Capítulo 9
-Buenas noches, caballeros. Bienvenidos al Jour et Nuit.- dijo un distinguido hombre, de traje negro, al abrir la pesada puerta de cristal para TK y su padre. Ambos, callados, mostrando no estar impresionados, echaron una inspección rápida al lugar.
Se trataba de un restaurante de comida francesa situado en Manhattan al oeste de Midtown. El lugar tenía un bar con dos televisiones grandes en cada esquina. Mesas para grupos de cuatro, ocho y doce personas. Alrededor de éste, sillones de piel en color rojo con una mesa al centro. Sonaba música electrónica de fondo. La luz amarilla de las lámparas de techo hacía resaltar el contraste de colores ocres, beige y rojos que adornaban el restaurante; los meseros vestían una camisa blanca de botones y pantalón de vestir negro. A juzgar por la apariencia del lugar, se veía que era para personas de clase media-alta.
-¿Desean una mesa o esperan a alguien?- el reverendo miró por una fracción de segundos a aquél hombre, de cabello cobrizo y ojos verdes. Tenía una cicatriz en la mejilla derecha, como si se hubiese hecho un corte profundo con algún objeto filoso. No parecía pasar de los treinta, aunque su aspecto denotaba un severo cansancio. Sus ojos eran enmarcados por dos círculos oscuros y tenía los labios partidos. Hiroaki le regaló una cálida sonrisa, gesto que aseguraba que todo el mundo necesitaba y se aclaró la garganta antes de responder.
-Esperamos a alguien. El señor Susumo Yagami.- los grandes ojos verdes del mesero se abrieron rápidamente mostrando la impresión que escuchar ese nombre le había causado pero ni TK ni el reverendo Ishida se cuestionaron por qué habría sido.
-Enseguida, pasen por acá.- los guio hacia el fondo del lugar, que para buena fortuna del joven rubio, se hallaba casi solo, a excepción de un par de enamorados que se comían a besos en uno de los sillones en una esquina al lado del bar, y una familia compuesta por dos gemelas rubias que rondaban entre los cinco y seis años de edad, quien parecía ser su padre, un hombre robusto, de barba y cabello rojizo, y su madre, una señora delgada, con aspecto demacrado.
-¡TK!- escuchó su nombre, como si hubiese sido pronunciado por un ángel. Se giró y miró a Kari, quien le pareció peligrosamente atractiva. Llevaba un vestido negro, hasta la rodilla, con una cintilla en la cintura y zapatillas en color rosa pastel. Había recogido su cabello en un chongo alto despeinado y al frente le salían algunos pedazos. Esa noche se había sacado sus lentes de contacto y usaba sus gafas Ray-Ban de pasta negra, lo cual la hacía ver sexymente intelectual.
-Hola, Kari.- el rubio le dio un beso en la mejilla y ella le echó los brazos al cuello abrazándolo, dejándose guiar por sus impulsos. Increíblemente, sentía algo por ese chico, un fuerte aprecio, al que ella llamaba agradecimiento después de lo sucedido en Central Park.
La noche se pasó amena. Susumo, como todo gran empresario orgulloso de su trabajo, no paró de hablar acerca de la bolsa de valores, de sus inicios al emprender el camino como inversionista, la gente importante que había conocido a lo largo de los años. Su última y más excelente adquisición de una cadena de hoteles reconocida mundialmente, en fin. Tanto TK como el reverendo se sorprendieron al escuchar a Hikari opinar acerca del tema. Resultaba interesante escuchar a una alumna universitaria de arquitectura hablar sobre finanzas, administración y cómo saber llevar bien las cuentas.
Para buena fortuna de la castaña, su padre había decidido que Robert conservara su empleo y aprovechó la tarde para que éste le comunicara acerca de la situación financiera de Susumo.
Por otro lado, el señor Ishida no titubeó a la hora de hablar. Dedicó gran parte de la noche a mencionar testimonios acerca de milagros que había presenciado durante algunos de sus viajes misioneros. Personas siendo sanadas de cáncer, lupus, problemas de drogadicción, etc. Era un hombre de fe, dedicaba su vida al servicio de Dios y de la gente, y como tal se sentía pleno y dichoso con su llamado, siendo que en esos tiempos era muy difícil ser respetado con tal empleo. Muchos lo llamaban ladrón, muchos habían intentado humillarlo, querer hacerlo caer, pero él siempre se había mantenido firme. Sus convicciones eran inquebrantables y no se avergonzaba de lo que hacía o su estilo de vida.
Susumo, quien no era muy apegado a la iglesia o a las cosas religiosas, se mantuvo atento, respetuoso, algunas de las vivencias que Hiroaki contó lo dejaron intrigado.
Para cuando se llegó la hora de pedir el postre, Kari se puso de pie y fue al baño.
Se sentía demasiado relajada. Aunque muchos de esos temas de conversación no eran su fuerte, sentía cierta curiosidad y al menos no se había aburrido hasta ahora.
Se miró frente al enorme espejo mientras lavaba sus manos y no pudo evitar sonreír. Se veía decente, demasiado para ser ella. Era extraño volver a utilizar esa ropa después de mucho tiempo de tenerla guardada.
-Es sólo mientras está aquí papá.- se dijo mentalmente. Aunque la idea de volver a vestirse de forma provocativa no se le antojaba en lo más mínimo. Una parte de ella temía que si volvía a hacerlo, podría ser objeto de atención para algún canalla pervertido.
En ese momento entró al baño una chica de piel clara y cabello castaño, ligeramente ondulado que le caía a media espalda. Vestía unos tacones negros, muy altos, un vestido en color rojo sin mangas que le llegaba poco arriba de la rodilla y una cadena de oro con un dije en forma de mariposa.
-Al fin nos encontramos, Yagami.- exclamó gustosamente.
-¿Qué estás haciendo aquí?- inquirió Kari, sintiéndose nerviosa. Mimí sonrió, se paró al lado de ella y sacó de su bolso un labial color carmesí y comenzó a aplicárselo lentamente.
-¿Pues a qué va a hacer? Vine a hablar contigo.- Hikari se cruzó de brazos y no le quitó los ojos de encima.- No sé si recuerdas pero… trabajas para mí.
-¿Y viniste acá para decírmelo?- preguntó con evidente enfado en su tono de voz.- No seas boba, Tachikawa, eso lo sé bien.
-¿Ah sí? ¿Y por qué no has hecho algo con Matt? Te di un plazo de dos meses, han pasado ya casi tres semanas desde que comenzó todo y no he visto resultados.
-¿De qué rayos estás hablando? ¿Qué acaso no me ves aquí con su familia? Matt está de viaje y yo…
-Y tú.- la interrumpió Mimí volteándose hacia ella para verla de frente. Debido a la altura de sus zapatos, le sacaba a Kari como una cabeza.- Te la has pasado coqueteando con su hermanito, ¿acaso crees que no me he dado cuenta? Ese idiota te trae loca.- Hikari abrió los ojos y sintió sus mejillas arder al escuchar tal confesión.
-No es eso.- farfulló tragando saliva.
-¡Ah ya! Es que se ha convertido en tu héroe después de que llegó a tu rescate en Central Park.
-¿Cómo sabes eso?- Mimí esbozó una media sonrisa y guardó el labial en su bolso.
-Yo lo sé todo, Yagami.- Kari se mordió el labio intentando hallar una explicación más concreta. Era verdad que la chica tenía muchas influencias y a casi la mitad de Nueva York comprada, pero esto la hacía darse cuenta de que su poder iba más allá de lo que creía.- Matt regresa mañana temprano. Tienes tres días para hacer que te bese y se enamore de ti o si no…
-¿O si no qué?
-O si no la próxima vez Oso y Enjambre terminarán bien su trabajo.- dijo Mimí acariciando el brazo de Kari.
-¡Maldita!- apenas le cayó el peso de la información, Hikari tuvo deseos de lanzársele encima y sacarle los ojos pero Mimí la detuvo.
-¡Tranquila, Yagami! Que si tú te atreves a abrir la boca te hundes, pero eso no es lo peor, ¿quieres saber qué es?- Kari apretó fuerte la mandíbula, lágrimas resbalaban por sus mejillas enrojecidas de coraje.- Que TK pagará el precio con su vida.
-¡No!- exclamó la castaña.- Mimí, no puedes hacer esto… no…
-Yo hago lo que se me venga en gana.- dijo autoritariamente.- Así que deja de perder el tiempo y haz lo que te mandé.
-No quiero hacerlo.- le escupió Kari, llena de odio y miedo.- Te devolveré el dinero, pero renuncio a esto…- antes de poder terminar, Mimí negó con la cabeza.
-Una vez que entras a trabajar conmigo…- soltó una risita burlona.- No sales hasta que terminas.- caminó hasta la puerta de entrada y antes de salir, añadió.- Te veo en una semana, bonita. Haz que Matty moje sus pantalones por ti.- soltó una carcajada y salió del baño.
Hikari soltó el aire que había estado reteniendo en el pecho junto con todo el llanto que se había tragado. Se recargó sobre el lavabo sintiéndose terriblemente asustada. Ahora sí, aquella situación se había convertido en cosa seria. Ya no era un simple juego, una simple aventura del momento que la distraería de su rutina. Estaba metida con una persona peligrosa que por desgracia tenía poder sobre ella.
¿Cómo se le había ocurrido enviar a esos tipos para que la violaran? ¿Pero en qué rayos estaba pensando!
Sintió una opresión horrible en el pecho. Tenía ganas de estar en su cama, hacerse un ovillo y llorar por horas hasta que se quedara dormida.
Ahora su pequeño plan se había salido de control y no era la única que pagaría las consecuencias.
-¡Eres una idiota, Yagami!- se dijo a sí misma deseando morir.
¿Cómo se había atrevido a mostrarse vulnerable? ¿A andar en público con TK? ¡Ahora él corría peligro! Tenía que hacer algo, alejarlo de alguna manera, sólo así él podría estar a salvo.
Recuperando la compostura, salió del baño. Ya su padre había pagado la cuenta y sólo estaba TK esperándola. El rubio quitó su sonrisa al verla llegar y supo que algo estaba pasando.
-Kari, ¿estás bien?
-¿Dónde está mi papá?- inquirió ella sin voltear a verlo de frente.
-Afuera, fumándose un cigarro, con mi padre.- ella asintió simplemente y salió de ahí.- ¡Kari, espera!- TK la siguió y ambos salieron. Frente al restaurante había un pequeño parque y tanto Susumo como Hiroaki se hallaban sentados en una banca.
-Mark, ¿puedes decirle a mi padre que me siento indispuesta y deseo irme ya?- le preguntó la chica a su chofer, quien se hallaba de pie, frente a la puerta del conductor, del BMW Serie 6 Gran Coupé que su padre había alquilado para su estancia en la ciudad.
-Enseguida, señorita.- el hombre, alto y fornido, de tez morena y ojos marrones, rodeó el coche fijándose bien en la calle antes de cruzarla.
-Kari, ¿me quieres decir qué te pasa?- inquirió TK en el tono más dulce y tranquilo que pudo hacer. La chica se cruzó de brazos y volteó la mirada, reprimiendo las ganas de llorar.- ¿Te sientes mal? ¿Quieres que llame algún médico?
-No.- dijo ella en voz baja.- Sólo estoy cansada y quiero irme.- el chico metió sus manos en los bolsillos del pantalón asintiendo simplemente.
-La pasé muy bien hoy. No te lo había dicho pero… te ves muy linda.- Hikari volteó el rostro y volvió a encontrarse con esos preciosos ojos azules que la hacían sacudir su mundo por dentro, causando un desastre lleno de emociones y sensaciones que ni ella misma sabía describir.
-Voy a ser muy clara contigo, Takeru. No me agrada tu presencia. Agradezco lo que hiciste por mí, pero eso ya pasó, ¿sí? No eres mi héroe y si he tenido que aguantarte todos estos días ha sido únicamente porque no me queda de otra. No me agradas y no me interesa ser tu amiga, así que ya, aquí termina cualquier clase de vínculo o relación que hay.- soltó las palabras, sintiendo un dolor en el pecho al decirlas. Aunque nada se comparaba con el dolor al ver la expresión triste y dolida del rubio al escucharla.
-Kari, yo… lo siento si te hice o dije algo que pudiera incomodarte…- en ese momento, Mark, Susumo y Hiroaki cruzaron la calle.
-Sólo… no me busques más.- dijo ella en voz apenas audible. TK asintió, tapándose el rostro con las manos hasta que llegó su padre.
Ambas familias se despidieron, notando la tensión en el ambiente, y cada quien partió a su hogar.
Una vez llegando a su cuarto, y tras darle las buenas noches a su padre, Kari se echó a llorar en su cama, sintiendo una profunda agonía, como si la acción misma la estuviese desgarrando por dentro.
TK le gustaba mucho, era algo que había tenido que admitir con cierta inseguridad, y apenas y lo supo llegó el destino a arruinar lo que ella creyó sería algo bonito en su vida; comprobó, nuevamente, que el amor y esas cosas no estaban hechos para ella y que ni siquiera valía la pena intentar algo porque siempre pasaba esto: dolor y llanto.
Sin embargo, en esta ocasión era distinto. Le dolía tener que hacerse a la idea de perder a TK aunque por dentro, una pequeña parte de ella, aún albergaba la esperanza de que las cosas cambiaran.
Traumas: American Horror Story. La trilogía de Guillermo del Toro (apenas comencé a leer Nocturna ufff buenísimo!). Ian Somerhalder. Punching in a dream - The naked and famous. Pitch perfect.
Jajaja espero les agrade el capítulo :p la historia ya está terminada en mi cabeza, sólo ocupo tiempo para sentarme a plasmarla! :p síganme en Instagram: alittlecupofcoffee
