Capítulo 10
Dejando atrás la casa de Tauro, Milo llegaba a la de Géminis que estaba envuelta en un aura oscura y distorsionada. Entrando por su pasillo principal este era recto y no con la multitud de salidas que había visto en su anterior visita, supuso que en aquellos momentos su guardián no estaba presente en la casa, más aun llegando a la salida esta desapareció como por arte de magia creando un nuevo corredor.
- Buenas noches Milo de Escorpio. – la voz deformada del tercer caballero del zodiaco se hizo presente entre las paredes de aquel templo.
- Hola Saga. – le respondió cortésmente. – ¿Me permites continuar hacia mi templo?
- ¿No tienes tiempo de hablar con un compañero? – la voz cambiaba de lugar en aquel lugar pero el cuerpo del guardián no aparecía.
- Por supuesto, pero el caso es que ahora me gustaría ir a conocer mi templo.
- Yo te tele trasportaré tranquilo. – la puerta de salida se volvió a abrir pero Milo retrocedió hacia el interior de la casa escuchando las palabras de Saga. – Dentro de poco aplicaremos la respuesta contra los infiltrados entre los nuestros. – le informaba como iba la situación. – El dios Hades nos ha enviado espías para desestabilizar el mundo…. Dioses… siempre jugando con la suerte de la humanidad, a veces me gustaría que el dominio de nuestro destino nos perteneciera a nosotros y no a lo que una divinidad designe, ¿no crees?
- ¿Te estás refiriendo a vivir sin divinidades? ¿Eso incluiría a Atenea?
- Atenea es puro amor y siempre justicia, no podríamos vivir mejor bajo su protección pero se sincero…: ¿no sería más justo que fueran los humanos los que dirigieran el mundo?
- Más justo es desde luego, no conozco a Atenea, por lo que se ve ella tampoco quiere conocerme a mí y no sé si ha sido la culpable de que lo hubiera pasado tan mal en la isla de Milos, nadie allí me dio consuelo.
- Ella me ha ayudado a mí en multitud de ocasiones, siempre que la necesito la siento ahí a mi lado, nunca me ha fallado… lamento que contigo no sea igual, por lo que se ve hasta los dioses tienen sus preferencias, lamento que tu no entres entre sus favoritos y es extraño pues hasta Máscara Mortal también la ha visto, el hermano de la siguiente casa sí que lo ha pasado mal, hasta convertirse en un ser lleno de ira.
- ¿Sabes que le ha pasado?
- Por supuesto, su historia es triste si me prometes no decirle nada te la podría resumir. – Milo hizo una afirmación con la cabeza aceptando el trato aunque no supiera a dónde mirar.
"Se llamaba Ángelo antes de su trasformación en Máscara Mortal, su entrenador lo adiestró de manera despiadada hasta los trece años y luego lo dejó libre, junto con sus compañeros, en las estepas previas al Salto del Hades allí estuvo sobreviviendo enfrentándose a muertos vivientes y a sus propios compañeros durante siete días, solo podría salir uno así que se encargó de ejecutarlos uno a uno. Pero eso no fue lo peor pues si el último superviviente no salía con la armadura no se abrirían las puertas.
Al séptimo día la Santa Coraza se presentó en el averno y para llegar hasta ella tuvo que sortear una marea de demonios de todo tipo, aunque los más peligrosos eran los del psique. Su ira estalló de manera desmedida volviéndose despiadado para sobrevivir.
Los seres de las tinieblas a los que se enfrentaba tenían un líder un ser que portaba una Máscara Mortuoria, con esa careta parecía controlar al resto. Puede que seducido por la tentación de controlar a aquel ejercito de demonios fue lo que le llevó a abandonar la senda de la armadura para ir a por aquella criatura hasta eliminarla y ponerse su máscara, consiguió el control del ejercito que protegía la armadura, con todo aquel ejercito postrado a sus pies se dirigió al Arcón de la Armadura y la reclamó para sí convirtiéndose en el Santo de Cáncer.
Ángelo no lo sabía pero el desvío que tomo de aquella senda tenía un alto precio, perdió algo muy valioso. Aunque el resto del mundo le veamos tal y como es, él así mismo no se ve el rostro, siempre ve la Máscara de aquel líder demoniaco que adquiere la habilidad de poseer el la faz de todo aquel que ejecuta.
Aun con la coraza equipada y las puertas de la realidad abiertas no quiso abandonar el inframundo, se mantuvo con su ejército demoniaco hundiéndose cada vez más en la más absoluta locura. Fue entonces cuando en los límites que una mente humana puede soportar cuando se levantó nuevamente adoptando un nuevo nombre, se denominó así mismo Máscara Mortal.
Su posesión más preciada fue poseer el rostro de su entrenador al que ejecutó nada más salir del inframundo. Llena su morada con los rostros de sus enemigos para ver lo que en sí mismo no aprecia…. Y esa fue su triste historia.
La prueba de Cáncer es una de las más duras pues si no la afrontas en un estado emocional fuerte te puede llevar hasta la locura más extrema."
- ¿Y no fue así? – tras escuchar aquel alegato preguntó curioso. – No creo que Ángelo, bueno MM esté muy cuerdo o al menos eso parece.
- Cuando solo deseaba el poder fue entonces cuando llegó al Santuario, aquí fue donde la mismísima Atenea se presentó ante él calmando su pobre espíritu perturbado, pero no pudo hacer nada para que pudiera volver a verse el rostro. – hubo unos segundos de silencio en los que nadie decía nada. – Por eso me extraña que la diosa en toda su benevolencia no se presente ante ti también si tan perturbado esta tu espíritu.
- Mi camino también está resultando especialmente duro y creo que me ha impedido que me rindiese en al menos tres ocasiones, aunque no estoy seguro si era ella o no.
- Cuando es ella créeme que seguro que lo sientes, la escuchas en tu cabeza, es como si la vieras y es entonces cuando no tienes la menor duda de que es la verdadera Atenea, te aseguras que cuentas con su apoyo para superar las adversidades.
- Entonces no creo que fuera ella y ojalá algún día pudiera sentirla así como me has dicho. – Milo quedó alicaído por la conversación. – ¿Conoces más historias de los otros Santos?
- De algún que otro si… pero no quisiera que me consideraras un cotilla, la historia de Máscara Mortal te la he contado porque creo que va en sintonía con la tuya, es por eso por lo que te la he revelado. Para ayudarte un poco a entender cómo se comporta la diosa Atenea cuando realmente quiere.
- Pues visto lo visto u… oído lo oído solo puedo pensar que estoy aquí por alguna razón y espero ganarme su respeto y su apoyo. – tras unos segundos en los que no obtuvo respuesta se decidió a marcharse. – ¿Me envías a mi templo?
- Por supuesto no faltaría más, cuando necesites hablar vuelve por aquí; yo no fallo a mis hermanos, te escucharé y trataré de ayudarte siempre… no como otras que ni se dejan ver cuando se les necesita.
- Gracias Saga.
Todo a su alrededor se volvió oscuro a la vez que sentía que entraba en una esfera de energía, el templo de Géminis desaparecía y esta vez reaparecía justo delante de la Octava casa del Zodiaco. Se quedó asombrado por la apariencia de su nueva morada, las cuatro torres de estilo árabe en cada una de sus esquinas.
Acariciando las columnas de la entrada estas brillaron con su tacto, el templo reaccionaba a la llegada de su legitimo guardián iluminándose solo. Atravesando el corredor principal las columnas se brillaban a su paso, finalmente al estar en el centro de la estancia se sintió por primera vez en mucho tiempo en el lugar donde debía de estar.
Explorando cada rincón del templo que contaba con multitud de salas, las exploró todas corriendo, tenía un lujoso dormitorio con una gran cama con un enredón blanco con el símbolo del signo escorpio bordado en el, también contaba con un completísimo baño anexo que contaba con tina y plato de ducha.
Continuando con su exploración no quería que hubiera un rincón que no conociese más de una de las múltiples columnas que el interior estaba erguida en su cara trasera al corredor había un símbolo en oro del signo de escorpio en lo más alto. Al tocar el pilar el símbolo brilló y el interior de la columna se abrió revelando un conducto secreto que llevaba al subsuelo de la vivienda.
Debajo del templo había una oscura cueva de al menos cincuenta metros de profundidad en forma circular quince pilares, que partían de la base hacia la casa sosteniéndola, rodeaban un altar de gran tamaño donde pudiera acostarse una persona.
Milo sin temor a estar en la más absoluta oscuridad se sentó sobre el altar y se quedó allí un rato con los ojos cerrados en posición de meditación, a su alrededor notaba perturbaciones espaciales que lo rodeaban, "Yo os saludo." Milo pronunció al sentir como lo rondaban, a continuación los pilares se fueron iluminando uno a uno en diferentes tonalidades.
Los primeros seis de ellos se apreciaba que en algún momento tuvieron nombre y título pero estaba tan borroso y desgastado por el paso del tiempo que eran ilegibles, al iluminarse el séptimo se pudo leer un nombre acompañado de un titulo escrito en él: "Dschubba, El que Portador del Gran Casco." En el octavo en iluminarse se leía: "Acarb, La Coalición." En el noveno ponía: "Wei, el Azote de Tempestad." El decimo y duodécimo compartían nombre y título: "Al Niyat, Lo Gemelos que Flanquean al Más Grande." El undécimo era el más brillante de todos y su tonalidad era roja intensa: "Antares, El Imponente." El decimotercero llevaba por nombre: "Grafías, El Señor de los Bastiones." "Lesath, El Venenoso." Era lo que ponía en el decimocuarto pilar. Solo uno de los pilares no se ilumino a su alrededor, el que llevaba escrito: "Sargas, El Primogénito."
En aquel secreto lugar Milo estuvo tranquilo hasta que sintió la llegada a su templo del doceavo caballero del zodiaco que seguramente hubiera venido a buscarlo, no le apetecía verle así que acostándose en el altar que le daba cabida para todo su cuerpo y más se relajó en aquel lugar aunque sintiera que Afrodita lo buscaba desesperadamente en la superficie.
"Hoy no." Pensó para sí cerrando los ojos quedándose profundamente dormido en aquel lugar que se quedó a oscuras a medida que perdía la conciencia.
A la mañana siguiente al subir a la superficie encontró todo el pasillo principal de la casa cubierto de pétalos de rosas blancas y un sobre tirado en el piso en mitad de su templo, al abrirla la encontró repleta de pétalos de rosas rojas y una nota en su interior que decía: Querido Milo, me he de ausentar unas semanas en una de las misiones del Santuario, "como siempre luchando por la paz en el mundo y por nuestra amadísima diosa Atenea" quiero que sepas que te llevo en el corazón y desde que vuelva no me separaré de ti. PD: Me han dicho que últimamente estas muy unido a Aldebarán de Tauro… hazte un favor y no te mezcles con el populacho del Santuario, no es digno de que le vean acompañado contigo, tu perteneces a los más bellos y el… mejor me reservo lo que pienso del. Siempre tuyo Afrodita de Piscis.
Rompiendo aquella nota en trocitos la quemó con su energía. Cuando aún no había amanecido esta vez era Milo el que llegaba a la casa de Tauro antes de que este se despertara, el día había comenzado y su entrenamiento debía de continuar. Y así fue durante las siguientes semanas, a las seis en punto comenzaban y terminaban a las ocho de la tarde.
Tratando de controlar su cosmos de manera infructuosa la desesperación le invadía pero toda esa angustia un día se vio momentáneamente eclipsada por un suceso que se produjo un día en el que su entrenamiento había finalizado.
Aldebarán y Milo volvían, como de costumbre, destrozados por la dureza de las enseñanzas de Eo cuando, el brasileño paró en seco al llegar a la zona de los aprendices, allí la vio, tratando de ocultarse tras un árbol miraba como Shaina entrenaba duramente a su aprendiz.
- ¿Qué ocurre? – Milo que estaba tras el toro intentaba conocer el porqué su compañero se había quedado parado apoyado en un árbol con la mirada perdida a aquella joven.
- ¿No es preciosa? – su tono de voz era el de un completo enamorado y aunque la joven estuviera machacando a su discípulo parecía que solo la viera a ella.
- Yo solo veo a una chica con una máscara que en lugar de enseñar a su discípulo lo está destrozando a golpes. – su expresión corporal se estremecía al ver como la chica le daba una patada al su grandote aprendiz y luego destrozaba una enorme roca con sus poderosas garras. – Desde luego tiene carácter. ¿Te gusta? Si ni siquiera sabes cómo tiene el rostro.
- No seas superficial Milo. – seguía mirándola embobado mientras esta destrozaba más rocas furiosa pues su discípulo no daba la taya que ella quería. – Es la mujer de mis sueños.
- De tus sueños y de tus pesadillas pues hay si enfada. – comentó al ver el carácter de la chica. – Pues vamos a hablar con ella. – Milo hizo el intento de acercarse a conocerla pero el grandullón lo detuvo.
- ¿Estás loco? – retrocediendo volvían a dirigirse hacia la zona más elevadas. – No sabría que decirle, me quedaría completamente bloqueado…. – comentó mientras repentinamente comenzaron a escuchar como unas campanas resonaban por todo el lugar y había agitación cósmica.
- ¿Nos atacan? – preguntó Milo al sentir todo aquel revuelto de energías.
- No… más bien alguien intenta marcharse. Cuando suenan esas campanas es que alguien está tratando de desertar… el Patriarca no tolera eso y lo castiga con la muerte.
- ¿Esto es acaso una prisión? ¿Atenea lo consciente?
- Pues no sé si lo permite o no… pero hoy correrá sangre en los corredores de escape del Santuario.
- No amigo mío, hoy no morirá nadie. – golpeándole el pecho le miró fijamente a los ojos y luego se marchó hacia donde se dirigían los guardias.
El grandullón siguió sus pasos y ambos se posicionaron en pocos segundos en los corredores de salida del recinto sagrado adelantando a los guardias que perseguían a un pequeño grupo de jóvenes que corrían desesperadamente.
Sintiendo el cosmos de otro dorado que también se aproximaba descubrieron como Máscara Mortal también llegaba hasta ellos y se interpuso en el camino de los desertores y propinando una patada a uno de ellos les detuvo a todos.
Sonriendo cínicamente sus poderosas garras violetas aparecían y como cazador que se divierte jugando con una víctima hacía movimientos rápidos a los jóvenes reprimiendo sus intentos de esquivarlo y poder correr hacia la libertad.
Tras dar una patada a otro que trató de sortearlo se preparó para despedazarlos y alzando su mano se abalanzó sobre ellos pero en un rápido destello fue detenido por Milo que sujetó su mano en menos de una milésima de segundo evitando que los ejecutara. Los ojos del escorpión estaban rojos por la ira y su cosmos a punto de estallar, Aldebarán que sabía lo que solía pasar cuando eso pasaba trato de calmarlo.
- Máscara Mortal, ¿te divierte mostrar todo tu poder contra aquellos que son más débiles que tú? – le preguntó a la vez que lo soltaba y este retrocedía unos metros.
- Golpear a los más débiles es propio de un Santo de Oro. – Aldebarán le dijo mientras ayudaba a levantar a los chicos y mirando a las tropas que venían tras ellos estos se quedaron estáticos ante la imponente mirada del grandullón. – Que todo el mundo se quede tranquilito o comienzo a repartir bofetones. – amenazó a todos los perseguidores.
- Son traidores, no merecen otra cosa más que la muerte. – no les quitaba la vista de encima a sus posibles víctimas.
- ¿Cuál fue su crimen? ¿Qué han hecho para que les condenen a muerte? – el rubio se dirigió a los desertores y mirándoles les preguntó. - ¿Habéis hecho algo malo?
- No señor. – uno de ellos le hablo atemorizado. – Solo queremos irnos de aquí, solo nos espera la muerte, nos trajeron contra nuestra voluntad de niños y no queremos este destino, queremos tener una vida normal. – a Milo aquellas palabras se le clavaron en el corazón como duros puñales.
- Los chicos se marchan. – amenazó a MM tratando de que su cosmos no estallara, Aldebarán se ponía a su lado apretando los puños por si se desataba una pelea.
- ¡Pagareis por esto! – MM en inferioridad se marchó de un salto desapareciendo en lo alto de los acantilados. – El Patriarca será informado de vuestra deslealtad. – amenazándoles se marchó.
- Que pena que no se quedara un rato más, tengo las manos inquietas y comienzan a tener ganas de liberarse y zurrar a todo aquel que este por aquí en breve. – el grandullón al decir aquello los guardias se marcharon corriendo. – Milo creo que vamos a recibir en breve una invitación para ver al mandamás.
- ¡Que nos llame! – dijo enfurecido escoltando a los chicos hasta la salida de los corredores concediéndoles la libertad que tanto deseaban. – Iremos a ver al Patriarca ahora mismo a pedirle explicaciones del porque esto es una prisión.
Una vez vieron desaparecer a los chicos notaron como el cosmos de otro dorado estaba también en el lugar y al mirar hacia los acantilados comprobaron como Aioria estaba allí observándoles, les miraba fijamente desde la distancia y poniéndose recto les hizo una reverencia en señal de que estaba muy conforme con lo que habían hecho, con la misma despareció.
Antes de que les llamaran los dos compañeros se presentaron en el templo del Patriarca, a la velocidad de la luz fueron a cambiarse para poder presentarse ante el sin levantar sospechas de que estaban entrenando con un desterrado.
Llegando a la sala donde estaba el trono del regente del lugar del interior salía MM con una orden para ellos de presentarse. Al verlos allí se sorprendió de lo rápido que habían llegado y entregándosela entraron en la sala.
- ¡Se puede saber a qué viene esta sublevación! – al verlos el regidor les reprendió severamente. - ¡¿Cómo dos de los Santos más poderosos han permitido una deserción?! Esto creará crispación y no permitiré que se me pierda el respeto en este lugar.
- ¿Respeto o temor? – Milo estaba igualmente furioso. – No sois quien para regir los destinos de todo aquel que viva entre estas montañas. Servir a Atenea tiene que ser por devoción y no por obligación. Aquel caballero que lucha con el corazón y no por obligación es el que debería permanecer entre nosotros, el resto tendríamos que expulsarlos pues no representan lo que verdaderamente es ser un Santo de Atenea.
- No permitiré que mis fuerzas flaqueen. La insubordinación que habéis cometido hoy tendrá consecuencias. A partir de hoy no podréis salir de la zona exclusiva de la Elite Dorada. Quedáis recluidos hasta nuevo aviso.
- Solo acataría esa orden si la oyera directamente de la voz de la diosa Atenea, vos no sois quien para encerrarme ni dirigir mi destino. – la conversación se estaba acalorando y Aldebarán estaba expectante de lo que sucediera.
- ¡No te atrevas a cuestionarme Milo! – enardeciendo su temeroso cosmos no consiguió que Milo bajara la mirada y este lo seguía observando desafiante.
- Matadme si lo deseáis, os suplico que lo intentéis. – sin achicarse le seguía desafiando con la mirada. – Jamás volveré a sentirme encerrado en mi vida, antes moriría luchando por mi libertad. – esta vez era él el que se preparaba para salir de la instancia. – Para que no os quede ninguna duda: sigo siendo absolutamente leal a la diosa Atenea, pero solo os doy un consejo, deberíais preocuparos de hacer que los Santos luchen por la diosa con el corazón más que lo hagan por vos aterrados por el miedo.
Cuando los dos jóvenes se marcharon todo se quedó en silencio el Patriarca apretando sus puños a los posa brazos su cosmos estaba furioso. "Los pierdes Arles, por muy grande que sea tu cosmos puede que a estos no logres intimidarlos, también esta ese otro que no te obedece como es debido." Una voz resonó en su cabeza mientras avanzaba por el interior de su templo. "Caballeros de oro no comen de tu mano como desearías… eres realmente lamentable al creerte que te saldrás con la tuya."
- Saga… si no puedo intimidarles hare que coman de mi mano de otra forma. – se quedaba pensativo meditando que hacer en aquella situación hasta que llegó a una sala donde había unas grandes urnas llenas de un polvo negro brillante. – Tengo grandes planes en mente y no permitiré que se descubra la verdad, ¿quieren luchar por una noble causa con el corazón? yo haré que luchen de verdad. – cogía un puñado de aquel polvo negro y lo dejaba caer nuevamente. – El proyecto Armaduras Negras sigue su curso y los aprendices están listos para entrar en acción, es una verdadera pena que Milo hubiera matado a todos los habitantes de la isla de Milos, el trato con Marcus era que me trajera a todos aquellos discípulos para mi nuevo ejército… pero desgraciadamente enloqueció y perdí el contacto.
"¿Qué pretendes hacer si tus legiones rebeldes logran derrotar a los dorados?"
- Si funciona y eliminan a esos Santos Dorados puede que hubiera llegado el momento de desenmascararme, eliminar lo que no me siga y redoblar las fuerzas con esta novedosa nueva forma de guerreros.
A las afueras del templo principal los compañeros descendían templos abajo Aldebarán estaba asombrado por la determinación de su compañero que estaba dispuesto a dejarse ejecutar si lo volvían a encerrar. También estaba emocionado al ver que alguien por una vez le había hecho frente al Patriarca.
Al llegar al octavo templo aun repitiendo la conversación en la sala del regente, allí el moreno se marchó templos abajo para ir a descansar bien después de tanta emoción. Milo en su templo, dado que no se había duchado se fue al baño que había en su templo y allí se desvistió y se metió en la tina dándose una ducha, mientras se enjabonaba no se dio cuenta de que el nudo de la pulsera que llevaba en la mano se le había desatado y caía al suelo de la tina.
Aun sobresaltado por la emoción del desencuentro con su señor no se percató de que se le había caído olvidándosele allí mientras se secaba y tras ponerse el pijama se introdujo en su cama a descansar. Cerrando los ojos por el momento se introdujo dentro de un profundo sueño.
De repente al volver a abrir los ojos ya no estaba en su templo, nuevamente estaba ahora en aquella exuberante arboleda donde había divisado a la joven unas semanas atrás. El cielo sobre el que estaba era espectacular, sin ninguna estrella a pesar de ser de noche, lo que si se podía divisar en el firmamento era las nebulosas cósmicas sin forma, parecían estar en lo más profundo del cosmos.
Apartando los matorrales la encontró corriendo delante del completamente desnuda, persiguiéndola la chica lo miraba riéndose tras una larga carrera se detuvo y a Milo le atravesó como si fuera un fantasma un hombre completamente desnudo de apariencia juvenil de pelo rubio corto.
El griego como si fuera un espectro contemplaba la escena de la pareja, el joven trató de tumbarla sobre la verde hierba para recostarse sobre ella pero la chica no estaba con ánimos de hacer lo que él pretendía y se marchó a la vez que el chico le sujetaba la mano.
Mirándolo sin tenerle miedo soltándose salió corriendo de allí desapareciendo entre la arboleda, Milo la perseguía para ver a donde se dirigía y la joven acabó saliendo de la amplia zona verde para adentrarse en un desierto llano de tierra estéril.
Aunque trató de seguirla más allá del horizonte la mujer corría a una velocidad que pronto desapareció en la nada. El rubio se quedó perdido en la inmensidad del desierto, que se veía envuelto por una bruma grisácea que consiguió envolverlo por completo.
En aquella neblina había sombras que se movían de un lado para el otro, cosa que le hizo ponerse en guardia preparándose para lo que fuera pero cuando de entre la niebla divisó la figura fantasmagórica de sí mismo, aquel que en otro sueño lo vio ahogado pero esta vez caminaba con un aspecto decrepito hacia él.
Tratando de huir ahora la niebla se disipó descubriendo como estaba en un estrecho corredor sin salida cuyos muros ascendían hacia el cielo. Ante el imparable acercamiento de ese ser idéntico a pasó al ataque propinándole toda clase de violentos golpes pero ninguno pareciese hacerle ningún daño.
Finalmente acorralado por el final del corredor quedó empotrado por la pared a la vez que aquel ser decrepito de ojos blancos se le aproximaba como un zombi hasta su oído. "Tarde o temprano cumpliremos lo acordado y será mío." Con una voz que no era la suya le dijo al oído a la vez a la vez que ponía su mano en el pecho del vivo provocando que este se prendiera fuego, hasta conseguir que Milo volviera a gritar de una manera agónica.
Despertándose gritando se agitaba aún en la realidad intentando quitarse a ese espectro de encima, más cuando recobró el sentido y se percató de donde estaba respiró aliviado. Eran las cuatro de la mañana y faltaba poco para que su día comenzara, entonces fue cuando al mirarse la muñeca se percató esta vez que no la llevaba puesta y se fue al baño donde la encontró aun donde se le había caído, se la anudó lo más deprisa y fuerte que pudo.
A pesar de no poder sentir dolor aun tenía la sensación de la quemadura en el pecho y acercándose al espejo se desabrochó la parte de arriba del pijama admirándose en el reflejo, la marca de la mano estaba perfectamente visible en su pectoral, síntoma de que ese sueño había sido algo más real de lo que hubiera deseado.
