lo voy a permitir jamás -

Lo miró directamente a los ojos y asintió - Confío en ti - dijo la reina - Yo también lo siento, David. También me enamoré de ti y comencé a amarte - sorbió su nariz - Eres la razón por la cual me di cuenta que era imposible que lanzara la maldición, por la cual renuncié a mi venganza - alzó un poquito sus hombros resaltando el hecho de que era una ironía y que simplemente así pasó todo - Y… estaba dispuesta a renunciar a ti… pa-para que fueras feliz con Snow - se le quebró la voz al decir eso último - Por eso fui a buscarte al palacio aquella noche. Quería estar contigo y amarte una última vez - confesó y de pronto David la besaba

- Shh - le dijo sobre sus labios - Lo sé, tardé en darme cuenta pero por eso supe que sentías algo por mí - la besó de nuevo - Soy un idiota, lo sé y después lo que pasó… Oh, Regina - tragó pesado - Jamás me he arrepentido tanto en mi vida como esa noche de no haberte podido explicar todo -

- No - dijo ella - Yo no te dejé a hablar, estaba muy angustiada y dolida. Lo lamento también - ahora fue ella quien buscó los labios del príncipe para darle un beso con arrepentimiento impregnando

- Ya - le dijo él besando su frente - Dejemos eso atrás - la abrazó fuertemente y se meció levemente con ella entre sus brazos

- David… - habló ella después de unos momentos - ¿Cómo lograste llegar hasta aquí? - preguntó, necesitaba saberlo por si había algún traidor y temió un momento por su padre

- Tu padre - le dijo y la reina se separó para verlo a los ojos extrañada - Me detuvo y me costó trabajo convencerlo de que me permitiera verte - le sonrió mientras acomodaba un mechón de su hermoso cabello detrás de su oreja, amaba hacer eso

- ¿Mi papá... me defendió? - preguntó sorprendidísima porque su padre jamás había movido un dedo para defenderla cuando más lo necesitó y ahora lo estaba haciendo, su corazón se llenaba de sentimientos inexplicables al saberse protegida por su padre y amada por el príncipe. Llevó sus manos a sus ojos y los talló intentando limpiar sus lágrimas

- Sí - dijo David, su corazón dolió al verla así ¿Por qué le costaba a Regina saber que su padre le protegía y cuidaba? - Estoy seguro que estaba más que dispuesto a matarme si era necesario con tal de que no llegara a ti porque sé que él también pensaba que quería hacerte daño -

- No te hubiera matado - dijo ella suspirando intentando calmar su llanto - Sabe que te amo - le dijo sonriendo levemente - Él no es así… Además, sabe que me dolería mucho saberte muerto aunque tú no me quisieras ni tantito - decía mientras él limpiaba sus lágrimas

- Te amo - le dijo besándola apasionadamente tomándola por sorpresa con ese cambio - ¡Te amo! - alzó la voz sonriendo y ella abrió sus hermosos ojos enrojecidos - ¡TE AMO! - gritó levantando su rostro

- ¡David! - lo reprendió - Te van a oír - le dijo un poquito alterada

- ¿Quién? - preguntó él divertido bajando su rostro para verla - ¿Los guardias? ¿Tu padre? No me importa… quiero que todo el reino se entere que es a ti a quien amo - dijo sonriéndole.

Y ahí estaba él, con esa hermosísima sonrisa que derretía por completo su necesitado y emocionado corazón ¿Cómo no lo iba a amar? - Yo también te amo - respondió y lo jaló para besarlo ahora ella de la misma manera que él lo había hecho, necesitaba sentir su cuerpo, su calor, sus caricias, su corazón pero sobre todo estaba muriendo por sentir su amor.

David entendió el mensaje y agradeció en el alma que fuera así porque se estaba muriendo por hacerle el amor, por hacerla suya una vez más, iba a ser algo totalmente diferente porque ahora sabía que ella también lo amaba como él a ella, habría entrega total por parte de ambos y no podía esperar por tenerla así.

La siguió besando mientras buscaba con sus manos el cierre del vestido que la reina llevaba y cuando lo encontró comenzó a bajarlo mientras la escuchaba soltar pequeños suspiros, bajó un poco para besar su cuello tiernamente y eso la hizo estremecer. Comenzó a bajar el vestido por sus hombros besando la piel conforme iba quedando expuesta. Dios, había extrañado tanto su suave piel, su olor, esos hermosos sonidos que dejaba escapar de sus labios al sentir sus caricias.

El vestido cayó al suelo dejando a la reina solo en ropa interior, ella acariciaba el pecho de David sobre su camisa, llevó su propia mano derecha a su rostro para apartar un mechón de su cabello y de pronto el príncipe sostuvo su mano bajo la muñeca mirando ahí entre sorprendido y molesto

- ¿Quién te hizo ésto? - preguntó enojado, Regina rápidamente volteo a ver su muñeca y se dio cuenta que el cazador con su agarre había dejado marcas en su piel en el forcejeo, algo que no notó porque el vestido cubría esa parte de su cuerpo

- Fue un pequeño accidente… - respondió apresurada y llevó su mano izquierda a su muñeca para borrar las marcas, algo que pareció alterar más a David

- No es un accidente, esas son marcas de dedos ¿Quién lo hizo? - le preguntó mirándola fijamente a los ojos como exigiendo la respuesta que estaba seguro que escucharía

- Graham… - respondió ella tragando pesado y vio al príncipe cerrar sus ojos al tiempo que maldecía - Le regresé su corazón y forcejeamos un poco… - le confesó - Pero no pasó nada más -

- Lo voy a matar - le dijo soltando la delicada muñeca de la reina y llevando sus manos a su propio rostro - Si vuelve a aparecer lo voy a matar - tenía ganas de volver a tenerlo enfrente para golpearlo hasta que se cansara. Se había atrevido a lastimar a su reina

- David - habló seria - Estoy bien. Me defendí y se fue, no volverá. Graham estaba muriendo por obtener su libertad, no hay nada aquí que lo haga regresar - se acercó a él y lo abrazó por el cuello parándose de puntitas para besarlo. Las grandes manos del príncipe la apresaron por la cintura apretando un poco, con esa deliciosa presión que ejercía que le gustaba tanto - Ya no quiero hablar de él - le dijo mirándole a los ojos coqueta y lo vio asentir.

Su instinto protector y posesivo sobre ella lo invadió y la sola idea de que el cazador hubiera tocado a Regina y la hubiera lastimado lo llenaba de furia, no se le iba a olvidar y si volvía a verlo le iba a pagar muy caro el haberse atrevido a dejar marcas en su suave y hermosa piel. Inhaló profundo calmándose y prefirió dejarse llevar por Regina, estaba muriendo por hacerla suya.

La reina se vio de pronto levantada en sus fuertes brazos, él la depositó con suma delicadeza en la cama, después acarició sus piernas haciendo que su piel se erizaba completamente y su sexo comenzara a humedecerse. Había extrañado tanto sus manos sobre su piel. Seguía subiendo hasta que tomó su ropa interior y la incitó a levantar sus caderas para despojarle de la prenda dejándola totalmente desnuda para él.

Se separó de ella para admirarla un momento, nunca se iba a cansar de esa hermosa vista que la reina siempre le regalaba cada vez que le permitía verla desnuda, tenía sus hermosas mejillas ligeramente sonrosadas y percibió que no precisamente estaba buscando verlo y eso llamó su atención. Se quitó su propia ropa para quedar desnudo igual que ella, su erección estaba ya endurecida y se alzaba orgullosa como siempre lo hacía al saber que pronto estaría poseyendo a Regina. Se subió a la cama recostándose enseguida de ella - ¿Pasa algo? - preguntó y la reina se sonrojó un poquito más y entonces se dio cuenta que estaba algo nerviosa - ¿No quieres estar conmigo? - preguntó de nuevo con un poco de angustia ante el pensamiento

- ¡No! - exclamó ella pero luego negó con su cabeza - No es eso..., Si quiero estar contigo... oh, David - llevó sus manos a su rostro cubriéndolo - Es que… jamás he estado con alguien a quien amo y me ama - confesó muy, muy bajito

Sus manos sobre sus labios apenas dejaron que el príncipe pudiera percibir lo que dijo pero la escuchó y esperaba haberlo hecho bien porque sería complicado hacerla repetir eso - ¿Es… la primera vez que haces el amor? - le preguntó un poquito sorprendido ante la idea - ¿Es eso lo que me quieres decir? - y la vio asentir - Regina… - dijo él suspirando y tomando las manos de ella para descubrir su ahora sonrojadísimo rostro, sonrió al verla así, se veía adorable - ¿Estás nerviosa porque piensas que nunca has tenido sexo con un hombre que te ama? - preguntó queriendo entender perfectamente cuál era el conflicto de la reina.

Lo único que Regina pudo hacer fue asentir tragando pesado porque no estaba acostumbrada a sentirse avergonzada, sentía sus mejillas arder e intentó taparse el rostro de nuevo pero él no se lo permitió

- Déjame decirte que te has estado acostando con un hombre que te ama desde hace ya un tiempo - le dijo sonriendo socarrón y vio como los hermosos ojos de la reina se inundaban de lágrimas - No, no te estoy diciendo esto para que llores, Regina - besó sus ojos

- Es que… - habló ella con la voz temblorosa - Todo se siente un poquito irreal, es como un hermoso sueño - llevó su mano derecha a la mejilla izquierda del príncipe y le acarició. Sus ojos humedecidos se encontraron con la mirada azul y amorosa de él - Tengo miedo de despertar y que todo desaparezca - y David la besó como queriendo que no siguiera diciendo esas cosas

- No va a pasar, lamento decepcionarte pero me quedaré contigo para siempre - le sonrió - No te vas a deshacer de mi tan fácil - le dijo riendo y besando su nariz

- No quiero deshacerme de ti. Quiero que te quedes conmigo para siempre - le dijo ella tragando pesado y se alzó para besarlo de una manera dulce y entregada - Hazme el amor, David - le pidió susurrando sobre sus labios

- Por supuesto que sí. Siempre, hermosa - respondió él suspirando por ese tierno beso que la reina le dio y esa bella petición - Que no te quede la menor duda que cada que estamos así estamos haciendo el amor. Quiero que este momento sea especial para los dos, que no exista nadie más - le pidió y ella asintió lentamente. Siguió besándola tiernamente y poco a poco el beso fue subiendo de intensidad, con su lengua le solicitó permiso a la reina para internarse en su dulce boca y ella le permitió el paso sin ninguna restricción.

El beso se fue tornando entregado y cuando menos lo pensaron se besaban con toda la pasión y desesperación contenida de esos días en que ambos pensaron que se habían perdido el uno al otro.

David se separó de ella, comenzó a bajar, besando cada parte del hermoso cuerpo de la reina, su mandíbula, su cuello, pasó por entre medio de sus pechos y siguió por su torso, metió la lengua en su ombligo haciendo que Regina se arqueara un poco por la sensación, bajó más y beso su vientre como siempre lo hacía, con devoción y tomándose su tiempo, no sabía por qué pero le fascinaba esa parte en particular del cuerpo de la reina.

Regina se tensó en cuanto lo sintió besar ahí, aún faltaba que el príncipe se enterara que estaba embarazada y se dio cuenta que tenía miedo de decírselo, no se le había olvidado es solo que no tenía idea de cómo iba a reaccionar él, no sabía si iba a estar feliz o a pensar que ella se había embarazado a propósito para su venganza y que lo había engañado diciéndole que no era posible que sucediera. Indecisa tomó aire y se armó de valor - David - lo llamó queriendo su atención y él volteó a verla - Hay algo que necesito decirte… - le dijo y de pronto él subió de nuevo hasta su boca y la besó de forma arrebatada

- ¿Podemos esperar? - le preguntó apoyando el rostro en una de sus mejillas, enterrando ahí su nariz haciéndole un poco de cosquillas a la reina - No quiero que este momento se rompa… solo tú y yo - le dijo casi suplicante y se separó para verla a los ojos de nuevo.

La reina lo miró por unos segundos como en un terrible conflicto porque no importaba qué pasara tenía que decirle, no era algo que iba a poder ocultar por mucho tiempo, si eso iba a ocasionar un conflicto con David quería al menos estar con él en ese momento, después podría pensar en cómo decírselo, sus ganas de amarlo y sentirse amada le invitaban a acceder a la petición del príncipe, por lo que aún dubitativa asintió aceptando aguardar para decirle y él le sonrió de esa forma que la mataba de amor.

Él se mordió el labio inferior y le sonrió de forma seductora - ¿En qué estábamos antes de que me interrumpiera, majestad? - le preguntó a modo de juego y una hermosa sonrisa atravesó su bellísimo rostro, una que estaba seguro salió en contra de su voluntad y le encantaba cuando eso sucedía.

Lo tomó de la nuca con su mano y lo miró intensamente - En que ibas a hacerme el amor, encantador - le dijo alzando una ceja con el mismo humor seductor que él había usado para después comenzar a guiarlo al sur de su cuerpo y él se movió sin objeción alguna. Abrió sus piernas ansiosa para él porque estaba deseando más que nada sentir su boca en su ya húmeda intimidad. Siempre era así con él, no podía evitar mojarse toda ante la anticipación de estar con David. Solo él lograba excitarla tanto y tan fácil

- Como su bellísima majestad ordene - le dijo mirando el sexo húmedo de la reina. Se relamió los labios y bajó un poco para inhalar su esencia y dejar que ese delicioso aroma tan característico de ella embriagara todos sus sentidos y su cuerpo, su miembro endurecido dio un tirón ante la sensación.

Cerró los ojos un momento mientras comenzaba a respirar más pronunciado, Regina tenía el poder de encenderlo como si fuera antorcha, solo ella avivaba ese fuego interior que descubrió que poseía hasta que comenzó a estar con la reina, esa llama que le enardecía y que lo hacía sentir como si fuera incendiar y solo con ella lograba descargar toda esa pasión.

Bajó para colocar un beso en su intimidad y la reina respondió con un pequeñísimo suspiro. Alzó su rostro y comenzó a subir por encima de ella, la escuchó quejarse ante su movimiento, alcanzó una almohada y regresó a su posición entre las piernas de su hermosa tentación

- Levanta la cadera - le pidió y ella lo hizo inmediatamente, la colocó debajo de la reina, de esa forma la pelvis de Regina se inclinaba hacia arriba. Con sus manos le ayudó a doblar sus rodillas - Pon tus pies en mi espalda alta - y ella los posicionó ahí, David gimió porque como siempre sus pies estaban fríos y su piel ya se encontraba ardiente por lo que había un contraste de temperatura que lograba estremecer su cuerpo

- Tú y tus ideas - le dijo Regina riendo bajito y él alzó una ceja

- Tú solo sigue confiando en mí y disfruta - le dijo - Viviré encantado el resto de mi vida mientras me permitas darte placer de todas las formas que se me ocurran -

- De todas las formas pervertidas… que se te ocurran - respondió ella riendo más abiertamente y él se estiró su cuerpo sobre la cama para quedar recostado, la miró divertido y mordisqueó su ingle arrancándole un jadeo sorpresivo

- Y todas esas cosas pervertidas que te he hecho te ha encantado, no te puedes quejar - habló con un tonito juguetón

- No me hagas esperar más - le pidió ella respirando agitado, estaba entre sus piernas, muy cerca de su intimidad y se estaba muriendo por sentir su boca dándole placer

- Shh, iremos despacio preciosa - le dijo él paseando la nariz por su sexo que podía sentir claramente se humedecía más con las palabras de David y su delicado roce. Comenzó a mover sus caderas mientras recargaba sus manos en sus propias rodillas buscando más fricción

- No quiero ir despacio - dijo ella quejándose, alcanzando la cabeza del príncipe acariciando su cabello - Han sido demasiados días sin ti - no pudo evitar que su voz se le quebrara un poco, estaba excitada pero seguía teniendo todos los sentimientos a flor de piel. Él volteó a verla con sus hermosos ojos azules que había extrañado tanto, la veía de esa forma intensa que sentía que le quería atravesar el alma y ahora sí podía permitir que lo hiciera - Te necesito como nunca, David -

- Oh, Dios - jadeó David al escucharla - Me alegro, porque yo tampoco puedo esperar más - le respondió al tiempo que ella dejaba escapar una risita suave y por demás hermosa por sus palabras y no aguantó más, comenzó a lamer el sexo de Regina por lo que el alegre sonido se convirtió en un jadeo necesitado y por demás sensual.

Lo había extrañado tanto, de todas las formas imaginables, había añorado su cercanía, su calor, su olor, su cuerpo, su increíble y divertido humor, su ternura, su cariño, pero sobretodo su protección a la cual se estaba acostumbrando aunque aún pensaba que no la necesitaba pero que mientras viniera de él le era fácil aceptarla - ¡Ahhh!¡Si, David! - jadeó y gimió muy alto cuando él se prendió de su clítoris después de haber estado paseando su lengua por toda su intimidad sin atreverse a tocar su botón de placer ni internarse en su excesivamente húmeda entrada

- Oh, Si, Regina. Me encanta escucharte, hermosa - gimió él soltando el hinchado clítoris y le dio varios lametazos haciendo que las piernas de la reina temblaran incontrolablemente. Podía sentir que su erección le reclamaba por atención, moría por estar dentro del apretado interior de Regina pero aún no era tiempo

- Más - pidió demandante con un jadeo y el príncipe concedió enterrando su lengua en su entrada saboreando más de la deliciosa esencia que la reina le ofrecía, prácticamente estaba bebiendo de ella encantado, había extrañado tanto su sabor, esos hermosos gemidos que no se limitaba de soltar cuando le daba placer y podía sentir como su pecho se hinchaba orgulloso por ser él quien podía tener a Regina de esa forma. A la hermosa reina del Bosque Encantado pidiéndole por más.

Ahora sí era suya y de nadie más, había ganado, tal cual lo prometió lo estaba cumpliendo, ni el Oscuro, ni el maldito cazador, ni ese endemoniado matrimonio lo iban a separar de ella. Nunca. Ahí era donde pertenecía, justo en ese lugar, con ella así, entregándose a él mientras él se entrega devoto a ella por igual.

Se prendió nuevamente de su clítoris y Regina comenzó a lanzar pequeños gritos enardecidos que sabía excitaban más al príncipe porque lo podía sentir chupar con más fuerza, él colocó una mano grande sobre sobre su estómago y vientre tirando de su piel hacia arriba y tuvo que llevar sus manos a su boca porque no pudo evitar gritar muy fuerte.

Sonrió satisfecho cuando la escuchó, de esa forma podía levantar la pequeña capucha de su botón de placer haciendo que la estimulación fuera más directa, podía prenderse de la pequeña protuberancia directamente y las piernas de Regina temblaban incontrolablemente.

Podía sentir claramente como su esencia escapaba de su intimidad y amenazaba con resbalar hasta la almohada que tenía bajo sus caderas, sentía que no iba a ser capaz de soportarlo, David estaba sobre estimulado su clítoris y le encantaba pero, oh, la sensación era arrasante casi al punto de sobrepasarla. Él bajó de nuevo para meter su lengua en su entrada, pero después bajó un poco más para lamer la esencia que estaba resbalando de su sexo y se atrevió a lamer su entrada posterior con ahínco, Regina abrió sus hermosos ojos y su boca dejando escapar un gemido entrecortado mientras su espalda se arqueaba en automático y no pudo evitar gemir ahogadamente ante esa estimulación, llevó sus manos a las sábanas para aferrarse a ellas. David se entretuvo paseando su lengua ahí por unos momentos.

Regresó para internar su lengua una vez más en su entrada haciéndola gemir repetidamente, estaba procurando estimular su clítoris con su nariz y era exquisito, era perfecto y su orgasmo estaba tan cerca, comenzó a retorcerse de puro placer - Voy a… me ven... ¡Oh! - gimió alto porque al parecer sus palabras lo incitaban a esmerarse más. Se quedó sin aliento cuando alcanzó al orgasmo, cerró sus ojos muy fuerte mientras abría su boca pero solo un alto gemido estrangulado salió de su garganta y todo su cuerpo no podía parar de temblar.

El príncipe la escuchó gustoso y se apresuró a beber toda su esencia, no iba a dejar que nada se le escapara, siguió estimulándola con un poco más de calma, ayudándola a bajar de su orgasmo y mientras acariciaba tiernamente su estómago.

Se separó de ella relamiendo sus labios, Regina respiraba muy agitado pero tenía una hermosa sonrisa en sus labios y le miraba con los ojos entre abiertos. Se irguió por completo guiando las hermosas piernas de la reina alrededor de él para quedar en medio

- Vamos a provechar la almohada - le sonrió mordiéndose el labio inferior mientras trepaba por su bello y estilizado cuerpo hasta llegar a ella, apartó un mechón de su frente y acarició ahí haciéndola cerrar los ojos - No sé por qué pero hoy has sabido más exquisita que nunca belleza - y la besó apasionadamente invadiendo su dulce boca con su lengua, acariciando cada rincón, Regina llevó sus manos a su espalda para abrazarlo y acariciarlo mientras acomoda mejor sus piernas alrededor de él.

Podía probarse a sí misma de la boca de David y había algo muy seductor en hacer eso con él, una mano del príncipe buscó espacio entre sus cuerpos y acarició su intimidad al tiempo que dejó de besarla y bajaba para encontrarse con sus senos.

A pesar de que ella le había pedido que no fuera despacio le era imposible acelerar demasiado el ritmo porque sentía que ese momento debía ser muy especial para ambos, pero sobre todo para ella, quería que se sintiera amada en todo el acto, quería que sintiera lo mucho que la amaba y que no le quedara ninguna duda de que estaban haciendo el amor y con ello demostrarle con hechos que todo lo que había dicho era verdad, que sus sentimientos eran reales.

Se dirigió al pecho izquierdo de la reina y comenzó a besar cada parte del mismo, haciéndola suspirar, su mano derecha buscó la entrada aún húmeda, metió un dedo arrancándole un lloriqueo y comenzó a lamer alrededor del pezón que comenzaba a endurecerse más.

Sus senos seguían sensibles pero se estaba acostumbrando a la sensación, a pesar de ello y la incomodidad que pudiera sentir no dejaba de sentir placer, gimió gustosa cuando David comenzó a chupar su pezón al tiempo que ese grande dedo dentro de ella entraba y salía a un ritmo firme y delicioso. La mano izquierda del príncipe pronto buscó su seno derecho para masajear y jugar el pezón entre sus dedos. Abrió sus ojos y entreabrió su boca cuando otro dedo la penetró junto con el primero, los curvó un poco y - ¡Ahhhh! - gimió la reina, estaba estimulando ese punto especial dentro de ella, pronto el príncipe guio su boca a su pezón derecho y la mano libre bajó para acariciar su cintura.

La sujetó un poco fuerte ahí cuando pudo sentir que las paredes internas de la suave intimidad de la reina comenzaban a apretarse en sus dedos haciendo más ajustado todo. Estaba por sacarlos para tomarla de una vez dejándola cerca del orgasmo pero apenas estaba pensando en la idea cuando el pequeño cuerpo de la reina comenzó a temblar incontrolablemente y sus paredes se cerraron sobre sus dedos apretando deliciosamente. Soltó su pezón sorprendido porque eso fue muy rápido y pudo escuchar el grito de éxtasis que Regina dejó escapar de entre sus hermosos labios. Siguió moviendo sus dedos aun sorprendido y divertido, cuando la vio calmarse un poco los sacó y los llevó a su boca para chuparlos frente a ella quien solo le dedicó una media sonrisa

- Eso fue… rápido e inesperado - le dijo riendo y la reina torció los ojos

- Me dijiste que disfrutara y es lo que estoy haciendo, pastor - le informó intentando regularizar su respiración. Se sentía un poco cansada porque con un par de horas de haber dormido no iba a recuperarse por completo de todos esos días en los que le fue imposible conciliar el sueño o las pesadillas se lo interrumpían pero no se lo iba a dejar saber porque se estaba muriendo por tenerlo dentro y temía que si se mostraba agotada él se detuviera.

Envolvió al príncipe con sus piernas para jalarlo hacia ella, él gruñó de deseo en el proceso - ¿Estás desesperada porque te tome? ¿Eh, reinita? - preguntó divertido alzando sus cejas y soltó un gemido largo mientras sus ojos se entrecerraban cuando ella tocó su desatendida erección - Regina… - siseó su nombre intentando llamar su atención - ¡Oh!, demonios - soltó con los dientes apretados cuando ella acarició la punta de su miembro y éste dejaba escapar líquido preseminal. Ella rio tan bonito que no pudo evitar reír también - Me fascina escucharte reír así - le dijo intentando reprimir los jadeos, era una risa completamente transparente, natural y pura.

Se separó de ella ganándose una protesta - ¿Por qué nunca quieres venirte en mi mano? - preguntó un poco decepcionada

- Después - dijo él mientras se hincaba completamente entre sus piernas y acariciaba un poco su clítoris arrancándole un siseo de los labios a Regina - Te prometo que te dejaré que me lleves al orgasmo con tu mano, pero no será hoy, belleza - y no pudo evitar abrir su boca sorprendido y por demás extasiado cuando la vio llevar su delicada mano a su boca y chupar sus finos dedos que estaban impregnados de líquido preseminal con una expresión de fingida inocencia en su bello rostro - Carajo, Regina - soltó el príncipe, no lo pudo evitar

- No solo deseo hacerlo con mi mano, encantador - dijo la reina relamiendo sus labios, luego mordió su labio inferior mirándolo de una forma sugestiva y de pronto lo tenía completamente encima atacándola con un fogoso beso arrebatado de deseo y pasión - David - le llamó casi sin aliento como pudo en medio del beso, el príncipe parecía haberse excitado de sobremanera por sus palabras, apretaba sus caderas y su cintura mientras la invadía completamente con su lengua hasta el punto de casi no dejarla respirar

- Lo siento - respiraba muy apresurado. Besó su mejilla y siseó en un claro intento por calmarse, pero es que ver a Regina chupar sus dedos con su esencia impregnada y después prácticamente insinuar que quería darle placer con su boca lo enloqueció de deseo por ella

- Quiero sentirte, David - habló la reina - Quiero tenerte dentro - lo abrazó por el cuello y lo besó apasionadamente envolvió la gruesa cintura del príncipe con sus piernas y las cruzó por detrás, siguió besándole mientras nuevamente tomó su grande y duro miembro posicionándolo en su propia entrada.

Ella sola introdujo la cabeza gimiendo entrecortadamente en el proceso porque al fin, después de pasar unos días horribles pensando que jamás lo iba a poder tener, que él nunca la iba a amar, que no le importaba y que la quería muerta ahora estaba junto con él, lo sentía temblar contra su cuerpo mientras empujaba gentilmente para adentrarse en ella poco a poco, colocaba besos tiernos en su sien, en su frente, bajaba para besar su mandíbula y terminó buscando sus labios.

La reina lo abrazó por el cuello con ambos brazos de nuevo para corresponder a su beso, las lágrimas se agolpaban en sus ojos mientras podía sentir claramente como el interior de Regina se abría para recibirle, se estaba conteniendo para no enterrarse de una sola vez, moría de deseo por hacerlo pero necesitaba tomarse el tiempo para hacerla sentir muy amada.

David pegó su frente con la de Regina mientras se seguía adentrando y ambos jadeaban hasta que por fin el miembro del príncipe estuvo por completo envuelto en el suave y húmedo interior de la reina y ambos soltaron un alto gemido al sentirse unidos una vez más, después de haber pensado que no iban a poder estar nunca así de nuevo.

Regina respiraba entrecortadamente, su intimidad se apretada de pronto involuntariamente alrededor de la grande y dura erección que llegaba muy profundo dentro de ella. Sollozó bajito por la sensación y David besó su frente. Lo había extrañado tanto y no le importaba si el mundo se acababa en esos momentos se sentía inmensamente feliz como jamás pensó que llegaría a ser - Amame - le pidió en un jadeo casi suplicante y el príncipe inmediatamente comenzó a moverse haciendo que Regina lanzara un gemido de doloroso placer al sentirlo entrar y salir de ella.

Estaba concentrado en llevar un ritmo lento pero firme, podía ver el hermoso rostro de Regina contorsionado de placer mientras dejaba escapar pequeños gemidos y lloriqueos. La reina llevó sus brazos a su espalda para abrazarse a él y enterró su sonrojado rostro en su cuello gimiendo ahogadamente. De pronto ella comenzó a mover sus caderas un tanto desesperada, quería que aumentara el ritmo pero él no estaba seguro de hacerlo.

La estaba penetrando deliciosamente pero necesitaba que lo hiciera más rápido, no es que no pudiera alcanzar el orgasmo de esa manera pero quería sentirlo como siempre. Además adoraba cuando la penetraba con ese ritmo castigador que la hacía perder la cordura - David… - gimió su nombre y él gruñó - Máááss - le pidió - Fuerte, ráaaapido - movía sus caderas para encontrarse con las de él buscando aumentar las sensaciones

- Shhh… tranquila - le dijo besando su hombro y Regina lloriqueo demandante pero no cambió su ritmo, continuó penetrándola igual, él también quería tomarla fuerte y duro pero también quería ir despacio, quería demostrarle todo su amor. Luchaba contra sí mismo porque odiaba que ella le pidiera algo y no podérselo conceder

- Encantador… - le llamó soltándose de su cuello y recostándose de nuevo - Ya entendí - le dijo tomando su rostro con sus manos - Estamos haciendo el amor, entiendo qu... ¡ahh! Oh, Dioooos - no pudo evitar gemir porque David movió su cadera buscando ese punto especial dentro de ella y lo encontró con facilidad, el príncipe sonrió - Puedo sentir que me amas, en verdad pero… necesito que vayas más rápido, David por favor - le suplicó en un lloriqueo - Me voy a volver loca si no me tomas fuerte y duro - le dijo mirándolo fijamente, con sus hermosos ojos chocolate nublados de placer, jadeando desesperada por él.

Salió cuidadosamente de ella y se enterró de nuevo de un solo empujón, fuerte y duro como se lo estaba pidiendo. Regina echó su cabeza hacia atrás mientras abrió sus hermosos ojos grandes, mirando hacia la nada y arqueando por completo su hermosa espalda y dejó escapar un lloriqueo alto y entonces emprendió el ritmo castigador que tanto estaba pidiendo haciendo que la reina comenzara a gritar.

Sieso cuando Regina enterró sus uñas en su espalda y en su nalga derecha donde tenía ahora sus manos logrando que aumentara más la velocidad si era posible, la veía retorcerse de placer bajo él, esa capa de sudor que la hacía ver exquisita, la noche ya había caído y la luz de la luna entraba por el enorme balcón y bañaba el pequeño y perfecto cuerpo de la reina. Se veía como una diosa

- Vente para mí, Regina - podía sentir como el húmedo interior de la reina comenzaba a apretarse sobre él, quería verla llegar al orgasmo con él dentro. Llevó su mano su hinchado botón de placer arrancando un jadeo ahogado de esos preciosos labios - Mi hermosa reina - besó y mordisqueó su mandíbula y Regina alcanzó su tercer orgasmo arqueándose contra él y lanzando un alarido. Se veía simplemente hermosa, verla así le robaba el aliento

- Te ves tan bella cuando alcanzas el orgasmo - le dijo besando su mejilla. Siguió masajeando su clítoris de forma gentil aguardando a que ella bajara de su orgasmo mientras besaba su cuello y bajó un poco para chupar su pezón derecho haciendo que Regina se removiera un poco, quizá incómoda por la sobre estimulación. Salió cuidadosamente de ella y la escuchó quejarse poquito haciendo sonreír a David - A mí tampoco me gusta salir de ti - le dijo

La reina luchaba por encontrar aliento pero no pudo evitar sonreír al escucharlo. Se sentía tan feliz y tan satisfecha, algo que pensó jamás iba a vivir y a pesar de que se sentía ahora más agotada no quería que ese momento entre ellos se acabara. Se dio cuenta que saberse correspondida se sentía como nada en el mundo, algo que no sentía desde Daniel, y que mientras en ese momento estaban haciendo un acto de amor, la forma en que David la tomaba no se sentía distinta de las demás veces, era… siempre era maravilloso estar con él y entonces entendió a lo que el príncipe se refería cuando le dijo que llevaba tiempo amándola.

Sus ojos se llenaron de lágrimas ante el pensamiento y los cerró un momento mientras David depositaba un beso en su frente aun sudorosa, él se levantó de la cama - ¿A dónde vas? - preguntó la reina con la voz un poco ronca a causa de los gritos que David había arrancado de su garganta. El príncipe aún no se había venido, eso significaba que no habían terminado, se reincorporó en la cama mirándolo curiosa

- Agua - le dijo el príncipe como si fuera lo más natural. Regresó con ella y le ofreció el vaso. Ambos bebieron y él puso el vaso en la mesita de al lado.

Se subió a la cama, apartó la almohada, se hincó frente a ella y la incitó a subirse sobre él, rodeando con sus piernas sus caderas, la reina colocó sus manos en la nuca del príncipe y lo besó apasionadamente empujando su lengua demandante, exigiendo que la dejara entrar y David concedió gustoso mientras acariciaba su cintura, su cadera, llegaba a su trasero y oh, había extrañado sus manos ahí, masajeo eróticamente y después apretó sus nalgas encajando un poco sus uñas haciendo que la reina entreabriera su boca y dejara escapar un gemido sensual - Extrañé tu trasero también - le dijo apretando con más fuerza y el pequeño cuerpo de la reina se estremeció sobre él.

Comenzó a mover sus caderas como respuesta a su estimulación, el miembro duro de David se pegaba a su vientre, pegó más su cuerpo al de él y su erección quedó atrapada entre ambos, siguió moviendo su cadera haciendo que el príncipe jadeara entrecortadamente y gruñera - No aguanto más, Regina - le dijo - Necesito tenerte de nuevo - mordisqueo su hombro cariñosamente

- Hazme tuya, como todas y cada una de las veces que me has tomado - escuchó un pequeño sollozo del príncipe, después él bajó una mano, tanteó su entrada e introdujo dos dedos - Mmhhg - gimió encantada al sentirlos entrar y salir rápidamente de ella

- Siempre estás tan mojada y estrecha - dijo David en un tono un tanto pervertido y ella rio. El príncipe sacó sus dedos, la alzó y posicionó su entrada sobre su miembro, la abrazó por la cintura y comenzó a guiarla hacia abajo, ella apoyó sus manos en los hombros de él y echó su cabeza hacia atrás, saboreando cada centímetro del miembro del príncipe. Nunca se iba a cansar de esa dolorosamente deliciosa sensación cada que entraba en ella, como la iba ensanchando, como iba reclamando todo de ella en el proceso. Lanzó un lloriqueo de placer cuando lo tuvo dentro por completo

- Te amo - le dijo el príncipe, Regina regresó su rostro para buscar su mirada y esos hermosos ojos azules estaban inundados en lágrimas

- David - llevó una delicada mano a su mejilla - Yo también te amo - le sonrió sintiendo mil emociones a la vez, ese momento era algo totalmente íntimo y era de ellos, solo de ellos dos. Él le sonrió y dos lágrimas corrieron por su rostro y Regina rápidamente se inclinó para borrarlas con pequeños besos haciéndolo suspirar.

Empezó a mover sus caderas tentativamente y arrancó un gemido ahogado de los labios del príncipe, sus grandes manos tomaron sus nalgas de nuevo y él emprendió el ritmo junto con ella - Siii - siseó y el príncipe atacó su cuello, sintió que él movía sus caderas buscando ese punto especial dentro de ella - Ahí - habló con la voz estrangulada - Justo ahí… - susurró y fue suficiente para que David aumentara la velocidad, no estaba segura de poder alcanzar el orgasmo de nuevo pero nada le impedía disfrutar.

De pronto se vio de espaldas en la cama con él encima, la abrazó muy fuerte, casi la sofocaba y comenzó a tomarla de nuevo fuerte y duro como tanto le gustaba. Pronto la llevó a ese punto entre el placer y el dolor que había aprendido a disfrutar mucho. Regina no pudo hacer más que gemir abiertamente para él, solo para él. Lo amaba y él la amaba a ella y ya no había nada más que les impidiera hacerlo de forma total, estaba donde había anhelado tanto estar durante todo ese tiempo y sentía que ese era el lugar al que pertenecía, ahí, entre los protectores brazos de David, amándola, cuidándola.

Amaba como gemía cuando la tomaba de esa forma y moría por derramarse dentro de ella, sus gritos lo enardecían, ella encajaba sus uñas en su espalda, estaba completamente entregada a él, podía sentir sus piernas temblar contra su propio cuerpo - Eres mía - le dijo, algunas cosas jamás iban a cambiar no importa qué pasara -¿Verdad que eres mía? - le preguntó al oído. Nunca le había solicitado una respuesta a la reina cuando afirmaba que era suya, pero muy dentro de sí, seguía ese deseo pasional, prohibido y un poco oscuro por poseerla de todas las formas posibles, que la reclamaba como suya

- ¡Sí! - soltó la reina en un gemido y un tono entregado al escuchar sus palabras, no era demandante pero podía sentir ese tono posesivo en su voz y como siempre su cuerpo obedecía sin objeción y algo dentro de sí misma le gritaba que sí, que era de él, que le pertenecía así como él le había dicho que era de ella - Soy tuya - las palabras abandonaron su boca sin que pudiera o quisiera frenarlas porque eran verdad, era de él y sentía que ya no podía ser de nadie más, jamás.

El príncipe se detuvo por un momento y sintió su corazón, su alma y algo muy dentro de sí mismo llenarse de una sensación inexplicable que invadía todo su cuerpo y sintió un descontrol, empezó a poseer a Regina de forma salvaje, arrancándole alaridos ardorosos y un lloriqueo estrangulada al encontrar ese punto especial dentro de ella una vez más, golpeando ahí directamente en cada embestida, la veía fijamente mientras ella se retorcía de puro placer debajo de él.

Era suya, solamente de él, tenía la confirmación que le hacía falta, ella al fin lo había dicho y no podía evitar sentir que ese oscuro deseo posesivo sobre ella se viera alimentado, la estaba reclamando - Si, preciosa reina. Mía, solo mía - le dijo con la voz ronca, cargada de deseo pasional y posesivo. Saberla suya le traía una emoción inexplicable y se sentía tan orgulloso de saber que era de él y se iba a encargar de que nunca dejara de ser así, que jamás fuera de nadie más. Solo de él

- ¡DAAAAVID! - gritó muy alto la reina al alcanzar el orgasmo una vez más, se tensó terriblemente y después comenzó a temblar sin control alguno contra él, su estrechó interior casi estrangulaba su erección y no pudo evitar seguirla, al sentirla y escucharla gritar su nombre perdida de placer.

No pudo evitar que las lágrimas abandonaran sus ojos mientras derramaba su semilla muy dentro de Regina como tanto le gustaba hacerlo y amaba como ella gemía y lloriqueaba gustosa con la sensación al igual que siempre. Estaba seguro que a ella le gustaba que la llenara tanto o más como a él le gustaba llenarla con su semilla.

Se dejó caer hacia atrás con ella encima, muy segura entre sus brazos, besó su frente y su cabeza repetidas veces, estaba muy agotado y estaba intentando recuperar el aliento mientras veía que ella luchaba por el suyo - ¿Estás bien? - le preguntó porque la había tomado demasiado duro, además jamás la había hecho venir cuatro veces y quería estar seguro que ella estuviera bien. Apenas pudo percibir el leve asentimiento de Regina sobre su pecho. Estaba muy cansado y ambos necesitaban descansar. Los movió para quedar acostados correctamente en la cama, su miembro salió de la reina en el proceso y ella ni siquiera se quejó.

Estaba agotadísima, con todas esas noches sin dormir encima, tener sexo con David y venirse cuatro veces en tan poco tiempo la dejaron totalmente exhausta y apenas era consciente de lo que el príncipe le decía y los movimientos que hacía, solo quería dormir, el corazón de David la arrullaba mientras su calor la embriagaba, amaba estar así con él, se sentía en total calma y tranquilidad mientras la semilla del príncipe salía de su interior - Te amo, mi hermosa Regina - fue lo último que escuchó antes de caer en la inconsciencia de lo que sería un sueño reparador.

Los tapó a ambos con las cobijas y pronto se dio cuenta que la reina ya dormía tranquilamente aunque aún podía sentirla un poco agitada. Acarició su cabello y su espalda tiernamente por unos momentos. Besó su cabeza y sonrió aferrándola más segura contra su propio cuerpo.

Y ahí, acostado con Regina entre sus brazos juraba que jamás había sido, ni iba a ser tan feliz como lo era en esos momentos.