Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
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Kuroko vive tranquilo, sumido en una rutina para superar el dolor desgarrador que vive en su alma y que le ha funcionado todo el tiempo.
Kagami es un desastre de persona, indisciplinado, desordenado y sin preocupaciones, que afronta la vida como si cada día fuera el último.
Enamorarse no entraba en sus planes, pero ambos, deberán luchar contra sus sentimientos, contra sus propios prejuicios, y contra una pasión desbordante de la que ninguno de los dos era consciente.
Kagami x Kuroko... Kise x Kasamatsu... Murasakibara x Himuro... Teppei x Hyuga. ? x Kuroko.
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Silent Scream.
Capítulo Diez: En pijama.
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Agachado aún en la entrada, Kuroko soltó la correa de Nigou.
La casa seguía a oscuras tal y como la había dejado al salir. Akashi no se había movido de la cama, y apenas si había salido de ahí las veces que le había obligado, o que a malas, Nigou se había impuesto a los deseos del pelirrojo.
Entró en la habitación, y se sentó a su lado, usando la luz del pasillo para mirarle dormir.
La pena que lo rodeaba se reflejaba en su rostro durmiente. Estaba un poco mas delgado, y silencioso. Pero sabía muy bien que ningún dolor dura para siempre. Ahora la herida estaba fresca y reciente, pero poco a poco Akashi empezaba a mostrar pequeños signos de recuperación.
– Sei... despierta. – Le zarandeó, despacio. – Tienes que levantarte, y ponerte guapo.
– No quiero. – Infantil y caprichoso, tiró de las sábanas para taparse.
– El concurso es en una hora. – Murmuró en su oído bajito.
Al no obtener respuesta alguna, se levantó y abrió la persiana dejando la luz del exterior entrar de sopetón en el cuarto. Abrió la ventana, inundando todo con el frescor de la mañana.
Akashi se apretujó mas contra el colchón, encogiéndose hasta parecer una pelota gigante bajo las sábanas.
– No voy a ir. – Sentenció, sacando la boca por un pequeño espacio entre sus dedos.
– No seas niño. – Tiró de la tela, solo para luchar contra la resistencia del pelirrojo, empeñado en seguir bajo ella. – Es lo que querías, verle triunfar, ¿No?... Al menos debes ir al concurso, para que sepa que estás con él, aunque ya no …
– No voy a ir, deja de insistir. – Sonó molesto, una pizca de enfado tenía sus palabras. – No ha llamado, ni una vez, ni ha hecho por buscarme...
– Eso no lo sabes. – Kuroko le reprendió, como a un niño. Ya que se estaba comportando como uno, lo trataría como tal. – Y tu tampoco has hecho nada, solo te has ido sin mas.
– Le he dado un montón de oportunidades y él...
– Eso solo funciona si la otra persona sabe que está pasando, pero si no se lo dices y lo decides todo por tu cuenta... – Se miraron un instante, intentando convencer al otro de su punto de vista. – Creo que deberías ir, simplemente para ver que todo lo que has sacrificado por él sirve para algo... y luego terminar con todo, y empezar un nuevo camino libre de cargas, ¿no crees?.
– No. No quiero volver a verlo, no tan pronto... Si le veo ahora, volveré a su lado, sin importarme el daño que pueda hacerme... y ya no quiero seguir así. – Sacó el anillo en su dedo corazón, y lo puso en la palma de Kuroko.
– ¿Quieres que le diga algo?. – La bondad en su mirada hizo a Akashi aguantar el nudo que se formaba en su garganta. Le vio negar y volver a acostarse. – Al menos no te quedes en la cama, por favor.
– Iré al mercado... compraré la comida. – Susurró, dándole la espalda.
Kuroko le acarició el pelo, el poquito que asomaba por encima con la punta de los dedos.
– Tengo que irme, quiero ver a mis chicos antes de ir al concurso...Si cambias de idea.. – No terminó la frase, por que sabía que no cambiaría de idea. Akashi era de esas personas que una vez toma una decisión, la lleva a cabo hasta el final.
Escuchó sin moverse de la cama como se despedía del perro, no sin antes dejarle agua y pienso, y esperó que saliera y se dejara de escuchar sus pasos para acomodarse mejor en la cama con la intención de seguir durmiendo un poco mas; dormido no pensaba en nada, y de ese modo, nada le hacía daño.
Nigou empezó a ladrar, al rato.
Supuso que el perro se cansaría al ver que no le contestaba nadie, pero no fue así. Finalmente se levantó, harto del escándalo.
Le encontró sentado en la entrada, mirando la puerta con la postura tensa, a la espera.
Iba a regañarle pero el timbre sonando avivó el ladrido del animal hasta que llegó a su lado y le acarició entre las orejas.
– ¿Quién es?. – Apartó la placa para mirar por la mirilla y frunció el ceño confuso, al ver un policía uniformado al otro lado.
– Necesito hablar contigo. – Se quitó la gorra aunque no hizo falta. El pelirrojo le reconoció al instante. – Es sobre el caso de Kuroko...
– Creí que estaba cerrado. – Abrió la puerta y se apartó para dejarle entrar. – Pasa, siéntate.
Aomine caminó despacio por la estancia. Se le hizo raro una casa tan vacía, por lo que buscó las cajas de cartón típicas de una mudanza. No había, por ninguna parte.
– Está cerrado, pero hay algunas cosas que no me cuadran y me gustaría repasar contigo.
Akashi le miró, intrigado.
Daiki había cambiado en esos dos años. Estaba mas serio... profesional..
– Creí que te habían trasladado para la instrucción. – Señaló el sofá con la mano, y esperó a que se sentara para hacerlo él también. – Por lo que veo, has vuelto... ¿Elegiste esta comisaría para atar cabos sueltos?. – Señaló su placa, en el pecho, donde se indicaba la comisaría a la que pertenecía.
– Y lo hicieron, pero tuve suerte en la elección de destino. – Le pasó los informes. –Normalmente no se hace esto, pero al ser un caso cerrado, puedo tomarme ciertos atajos.
– ¿Qué es lo que quieres saber?. Te informo de que desde entonces no ejerzo como abogado. – Vio sorpresa en sus ojos, y algo mas que no supo descifrar. –El caso se desestimó en última instancia, por que el acusado no acudió al juzgado. – Pasó las hojas hasta dar con el informe médico del ingreso de Kuroko. – Al encontrar veneno en él, quedó libre de sospechas... y la acusación por homicidio era insostenible. No tenía razón de ser y se cerró el expediente en el juzgado.
– Eso ya lo sé, lo leí... lo que no comprendo, es porqué no se siguió investigando. Está claro que los dos fueron envenenados, el forense así lo certifica, y el bebé, bueno...
– La familia no quiso continuar... – Susurró, tomando el informe con el certificado de defunción del recién nacido. – Solo querían el dinero y las posesiones... una vez que lo consiguieron, Kuroko no les importaba, y saber la verdad tampoco... ya estaban muertos, y esperaban que Kuroko muriera también al dejarle sin nada... y sinceramente, aún me pregunto como lo consiguió.
– ¿A qué te refieres?. – No comprendía muy bien la dimensión de sus palabra.
– Anulé su matrimonio, lo que dejó su derecho a la mitad, fuera. La familia del marido se hizo con todo y simplemente lo desecharon. Kuroko no tiene familia aquí, y los pocos amigos con los que podía contar, siguieron con sus vidas después del funeral de su esposo... así que... estaba en la calle, sin nada, ni documentación, ni dinero, ni teléfono, sin puertas a las que llamar y sin familiares a los que acudir... No lo entiendes... era su amigo, yo, y le arrebaté todo, todo lo que el destino no pudo quitarle lo hice yo... y aún así...
– Es capaz de sonreír... – Akashi le miró, confuso. – El otro día... bueno, digamos que mi compañero de piso y él …
– ¿El bombero?. – Se giró en el sitio, para encararle. – ¿Vives con él?.
– Y precisamente por eso, por que Kagami es un gran amigo... y he visto como le mira... – Asintió, entendiendo las palabras que no hacía falta ser dichas. – No creo que mi capitán me permita reabrir el caso, pero me gustaría llegar al final de todo esto.
– Mis archivos están en un almacén. Lo alquilé para guardar los muebles y cosas del despacho. Si quieres, podemos ir por ellos, algo habrá que no esté en lo que tu tienes.
– Estupendo. – Divertido le miró tomar las llaves y abrir la puerta de la calle, dispuesto a salir. Se enfadó un poco cuando el policía simplemente, sonreía mirándole, aún sentado en el sofá.
– ¿Vienes o que?. – Señaló la calle.
– No es que me importe, pero creo que deberías vestirte antes...
Akashi miró hacia abajo, a su pijama, y sus pies descalzos... y entró a la carrera, rojo como un tomate.
Desde el cuarto escuchaba las carcajadas del policía... y le sonaron a música celestial.
…...
Eligió crisantemos, blancos, cuatro, que llevaba en sus brazos como una novia.
La gente con la que se cruzaba le miraba pensando que eran para su pareja, de lo feliz que parecía con ellas encima.
Saludó como cada día al anciano y caminó, con un poco mas de prisa hasta sus dos amores.
Llenó el cubo con agua fresca y limpia y dejó las flores con delicadeza en el suelo, casi con cariño.
Limpió el mármol, con movimientos rápidos, en silencio. Normalmente a esas alturas, ya llevaría unos minutos hablando, y sin embargo, parecía metido en su propio mundo mientras limpiaba, contento, concentrado pero con una sonrisa en sus labios.
El anciano le contempló, con dulzura.
Llevaba dos años viéndole cada día, ir a su familia, dos o tres veces al día, sin faltar uno solo. Podía hacer frío, nevar, incluso helar y ahí estaba él, limpiando una lápida que no se manchaba, o por el contrario, un calor abrasador y no faltar a su cita.
Alguna vez se había acercado para escucharle, y se había sorprendido por la naturalidad con la que hablaba con ellos; como si no pasara nada, y simplemente les diera el parte de su día. Sus miedos, sus temores, sus pequeñas alegrías, quedaban ahí, en la piedra susurrados.
El anciano comprendió que ese muchacho no tenía a nadie a quien contarle esas pequeñas cosas rutinarias.
Y eso era tan triste.
– Me divertí, mucho. – Se sentó a un lado, como siempre hacía, colocando las flores una tras otra, formando un pequeño bouquet en el centro. – Nigou parece feliz conmigo... creí que no se acordaría de mí, y bueno, me alegra que no sea así. – Suspiró, mirando su nombre. – ¿Sabes?... creo que tengo que volver a lavar su ropa, otra vez... El perro le manchó por todas partes... pero empiezo a sospechar que es una treta solo para volver a verme... – Ladeó la cabeza, despacio. – Estoy confundido... por un lado me gusta mucho estar con él, es agradable, por otro siento que es demasiado pronto... Tengo miedo... por que te amo, no he dejado de hacerlo ni un solo día.
Kuroko no notó que esa última confesión de amor no había sonado tan convincente como lo hacía siempre. Miró la hora, y recogió todo antes de marcharse.
– Tengo que irme. Atsushi participa en un concurso, y quiero ir a verle... tengo que darle el anillo de Akashi y decirle que lo suyo ha terminado... es muy triste, me apena por ellos, por su relación, pero Akashi ya no puede seguir así... créeme, lo he visto, y no podrá soportarlo mas si sigue sufriendo de ese modo...- Suspiró, triste por su amigo. – Cuida de nuestro hijo, te lo suplico... os amo, no lo olvides.
…...
Miraba su espalda, en las penumbras del cuarto, en silencio.
Sus cabellos dorados, sobre la almohada, en el mismo lugar en que la noche anterior reposaban los de Hyuuga. Había cambiado las sábanas, para eliminar cualquier rastro, aunque no por ser descubierto, si no por la vergüenza que le causaba a si mismo saber que era incapaz de contenerse, de controlar esos sentimientos tan viscerales que el empujaban una y otra vez a mendigar el amor del moreno.
Tenía que parar, dejarle atrás, dar todo por terminado, romper. Pero era del todo imposible si tenía que verle cada día en el trabajo... Y luego estaba Kise.
Tan hermoso, tan perfecto... siempre con una sonrisa, considerado, atento... demasiado perfecto para ser humano.
Se giró, quedando sobre un hombro de costado, y Teppei pudo contemplar su rostro dormido con mas claridad que nunca. Apartó el flequillo con la punta de los dedos, y siguió una caricia infinita por el borde de su cara, hasta los labios.
El dulce Kise, había llegado a su vida cuando mas le necesitaba, cuando mas hundido y perdido se encontraba y simplemente había pasado.
Sin saber muy bien por qué, habían acabado ambos en los brazos contrarios, y punto. No había una historia retorcida de un amor forjado en el tiempo, lleno de miradas tímidas y sonrojos a destiempo.
Lo suyo era visceral, corporal, casi nacido desde lo mas profundo de sus deseos. ¿Le amaba? Por supuesto que si... pero era un amor muy distinto, nada que ver con lo que sentía cuando Hyuuga estaba cerca. Teppei sentía que el moreno le pertenecía, y lo mismo al contrario.
A Kise lo amaba, por lo que podía aportar cuando estaba con él... pero lo cierto es que no se había planteado una relación seria, alargada en el tiempo...
El "... y comieron perdices" lo veía mas con su jefe que con la persona a su lado en ese momento.
– Aún es pronto, podemos echar otro antes de que tenga que irme. – Unos ojos dorados clavados en él, aún adormecido...Sus manos se pierden bajo las sábanas, arrancando un gemido al mas alto por su osadía.
Ahí tiene su respuesta. Kise es la evasión a todos sus problemas, miedos e inseguridades.
Kise es fuego, pasión, dulzura...conseguía dejar su mente vacía de todo lo que estuviera mas allá de sus cuerpos... y eso también era una forma de amor, retorcida y egoísta, pero amor al fin y al cabo.
…...
Seguía ahí, aunque todo el mundo ya se había marchado.
En su palma el anillo, ardía como lava.
La chaqueta blanca seguía limpia, el gorro a un lado. El aroma dulzón de los postres que habían hecho ahí seguía en el aire, ocupando cada molécula de aire de un modo cruel.
Atsushi había ganado, pero a un precio, que no esperaba para nada, tan elevado.
Kuroko le contó que estaba con él, y que no pensaba volver.
No le dolió, ni su ausencia, ni su abandono que no había notado, nada.
Le dolió no haberse dado cuenta de ello. ¿En que momento Akashi había salido de su vida?, ¿De que manera?.
No lo sabía, no había notado nada.
Miró el anillo, comprendiendo lo que significaba que él lo tuviera, que el pelirrojo se deshiciera de él. Era el final, el adiós definitivo.
Akashi le había dado un millón de oportunidades, que no había visto... o para ser sinceros no había querido ver.
En su afán por cultivar su carrera, había post-puesto las disculpas a Akashi para cuando la vida le otorgara un poco de paz. Pensaba recompensarle, de algún modo, por todas esas noches a solas, por sus silencios, por no estar ahí, aún cuando estaba en la misma habitación.
Cuando fuera un pastelero con cierta reputación, le compensaría. Sería el momento para las cenas, las salidas, los viajes... bailar con él...
Era muy frustrante sentir que lo había perdido todo, por que no había visto lo que ya era suyo.
– Soy estúpido. – Murmuró, cerrado la mano.
Una cosa pegajosa y blandita le dio en plena cara, resbaló lentamente por su mejilla y rebotó un par de veces por su blanco atuendo antes de llegar al suelo.
Una fresa, y una porción de nata, le habían tirado a la cara.
– Yo si que soy estúpido, mala elección de tarta y mala elección de adversario. – Himuro escondió la mano manchada de nata en la espalda, aunque estaba mas que claro que había sido él el del proyectil. – La próxima vez miraré la lista de participantes.
– A tu tarta no le pasa nada, está deliciosa. – Murasakibara se guardó el anillo en el bolsillo del pantalón, disimulando. – Es que eres feo.
– ¿Y por eso he perdido?. – Lanzó otro trozo de su propia tarta, o de lo que quedaba de ella tras la degustación del concurso.
– ¿Vamos a celebrar que he ganado?. – Hundió los dedos en el pegote de chocolate en su pechera y los lamió, complacido. – Esta perfecta... pero el shuflé es mas vistoso, mas ligero como postre...Además de cocinar bien, debes conocer a quien le ofreces tu comida. No a todo el mundo le gustan las mismas cosas... las personas, ahí está el secreto.
Tatsuya le miraba, sin pestañear. Momento que aprovechó el pelilila para tirarle una manaza entera de tarta de naranja y nueces de otro participante, y darle en el cuello.
Estrechó la mirada, desafiante.
Tenían munición para aburrir, y estaban solos.
– ¿Siempre que ganas te pones así de graciosillo, o solo es hoy?. – Una nueva remesa de dulce voló hasta darle en un brazo.
– Solo pago contigo mis problemas. Mi novio me ha dejado... lo merecía, si, pero no por eso lo esperaba. – Lanzó otra vez, aunque esta vez falló, dando a la puerta tras Himuro.
– Eso no parece una mala noticia. – Su sonrisa, le hizo escuchar mas atentamente. – Míralo por el lado bueno, estás soltero, tienes el galardón, publicidad y un montón de nuevos clientes deseando comerte... tus pasteles también.
– Pues yo solo veo que estoy solo y que encima tendré un montón de trabajo extra. – Hizo un puchero.
– Lo que yo he dicho, todo son buenas noticias. – Había caminado hasta su lado, y levantó lo que quedaba de tarta, para estamparla en su cara, y romper a reír.
– Está buena, deliciosa. – Se la devolvió, con otra mas grande que tenía escondida a su espalda. – Como yo he dicho antes que tu.
– Si es lo que quieres... que empiece la guerra. – Se parapetó tras un mostrador, tomando sobre el pecho todo lo que pudo abarcar de lo que había sobrado.
– Tu mismo... parece que te gusta perder, por que voy a machacarte. – Murasakibara se ocultó tras el mismo mostrador, por el otro lado.
La lucha se prometía salvaje.
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Fin de otro cap.
Gracias por el apoyo, os lovio preciosuras.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
