Hola hola amiguitos! Espero que sigáis disfrutando de lo que escribo ^^ hoy os traigo este shot un poco más largo, para aquello a los que el anterior les supo a poco :D Hoy no me detendré a dar las gracias uno por uno porque son las 6:36 y me he puesto a escribir a eso de las 4 para poder subirlo cuanto antes y no desilusionaros xd Qué sentido tendría la existencia de estos shots si los he creado para entreteneros mientras otros escritores actualizan y no actualizo yo? Sí, sería un auténtico sin sentido. Bueno, muchas gracias a todos los que me leen, me apoyan, me comentan y me dan ideas y espero que disfruteis de este shot ^^

Hasta el próximo shot!


Sus ojos se abrieron lentamente. Los párpados pesaban sobrenaturalmente, pero su campo de visión se fue expandiendo poco a poco, percibiendo principalmente un fuerte chorro de luz blanca debida a la gran intensidad de luminosidad en la estancia y la pérdida de costumbre de sus pupilas. Le dolían los ojos al primer contacto con el despertar, pero poco a poco la molestia se disipaba y sólo quedaba confusión. Confusión y miedo. ¿Dónde estaba y por qué había acabado allí? ¿Cuánto tiempo llevaba durmiendo?

-Se ha despertado...-Escuchó entre otros murmullos escandalizados.- La Bala Perdida ha despertado... Hay que llamar a la Sheriff...

Pasos a todo correr. Más susurros. Movimiento. Ajetreo y carreras. Jinx cada vez se sentía más asustada. ¿Quienes eran aquellas personas? Y lo más importante, ¿quién era ella? Intentó incorporarse, pero para su propia sorpresa, se hallaba atada mediante correas a los barrotes de seguridad de una cama de hospital. Se fijó con detenimiento. Su pelo estaba suelto, repartido por la almohada y sábanas inmaculadas. La poca piel expuesta estaba tatuada con tintas azules y rosas mayoritariamente, y en su brazo habían clavados unos tubos que introducían líquidos desconocidos para ella en sus venas y llevaba puesta una bata verde desechables de tela no tejida. Pudo llegar a la conclusión de que estaba en un hospital, y eso la escandalizó. Comenzó a sudar y temblar. No sabía lo que pasaba ni conseguía recordar nada. Durante unos minutos, estuvo en silencio, su garganta seca y los párpados aún haciendo fuerza para cerrarse. Intentó concentrarse, dejar que aflorase algún pensamiento a su mente que esclareciera la razón por la que se encontraba en aquel lugar y se asustó aún más al ver que nada pasaba por mucho que lo intentase. Forcejeó con las correas que rodeaban sus muñecas. Se rindió al ver que las tiras de cuero friccionaban con tal fuerza contra su piel que comenzaron a provocar cortes sangrantes. Cayó sobre la cama desolada. Intentó normalizar la respiración.

Una mujer con sombrero de copa de color morado y un vestido escotado a juego entró a toda velocidad en la estancia, seguida de otra más alta y más corpulenta de pelo rosa vestida con una chaqueta de cuero de tono rojizo y protegida con una armadura que cubría parte de su cuerpo. Jinx intentó retroceder todo lo que pudo hacia el borde contrario de la cama, huyendo de las desconocidas.

-¡¿Quienes sois?! ¡¿Por qué me tenéis atada?! ¡¿Qué queréis hacerme?!-Los nervios de Jinx estaban a flor de piel, soltó la retahíla de preguntas ignorando el potente dolor de cabeza que le molestaba desde que despertó.

-¿No nos reconoces?-Preguntó la mujer del sombrero, calmadamente.- Somos la autoridad de Piltover. ¿Tampoco sabes lo que es Piltover?

-No, no sé lo que es...-Respondió la peliazul, completamente conmocionada.

-¡Miente!-Exclamó la mujer de pelo rosa con voz grave.- ¡Quiere engañarnos! ¡No te fíes de nada de lo que diga, Cait! ¡Está loca!

-¿Qué?-La paciente no tenía ni idea de lo que aquella tipa estaba diciendo.

-Doctor.-Llamó la chica del vestido púrpura. Un señor de edad avanzada y bata blanca apareció por la puerta.- ¿Le han realizado pruebas?

-A eso íbamos. Estábamos esperando a que despertase para poder comprobar los daños psíquicos que pudiera haber provocado el golpe, pero primero queríamos que usted tuviera constancia de su despertar.-Informó el doctor.- Enseguida le tomaremos radiografías y electroencefalogramas, pero si mi diagnóstico es acertado, se podría decir que a primera vista, esta chica sufre amnesia retrógrada. Y podría ser irreversible. Es posible que haya olvidado años de su vida, según la gravedad del golpe.

Jinx escuchaba sorprendida. ¿Amnesia? ¿Qué era lo que no podía recordar?

-Esto puede ser un punto a nuestro favor,-Comentó de nuevo la mujer más baja.- quizá podamos incluso reinsertarla en la sociedad...

-¿Reinsertar? ¡¿A Jinx?!-La pelirosa estaba escandalizada.- ¡Eso es imposible!

-Bueno, lo que pude observar tras la primera radiografía realizada inmediatamente después de traerla aquí, es que el impacto causó golpe y contragolpe. El contragolpe produjo la desconexión total de una zona del cerebro, produciendo un efecto parecido al de la lobotomía. Es completamente posible la reinserción.-Explicó el médico.-Pero igualmente, tenemos que volver a realizar un chequeo.

-Estaremos esperando resultados, ya sabe cómo encontrarme.-Dijo la mujer del sombrero, saliendo del cuarto junto con la chica de la armadura.

Pérdida total de memoria. Completamente irreversible. La pruebas fueron realizadas y aquellos fueron los resultados. Caitlyn conducía con Vi de copiloto y la peliazul dormida plácidamente en el asiento trasero, después de que sufriera un ataque nervioso en el hospital y tuvieran que sedarla.

-¿Y qué vamos a hacer con ella?-Preguntó Vi, molesta.

-Ya has escuchado al doctor, meterla entre rejas puede arriesgar su estado mental.-Respondió Caitlyn.- Tenemos que intentar que lleve un día a día tranquilo e imponerla una rutina pacífica. Todos merecemos una segunda oportunidad en esta vida, Vi, tú deberías saberlo mejor que nadie.

Vi quedó muda ante la respuesta de su jefa. Ahí no podía contradecirla en absoluto, por lo que decidió aparcar el tema.

-Vale, ¿y dónde supuestamente la vamos a dejar que "comience de nuevo"? Porque no la vamos a soltar en un piso y dejar que se las arregle sola, tendrá que estar con alguien.-Planteó la vigilante.- Y recordemos que familia no tiene, ni amigos tampoco.

-Tu casa está cerca, vayamos allí y pensemos en algo.-Soltó la Sheriff, aparcando a un lado de la calle.

-¡¿Eh?! ¡¿A mi casa?! ¡¿Y eso por qué?!-Se quejó Vi.

-¿Quieres que la llevemos a comisaría y que se arme la marimorena? En el estado en el que se encuentra, podríamos matarla.-Volvió a decir la otra.- Mi casa está más lejos, y no confío en los criados lo suficiente como para dejarla a su cuidado.

-Niña mimada...- Murmuró Vi, saliendo del coche para abrir la puerta trasera y coger en brazos a la ex-terrorista.- Hazme el favor de ponerle la capucha de la sudadera, tampoco es plan de que el resto de ciudadanos vea que la metemos en mi piso.

Colocaron a Jinx en el sucio sofá del desordenado hogar de Vi. Piezas hextech, revistas, ropa sucia y envoltorios de comida basura atestaban el lugar.

-Podrías poner orden aquí de vez en cuando...-Sugirió la Sheriff, algo asqueada.

-Lo siento, pero "mis criados" están de vacaciones.-Se burló la agente.

-A ver...-Pensó Caitlyn, ignorando el comentario de su subordinada.- ¿Sabes si Sum está en la universidad ahora?

-Creo que tiene el horario de tarde.-Respondió Vi sin perder de vista a la peliazul.- ¿Qué? ¿Quieres encasquetársela a ella?

-No. Le pediré amablemente si puede hacerse cargo, es en quien más confío en este mismo momento. Si me dice que no, tendremos que...

Escucharon un quejido detrás de ellas, Jinx estaba despertando y se incorporaba costosamente en el mueble. Miró a su alrededor hasta que se topó con las miradas de las otras dos.

-¿Y ahora dónde estoy?-Preguntó temerosa la chica, aún amodorrada.

-Estás en mi casa.-Respondió secamente la propietaria.- Soy Vi.

-Me presentaría yo también, pero no tengo ni remota idea de cómo me llamo.

-Te llamas Jinx.-Dijo amablemente Caitlyn, arrodillándose ante ella.- Y yo soy Caitlyn, la Sheriff de Piltover. Estás aquí porque estamos buscándote un hogar.

Jinx fijó la vista al suelo.

-Es que... ¿Es que no tengo?-Su voz sonaba triste.

-Lo siento...-Es todo lo que pudo decir la castaña.- No te preocupes, nosotras nos encargaremos de que eso cambie.

Vi no sabía que decir ante todo aquello, por lo que guardaba silencio. Sentía una extraña mezcla de odio hacia la peliazul por lo que la hizo sufrir durante casi dos años de destrucción, pero a su vez también experimentaba comprensión y lástima por lo que era ahora.

-Ven, vamos a ver a una persona que quizá pueda ayudarte, ¿quieres? -La Sheriff le tendió una mano amistosamente, siendo tomada por Jinx.

Jinx se puso en pie, pero no podía caminar. Casi dos meses de coma profundo habían debilitado al máximo sus músculos. Vi finalmente pudo reaccionar y actuó, sujetando a la peliazul y ayudándola a avanzar.

Sonó el timbre de la casa. Sum salió de la cama, malhumorada. Odiaba profundamente que la apartaran de los brazos de Morfeo. Caminó por el pasillo, con su cabello completamente despeinado. Retuvo su retahíla de palabras malsonantes al ver quién era la que la había despertado.

-Buenos días, Cait...-Dijo con la voz aún ronca.- Pasad, no os quedéis ahí.

-Es evidente que aún no has visto a quién traemos con nosotras...-Respondió la invitada, apartándose para dejar que Sum viera a una chica de pelo azul escondida detrás de Vi que le resultaba bastante familiar.

-Uf... La tía del lanzacohetes...-Murmuró la vecina consternada.- ¿Por qué la habéis traído?

-Ya no es aquella zumbada a la que atizaste, Sum.-Respondió Vi, empujando hacia adelante a la atemorizada chica.- Ha perdido la memoria para siempre, la locura se ha ido. Ahora es una niña normal totalmente sola en el mundo.

Jinx quedó justo delante de Sum. Ésta miró hacia abajo para encontrarse con los confusos y asustados ojos carmesíes de su atacante. La vecina suspiró.

-Venid, entrad en casa.-Cedió la chica al final, adentrándose en el recibidor del piso.

Sum indicó a Vi que dejara a la peliazul acomodarse en el cómodo sillón, e invitó a las otras dos mujeres que se sentaran el el sofá anexo.

-¿Queréis café o comer algo? Ya que me habéis despertado, haré el desayuno...-Ofreció Sum.

-Un café estaría muy bien, muchísimas gracias.-Respondió educadamente Caitlyn.

Sum dejó la cafetera en marcha y volvió al salón con las centinelas de la ciudad, sentándose en el sofá de enfrente, en el lado más cercano al sillón en el que Jinx se encontraba.

-Y bien, ¿qué queríais?

-Sé que lo que voy a pedirte va más allá del descaro, pero eres una personas en las que puedo confiar, aparte de Vi.-Dijo la Sheriff, lanzando una cómplice mirada a su subordinada.- Sum... Querría pedirte que te hicieras cargo de Jinx hasta que sepamos qué hacer con ella. Yo cubriré todos los gastos que suponga. Estaría en deuda contigo si aceptaras.

Sum se quedó callada un momento, sin cambiar la expresión neutral de su cara. Caitlyn creyó por un momento que rechazaría, hasta que se levantó del sofá y respondió.

-Vale, no hay problema. Cuidaré de ella el tiempo que haga falta, no me debes nada.-Dijo tranquilamente, yendo hacia la cocina.- ¿Cómo queréis el café? ¿Con o sin leche? ¿Sacarina o azúcar?

-Joder, con qué tranquilidad se lo ha tomado...-Murmuró Vi fascinada.

-Sum, ¿vas en serio o era sarcasmo?-Preguntó Caitlyn sorprendida mientras la vecina traía una bandeja con la cafetera, leche, tazas y un azucarero.

-Voy completamente en serio, ¿qué te hace pensar lo contrario?-Respondió tranquilamente, soltando la bandeja en la mesa que separaba los sofás.- Seguro que es una muy buena chica, y no me gustaría saber que anda en la calle pasando hambre.

-Intentó matarte...-Balbuceó la Sheriff, todavía pasmada.

-Eso fue agua pasada. Por favor, Cait, que rencorosa eres...-Respondió Sum, preparándose el café.- Mírala ahora: ahí sentadita, acojonada y callada. Era la demencia la que la deformaba por completo, seguro que por dentro era buena persona.

Jinx escuchaba cómo hablaban de ella como si no estuviera presente, pero aún así no decía nada. Era incluso incapaz de pensar con eficacia algo con lo que poder aportar algo a su conversación. Sum la tendió un vaso lleno de leche.

-Toma, bonita, seguro que llevarás tiempo si llevarte nada al estómago. Bebe un poco.-Le dijo Sum, despeinada, somnolienta y sonriente.

Por alguna razón, aquella mirada descuidada y sonrisa sincera se sintió como un abrazo cálido rodeando el corazón de Jinx. Sum volvió a dirigir su atención hacia las agentes.

-Esas ropas que la chica lleva puestas... Vi, ¿no son las que llevas al gimnasio?-Preguntó la vecina después de fijarse.

-¿Quieres que saliera del hospital desnuda? Es lo que tenía en el coche.-Refunfuñó Vi.

-Teniendo en cuenta tu afición por hacer la colada, puedo suponer que están sudadas...-Sum miró inquisitiva a Vi.

-Si llevaban en el maletero desde ayer, supones bien.

Sum volvió a mirar a Jinx.

-En cuanto se vayan, te das una ducha y te doy algo limpio.

Vi gruñó mientras se terminaba el café. Caitlyn soltó una risita tras la taza.

-Bueno, nosotras nos vamos ya.-Dijo la Sheriff, levantándose seguida de la vigilante.- Sum, muchísimas gracias por todo, de verdad. Estoy empezando a pensar en que Piltover no sería lo mismo sin ti.

-Exageras. Que os vaya muy bien en el trabajo y no tengáis muchos problemas en la calle.-Se despidió Sum desde el sofá mientras las agentes abandonaban el piso.

-¡Cualquier problema, llámanos!-Se escuchó a Vi antes de cerrarse la puerta.

El piso se sumió en el silencio.

-Pues a mí el café me ha sabido a poco, qué quieres que te diga.-Soltó Sum de repente, levantándose.- Estaba esperando a que se fueran para decirlo, iba a hacerme tortitas para desayunar. Si llego a hacerlas estando Vi aquí, no nos deja ni una. ¿Te gustan las tortitas?

-Lo siento, pero no sé lo que son.-Respondió tímidamente la peliazul.

-No pasa nada, no tienes por qué disculparte. Ven, que mientras yo cocino tú te ducharas. Voy a enseñarte dónde está el baño y dónde guardo la ropa, ¿vale? Así te vas familiarizando con tu nueva casa.-Sum arrastró de una mano a Jinx a través del apartamento.

La casa de Sum era cálida a pesar de todas aquellas armas adornando las paredes. A Jinx, por alguna razón, le encantaba el toque que aquellos objetos le daban al piso. También le fascinaban los dibujos que había enmarcados por cualquier lugar, las estanterías llenas de libros y algún que otro trofeo de caza y pesca, el gramófono que dormitaba en la esquina del salón, los muebles de segunda mano con aspecto antiguo, el cuarto de Sum con aún más dibujos de estudios de anatomía, con muchísimos más libros amontonados, el ordenador, el DVD, la mullida cama, los discos de vinilo blues y jazz de las mejores divas de la ciudad... Aquel cómodo desorden. La suavidad y el aroma de la ropa de Sum... Y lo que más le encantaba en ese momento era el delicioso olor que provenía de la cocina.

-¡Ah! ¡Veo que ya has terminado! ¡Eres rápida!-Exclamó Sum, cerrando el paso del gas de los fogones.- Mira, ya están listas las tortitas. Ven, siéntate a la mesa. Te traeré un poco más de leche.

Jinx se sentó en silencio en uno de los taburetes de la barra de la cocina y Sum le puso un plato con tortitas chorreando sirope de chocolate y otra taza de leche caliente con miel, además de un vaso de zumo de naranja.

-Si no te gustan, hay más cosas; magdalenas, galletas, bizcocho, cereales, fruta... Lo que quieras.-Ofreció Sum.

-¿Por qué eres tan buena conmigo?

Sum levantó una ceja ante la repentina pregunta, pero sin extrañarse de que se la hiciera. La vecina se sentó al otro lado de la barra, frente a la peliazul.

-¿Por qué no iba a serlo?

-Me refiero, según Caitlyn y Vi, te intenté matar. Yo no lo recuerdo, pero siento que es verdad.-Dijo la chica, desolada.- Una persona no acoge en su casa a alguien que lo intentó matar...

Sum sonrió.

-¿Tú recuerdas quién eras antes?-Cuestionó Sum, recibiendo una negativa de su huésped.- Pues te seré sincera, entonces. Eras una terrorista que disfrutaba haciendo sufrir a las personas y destruyendo todo lo que se mantuviera en pie. Si siguieras siendo la misma, no sentirías duda a la hora de matarme aquí y ahora, ni sentirías remordimientos después de acabar conmigo.-Sum se giró y cogió de la encimera un cuchillo de carne y lo soltó delante de Jinx, a su disposición.- Ni sentirías remordimientos después de acabar conmigo. Adelante, cógelo. Rájame el cuello, está en tu mano hacerlo o dejar pasar esta oportunidad.

Jinx se quedó horrorizada, mirando el enorme filo. Negó con la cabeza. La vecina, sonriente, cogió el cuchillo y lo volvió a dejar donde estaba.

-¿Ves? Hace un par de meses, entraste en mi casa y estabas dispuesta a matarme, sin siquiera conocerme. Para defenderme, te di un golpe tan fuerte que esa parte de tu mente que te impedía ser tú misma ha muerto y ha liberado a tu verdadero yo. Ahora eres libre Jinx, y puedes empezar de nuevo y mostrar al mundo quién eres realmente.-Explicó Sum.- Así que por ahora desayuna, y con el tiempo ya irás enseñándome lo fantástica que eres.

Jinx se sonrojó ante el discurso de Sum, que sonrió ante su reacción.

Desde luego, aquel desayuno era el más dulce que había tenido en su vida, aunque no la recordase.