Disclaimer: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.

Notas: ¡Hola, bonitas! ¡Y hola, bonito! (si es que hay un hombre por ahí). Quería agradecerles el gran apoyo que tienen hacia el fic, la verdad cuando yo lo publiqué no me esperaba que fuese a tener tan buena respuesta, yo me imaginaba mis tres comentarios por capítulo y aun así quería publicarlo porque ya you know que soy bien crack en cuanto a parejas XD También, gracias por sus recomendaciones, por ahí vi libros, películas y un anime. Lamento traerles el capítulo tan tarde, a pesar de que estoy de vacaciones, no he podido terminarlo antes, porque sinceramente es uno de los fics más complejos que he escrito, ¿por qué Lu? Porque para empezar, Ibiki es un personaje con el que nunca antes había trabajado, es un shinobi del que no tengo mucha información, y eso créanme que no me facilita nada las cosas. Además, he puesto atención en la trama, es media profunda, no es como algunos otros fics que tengo, por ejemplo, de humor o romance, y hacer cada capítulo se lleva su tiempo. Yo creo que de aquí hasta que acabe el fic me la pasaré pidiendo perdón por el retraso xD *toca madera*

Gracias a quienes me dejaron sus bonitos comentarios:

Verengena 20: ¡Hola, Verengena! Me da mucho gusto saber que te agradó el capítulo :D ¡Gracias por leer! ¡Un abracito!

Dhara: ¡Hola, Dhara! Muchas gracias por tus palabras :) Espero que éste nuevo capítulo sea de tu agrado. Y gracias por tu recomendación, linda. ¡Un abrazo super asfixiante para ti! ¡Cuídate, Dhara!

Ciielo Riin

Akemi: ¡Hola, Akemi! Muchas gracias por leer y por tomarte un tiempo para dejar un lindo review. Sígh, lo siento por el capítulo corto. Qué bien que te gustaron las pequeñas escenas IbiHina. ¡Cuídate mucho bastante!

fadebila

Andy'hina: ¡Hola, Andy'hina! Gracias por leer el capítulo y dejar un review :) Habrá más momentos IbiHina, seguro. ¡Cuídate mucho!

wichipown

angel maria 15

fan hinata hyuga

Mimi Tachikawa08

Nali-neechan

lavida134

RankaxAlto

Lirio Blanco: ¡Hola, Lirio! Gracias por leer y dejar un lindo comentario :D Sobre lo que me escribes, sí, yo como escritora también tengo sentimientos encontrados hacia Naruko, por un lado quisiera protegerla, pero por otro quisiera sacarle sus bellos ojitos, jaja. ¡Cuídate mucho!

Diana Marcela-Akemi

Kattyto Nebel

vdevenganza

Nanistis

Crimela

Ahora sí, se abre el telón.

Con ustedes…


Suave y áspero

Capítulo 10: Attakai


El sol estaba escondiéndose en el horizonte, dándole permiso al crepúsculo para aparecer en escena. El clima era cálido, sin embargo, dentro del bosque se sentía fresco. Entre los árboles, el equipo de ninjas de Konoha saltaba ramas de manera habilidosa, con rapidez.

Inuzuka Kiba y Akamaru llevaban la delantera por ser los que estaban siguiendo el rastro de sus propios aromas para llegar hacia el punto donde habían sido atacados y así perseguir el rastro de la misteriosa ninja. A cosa de un metro, Naruto los seguía firmemente. Detrás de él, Shikamaru y Chouji no amedrentaban sus saltos. Llevaban toda la mañana y parte de la tarde moviéndose a gran velocidad, en cualquier momento alguno tenía que fallar. Kiba no tuvo cuidado y perdió algo de chakra en su pie, lo que causó un desequilibrio y resbaló, cayendo hacia la tierra húmeda.

―¡Kiba! –gritó Naruto. Akamaru ladró fuerte y fue a por su amigo humano.

Entre el perro y el rubio lograron atraparlo antes de que se diera de lleno contra el suelo.

―¿Estás bien? –preguntó Shikamaru, llegando un par de segundos después, junto al Akimichi.

―Estoy bien, sigamos –se levantó. Nada más apoyó el pie, tuvo que apretar los dientes con fuerza hasta hacerlos rechinar, sus demás amigos notaron su dolor.

―Aún no te has recuperado del todo, ¿cierto? Tu chakra aun es inestable –exclamó Chouji, intentando hacerlo entrar en razón.

―Estará bien –dijo Naruto, sorprendiendo a los miembros del equipo 10 –Yo lo cargaré, podremos continuar.

―No está a discusión, Naruto –lo detuvo Shikamaru, intentando sonar casual –Es tarde, descansaremos por aquí. Chouji, empieza a desempacar la comida…

―Kiba dijo que está bien –abordó el Uzumaki –Podemos seguir, Shikamaru.

Chouji sintió la tensión del ambiente en el estómago. Por un lado, Naruto estaba diferente y realmente quería seguir el camino, Kiba parecía neutral ahora, y Shikamaru frunció el ceño, anticipando una pelea.

―Estamos cansados, hemos hecho un gran recorrido. Ni siquiera nos hemos detenido para ir al baño.

―Shikamaru, entre más nos demoremos, Kiba y Akamaru irán perdiendo el aroma de la muchacha…

―Naruto –el Nara alzó su voz y lo vio fijamente –He dicho que vamos a descansar. Por si no lo recuerdas, yo soy el líder de la misión.

El ojiazul frunció el ceño y Shikamaru solo lo ignoró, fue hacia Kiba y empezó a revisarle el pie.

―Claro, como no es Ino.

―¿Qué dijiste? –Shikamaru se volvió en seguida, un poco molesto. Se levantó y caminó hacia Naruto, Chouji se apresuró a interponerse entre los dos.

―Si fuera Ino, ustedes dos no se habrían querido detener a descansar.

―Hinata también es mi amiga –le espetó el pelinegro con el ceño fruncido –Y como líder de la misión, es mi trabajo mantener un equilibrio entre los miembros y la misión. ¿De qué nos serviría encontrar a la chica si estamos cansados y sin comer? ¿Eh? Kiba está lastimado, Chouji no ha comido en todo el día y mis pies me arden de tanto manar chakra hacia ellos. Todos aquí quieren recuperar los ojos de Hinata, no solo tú, Naruto. No seas egoísta, porque no eres así. ¿Qué es lo que te pasa?

Desvió la mirada del rubio y se regresó con Kiba, quien por cierto no podía estar más incómodo. Naruto se quedó junto a Chouji. El castaño lo miró con preocupación y luego se alejó de él. De brazos cruzados, Naruto se sentó de mala gana bajo un árbol enorme. En su mente no podía dejar de imaginar a Hinata viviendo en casa de ese shinobi mayor llamado Morino Ibiki.


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Hinata despertó de un momento a otro. La luz brillante del sol se colaba por la ventana, podía sentir su calidez en la piel. Al menos ella había podido ver para conocer las cosas, los colores, los matices, el cielo azul. Había personas que nacían ciegas, ella era una afortunada. No tenía su Byakugan; su vista, pero tenía el resto de su cuerpo. Dos pies. Piernas. Brazos, manos y una cabeza pensante y decidida a no sentir más lástima por sí misma. Era una Kunoichi y debía seguir adelante.

Estiró sus extremidades en la cama, y se sintió bien. Sonrió. Se levantó y sus pies tocaron la madera fría de la mañana. Hizo un mapa mental del departamento del capitán y se guió a tientas. A tres pasos rectos, giró, cuatro pasos más y salía de la habitación. Giraba a la izquierda, ocho pasos, y llegaba al baño. Se echó agua a la cara y se secó. Ocho pasos rectos de vuelta y giraba a la izquierda, cinco pasos, vuelta y ahora debería estar entrando a la cocina.

—Ouch –se quejó cuando fue detenida por la pared.

De acuerdo. Que fueran seis pasos. Con diez pasos llegó al gabinete de los vasos, con cuatro al refrigerador y sacó el jugo de naranja. Se sentó a la mesa para beber jugo. Y por primera vez en casi una semana, Hinata sintió que podía ser autosuficiente. No, "no podía". Era.

—Buenos días, Capitán.

Ibiki no se inmutó.

—Me has sentido –advirtió el hombre alto.

—Sí. Ahora q-que mi mente está más clara, c-creo que puedo v-volver a ser yo misma. Bueno… más… o menos –declaró con su voz dulce y bajita.

—Lo estás haciendo bien –dijo él, con seriedad.

—¿Sí? –su sonrisa se amplió notablemente al escuchar lo que él dijo –Es decir… ¿D-de verdad lo cree?

—Por supuesto que sí. Pero no importa lo que yo crea, sino lo que tú creas. Dímelo tú, ¿lo estás haciendo bien?

Hinata se tomó unos cinco segundos para responder.

—S… sí –asintió.

El Morino sonrió de medio lado.

—Etto… yo quería p-pedirle permiso p-para entrenar ésta mañana –confesó.

—¿Pedirme permiso? –el Morino levantó una ceja –No tienes qué pedirme permiso, vives en mi departamento pero tú te mandas sola.

—S-sí. Lo siento.

—Saqué un par de días de vacaciones en el trabajo. Si lo necesitas puedes entrenar conmigo.

—¿De verdad? –sonrió. Parecía feliz de poder entrenar con Ibiki.

—Claro. Pero no suelo ser un maestro fácil –le advirtió, y no mentía, su voz no se escuchaba particularmente amable, pero Hinata se había acostumbrado a su voz grave y profunda.

—Gracias, C-capitán. Espero n-no molestarlo.

—No lo haces –exclamó –Muy bien. Voy a conseguir nuestro desayuno. ¿Quieres algo en especial?

—Mnn… ¿puedo ir? –pidió con algo de nerviosismo.

Las cejas del mayor se arquearon, sorprendido.

—Si quieres –contestó de manera casual, como si aquello no le importara, aunque internamente, él no quería que lo acompañara.

Caminaron juntos por las calles. Hinata iba tomada del brazo del capitán y su rostro era apacible. Mientras tanto, Ibiki parecía entre enojado e incómodo. Todos los transeúntes los veían, algunos más disimulados que otros, pero lo hacían, Ibiki se daba cuenta. El hombre bajó la mirada hacia ella. Hinata tenía puesta la venda que cubría la parte donde deberían estar los ojos, no se daba cuenta de nada y era feliz. Él decidió vendarse los ojos también. Con cuidado, apretó más el delgado brazo contra él, acercándola. Hinata resintió el pequeño estirón, pero no dijo nada, siguió caminando normal.

Desayunaron en un pequeño restaurant no muy conocido, por lo mismo, no había mucha gente, excepto por un par de ancianitos. Ella pidió una sencilla sopa de miso y arroz blanco, él un plato de tofu y pescado. Comieron en silencio. Ibiki observó a Hinata. Ella no parecía tener problemas para comer, lo hacía despacio y con paciencia, a pesar de la venda en su rostro. Fue un momento tranquilo para los dos.

Aprovecharon la vuelta en el centro para ir al mercado. Un pelinegro venía en contra, y se acercó a ellos cuando los vio.

—¿Qué hacen? –inquirió con hermetismo, era su manera de decir "hola, ¿qué tal?".

—Hola, U-uchiha-san, c-compramos víveres –respondió Hinata afable.

—Quédate con ella mientras entro a esta tienda –le pidió Ibiki, y sin esperar una respuesta, entró al establecimiento dejándolos solos.

—Ven –Sasuke la estiró del brazo y se sentaron en una banquita cercana a esperar por el capitán.

El Uchiha se dio cuenta de las miradas de las personas hacia Ibiki e Hinata. Frunció el ceño. A unas señoras que susurraban entre ellas sin la menor vergüenza, les mostró su mirada peligrosa, y éstas rehuyeron pronto de ahí.

—No tienes que hacer caso de las habladurías de la gente. Si te hace feliz, lo demás no importa –musitó Sasuke.

—¿Eh? –Hinata se quedó confundida ante la repentina plática del muchacho.

Sasuke emitió un gruñido de molestia.

—¿Estás bien con él?

Las mejillas de Hinata se sonrosaron y bajó su rostro sin saber a bien cómo contestar.

—No lo ocultes. Es bastante notorio.

Ella se mordió el labio inferior. Quería decirle que le explicara exactamente a qué se refería, pero le ganó la timidez.

Ibiki iba saliendo de la tienda y los vio sentados. Se detuvo un momento para observarlos. Si tan solo esos jóvenes fueran pareja se sentiría menos incómodo, se gobernaría mejor. Si era ese chico Uchiha el que estaba con ella, a él no le importaba mucho. De pronto una pelirosa hizo acto de presencia, se pegó al lado del pelinegro y entonces recordó que la doctora y el Uchiha tenían algo, todos lo sabían. Si no podía ser el Uchiha, ¿entonces quién podría ser para ella?

Intentó pensar, pero en eso la pelirosa lo vio a él, entonces Morino salió de su ensimismamiento y avanzó hasta los jóvenes.

—Buenos días, Morino-taicho –saludó Sakura respetuosamente, sin atreverse a mirarlo mucho después de lo ocurrido ayer por la noche.

—Nosotros ya nos vamos –se levantó Sasuke sin dar tiempo a nada, tomando a Sakura de la muñeca. La ojiverde lo miró con confusión, pero lo siguió.

Hinata se levantó y alzó la mano, esperando por él. Ibiki tomó la delicada mano y se la acomodó sobre su brazo. Sintió como si aquél gesto fuera inercia, como si lo hicieran todos los días. Caminaron juntos a pesar de las miradas, él la observó desde arriba. La muchacha no solo le tomaba el brazo con una mano, sino con ambas. Y él la aceptó.

Sasuke los miró de reojo mientras se alejaban. Sakura estaba parloteando cosas sobre las diferencias de edad y lo bombardeaba con preguntas sobre si sabía algo. Una media sonrisa se dibujó en el Uchiha, mientras seguía caminando al lado del cerezo preguntón. "Naruto, en cuanto llegues, te vas a cabrear", pensó divertido.


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La reunión entre la matriarca del clan Hyuga y los miembros más antiguos había dado inicio. Hyuga Hanabi estaba decidida a traer a su hermana de vuelta al clan, y para ello no le importaba llegar a las más altas consecuencias. Sabía que su proposición sería como un suicidio contra sí misma, pero tenía firmeza, y la pasada muerte del gran genio del clan Hyuga; Neji, sería un arma que iba a aprovechar para doblegar los corazones fríos y ancianos.

—Los mandé llamar porque tengo un decreto que quiero promulgar –enseñó un pergamino y lo puso sobre la mesa rectangular, donde todos estaban sentados –Se trata de la disolución de la barrera que separa las ramas primaria y secundaria –declaró con la mirada decidida y firme, con el mentón hacia arriba, demostrando su autoridad.

Los ancianos no tardaron en dar sus negativas, pero Hanabi alzó la mano y todos se callaron. Tomó un poco de aire para darse valor, tenía que escucharse convincente.

—Por culpa de la división de familias, hemos perdido grandes oportunidades en shinobis interesantes que hubo en la rama secundaria –todos bajaron sus miradas, sabían a quién se refería exactamente –Hay mucho potencial en la rama secundaria, pero no se puede usar del todo debido a la gran restricción que se les ha impuesto. El poder Hyuga arde más en ellos que en varios de los integrantes de la rama principal…

—Silencio –amenazó Hiashi, azotando su puño contra la mesa –¿Qué es lo que estás haciendo, Hanabi? ¿Y qué si se diluye la diferencia entre las ramas del clan? Eso no amerita que los renegados del clan regresen a ser parte de nosotros.

Hanabi afiló su mirada.

—No, no lo amerita. Pero es un principio –musitó con voz clara, sin siquiera parpadear, viendo fijamente a su padre –No es solamente esa propuesta, Hiashi. Tengo otras. Déjame continuar, te recuerdo que soy la líder del clan. Tu líder.

La sorpresa era notable en los ojos de Hyuga Hiashi. Con rabia y el orgullo lastimado, guardó silencio.

—Bien, continuaré. Propongo dos cosas más. La eliminación del sello del pájaro enjaulado –tan solo decir eso, los ancianos apretaron los dientes, visiblemente inconformes, y aún no soltaba la bomba –y… como última propuesta… -los presentes la miraron fijamente y ella sintió un poco de miedo, pero no se dejó amedrentar, ni siquiera le tembló la voz –Quiero que la antigua miembro; Hinata, sea devuelta al clan –la sala estalló en desacuerdos y regaños –O de lo contrario, renuncio al liderazgo del clan –advirtió. El silencio reinó en la reunión. ¿Habían escuchado bien?

O se reintegraba a la renegada Hinata como parte del clan Hyuga. O se quedaban sin líder.


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El campo de entrenamiento número dos estaba, por lo visto, muy desocupado, así que Ibiki decidió que ese sería el lugar perfecto donde llevaría a Hinata. El camino resultó tranquilo, aunque no hablaron de nada en particular. Hinata sintió la tierra blanda bajo sus sandalias ninja. Pudo oler la humedad que ofrecían las sombras de los altos árboles, el chillante olor del césped que le calaba en la nariz, y algunas flores silvestres.

La joven se soltó del agarre de su compañero y dio un par de pasos por sí misma. Respiró profundamente y se concentró en aumentar sus sentidos para percibir el chakra a su alrededor. Podía sentir la energía del capitán detrás de ella, era potente y un poco abrumadora, un tanto tétrica. Más allá no había nada ni nadie.

—Puedes guiarte con tus otros sentidos. Mi subordinado; Tobitake Tonbo*, nació ciego, sin embargo, eso no ha sido impedimento para que sea un chunin de gran valía.

—¿Ciego de nacimiento? –se sorprendió.

—Sí. Él es bueno en su trabajo. Tú también puedes serlo.

Hinata bajó su cabeza y unió sus manos. Luego levantó una comisura de sus labios.

—Yo… ya ha-bía sido i-imposibilitada de mi vista hace muchos a-años –confesó.

Aquello extrañó a Ibiki. El hombre frunció levemente el ceño y contempló a la chica de las vendas que le estaba dando la espalda. Él no dijo nada, solo esperó a que Hinata hablara.

—Estaba entrenando m-muy duro. Y forcé el Byakugan m-más de lo que podía p-permitirme. Aunque no fue tan grave, sí t-tuvieron que vendarme los ojos –sonrió tristemente ante las viejas remembranzas. A su mente llegó el recuerdo cuando ella estaba en la pequeña sala sirviéndose un vaso con agua. A pesar de que se suponía que estaba sola, ella siempre sintió que alguien la acompañaba y la cuidaba de lo que pudiera pasarle en el camino. Había sido Neji en ese entonces, siempre lo supo.

—Supongo que eso debe darte cierta ventaja –opinó Ibiki.

Hinata no dijo más. El Tokubetsu Jonin, un poco incómodo de estar perdiendo el tiempo en nada, carraspeó severamente para cambiar de tema. Su mirada se volvió seria y dejó a un lado que Hinata era su protegida, si la chica quería entrenar, si la chica quería ser fuerte, él iba a guiarla por ese camino. Se puso frente a Hinata y alargó una mano, sin tocarla. Canalizó su chakra hacia la mano y la extendió a unos pasos de su joven estudiante.

—¿Sientes el chakra de mi brazo? –inquirió el mayor.

Hinata pareció sorprendida ante el cambio de conversación, pero rápidamente se aclimató y aguzó sus sentidos. La convivencia con ese hombre le había hecho que le tuviera confianza, no se sentía tan alejada de él como los primeros días que pasaron juntos, así que había olvidado lo serio que se ponía cuando de trabajo se trataba. Le gustaba eso de él. No le daba un trato especial, no la llamaba Hinata-sama. La trataba como una compañera, como una Kunoichi, como una persona normal.

—Sí, puedo sentir el chakra.

—Me iré alejando y tú debes decirme en qué punto dejas de sentirlo.

—De acuerdo –asintió, sumamente concentrada.

Ibiki dio algunos pasos atrás, hasta que se alejó por lo menos cuatro metros, entonces Hinata avisó que ya casi no sentía el chakra. El Capitán le dijo que no se moviera de su lugar. Con una rama marcó el punto donde estaba él, y luego el punto de Hinata. Entonces observó. Era una gran distancia, lo suficiente para dar tiempo a defenderse.

—¿El tramo está largo? –quiso saber Hinata.

—De cuatro a cinco metros, más o menos –avisó. La muchacha sonrió de medio lado –No es mucho, no te alegres –agregó. Hinata puso un rostro desilusionado –Tienes que seguir esforzándote. De ahora en adelante debes ir concentrada, sintiendo el chakra de todo lo que te rodea. Ahora, vamos a comenzar el entrenamiento.

Hinata escuchó que él desenfundaba un arma. Por el ruido cortante supo que se trataba de un kunai.

—Voy a lanzarte algunas cosas, debes esquivarlas. Las primeras veces no te voy a dar para que te acostumbres al sonido, pero luego deberás contrarrestarlas. Toma –le agarró la mano y en ella puso un kunai.

Los pasos de Ibiki se alejaron, y Hinata se sintió muy nerviosa. Quería replicar, pero sabía que eso no ayudaría en nada. ¿Y qué pasaría si no lograba esquivar algo? Suficiente tenía con perder la vista. "Concéntrate, concéntrate", pensó en repetidas veces. Dejó de sonreír y la kunoichi que vivía en ella flotó, saliendo hacia afuera.


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Le dolían las costillas como un infierno. Con una mano se tocaba el costado, con la finalidad de darse algo de calor en ese bosque frío. Sus pies le dolían, sin verlos podía ver que estaban astillados con algo parecido a una espina y con alguna que otra yaga. Apretaba la boca para soportar el dolor, pero sabía que no duraría mucho. Entre golpes, hambre y sed, pronto sucumbiría. Aún era tarde, pero cuando se hiciera de noche saldrían los animales del bosque, y a saber en qué condiciones la encontrarían. En unas no muy buenas, seguramente. Si tan solo Karin le hubiese dejado las botas, otra cosa sería, pero la muy maldita era tan cruel que no le dejó ni una vestidura puesta, la mandó de patadas hacia el bosque, desnuda. Con su mano libre sostenía el frasco especial donde entre el formol bailaban los ojos blancos llamados Byakugan. Si tan solo llegase a una aldea cercana podría venderlos, pero no estaba muy segura de llegar siquiera cien metros más. Jamás saldría del bosque. Y si lo hacía no le esperaba nada bueno, desnuda no. Los campesinos no eran estúpidos. Una chica desnuda y con un par de ojos Byakugan era un buen motín qué poseer.

—Mierda –susurró cuando volteó hacia el suelo. Giró su rostro hacia atrás y vio la sangre de su pie. Había dejado una hilera de marcas rojas por el bosque. Los animales la olerían e irían a buscarla.

La rubia compungió el rostro y se sentó en una raíz de árbol saliente con un cuidado casi extremo. Aun así no evitó lanzar unos quejidos de dolor. Sus ojos azules se volvieron vidriosos. Sentada, se miró el pie. Estaba muy mal.

"Tengo fe en ti, Naru-chan. Serás mi regreso a los experimentos exitosos. Una Uzumaki viviente", sus memorias le recordaron algunas de las pocas palabras dulces que su creador alguna vez le dirigió.

Derramó lágrimas. Qué decepción había sido para él.

—¿A dónde voy? ¿A quién puedo pertenecer? –sollozó asustada, viendo el inmenso bosque verde de sonidos extraños.

No saldría nunca de él.

No viva.


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El entrenamiento con el Tokubetsu Jonin fue difícil al principio, pero su cuidador no le hizo ningún daño, a pesar de la amenaza sobre ponerla como blanco de sus kunais y shurikens. Empero, estaba exhausta. Había recorrido el trayecto del campo de entrenamiento hasta el departamento del capitán casi a rastras, pero jamás lo dejó entrever. Caminaban juntos pero unidos ya no. Hinata no tomaba el brazo del capitán para guiarse. Ni él se lo ofreció ni ella se lo pidió. Iba caminando con concentración, sintiendo el cálido chakra de las personas a su alrededor, y siguiendo el rastro de energía que iba a su lado izquierdo. Entretanto, Ibiki iba serio, abstraído en sus pensamientos. Estaba pensando en qué entrenamiento podría instruirla, algo que le ayudara a mejorar. Recordó las clases de interrogación que le había prometido, las cuales se habían perdido debido a la misión fallida de ella. Sin embargo, podían reanudarse. Se trataba de entrenar la mente, no el cuerpo. Podría funcionar. Hizo una nota mental de preguntarle su opinión en cuanto llegaran a casa.

El sol estaba caliente para cuando llegaron a la puerta del departamento. Ibiki no la ayudó a subir las escaleras hacia el segundo piso, pero sí la esperaba, pues los pasos de ella eran más lentos al tener que asegurar por dónde iba. Fue Hinata quien entró primero a la casa mientras que el capitán cerraba la puerta con llave.

—Capitán… -exclamó detrás de él al mismo tiempo en que Ibiki volteaba y daba un paso grande para ir a tirarse en el sillón. Sin querer, la había empujado cuando se giró. El cuerpo ligero de Hinata se tambaleó un momento y perdió equilibrio. El Tokubetsu Jonin reaccionó de inmediato. Él no sabía que aquella acción desataría lo que desde hace algunos días deseaba que pasara. Fue sumamente cosa del destino.

La estiró de la mano y luego le pasó un brazo por detrás de la espalda baja, y la atrajo hacia él para sostenerla. Ella no cayó. Hinata se quedó sin aliento, y él perdió el suyo. Inclinado hacia la joven, la distancia de sus rostros era mínima. E Ibiki no tenía más barreras al tenerla tan cerca, iba a eliminar esa distancia, ni siquiera lo pensó. Solo fue y lo hizo. Si iba a arder en el infierno del genjutsu de Kurenai, que ardiera, que se quemaran todos sus huesos, pero ya no iba a retroceder. Sintió las manos de Hinata sobre su pecho, sosteniéndose de las solapas de su gabardina negra.

Ella fue la culpable.

Soltó una delicada exhalación de aire que le dio de lleno en el cuello masculino y solo bastó eso para desarmarlo. Dejó la mano que le había sostenido, pero seguía aferrándola de la cintura. Tomó su mentón y lo elevó. Ella se sonrojó, pero no dimitió ni dijo nada. Solo entreabrió los labios, nerviosa. Sus bocas estaban a dos o tres centímetros. Ya todo dependía del capitán Morino. Hinata estaba allí, no se iba, estaba dispuesta, con su mentón capturado por la mano grande de él.

Se perdió en Hinata, en su suave aroma, en lo que le hacía sentir, en lo indefensa y pequeña que se veía. Se acercó más, pulsó sus labios contra los de ella, estaban unidos ahora. Le dio un beso algo apretado que terminó rápido. Cuando se separaron, sus alientos se entremezclaron levemente. La observó, pero sus sentidos como especialista en leer mentes y reacciones le fallaron. No supo cómo interpretar su rostro. Si tuviese sus ojos, tal vez todo hubiera sido más fácil, sus ojos lilas eran un libro abierto para él. Pero no los tenía, así que tenía que tratar de descifrar todo aquello casi a ciegas. ¿Lo odiaba? ¿Se sentía insultada? Y más importante, ¿por qué demonios le había hecho eso a ella?

Las mejillas de Hinata se sonrojaron cuando él despegó sus labios de los suyos. Nunca había sido besada antes, si mal no recordaba. Siempre se había preguntado qué se sentiría, y se imaginó cientos de escenarios en donde el primero era un ojiazul. Pero ninguno de todos esos escenarios imaginarios se había comparado con esa primera vez. Había sido cálido, pero muy rápido, tanto que muy apenas había logrado guardarlo en su memoria como recuerdo. Ella no veía nada pero aun así se sentía demasiado expuesta. Sentía el brazo fuerte del capitán Morino tras su espalda, aferrándola contra sí mismo, y también los dedos de él tomando su barbilla con firmeza. Tenía que aferrarse a la gabardina del capitán, y qué bueno que él la detenía, porque las piernas le estaban flaqueando, como si fuese a caerse dentro de poco. Él no se había movido, y ella mucho menos. Se había quedado quieta, no quería moverse ni un centímetro por miedo a que la atmosfera explotara como una burbuja. Su respiración se sentía agitada. ¿Qué tan cerca estaba de él? ¿Iba a besarla de nuevo?

Sintió que él la liberaba de la barbilla. De algún modo eso le desilusionó. Pero su piel ardió cuando la mano del Morino viajó por su mejilla, pasaba por su oreja hasta colocarse detrás de su nuca. Atrajo su rostro hacia él y ella no opuso ninguna resistencia, estaba ligera y vulnerable. Se volvió a encontrar con los labios del hombre alto y como ella era una inexperta, se dejó hacer. Sus labios eran besados con lentitud. Sus manos se movieron por sí solas, abandonaron las solapas de la gabardina y con timidez subieron hacia el cuello de Ibiki. Pasó su brazo por detrás del grueso cuello, y la otra mano la dejó sobre el hombro izquierdo. Con ello, no supo ni porqué, se colgó un poco de él, inclinándolo más hacia sí misma. Su mente se sentía difusa, como si tuviera niebla en el cerebro. Abrió su pequeña boca con vergüenza y notó que el labio superior de Ibiki se metía entre los suyos y estiraba el labio inferior de ella. Esa insignificante acción le hizo gemir. Había sonado tan fuerte que se sintió muy avergonzada de ello y se ruborizó hasta las orejas.

Por otro lado estaba Morino Ibiki, el experto, el adulto que tomaba el control de la situación y de esos pequeños labios rosas. Hinata era dulce y suave, se dejaba apretar y estirar a su voluntad sin oponer fuerza. Era cálida y manejable. Podía sentir sus labios rígidos que lo dejaban hacer lo que quisiera, y en una de esas él se había atrevido a tomar el labio inferior de ella, lo había estirado y sutilmente había rozado su lengua contra él, y aquello provocó que la joven gimiera. Cuando la escuchó, la apretó más contra él por inercia. Intensificó sus besos y no pudo parar.

Era imposible parar.

Los pensamientos del torturador de mentes dejaron de existir por un momento. Se apagaron en su totalidad. Lo único que su cuerpo percibía eran los labios de la señorita que estaba al frente. Eran tan suaves y adictivos que no podía parar de tocarlos. Pero tuvo que hacerlo porque sus pulmones le estaban pidiendo aire. Despegó de repente sus labios de los de ella sin separarse mucho. Tenía sus oscuros ojos cerrados, sintiendo todo el barullo de emociones flotando por su pecho, mientras ella respiraba con dificultad, luchando por calmar las cosquillas que estaban en su vientre.

Cuando Ibiki abrió los ojos, observó lo hinchados que estaban los labios delgados de Hinata. Su característico pálido rostro estaba sonrojado, y de a poco fue liberándole el cuello de sus brazos. Por un momento hiperventilaba, pero conforme tomaba aire y regulaba su respiración, su boca fue torciéndose en una mueca de consternación.

Ibiki abrió grandes los ojos, dándose cuenta de lo que había hecho. Era una mierda de hombre, un aprovechado. La soltó como si el puro tacto lo quemara, y se hizo para atrás.

Hinata abrió la boca y fue la primera en hablar.

—L…lo… siento… ta-tanto… -se llevó las manos a la boca, y también dio un par de pasos hacia atrás.

El capitán, anonadado, se sorprendió de su reacción. Ella le estaba pidiendo disculpas. A él. A quién la había controlado para satisfacer sus deseos personales. Levantó sus manos y las miró. La inocencia de la señorita había sido agrietada. Por él. Por la bestia.

Bajó su vista hacia el suelo.

—Fue mi culpa –declaró. Se dio media vuelta y abandonó el departamento.

Solitario, subió hacia la azotea, preguntándose quién era él y qué es lo que era ella.


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Tocó sus propios labios con la yema de sus dedos y en su mente se repitió la sensación de cosquilleo que había sentido anteriormente. A esas alturas ya no se acordaba quién había iniciado, solo remembraba los labios del hombre mayor. De Morino Ibiki.

Qué vergüenza, qué atrevida, qué débil, qué osado, qué tonta por pedir perdón, qué rudo por haberse ido dejándola con un revoltijo de sentimientos, qué situación tan nueva, qué sensaciones tan más íntimas y… qué libertad.

Qué libertad.

Qué bien se había sentido eso.

Sus piernas le fallaron ante la vergüenza y cayó de rodillas al suelo.

Qué cálida se sentía.


Atakkai significa cálido o tibio.

De alguna manera me tenía que sacar el beso de la manga xD Qué difícil fue escribir las líneas del beso, me tenía que concentrar el doble porque si no me reía y perdía la escena xD

Entre sus recomendaciones y mis canciones se logró éste capítulo donde por fin la relación entre Ibiki e Hinata AVANZA. Es que ya es el décimo capítulo y de alguna manera había que meterle power, jaja. Muchas gracias por su apoyo :D

Por cierto, *Tobitake Tonbo es el chunin que trabaja con Ibiki. Realmente no sé si está ciego, lo he inventado porque tiene todas esas vendas en los ojos. Si no se acuerdan de él, googleenlo xD

¡Gracias por leer, gracias por sus comentarios! ¡Las amo mucho!


Nos leemos luego… si tú quieres.