Capítulo 9: Magos

POV Renesmee

—Somos una familia de magos —dijo el señor Malfoy. Yo giré al instante que escuché sus palabras, para mirarlo a la cara, y esperar que riera, pero lo único que descubrí en el rostro del señor Malfoy, fue seriedad y rigor—. Somos una familia de magos —repitió—, hechiceros, brujos o como quieras llamarnos. La magia corre por nuestras venas desde hace miles de generaciones —concluyó.

—¿Qué? —susurré.

Eso no puede ser cierto, pensé.

Miré a Draco y a su madre, esperando una negación de su parte, pero sus expresiones impresionadas me hicieron dudar.

—Sí, somos magos —confirmó Draco—. Y vivimos en el mundo mágico, en este momento tú te encuentras en mi mundo, Renesmee.

—Magos, mundo mágico —repetí como una autómata.

¿Acaso la magia existe en verdad? No, eso no puede ser verdad. Pero que estoy pensando, yo existo, mi familia existe, los metamorfos existen, no me sorprendería que los duendes, las hadas, las sirenas, los centauros, los gigantes y hasta los ogros existieran.

Claro, si tú y los tuyos existen, porque no podrían existir los magos, dijo nuevamente mi subconsciente. Tú eres una leyenda viviente, Renesmee, perteneces a un mundo mítico, continuó.

—Padre, madre, iré a mi habitación a hablar a solas con Renesmee —dijo Draco, pude ver que sus padres asentían, aunque la señora Malfoy todavía parecía sorprendida de que su esposo haya confesado el secreto familiar.

Draco me ofreció su mano para que la tomara, yo me le quede mirando por unos segundos, y lentamente la tomé, pero antes nuevamente puse mi mente en blanco. Caminamos lentamente hacia su habitación, yo no miraba a Draco, solo me dejaba arrastrar por él, pero si sentía que él de vez en cuando me dirigía miradas.

Entramos a su habitación, y él me indico que me sentara en su cama, así lo hice; pero Draco se quedó de pie mirándome, como si estuviera pensando que palabras seria las correctas para empezar esta conversación.

—Nessie —dijo—, no sé por dónde empezar —se pasó una mano por sus rubios cabellos—. Seguramente estás confundida.

—Muy confundida —afirmé.

Suspiró.

—Bien, como ya sabes somos magos —hizo una pausa para mirarme—, por nuestras venas corre magia, somos unos magos sangre pura —volvió a suspirar. Mientras yo no me sabana de la cabeza: «¿Magos sangre pura? ¿La magia corría por sus venas?». Es por eso que su sangre tiene un olor diferente, especial, atrayente.

Permanecí callada unos minutos digiriendo todo lo que me había enterado.

—¿No dirás nada? —me preguntó.

—¿Qué quieres que te diga?

—No lo sé, cualquier cosa, pero no te quedes callada —Draco estaba tenso, y tenía una mirada dura, nunca lo había visto así—. ¿Te molesta lo que soy? ¿Me tienes miedo? —cuestionó.

¿Molestarme? ¿Tenerle miedo? Quise reír ante sus preguntas, una semi-vampira como yo, temerle miedo a un humano. Eso hubiera sido demasiado irónico.

—¿Molestarme? ¿Tenerte miedo? ¿Por qué? Cada quien es como es, y yo no soy nadie para juzgarte por algo que estoy segura tú no escogiste —le contesté lentamente, y eso pareció relajarlo un poco—. Puedo preguntarte algo —dije, y él asintió—, ¿el Obliviate es un hechizo?

—Sí —contestó.

—¿Y por qué me hechizaste? —pregunte con curiosidad.

Draco relajo su mirada.

—El Obliviate sirve para borrar la memoria. Y yo quería que no recordaras lo último que presenciaste —así que por eso sentí que mis recuerdos se iban de mi cabeza, me sentí muy rara, como vacía y al final no pude más y me desmayé.

—Vaya —susurré.

—Algo me tiene confundido —su voz profunda me saco de mis pensamientos—. ¿Qué eres tú, y porque mi magia no funciona contigo? Con todos funciona, menos contigo. Así que ahora dime tú, ¿qué eres, Renesmee Cullen? —preguntó.

—Yo… no sé porque tu magia no funciona conmigo… tal vez solo se debe a que soy un bicho raro —mentí, pero en verdad no sabía porque su magia no funcionaba conmigo, aunque tal vez se debía a que yo no soy completamente humana, soy un vampiro, bueno, mitad vampiro—. Solo sé que tu magia al comienzo si funciono —Draco me miró expectante—, todos mis recuerdos se desvanecieron y mi cabeza no lo pudo soportar y perdí el cono conocimiento, pero cuando desperté aun no recordaba nada, me sentí confundida, y luego de un momento a otro, todos mis recuerdos vinieron como una avalancha.

—Ya lo vez, mi magia no funciona contigo, ¿por qué?

—Ya te dije… que no sé… porque paso eso —respondí haciendo pausas.

—¿No lo sabes en verdad? —me cuestionó.

Negué con la cabeza, porque temía que si decía la verdad, Draco me despreciaría por mi naturaleza. Vaya, grandiosa vampira que era, en estos momentos el león cobardica del mago de oz sería más valiente que yo.

Draco puso una silla frente a mí y se sentó, para luego mirarme a los ojos, de una manera que hacía que mis nervios se alteraran.

¿Será posible que descubra que no soy completamente humana?, pensé.

—Tal vez se deba a que eres especial — comentó, sin dejar de mirarme. Decir que no me sonrojé seria mentir, ya que nuevamente Draco podría confundirme con un tomate. Otra vez mi parte humana salió a la luz. Escuché que Draco rió entre dientes—, no eres una muggle común —susurró.

Muggle. Nuevamente me llaman de esa manera.

—¿Muggle? ¿Qué significa «Muggle»? No es la primera vez que escucho esa palabra.

—¿Cómo que no es la primera vez que escuchas esa palabra? ¿Acaso ya te habían llamado así antes? —preguntó.

—Bueno, cuando estaba desmayada, escuchaba murmullos, escuchaba que tú y tus padres hablaban, y tu madre me llamo muggle dos veces —confesé.

Ahora Draco me miró expectante.

—¿Me escuchaste? —preguntó—, nadie puede escuchar cuando esta inconsciente.

—Pues yo si pude.

—¿Qué fue lo que escuchaste?

—En realidad no mucho, pero lo que más llamó mi atención fue esa palabra: Muggle —lo escuché suspirar con alivio, parecía temer que hubiera escuchado algo que no debería haber escuchado. ¿Pero que podría escuchar? Sí ya se su secreto. Cambie de tema porque parecía que se sentía incómodo—. Pero dime, por favor, ¿qué significa muggle?

—Personas sin magia —respondió.

Asentí lentamente.

—Entonces yo soy una muggle —afirmé.

—No, no lo eres.

—Pero no poseo magia.

—Tú eres especial.

—Soy un bicho raro.

—Yo debería decir eso, mi familia y mis amigos son magos —sonrió.

No más que mi familia, mis amigos, y yo, pensé. Y no solo eso, también somos muy peligrosos con sed.

Sed. Esa palabra me hizo reaccionar. Yo soy peligrosa para Draco y su familia. Ellos eran magos, pero su magia no funcionaba conmigo, y si no funcionaba conmigo, mucho menos con mi familia.

Tenía que regresar a casa, porque qué pasaría si me da sed y no encuentra nada que cazar.

Me levante de la cama y camine hacia la puerta ante la atenta mirada de Draco.

—¿Adónde vas? —preguntó, levantándose de la silla.

—Ya te lo había dicho, me voy a casa —respondí, sin mirarlo, porque por una extraña razón sabía que si lo miraba a los ojos, Draco me convencería para quedarme en su casa, lo cual significaba peligro para él y sus padres.

Camino los pasos que yo había dado hasta la puerta.

—No, tú no te vas a ir de aquí. No te vas a ir —rugió, mientras me tomaba de brazo y lo apretaba con fuerza. Aunque su fuerza no me hacía ningún daño.

Miré mi brazo sujetado por su mano y luego a él.

—¿Y porque no me puedo ir? —lo reté, no me gustó nada el tono de voz que uso al hablarme—. Suéltame —le exigí.

Draco pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo y me soltó.

—Lo siento, Nessie, no quise lastimarte —se disculpó, pasándose una mano por su rubio cabello—. Es solo que, aun estoy un poco nervioso por todo esto. ¿Te hice daño? —me preguntó, yo negué con la cabeza—. ¿Por qué te quieres ir? ¿Le temes a la magia?

El poco enojo que había sentido hace unos minutos por su manera de hablarme se desvaneció en cuanto escuche sus dudas. Sonreí para infundirle confianza.

—La magia me parece genial, Draco —admití—. Es solo que ya debo regresar con mi familia, ya llevo muchos días aquí.

—No uses a tu familia como pretexto para alejarte de mí —graznó.

—No uso a mi familia de pretexto, Draco. Pero es que le dije a papá que me quedaría unos días y ya llevo una semana aquí, creo que ya es hora de regresar.

—Solo quédate unos días más y después yo mismo te llevo a tu casa y hablo con tus padres para que no te regañen —se ofreció.

Creo que eso no sería una buena idea. Ya me imaginaba la cara que pondría Draco al ver a mis padres prácticamente de mi misma edad, y no hablar de cuando conociera a mis tíos y abuelos; ahí sabría que algo raro pasaba con mi familia, sobre todo al ver a mis abuelos que parecía que solo eran unos cuantos años mayor que yo.

Di algo, Renesmee, di algo, ¡ya!, me apremié.

—Eh, no creo que sirva de nada, Draco, igual me regañaran y me castigaran por tiempo indefinido, y si tengo buena suerte, solo estaré castigada unos meses, y ni tu magia podrá hacerlos cambiar de parecer.

—¿Crees que mi magia tampoco funcione con tus padres? —preguntó Draco.

—Bueno, pues de alguien lo debo de haber heredado un escudo ante tu magia, ¿no?

Draco pareció meditarlo un momento, pero a mí me pareció muy irónico, siendo mi madre un escudo.

—Puede que tengas razón —aceptó.

Nuestras miradas se encontraron, y… ¡Oh, cielos! ¿Qué me sucedía? ¿Qué sucedía? ¿Por qué esa mirada que me dedicaba se parecía tanto a la mirada que me dedicaba Jake?

Me estoy volviendo loca.

—Nessie —me llamó.

—¿Sí?

—¿Te encuentras bien? —me preguntó.

Asentí.

—¿Aun quieres irte? —preguntó, con un tono de voz que no pude identificar.

—Yo… —empecé a hablar, pero una voz demasiado familiar me interrumpió. «Debes quedarte, Nessie. Mi Nessie»

Parpadeé evitando que las lágrimas que tenía acumulado en los ojos se derramaran. Esa era la voz de Jake. Mi lobito.

—¿Nessie? —escuchaba la voz de Draco a lo lejos.

«Quédate mi Nessie… aquí encontraras lo que perdiste»

—¿Qué? —le pregunté a la voz de Jake.

—¿Aun quieres irte? —me preguntó Draco, pensando que le hablaba a él.

«Aquí estarás bien, Ness. Quédate»

Haciendo un gran esfuerzo por no soltarme a llorar, respondí:

—No, no me iré —Está bien, voy hacerte caso, mi lobito, pensé.

—¿De verdad?

—Sí. Además, igual seré castigada cuando vuelva a casa, y por unos días más que me quede aquí, no cambiara nada —Draco me sonrió, y yo trate de devolverle la sonrisa.

Y aunque sabía que estaba arriesgando la seguridad de la familia Malfoy si me quedaba, pero la voz de Jake me había convencido, no sabía cómo había podido escuchar la voz de Jake, pero después de muchos meses volvía a escuchar esa voz, así que no le desobedecería.

—Me alegra que hayas aceptado quedarte un poco más, Nessie —dijo Draco, sacándome de mis cavilaciones.

—Y a mí me alegra que seas mi amigo, Draco —camine el paso que nos separaba y lo abracé, él también me abrazo; necesitaba tanto saber porque la voz de Jake me pedía que me quedara con los Malfoy. Tal vez sería porque Draco es bueno conmigo, o porque era tan fácil estar con él, o sería porque fue Draco quien me salvo de esa noche llena de lluvia, oscuridad y tristeza.

Lentamente me fui separando de Draco. Y para que no note nada raro en mí pregunte lo primero que se me vino a la mente.

—Y ese chico que desapareció por la chimenea, ¿es tu amigo?

—Sí, es mi amigo, lo conozco desde el colegio —me respondió.

—Ah…, y ¿por qué se fue por la chimenea? ¿Acaso tiene complejo de Santa Claus? —trate de bromear. Y lo logré porque Draco soltó una carcajada.

—No tiene complejo de Santa Claus, es solo que esa es una de las maneras que tenemos los magos para desplazarnos a otros lugares —contestó.

Esa nueva información me sorprendió. Los magos sí que tienen una manera rara de desplazarse, no me imaginaba a los vampiros haciendo lo mismo. Estoy segura que sería muy peligroso para nosotros.

—Sorprendente —susurré—. Me gusta tu mundo —le dije, tratando de dejar de pensar en Jake.

—Y eso que no has visto nada todavía —comentó de manera enigmática.

—Pero tú me lo enseñaras, ¿verdad? —pregunté, él asintió.

—Sabes, ahora me siento más tranquilo porque ya no te guardo ningún secreto —me confesó. Y eso me hizo sentir mal, porque ahora la única que guardaba secretos era yo. Solo esperaba que el día que Draco se enterara de lo que soy no me desprecié.

Suspiré. Algún día tenía que decirle mi secreto, y no importa que después mis padres se enojen conmigo. Los Malfoy han confiado en mí, así que porque yo no podría confiar en ellos.

—Draco, yo… —él me miró, esperando a que dijera algo más, pero no me salían las palabras, parecía que las tenía atoradas en la garganta—, solo quería decirte que nada cambiara entre nosotros, seguiremos siendo amigos —él me acarició la mejilla y me sonrió; su mano era suave, pero la mejilla que me había acariciado me cosquilleaba, parecía como si una corriente eléctrica solo me hubiera pasado y solo había afectado esa zona.

Mientras que yo me decía constantemente: «Cobarde, cobarde, cobarde».

POV Narcissa

Draco se fue a su habitación con esa niña. Y apenas lo vi desaparecer, me volvía hacia Lucius, dispuesta a encararlo por lo que había hecho. No me lo podía creer, que mi esposo le hubiera dicho nuestro secreto a esa muggle; primero Draco diciendo que nunca dejaría ir a esa niña, y luego Lucius. ¿Qué es lo que les pasa a los hombres de esta casa? ¿Qué es lo que les pasa los hombres Malfoy?

Y lo que más me preocupa es que a esa muggle no el afecto la magia de Draco. ¿Por qué? ¿Qué es lo que está mal? ¿Qué tiene esa muggle en especial que no tenga otra muggle cualquiera? Tal vez sea peligrosa.

—Dilo de una vez, Narcissa.

—¿Por qué lo hiciste, Lucius? ¿Por qué le dijiste la verdad a esa muggle? —le reclamé.

—Lo hice por Draco —contestó.

¿Por Draco? ¿Qué es lo que había hecho por nuestro hijo? Lo único que había hecho era meterle más esa tonta idea a Draco de quedarse con esa.

—Por Draco —repetí, indignada—. ¿Qué tiene que ver Draco, para que tú hayas dicho nuestro secreto? —le recriminé.

—¿Acaso no lo escuchaste? Draco está enamorado de Renesmee, así que yo solo me adelante y le dije la verdad. Además, solo era cuestión de minutos para que el mismo Draco le confesara la verdad con tal de que esa chica se quede aquí. Y con eso me quedo claro que Draco si está enamorado de Renesmee.

No podía creerlo, años atrás Lucius no consentiría que su primogénito tuviera algo que ver con una muggle, antes lo echaba de la casa y le quitaba el apellido, y negaría ante el mundo entero haber tenido un hijo. Pero yo sabía que era lo que pasaba con Lucius; desde que la guerra termino y fuimos absueltos de todos los cargos que se nos imputaba, él ha estado tratando de compensar a Draco todo lo que sufrió desde que se unió a los mortífagos, y acepta todo lo que Draco propone, fue por eso que no dijo que "no" cuando un día Draco llego con la propuesta de asociarnos con una empresa muggle, al comienzo le sorprendió, pero luego lo acepto, así sin poner pretextos. Y aunque aparentemente Lucius actuara igual de altivo, digno y frío con todos, con Draco era diferente.

Pero aun así, yo no quería que mi único hijo terminara casado con una muggle.

—Mi hijo no puede estar enamorado de esa muggle —insistí—, seguro que solo esta encaprichado con ella, tal vez le llame la atención su juventud o le da lástima por como la encontró —definitivamente no podía aceptarlo, mi hijo enamorado de esa niñita muggle.

—No está encaprichado, Narcissa, él nunca ha confesado sus sentimientos por ninguna mujer, ni siquiera por Astoria —tenía que reconocer muy a mi pesar que eso era cierto—, en cambio con esa chica muggle si lo ha hecho sin importar lo que nosotros opinemos —hablaba con tanta tranquilidad, que aún no me acostumbro a su nueva aptitud. Todavía recuerdo que hace más de diez años él hubiera sido capaz de acabar el solo con todo los muggles e impuros, sin esperar las ordenes de Lord Voldemort.

—¿Y no te importa que tu hijo termine casándose con una muggle? —pregunté, tratando de encontrar en el algún signo de asco o molestia, pero seguía igual de tranquilo—. Porque como va Draco, no dudo que termine casado con esa mocosa.

Note que se puso tenso de repente.

—No creas que me agrada tanto la idea —por fin lo dijo—, pero trato de comprender a Draco, él está enamorado —se puso serio, sus grises ojos se oscurecieron un poco y su mandíbula de tenso—. Lo único que me preocupa es que a Renesmee no le afecte la magia.

—¿A qué crees que se deba eso? —pregunté.

—No lo sé —contestó, sin cambiar de ánimo. Yo sabía que a Lucius no le gustaba no saber las respuesta, y esto no solo le preocupaba, le molestaba, tanto o más que a mí—. Pero lo averiguaré —sentenció.

Nos quedamos callados cada uno metido en sus pensamientos. No sé exactamente cuánto tiempo pasamos así, pero unos pasos nos hicieron volver a la realidad. Lucius y yo volteamos a ver quién se acercaba.

Era mi hijo y esa niña. Y como de costumbre, pude ver a Draco que la tomaba de la mano, parecía que necesitaba su contacto tanto como respirar y eso me enervaba.

—Padre, madre —nos dijo—, Nessie se quedara unos días más en casa.

Y esto, era la cereza del pastel, pensé.

Miré a mi hijo, y note que tenía una sonrisa radiante, nunca lo había visto sonreír de esa manera. Pero por volver a verlo sonreír de esa manera, estaba dispuesta a aceptar a esa mocosa en mi casa.