CAPITULO 10
VOLVER A KONOHA
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Caminaba lentamente por los pasillos de ese hospital. Su mirada cabizbaja, sin ánimo de subirla para mirar a nadie. Preguntó como todos los días si Aburame Shino estaba recibiendo visitas y la enfermera le dijo que podía ir a verlo, pero que no mostraba signos de salir del coma.
Hinata suspiró un tanto desanimada y volvió a caminar en dirección a la habitación 51B, lugar en el cual Shino estaba reposando desde hace ocho días en un profundo coma. Fuera lo que fuera que Sasuke le había hecho, Tsunade lo había tratado y dijo que estaría bien, pero el Genjutsu lo afectado a niveles que ninguno de ellos lograba comprender. Le dijeron que lo mismo había ocurrido con Kakashi cuando Itachi lo atacó.
Abrió la puerta de la habitación con cuidado, seguida de esas figuras que desde ocho días la seguían. Dejó el canasto con sus cosas al lado de la cama de Shino, abrió la ventana de su habitación para que respirara el aire de primavera y puso las flores que compró esa mañana en un florero. Ino le había dicho que las margaritas blancas alegraban a cualquiera, pero no estaba muy segura si a su compañero de equipo le gustaría algo así.
– Es…espero que te gusten, Shino-kun. – Le dijo Hinata, sentándose a su lado y mirándolo. Llevaba haciendo lo mismo por tanto tiempo que ya no si quiera le molestaba saber que Neji y Kou estaban fuera. Ya no volvería a estar sola. Después de todo era la Jefa de la familia Hyuga y nadie en su clan parecía creer en que estaba a salvo caminando sola por Konoha. – Por favor… despierta… no sabes cuanto te extrañamos Kiba-kun, Akamaru-kun y yo…
Kiba era otro problema. Luego de volver de Caverna del agua había estado dos días en observaciones en el hospital. Tsunade-sama había querido investigar los efectos del sello en él. Shikamaru también había estado hospitalizado pero quejándose que no era para tanto, saliendo de observaciones apenas logró manipular nuevamente el chakra en su cuerpo con normalidad, a los dos días desde que llegaron de Caverna del Agua.
Ya ni si quiera se atrevía a mirar a Kiba al rostro. Él le había dicho una y otra vez que no importaba, que de verdad estaba bien y que no lo había herido. Pero Hinata sabía que eso no era cierto.
– Kiba está entrenando con Akamaru, está muy frustrado con todo lo que pasó. Me ha ido a visitar pero por las reuniones del consejo del clan no he podido verlo… - Sonrió mientras sacaba un libro. – Haruno-san recuperó la conciencia ayer. Realmente creímos que la íbamos a perder… aunque Tsunade-sama ha dicho que pasará mucho tiempo para que sanen las heridas en su piel y que aún así es probable que dejen cicatrices de por vida. Naruto-kun se ha quedado con ella estos días… aunque apenas lo he visto.
Suspiró con tristeza cuando pensó nuevamente en la idea de abandonar su posición como konuichi. La idea de dejar al equipo 8 no era algo que se le hubiese ocurrido a ella precisamente, pero la presión del consejo era inminente y estaban poniendo mucha carga sobre los hombros de Tsunade para que no arriesgara a Hinata en misiones innecesarias. La Hokage había gritado una y otra vez que Hinata era una de las mejores rastreadoras de Konoha y que perderla no era una opción, pero la duda de si su vida volvería a ser normal estaba ahí.
Su padre había fallecido durante su cumpleaños número 16.
No dejaba que la tristeza se reflejara en su rostro, pero con su muerte pudo lograr comprender muchas cosas sobre su clan. Nadie le había dicho que traspasar el liderazgo de un miembro a otro traía la muerte del líder anterior. Debía ser así pues los secretos de los jutsus del clan sólo los poseía el líder. Cuando su padre tocó su frente y traspasó sus técnicas y conocimientos a ella, le sonrió pidiéndole disculpas por ponerla en esa situación, por haberla tratado así durante tanto tiempo, por haber sido duro con ella. Había sido necesario para que formara el carácter de un líder y pudiera asumir su posición en el clan. Hinata lo había entendido e incluso lo había perdonado por abandonarla en el momento en que más lo necesitaba. Muchas cosas comenzaron a tener sentido desde entonces.
Lo enterraron la noche en que volvieron a Konoha, junto con todos los líderes fallecidos del clan en las criptas dentro de Refugio de la Roca. A eso iban en realidad, a enterrar a su padre ahí. Era curioso que todos los que eran mayores que ella, Neji y Hanabi supieran esta situación, pero no idea de que la hubiesen estado manipulando todo ese tiempo para ver si podía actuar con el carácter del líder del clan Hyuga la irritaba profundamente.
Hinata no lloró su muerte y entendió que era el deber del líder del clan morir por éste cuando llegara el momento. Ahora ella también sabía que cuando su hijo o hija mayor llegara a los 16 años de edad, ella también moriría. La idea no le hacía mucha gracia, era como si ya tuviera su sentencia de muerte anticipada. Pero si la motivaba a ser mejor, a dejar una familia en esa tierra de fuego que pudiera continuar con la voluntad de sus antepasados, aquellas palabras de fuerza y valor que le susurraron al oído cuando dejó atrás Refugio de la Roca.
– Oi, Hinata. – La voz de Kiba hizo que se diera vuelta y abandonara la lectura de los diarios de su padre. - ¿Cómo está Shino el día de hoy?
– Se ve… algo mejor. – Mintió Hinata, Shino se veía igual que siempre. - ¿Cómo estás tú Kiba-kun?
– Nunca he estado mejor. ¿Por qué no vamos a entrenar? – Le sonrió y le indicó la puerta con el pulgar. - A Shino le molestaría que estés todo el día aquí.
– No lo creo… seguramente diría algo como "Los camaradas deben apoyarse el uno al otro en toda ocasión". – Hinata sonrió y se tapó la risa con su mano. – Despertará en cualquier momento. Sé que lo hará. Y cuando lo haga, quiero que vea que estamos aquí esperando por él.
– Vi a Naruto mientras venía para acá. – Comenzó a decir Kiba mientras se sentaba junto a Hinata. – No se ve nada bien.
– Es normal. Haruno-san…
– Maldito Sasuke. – Gruñó Kiba. – ¿Cómo pudo dejarla dentro de una piscina de ácido por dos horas? ¿En que estaba pensando?
– Debí haber hecho lo que quería con más rapidez. – Reflexionó Hinata con tristeza. - Tal vez Haruno-san estaría mejor ahora.
– No me hagas comenzar a hablar de lo estúpida que fuiste yendo sola a encontrarte con él. ¿No Akamaru? – Su perro ladró moviendo la cola y sentándose también a su lado, como si los tres estuvieran esperando que Shino despertara.
– Kiba-kun… - Hinata sonrió. – No te enojes conmigo, tomé la decisión que pensé sería lo mejor en ese momento. Hasta padre asintió en que lo que hice fue lo correcto, impulsivo y estúpido, sí, pero lo correcto. Era un asunto entre clanes. Aunque Sasuke Uchiha sea el último miembro vivo del clan Uchiha, mi padre tenía un contrato con su padre y era mi deber honrar su palabra… - Decirlo de esa forma hizo que se le apretara la garganta. A veces sentía que su padre le susurraba al oído y la confortaba.
– Tsk… ¿Honrar su palabra? ¿Y el costo será tu felicidad, no? – Kiba levantó una ceja y mostró uno de sus colmillos sobre sus labios. - Sasuke no tiene sentimientos, no ama a nadie, sólo ama a Sasuke.
– Uchiha-kun no es tan malo como parece. – Susurró Hinata pensativa.
– ¿Por qué dices eso? – preguntó Kiba.
– Por que cumplió su palabra. Intentó liberar a Naruto-kun y Haruno-san cuando hice lo que él quería. – Sus ojos color perla se perdían en las sábanas que cubrían a Shino. – Uchiha-kun está enfocado en su venganza. En cierto modo lo entiendo.
Los clanes eran algo que realmente pesaban sobre los hombros de quienes nacían allí. El clan Uchiha y el clan Hyuga eran los más antiguos, numerosos y nobles de Konoha. Ambos poseían una técnica única que sólo los miembros del clan heredaban y no sólo eso, ambas técnicas era Dojutsus, técnicas oculares.
– Aun no lo entiendo del todo. – Gruñó Kiba entrelazando sus manos y poniéndolas bajo su mentón. - Todos crecimos juntos y nadie se dio cuenta de su soledad, su odio… todos sólo se enfocaban en lo "genial" y "misteriosos" que era Uchiha.
– Naruto-kun se dio cuenta, pero creo que ya era demasiado tarde. – Hinata suspiró. - El odio y la venganza no llevan a ningún lugar, sólo a una larga vida de tristeza y soledad. Aún así, es la labor de los miembros de un clan, de una familia, honrarla y llevar sobre los hombros lo que ese apellido significa. Lo que representa… las generaciones del pasado y las que vendrán… cumpliendo su voluntad. Creo que Uchiha-kun siente que al ser el último de su clan, debe llevar a cabo la voluntad de venganza de toda su familia.
– Eres extraña, Hinata. – Kiba subió los hombros, si hubiese podido la habría abrazado. Podía sentir el dolor en sus palabras. La pérdida de su padre la había hecho madurar muchísimo esos días. – Nunca pierdes la fe en las personas, por mucho que te lastimen.
– Si sacrificar mi felicidad significa traer de vuelta a un compañero Shinobi de esta Villa, puedo soportarlo. – Sonrió mirando a Kiba. – Sasuke volverá algún día gracias al sello. Eso hará muy feliz a Naruto-kun, por lo tanto, también me hace feliz a mí.
– Oi, Hinata, ¿Qué Neji y el otro no se van a ir nunca? – Preguntó Kiba sintiendo que alguien lo estaba observando desde el otro lado de la pared.
– El consejo le pidió que me cuide estos días, al menos hasta que pueda utilizar a la perfección todos los jutsus que mi padre me dejó.
–¿Decidiste si continuaras en nuestro equipo? – Preguntó Kiba alejando su mirada .
Hinata movió su cabeza en forma negativa. No estaba segura de lo que haría aún.
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Cada vez que él estuvo hospitalizado por largos periodos de tiempo, Sakura-chan había estado ahí con él, al menos visitándolo (aunque aun no sabía si lo hacía realmente porque quería ver a Sasuke o por él). Esta vez, le tocaba a él estar ahí para ella. Nunca había dejado que quedara en tan mal estado cuando les tocó pelear como equipo, ni si quiera cuando Gaara despertó al Shukaku.
No se decían nada. De hecho, Sakura estaba mirando por la ventana. La luz del atardecer reflejaba en su rostro. Nunca se había visto tan triste en su vida, ni si quiera cuando Sasuke se fue.
–Debes pensar que soy una verdadera idiota. – Murmuró de pronto. Apenas podía verle los labios pues la mayoría de su rostro estaba vendado por las heridas que tenía. – Lo siento. Si no hubiese sido por mí...
–Shhh… ¡No digas esas cosas Sakura-chan! Encontraré una forma de solucionar todo. – Se puso de pie y levantó un puño con ánimo, tenía que mantenerse animoso por ella. - Descansa. Traeré a Sasuke de vuelta cuando lo encuentre, ya verás.
–Cuando lo vi, realmente pensé… - Su voz se quebró y Naruto sintió como si le dieran un golpe en el estómago al escucharla así. - …que estaba de vuelta. – Hablaba con tanta melancolía que llegaba a doler escucharla. - Soñé tantas veces con eso, lo pedí en mis plegarias con todo mi corazón… pensé que dios me había escuchado.
– Sakura-chan… - Bajó el puño lentamente, quería poner una mano en su hombro y decirle que todo estaría bien, Pero… ¿Cómo hacerlo? Ni si quiera él creía firmemente en eso. Esta vez Sasuke había ido demasiado lejos, había lastimado el corazón de alguien que realmente lo amaba. – Por favor no llores…
– ¿Tan despreciable soy Naruto? – Sus ojos color jade parecían de cristal por sus lágrimas. – Puedes decírmelo, de verdad. No quiero seguir engañándome a mí misma.
– No digas tonterías Sakura-chan. – Le respondió molesto al ver como se estaba denigrando. - … estoy seguro que a él le sigues importando. Si no fuera así, te habría matado.
Ese comentario hizo que Sakura abriera los ojos de par en par, sus labios se separaron levemente y dejó escapar un suspiro, sólo para volver a bajar la mirada llena de tristeza. Cerró los párpados y le dio la espalda a Naruto poniéndose de costado.
– Gracias por venir. – Le susurró sin mirarlo. –… no se qué haría si te perdiera a ti también.
Naruto supo que no era momento de hablar, sino de marcharse. Seguramente ella quería estar sola, meditar en lo que había pasado y darse energías para salir adelante después de lo ocurrido. No era de extrañarse en alguien como ella que había surgido en el mundo shinobi sin ninguna técnica en especial, viniendo de una familia común y corriente. Había llegado al lugar donde estaba sólo a base de trabajo duro y constancia. Esas cualidades en ella eran admirables.
Naruto sonrió mientras la dejaba atrás. Era extraño, sentía que la quería muchísimo, tanto como cuando eran niños, aun deseaba estar cerca de ella y cuidarla, pero… no estaba realmente seguro si eso era amistad o amor. No estaba seguro si su enamoramiento siempre había sido sólo amistad o si esa chica que estaba ahí acostada y destruida emocionalmente, era el amor de su vida.
Suspiró y comenzó a caminar por el pasillo. Tal vez iría a ver a Shino también, aunque… si estaba Hinata ahí…
No había hablado mucho con Hinata últimamente. Cada vez que la miraba, veía una profunda tristeza en ella y se sentía responsable por ello. Le había dicho que podrían salvar a Sakura-chan y en cierta medida lo habían hecho, pero luego de escuchar el precio que había pagado Hinata porque él se lanzara hacia Mamba y se metiera por su boca hasta su estómago, era demasiado alto.
Él era responsable de ello. Si hubiese sido más inteligente, si hubiese tenido algún plan para salvar a Sakura, si Sasuke no lo hubiese visto tan en menos sino como un rival, hubiese peleando contra él antes de acercarse a Hinata.
Peor era que el padre de Hinata estaba muerto. ¿Qué podría decirle en una situación así? Sasuke se lo había gritado ese día en que se enfrentaron en el Valle del Fin, el no sabía lo que era tener padres ni hermanos, por lo mismo, no podía entender el dolor de perderlos. Y tenía razón, no lo sabía. Por lo mismo no podía asimilar el dolor de Hinata.
Era por ello que la había estado evitando. No quería encontrarla y no saber que decir, ponerla triste o ver resentimiento en sus ojos porque no había podido protegerla de verdad. Había roto nuevamente una promesa.
Me estoy llenando de promesas rotas… - Pensó mientras metía sus manos dentro del bolsillo y salía del hospital. – Que patético resulté ser.
Estaba a punto de salir cuando vio delante de él a Hinata, Neji y otro sujeto. Los miró un poco escondido dándose cuenta de que Hinata vestía nuevamente un kimono. Aquello lo hizo preguntarse si siempre se tendría que vestir así ahora que era la líder de su clan.
Sin duda se veía hermosa… tan frágil, como si fuera un jarro de porcelana. ¿Aún pensaría en casarse con Gaara? Era lo correcto, seguramente ahora Gaara era la única persona que la podía tocar por aquella piel de arena que siempre lo protegía. Aunque, Gaara había vuelto a Suna hacía unos días ya. Quizás debería preguntarle y sacarse esa duda de la cabeza, aunque si le preguntaba de la nada tal vez le diera una impresión errada.
No, era mejor quedarse ahí, escondido y esperar que se fuera. Ella tenía toda una vida llena de desafíos nuevos por delante. Era la líder de su clan… ya no tenía tiempo para juegos tontos ni misiones poco importantes.
¿Qué me pasa? ¿Por qué me siento así? – Se preguntó mientras Hinata desaparecía cruzando la calle y adentrándose por un pasaje. Ella era demasiado buena para que se fijara en alguien como él, ¿No? Sonrió con ese pensamiento. ¿Desde cuándo pensaba así? Hinata seguramente se fijaba en sujetos como Sasuke o Neji, genios de cada generación, o tan fuertes como Gaara.
Sonrió con melancolía y comenzó a caminar a Ichiraku Ramen. No sabía que le sucedía, era una mezcla de sensaciones que se acumulaban en su estómago. Primero estaba Sakura-chan, su rostro desfigurado por el ácido, su cuerpo marcado de por vida, su corazón destrozado. Luego estaba Shino que aún no despertaba… Sasuke aun no mostraba signos de arrepentimiento ni de querer volver a Konoha y por último, estaba Hinata y esa extraña sensación de esconderse cuando la veía pasar y pensar en ella todo el resto del día.
– ¡AAAAAAAH! – Gritó de pronto en medio de la calle. Todos lo miraron extrañados.
Se sentó en una de las sillas de Ichiraku y se quedó mirando la mesa. Ni si quiera se sentía de ánimo para ordenar.
– ¿Qué tal Naruto? – Lo saludó Teuchi, el dueño de Ichiraku Ramen - ¿Qué te sirvo el día de hoy?
– Dame un plato de ramen. Con muchos trozos de carne. – Naruto suspiró. - Lo necesito.
– Uhmm… ¿Estás enfermo?
– No está enfermo. – Dijo Ayame con una gran sonrisa. La hija de Teuchi era muy perceptiva. Subió su dedo índice y guiñó uno de sus ojos. - ¿No escuchaste ese suspiro?
– ¿Ah? – Preguntó Naruto. – ¡Deja de analizarme y sírveme ramen mujer!
– ¡Cállate mocoso insolente! – Le gritó Ayame dándose un golpe en la cabeza con un cucharon. – No me importa cuánto hayas crecido desde que te fuiste, sigues siendo menor que yo.
– ¿Entonces qué le pasa? – Preguntó Teuchi a su hija mientras ponía los fideos a hervir. – Cada vez que está aquí pareciera que fuera navidad por la sonrisa que trae y ahora… Míralo. Me quita hasta las ganas de servirle ver ese rostro.
– Tiene todos los síntomas. Es primavera, esta decaído, suspiró y está mirando la mesa con cara de idiota sin intentar mirarme los senos como siempre. – Ayame juntó sus manos con deleite. – Está enamorado.
– ¿AHHHHH! – Gritó Naruto horrorizado ante la forma en que Ayame podía asumir algo así. - ¿De qué hablas?
– Ajá, ajá. – Asintió Teuchi mientras servía el caldo. – De la chica peli-rosa. ¿Recuerdas? Ella es el amor de Naruto Uzumaki, cuando era niño dijo que la amaba tanto como el ramen.
– No. No es ella. – Agregó Ayame. – Es primera vez que lo veo así. Debe ser alguien más.
– Uhm… Todo un misterio.
– ¡Pueden dejar de hablar como si yo no estuviese aquí! – Gritó Naruto sintiendo un nudo horrible en la garganta. – ¿Acaso no se puede suspirar en Konoha?
– Tiene razón papá. – Dijo Ayame subiendo los hombros. – De seguro que si estuviese enamorado ya habría traído a esa chica acá. – Los ojos de Naruto subieron. – Después de todo, siempre está acá. Todo el dinero que gana en misiones lo gasta aquí jajajaja.
La invité a comer ramen… se me había olvidado completamente eso. – Pensó Naruto mientras su rostro se volvía azul pálido. Subió sus manos a la cabeza y se tomó el pelo como si estuviese listo para arrancárselo de un tirón por peor aún, de que Ayame dijera que si amara a una chica la invitaría a comer ramen. Eso era demasiado… ¿Qué sabían ellos de él? ¡Era imposible que estuviese enamorado de Hinata-chan! – De seguro también se le olvidó. No es nada… fue sólo una invitación tonta a comer ramen, siempre invito a todos a comer acá… no significa nada…
– ¿Pero qué le pasa ahora? ¿Le está dando un ataque? – Preguntó Teuchi acercando el plato a Naruto. – Hijo, ¿Te sientes bien?
– Teuchi, ¿Puedes poner ese plato para llevar? – Preguntó Naruto justo antes de que le sirvieran. – No, espera. – Suspiró nuevamente y partió los palitos para comer su ramen. – Itadakimasu… - Comenzó a comer agradeciendo el sabor. El ramen lo ayudaba a pensar claramente. El ramen le daba paz a su alma y hacía que cualquier cosa negativa desapareciera de su vida. Tenía que tomar todo eso con calma… Estaba exagerando todo. Siempre exageraba todo. Hinata era su amiga, se sentía así porque era la que más había cambiado entre todos en el grupo, de seguro cuando se acostumbrara a verla con ese hermoso y sedoso cabello largo volvería a pensar en ella como antes.Sí, eso era… tenía que verla. Si la veía ya no pasaría todo el día pensando en sus labios, ni en sus largas pestañas, ni en su piel blanca y suave ni en aquel perfume con olor a vainilla y azahares… – No hay mejor ramen en el mundo que este… - Susurró con lágrimas en los ojos mientras sonría. – Ya lo he decidido. Soy un genio…
– ¿De qué estás hablando ahora Naruto? – Preguntó Ayame con curiosidad.
- ¿Puedes darme dos porciones de Ramen para llevar?
Gracias por leer.
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