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N/A 1: Imaginen a los personajes con los rostros y anatomías del K.O.F. XIII.

N/A 2: Ni K.O.F. ni sus personajes son propiedad mía. Pero eso ya lo saben todos.


Las horas habían transcurrido de manera anormal para tantos. El Yagami se despertó sobre la cama de su apartamento a oscuras; miró su celular notando que ya era tarde. Tan solo prendió su lámpara de escritorio recargando sus codos sobre sus rodillas sintiendo un pequeño dolor en su nuca.

—Nadie se burla de mí, estúpida. —musitó el pelirrojo con frialdad frunciendo el ceño.


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En el cuartel de NESTS…

La mayoría de los miembros de la legión se encontraban en una gran mesa de marfil sentados en sillas del mismo material comiendo. En ninguno de ellos cabía la menor duda de los planes. Todo estaba perfectamente tramado, inclusive tenían planes por si los primeros no resultaban como ellos querían o esperaban.

—Hemos dejado pasar ya mucho tiempo para dar el primer golpe ¿Qué carajo estamos esperando realmente? —cuestionó tranquilamente Krizalid.

—Sí que eres tonto. No cabe duda que perteneces a NESTS. —decía Goenitz cerrando sus ojos al momento de bajar su vista con una sonrisa de burla.

—¡Púdrete imbécil! —respondió el miembro del cartel con molestia por lo que le habían dicho.

—¿No ves que poco a poco, mientras el tiempo pasa estamos logrando que estén menos alerta de un ataque en cualquier parte de Japón? ¿No es acaso esa una buena estrategia? —le recriminó el rey celestial a Krizalid quien tan solo se limitó a mirarlo con asco.

—Y sigo insistiendo en que ataquemos todos juntos de una buena vez. Sería más fácil y rápido. —comentó de mala manera Rugal sin siquiera haber probado nada de lo que tenían en la mesa.

—Todos de un solo golpe, he [?] y entonces dime ¿Qué pasaría si la mayoría de nuestra legión pereciera por cualquier motivo en un solo ataque dejando a unos pocos de pie? No tendríamos oportunidades de retirarnos a tiempo. La primera regla en las guerras… —decía Igniz levantando un poco su dedo índice. —Nunca subestimar a un rival; por más débil que parezca. —le contestó al Alemán dejándolo callado.

—Mañana… daremos el primer golpe. —habló esta vez Orochi un poco asqueado por estar ya un tiempo rodeado de tantos humanos. —Ustedes mismos saben quienes irán a combatir. Hagan lo necesario para cumplir la encomienda. —musitó la deidad bajando un poco la vista con cansancio, refiriendo sus palabras a Yashiro, Shermie, Chris, Goenitz, Ángel, K 9999 y Nameless.

—¿Se encuentra bien? —cuestionó Leopold notando el gesto de su dios.

—Después. —contestó Yamata sin verlo a la cara tras haber aclarado su garganta. —Como saben, el ataque se llevará a cabo en el centro de Tokio a las mil cuatrocientas, entregaremos el primer mensaje de sangre a los ciudadanos. —habló el ser mirando a todos a la vez.

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Al terminar la cena, los legionarios se retiraron del majestuoso e imponente comedor de NESTS dejando a Orochi al último; tres de ellos fueron a las celdas donde se encontraban Diana, Foxy y Whip para corroborar que todo estuviera en orden.

Después de notar que los del cartel y Rugal se retiraran, el dios se recargó en la mesa de mármol respirando con un poco de molestia.

—¿Qué lo tiene en ese estado mi señor? —se hizo escuchar el rey del viento haciendo acto de presencia.

—¿Por qué crees que ese puñado de idiotas me obedecen? —le preguntó Yamata no Orochi a Goenitz sin verlo a la cara.

—Quizás porque saben muy bien que usted posee el poder absoluto y reconozcan que sin usted no serían nada o estarían vivos.

—¿Eso crees? No me hagas reír. —contestó con indiferencia. —A ellos les importa un comino lo que hice, incluso reconociendo mi poder, todos a excepción de ustedes cuatro me hubieran eludido. Lo que he estado haciendo en sus mentes me deja muy cansado día con día. En especial el control sobre la mente de Gaidel. A él… desde el primer maldito segundo en que lo regresé a la vida he estado en su mente. Un traidor sin perdón. Pero su poder, se me es necesario.

—¿Quiere decir qué…

—Así es mortal… he estado manipulado un poco la mente de los más renegados para que no se opongan a mis órdenes. Los más débiles quedan en segundo plano pero los otros… son el problema. Es muy difícil tener que soportar esto cada vez que los veo a su patética cara.

—No tenía ni idea.

—No importa. Ahora vete, tienes que dirigir una batalla mañana.

—Sí, mi señor. —terminó de decir haciendo una reverencia antes de irse de su presencia.


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Al otro lado de la ciudad, en el templo Kagura…

Maki y Chizuru acababan de llegar a su hogar después de una poco ortodoxa celebración de cumpleaños. Durante el trayecto ambas no habían dicho nada de lo que había ocurrido.

—Vaya, que noche. —dijo Chizuru rompiendo el hielo.

—Jamás en mi vida me había sentido tan incómoda con algo ajeno. —decía la gemela un poco ruborizada por no haber intervenido en la pelea del Yagami y el Kusanagi.

—Oye hermana ¿Quieres que hagamos algo de comer? Es decir, por lo que pasó en la fiesta no tuvimos oportunidad de comer mucho así que… —volteó a verla.

—Gracias hermana, pero no gracias. —sonrió un poco ella. —Creo que iré a dormir ahora mismo. —terminó de decir subiendo las escaleras siendo observada por su hermana. Chizuru sabía que el dormir era como un hobbie para Maki.


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En la mansión Asamiya…

La joven de larga y hermosa cabellara lila se encontraba durmiendo sobre su lecho tranquilamente; la luz de la luna iluminaba perfectamente su balcón junto con una pequeña parte de su habitación.

Athena… despierta. —ordenó una voz que se propagó por el aire.

Casi al instante, la adolescente despertó. En esos momentos la luz blanca de la luna que pegaba en su balcón siguió rumbo hasta chocar con el espejo Yata que le habían obsequiado en uno de sus cumpleaños cubriéndolo por completo.

—¿Qué ocurre? —se preguntó la fémina incorporándose mientras se frotaba los ojos.

El tiempo está cerca. —le decían dos voces que hablaron a la vez.

—¿Ancestro? —cuestionó la joven Asamiya caminando un poco al espejo de los Yata.

Prepárate, pues mañana en el centro de Tokio la legión ha de estar ahí lista para entregar su primer mensaje a la ciudad de Tokio, dos horas después del medio día. —hablaron aquellas voces a la vez.

Athena pudo reconocer perfectamente que la primera voz correspondía a la Princesa Athena, pero la otra, la cuál era similar a la de un varón, era una voz que jamás en la vida había escuchado; no obstante era una voz de alguien que emanaba paz, amor y tranquilidad.

Harás lo posible para detenerlos. Aunque eso signifique perder tu misma vida. —terminaron de decir aquellas voces.

Al haber finalizado el mensaje, la luz desapareció por completo dejando a una impotente ídol. Aquello había sido totalmente repentino; casi ni recordaba el motivo por el cual muchos de su conocidos aún se encontraban en Japón. La adrenalina de la chica empezó a subir de manera notable por su estado de ánimo.

—Tan rápido. —musitó tapándose sus ojos con las manos.


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En el templo Kagura…

Maki tocaba fuerte y rápidamente la puerta de la habitación de su hermana. No cesó hasta que esta fue abierta por completo dejando notar a una preocupada Chizuru, quien sabía el motivo de la insistencia.

—Hermana… lo he soñado; llegó el momento. —anunció Maki.

—¿A quiénes? —cuestionó Chizuru.

—Salvo Athena, y por las circunstancias, tú sabrás.


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En el cuartel de NESTS, hora y media más tarde…

Aliados míos… —se decía para sí mismo el dios encontrándose a solas en una sala del cartel. —Fueron forjados en mi victoria, una victoria que acabará primeramente con la mayoría de los humanos de Europa y Asia; será el inicio de mi nuevo reinado y con forme crezca, crecerá más nuestro poder. Crearé un mundo nuevo; un mundo donde la justicia reine…

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En la mansión Asamiya…

Sin poder conciliar ni de broma el sueño, Athena respiró profundamente con nervios mirándose al espejo sin poder evitar soltar una lágrima por lo nerviosa que se encontraba.

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… un mundo que cederá nuevamente a mí; al pronunciarse el nombre de Yamata no Orochi, los humanos tendrán temor. Recuerden que todos ustedes tienen un gran potencial, el cuál usaré para mi beneficio…

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En el templo Kagura…

Luego de que unos cuantos llegaran finalmente al templo, todos se encontraban de pie y recargados en la pared meditando la revelación de Maki; se miraban a entre sí como si se dieran ánimos entre ellos con la mirada.

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… el mismo potencial que va a ser puesto a prueba. Escuchen, legión, dejen a un lado las absurdas disputas que los han dividido durante tanto tiempo. Forjaré un nuevo imperio, vamos a prevalecer, no habrá nadie que nos detenga y les prometo que todo esto que he dicho lo he de cumplir. —terminó de hablar el dios para sí mismo con una mirada fría en su semblante.


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Viernes 15 de marzo, mil cuatrocientas. Centro de Tokio…

Los siete guerreros se encontraban cerca del punto de referencia. Al llegar, Goenitz asintió a los demás y ellos se mezclaron con las personas quedando inmóviles en lugares distintos; más aún cercanos a un pequeño grupo de guardias de seguridad que merodeaban por las calles para mantener el orden. Al cabo de un par de minutos, Goenitz dio la orden para atacar.

—¡Ima! —gritó el rey celestial al momento de crear una poderosa ráfaga de viento la cual hizo volar bruscamente a un puñado de policías.

Ante la indicación, los guerreros de NESTS hicieron uso de sus sofisticados trajes para empezar con la batalla. Todos a excepción de una persona.

Al comenzar con la matanza, Ángel corrió lejos de ellos uniéndose a los civiles y se escondió de sus compañeros sin ser vista por nadie. Lo que menos quería era llenarse de sangre ajena por un capricho de alguien a quien ni si quiera debía servirle sin motivo alguno. Después de todo, Yamata no Orochi la había considerado a ella como una de las más débiles de la legión y le constaba.

Fue de esa manera que los seis comenzaron a matar con sus respectivas habilidades; el viento, el fuego impuro, la electricidad, la tierra, el brazo polimórfico y la llama naranja, empezando primeramente por los guardias de seguridad. Cada uno travesaba los cuerpos de los civiles con sus poderes y habilidades, les rompían el cuello, los azotaban contra el piso, les habrían el vientre dejando sus vísceras sobre el asfalto mientras su sangre corría por sus cuerpos. Claramente se podían escuchar los gritos de dolor y sufrimiento.

Chris quemaba a las personas con su fuego púrpura. Yashiro provocaba que la tierra temblase con su poder sobre ella haciendo que la gente a excepción de los suyos cayera al suelo y los golpeaba hasta la muerte, los tiraba al piso y al tenerlos boca abajo les arrancaba la columna vertebral sin pudor golpeando con ellas a una que otra persona que corría para salvar su vida. Shermie lanzaba relámpagos a los demás y los electrocutaba. Goenitz creaba aún más ráfagas de viento logrando que la gente que trataba de huir cayera al suelo una y otra vez para no tener escapatoria. K 9999 usaba su brazo para beneficio creando armas de fuego o extremidades surrealistas para atacar. Nameless usaba el fuego de las llamas Kusanagi también para quemar a las demás personas que corrían frenéticamente por todos lados.

—¡Rápido! Corran hacia el este, ahí no se encuentra nadie que pueda atacarlos. —les indicaba Ángel a los demás civiles que corrían sin control.

—Gracias señorita. Que Dios la bendiga. —le dijo una dama que cargaba en brazos a su bebé.

Al verla alejarse, Ángel tragó con impotencia por lo que acababa de observar. Era la primera vez en mucho tiempo que se sentía de esa manera a causa de su trabajo.

—¡Al este! ¡Vayan al este! —siguió indicando alejándose cada vez más de sus compañeros.

—¡No sean suaves con ellos! ¡Mátenlos! ¡Mátenlos a todos! —ordenó el líder de los reyes celestiales mandando volar a otro puñado de gente con el viento.

Los cinco aumentaron el nivel sádico en sus acciones, ahora volaban los sesos y nervios de las cabezas humanas, arrancaban extremidades… brazos, piernas, rompían huesos, se manchaban sus caras de sangre a lo que ellos solo respondían lamiendo con sus lenguas la sangre impregnada en ellos.

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Mientras la matanza aún se mantenía, desde lo lejos Terry, Kyo, Kim, Shingo, Mai y Mary se acercaban al terreno de batalla notando la masacre a sus alrededores.

—Maldición. Llegamos muy tarde. —se regañó Kim tomándose con sus manos el cabello.

—Jamás en mi vida pensé ver algo como esto. —dijo Shingo sintiendo un poco de nauseas al observar.

—No puede ser. Esos seres en verdad no tienen alma. —se tapó la boca Mary con una mano al ver las escenas desde la distancia.

—No ayudaremos a nadie si seguimos aquí parados. Andando. —ordenó Kyo corriendo siendo seguido por los demás.

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A medida que los muchachos del torneo de artes marciales se acercaban cada vez más, Goenitz sintió un enorme poder combinado que se aproximaba. Al voltear para ver de qué se trataba se inmutó al observar a los peleadores acercándose.

—¡¿Pero qué?! —se dijo a si mismo. —¿Qué demonios están haciendo estos aquí? —se preguntó apretando sus dientes entre sí.

Antes de que cualquiera de los peleadores del K.O.F. pudiera hacer algo en contra de ellos, Leopold llamó a sus hermanos en Orochi para llevar a cabo el factor sorpresa en caso de que algo no saliera bien.

—¡Se acabó Goenitz! Para esto de una buena vez. —habló Kim manteniendo su distancia de él.

—Coreano. Esto apenas acaba de iniciar. No sé que diablos hacen aquí o quién fue el que les advirtió de este ataque. Pero si es que no quieren perder sus vidas ¡Lárguense! —contestó el rey celestial con el ceño fruncido.

De inmediato los reyes restantes hicieron acto de presencia con la ayuda de sus dones a un costado del primordial siendo vistos por los demás. Sin hacerse esperar ni un segundo Shermie lanzó un rayo al cielo el cual provocó que con ayuda de nubes negras se nublara. Tras haberlo hecho, Goenitz también levantó sus manos y después de haberlas girado 180° cada una en sentido contrario a la otra, del cielo emanaron rápidamente cuatro tornados los cuales se movieron salvajemente sin control por el suelo. El viento de cada tornado hizo que el cabello de los Hakkesshu y los competidores del K.O.F. se meneara de un lado a otro.

—¡Manténganse firmes! —ordenó Kim aferrando sus pies al piso.

—Ahora, Chris. —dijo Goenitz.

El castaño de pelo corto lanzó a distancia una llama de fuego impuro a los cuatro tornados, al impactar contra ellos cada tornado consumió la llama dando origen a tornados de fuego púrpura con un calor devastador.

Mientras todo esto ocurría Nameless y K 9999 pausaron sus acciones al notar lo que estaba pasando, dejando así que las persona huyeran del lugar libremente. Ambos llegaron a espaldas de los Hakkesshu notando a los nuevos adversarios que estaban en el centro de Tokio.

—Shermie… —dijo Leopold girando su cabeza en su dirección sin verla.

Al haber entendido la indirecta, la pelirroja asintió y alzando su mano la cerró en un puño escuchándose otro trueno aun mayor; de pronto una lluvia tenue comenzó a caer acompañada de relámpagos que caían por doquier y al azar muy cerca de los demás.

—¿Eso es lo mejor que tienen? ¿Se supone que deba mojar mis pantalones con eso? —les retó el mayor de los Bogard.

—No creo que tu boca floja te salve antes de morir rubio. Así que cuida tu lengua. —le contestó Yashiro.

—¿Están preparados? —cuestionó el rey del viento a sus compañeros.

—Espera ¿Dónde está Ángel? —quiso saber el hombre del brazo polimórfico sin poder ubicar a la agente.

—Al diablo con la albina, quizás ya murió, es por eso que Orochi la tachó de débil desde el principio. —decía Goenitz sin despegar la mirada de sus rivales.

—No te atrevas a decir eso idiota. Pagarás por eso. —advirtió K 9999 con molestia en sus palabras.

—Después de derrotar a estos payasos. —argumentó el Hakkesshu sin importancia alguna.

—¡Ataquen! —gritó Kyo corriendo hacia Yashiro para comenzar la batalla.

—Que osadía. —negó Goenitz. —Muy bien ¡Al ataque! —gritó también el líder de los Hakkesshu.

Al dar la orden sus compañeros corrieron a los otros. Finalmente ambos grupos se encontraron cara a cara chocando sus puños contra los del otro dando así inicio a la feroz batalla.

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Desde entonces los minutos habían transcurrido. Athena corría lo más a prisa que podía acercándose al enorme centro de Tokio. Cuando estaba cerca del lugar divisó los cuatro tornados de fuego y la lluvia eléctrica que arrasaban con las construcciones de Tokio y varios automóviles. También pudo observar como sus compañeros peleaban contra quienes parecían ser las antiguas pesadillas de NESTS y Orochi que habían sido destruidas hacía ya tiempo.

—Chicos. —musitó preocupada la fémina.

En esos momentos, la joven cerró sus ojos y después de haber encontrado la primera esencia de energía, la cual le pertenecía a Goenitz, se tele-transportó hasta el lugar quedando de espadas a él sin ser percibida. La joven pudo apreciar cómo el rey celestial se mantenía algo alejado de los demás observando cómo combatían juntando ambas manos detrás de su espalda.

En esos momentos la ídol cerró los ojos con algo de temor recordando las palabras de su ancestro.

—"Existe una gran magia más allá de lo que puedas imaginar, ese poder avanza por tu sangre y sin detenerse. Un poder tan inmenso que incluso se compara con el de Yamata no Orochi y puede hacerte inmortal si así lo deseas después de haberlo expulsado de tu cuerpo."

Al haber recordado aquellas palabras, Athena abrió los ojos dispuesta a combatir con el rey del viento.

—¡Hakkesshu! gritó la ídol atrayendo la atención de Leopold.

Al momento el rey celestial volteó para ver de quien se trataba siendo recibido por un puñetazo en la nariz el cual logró hacer que retrocediera.

—¡Hag! gimió de dolor viéndola a los ojos. Niña… vas a pagar por ese golpe. amenazó el rey celestial.

Cerca de ellos, justo en el mismo terreno de batalla acompañado de los cadáveres desmembrados, la sangre, la lluvia, los cristales rotos, los trozos de concreto, los carros volcados, los tornados con el calor abrazador y los relámpagos seguían permaneciendo logrando hacer un terreno de batalla espectacular. A menudo entre los mismos grupos se protegían para no caer bajo un rayo o los tornados que se movían velozmente; cada uno no solo debía cuidarse de su rival, sino también del ambiente haciendo que tuvieran cuidado. El ambiente era aterrador para los muchachos de artes marciales.

En su batalla, Athena era la que llevaba la desventaja de la pelea, y a pesar de haber sido inspirada con las palabras de su ancestro, combatir al rey celestial del viento no era nada fácil. La chica golpeaba, pateaba, esquivaba, se tele-transportaba, cubría todo lo que podía y lanzaba sus Psycho-balls como solía hacerlo en sus entrenamientos; usaba sus poderes de maravilla. Cuando la pelea no parecía tener fin, Goenitz obtuvo más control sobre esta después de que la joven esquivara un rayo saltando al piso. Al querer colocarse de pie, Goenitz azotó el cuerpo de Athena contra el suelo con una ráfaga de viento la cual obligó a la fémina a permanecer ahí. Cuando el rey celestial estuvo cerca de ella la levantó con la ayuda de un pequeño torbellino y tras haberle dado un golpe en la cara la mandó a volar lejos del lugar sin mucho esfuerzo.

Al llegar hasta ella se colocó encima de su cuerpo colocando sus rodillas a un costado de su abdomen mientras la golpeaba de manera ruda. A pesar de los golpes que recibía, la chica no se dejaba del todo siguiendo defendiéndose; Goenitz se molestó por dicha acción aumentando la fuerza de sus puñetazos, los cuales conectaban en el rostro de la joven haciéndola escupir sangre muy a menudo; ahora Athena estaba mal herida y cansada por tanto esfuerzo y resistencia que oponía y peor aún ya que no encontraba la oportunidad para usar su poder de curación en sí misma. Cuando el Hakkesshu estaba a punto de darle su golpe crítico, una flama de color púrpura chocó en su espalda, haciendo que el cuerpo de Leopold cayera a un lado por el impacto recibido.

—¡Harg! Maldito cobarde. Atacando por la espalda. gritó el rey celestial volteando a ver a su nuevo adversario.

—I-Iori… musitó la fémina débilmente observándolo.

—No me importa ni un carajo la vida de los demás. Pero la violencia… es algo que no tolero. decía el pelirrojo haciendo tronar su cuello en un movimiento brusco sin hacer uso de sus manos.

—Tonto que vinieras hasta este lugar sin compañía. Porque en estos momentos podría desertar en ti el Riot Blood para que tú mismo la mates. dijo Goenitz colocándose de pie junto con Athena, quien lentamente se retiró de él para colocarse detrás del Yagami y usar sus poderes de sanación.

—¿Por qué no cierras tu jodida boca de una maldita vez pedazo de idiota? contestó el pelirrojo colocándose en posición de combate.

—¿Es así como te diriges a un rey? Debería matarte aquí y ahora.

—Vamos, no sea cobarde señor rey. Peleemos limpiamente uno contra uno, puño a puño. Dicen que es un deleite para uno cuando los reyes sangran, estoy ansiosos por comprobar eso. —decía con su mirada seria.

—Iori, quizás…

—Tú cierra la boca. Esto no te concierne a ti. —le contestó el pelirrojo a la joven de cabello lila sin verla.

—Muy bien. Peleemos Yagami. Si quieres puedes hacer equipo con la niña. No tengo ningún problema en pelear con los dos al mismo tiempo.

—Creo que no sabes el verdadero significado del peligro. Bueno ¡Entonces muere! —gritó el Yagami corriendo hasta el rey celestial para dar inicio al combate.

Iori y Athena hicieron frente a Leopold Goenitz por primera vez como pareja trabajando en equipo. Mientras uno lo atacaba por encima la otra lo hacía por lo abajo y cuando el rey celestial contraatacaba Iori detenía los golpes del viento anulándolos con sus flamas mientras Athena atacaba a sus puntos vitales con esferas de energía y algunas auras que sobresalían de su poder, se tele-transportaba y aparecía a un costado de él para seguir atacando siendo sus golpes detenidos con mucha dificultad a tal grado de ir acertando cada vez más en sus golpes. De pronto cuando Goenitz quiso contraatacar con el poder del viento para herir a la ídol, ella se tele-transportó quedando algunos metros encima del Hakkesshu, al estar en esa posición la joven giró sobre su propio eje pateando la boca de su rival, al hacerlo provocó que Leopold cayera bruscamente de costado sobre el suelo dislocándose su hombro derecho, aquella fractura había sido un molesto impedimento para que pudiera seguir peleando con libertad.

En esos momentos Goenitz quiso despertar el Riot Blood en Iori pero se dio cuenta que no contaba con la concentración y la energía necesaria para poder hacerlo. Se maldijo internamente. Ahora… no quedaba más opción, tenía que anunciar la retirada.

Cuando Iori se acercó a él para darle su golpe definitivo, el rey celestial con la ayuda de su poder desapareció del lugar alejándose repentinamente de ellos para aparecer con el poder de los vientos cerca de las batallas de los demás.

—¡Intai! —gritó el rey del viento provocando que sus aliados dejaran de combatir.

Los legionarios sin entender con exactitud el motivo de la orden se alejaron velozmente de los demás siendo perseguidos por sus rivales hasta desaparecer por los aires con la ayuda del viento que emanaba de Goenitz.

—¡Cobardes! —dijo Mai apuntándoles con su abanico.

—What was that? —cuestionó Terry sacándose la gorra para poder admirar como el viento alejaba rápidamente a sus rivales.

—Creo que… hacemos un buen equipo. —dijo Athena un poco sonriente al ver al pelirrojo, encontrándose bastante alejados de los demás.

Al escuchar la voz de la fémina, Iori escupió al suelo sin mirarla dispuesto a marcharse con su semblante rudo.

—¡Iori espera! Tengo que hablar contigo ¡Por favor déjame explicarte lo que pasó! —suplicó la hermosa joven tomándolo del antebrazo.

Sin prestar atención a lo que la joven le había dicho, Iori arrebató groseramente su brazo y prosiguió su camino haciendo que la chica se alterara un poco por la acción.

—¿¡Qué tengo que hacer para que me hables siquiera!? —quiso saber la ídol cayendo torcidamente de rodillas al borde del llanto —¿No ves el daño que me estás haciendo? Cometí un grave error ante tus ojos, lo sé. Pero no fue intencionalmente. No me dejas explicarlo. Iori, te quiero demasiado. Gracias a ti entendí el significado de la palabra amor. Te lo ruego ¡Escúchame! —gritó con los ojos cerrados llorando esto último como si le estuviera dando una orden.

En esos momentos el Yagami se detuvo en seco frunciendo el ceño con rabia y se giró a ella empezando a caminar con pasos que pesaban sobre el asfalto. Al notarlo Athena se levantó un poco asustada al verlo caminar hacia ella de esa manera y se limpió las lágrimas de sus ojos para no demostrar tanta debilidad, sabía que a Iori le molestaba eso.

—¿Y qué demonios sabes tú sobre el amor niña estúpida? —le cuestionó groseramente a escasos centímetros de su cara.

—No soy estúpida. —negó con un poco de molestia tras soltar una lágrima de dolor por el cómo se había referida a ella.

—¡Cállate! —ordenó Iori haciendo que la psíquica se asustara —Dime algo ¿Has tenido otro novio antes que yo? —le cuestionó con rabia.

—No. —respondió seriamente la fémina.

—¿Habías besado a alguien antes que a mí?

—No.

—Yo sí lo he hecho. Y solo eso no te da el significado verdadero de la estupidez a la que tú llamas amor. —decía empujándola groseramente. —Crees que solo porque acepté salir contigo sabes muchas cosas del amor cuando realmente no entiendes ni una jodida de lo que esa palabra significa realmente.

Ante lo escuchado, Athena no pudo evitar soltar un par de lágrimas más por lo que le habían dicho, fue la primera vez en su vida que sintió una horrible opresión sobre su pecho. El pasar saliva le había resultado demasiado doloroso para su garganta.

—Tal vez no haya tenido un novio antes que tú o mi primer beso. —decía con el ceño fruncido. —Pero gracias a que yo si tengo un corazón noble y alegre quizás pueda que entienda algunas cosas que tú no… Iori-san. —terminó de decir con algo de indiferencia.

Tras haber escuchado lo que la ídol le había dicho, Iori no dijo ni una palabra. Tan solo la hizo a un lado con su cuerpo al abrirse paso para seguir su camino. Al ir quedando sola, la cantante miró detenidamente al hombre que poco a poco se iba alejando más. La psíquica hizo desaparecer lentamente su semblante molesto para dar origen a uno realmente triste y herido internamente.

—¡Athena! ¿Realmente eres tú? —cuestionó Kyo desde lo lejos junto con los demás peleadores.

—Muchachos. —sonrió levemente la adolescente caminando lentamente a ellos.

—Increíble. Chizuru no pudo contactarte ayer ¿Cómo fue posible que te enteraras de esto? —dijo Mai sorprendida por su presencia.

—Larga historia amiga. —sonrió la joven haciendo desaparecer su sonrisa al ver a sus alrededores. —Ho… por todos los cielos… —musitó tomándose de la boca con un par de dedos.

—Desalmados, asesinos ¿Bestias con conciencia no lo crees? —le dijo Kim colocándose a un lado suyo.

—Yo… no… no he cumplido mi encomienda. Te he fallado. —se regañó a sí misma la joven apretando sus dientes cayendo de rodillas.

Al ver las escenas tan fuertes delante de ella la joven Asamiya no pudo contenerse más, y en esos momentos se desmayó sobre el piso.

—¡Athena! —exclamó Kyo corriendo hacia ella para sostenerla en sus brazos.

—¡Al templo de los ancestros Yata, ahora! Ahí estaremos seguros y quizás puede que ayudemos a Athena. —ordenó Kim emprendiendo camino hacia el norte junto con los demás.