Un capítulo más, esta vez introduzco a Corea del Norte (Im hyung soo)
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Para cuando la peleaba acabó la sala principal de la posada estaba desecha, la mitad de los clientes se habían marchado, incluyendo a los mercaderes del desierto. A Excepción de Arthur, quien tenía un ojo morado, el resto se encontraba en perfectas condiciones.
Habían vuelto a la estancia que tenían reservada, el mapa que antes habían observado aun se encontraba en la mesa, Constantin miraba por la ventana y de cuando en cuando echaba miradas Arthur sentado en una cama mientras Patrick atendía su ojo.
Lord Iván estaba junto a la doncella misteriosa que en aquel momento estaba sentada en un pequeño banco, Alfred caminaba de un lado a otro de la sala.
-Eso no ha estado bien...
-¿No me digas? Por su culpa he tenido que soltar una buena suma a la posadera para que dejara de armas escándalo-se quejó de inmediato Lord Iván.
-¡Lo hemos hecho por una buena causa!-respondió Alfred muy orgulloso de sus actos, luego su atención recayó en la mujer a la cual con paso lento se acercó- mi señora, no debe temer ya, aquellos que se han atrevido ha faltarle al respeto han tenido su merecido- Arthur quien conocía a Alfred desde niño le sorprendió verlo hablar con tanta elegancia-estoy a sus pies, si ha de necesitar que le escolte hasta su hogar lo haré de inmediato.
-No tiene que hacer más por mi, caballero- dijo ella con una voz, aunque melodiosa parecía ligeramente grave para una doncella- ya me ha salvado la vida y no es necesario hacer más.
Ella descubrió con una elegante lentitud su rostro, dejando ver un cabello largo tan negro como la madera del ébano que caía como en cascadas de seda sobre sus hombros, su piel clara como el marmol en donde las facciones de su rostro habían sido esculpidas con tal detalle que no podían encontrarse fallos en su belleza.
Sus orejas puntiagudas podían advertir su origen, Arthur, Patrick y Constantin creyendo estar frente a la princesa desaparecida.
Por su parte, Alfred estaba poseído por aquella belleza de tal manera que hasta había olvidado la búsqueda a la que se había arrojado; en ese momento sólo existía esa criatura, había visto a las doncellas elfas que acompañaban a la princesa desaparecida, pero ninguna podía revalizar con ella. De inmediato Alfred se arrodilló frente a la mujer y tomó su delicada mano blanca como el objeto más preciado que pudiera haber tocado para luego besar esa piel.
El flechazo que había sufrido Alfred era evidente para cualquiera en la habitación
-Hermosa doncella, yo...yo quiero poner mi espada a su servicio el resto de mi vida, permitame ser su caballero y protegerle, se lo ruego bella señora-Alfred hablaba atropelladamente mientras la mujer frente a él parecía soprendida.
-No deberías hacer promesas sin conocer a la gente- advirtió Lord Iván.
-El corazón de un caballero no se equivoca, la doncella frente a mi es aquella a la que protegeré toda la vida.
-¿Ah sí?- Lord Iván se inclinó hacia la mujer y sin pedirle permiso metió la mano en su túnica, directamente hacia los senos, de inmediato Alfred enfureció y le apartó con violencia, cuando lo hizo, Lord Iván tenía una naranja en la mano- ¿Enserio Hyung-Soo, una naranja?
-Pensé en un par de toronjas, pero habría sido demasiado "exagerado"- la doncella habló con su verdadero tono de voz que la delataba como un "él"- no faltaría quien intentara tocarlas y adiós engaño -ahí donde la inocente sonrisa agradecida estaba, había una llena de pura malicia.
-Pero qué...-Alfred no alcanzaba a comprender lo que el resto sí.
La doncella, o más bien, Hyung-Soo, sacó la otra naranja de su pecho que simulaba sus falsos senos para empezar a pelarla con aquella mano que Alfred había besado.
-Les presento a Hyung-Soo Im, un viejo amigo que mandé a llamar para que nos ayude en esto- Lord Iván hizo las presentaciones pertinentes, pero a Hyung-Soo no le pareció adecuado.
-Corrección, mejor amigo, pese a la cruel traición que me hiciste pasar, Iván.
El aludido rodó los ojos.
-No puedo creer que sigas molesto por ello, ¿Podrías olvidarlo y decirme cómo me encontraste, de acuerdo?
-¡El poder del amor, amigo mío! Mi amor por ti me guió hasta tu enorme trasero en problemas, el cual por cierto es visible desde el desierto o la tierra de los elfos.
Patrick soltó una no muy discreta risa al escucharle antes de codear a su hermano.
-Arthur, mira, Lord Iván tiene los mismo gustos que tú...¡Oye!-con semejantes palabras Arthur alcanzó a darle un buen manotazo.
Mientras la conversación continuaba, Alfred estaba en completo shock debido al descubrimiento que habían puesto frente a él. Como queriendo comprobar que toda la escena había estado equivocada, se acercó nuevamente a Hyung-Soo y bruscamente abrió la túnica y ahí donde esperaba encontrar un fino vestido de seda digno de una dama de la corte, sólamente estaba la ropa de viaje de un hombre: camisa café y chaleco de cuero, unos pantalones desgastados y botas gruesas, atravesando su pecho llevaba una serie de cuchillos listos para usarse en cualquier momento y en su cintura estaban atadas cuatro bolsas de monedas de oro pertenecientes a los comerciantes que hace poco había engañado.
-¡Pero sino eres mas que un vulgar ladrón!-chilló Alfred enfurecido-¡Robaste a esos hombres y nos engañaste a todos!
Hyung-Soo se levantó se golpe antes de que el caballero fuera a pescarlo y se colocó a espaldas de Lord Iván.
-¡Me habían hablado de la poca inteligencia de los caballeros, pero hasta ahora no había tenido el honor de percatarme cuan tontos eran!
Alfred rechinó los dientes, desenfundó su espada amenazante.
-¡Te atraparé cara de duende y te haré pagar tus engaños!
-Pero para eso tendrás que atraparme primero, hojalata.
En ese momento, ambos empezaron a correr alrededor de la habitación, Hyung-Soo aprovechaba todos los objetos para usarlos de óbstaculos y Alfred se deshacía de ellos como si nada.
-¿Es así como pones tu "espada" a mi servición?- el elfo se burló antes de usar a Arthur como escudo.
-¡Lo que nos faltaba, otro ladrón!-exclamó Patrick haciendose a un lado para no se usado como esculo humano.
-¿Él puede ayudarr en este?- cuestionó Constantin antes de quitar a Arthur del camino de esos dos, ese susurró gracias y luego se alejó considerablemente del hechicero.
-¿Ves estas de aquí?- Hyung-Soo señaló sus orejas puntiagudas- no son una deformidad, soy un elfo, obviamente se cosas de elfos- en aquel momento su escudo era Lord Iván, quien tenía una cara de muy pocos amigos- Buscan a una princesa, la hija de Yao.
-¡A un lado, Lord Iván, le daré su merecido a este bribón!
-¿Alguien puede hacer algo para calmarlos?
-Constantin...-Arthur miró directamente al hechicero, por lo que había visto en el piso de abajo, estaba seguro que el hechicero era capaz de hacer algo, este suspiró y murmuró un hechizo que de inmediato hizo que Alfred cayera de sentó en el piso, Hyung-Soo estaba por burlarse, pero Lord Iván usó su fuerza y lo sentó nuevamente.
-Vas a quedarte quieto y ser de ayuda, ¿De acuerdo?-amenazó y Hyung-Soo que no quería presionar la paciencia de su amigo aceptó de mala gana.
-¡Cómo si tuviera opción!
-¿De que puede servirnos la información de un vulgar ladrón? Seguro serán solamente mentiras.
-Alfred, ¡Quieres calmarte también o le diré a Constantin que te cierre la boca con algún hechizo!-Arthur no sabía si podía pedirle tal cosa al extraño hechicero, pero Alfred no tenía porqué saberlo.
Cuando los ánimos se calmaron a la fuerza, Hyung-Soo pudo continuar hablando de lo que sabía.
-Quizá ustedes no sepan la historia, pero cuando los aliados del joven, creánme alguna vez fue joven, señor Yao Wang se pusieron en su contra durante la guerra, no tuvo más opción que humillarse frente al recién glorificado rey de los hombres, por supuesto Yao no tenía nada que ofrecerle al humano, por lo cual vendió a su hija. Admito que el rey humano fue muy listo, cuando la sangre humana y elfa se unieran, su descendencia sería más longeva y fuerte, eso sería una gran ventaja en el momento en que alguien intentara usurpar el trono...
-Pues a mi no me pareces muy fuerte, cara de duende- interrumpió Alfred.
-Los elfos somos ágiles, rápidos y tenemos una excelente visión, estamos muy por encima de los humanos- respondió Hyung-Soo con orgullo.
-Si todo eso fuera cierto, no necesitarías disfrazarte de mujer para obtener recursos
-¿Podrías continuar Hyung-Soo?
-Sólo por que tú me lo pides, Iván- ya se podía ver que la relación entre Alfred y Hyung-Soo iba a ser completamente desastrosa, muy a diferencia de como se llevaban el elfo con Lord Iván- como iba diciendo, la familia real iba a ganar mucho y cuando dejaran de necesitar a la princesa fácilmente podrían devolverla a su hogar argumentando que su felicidad estaría con los suyos...en lo que a mi respecta, quien se llevó a la princesa le ha hecho un gran favor- terminó de decir Hyung-Soo mientra pelaba la otra naranja y arrojaba las cáscaras hacia Alfred.
-¿Pero acaso el señor de los elfos no tiene enemigos?-preguntó Iván.
-Tantos como su rey, supongo, yo podría incluirme en la lista de enemigos del viejo Yao...no me mires así, hojalata, yo no secuestro princesas feas. De momento no se nada más, pero si viajamos a la ciudad del lago Daven, encontraremos más inofrmación, yo mismo me encargaré de buscarla.
-¿Cómo podremos confiar en ti?- la pregunta de Arthur era la que todos tenían en la cabeza, a excepción de Lord Iván, sin embargo, tampoco confiaban demasiado en este.
-No pueden, pero como es claro que ni siquiera confían entre ustedes, ¿Hay alguna diferencia?
