Capítulo 10

Hormonas y otros problemas

Obtener control sobre su lobo fue una de las mejores cosas que le pasaron a Derek en mucho tiempo. No siempre era fácil; su lobo era demasiado poderoso para su edad y sus padres no podían encontrar una explicación para eso. Visitaba al doctor Deaton cada tres meses para revisar su progreso y asegurarse de que no estaba en peligro. El diagnóstico del veterinario siempre era el mismo: su lobo había madurado completamente, lo que provocaba que estuviera fuera de sintonía con él. Con entrenamiento, podría controlar a su lobo lo suficiente hasta que su cuerpo madurara lo suficiente para igualar sus poderes y hacer que todo volviera a la normalidad. Pero aún si su control no era perfecto, al menos tenía toda su fuerza de vuelta. Ya no se sentía débil. Laura no estaba feliz al respecto. Ella apenas había comenzado a madurar cuando los poderes de él podían rivalizar con los de su papá.

Una vez Derek fue capaz de controlar sus poderes un poco, el tío Jared comenzó a entrenarlos a Laura y a él. Corrían en el bosque y peleaban entre ellos o ambos contra su tío. A ella le tomó largo tiempo aceptar que su hermanito era más fuerte que ella, pero después de un año de entrenar juntos, se volvieron bastante unidos.

Ella tenía dieciséis años ahora y Derek sabía lo que eso significaba. Dentro de pocas semanas, Laura llegaría a casa y se encerraría en su habitación. Se negaría a abrir la puerta por un día entero y Talia se hartaría de eso, rompiéndola. Según lo que Derek recordaba, el novio de Laura le sería infiel y rompería con ella para estar con la otra chica. Laura tendría el corazón roto durante días, tal vez semanas, y entonces esparciría un rumor bochornoso sobre su ex-novio y todo volvería a la normalidad.

Decidió no decir nada, pero eso no significaba que no se sintiera mal al respecto. Intentó no pensar en eso, pero Peter, que estaba de visita el fin de semana, se percató de su estado. Llevó a Derek a caminar por la Reserva; guardaron silencio hasta que se alejaron lo suficiente para no ser escuchados desde la casa.

—Entonces, escupe: ¿qué está pasando?

—Nada… aún.

—Oh. Entonces, ¿qué va a pasar?

—Laura ha estado saliendo con aquel chico y…

—Okay, voy a detenerte justo ahí. ¿Va a tratarse de un corazón adolescente roto regular? —preguntó Peter, un poco aliviado de que nadie fuera a morir.

—Sí… supongo que puedes decirle así.

—Entonces no hagas nada.

Derek dejó de caminar y miró a su tío.

—¡No es tan simple!

—¡Sí lo es, Derek! ¡Los adolescentes se enamoran y desenamoran todo el tiempo! ¡Claro que a veces sales un poco lastimado, pero así es la vida! Es parte de crecer: conoces a alguien y piensas que pasarás el resto de tu vida con ella y a veces es cierto, pero la mayor parte del tiempo vas a salir herido. Y entonces conocerás a alguien más y lo intentarás de nuevo… deberías saberlo, solías ser un adolescente, ¿cierto?

—Sí, bueno, no tuve tanta suerte siendo adolescente, para ser exactos… —el eufemismo del siglo—. De hecho, no tuve suerte ni después de la pubertad… —Peter lo miró con una sonrisa y una ceja arqueada—. ¡No me refería a eso, pervertido!

Derek no podía decidir si alcanzar la pubertad era algo bueno o no. El acné era malo, aún teniendo poderes de hombre lobo. Las erecciones eran buenas, cuando estaba solo… en su habitación… con nadie más en la casa… lo que pasó una vez, al menos. Su voz cambiando fue pura vergüenza —la primera vez que ocurrió sólo se negó a hablar durante una semana—. Pero aún con todo eso, la pubertad trajo algo que era aún peor: hormonas. Sus hormonas no estaban tan mal, claro, tuvo que ocultar un par de erecciones, pero, siendo un hombre lobo, podía sentirlas antes de que fuera demasiado tarde y anticiparse. No, lo peor eran las hormonas de otras personas. Tenía quince años ahora y, por primera vez desde que había vuelto en el tiempo, su relación con los chicos de su "edad" se estaba volviendo, más que vergonzosa, perturbadora.

Estaba de vuelta en la escuela después de haber sido educado en casa luego de su primera transformación. Ya ni siquiera estaba en clases avanzadas, pues su madre había decidido que estar con gente de su edad sería bueno para él… desde el punto de vista de Derek, ella estaba muy, muy equivocada.

Los chicos hablaban de chicas, pechos, pornografía e incluso una vez en el vestidor se encontró en medio de una conversación de "quién tiene el pene más grande" y apenas logró huir antes de que comenzaran a medir.

Y las chicas eran mucho peor de lo que recordaba. Al principio pensó que su lobo estaba proyectando alguna clase de hormona o algo así pero, cuando le preguntó a Peter, su tío sólo se rió de él. También le dijo que las chicas posiblemente lo estaban notando porque era diferente de los otros muchachos: callado, más maduro. Y, cuando lo consideró, le pareció posible.

La primera vez que fue adolescente, se había comportado exactamente como esos chicos. Demonios, incluso recordaba haber comparado largo Y anchura con el equipo entero de baloncesto una vez. Ahora sólo era taciturno y melancólico… y Stiles había dicho que eso lo hacía lucir más atractivo, que lo hacía ver "misterioso". Además, solía coquetear con todas las chicas de la escuela, ahora, apenas las miraba. Y todo el mundo sabe la regla: la gente desea lo que no puede tener.

Bueno, vean si me importa, pensó Derek, caminando por el corredor principal de la escuela, voy a volverme jodidamente invisible, en un mes, nadie va a recordar mi nom…

Su tren de pensamiento fue violentamente interrumpido cuando chocó con alguien.

—Oh, Dios, lo siento mucho… —dijo la chica, levantando los libros que había tirado. Normalmente, Derek la hubiera ayudado, pero estaba demasiado ocupado observándola y pensando Oh, mierda una y otra vez. La chica se levantó y le sonrió—. Hola, estoy… lo siento… de nuevo. No estaba prestando atención.

—Está… está bien… yo tampoco estaba mirando…

—Soy Paige, por cierto.

Lo sé.