Hola, que creen ¬w¬ les tengo geniales noticias!!!
QwQ uno de mis grandes sueños se está realizando. Voy a representar a mi estado en el concurso nacional de cosplay!!! w siiii!!! QwQ me encuentro tan feliz!!!
Y como tendré que realizar un traje en poco tiempo me veré forzada a publicar antes los capítulos (dígase que no serán el fin de semana) pues tendré que ocupar mis descansos para trabajar en el cosplay.
Bueno. Al grano!!! Lo que les interesa es el capitulo, así que aquí lo tienen!!!
Disfrútenlo!!!
Capitulo 10: esperanza mortecina.
Lento el joven Kisuke avanzaba por los pasillos de su guarida, era hora de revisar el avance de los vizards. Había que curar sus heridas y administrarles sus medicinas. Llego por fin al cuarto de su siguiente paciente, el cuarto de alguien muy importante para él.
Abrió lentamente y el majestuoso recinto mostro las penumbras de su interior; aquel cuarto apenas estaba alumbrado por la tenue y mortecina luz de una vela que se encontraba en una mesa en el centro de la estancia.
Sentado frente a la vela se encontraba aquella figura tan imponente, aun herida le causaba admiración. Su melena rubia resplandecía aun en la tenue luz, pero lo que llamo la atención de Urahara fue el frio resplandor de la hoja de una espada que se acercaba decidida hacia el cuello de rubio vizard.
-HIRAKO ESPERA!!!- el científico se lanzo hacia el convaleciente vizard y le aparto la mano en la que sostenía la espada con rapidez. –que estás haciendo?!- le reclamo asustado. –acaso tu…
-qué?- El de ojos castaños aparto la vista del espejo que estaba delante suya. –crees que iba a suicidarme?- pregunto con el semblante frio y melancólico. –cálmate, No estoy tan desesperado.
Al ver que el rubio vizard se encontraba sereno y en sus cabales, le soltó.
-Que es lo que haces?- le pregunto mirándole con curiosidad.
Hirako no le respondió, fijo su vista de nuevo en el espejo y volvió a llevar la cuchilla de su espada a su cuello. Poco a poco las hebras de su cabello fueron cayendo sobre el tamiz del piso.
Urahara fue a una de las cajoneras que había en el cuarto y saco de el unas relucientes tijeras. Se acerco de nuevo al vizard y se sentó a su lado.
-te ayudo?- le ofreció con su usual sonrisa. El rubio vizard asintió y bajo su espada. Urahara se acerco y con paciencia fue emparejando y arreglando el cabello del capitán. – así que, piensas olvidarlo o vas a cobrar tu venganza?- revisaba el corte buscando no haber dejado algún mechón largo.
-lo dices por el cabello?- el que fuera capitán de Aizen se miraba en el espejo sintiéndose un poco extraño al ya no ver su larga melena. –Solo quiero olvidar…-su rostro se contrajo violentamente y toco su pecho donde una fuerte punzada le atacaba. –ah..!- a punto estuvo de dejarse caer. Pero el tendero le sujeto y le brindo apoyo.
-aun no estás bien, deberías descansar.- el de ojos grises miro como las vendas que cubrían el pecho del vizard se teñían de un tenue color bermellón. –la herida es profunda y está tardando en sanar.
-que crees que he estado haciendo? Por primera vez en mi vida estoy cansado de descansar.- se quejo.
Llevaba ya 3 semanas en el escondite que Urahara tenía en el mundo humano, había dormido incluso dos días seguidos; y después de eso había sido todo un problema que los shinigamis infectados lograran mantener su forma original, la frustración que sentía al haber sido traicionados por la sociedad de almas, al perder su vida, al verse transformados en monstruos; todo esto acrecentaba la posibilidad de perderse en su hollow interno.
-al menos tu animo ha mejorado.- sonrió el tendero. –antes ni siquiera respondías a mis palabras.
-aun no lo entiendo.- murmuro triste el rubio. –como es que deje que me engañara.
-ya olvídalo.- puso sus manos sobre los hombros de su compañero. –no fuiste solo tú, a todos nos engaño.
-pero yo era el más cercano a él.
-solo físicamente, no?- busco con la mirada el rostro de Hirako.
-eso fue mi error- respondió dando un pequeño golpe al piso.
-ya deja de decir eso.- le regaño el joven shinigami. –Aizen nos engaño a todos. Tu no eras el único encargado de cuidar del goiten 13; el ya lo tenía planeado desde hacía mucho!
-deja de excusarme.- se molesto el rubio de amplia sonrisa. –no importa el hecho de que no estuviera solo, o que se halla burlado.- bajo la vista con frustración, sintiendo sus ojos arde amenazados por las lagrimas. –yo sospechaba y nunca hice nada! Yo pude detenerlo!- grito enojado. –todo fue mi culpa!
-basta ya!. Urahara le grito y lo abrazo de golpe. –Basta ya, olvídalo.- murmuro al oído del vizard, sus brazos se aferraron al cuello del vizard. –recupérate, hazte fuerte para borrar tus defectos y entonces…-lo aparto para poder mirarlo a los ojos. –entonces enmienda tus errores.
Hirako le miraba sorprendido, con los ojos húmedos de rabia y dolor.
-no estás solo.- lo volvió a abrazar tiernamente. –ya no lo estas.- permaneció unos momentos al lado del otro capitán y al final se vio obligado a alejarse al sentirse apenado de su comportamiento. En su rostro había una expresión tierna, jovial y traviesa como la de un niño inocente.
-Urahara, hace mucho que te conozco.- le dijo el vizard esbozando una sonrisa reconfortante que no había tenido en varios meses. -Y aun logras sorprenderme.- sin notarlo en sus mejillas surgió un lindo y extraño sonrojo.
-eso es bueno, no?- el científico ladeo la cabeza poniendo una tierna expresión. Entorno sus orbes grisáceos y se inclino hacia el vizard.
-si, supongo.- Hirako noto un sutil cambio en la voz de Urahara.
El rubio poso sus manos sobre las piernas de que era su paciente y dejo su rostro a milímetros de él rubio. Aquellas miradas seductoras y tiernamente insinuantes no se quedaron sin respuesta. Hirako ladeo un poco su rostro y cerró los ojos para brindar un beso.
El sonido de la puerta deslizándose les advirtió que alguien más se acercaba.
-Urahara! A comer!- Hiyori era la que había entrado y se había quedado asombrada al ver a Hirako tumbado en el piso con cara de susto y al otro capitán sentado cómodamente, sonriendo bajo su abanico.
-ya vamos Hiyori, no tardamos.- respondió el ojigris cerrando el abanico. La péquela arqueo una ceja y se retiro dejando la puerta abierta.
El rubio vizard hacia memoria de cómo había terminado en el piso. Primero estaba a punto de besa a Urahara; y de un segundo a otro el rubio le había empujado.
-bien, vamos antes d que no nos toque ni un bocado.- Kisuke le tendió la ano para ayudar a levantarse.
Hirako apenas estaba poniendo los pies firmes en la tierra cuando sintió un fuerte tirón en su ripa y se fue hacia delante, hasta que choco contra los labios de Urahara. Por un segundo se quedo en shock, pero aquella dulce caricia le convenció y se entrego a aquel beso tan inocente.
-anda vámonos, o vendrán a buscarnos.- le dijo el rubio ojigris aun saboreando sus labios.
Ya caía la dorada luz del sol sobre la tierra y la comida se daba por terminada. La mayoría de los vizards se quedaron platicando y disfrutando de la sobremesa con un delicioso té. Más Hirako se levanto y se retiraba ya, cuando Urahara le llamo.
-Hirako, ven. Tengo algo que mostrarte.- le dijo haciéndole señas para que le siguiera con sus manos. El rubio científico le llevo a su laboratorio y cerró la puerta tras de si. –oye Hirako, sabes algo?- el convaleciente vizard ni siquiera pudo contestar, el ojigris continuo. –me gustas y mucho.
Aquello tomo por sorpresa al vizard. Se quedo mirando por unos segundos al otro shinigami y le sonrió, sus labios se abrieron preparados para dar una respuesta.
Pero entonces, del rostro del tendero comenzaron a fluir ríos de sangre
-Urahara?- se asusto el vizard al verlo herido, extendió su mano para tocarlo, mas al instante en que rozo sus ropas, miles de espadas atravesaron el cuerpo del shinigami ojigris.
-NO!!- Hirako le tomo en sus brazos y lo sujeto con fuerza. –Urahara, háblame!- le pido al ver que sus ojos estaban vacios, aquel brillo de vida se esfumaba presuroso.
Las gotas de sangre caían al piso adquiriendo un tono oscuro y comenzaban a vibrar violentamente, avanzando lentas hacia los pies del líder de los vizards, subiendo enredándose como una culebra sobre un conejo.
Para cuando Hirako se percato de esto, ya era muy tarde. La serpiente había apresado su cuerpo y le estrujaba con fuerza.
-ahora eres mío- le siseo la serpiente abriendo las fauces y abalanzándose contra el líder de los vizards.
-NO!!- el de ojos color miel se enderezo de golpe.
Temblando, sudando frio y apenas consciente de su localización, miraba a su alrededor. Aun estaba en la habitación de Aizen, el castaño estaba durmiendo aun, por lo que podía deducir, aun no llegaba el amanecer.
Se limpio la cara con las manos y suspiro cansado; ya era la tercera vez que se despertaba por una pesadilla similar, siempre se trataba del mismo final, Urahara moría y la serpiente le acaba hasta matarlo.
Se volvió a acostar tratando de conciliar el sueño, para al menos descansar un poco. Pero si no eran las pesadillas, eran los síntomas de la cruda que comenzaban a hacerse presentes; por lo que después de un rato de estar dando vueltas en la cama y pensado, ya no lo soporto más y se levanto.
Fue directo al baño. Se metió a la regadera y tallo su cuerpo con fuerza hasta que su piel enrojeció. En su mente desfilaban centenares de ideas. Abrió el grifo del agua y lleno la tina con agua caliente
-Bakudou #306 "Espejo Viviente, abre las puertas y destruye las barreras, rompe el silencio de estas voces."- susurro con melancolía, espero a que el conjuro surtiera efecto y pudiera hablar con el shinigami de sombrero a rayas. Pero después de unos segundos comenzó a preocuparse pues no parecía surtir efecto.
-aah~ buenos días mi amor.- saludo adormilado el ojigris frotándose los ojos y bostezando con pereza. –que debo tu llamada tan temprano?- el reflejo estaba difuso, Urahara estaba llenando la tima y el grifo aun estaba abierto perturbando el reflejo
-…-hubo un silencio espectral de parte del vizard, tan solo ver al otro shinigami su garganta se había negado a dejar pasar las palabras.
-pasa algo?- pregunto Kisuke al verlo tan distraído, a modo de respuesta recibió un movimiento de cabeza. –Hirako?- comenzó a preocuparse, el vizard estaba demasiado distraído y cerio. –oye Hirako, tengo algo que mostrarte.
Hirako miro con asombro como el rubio se quitaba el sombrero y se sumergía en el agua completamente.
-que es lo que haces?- pregunto acercándose a la superficie del agua.
"almas separadas, divididas en dos mundos." La voz de Urahara resonó por todo el cuarto de baño. "conectadas por una sutil melodía. Agua, purificadora de pecados, cierra la brecha y llévame a aquel lugar. Bakudou #309: vórtice vital!"
El agua se mantuvo calmada, sin perturbación alguna. Hasta que delante de Hirako comenzó a formarse unas ondas y círculos levantándose como si algo surgiera debajo. Poco a poco del agua comenzaron a surgir las puntas de unos dedos.
Con lentitud y miedo a los dedos les siguió una mano, que se apoyo sobre la superficie del agua y se fue jalando con muchos esfuerzos hasta que comenzó a surgir unos cabellos rubios que flotaban sobre el agua.
-Hirako?- pregunto el tendero al salir de la superficie.
-que…Como hiciste eso?- pregunto entre tartamudeos el vizard al ver como el shinigami de ojos grises salía del agua, aunque solo hasta la altura del ombligo.
-que te parece mi técnica? La cree solo para ti.- dijo con una sonrisa inocente.
El cautivo shinigami acerco sus manos con lentitud, apenas tocando la piel y comprobando que era real. Sus ojos se abrieron llenos de asombro y sus labios temblaron llenos de emoción. Sus dedos acariciaron con ternura las hebras húmedas y doradas.
-Hirako?- pregunto ladeando la cabera preocupado.
Hirako estaba paralizado, sus ojos miraban al shinigami exiliado sin poder creer que le tenía en frente; se preguntaba si aquello era una ilusión, una jugarreta de su cansada y alterada mente.
-Hirako?- le llamo ya asustado de no verlo reaccionar. –Shinji!
-Urahara…- sus labios se curvaron y formaron una sonrisa nerviosa. Tomo al shinigami y lo jalo con desesperación y le beso, robo beso tras beso de aquellos labios y recorrió aquella boca como si fuera uno de los manjares mas deliciosos, como manantial del desierto. -Urahara~…- repetía su nombre como queriendo convencerse de si aquello era real. -Urahara~ mmmh~
-extrañaba esto.- le murmuro el rubio disfrutando de aquel contacto tan ansiado y aplazado por tanto tiempo.
-ya no aguanto.- le dijo al oído, se recostó cansado, dejando se caer en la tina. El otro no dejo que la distancia les separara, se acerco y se recostó sobre el pecho de Hirako, con lentitud brindo un beso embriagante, placentero y sensual.
-solo un poco más, dame unos días más.- respondió dejando otro beso en los labios del vizard. –espera te lo ruego.
-si continuo así, voy a volverme loco.- con sus dedos comenzó a jugar con el cabello del rubio tendero. Revolviendo sus mechones de pelo y observando la unión entre el cuerpo y el agua, deslizo su mano hacia esa zona. –ya no puedo más, estoy cansado.
-perdóname, es mi culpa.- el ojigris bajo la vista. –he tardado mucho.
El crujido del mecanismo de la puerta les alerto, Aizen había despertado.
-nos vemos, mi amor.- se despidió rápidamente dejando un último beso en los labios del vizard, justo antes que su cuerpo se volviera a convertir en agua.
La puerta se abrió y Aizen entro.
Su mirada estaba pérdida inmersa en su propio mundo, tan perdido, que ni siquiera se había molestado en preguntarse por la ausencia del vizard o molestarse en tocar la puerta antes de entrar. Pero en cuanto se dio cuenta de la presencia de su ex-capitán su rostro palideció y sin decir nada salió.
-creo…que eche todo a perder.- se regaño con tristeza el líder de la resistencia. Mirando el agua y escuchando los pasos de Aizen alejarse. –arruine todo, todo.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- fin del capítulo 10 =w=/) -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Que les puedo decir, nos acercamos al final, ya lo veo venir!!!
Q^Q nuestro Hirako está perdiendo la fe, está decepcionado de sí mismo. Y no sabe qué hacer. Q^Q podre vizard. Aizen se encuentra en una encrucijada que nunca había visto, dejar lo que quiere o romperlo en pedazos.
Dejen un review para reconfortarlos. :3
