¡Día Jueves! Hora de una nueva historia en el recuento de LMDL. Retomamos una de las historias más conmovedoras en toda la saga, pero para no spoilearlos, ¡A leer!

Por cierto: disculpen el retraso en subir los capítulos. El error de aún es insalvable.

¡Espero sus reviews!


Décima Historia: El rescate.

Nunca creí ser apta para integrarme a la milicia. Mi objetivo en la vida jamás fue ese. Cuando estudiaba, de hecho, lo hacía con mucho ímpetu justamente para no tener que pasarme el resto de mi juventud entre las sucias costumbres de los militares. Pero la vida tiene muchas vueltas.

Mi nombre es Andrea. Nací en el pueblo de North Ville, en una humilde morada cerca de la playa de ese lugar. Pero no puedo decir que ese es mi hogar. En concreto, viví apenas 8 años, tiempo ínfimo en comparación a todas las penurias que he tenido que pasar tras la destrucción y posterior evacuación del pequeño pueblo. Sólo recuerdo a aquel niño simpático, que nació el mismo día que yo, que siempre intentó llamar mi atención; que terminó convirtiéndose en mi mejor amigo.

Después de la destrucción de North Ville, partimos con mis padres a vivir a la Gran Ciudad, que recién se estaba construyendo. Nos quedamos en un campamento cercano a las obras principales, bajo la promesa que todos los refugiados tendríamos un hogar seguro una vez terminaran de edificar. Mientras tanto, mis padres intentaban comerciar lo que fuese con tal de tener algo para comer; al mismo tiempo, pagaron mis estudios, los cuales logré completar con distinción máxima. Pero las cosas se veían dificultadas para ellos por los constantes problemas de la guerra que se venía: los soldados del grupo Experimental cada cierto tiempo asediaban la ciudad. Fue en una de esas incursiones donde mataron a mi padre; en otra de ellas, a mi madre. En la última de ellas me perdí yo.

Iba de salida del campamento a buscar unos documentos a la escuela, que necesitaba para comenzar a trabajar. Fue ahí cuando los vi: soldados negros, encapuchados todos, moviéndose rápidamente, con espadas largas de luz, me prohibieron el paso. Traté de moverme de manera ágil para eludirlos; incluso llegué a quitarle a uno una espada, que me sirvió para eliminar a otro. Pero sistemáticamente, me redujeron y me atraparon los brazos. Sentí un golpe fuerte en la cabeza y no supe más.

Desperté colgando del brazo de un horrible Reploid con forma de búfalo, lista a ser arrojada a un enorme pozo sin fondo.

Grité, desesperada. El búfalo habló -con esa característica voz distorsionada de todos los Reploids-, silenciándome. Entre la desesperación, la impotencia y el frio, traté de oir lo que decía, pero no le pude entender nada. Sólo murmuraba acerca de un amigo que vendría a buscarme y caería directo en una trampa. Pero yo veía cada vez más borroso, mientras que el frio me aturdía cada vez más. Vi una sombra moverse; una sombra de color negro, que corría, se detenía frente al Reploid, intercambiaba palabras, y de pronto sentí cómo el búfalo me soltaba y comenzaba a caer. Perdí el conocimiento. Apenas alcancé a notar que una mano fuerte recogía mi cintura, y que súbitamente me estaba elevando, no cayendo al acantilado.

Los eventos de ese día, enteros, aún permanecen borrosos en mi mente. Cuando volví a despertar, estaba acostada en suelo firme, frente al acantilado. No había rastro del Reploid búfalo, sólo había junto a mí una extraña figura. Estaba de espaldas, hablando por comunicador con alguien más, contándole cómo la misión había fracasado. Su silueta era inusual: lucía un cabello café, largo hasta los hombros, liso. Podía notar que era natural, así que deduje que se trataba de un humano. Su armadura era débil y estaba maltrecha, pero adornada en la espalda con unas imponentes alas de murciélago. Si él era el amigo al cual le tendieron una trampa, no podía reconocerlo.

Al menos, no hasta que volteó y vi su rostro.

Era aquel amigo de la infancia. Ese que no paró de llamar mi atención hasta que lo consiguió. Ese, el único por el cual derramé lágrimas cuando partí de North Ville. Ese que me hizo entrar en calor sólo con apreciar su extraña, pero inolvidable expresión. Era Mauricio.

Durante el resto del día, y mientras encendía una fogata, usando sus extraños implementos, nos contamos las historias de lo que habían sido nuestras vidas. Nuestras trágicas y accidentadas vidas tras la destrucción de North Ville. Él también había perdido a su padre, quizá por la misma razón. Había abandonado a su madre, intentando buscarle un mejor futuro, pero me dejó ver sus dudas de si la volvería a ver alguna vez. Sus ojos reflejaban tristeza; la misma tristeza que él, sin duda, podía ver en los míos.

Se hizo de noche muy rápidamente. Yo no sabía donde ir. No quería volver al campamento, me sentía insegura, no quería volver a ser capturada. Y notaba que él tampoco quería dejarme ir. Recuerdo que cuando nos despedimos en el pueblo, hace muchos años, él me prometió que de una u otra forma volveríamos a vernos, y entonces no nos separaríamos jamás. Y el destino quiso que el muchacho pudiera cumplir su promesa, aunque ahora venía la parte más difícil: ¿Cómo hacer para no separarnos jamás? Él me respondió esa pregunta. Me tomó de la mano, de forma algo brusca, me levantó y comenzó a caminar. Pregunté donde íbamos. Me respondió de manera seca: a casa.

Pasamos una semana moviéndonos, lentamente, de pueblo en pueblo, de posada en posada. Por alguna razón él, teniendo los medios suficientes para volver rápidamente a donde fuese que vivía, no quiso hacerlo. En lugar de eso tomamos una ruta extensa; recorrimos pueblos olvidados, lugares inusuales, bosques y caminos impenetrables. Una y otra vez le preguntaba hacia dónde íbamos, y una y otra vez me respondía lo mismo: me llevaría a casa. Quería saber de una vez cuán lejos quedaba su casa. Después de una semana, me aseguró que ya estábamos cerca. En las inmediaciones de la Gran Ciudad, Mauricio me hizo entrar a una vivienda abandonada. Bajamos al subterráneo y levantamos una escotilla, la cual ocultaba una escalera de mano que me ayudó a bajar. El subsuelo del lugar no era como nada que yo hubiese visto antes: habíamos llegado al terminal de un extenso carril. Subimos al carro que nos esperaba, y de pronto viví el viaje más rápido de mi vida. En un par de minutos, habíamos llegado a un lugar completamente distinto: el interior de la base de los Maverick Hunters X. La casa a la que él me llevaba era el corazón de la guerra que me lo había quitado todo.

Me costó mucho tiempo acostumbrarme a la vida militar. Creí en un principio que yo no estaba hecha para esas cosas. Cometí errores; errores que le pudieron haber costado el puesto a Mauricio de no ser por su excelente habilidad. Parecía que los años de entrenamiento le habían servido. Pero yo no lograba calzar en ese plan. Siempre que volvíamos de una misión complicada le suplicaba: llévame lejos de acá. Pero él estaba comprometido. Se le notaba el fuego en sus ojos cuando hablaba, cuando explicaba una misión, cuando combatía. Había llegado a hacer la guerra parte de si mismo. Aún cuando yo no me sentía atraída ni por la vida militar ni por la causa que defendían, sí me sentía atraída por su ímpetu.

Supongo que algo de eso tuvo que ver. La sinergia que me irradió su presencia, comenzó a tener efectos en mi persona. Comencé a esforzarme, a pensar más; a suplir a mi compañero en todo lo que él, arrebatado como es, no podía prever. Lo terminé salvando en un par de ocasiones; ocasiones que hacían brillar su rostro de orgullo. Podía sentir cómo cada triunfo mío era un triunfo de ambos. Estábamos trabajando juntos, ahora más que nunca. Sin darme cuenta, gracias a la cooperación que ambos empezamos a demostrar, terminé convertida en Capitana. La gente en la base comenzó a admirarme, a preguntar por mí, extrañada de una simple campesina nortina que se había convertido en la mejor de las guerreras.

Todo fue gracias al ímpetu de aquel amigo mío, que lleno de temores y heridas, prefirió que desde ese entonces lo llamase Darkmaster.


¡Así que una nueva recluta se suma al juego! ¿Cómo cambiarán las cosas ahora que DM ha recuperado su motivación? ¡El Domingo otra entrada! Quedan pocos capítulos introductorios antes que la verdadera acción se desate y estalle la batalla. ¡Espero sus comentarios!