Esta historia no me pertenece, sino a Wingardium Leviosa 11, que me ha dado su consentimiento para traducirla; la forma original de esta historia, en inglés, está completa. Es una historia genial, con una trama excelentemente desarrollada.

En fin.

(lamento la demora! He terminado mi primer año de Derecho, empezado a entrenar de nuevo y he pasado varias crisis depresivas. El tiempo me ha faltado, ciertamente, pero me encuentro trabajando a toda marcha!)


Capítulo 10.

La noche del lunes encontró a Draco y Hermione tomando en la terraza. Ella debía que admitir que tener un compañero de apartamento, incluso uno tan molesto como Draco, era algo divertido.

Ella acababa de haber terminado de contarle de su confrontación con Gideon, sin ahorrarse detalles. Sus ojos habían brillado al recontar sus alardes sobre ser Hermione Granger y no saber cómo fallar.

-Y luego, tiró el periódico en mi escritorio, y me dijo que tenía más copias, por si yo necesitaba enviarle alguna a familiares. ¡El descaro! Estaba a punto de cortarle una extremidad, o dos, pero se fue antes de llegar a mi límite.

Estuvieron en silencio por un momento, riendo suavemente de la postura valiente de Hermione.

-¿Nunca has fallado en nada, verdad? -Preguntó Draco. Hermione lo pensó por un momento.

-No, no realmente. Excepto volar. Soy terrible volando.

-Pero puedes hacerlo, ¿verdad?

-Puedo hacerlo, pero no bien.

-¡Pero puedes! Eso no es fallar. ¿En qué has fallado?

-Emm… bueno, calificaciones no. Nunca fui excelente en deportes, pero no era mala. -Pausó un momento, pensando, y luego miró hacia arriba, sorprendida. -¡Draco! ¡Creo que no he fallado en nada, nunca! -Le dijo, con asombro. -¿Y tu? ¿En qué has fallado?

-Fallé al no asesinar a Dumbledore. Fallé en complacer a Voldemort. -Dijo, luego de un trago del whiskey de fuego.

-Y gracias a Merlín que lo hiciste. -Respondió Hermione, chocando su vaso con el de él. Aún no podía creer cómo habían cambiado las cosas. Meses atrás, él no habría podido abrirse a ella así. Su hostilidad se había reducido muchísimo; prácticamente, había desaparecido. Ella tampoco habría estado cómoda hablándole así en ese entonces.

-Entonces, ¿sabes qué significa esto, Granger? Necesitas fallar.

-¡¿Necesito qué?!

-Necesitas fallar. Si nunca fallas, ¿cómo apreciarías tu éxito? ¿Cómo sabrías si puedes levantarte de nuevo? -Él podía ver que ella no se lo estaba creyendo, así que cambió de táctica. -¡Hermione Granger! -Gritó, borracho. -¡Estás fallando en fallar! No puedes fallar, no importa cuán fuerte intentes. Soy mejor que tú fallando.

Sus ojos inmediatamente se enfocaron, en concentración, y tomó un largo trago de su bebida.

-Malfoy, tienes razón. ¡Necesito fallar! ¿En qué puedo fallar?

-Tengo una idea para empezar. ¡Te reto a tomarte toda esta botella de whiskey de fuego!

La Hermione sobria se habría reído. Una-bebida Hermione lo hubiera pensado, pero se habría dado cuenta de que no debía hacerlo. Dos-bebidas Hermione habría intentado un poco, pero habría decidido que no valía la pena. Pero tres-bebidas Hermione pensó que era una magnífica idea.

Draco le dio la botella.


Se despertó la siguiente mañana, con un punzante dolor de cabeza, en una habitación donde la luz parecía muy brillante y los muebles extrañamente activos, caminando por ahí. Aún tenía puesta la ropa del día anterior, y había colapsado sobre su cama. Al investigar su alrededor, vio la botella en su mesa de noche, aún un tercio llena.

Su primer fracaso.


Unos días después, Harry entró a la oficina de Hermione, silenciosamente preparando su discurso. Su novia había estado insistiendo, irritantemente, por días que le preguntara a Hermione si ella podía organizarle una cita con un amigo que Harry había hecho en el entrenamiento de Aurores. Harry había cometido el error de invitarlo a cenar, y cuando Ginny se dio cuenta de que era soltero, inmediatamente insistió en que Harry se lo presentara a Hermione. No era la primera vez que Ginny actuaba de casamentera, pero por primera vez Harry no pensaba que fuera tan mala idea; le agradaba mucho Matt. Ahora sólo tenía que convencer a Hermione.

Cuando llegó a la puerta, vio algo que definitivamente no estaba esperando. Estaba sentada Hermione, desesperadamente intentando balancear una cuchara en su nariz. Ignorante de su presencia por un momento, trató en vano de que la cuchara se quedara en su nariz, sin éxito. Finalmente notó a harry, y lo invitó dentro, aunque no bajó la cuchara.

-¿Debería preguntar qué estás haciendo? -Preguntó él

-Fallando. -Respondió. Puso la cuchara de lado y miró a Harry con una gran sonrisa.

-Nunca pensé que te vería tan feliz de fallar en algo.

-¡Lo sé! Es algo que he empezado a hacer últimamente… Draco me motivó a hacerlo. Me di cuenta que soy muy mala fallando, así que ahora estoy mejorando en ello. ¡Mira! No puedo, absolutamente, balancear esta cuchara sobre mi nariz. -Se lo mostró a Harry una vez más. -También he fallado en aguantar la respiración por más de un minuto, parquear paralelamente y este truco genial que Draco puede hacer con chicle, en el cual hace una burbuja dentro de otra burbuja. Me esforzaré más en lograrlos, pero ¡estoy realmente disfrutando fallar!

Harry no recordaba la última vez que la había visto tan emocionada. Tomando ventaja de su buen humor, llegó al grano de su visita.

-Así que… Invité a mi amigo Matt a cenar la otra noche, y a Ginny le agradó mucho. Ha estado acosándome para que te lo presente, así que decidí hacerlo ahora antes de que me hechice de nuevo. Simplemente le diré que no estás interesada, y superaremos esto.

-Oh… bueno… tal vez no esté tan opuesta.

-¿Qué? ¿En serio estarías de acuerdo con esto?

-Bueno, ¿cómo es él?

-Uhmm… Es agradable, inteligente y bastante guapo… ¡según Ginny! No es como si yo lo hubiera pensado. Es un buen tipo. Creo que te gustaría.

Hermione pensó por un momento.

-Bueno, qué demonios. En el peor de los casos, tendré algo más que añadir a mi lista de fracasos.

-¡Excelente! Encuéntrate con él mañana a las seis en El Caldero de Petre, en el Callejón Diagon.

Hermione trató de verse desinteresada, pero en el fondo, estaba emocionada. Luego de que Harry se fue, se complació a sí misma con una sonrisa de niña y un pequeño baile.

¡Buenas cosas les pasan a aquellos que fallan!


La noche siguiente, Draco estaba sentado en el sillón, frotándose las sienes. Hermione entró apresuradamente a la habitación, por posiblemente la quincuagésima vez, luciendo otro potencial atuendo de cita.

-¿Qué tal este? ¿La blusa es muy larga? Sí, creo que es una pulgada muy larga. Y, ¿siquiera se ve bien con este pantalón? Oh, Dios. Quizá use la blusa, pero cambie el pantalón. O quedarme con el pantalón, pero cambie la blusa. ¡O podría usar una falda!

-Te ves bien. Simplemente usa ese. -Dijo Draco luego de un audible gruñido. Hermione pareció satisfecha por un momento, pero se le ocurrió una nueva idea.

-¡Espera, sólo uno más! Acabo de recordar este vestido que sólo usé esa vez... -Dijo, mientras corría de nuevo a su dormitorio.

Draco frunció el ceño hacia su vaso de agua. Hermione le había cortado el suministro de whiskey de fuego un poco, remarcando que el alcoholismo lo haría difícilmente un acusado más atractivo en el juicio. Unos minutos luego, Hermione entró a la habitación otra vez, y Draco levantó la mirada. Hermione ahora usaba un vestido azul oscuro sin mangas, en cuello en V, con una línea en A y falda amplia. Por supuesto, Draco no conocía ninguno de esos términos. Sin embargo, sabía que se veía increíble. Se quedó ahí, nerviosamente alisando la falda, divagando que se debía poner un cardigan, o quizá ponerse de nuevo los jeans. Draco se puso de pie y caminó hacia ella. No podía creer lo impresionante bella que se veía, y por un momento, se encontró sin la capacidad de hablar. Le acomodó un rizo detrás de la oreja y la vio con ojos ansiosos.

-Este es el indicado. Te ves… bueno, te ves bien. O tan bien como jamás te verás, de todos modos. -Rápidamente cubrió su impresión real y escondió las manos en los bolsillos. Hermione sonrió como si le hubiera dicho que era la bruja más bella que había visto, que era en el momento lo más cercano a la verdad de lo que él quería admitir.

-Gracias, Draco. -Hubo un momento incómodo, estando de pie frente al otro, a un pie de distancia. Repentinamente, Hermione se dio cuenta del reloj.

-¡Oh, Dios! ¡Voy a llegar tarde! -Tomó un cardigan gris y corrió a la chimenea. -¡Deséame suerte!

Pero ella desapareció antes de que él pudiera hacerlo. Se quedó ahí, mirando la chimenea por donde ella se había ido, sintiéndose de repente muy confundido. Decidió relajarse con un crucigrama. Pronto se dio cuenta de que, sin importar cuánto lo intentara, no podía concentrarse en la hoja frente a él.

De acuerdo. Así que la encontraba atractiva. Gran cosa. Era un hombre, y era era la única mujer que veía regularmente. Probablemente, sólo le faltaba tener sexo. Eso era todo.

Leyó la primera pista del crucigrama: "color primario, además del rojo y amarillo. Escribió "azul", y todo lo que pudo ver era el vestido de Hermione. "Un día, o una salida", y escribió "cita" y pensó molesto en el perdedor con el que ella se encontraría en el restaurante. "Granjero", y la respuesta tenía siete letras; cuando se dio cuenta de que la solución era "granger", lanzó el periódico y entró a la cocina, dejando salir un gruñido exasperado.

Limpiar era su consuelo. No podía explicar su inclinación por limpiar, pero, de alguna manera, lo calmaba. Le gustaba la sensación de realización que le daba, así como la perfección en la que resultaba. Empezó con las encimeras, que lavó y limpió con el spray que Hermione le dio para su cumpleaños. Bueno, el mismo tipo de spray, pero su tercer botella; había terminado la primera en una semana. Restregó el fregadero, pero se quedó sin cosas que limpiar. Consideró volver a lavar los platos limpios, pero no estaba tan desesperado.

Se quedó de pie en medio del vacío y silencioso apartamento. Había estado solo muchas veces desde que este arresto domiciliario empezó, particularmente durante los primeros meses previos al trabajo en el Departamento de Pociones, pero esta era la primera vez que se sentía… solitario. Decidiendo que no quería considerar lo que eso significaba, tomó un libro y decidió irse a dormir temprano. Definitivamente, no quería estar despierto cuando Hermione regresara de su cita.


El día siguiente era domingo, y todos en la Madriguera estaban emocionados por escuchar sobre la cita de Hermione, habiéndoles contado Ginny sobre sus planes. Mientras estaban sentados alrededor de la mesa, deleitándose de tostadas francesas y waffles, Hermione relató su noche.

-Me trajo flores. Claveles. Muy considerado.

O soso, pensó Draco para sí mismo.

-Acomodó mi silla para mí, y abrió cada puerta por la que pasamos.

Patético, pensó Draco.

-Comimos y hablamos toda la noche. Es encantador. -Hermione prácticamente rebosaba. Draco hizo una mueca.

Todos en la mesa le sonrieron a Hermione, y compartían su emoción, pero sólo una persona notó la reacción de Draco, su nueva mejor amiga, "pequeña roja", como le decía él. Haberle presentado Matt a Hermione había sido su idea, pero ahora, viéndolo cortar irritadamente su salchicha, empezó a preguntarse si quizá debió haberse entrometido… en otra dirección.

-¡Matt vendrá con nosotros a jugar Quidditch esta tarde!-Anunció Harry. Todos le sonrieron, y Draco se consoló con la última salchicha, masticando enfurruñadamente.

Luego del desayuno, salieron a disfrutar de la bonita tarde. Matt llegó con una sonrisa amistosa y abrazó a Hermione, cuyas mejillas pusieron rosadas. Draco rodó los ojos. Ya odiaba a este imbécil.

Luego de escoger equipos, Harry tenía en el suyo a Ron, Matt y Bill. Había escogido a Ginny primero, pero ella solo había caminado hacia el equipo opuesto con una sonrisa en el rostro, como había hecho desde que Harry la había empezado a escoger luego de la sugerencia de Draco. El equipo de este eran Ginny, George y Fleur. Percy dio zancadas por ahí, haciendo pucheros por no haber sido escogido por ningún equipo, y Hermione se encargó de la tabla de puntuaciones. Aún no estaban jugando con golpeadores, pero no lo sabrías viendo el juego. Draco "accidentalmente" golpeó la escoba de Matt dos veces, una vez tratando de patearlo de su escoba. Diciendo que había visto la snitch, también estampó contra su hombro. Matt lo tomó todo en buen humor, que hizo a Draco odiarlo aún más. Luego de unas horas, cuando fue obvio que Draco ni siquiera estaba buscando la snitch y que el calor de agosto estaba empezando a molestar a todos, decidieron terminar el juego.

Cuando regresaron al apartamento, Draco esperaba que Hermione le gritara y hechizara, pero, al contrario, suspiró y se dejó caer en el sofá.

-¿No es encantador, Draco? Y la forma que vuela en una escoba… ¡Creo que realmente me gusta!

Draco apretó los dientes detrás de ella

-Claro. Él está bien. -Entró violentamente a su cuarto, cerrando la puerta ruidosamente detrás de él, pero Hermione ni siquiera lo notó. Estaba ocupada planeando qué ponerse para su siguiente cita, el día siguiente.


Desafortunadamente para Draco, la relación de Hermione con Matt no terminó luego de su segunda cita. O luego de la tercera, o la cuarta, o incluso la décima.

Mientras agosto llegaba a su final, la relación de Hermione y Matt aún seguía fuerte. Matt a veces pasaba las tardes en el apartamento, y los dos veían películas juntos, o jugaban juegos de mesa. Draco usualmente se encerraba en su habitación en esas tardes, furioso. Su único consuelo era que Hermione había instalado un pequeño televisor en su habitación, dándole cierto entretenimiento. Matt había empezado a asistir regularmente a los desayunos de los domingos. Desde su primera visita a la Madriguera hace tres semanas, Molly lo había adulado, los chicos lo amaban y apreciaban otro experimentado jugador de Quidditch. Ginny aún lo saludaba con una sonrisa, pero Draco sabía que si tuviera que presionar, ella estaría de su lado.

No es que él tuviera un lado, o algo así, porque eso significaría que estaba de alguna manera compitiendo con Matt por algo… o alguien.

La única manera en que podía alejarse de él era en el laboratorio de pociones, e incluso eso se había arruinado cuando Matt empezó a visitar la oficina de Hermione al final del día y la acompañaba a casa, mientras ella escoltaba a Draco.

Ahora Draco estaba en su dormitorio, espiándolos a través de su ventana. Matt le dio un beso de despedida en la entrada del edificio.

Que tarado, pensó Draco para sí mismo. Evitaba a Hermione cuando ella regresaba al apartamento, diciendo que tenía dolor de cabeza y yéndose a dormir temprano.


En la mañana del domingo, Draco esperaba en la sala de estar a que Hermione se alistara para el viaje a la Madriguera. Una mes antes, ella habría usando sus jeans viejos, una camiseta y zapatillas; ni siquiera se habría preocupado por pasar un cepillo por su cabello. Ahora, viendo su reloj por sexta vez, se preguntaba porqué se demoraba tanto. Cuando finalmente salió, Draco se sorprendió de ver que había peinado su cabello en una bonita trenza, una blusa con vuelos y una enagua. Él trató de esconder su repugnancia. No era que se viera mal, sino que odiaba el porqué se veía tan bien. Hizo un puchero al ella tomar su codo para aparecerse a la Madriguera.

Matt aún no había llegado cuando ellos aparecieron. Hermione fue a ayudar a Ron y Harry a sacar los gnomos del jardín, mientras Draco se quedó en la cocina ayudando a Molly. Hermione tomó la oportunidad para quejarse del cambio de humor de Draco con sus mejores amigos.

-¡Estábamos haciendo tanto progreso! Ahora sólo se lamenta y gruñe todo el día. ¿Les ha dicho algo? -Les preguntó.

-No, pero ya no lo veo tanto, ahora que mi pasantía en pociones terminó. Tal vez se está volviendo loco. -Sugirió Harry.

-Sí. Quizá es por estar encerrado tanto tiempo. -Añadió Ron.

-No sé qué hacer -Hermione suspiró exasperada. Harry pensó por un momento, mientras ayudaba a Ron a acorralar un gnomo especialmente travieso.

-Bueno, quizá podamos ayudar. Quizá está harto de hacer cosas de chicas todo el tiempo… -Se calló cuando vio a Hermione entrecerrar los ojos. -Sabes a qué me refiero. Tal vez necesita pasar tiempo con otros hombres.

-Eso definitivamente ayudaría. ¿Nos ayudarías, Ron?

-Lo haré por ti, Hermione. Pero si empieza a ser un insufrible idiota, no puedo prometer que no lo embrujaré.

-Es un trato. -Declaró Hermione con una sonrisa en el rostro.


Draco vio al trío desde la ventana de la cocina, lavándose las manos luego de ayudar en la cocina. Molly le agradeció por su ayuda, y al no encontrarle nada más que hacer, lo envió a unirse a los demás. Empezó a caminar al jardín cuando Ginny lo interceptó y lo llevó a otro rincón del jardín, lejos de Hermione y los chicos. Luego de observarlo las últimas semanas, había decidido que debía haber algo bueno sucediendo, y pretendía llegar al fondo.

Draco miró sobre su hombro, pero nadie parecía haber notado su cautividad. Cuando Ginny estuvo segura que estaban lo suficientemente lejos del resto, giró a Draco para que estuviera frente a ella, y se cruzó de brazos, entrecerrando los ojos. Su seriedad momentáneamente lo sorprendió.

-Escúpelo, Malfoy. -Empezó, abruptamente.

-No sé de qué estás hablando. -Contestó, tercamente, negándose a verla a los ojos.

-Cada vez que Matt está cerca, o mencionan su nombre, inmediatamente haces una mueca ¡exactamente así! -Exclamó ella, apuntando el instinto de disgusto que había cruzado su rostro.

-Sólo creo que es irritante. Eso es todo.

-¿En serio? ¿Nada más?

-Claro que no. Sólo creo que es un idiota, nada más.

Ginny quería interrogarlo más, pero en ese momento, Molly llamó a todos a comer. Ginny y Draco caminaron de regreso a la casa y se unieron a todos para el desayuno. Draco gruñó para sí mismo cuando notó que el asiento a la derecha de Hermione, que él típicamente ocupaba, era ahora sitio del objeto de su disgusto: el rey idiota en persona. Mientras los Weasley y sus invitados atacaban el desayuno, Matt los entretuvo con su primer experiencia de su misión en solitario como parte del entrenamiento de auror.

-¡No esperaba que un dragón contara con tanto fuego! -Explicó, para el asombro de un cautivada audiencia.

Matt el idiota. Que idiota, ese Matt, pensó Draco.

-Una vez que logré tener un buen ángulo en una parte suave de piel debajo de su barbilla, alcé mi varita y rápidamente convoqué un hechizo para hacerlo dormir. -La señora Weasley aplaudió, y Hermione suspiró agradecida.

Mi nombre es Matt y soy un idiota. Matt idiota, Matt idiota, Matt idiota. Bueno, quizá no rimaba bien, pero él se estaba divirtiendo.

-Realmente se siente bien ayudar a alguien, ¿saben? -Matt claramente había ganado a su audiencia, que le sonreían con admiración. Incluso a Ginny se la hacía difícil recordar del lado de quién estaba.

Vamos, realmente, ¿someter a un dragón con un simple hechizo para dormir? Haz algo difícil y quizá me impresiones.

Draco estaba esperando poder tirar a Matt de su escoba durante el juego, pero, desafortunadamente, estaba lloviendo. Luego del desayuno, él y Hermione regresaron al apartamento. Ella no se quedó, sin embargo, ya que ella y Matt tenían planes para ver una película.

Draco la vio irse desde su ventana, y regresó a su habitación luego de que se hubo marchado, acostándose en la cama, con los brazos doblados debajo de su cabeza. Pensó en las preguntas de Ginny.

Realmente, no sabía porqué odiaba a Matt. Sabía que era molesto y aburrido, pero no estaba seguro porqué lo odiaba por eso. Pensó en la otra noche, viendo a Matt besar a Hermione.

Quizá era eso.

Mientras ese beso recorría su memoria, el pequeño dragón de la envidia rugió en su estómago.

-Oh, no. -Susurró en el dormitorio vacío.

"Oh, no", ciertamente.