.:Mi familia:.
...Cuando te procupas por desenrrollar "otros nudos" es cuando pudes ignorar lo que ya está solucionado...
Recorrí con la vista, claro desde el parabrisas del taxi, cada calle, cada monumento cada patio, cada casa y de nuevo me sentí como antes. Como la inexperta niñita de diecisiete años que salió de aquí.
Casi podía sentir mi fleco desarreglado cubriéndome y el sudor en mi frente por los nervios, pero no, yo ya no era esa niñita. Ahora, la Bella que iba sentada en este taxi, iba peinada perfectamente, vestida con algo que combinase, y algo temerosa pero con la frente en alto.
Me pregunté si tal vez no solo hubiera cambiado físicamente si no también mentalmente. Tal vez había madurado... Bueno, sin duda ahora veía muy diferente las cosas, cuando medio-escape de este lugar para irme a la universidad, no tenía idea de que sería de mí.
Es decir, con solo diecisiete había logrado pasar a la universidad gracias a varios cursos avanzados, sin mis padre no me imaginaba viva. Con una maleta hacia un lugar totalmente distinto.
Me fui sin palabras de apoyo sin un "lo vas a lograr"... solo con conocimiento medio, una maleta más llena de libros que de dinero, y con la esperanza puesta en una beca; Oh pero que no se olvide: los imperiosos deseos de tener vida propia.
Fueron esos deseos quienes me manejaron por completo, quienes me hicieron cambiar, quienes me llenaron de algo de seguridad, quienes hicieron que conociera a Jasper, quienes me alentaron a trabajar y todo eso es lo que es Isabella Swan ahora.
Era algo que me gustaba creer, algo que no me hacía sentir tan culpable como para haber dejado a toda mi familia, olvidarme de ellos, y no haberlos visto en cuatro años. Si, era algo que aminoraba la culpa: el orgullo.
Rasgué un poco el suelo con mi tacón, tal parecía que andaba impaciente.
-¿No eres de aquí, cierto? -Preguntó el taxista por delante, yo iba en la parte trasera.
Con la vista fija aún en el parabrisas del taxi trataba de hacer memoria sobre la voz que ahora escuchaba. De algún lado era familiar... sí, lo era
-Algo así, vivo en L.A. ahora pero soy de aquí -Le aclaré sin retirar mi vista de Downpoint street, ya estábamos cerca de mi... ex hogar.
-Claro, ya sabía yo que no estaba equivocado ¡Pero guau! -Exclamó impresionado-, que bien te sentó el tiempo Abe -Pronunció mi apodo familiar lentamente.
Entonces fue cuando levanté mi vista hacia el espejo retrovisor, unos ojos marrones me miraron divertido, eran familiares... ¡Claro! Era Mark, el niño carita de la escuela, con él que... con él que me ridiculicé totalmente antes de irme, al que le declare mi supuesto "amor" y fue completamente rechazado.
-Mark -Mi voz se entrecortó y de nuevo me sentí una tonta, su tonta. Eso molesto-.
El río un poco, tal como antes, después de reír pasaba una mano por sus cabellos y suspiraba. Se veía tonto. Recuerdo que antes eso me volvía loca pero ahora, sabía cómo era volverse loca... Edward.
-¿Cómo vas he? -Sacó un tema aliviado-, ¿Qué tal te trata Los Ángeles?
No había cambiado absolutamente nada, por dentro seguía siendo el mismo, pero por fuera algunos kilitos le ganaban; y aunque tuviera algún buen parecido, ya no importaba.
-Bien, supongo, ahora vengo por mi abuela ¿Has escuchado algo de ella? -No oculta mi impaciencia.
-Cariño, apenas hoy me dijo Debi que la señora Swan se encontraba mal pero más no supe -Le retiró importancia.
Cariño, tal como antes me decía... mi estómago tuvo nauseas. Antes era lindo, ahora era repulsivo. Lo segundo que noté fue que menciono a Debi, su novia de bachiller, la tipa a la que juraba amar y bueno, por la que dijo "Lo siento cariño, a ti te quiero pero a ella... la amo".
-¿Sigues con Debi? -Pregunté asombrada, ciertamente eso sería algo lindo.
Puede ver tras el espejo como torció el gesto.
-No exactamente, solo la veo algunos días para ver a mi hijo pero estamos peleados... Ando soltero -Anunció con alegría-. Y esperando el amor en cada esquina -Bromeó.
-Oh -Tal vez las palabras de aliento de Tom eran ciertas, tal vez Tom siempre tuvo razón-, ¿Hijo? -No pude acallar mi curiosidad y no preguntar.
-Así es, mi campeón cumplió ayer cuatro añitos y lo fui a visitar -Me confió tranquilo.
Bueno, esto definitivamente no era la fantasía que me imaginaba a mis diecisiete años con Mark. No era nada parecida, resoplé, pero después de todo a mí no me había ido tan mal... Eso era un buen punto.
-Ya llegamos -Habló alto y puso freno.
-Gracias Mark, tal vez no veamos luego -Me despedí cuando empecé a bajar y ´le me ayudaba con las maletas.
-Cuenta con ello -Formó con su mano una pistola y "disparó" antes de irse.
Reacción de antes = Caer suspirando.
Reacción de ahora = Morderme los labios para no morirme de la risa.
Caminé con mi maleta hasta la puerta de la casa, solo el color había cambiado. Toqué con los dedos nerviosos y algunos movimientos alcancé a escuchar antes de que la puerta se abriera.
-Abe -Citó la voz que me reconocía.
Se detuvo un solo momento para verme de arriba abajo.
-Has cambiado -Notó inexpresiva mientras me evaluaba detenidamente.
-Sí, un poco -Me encogí de hombros y pase más adentro.
A unos pasos de la entrada se encontraban unas escaleras zigzagueada que comunicaban con los dos pisos de arriba. Luego, a la derecha se extendía la sala, al centro un pequeño pasillo para un mini jardín y la cocina ( a veces a mi abuela le gustaba hacer asados en el jardín y por eso lo colocó cerca del fogón de la cocina). Recordé a la abuela.
-Supongo que todos están en el hospital -Adiviné esperando una respuesta por parte de mi prima.
-¿Son Channel? -Preguntó ella muy curiosa mientras señalaba mis lentes que llevaba (muy descuidad) en el bolsillo del pantalón.
¡Vaya! En verdad me sorprendía que Sharon no hubiera cambiado nada, digo debería e haber cambiado, más en esta circunstancia.
-Sí -Contesté seca, esperanzada porque solo fuera algo para distraerse y no...
-Pues deberías cuidarlos más, mira que yo tenía unos igualitos y veraz -Rodó los ojos y agitó su mano preparada para empezar con un discurso-, Bueno en realidad mi novio me los regalo... ¡Ay no! Él era un amor, me llevaba a todas partes... más en su convertible -Posó la mano sobre su cintura para estar más "cómoda" y continuó-, y ese, ese si que era un auto, oh por cierto hablando de autos ¿Tienes uno?... Yo estuve a punto de comprarme uno pero...
Me di media vuelta hacia ella antes de que siguiera. Y ahí estaba, rubia teñida con un cuerpo escultural, pantalones ajustados, playera con escote pero un chelín para el frío, kilos de maquillaje "fino" y muchos, demasiados prejuicios.
-Sharon no estoy para eso -Le corté mirándola fijamente a sus ojos pardos.
-¿Ah con vienes amargado? De seguro acabas de cortar con tu novio, y lo entiendo créeme -Me dio un vistazo de arriba abajo con desdén-, de seguro eras muy caprichosa y descuidada con él, tal como con tus lentes... Que helow... ¡No hay sol! -Río con sorna.
No, Sharon no había cambiado nada. Seguía siendo la misma crítica, egocéntrica, materialista, envidiosa, desdeñosa y mal hablada prima. Entonces... ¡Me sentí en casa! Solté a mi maleta y me semi-aventé a Sharon.
-Eres una "ASDRGNMLPIÑÑESCBNGHJBVXZAQJUKDWSLÑ" -Gritábamos las dos con furia, en realidad nos quejábamos, no entendía nada de lo que ella decía; al principio solo empecé con defenderme, luego solo me quejé de lo mala que era y ahora... Ahora solo gritaba la primera palabra que se me ocurría.
No faltaban las amenazas y las señas grotescas pero nada de golpes. Aún no me sentía tan en casa.
-Pero que bueno es tener a la familia completa de nuevo -Escuchamos los aplausos y la voz que me trajo de nuevo a la prioridad.
Thomas.
-¡Tom! -Grité emocionado, sin esperar subí media escalera y me lancé a sus brazos.
Su cabello marrón lucía despeinado, me imagino que se acaba de despertar. Tenía unas ojeras que opacaban el bonito color de sus ojos avellana. Su piel igual de pálida que la mía hacía que se viera de un aspecto desmejorado.
-Mi Bella -Murmuró mientras me abrazaba.
Me separé rápidamente para mirarlo seria.
-No has dormido -Le regañé con el ceño fruncido.
Rodó los ojos.
-Que no vez que me acabo de despertar...
Lo miré más seria aún y río.
-Hay Bella no llevas ni cinco minutos y de nuevo quieres tomar orden de todo -Siseó Sharon desde abajo.
Me había olvidado de ella pero con más ganas la ignore y miré critica a Tom. Este entendió y río antes de bajarme.
-Solo serán los pocos días que Abue Eli lo necesite, además duermo cinco horas... Desde la cinco que regresó del hospital hasta las diez, no te preocupes -Se defendió.
-Thomas Swan, te vas a matar -Aseveré.
Escuché un bufido por parte de Sharon. Me giré molesta hacia ella.
-Primita querida, ¿Me llevarías al hospital? -Pregunté en un tono amable.
Sharon rodó y rio bajito.
-Vamos, total me que queda cerca -Tomó las llaves de su bolsa trasera y las movió en el aire antes de salir por la puerta-, solo apresúrate -Gritó al son de la alarme de su auto.
-Ya sabes cómo es -Me reconfortó Tom.
-Sí, sí, ya se -repliqué-, pero tú, tú te quedarás aquí -Impuse con voz de madre protectora.
Hizo un puchero gracioso, era chistoso que yo lo mirara amenazante y él ocupara el papel de mártir cuando era él, quien medía casi dos metros.
-Pero...
-Nada, Thomas, por lo menos hasta las tres de la tarde puedes salir de tu cama ¿Está bien? -Asintió con pesar y salía después de darle un cariñoso beso en la mejilla.
Afuera me encontré con Sharon, ella estaba el auto esperándome en lo que retocaba el brillo labial. Subí y me coloqué el cinturón, nunca confíes en alguien que hace llamadas, mientras se pinta e ignora triunfal el semáforo sin manejar.
Guardó su brillo y tomó marcha,. Tras el asiento de copiloto pude reconocer más la ciudad, los parques y calle. En una de mis aceras favoritas (donde encontré a mi primer perrito) Sharon habló.
-¿Y cómo te trata L.A.? -Me preguntó sin curiosidad al igual que antes Mark.
-Bueno, un poco de todo -Me encogí de hombros-, Las ventas de la editorial subirán... supongo que es mi única novedad.
Me miró con escrutinio y de nuevo giró hacia el frente.
-Oh -Pronunció y volvió a callar.
-¿Y qué tal tú? -Sharon no era mi favorita pero estaba entre ellas.
-Bueno, corté con Rockie, él muy idiota me engaño...
-El se lo pierde -Le apoyé.
Me sonrío amable.
-Es bueno tenerte de vuelta, enserio, aunque supongo que no te quedarás mucho -Apostilló mientras trataba de hacer cuentas y torcía el gesto.
-Solo dos semanas -Hice una mueca inconforme, no porque quisiera quedarme más, si no porque me molestaba el hecho de querer regresar ya.
Hablé más abiertamente con ella, le conté o expliqué mis planes y ella me daba sus puntos de vista. Se interesó mucho por mi vida amorosa pero siempre le corté diciéndole que era escasa aunque no pude evitar sonreír al recordar a Edward y ella no se quedo con la duda hasta saber todo (evidentemente oculté lo de la reciente noche, eso me gustaba creer que era un secreto de los dos).
-Creo que le interesas a ese tal Edward... -Comentó pensativa al momento en el que entrabamos al hospital.
Quise contestar algo pero preferí sonreír, no era momento para pensar en Edward. Hablamos con la enfermera y preguntamos por ambos, tanto por Charile como por la abuela.
Sonreí al saber que Charlie se acaba de retirar, mejor. Así podía estar segura que estaba fuera de peligro y que lidiaría después con sus regaños para mí. Referente a la Abuela Eli, supe que se encontraba en tratamiento y que en media hora podría recibir visitas.
Me despedí de Sharon y me senté en la sala de espera de la habitación de mi abuela. El blanco de hospital jamás me gustó, siempre me desesperó, hacía que me sintiera como en un manicomio.
Tomé mi celular e hice una llamada.
-¿Alo? -Me contestó Melody al otro lado de la línea.
-Melody, soy Bella, supongo que ya te dijo Edward...
-Oh sí, sí -Contestó sin importancia.
Esperaba que explotara, que me dijera lo irresponsable que había sido pero no dijo nada y parecía del todo tranquila.
-Entonces regresaré a trabajar en dos semanas -Rectifiqué aún insegura.
-Sí Isabella, tomate el tiempo que quieras, y dile a tu Abuelo Robert que todo estará bien... ¡Mels es su Abuela Elizabeth! -Le corrigió una hermosa voz, Edward estaba con ella...-, Oh sí, como sea, cuídate, bye bye -Y colgó antes de que pudiera decir algo más.
Me sentía muy mal, algo menospreciada. Era una niñería pero por lo menos me hubiera gustado que Melody me hubiera exigido más... Que yo le fuera más útil... ¡Isabella Swan déjate de boberías! -La vocecita era mi única acompañante en este momento.
-¿Señorita Swan? -Escuché la voz ronca, reparé mi vista en un doctor de piel morena, ya con marcas de edad y grandes lentes.
-¿Sí?
-Puede pasar -Anunció antes de irse sin evitar dejar escapar un bostezo, se notaba cansado.
Me paré de mi asiento y sin hacerle caso a mis dudas entre con la Abuela. Entre abrí la puerta y la mire descansando con su respiración algo regular, conectada a algunos aparatos, la luz permanecía apagado y así la deje.
Me cuidé de no tropezar hasta llegar a su lado, eso parecía ser fácil hasta cierto punto. Suspiré al verla tan tranquila, sus cabellos blanco reposaban en trenzas a los lados de la almohada y sus arrugas eran más pronunciadas que hace cuatro años.
A pesar de eso su rostro brindaba serenidad y seguridad, era mi querida abuela. Me sobresalté un poco cuando la saltar y toser, se despertó abruptamente y tomó una de las mantas para tapar su boca mientras tosía desesperada.
Me sentí inútil y solo di pequeños golpes en su espalda. Paró de toser un poco y se volvía a acostar antes de reposar su mano sobre mi hombro.
-Mi Bella, estás aquí -Reconoció feliz.
-Así es -Le tranquilicé apenas en lo que le ayudaba a acomodar su almohada.
Me pidió que prendiera la luz, de inmediato pareció la abuela de antes, reía y trataba de controlar sus toses seguidas pero jamás paró de hablar o, de hacerme hablar. Me hizo reír también y me dio sabios consejos.
Al poco tiempo llegó Thomas, aunque reí cuando me pidió que mirara el reloj y eran las tres en punto. Dijo que esperó con exactitud tras la puerta contigua para poder abrirla, mi abuela nos empezó a contar cosas, Thomas la ayudaba ya que eran recuerdos de los últimos cuatro años en los que no estuve.
Reí mucho y cada vez me sentía como la jovencita de diecisiete; con la abuela no molestó y menos con Tom pero esto e hizo incomodo cuando llegó el fin fe la visitas y Thomas y yo tuvimos que salir del cuarto.
-Me sorprende que no haya llegado nadie más -Comenté con ánimo al cerrar la puerta.
Tom me miró serio y me tomó de los hombros.
-Ya todos saben que estás aquí y bueno... por eso no vinieron Abe, ellos saben que no querías verlos...
Me sentí mal por mi familia, claro que quería verlos... no ahora, oh bueno era tan cobarde como para dejarlo para después.
Torcí el gesto.
-Oye -Me animó-, no decepcionas a la familia Swan tan rápido, todos te esperan en casa, Renée es la más entusiasta, Cat tuvo que salir ayer y volvió apenas hacia unas horas -Logró darme una sonrisa al recordar a mi alocada prima-, además también están, Frank y Kev, todos quieren verte, tía Maggie escuchó a Sharon decirle como estás más guapa -Reí-, y quiere comprobar varias cosas...
Ahora fue Tom quien río y le di un golpe suave.
-Como sea, todos te esperan...
-No mencionaste a Charlie -Le hice ver.
Torció el gesto.
-Él es quien más te ha extrañado es solo que... no lo demostrará tanto, tienes que ser paciente -Me pidió.
Asentí y tomamos camino a casa. Reconocí el Jeep de Thomas en la esquina, me daba risa. Desde que pudo tener un carro siempre compraba los mismo, un Jeep blanco, cambiaba el año y a veces el modelo pero siempre era una señal de Tom.
Me dejó manejar con el pretexto de que "conociera las velocidades" pero hizo lo que quería dándome el susto de mi vida al tomarme de las manos y hacer que presionara el acelerador, como pude pise el freno y se echó a reír como loco.
Seguí manejando hasta llegar a casa y entonces mi estomago se revolvió. Era una cobarde.
-¡Abe! -Gritaron todos la verme llega.
Cada uno de mis familiares me recibió con una abrazo y comentario que me hacía reír, mi mamá no paraba de preguntarme cosas sobre mí, la mayoría vergonzosas pero nada que sacará algún sonrojo, él único que provocaba eso se llamaba Edward Cullen.
-¿Abe eres tú? -Preguntó como tonta mi prima Cat desde el otro lado de la mesa.
Le saqué la lengua -Sí, mensita...
-Bien, porque el rojo te sienta bien -Me guiñó un ojo y me miré el reflejo del cristal de la ventana.
¡No lo podía creer! El solo pensar en Edward me ponía así, reí pero el rojo no desaparecía... ¡Ya caíste idiota!
Las conversaciones siguieron, todas bulliciosas al máximo, nadie me paraba de ver y y sonreír, me sentía bien hasta que Renée me habló algo incomoda.
-Bella, tu padre está arriba ¿Por qué no subes a verlo? -Asentí y subí las escaleras, no era difícil encontrarlo.
Ala derecha, habitación tres con vista al tren que una vez jugué. Charlie me lo repetía todas las noches, era nuestra "canción", hasta mi última noche en esta casa me lo canturreó.
Con los dedos temblorosos abrí la puerta y encontré a Charlie acostado en su cama con el periódico tapando su cara.
-Siéntate a mi lado -Me pidió tranquilo.
Camine hasta su cama y me senté a su lado.
-Papá.... -Empecé.
Soltó el periódico y me abrazó.
-Mi niña -susurró.
Tal vez había sido infantil pensar que Charlie me odiaría, era mi padre después de todo. Me explicó lo mal que se sintió cuando le dio el infarto, lloré cuando me contó como se imaginó el morir sin verme antes.
Le pedí miles de veces perdón y él me dijo que no era necesario que él también tenía cierta parte de culpa. Estuve con él, casi toda la noche, le contó todos estos cuatro años con detalles, me dio consejos laborales y muchas palabras que necesitaba escuchar.
También mencionó mucho sobre la familia, era gracioso como me contaba su opinión acerca de cada uno.
Después de eso me la pase rondando con mis primos para cuidar a la abuela aunque técnicamente nos la pasamos en el hospital hasta que la Abuela Eli pudo darse de alta a la semana y media, los cuidados siguieron pero los ataques de tos disminuían constantemente.
Cuando de nuevo recuperé a mi familia me encontraba lista para volver a casa, esa madrugada no dormí nada despidiéndome de cada uno, hicimos algo parecido a una velada y hasta las siete de la mañana me metí a mi cuarto para bañarme.
Luego me cambié y rápidamente me miré al espejo para sentirme segura, llevaba unos leggin's largos de mezclilla, con una blusa verde opaco larga y holgada con tejidos abiertos que dejaban ver la playerita café que llevaba abajo, luego unas botas gamuzadas de color café...
Ahora solo faltaba mi pelo, lo tomé con las manos hacia arriba, tal vez una coleta alta... no; lo dejé suelto y corrí por mi plancha. Empecé a alaciarlo a fondo, hasta que desapareció todo rastro de bucle y solo deje un fleco de lado.
Me volví al espejo de nuevo, ¿Qué me pasaba? Yo no era tan vanidosa, de pronto me encontraba insegura de cómo llegar de nuevo a mi ciudad. Pero siendo honesta me encontraba más nerviosa por cómo me fuera a ver Edward.
-Ya es hora Abe -Tocó mi primo la puerta de mi habitación.
-YA VOY -Grité antes de tomar mi maleta y salir.
La despedida fue dura pero tuve que repetirme que los vería pronto, eso me alegraba pero no del todo... ¡Era confuso!
Charlie me llevó en auto hasta el aeropuerto.
-Así debió de haber sido, ¿No? -Habló de la nada a penas a una cuadra de la casa.
-¿Ah? -Iba del todo distraída.
-Ya sabes, así debió de haber sido hace cuatro años... ya sabes, cuando te fuiste ¿Cómo te fuiste? -Preguntó con demasiada curiosidad.
No me gustaba el recordarlo pero tomé aire y empecé.
-Me acababas de gritar con que era tontería irme a estudiar solo por una beca que no era segura, bueno, después de eso, hablé por teléfono con Tom y fue él quien me hizo parar de llorar más no me dijo que hacer...
»Al final, decidí hacer lo que quería por primera vez, llamé a taxi, te dije que me iba pero no me creíste, entonces solo me fui... Como cuando iba al cina o algo parecido pero los nervios no disminuían... esteba escapando...
»Al verme ya con las maletas en mano, con mi tarjeta puesta para comprar el primer vuelo a Los Ángeles estuve a punto de arrepentirme pero entonces, bueno... fui una cobarde, justo cuando regresaba me imaginé a ti en la entrada listo con tu regaño y fue algo que...
»Preferí ir de tope con la realidad, me subí al avión y me olvide de que apenas era una niña, cuando llegué lo primero que hice fue rentar un hotel, contaba con los ahorros de toda mi vida...
»Lo demás lo sabes, conocí a Jasper y fue como un padre para mí, luego terminé la carrera y Jasper seguía a mi lado, me propuso empezar con la editorial y aquí me vez...
-¿Te ha ido bien? Se honesta... ¿Te falta algo?
-Por el momento no, estoy bien, dinero no me falta y no tengo caprichos de momento.... Así que digamos que todo va como fue mi plan -Sonreí dichosa.
-Me alegro Bells, no sabes lo orgulloso que estoy, eres mi única hija pero justo lo que pedí -Me sonrío.
-Gracias, papá -Le medio abracé cuando llegamos al aeropuerto y me despedí de la persona con la que al principio temía recibir.
Exacto, Charlie no lo pudo haber dicho mejor. Así es como debió de haber sido hace cuatro años.
Mis pasos se podían notar ansiosos, el taconcito de mi bota sonaba al compas de un Tic=Tac con el suelo de mi edifico, me apresure cuando tomé las llaves de mi departamento.
Aventé mi maleta dentro y volví a cerrar antes de tocar desesperadamente la puerta contigua= la puerta de Jasper.
Después de dos segundo no parecía abrirse, para de tocar y tomé las llaves que el escondía en la cajita de regalos sujetado a un lado de la maceta.
Abrí y solo tuve que dar un vistazo para encontrar a Jasper, lo miré y corrí a abrazarlo. No me importo comportarme como una niña, él estaba sentado en su sillón del centro, jugando videojuegos y de la nada yo me encontraba en sus piernas abrazándolo fuertemente.
-Jazz... Jazz... Jazz... ¡Jazz! -Le canturreaba feliz.
No me había dado cuenta de cuánto lo había extrañado, en realidad a todo. Desde que pude ver, desde el aeropuerto, los primeros edificios me moría por llegar al mío, incluso llevaba unas interminables ganas de trabajar.... Bueno eso siempre...
-¡Hey! Jasper Withloock tienes cinco minutos para explicarme esto u Homero Simpson y yo seremos testigos de cómo engañas a mi hermanita -Escuché una voz grave y melodiosa, como la de un osos de juguete.
Me volteé asustada hacia la figura que se encontraba atrás de mí, casi salto pero supuse que sería un amigo de Jasper. Tenía unos ojos azules del mismo color que Alice, un pelo rebelde marrón y una sonrisa gigante, aunque ahora se la contenía tratando de verse serio.
-¿Y tú eres? -Pregunté confusa.
-Su cuñado -Remarcó serio.
Fruncí el ceño en lo que pensaba, su cuñado pero si Alice era su novia ¿No?
Me paré de las piernas de Jasper molesta.
-Jasper me debes una explicación -Le regañe.
Jasper me miró confuso pero luego entendió y solo río.
-¿Así que solo te ríes? -Me robó las palabras de la boca... ese que decía ser su cuñado.
Buen punto, no cabía su nombre.
-Disculpa, ¿Cómo te llamas?
El sujeto me miró confuso pero se paró del sillón y se presentó formalmente.
-Yo soy Cullen... Emmett Cullen -Se pasó una mano por su cabello galantemente y sonrío divertido haciendo una pésima imitación de James Bond, reí.
Reí tanto como por la confusión como por la imitación.
-¿ahora tu también te ríes? -Cuestionó molesto.
-Emm, ella es Bella -Le dijo Jasper por detrás.
Entonces el foquito de Emmett por fin se prendió.
-Oh... ¡Bella! -Gritó emocionado y me dio una vuelta en el aire (1)-. Enserio que te esperaba.
-Emm-ttt no-resss-piiro -Medio pronuncié entre su asfixiante abrazo.
Una enorme risa retumbó en mis oídos y luego me bajo.
-¿Debo de preguntar? -Me refería Jasper, él negó con la cabeza y de nuevo me dirigí a Emmett.
Bueno, este sujeto me caía bien en tan solo dos minutos de conocer... ¡Ja, en dos horas lo amare!
Mi humor andaba por las nubes, me uní a su partido de los Simpson , ya habría luego tiempo para obligar a Jasper a ir a una "visita con Alice" y bueno ¿Por qué no? Ver a Edward...
Bueno será otro "maratón" de caps, aunque tal vez algunas ya lo hayan leído con la pagina que les dejé en el capítulo anterior... Para las que no les dejare todo lo que tengo...
