Dcromeor, es que Roni es una chica con suerte. Vamos, mira que pieza se lleva...


Emma Swan

Tarareaba una canción mientras me vestía para aquella mañana. Bueno, no era vieja, pero sonaba como si lo fuera. Cuando me puse la chaqueta, ya me encontraba bailando hacia la salida. Estaba claro que necesitaba dormir para librarme de mi pésimo humor. Ya había tratado un plan de acción para lo que quería hacer, y tener un mal día no me ayudaba en absoluto. No iba a conquistar a Roni de mal humor. Me coloqué mi guitarra al hombro y abrí la puerta, justo para encontrarme tras ella a una persona.

Recordé la primera temporada de la serie. ¿Alguna vez os habéis preguntado cómo habría sido Regina si careciese de carisma, poderío, elegancia y su atractivo despampanante? Porque eso era lo que tenía delante de mí. Aquella mujer parecía vestida con un traje que no era suyo, como un niño que se viste con la americana de su padre y juega a que es el jefe de la oficina.

_ Supongo que usted es Victoria Belfrey._ Le dije, con toda la tranquilidad del mundo.

_ Así es. Quería darle la bienvenida al barrio._ Dijo, con tono educado._ Estamos en ascenso. Espero que se encuentre cómoda y piense en trasladarse aquí. ¿Cuánto pensaba quedarse?

_ ¿Quién sabe? Quizá una semana._ Dije, con una sonrisa.

_ Bien… ¿Cómo ha dicho que se llamaba?_ Preguntó.

_ Emma Swan. Es un placer._ Amplié mi sonrisa._ Y ahora, si me disculpa.

Cerré la puerta tras de mí. Pude ver que había tenido un principio de pavor mientras le decía mi nombre. El estigma de la salvadora era intenso, era algo inolvidable, y resultaba difícil ignorarlo para una villana de tres al cuarto como ella.

_ Esta noche toco en el Roni's. Quizá le apetezca pasarse._ Le dije, con un desafío mal disimulado.

Roni

Abrí los ojos azorada. Había algo, algo en aquella mujer que provocaba que no me la sacara de la cabeza. Era bella, sí, y no sería la primera vez que compartía mi tiempo con una dama… pero no era simplemente. Era como si la conociese de antes. Aunque ella tampoco me había reconocido en absoluto. Me la imaginaba con una espada al cinto, vestida de cuero y con una sonrisa de victoria después de haber derrotado un dragón.

Y estaba mal que lo dijera, pero esa visión me ponía como una moto. Hablando de motos, cuando la salí de casa había una frente a mi puerta, y sobre ella… la chica matadragones, con su chupa de cuero y sus gafas de sol, subida a su moto.

_ Por lo visto esta mañana libras, ¿No, Roni?_ Preguntó, sonriendo de lado.

_ Podemos decirlo así._ Lo cierto es que el bar tenía tan pocas visitas por la mañana que ya no me molestaba en abrirlo. Ni siquiera aparecían los ancianos a tomarse su café mañanero con unos churros que ya no me molestaba en preparar.

_ ¿Le importa a la señorita si la llevo de paseo?_ Preguntó, bajando las gafas para mirarme con sus enormes ojos azules.

_ Sólo si no me vuelves a tratar de usted._ Dije, cruzando los brazos.

No pude evitar que una involuntaria sonrisa apareciera en mis labios. Había algo en el desenfado de aquella mujer que me soltaba. Me subí al asiento trasero y me sujeté. No supe cuánto tiempo avanzamos hasta que la moto paró. Pero lo hizo ante una playa de arena blanca.

Victoria Belfrey

Emma… Swan. No, no podía ser. Era una casualidad. Emma no era un nombre tan extraño. El apellido podía ser poco común pero aun así yo sabía a ciencia cierta que la salvadora estaba fuera de circulación. Y sin embargo no dejaba de pensar en que aquellos ojos azules sabían algo que a mí se me escapaba.

Iba a tener que asegurarme de que se mantuviese a buen recaudo… lejos de mí. Por suerte sabía perfectamente a quién tenía que llamar para que se hiciera. Ya veríamos si tenía que preocuparme por ella después de pasar una noche en la cárcel.

Roni

_ Tengo que preguntar… ¿Por qué me has traído aquí, Emma?_ Pregunté, marcando la separación entre las dos emes.

_ Porque es genial estar viva._ Dijo ella, sentada sobre la arena y observando el horizonte.

Se había quitado la chaqueta y debajo llevaba una camiseta de tirantes blanca. Desprendida de sus gafas, sus ojos azules tenían un brillo iridiscente bajo aquella luz. Tenía un aire de Leona al acecho, con su larga melena rubia, que resultaba difícil de ignorar. Atraía mi mirada como un imán.

_ ¿En qué piensas?_ Le pregunté.

_ En una chica con la que salía._ Dijo, sin mirarme.

_ Oh…_ Dije, algo sorprendida de su franqueza._ ¿Y era buena esa chica?

_ La mejor… aunque… era algo mandona… y creía que sabía de cocina más que yo._ Me miró, con una sonrisa._ Ah, pero cuando le preparé mis lentejas tuvo que reconocer su error.

_ ¿La conquistaste con unas lentejas?_ Le pregunté, alzando una ceja.

_ Oh… hacer lasaña es fácil, Roni… pero preparar unas legumbres… es otra historia.

_ Tú no has probado mi lasaña._ Le dije, con desafío._ Es la mejor de todo el barrio.

_ No lo dudo, querida._ Dijo poniéndose en pie y bajándose los pantalones.

_ ¿Pero qué haces?_ No sonaba tan escandalizada como quisiera, no.

_ No he venido hasta aquí sólo para las vistas._ Dijo, tirándome el vaquero a la cara.

Vistas… para vistas las que estaba teniendo yo. Menudo par de… piernas que me tenía escondidas Emma. Si ella iba a dar espectáculo, no iba a ser yo la que pareciese estrecha. Se iba a enterar de quién es Roni. Me quité el vaquero y se lo lancé en respuesta. Ella rió, tiró la camisa al suelo y salió corriendo por la arena, directa al agua.

Jennifer Morrison

_ A mí también me gustan sus lentejas._ Bufé, apartando la vista de la pantalla. Lana estaba grabando y yo estaba sola.

Estaba pensando en volver a mi casa, olvidarme de todo y teñirme de pelirrojo oscuro. Pero mi móvil, en silencio, vibró, y cuando lo cogí y vi que se trataba de Emma, no pude evitar descolgar y llevarme el teléfono a la oreja.

¿Cómo estás?

Un poco depre. _ Reconocí. Me llevé la mano al rostro. No debí decirle eso.

¿Te sientes sola, Jenny?

Hubo un silencio tenso y sentí que me sonrojaba. Emma tosió y me pasé la mano por el pelo. Repentinamente, me sentía nerviosa.

Bueno. Roni está a punto de salir del lavabo… sólo quería saber que estabas bien.

Vale, gracias y… suerte con Roni.

No te preocupes por eso.

Cuando colgó sentí que se me encogía el corazón. Apagué la televisión y me acurruqué en el sofá, suspirando. ¿Por qué era tan difícil?

Emma Swan

Colgué el teléfono y me quedé mirando mi reflejo sobre la pantalla apagada un par de segundos. Cuando escuché a Roni salir del baño de la gasolinera me volví a poner en pie. La camarera me había preguntado si quería algo y no le había contestado, absorta en mis pensamientos. Pagamos la gasolina y volvimos a la carretera.

_ Roni… hay una cosa que me gustaría pedirte._ Comenté, mientras me subía a la moto.

Weaver

Lo admito, no me gustaba seguirle siempre el juego a Victoria Belfrey. Esa mujer era malvada, no había que ser un genio para darse cuenta. Y ordenarle al pobre agente Rogers que detuviese a aquella mujer mientras volvía en su moto no había sido divertido. Pero la propia rubia despertaba mi curiosidad. La forma en la que había llegado, como una exhalación, y cómo había hecho saltar todas las alarmas de Belfrey. Nadie la había hecho reaccionar así.

_ Buenas noches, Weaver…

La forma en la que me saludó, como si me estuviera esperando, me inquietó. A pesar de estar en una celda, no parecía intimidada en absoluto. Me miraba con la cabeza metida entre los barrotes, sonriendo de oreja a oreja.

_ Bella._ Dijo, incorporándose.

_ ¿Cómo?_ Pregunté.

_ La chica que no te quitas de la cabeza, pero que no recuerdas. Se llama bella. ¿Puedo hablar con Victoria? La verdad, si estoy encerrada por ella, prefiero ahorrarme los pormenores…

Normalmente no haría tal cosa, pero como había dicho, lo que me empujaba a todo aquello era la curiosidad. Así que hice que la señorita Belfrey viniese a comisaría, a pesar de sus protestas.

Emma Swan

Empezaba a pensar que la cárcel no era tan mala. A fin de cuentas, ya había estado un par de veces y terminaba saliendo… hasta del infierno… aunque el infierno de Once Upon a Time no era de los peores… si hubiese muerto en God of War me habría preocupado bastante… con todas esas almas cayendo… y pudiendo empezar a formar parte de ese conjunto. No, decididamente eso habría vencido mi resistencia.

Y allí estaba la mujer madura otra vez. Victoria Belfrey, ya sin esforzarse por parecer amable ni convencerme de que era mi buena amiga. Lo gracioso es que yo ni siquiera había hecho nada en absoluto, sencillamente me había presentado y había vagado un poco por el pueblo sin molestar a nadie ni romper la paz que se había impuesto.

_ Supongo que estoy aquí para que no toque esta noche en el Roni's._ Dije, sin molestarme en saludar._ Esto es bastante decepcionante, la verdad. Se ve que está aterrada.

Yo ni siquiera era su peligro real. Ese peligro era Henry. Y mientras ella estaba entretenida conmigo, probablemente el chaval tuviese mucho que hacer. Tenía que empezar a creer y, por desgracia, no iba a ser yo el que despertase esa chispa del todo. Era tarea de Cenicienta. Aquella no era mi lucha en absoluto. Suspiré y me aparté.

_ Usted estaba conduciendo en la moto sin casco, señorita Swan.

Señorita Swan. Esas palabras despertaban muchas cosas en los labios adecuados, pero no en aquellos. En aquellos no había nada. Victoria Belfrey era… aburrida. En sí, había estado aburrida desde que había entrado en aquel vecindario. Salvo con Roni.

_ ¿Acaso cree que mis trucos de Salvadora terminan con esto?_ Me reí, sonoramente._ Tremaine… Tremaine… Tantos esfuerzos y tan poco resultado.

La vi arquear las cejas y torcer el gesto ante mis palabras. No parecía sorprendida de que yo supiese quién era en realidad, o sus planes. Al menos era buena actriz.

_ No va a salir de aquí, señorita Swan._ Me dijo.

_ Roni no ha hecho que te cale en la mollera, ¿Verdad?_ Sonreí._ No intento salvar a nadie esta vez.

_ Entonces, ¿Cuál es tu fantástico plan?_ Preguntó.

_ Inspiración._ Me encogí de hombros.

Victoria abrió los ojos de par en par, sorprendida, se dio la vuelta y salió. Yo me acomodé en la cama de la celda y sonreí de oreja a oreja. La acababa de poner en jaque a pesar de no haber hecho nada.

Roni

Sentí cierto desazón. A pesar de todo, las palabras de Emma no se me iban de la cabeza, casi como si esperase que al llegar al barrio, el agente Rogers la detuviese y la obligase a ir a prisión por aquella noche.

"Si me pasa algo, quiero que cojas el micro y cantes en mi lugar. El grupo está preparado"

Y me puse allí, frente a todos, y canté. Mi voz sonaba como un chorro de voz, y cuando me quise dar cuenta, el pánico escénico que había tenido en un principio, desapareció. Allí estaba yo, Roni, cantando para mi local… y les gustaba. Les gustaba cómo cantaba.

La marcha se apropió de mi cuerpo y me vi bailando con el pie del micrófono. Pensé en Emma y me desenfadé, moviendo mi melena rizada como supuse que ella haría. Había gritos de emoción en el bar. Gritos que ni siquiera Victoria Belfrey pudo acallar.

Emma

El tejado tenía… bueno, la verdad es que no apetecía mirarlo. Allí estaba yo sola en todo ese edificio. La comisaría de Hyperion Heights era sosa, no como la de Storybrooke. El silencio fue absoluto hasta que escuché a alguien correr por el pasillo. Alcé la vista y vi a Lucy abriendo la cerradura de la celda.