Un episodio histórico y que nos da el transfondo de algo más, no sólo se trata de Sasuke y Sakura, sino tambien es necesario conocer la historia de los demás personajes. Espero que lo disfruten.
-10-
Heredero.
Dicen que después de la muerte de Won, El Sabio, su única hija dio a luz a dos niños, el mayor Hogoromo heredó las vastas tierras del Norte, mientras que el mejor, Hamura, se hizo cargo de las tierras del Sur. Cuenta la leyenda que ambos hermanos perduraron en paz durante mucho tiempo y que, de pronto una catástrofe golpeó al mundo.
Se trataba de una sequía total y llena de hambruna que terminó por acabar con muchos seres vivientes, no sólo humanos, sino animales y vegetales. Ambos hermanos, ya viejos y cansados hicieron una alianza y perduraron en forma de una gran nación que compartiría sus bienes en pos de la supervivencia. No obstante, cuando el final llegó para ambos y fue momento de repartir todo equitativamente, puesto que todo mejoró para el gran pueblo, el lío más tremendo de la historia se armó.
Las familias descendientes, que conocían el continente y sus maravillas, no estaba dispuesta a entregar ciertas cosas y restablecer lo que en un principio era. La discusión se armó y desde entonces, la guerra perduró. Se formó entonces, en el ecuador de ambos países una zona llamada: La Línea Gris, en donde la desolación y la muerte rondaban cuan cazador hambriento, matando y destruyendo todo a su paso. Actualmente la línea perdura pero no es más que eso, un trozo de tierra gris, bañado con sangre cada tanto tiempo y vuelto a cubrir de gris por las cenizas de las víctimas de la guerra.
Naruto cerró el libro que acababa de leer sobre la historia del viejo continente y lo que era ahora. Bostezó mientras estiraba sus manos con fastidio, observó a su maestro de historia, quien escribía algo sin importancia en un pizarrón frente a él. Frunció el ceño y se levantó sin hacer ruido se dirigió a una de las ventanas y sonrió presuroso por su atrevimiento.
—Naruto-sama… - fue detenido en el acto, justo cuando tenía medio cuerpo fuera del aula.
—¿Sí? – Naruto volteó cuidadosamente, Ebisu, su maestro castañeaba los dientes molesto. —¡A donde crees que vas!
—Eres muy aburrido, Ebisu-sensei. – dijo mientras sacaba la lengua y saltaba completamente.
—¡Naruto-sama! – sacó la cabeza por la ventana mientras gritaba furioso. —¡Regresa ahora mismo!
—¡No, eres aburrido! – le gritó mientras corría por el jardín y le mostraba la lengua nuevamente. Se giró rápidamente y no se dio cuenta que alguien más yacía frente a él. Cayó al suelo de sentón y cuando se tensó para ver la sombra que lo cobijaba relajó los músculos al ver que se trataba de su madre.
—Naruto. – Kushina frunció el ceño y le tomó de la oreja, levantándolo en el acto. —¡¿Escapando de clases otra vez?!
—¡Oka-san, lo siento, no me arranques la oreja! – Habanero rojo era una sobrenombre que Kushina se había ganado a pulso y Naruto lo sabía.
—¡Tendrás que disculparte con Ebisu-san! – lo hizo voltearse y frente a él yacía el susodicho.
—Kushina-sama. – se inclinó respetuosamente y luego miró a Naruto mientras componía sus anteojos. —Naruto-sama. – lo dijo con un tono de reproche, que hizo que Naruto sintiera inocentemente.
—Lo siento, Ebisu-sensei. – hizo un puchero.
—Está bien, Naruto-sama… - dio una vista a su bolsillo y sacó un oxidado reloj. —Bueno, creo que daremos por terminada la clase, lástima que nos quedamos en la mejor parte. – suspiró. —Kushina-sama, me despido. – dio media vuelta y camino por los jardines hasta llegar a la entrada.
El silencio se instaló entre los dos Uzumaki, hasta que Kushina miró por el rabillo del ojo a su pequeño hizo de diez años.
—Nee, Naruto, ¿De qué trataba tu clase? – lo tomó de la mano y lo guio a los pies de un hermoso árbol frutal, ahí se sentaron y comieron una manzana mientras prácticamente le obligaba a sentarse a su lado.
—Pues, algo sobre unos hermanos y un sabio, no sé, tenía un nombre gracioso. – Naruto comía de la manzana que acababa de darle su madre.
—¿Won, El Sabio? – Kushina comió otra con tranquilidad y observó que su hijo asentía con la boca llena. —Es una historia que yo conozco. – dijo tras tragar. —Se dice que era una persona muy poderosa que fue capaz de cumplir su mayor deseo y traer paz al mundo. – la sola idea de que su madre se lo contara causó interés en el niño. Al ver esto, Kushina prosiguió. —Won poseía un poder único, detuvo una guerra con ese poder, pero después de, murió. Su familia se hizo cargo del mundo y luego de varios disparates todo es como lo conocemos ahora.
—Oka-san, ¿Cómo sabes eso?
—Pues porque lo estudie, es por eso que debes aprender mucho en tus clases.
—Sí, pero… - acabó su manzana. —¿De qué podría servirme después?
—Quien sabe. – Kushina lo trajo hacia sí y le abrazó. —Pero no estaría mal que aprendieras historia, después de todo, quien no conoce su historia está condenado a repetirla. – luego le hizo cosquillas y ambos, madre e hijo rieron al unísono.
…
Naruto tenía sólo trece años cuando se encontró cara a cara con la muerte; y no precisamente contra él, sino con la tragedia de haberla sentido tan de cerca. A los pies de una carrera desbocada, con las manos extendidas al frente y el rostro ensangrentado yacía el cuerpo de Kushina. Naruto tenía los ojos bien abiertos y llenos de pavor. Su madre había muerto frente a él sin que pudiera explicarlo.
Habían sido emboscados por hombres del Imperio del Sur, una panda de rebeldes que, aunque no estuviesen bajo órdenes del Rey Hiashi, se las habían arreglado para escabullirse y tenderle una trampa ambos Uzumaki. Se decía que los herederos de Hogoromo eran los Uzumaki, puesto que eran los únicos sobrevivientes después de siglos de guerra provenientes de aquel ser legendario, por ello y por locas ideas que provenían del pasado, se habían animado a elaborar aquel plan para asesinarles. Pues, aunque no lo creyesen Kushina era la última de los Uzumaki.
—¡Naruto! – Minato había aparecido de pronto y tomó a su hijo por la espalda para apartarlo de la terrible visión que acababa de tener. Lo sacudió un par de veces pero no pudo responderle, después el Rey del Norte corrió donde su esposa y la abrazó mientras lloraba a gritos.
El funeral de Kushina fue sumamente triste, Naruto todo el resto del año con la muerte de su madre. La zozobra podía sentirse en todo el reino y aunque la familia Hyuuga había dado el pésame a los dolientes, Minato no se mostró empático con ellos. Naruto, aunque había tenido la oportunidad de ver a Hinata sólo le lejos, no tuvo ánimos para acercarse a ella y compartir experiencias. En ese entonces seguían siendo amigos, con el tiempo enamorados.
—Naruto. – Minato se encontraba solo en la gran biblioteca del castillo, aquella tarde, en el primer aniversario de la muerte de Kushina, su padre le había sorprendido en la biblioteca, mientras leía la vieja enciclopedia en donde se relataba sobre Won y sus hazañas. El rey se sentó junto a su hijo, el silencio se instaló en ambos.
—Oto-san… - el muchacho le miró intentando saber qué quería. —¿Qué pasa?
—No fuiste a la ceremonia. – reprochó con voz tranquila.
—No me gusta ir. – admitió y regresó su vista a lo que estaba leyendo.
—¿Algo interesante?
—No mucho. – repasaba los renglones sin mucho interés, era como si sólo viera las letras sin procesar nada. —Pero cada vez que leo el nombre de Won, El Sabio, recuerdo a Oka-san.
—Ya veo. – Minato sonrió con tristeza. —¿Extrañas a tu madre?
—Mucho. – confesó Naruto y se sorprendió de ver a su padre a punto de llorar, con los ojos enrojecidos.
—Sí, yo también. – recargó la cabeza en el librero y suspiró. —Me hace mucha falta. ¿Estaré haciendo un buen trabajo?
—¿A qué te refieres?
—Como rey y como padre. – tocó la cabeza de su hijo afectuosamente. —Siempre confié en Kushina para llevarte por el buen camino, pero… sin ella, no sé si estoy haciendo lo correcto.
—Lo haces, de veras.
—Gracias… - alborotó su cabello. —Te quiero, Naruto.
—Y yo a ti. – ese momento entre ambos fue por demás hermoso.
—¿Sabes? Si estás tan interesado en la historia, entonces podría recomendarte este. – se levantó con entusiasmo, sin lágrimas, y trajo rápidamente un libro forrado en una hermosa cubierta roja. Se lo entregó a Naruto y éste alzó una ceja al ver el título.
—El mundo de ayer. – leyó en voz alta. —¿Mitología?
—Pues, sí y no. – Minato sonrió enternecido. —Era uno de los favoritos de Kushina, léelo, quizá te guste.
—¿Enserio, uno de sus favoritos? – lo abrió y leyó de primera instancia el título del capítulo en turno. Ahí se leía: Rommel.
—Me retiro. – Minato se encaminó a la salida. —Te veo en la cena.
—Gracias, papá. – a lo lejos la mano de su padre le dijo adiós y cerró la puerta tras sí. Naruto enfocó la vista en el libro y leyó lentamente en voz alta: —De entre los objetos más valiosos que existe en el mundo uno digno de mencionarse es Rommel.- Naruto observó entonces el dibujo de un hermoso y heroico escucho de color negro en cuyo centro yacía un enorme rubí. —¿Rommel es un escudo? – frunció el ceño. —Me es familiar. – pasó la hoja y continuó leyendo. —El escudo del poderoso Won, otorgado por los Perfectos para combatir en la guerra, se cree que guarda consigo el poder del sabio. – Naruto detuvo entonces su lectura y releyó una palabra en específico. —Perfectos. – mencionó en voz alta. Jamás había escuchado de ellos. Cerró el libro y se levantó para ir a otro lado de la biblioteca, buscó por letras y encontró, en un libro viejo y algo borroso por la edad un pequeño párrafo que hacía referencia de eso.
"… Entonces el Perfecto de la oscuridad junto al de la luz acompañaron al sabio en la terrible batalla hasta que entraron en caos para destruir el mundo." Luego de leer ese pedazo, puesto que el libro se estaba deshojando Naruto perdió interés. Su apetito había vuelto y ya no tenía tanto humor. Dejó ambos libros olvidados en ese lugar.
Con el paso del tiempo, al cumplir la mayoría de edad y enterarse de forma personal de la devastación que existía en una zona específica del mundo, la Línea Gris, el joven príncipe acudiría azorado al mismo sitio e investigaría más a fondo para comenzar un viaje que le llevaría dos años, y todos, tras la sombra de un misterioso pero antiguo ser.
Naruto descubriría a Rommel, el escudo legendario en una habitación del castillo y ahí liberaría a Malvolo, el Perfecto de la Oscuridad y quien le contaría que aún después de todo existía una forma de parar la terrible guerra que atormentaba al mundo.
—¿Qué debo hacer?
—Si buscas la respuesta entonces ve. – había dicho Sasuke, tras esconder su forma original en su yelmo. —Ve, después de todo si quieres lograr algo deberás hacer sacrificios por ello.
—¿Me prometes que nadie deberá morir por ello?
—No puedo prometer tal cosa, después de todo soy un allegado a Thanatos.
—Entonces prométeme que iré por el camino correcto.
—Lo haré, Uzumaki Naruto. Mi nombre es Malvolo, soy el Perfecto de la Oscuridad.
—Gracias.
…
El rostro de Minato no cabía en su emoción cuando contempló a su hijo frente a sus ojos.
—Naruto. – escuchó su voz temblorosa y una punzada de culpa le golpeó desde el interior.
—Oto-san. – murmuró apenado.
—¡Naruto! – Minato se alzó de su tronó y corrió hasta abrazar a su hijo. El maltrecho vestir del muchacho conmovió aún más a la audiencia, pues el monarca, lleno de arreglos y telas finas no había caído en ese detalle hasta que se separó de él; pero los demás sí y era imposible no fijarse en ello.
—He vuelto, padre. – resistió la ganas de llorar, se lo había prometido. Después de haber prácticamente escapado en un arranque de emociones un tanto utópicas, no tenía el valor de enfrentar con derrota el rostro de su padre.
—Mi hijo. – Minato en cambio sí lloró un poco. —Pensé que… que te había perdido.
—Lo siento. – bajó la cabeza con dolor. —Sé que te debo una explicación, a todos ustedes, pero yo…
—No, no, espera… - volvió a estrecharlo para memorizarle y después le miró de la cabeza a los pies. —Has crecido mucho, ¿Cuántos años tienes ahora? Ah, que tonto, perdón, perdón ya recordé … - palpó sus brazos y pecho, encontrando al final la herida reciente que se había hecho con la daga en el palacio de Giza. —¿Qué ha pasado? ¿Te hirieron? Responde, Naruto.
—Sí y no. – suspiró. —No sé qué decir.
—Bien, no importa. – acarició su cabeza. —Vamos a cenar, toma un baño y cuéntamelo todo. – así pues llevaron al príncipe a su alcoba. Naruto quedó paralizado cuando la puerta se cerró dejándole solo en la oscuridad. Miró todo tal como lo había dejado y la nostalgia lo invadió, se cubrió el rostro apenado mientras dejaba salir el llanto.
—Ha sido mucho tiempo, ¿eh? – escuchó la voz de Sasuke en el fondo de la habitación, en la penumbra. El rubio asintió enérgicamente. —¿Por qué lloras, tonto?
—No sé. – se limpió la cara, pero ésta seguía estando húmeda. —No puedo dejar de pensar en que… - la puerta se abrió sorpresivamente con Minato detrás de ella. Naruto retrocedió, Sasuke se había ido y ahora los dos nobles estaban juntos. —Padre, ¿Qué…? – no terminó de decir su frase cuando recibió un golpe limpio en el rostro que lo mandó al suelo. Miró sorprendido a su padre, pues éste ardía en ira.
—Levántate. – ordenó el rey y el muchacho respondió a la orden, era la primera vez en mucho tiempo que veía tan molesto a Minato. Volvió a golpearlo y mandarlo al suelo. —Dos, por los dos años que estuviste vagando cuan niño malcriado. – rezongó. El chico entendió y bajo la cabeza disculpándose.
—Perdóname, padre. – musitó, sin mirarle a los ojos.
—Te perdonaré… con la condición que me cuentes qué demonios ha pasado contigo en este tiempo… y además, ¿Qué diablos es eso de que el Rey Hiashi quiere tu cabeza? – ante la mención de su "futuro suegro", el muchacho le miró directamente a los ojos.
—¿A qué te refieres?
—Me ha llegado la noticia tan rápido como el rayo. Giza está devastada, la capital del Imperio del Sur no es más que cenizas. Pero, eso no es lo más importante, Hiashi dice que fuiste tú y nada más que tú quien trajo aquella catástrofe. ¿Puedes explicarme a qué se refiere ese loco?
—Oh, bueno. – tras decir eso el rostro del rey se perturbó aún más.
—No me digas que… sí es tu culpa.
—Un poco, quizá sólo la mitad. – suspiró y se sentó con las piernas cruzadas, sin atreverse a verlo de frente otra vez. —Giza cayó por la intervención de… - pero calló, si su padre lo escuchara hablar con la verdad lo más seguro sería que le tachara de loco.
—¿De quién? – el rey presionó.
—De los Perfectos. – susurró esperando que no se riera de él.
—¿Qué? – tal como sospechaba, Minato creía que le jugaba una broma. —¿Hablas enserio? ¿Eso es lo que dirás en tu defensa?
—Si te cuento desde el principio no me creerías.
—¡No estoy jugando, Naruto! – lo tomó del cuello de su ropa y lo alzó. —Hiashi me ha declarado la guerra, quiere que te entregue a ti, mi único hijo, como compensación por la destrucción de la capital de su reino, ¡¿Y todo lo que me dices es que fue por culpa de un par de seres imaginarios?!
—¡No son imaginarios! – se soltó, con la hombría que había creado en esos años de viaje.
—¡Naruto! – su padre reprochó su actitud.
—Todo este tiempo he intentado salvar al mundo, padre. Quería que la guerra acabara, vi el sufrimiento y la pena muchas veces, la gente desconfía, sufre, muere y nace en una tierra que no conoce la paz. ¿Cómo crees que me sentía al ver todo esto? Por ello… busqué la forma de acabar con todo sin que nadie tuviera que sacrificarse… pero… - el sólo recordar el método por el cual podría invocar el poder del Creador lo asustaba.
—¿Pero?
—Para hacerlo… - miró su mano envuelta en vendas. —Debía sacrificar algo más importante que mi alma.
—¿Y qué sería aquello?
—El amor de mi vida. – las facciones de Minato se suavizaron un poco.
—No entiendo… - se llevó una mano a la cabeza y la pasó varias veces invocando tranquilidad. —De verdad que no entiendo. ¿Eso que tiene que ver con el hecho de que Hiashi quiera tu vida?
—No sólo es por Giza, también cree que he corrompido a su hija mayor. – admitió con pena.
—¿Qué tú qué? – Minato enrojeció. —Dices tantas cosas extrañas, no sé qué pensar Naruto, pero aún no me has dado una respuesta concreta, sólo balbuceos, lo preguntaré otra vez, ¿Qué pasó en Giza? ¿Por qué Hiashi quiere tu cabeza?
—Desperté a Malvolo, el Perfecto de la Oscuridad el cual me contó sobre el Creador, una partícula universal con la capacidad de cumplir un deseo, el que fuese, pero esa poderosa entidad se encuentra encerrada en una persona, que es sumamente importante para mí y la forma de tener acceso a ella es matándole. Al llegar a Giza, Malvolo se encontró con Eous, el Perfecto de la luz y retomaron una vieja batalla que terminó por destruir la ciudad. Hiashi piensa que yo lleve a los Perfectos a su ciudad para que la destruyeran, pero en realidad ellos sólo respondieron a la costumbre que tienen cada vez que se ven. – al terminar su padre yacía en total silencio. —Si el rey del sur quiere mi cabeza me entregaré entonces, no permitiré que perjudique a la gente que quiero sólo porque no supe hacer bien mi trabajo. Enfrentaré las consecuencias de mis actos y… - de nuevo una bofetada calló a Naruto y lo lanzó al suelo. Minato estaba perturbado y le miraba incrédulo. Se acercó a él cuando Naruto se levantó y se preparó para darle otro golpe.
—Estás loco, te haré entrar en razón. – murmuró para encaminar su brazo, mas fue detenido un segundo antes de tocarle la mejilla a su hijo.
—Rey Minato. – la voz terrible de Sasuke le causó un escalofrió en la espalda. —Dijo que sólo serían dos golpes por el total de años que duró Naruto fuera de casa, ¿Por qué continuar si ya los ha cobrado? – Namikaze llevó su rostro hasta toparse con la figura del Perfecto y al hacerlo sus pupilas disminuyeron su tamaño junto a la expresión aterrada de su cara.
—¿Qué eres tú? – estaba tieso y Sasuke no soltaba su muñeca.
—Mi nombre es: Drakrocius Malvolo Angelus Nemenus Necrosis Thanatos Black. – el resuene de su nombre hizo estremecer a ambos rubios, era la primera vez que Naruto escuchaba los nombres de Sasuke. —Soy el Perfecto de la Oscuridad. – entonces lo soltó y Minato cayó de rodillas frente al antiguo ser.
—No puede ser. – apenas conocía el concepto de lo que era un Perfecto, pero entendía que se encontraba frente una eminencia de tiempos sumamente remotos.
—Padre. – Naruto se acercó y le miró con tristeza. —¿Me crees ahora? – su padre le miró unos segundos y después al Perfecto, se levantó en silencio y sin decir nada salió de su habitación.
—Mi presencia causa ese impacto algunas veces. – explicó Sasuke.
—¿Qué haré ahora? – se dejó caer sobre la cama, desconsolado.
—Deberás pensar en algo. – agregó Black. Mientras se fijaba por la ventana, ya era de noche. —Puedo oler la guerra, es sólo cuestión de tiempo.
—Cielos… eso sólo lo hace peor. – exclamó Naruto, para cubrir su rostro con sus manos.
…
Pasaron dos horas para cuando uno de los sirvientes tocó la puerta de la habitación de Naruto, el rubio estaba completamente dormido, tantas emociones le habían agotado enormemente y a pesar de todo no había sido hasta ese momento en el cual pudiera pegar el ojo un momento.
—Naruto-sama. – la insistencia terminó por despertarlo.
—¿Si? – respondió adormilado, sacudió sus cabellos.
—Minato-sama solicita su presencia en su habitación. – tras decir aquello el sirviente desapareció. Naruto terminó por desperezarse y tras carraspear salió de la habitación. Al llegar a la de su padre lo recibió el olor de la comida exquisita que esperaba por él para la cena, tan sólo percibir el olor hizo que sus entrañas se remordieran ansiosas.
—Debes tener mucha hambre. – agregó con una sonrisa Minato. Naruto asintió desde la puerta. —Pasa, comeremos aquí hoy. – el menor obedeció y se sentó en la mesa que tenía frente a él. Hubo un silencio sin que nadie dijera nada hasta que Minato dio su brazo a torcer. —¿Por dónde deberíamos empezar? – tomó algunas peras y las comió gustoso. —Vamos, sírvete hijo. – entonces él asintió y también comió.
Llevaban ya largo rato devorando todo; o al menos Naruto, hasta que Minato tosió un poco y aclaró su garganta. Naruto ya había acabado así que prestó atención.
—Naruto. – suspiró al decir su nombre. —Yo… lamento lo que pasó… esta tarde.
—Oh, eso. – el muchacho miró un punto específico de la mesa. —No te preocupes.
—Estaba… muy asustado por lo que decías, temía que hubieras enloquecido. – agregó con frustración. —Por eso no medí mis emociones, disculpa.
—Ya te dije que no tenías que pedir perdón. – repuso algo molesto el hijo.
—Me gustaría… que me terminaras de contar lo me estabas diciendo entonces; lo de los Perfectos y esas cosas.
—¿Qué debería decirte?
—Para empezar, ¿Por qué te fuiste sin decirme nada? El día que te fuiste pensé que regresarías al final de la tarde, pero, cuando no lo hiciste, me desesperé, mande buscar por ti, era como si la tierra te hubiera tragado. – Naruto resintió sus palabras. —Pensé que habías muerto.
—Lamento mucho eso, papá. – le miró a los ojos con inocente verdad. —Cuando Malvolo me contó sobre la existencia de la entidad conocida como Creador pensé que lo más oportuno sería que me enfrascara solo en la misión de encontrarlo. No pensé claramente lo que me proponía, ni las consecuencias a futuro que conllevaría. Creo… que fui un inmaduro.
—Malvolo. – lo dijo con tal arraigo que parecía un reproche. —Pensé que eran mitos, que no existían tales criaturas.
—No estoy seguro cómo, pero él me llamaba, cuando encontré el escudo resguardado en la habitación del abuelo Sarutobi, algo tomó posesión de mí. – Minato entrecerró los ojos, angustiado. —Llámalo destino o como quieras, pero logré liberar al Perfecto con mi sangre. Tras verlo supe que existían cosas que nunca podría imaginar. Al pasar los días conté a Malvolo mi ambición más grande… - Naruto guardó silencio para ver las reacciones de su padre. —Oto-san, mi sueño es detener esta guerra y estar junto a la persona que más quiero. Estoy enamorado de Hyuuga Hinata. – declaró firmemente y eso dejó sin aliento a Minato.
—¿Qué? ¿Pero cómo es que tú…?
—No lo sé, desde que nos conocimos en esa reunión hace tiempo nos frecuentamos. Mis sentimientos son correspondidos por ella, pero por culpa de esta guerra no podemos estar juntos. – lamentó.
—Hijo, no tenía idea de que tú y la hija de Hiashi… - pero calló para sacudir sus pensamientos. —Ahora empiezo a ver la relación que existe entre tú y el evento de Giza.
—Eventualmente encontré la ubicación del Creador después de tanto viajar e investigar, pero no esperaba que para cumplir mi deseo a expensas de esa entidad tenía que… matar a Hinata. – le mostró su mano vendada. —No pude hacerlo.
—Esa herida… - señaló Minato. —¿Fue por qué no pudiste qué?
—Hacerle daño. – se descubrió la mano y encontró el corte limpio que se había dado con la daga. —Después de todo… no somos tan diferentes. – dijo sonriendo y volviendo a vendar su mano. No era una referencia para Minato, sino para Sasuke, que aunque no estuviera ahí podía entender lo que él sentía cada vez que tenía que luchar contra Sakura.
—Naturalmente, no existen atajos para cumplir tus caprichos, hijo. – aconsejó sabiamente su padre.
—Cometí un error, traje conmigo la destrucción de Giza. Tan sólo quería ver a Hinata y todo fue peor. Malvolo me lo advirtió, me dijo que si íbamos a Giza se encontraría con Eous, el Perfecto de la Luz y comenzarían una lucha que terminaría por destruir todo, después de todo, es la naturaleza de la luz y la oscuridad, se repelen, pero al mismo tiempo se buscan y ansían.
—Debo suponer que estas criaturas existen desde hace mucho tiempo y tan sólo cumplen con un ciclo. – Minato era mucho más perspicaz de lo que su hijo creía. —Pero sea o no algo aparte de nuestra situación… destruyeron una ciudad muy importante.
—El rey Hiashi cree que es mi culpa y no está del todo equivocado. Si me entrego y eso asegura que la guerra termine entonces lo haré. Estoy dispuesto en sacrificarme por el resto del mundo.
—No. – aunque tranquila la voz de Minato resonó firme. —No puedes seguir siendo tan ingenuo, Naruto. Aunque te entregases la guerra continuaría, eso no cambiaría nada.
—¿Cómo estás seguro?
—Bien, quizá no estoy tan seguro, pero aun así, aunque tu muerte asegurara el final de la guerra… jamás permitiría que hicieras eso. – apretó los puños. —Eres mi hijo, Naruto. Te amo y no estoy dispuesto a que desperdicies tu vida. No entregaré a mi familia por el bien de otros, tal vez como rey no debiera decir esto, pues debo pensar en mi pueblo, pero seré egoísta y te lo diré para que te quede claro: No dejaré que te entregues. No me importa que tan cósmico sea este evento, si tenga que ver o no con criaturas míticas, no dejaré que mueras, no si puedo pelear.
—Padre, no luches, la Línea Gris debe ser eliminada, las muertes se tienen que prevenir y…
—Si la guerra es la única respuesta para solucionar mi debe como padre y rey que así sea. – Minato se levantó de la mesa y caminó hasta un hermoso ventanal. —Te lo diré una vez más, Naruto. Espero que no deba repetirlo: No confió en Hiashi Hyuuga, si lo que quiere es dañar a mi familia en honor a la suya pelearé. – le miró a los ojos. —Lucharé en esta guerra y es mi última palabra.
—¡Pero papá!
—No me interesan tus reproches. – suspiró para darle la espalda. —Escucha, no me importa que ames a la hija de mi enemigo, no me importa el arranque que tuviste y por el que desapareciste por mucho tiempo, pero no toleraré que me desafíes aun cuando te lo dejé claro. Te protegeré y a mi reino. Tú eres mi heredero y pronto tendrás el honor y la responsabilidad de mirar por otros. Por favor, retírate. Ha sido una cena deliciosa.
—Oto-san… - al no recibir respuesta suspiró resignado. —Buenas noches. – salió de la habitación y se dirigió en silencio a la suya. Una vez ahí se encontró con la figura de Sasuke parado en la esquina más oscura de su cuarto.
—Por tu silencio creo que no lograste mucho con tu padre.
—¿No escuchaste acaso?
—No me interesa espiar.
—¿Sabes? – se sentó frente a él. —No sé si estoy haciendo lo correcto, no pude evitar esta guerra y mucho menos salvar a Hinata. A mi padre le interesan otras cosas, no quiere escucharme.
—¿Y tú?
—Quiero que nadie tenga que sufrir la muerte de un ser querido, que nadie sufra los estragos de la guerra, deseo estar con Hinata. – admitió.
—Los deseos puede heredarse. – concluyó Sasuke mientras se acercaba a Naruto. —Así como las voluntades. – le miró de pies a cabeza. —Te pareces más a Won de lo que crees.
—¿Cómo dices? – no estaba seguro de haberle entendido.
—Duerme. – tocó su frente con la punta de sus dedos. —Yo también lo haré, estoy cansado. – Naruto cayó en un sueño profundo al instante. Sasuke se levantó y desapareció en la oscuridad.
…
Cuando Naruto abrió los ojos se encontró con una estancia completamente rodeada de luz. Algo sin duda era mucho más raro que los sueños que tenía recientemente con los Perfectos y su pasado. Se enderezó porque estaba en el suelo y una vez de pie su sombra hizo en el piso un gran pilar negro que intrigado observó hasta que la punta chocaba con los pies de alguien.
Naruto dio un respingo cuando se encontró con un hombre edad avanzada, quizá unos cincuenta años, quien vestía de una forma de antaño, con armadura y algo parecido a una cota de malla. Observó cómo se acercaba a él y cuando intento oponer resistencia y huir algo en sus pies lo dejó clavado al suelo. Quiso gritar, pero se dio cuenta que no tenía voz se removió inquieta y lentamente un calor electrizante paralizó su cuerpo, para cuando el hombre se posó frente a él estaba a su total merced.
—¿Puedes escucharme? – preguntó el hombre a lo que Naruto asintió. —Puedes hablar. – al momento un gran peso le abandonó y cayó al suelo sobre sus piernas dobladas. Sacó todo el aire de sus pulmones y miró angustiado al hombre.
—¿Quién eres tú?
—Mi nombre es Wonmerkurk. Pero quizá tú me conozcas como Won.
—¿Qué? – palideció.
—He esperado mucho tiempo para conocerte, Naruto. – se sentó a su lado y estiró su mano. —O deberías decir… hijo mío.
…
Cuando abrió los ojos su cuerpo vibró al comprobar lo que tenía en frente. A los pies de su cama, recargado en uno de los postes yacía nada menos que Rommel, es escudo negro. Lo tomó con cuidado y lo envainó en su brazo derecho. La señal era clara.
—Dime, Naruto. – Malvolo estaba a su lado, nada más que su voz se oía en la habitación. —¿Tuviste una siesta agradable?
—¿Cuánto tiempo dormí?
—Dos días.
—¿En dónde está mi padre?
—Se ha ido.
—Ya veo. – suspiró cansino y fue a un viejo armario, sacó algunas prendas y las vistió en silencio. —Sasuke, no, Malvolo. – le miró de frente. —Si no puedo cumplir mi sueño por las buenas será por las malas. Esta no sólo es mi guerra, sino también la de las personas que estuvieron antes que yo. Peleare no sólo para detener la muerte sin sentido de ambos reinos, sino para glorificar el sacrificio de otros y también… para detener este ciclo absurdo.
—¿Ciclo?
—No temas, Uchiha Sasuke, porque cuando todo termine, te aseguro que no habrá oscuridad a la cual temer, ni luz a la cual agradecer. Juro por mi honor que detendré esta guerra, protegeré a mi pueblo. – lo último dejó sin palabras a Sasuke.
—Won. – musitó al verlo de frente a él. En los ojos de Naruto apreciaba la chispa del viejo Won. —¿Y qué es exactamente lo que deseas de mí?
—Descuida. – mostró el escudo. —Ya me has dado tu bendición. – así pues, Naruto salió de la habitación y avanzó por el pasillo dejando a Sasuke atrás.
El Perfecto no dijo nada al respecto sino que rio en su soledad.
—¿Cómo es posible que aún después de tanto tiempo sigas vivo… Won? Ese chico ha heredado tu voluntad… y esa mujer tu espíritu. – se rascó la barbilla. —Mi momento se acerca y el de ellos. Puedo verlo ahora. – Sasuke comenzó a bullir en oscuridad. —Estoy seguro que tú también, ¿No es así, Sakura?
Continuará…
Naruto se prepara para ir al campo de batalla, ¿Que será de Hinata? ¿Que le habrá dicho Won? ¿Cual será la historia detrás de todo? Espero que lo hayan disfrutado, nos veremos en la proxima.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
