Inuyasha le pertenece a Rumiko Takahashi

Capítulo 10: Confesiones

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Rin hizo todo lo posible para alargar su estadía con la reina, pero como de costumbre, las obligaciones reales tomaron prioridad – No por voluntad de Hiromi – por lo que la niña se vio obligada a despedirse de su madre por el momento.

Como lo suponía, Jaken había permanecido fuera de la recámara de la reina esperando por su protegida. La pequeña reprimió un suspiro. Había estado esperando que Jaken fuera llamado a completar alguna labor importante que le permitiera a ella un poco más de tiempo para inventar alguna excusa. No que las excusas fueran a servir. Jaken había descubierto su secreto y ya no había nada que ella pudiera hacer.

Caminaron en silencio por los largos pasillos. La estancia de Jaken era más rígida que de costumbre lo que hacía sentir a Rin más aprensiva. Finalmente llegaron a su destino y Jaken, haciendo las veces del caballero que era, abrió la puerta para la princesa. Rin dio unos dubitativos pasos hacia dentro de la habitación. Jaken entró inmediatamente después de ella y enseguida se dirigió hacia el otro lado de la habitación, donde había descubierto a Rin hacía solo un rato.

El guardián inspeccionó minuciosamente la pared frente a él. No lucía en nada diferente al resto de la construcción. Sin embargo, el diminuto hombre sabía que solo eran apariencias. Él había visto claramente como Rin había salido de un túnel ubicado justo detrás del muro. El hombrecillo buscó algún algo que asemejara una manivela que le permitiera abrir algún tipo de compuerta, pero no encontró nada.

"A ver, Rin ¿Cómo se abre esto?"

"¿Cómo se abre qué?"

El guardián se volvió hacia su protegida con ojos reprobatorios "Rin, no estoy para bromas. Tú sabes muy bien de que habló. Dime como abres esta pared"

La niña suspiró derrotada. Había sido descubierta y no había marcha atrás. Lentamente acortó la distancia entre ella y su amigo y haciéndole señas de que se hiciera a un lado colocó sus manos en un punto a la altura de su cabeza y presionó con fuerza para luego jalar

"Esto se abre hacia fuera, pero tienes que saber exactamente donde presionar. Cuando empujas, sale esta pieza que luego tienes que jalar con fuerza"

Dicho y hecho, en cuanto la pequeña terminó de hablar, la pared, aparentemente de piedra, se abrió produciendo un leve sonido. Maravillado, Jaken inspeccionó la pieza que la chiquilla había jalado. Imitaba a una manivela común y corriente. Cuando estuvo satisfecho con esa parte, el hombrecillo dio unos pasos para adentrarse en el túnel que había visto antes. Estaba totalmente oscuro.

"¿Hacia donde conducen estos túneles?"

"Si vas hacia allá," Rin señaló a su derecha, lo que hacía la izquierda de Jaken "llegas a las habitaciones de mis hermanas. Si vas para allá," señaló hacia el lado contrario "terminas en las habitaciones de mis padres. También hay una escalinata para ir al piso de arriba"

"Rin, esto es increíble ¿Cómo. . .? No. Primero contéstame desde cuando sabes de estos túneles"

"Desde antes que tú llegaras"

"¿Tanto tiempo? ¿Y no me lo habías dicho?"

La niña se encogió de hombros sin contestar. Jaken decidió cambiar la pregunta "¿Cómo los descubriste? Si tú no me muestras, nunca habría sospechado que esto se pudiera abrir. Yo habría jurado que toda la pared estaba hecha de piedra"

"Pues verás," La niña tomó asiento en uno de sus cómodos sillones "un día hubo un desayuno al que vinieron muchas personas importantes. Mi papá le dio mi lugar a una princesa toda flacucha y fea y me mandó a comer en mi habitación. Me dio tanto coraje que, antes que entraran al comedor, fui a la cocina a buscar miel para embarrar en el asiento, pero en lugar de miel encontré una sartén con aceite quemado. Estaba tan negro y olía horrible. Entonces, cuando nadie miraba, lo dejé caer sobre la silla de la desnutrida y huí justo en el momento en que mi papá entraba con los demás invitados al salón"

"Cuando iba corriendo por el pasillo, la oí gritar. Gritaba horrible. Entonces, mi papa también gritó diciendo que buscaran al culpable y se oyeron muchos pasos de gente que venía por el pasillo así que me escondí en la alacena que está frente al espejo grande que un lord no se qué le regaló a mi mamá. Bueno, estaba, porque rompí el espejo unos días después. Fue un accidente, lo juro"

"Bueno, había gente yendo y viniendo, así que no podía salir de la alacena. Alguien se acercó, como si fuera a abrirla y me asusté. Me hice para atrás y me golpee la cabeza con la pared tan fuerte que casi lloré. Pero fui valiente, me tapé la boca y me aguante. Entonces, cuando traté de arrimarme al muro lo más que pude, sentí una cosa que salía de la pared. Me di vuelta, la jalé para ver que era y entonces, se abrió la compuerta"

"Rin, esa alacena está al otro lado del castillo. ¿Hasta allá llegan estos túneles?"

"Noooo. Este túnel de aquí solo llega a los dormitorios y al piso de arriba. El de la alacena es otro"

"¿Cuántos túneles hay, entonces?"

"¡Muchos! Cuando se abrió la puerta, me metí a explorar y resultó ser tan largo, que me perdí. Me pasé todo el día buscando una salida y terminé en el jardín interior"

"¿Estuviste todo el día dentro del túnel?"

"Sí. Cuando salí me estaba muriendo de hambre así que corrí a la cocina a buscar que comer. Mi papá estaba taaan enojado. Lo que me pareció raro es que nunca más volví a ver a mi institutriz. ¿Qué se habrá hecho?" El guardián se guardó de comentar que tal vez la pobre mujer había terminado en los calabozos como residente de por vida. "En fin. Desde entonces, me dediqué a buscar todas las entradas que hubiera, empecé por mi cuarto y ni te imaginas lo feliz que me sentí cuando encontré esta compuerta. Es fácil descubrir la puertas desde adentro, pero desde afuera. . ."

El hombrecillo ya no escuchó la letanía de la pequeña porque en ese momento reparó en algo. "¡Esa es la razón por la que te desapareces todo el tiempo! ¡Siempre estas en los túneles!"

"No me desaparezco" protestó la pequeña "Me voy a investigar"

"¿investigar que?"

"Las cosas que pasan en palacio y nadie me dice"

"Rin, si no te dicen las cosas es porque aun eres muy joven"

"¡Esos solo son pretextos!"

"Bueno, no vamos a discutir eso por ahora. ¿Quién más sabe de esto?"

"Nadie"

"¿Estás segura?"

"Ajá. Los túneles ni siquiera tenían antorchas. Estaban abandonados"

"Ya veo. Creo que lo más importante en este momento es informarle al rey. Estos túneles podrían ser usados en caso de que hubiera una invasión"

"¡No!"

"¿No que?"

"No le puedes decir. Este es mi secreto"

"Rin, no puedes guardar un secreto como este. Es más, en las familias no deben haber secretos"

"Pero, todos guardan secretos y tú lo sabes"

"Rin. . ."

"¡Por favor, Jaken! Te prometo que si es necesario contarles a mis padres, lo haré. Pero todavía no. Además que si le dices a mi papá, él seguro irá a contarle a Naraku y si Naraku se entera que puedo entrar a ver a Kikyo sin su permiso, me lo va a prohibir"

El hombrecillo estaba listo para insistir en que el rey fuera informado hasta que escuchó el nombre de Naraku. No podía permitir que el sinvergüenza del general tuviera acceso a la habitación de la pequeña bajo ninguna circunstancia. El guardián suspiró.

"Está bien, Rin. No le diré a tu papá, por ahora. Pero a cambio, quiero que me prometas que dejaras de desaparecerte cada vez que se te antoje" Rin se alistó a protestar "Sin discusiones" Rin se calló "De ahora en adelante, cada vez que entres a los túneles, yo iré contigo. Quiero conocerlos"

"Pero. . ."

"Rin, somos amigos ¿No? Puedes confiar en mi"

"Bien, confiaré en ti, pero primero, prométeme que nunca, jamás, ni aunque te torturen sacándote los ojos, vas a contarle a alguien de esto"

"Rin, te prometo que nunca, jamás, ni aunque me torturen sacándome los ojos, voy a contarle a nadie de esto. A menos que sea absolutamente necesario y tu seguridad dependa de ello"

"Esa no es la promesa que quiero"

"Es la promesa que te doy. De todas formas, no tienes salida. Si no estás de acuerdo en mostrarme los túneles, simplemente te acusaré con tu padre"

La pequeña hizo un puchero y se cruzó de brazos "¡No es justo!"

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Kagome se movía frenéticamente de un lado al otro de la cocina. Ya casi era la hora acordada y todavía le faltaba decorar la mesa y el postre aún no estaba listo. Y también tenía que cambiarse de ropa. Como le habría gustado contar con un poco de ayuda, pero eso era un sueño imposible.

Inuyasha había sido muy claro al decirle que ya que fue a ella a quien se le ocurrió la gran idea, era su responsabilidad hacer todo el trabajo. Es más, el chico se había recluido a sí mismo en su habitación jurando que de ninguna manera, nada ni nadie lo obligaría a participar en la farsa de cena que estaba preparando. Antes de desaparecer y luego de acomodar la mesa y sillas prestadas en el patio – de alguna forma, el muchacho se había compadecido de ella al verla arrastrando los muebles – le había dado indicaciones a Kagome de que cuando la comida estuviera lista, se la subiera a su habitación.

Sí, como no.

Kagome decidió que si Inuyasha quería cenar esa noche, tendría que bajar y compartir con el resto de los invitados como cualquier persona civilizada. O si no, lo acusaría con Izayoi.

La princesa le rogaba a la mezcla en el fuego que estuviera lista de una vez. No entendía como la preparación de una cena especial le tomaba tanto tiempo. Llevaba toda la tarde cocinando. Antes, en palacio, los banquetes le habían parecido un producto de magia. La comida siempre estaba lista a la hora indicada, perfectamente presentada y los sirvientes organizados como si para servir una cena hubiesen nacido.

Por supuesto, ella nunca había visto todo el trabajo que los mismos sirvientes tenían que realizar antes de servir.

No se podía creer que realmente estaba llevando a cabo su idea de preparar la cena elegante que tanto había deseado. Ella sabía que para nada podría comprarse con las comidas más sencillas en palacio, pero dadas las circunstancias, era lo más parecido que podía tener.

En lugar de faisán horneado, había cocinado gallina asada, para sustituir el filete de ternera en salsa agridulce, tenía vegetales frescos pasados por agua y en lugar del salmón a la plancha, contaba con delicioso queso de cabra. A falta de vino, serviría refresco de frutas y, no teniendo tarta de higos bañada con caramelo, como postre, tomarían la bebida dulce de arroz que había aprendido a preparar hacía poco. Y para terminar, había preparado una deliciosa salsa para remojar la gallina – En realidad eran dos salsas, una con picante, para los que disfrutaban de ese sabor y otra dulce, para Inuyasha.

Se estaba poniendo nerviosa y no solo por cuanto estaba tardando todo en estar listo. Hasta ese día, solo había cocinado para Inuyasha y ocasionalmente para Shippo. Era la primera vez que tenía invitados a cenar ¿Qué tal si no les gustaba su comida? ¿O si consideraban que la presentación de los alimentos no era la adecuada? ¿O si los alimentos en sí no los satisfacían? ¿Habría hecho suficiente comida? Las posibilidades de que algo saliera mal eran incontables y no solo por sus dudas en su propia habilidad, sino, y más importante, por Sango.

El postre por fin estuvo listo, a sí que se dispuso a preparar la mesa. Con delicadeza sirvió cada plato, teniendo cuidado de colocar cada pieza de comida en la posición y cantidad adecuada – Por supuesto, los platos de los hombres tenían el doble que el de las mujeres – satisfecha con su trabajo corrió a su habitación a ponerse el mejor vestido del que disponía para luego salir al patio a decorar la mesa.

Había dispuesto que la cena se realizara afuera, pues no había forma de acomodar a quince personas en la diminuta estancia de la casa. Inuyasha había insistido en que si cabían y que no era necesario conseguir una mesa más grande y aunque era cierto que sí cabían, ella quería algo que fuera más elegante y espacioso donde los comensales pudieran sentarse a gusto sin preocuparse de golpear con el codo al que estuviera al lado.

Los nervios hicieron una nueva aparición. Temía que Sango estuviera muy enojada con ella. Al final, no había podido pedirle su autorización para realizar la velada. El motivo de haberla preparado se debía a que Shippo, emocionado con la idea de asistir a una cena especial, había corrido a contarle a Ryu. Sobraba decir que el padre de Sango había quedado maravillado con el plan y ni tardo ni perezoso se dedicó a importunar a Kagome hasta que la convenció de poner en marcha la idea.

La princesa, renuente a hacer algo que pudiera molestar a su amiga, puso por condición que Ryu debía lograr que Inuyasha estuviera de acuerdo también. Ella se convenció de que se había librado del problema. No había forma de que el señor lograra convencer a Inuyasha. Sin embargo, la chica no contó con la inteligencia de Ryu quien recurrió al único método que Inuyasha no podía combatir: le pidió ayuda a Izayoi. Sin importar cuan terco fuera, no había forma de que el chico se negara a un favor pedido por su madre.

Kagome terminó de dar los últimos toques a la decoración de la mesa, un bonito arreglo florar que Kagura le había ayudado a preparar y se dispuso a esperar por sus invitados. No pasó mucho tiempo antes de que el primero llegara.

"¡Kagome!"

"Buenas noches, Shippo. Mira que guapo estas" elogió la princesa.

"¡Kaede me peinó!"

Kagome sonrió con ternura. El normalmente desordenado cabello de Shippo se encontraba amarrado con un listón que combinaba perfectamente con su limpia camisa azul.

"Pues te ves estupendo. Ven, toma asiento que los demás están por llegar"

El niño obedeció, y sonrió al notar el arreglo de la mesa "¡Que bonito te quedó todo!" La princesa agradeció con otra sonrisa. Shippo, entonces, comenzó a ver hacia un lado y hacia el otro "¿Dónde está Inuyasha?"

"Escondido dentro de la casa" contestó Kagome sin pensar.

"¡Voy a buscarlo!" anunció el pequeñín, bajándose de su silla.

Kagome reaccionó justo en el momento que el pequeño llegaba al umbral "No es necesario" Inuyasha estaba arriba, en el ático. Si el niño lo descubría allí, comenzaría a hacer preguntas de porque el joven dormía en una habitación diferente a la de su esposa, y actualmente, ella no tenía tiempo para contestar preguntas indiscretas."Inuyasha saldrá cuando lleguen los demás"

"Buenas noches" dijeron dos voces.

La princesa se volvió a saludar a los recién llegados "Buenas noches, señora Izayoi, Sesshoumaru. Bienvenidos"

"Gracias por la invitación" contestó su cuñado con una leve inclinación de la cabeza.

"Yo también te lo agradezco, Kagome. Creo que es maravilloso que te hayas ofrecido a hacer todo este trabajo para ayudar a una amiga"

La princesa se sonrojó levemente, aunque en su interior sabía que Sango no vería todo eso como 'ayudar a una amiga' y los invitó a sentarse.

"¿Y mi hermano?"

"Esta escondido" intervino animadamente Shippo antes de que Kagome pudiera inventar una excusa.

"¿Sigue encaprichado?" preguntó incrédula la madre "Voy a traerlo de inmediato"

Rápidamente, Kagome se acercó a ella, colocándole una mano sobre el hombro para evitar que se pusiera de pie. Peor que un niño haciendo preguntas indebidas, era una suegra haciendo las mismas preguntas "No se preocupe. El coraje ya le bajó. Yo iré por él"

La chica no pudo hacer lo que dijo porque en ese momento llegaron Ryu y toda su familia. Como buena anfitriona, Kagome se acercó a cada uno para darles la bienvenida individualmente. Cuando llegó a Sango, le dio la impresión de que su amiga estaba mucho más hostil que de costumbre. Sango ni siquiera respondió al saludo, caminó derecho hacia la mesa, murmuro un buenas noches al resto de invitados y tomó asiento justo en medio de Izayoi y Shippo. Eso no estaba bien. La finalidad de la velada era precisamente acercar a Sango y al predicador, lo que iba a ser imposible si no se sentaban juntos. Pero la princesa no iba a pedirle a su amiga que se moviera de lugar. No era tan torpe.

Ryu estuvo a punto de comentar al respecto cuando Miroku hizo su aparición, haciendo uso de todo su encanto como de costumbre. Fue recibido con agrado por las señoras y por su posible futuro suegro, Sesshoumaru apenas mostró interés por su presencia, los hermanos de Sango le dieron unas palmaditas a forma de saludo, las cuales por poco le rompen las costillas, Shippo y Kohaku lo ignoraron por completo y Sango lo miró fijamente por largo rato.

Esa mirada le recordó al predicador porque había querido rechazar la invitación desde el principio. Lamentablemente, cuando Kagome fue a pedirle que los acompañara a cenar, Ryu fue con ella y el hombre mayor fue tan convincente al decirle que le convenía mucho aceptar la invitación que no tuvo valor alguno para decirle que no.

Kagome le indicó que pasara a tomar asiento y sin dudarlo, el muchacho se dirigió a la silla libre que estaba junto a Kohaku.

"Predicador, creo que será mejor que se siente aquí" ofreció Izayoi, poniéndose en pie.

"No es necesario cambiar de lugar" intervino Sango, muy seriamente.

"Por supuesto que lo es" sonrió Izayoi, no dándose por enterada del disgusto en la voz de la joven.

Miroku tragó grueso y no se atrevió a moverse. Esperaba que la joven señora entendiera el mensaje de Sango y decidiera acceder a sus deseos. Pero no tuvo esa suerte. Izayoi rodeó la mesa hasta llegar al lugar que él ocupaba. El predicador no tuvo más remedio que cambiar de lugar. No era que le molestara la cercanía con la bella morena. Todo lo contrario. Era solo que la chica tenía su forma de lucir amenazante y en ese momento, el peligro parecía haberse triplicado. Inconscientemente, se llevó una mano al bolsillo que llevaba en el pecho para asegurarse que su elixir estuviera en su lugar. Era obvio que necesitaría un buen trago para sobrevivir esa noche.

Kagome percibió sin problema la creciente tensión entre los invitados de honor y se puso aún más nerviosa. Al parecer, su esposo había tenido razón al decir que la cena iba a ser un desastre.

"Bien, ya que todos estamos aquí, iré por Inuyasha" Inmediatamente, la joven entró a la casa y respiró profundamente. Necesitaba relajarse sino quería perder la compostura delante de sus invitados. Miró la escalinata que conducía a la habitación de su esposo y se armó de paciencia. La iba a necesitar si quería convencer a Inuyasha de bajar sin ocasionar un escándalo.

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Si alguien le hubiera dicho que la noche resultaría tan horriblemente como resultó, se habría negado a organizar la reunión.

"Te dije que esta reunión iba a ser el mayor desastre en la historia de Himeshi"

Sí. Inuyasha le había dicho que no resultaría bien.

¿Por qué no lo escuché?

"Si Sango vuelve a hablarte alguna vez en su vida, será un verdadero milagro"

"Ya lo sé. No hace falta que me lo eches en cara" habló compungida la princesa.

"No fue tan malo" terció una tranquila voz "Al menos el predicador sigue con vida"

"Esa no es buena noticia, Sesshoumaru" replicó Inuyasha. "Si al menos Sango le hubiera puesto un ojo morado, no me sentiría tan decepcionado"

"¿Podrías dejar de ser tan. . . tan. . .?" La princesa se sentía irritada.

"Kagome parece campana" y Shippo no estaba colaborando para hacerla sentir mejor.

Todo parecía ir tan bien al principio. Sango había optado por ignorar al predicador, Inuyasha había sido amenazado con quedarse sin cenar si no bajaba de inmediato, lo que obligó al chico a acceder a unirse al grupo, la comida estaba siendo del agrado de todos los presentes – incluso elogiaron la forma en que la comida estaba dispuesta en los platos – Hasta Shin, el bebé de Karei, se había comportado como un angelito.

Debió ser obvio que solo era la calma antes de la tormenta.

Torpemente, Ryu comenzó a comentar sobre cuan feliz estaba de que un buen hombre como Miroku hubiese hecho su aparición en la aldea, opinión que fue secundada por Izayoi, Yura y Karei; y como el predicador iba a ser una gran adición a la familia. El muchacho, percibiendo el peligro que tenía al lado, había tratado de desviar el tema cuando los gemelos decidieron intervenir, preguntando, donde iban a vivir, como planeaba Miroku sostener a su mujer, cuantos hijos tendrían y si podrían ponerle a las criaturas los nombres de sus dos mejores tíos.

Las preguntas y planes fueron escalando y escalando, hasta que Sango no pudo contenerse más y en una forma muy parecida a la de Inuyasha, literalmente les dijo a todos que se fueran al infierno. Miroku trató de calmarla, lo que culminó en Sango tratando de ayudarlo a llegar al destino que le indicara antes. Afortunadamente para el predicador, sus dos hermanos mayores se interpusieron entre ella y su victima. Izayoi aprovechó el momento para reprenderla por un comportamiento tan indigno – Kagome sintió como si acabara de escuchar a su padre – y eso pareció devolver a la furiosa muchacha a sus cabales.

En su arranque, había tirado al piso buena parte de la loza, había utilizado el arreglo florar como proyectil contra su pretendiente, su hermano menor estaba bañado en salsa, su sobrino lloraba a gritos por el susto, Karei luchaba por calmar al bebé, Yura la miraba estupefacta, Ryu parecía querer que se lo tragara la tierra, Shippo se había escondido debajo de la mesa, los gemelos se estaban muriendo de risa, Sesshoumaru e Inuyasha se habían sentado en el pórtico a terminar lo que pudieron salvar de su cena y Kagome estaba a punto de llorar.

No soportando la vergüenza por su comportamiento, Sango huyó corriendo del lugar. Su padre no tardó un segundo en ir tras de ella. El resto de la familia ofreció ayudar a Kagome a recoger la tiradera, pero la chica los rechazó de la manera más atenta. Cuando los gemelos se hubieron tranquilizado lo suficiente como para caminar sin ayuda, todos se despidieron para ir rumbo a sus casas. Kohaku solicitó asilo al mayor de sus hermanos, el cual fue concedido y antes de que los gemelos pudieran siquiera preguntar, les fue dicho que dado que ellos contribuyeron enormemente a atizar el fuego, debían sufrir las consecuencias y los despacharon a casa con su padre y hermana.

Miroku había cobrado suficiente compostura para sentarse a la mesa nuevamente y teniendo cuidado de que nadie lo viera, sacó una pequeña cantimplora de dentro de su túnica y se sirvió un poco del licor que había traído con él. Agradeció haber sido tan precavido al traer su bebida. Shippo, notando que el mayor peligro ya había pasado, salió de su escondite para encontrar a Miroku bebiendo. Naturalmente, preguntó que contenía el vaso en las manos de Miroku y si él también podía tomar lo mismo. El predicador se espantó ante la súbita aparición del chiquillo y se fue de espaldas quedando tirado en el piso. Inuyasha aprovechó el momento para informarle al pervertido que no era bienvenido en su propiedad. Miroku, dándose cuenta de la amenaza y no queriendo sufrir otro intento de asesinato, se retiró rápidamente, olvidando su cantimplora en la mesa.

Izayoi había mostrado un poco de arrepentimiento por haber opinado acerca del posible matrimonio- que ya no le parecía tan posible – y también se despidió, dejando solos a Kagome, su esposo, su cuñado y el pequeño Shippo.

Como deseaba Kagome que los otros tres también se fueran.

Al parecer, Sesshoumaru tenía algo importante que discutir con su hermano y Shippo siempre se quedaba con ellos todo el tiempo que se lo permitieran.

Derrotada, Kagome se dispuso a limpiar el desorden. Lo primero era rescatar la comida que no se había echado a perder y segundo, asegurarse que la mesa, que un amable vecino le prestara, no hubiese sufrido daños. Aunque con el ímpetu de Sango, esa esperanza era efímera.

"Tengo hambre" lloriqueó Shippo "Sango tiro toda mi comida cuando jaló el mantel"

"Yo también tengo hambre, Kagome. Apenas pude salvar el queso y los vegetales" Se unió a la queja Inuyasha.

Kagome se volvió hacia ellos, sosteniendo en las manos un plato en el que había reunido unas piezas de gallina y unos cuantos trozos de vegetales. En el umbral se encontraban los tres muchachos mirándola fijamente. Era obvio que, aunque no había dicho nada, Sesshoumaru compartía la inconformidad de los otros dos.

"Hay más gallina en la cazuela. Sírvanse cuanto quieran" diciendo esto, la chica regresó a su trabajo. Cuando llego el turno de recoger la vajilla, se topó con una cantimplora que no reconocía y la cual parecía estar casi llena. Se dispuso a destapar el recipiente para averiguar cual era su contenido, cuando la voz de Inuyasha preguntándole donde estaba la salsa para la gallina, la distrajo haciéndola olvidar lo que estaba a punto de hacer.

"Está en una olla, sobre la mesa de cortar verduras" después de contestar la pregunta de su esposo, la joven terminó de recoger los trastes y entró a la casa. Ausentemente, coloco la loza sobre la mesa, incluyendo la cantimplora. A pesar de su estado de ánimo, le pareció adorable como los dos hombres y el niño colaboraban entre ellos para servirse la comida. Aunque, a la vez, resultaba extraño. Era la primera vez que veía a Inuyasha en compañía de cualquiera de los otros dos sin pelearse.

Iba rumbo al patio, nuevamente, cuando Inuyasha le hizo otra pregunta "¿Quedó algo de jugo de frutas?"

"No. me temo que Sango lo derramó todo"

El chico se encogió de hombros, tomando asiento junto a Sesshoumaru y Shippo "Ni modo. Comeremos en seco" Kagome asintió y los dejó solos.

Apenas había puesto un pie afuera, cuando un nuevo alboroto se escuchó dentro de la casa. Entro corriendo a toda velocidad para toparse con Inuyasha empinándose el contenido de la cantimplora que ella pusiera sobre la mesa minutos antes, con una desesperación tal, que resultaba increíble y lo que más la sorprendió fue que en medio de que Inuyasha se acabara el contenido del recipiente, su hermano mayor se lo arrebató de las manos para dar varios tragos él mismo.

Confundida, Kagome se volvió a Shippo quien veía con los ojos muy abiertos el extraño comportamiento de los chicos mayores.

"¿Qué les pasó?" demandó la chica.

Shippo desvió su atención hacia ella. La joven se dio cuenta de que el chiquillo estaba masticando ávidamente un bocado de comida y tuvo que esperar a que se lo tragara para recibir una respuesta. Ausentemente, pensó que el niño tenía muy buenos modales en la mesa. Siempre y cuando no estuviera peleando con Inuyasha

"Creo que no les gusta la comida picante" contesto el niño justo antes de llevarse otro trozo de comida a la boca.

Picante ¿Qué picante? Kagome entonces abrió mucho los ojos y fijó su atención sobre la mesa de picar verduras. Tal como le había dicho a Inuyasha, allí se entraba la olla con la salsa. El detalle era que esa era la salsa picante. La dulce que había preparado para Inuyasha había perecido junto al jugo de frutas y el queso de cabra.

Kagome se sintió mucho más mortificada al darse cuenta de que su cuñado, al igual que Inuyasha, padecía de intolerancia al picante.

Rápidamente fue en busca de agua fresca para darles de beber. Puso frente a cada uno un recipiente con agua y le pareció extraña la forma en que Sesshoumaru se le quedó viendo a la taza sin tomarla. No tuvo tiempo de continuar con su apreciación porque en ese momento, Inuyasha resbaló de su silla y cayó de costado sobre el piso.

Desde su lugar y entre bocados, Shippo se inclinó para ver cual era el problema del muchacho "Inuyasha ¿Qué te pasó? ¿Por qué te caíste?"

Kagome estaba en el proceso de acercarse a él cuando lo escuchó contestar "No me caí"

¿Cómo que no se cayó? Si está tirado en el piso pensó más confundida la princesa Y ¿Por qué su voz suena tan extraña? Se agachó para tratar de ayudarlo "Inuyasha ¿Estas bien?"

El joven no contestó, solo levantó su cabeza, miró a Kagome, parpadeó varias veces, entrecerró los ojos, volvió a parpadear y finalmente habló como si hasta ese momento reconociera a su esposa "Hola, Kagome"

"Inuyasha ¿Qué te pasa? Estas extraño" La princesa comenzaba a asustarse.

"No es el único" habló Shippo "Sesshoumaru lleva un rato tratando de agarrar la taza que le diste, pero todavía no ha podido"

Kagome se levantó para corroborar las palabras del niño y efectivamente, Sesshoumaru estaba en el proceso de extender su mano para tomar la traza frente a él, pero por alguna razón, el apéndice no estaba obedeciendo como debía, desviándose demasiado a la izquierda o a la derecha. Resultaba increíble que aún no hubiera derramado el agua.

"¿Qué les pasa?" Kagome realmente necesitaba una respuesta.

"Se pusieron así después de tomarse el jugo de Miroku"

"¿Qué jugo?"

"El que Miroku trajo en esa cantimplora" El chiquillo señaló el recipiente en cuestión.

La chica tomó la cantimplora, la examinó y finalmente se la llevó a la nariz. Horrorizada, la dejó caer sobre la mesa y sin pensarlo anunció en voz alta su descubrimiento.

"¡Es licor!"

Calmadamente Shippo comentó "Pero en Himeshi no hay licor. Los adultos dicen que es la bebida del diablo"

Kagome apretó la mandíbula. Al parecer, en esa ocasión, el nombre del diablo era Miroku.

"No puedo creer que el predicador haya traído alcohol a la cena"

Kagome se desplomó sobre una de las sillas en el momento que Sesshoumaru lograba, por fin, sujetar la taza, por las apariencias, ahora venía la parte más difícil: llevarse la taza a la boca.

"No entiendo" dijo Shippo, ya habiendo terminado su cena "Si Miroku es un predicador y el licor es la bebida del diablo ¿Por qué se lo toma?"

"No lo sé, Shippo" suspiró Kagome "Inuyasha ¿Qué estás haciendo?"

Mientras Kagome había estado ocupada tratando de entender como el licor del predicador había terminado siendo ingerido por los hermanos, Inuyasha se había levantado y caminado hasta la pared más cercana y parecía estar sujetándose de ella.

El chico giró su cabeza, o al menos trató y con voz inestable, contestó "La casa se está moviendo"

"¿Qué? La casa no se está moviendo"

"Sí está" replicó tercamente el muchacho "Ayúdame a detenerla"

Kagome abrió la boca tratando de decir algo pero, ¿Qué podía decir? Mejor optó por dirigirse a Shippo "Shippo, ve a buscar al predicador y tráelo de inmediato" El niño no obedeció en el instante, ocupado como estaba viendo a Sesshoumaru derramarse el agua encima "¡Shippo ve ahora!"

El chiquillo reaccionó y dándole un último vistazo a los dos ebrios, salió disparado de la casa.

Kagome se dispuso a tratar de controlar la situación lo mejor posible. Tentativamente, se acercó a su esposo pidiéndole que se sentara. El muchacho se negó, aludiendo que si soltaba la pared, la casa se iba a caer.

"La casa no se va a caer, Inuyasha. Lo que pasa es que estás borracho"

"No estoy borracho"

"Inuyasha, siéntate" suplicó ella.

El chico se dio la vuelta hasta colocar su espalda contra la pared "No quiero sentarme"

Como corroborando el hecho de que su mente y su cuerpo no estaban en sintonía, el chico comenzó a deslizarse en dirección al piso, quedando incómodamente sentado sobre sus piernas.

"Inuyasha, quédate así, sentado un rato, para que se te pase el mareo"

"No estoy mareado"

Kagome lo miró un segundo tras el cual se llevó la mano a la frente ¿Cómo me metí en este lío?

Cinco minutos después. . .

"Inuyasha, estás borracho"

"No estoy borracho"

"Que sí estás"

"¡Que no!" de repente, el muchacho extendió sus manos, colocándolas en ambos lados de la cabeza de Kagome y mirándola fijamente a los ojos – todo lo fijo que en su estado actual podía lograr – le pidió "Ya deja de moverte, me estás mareando"

"Yo no me estoy moviendo. ¡Estás borracho!" Kagome sabía que repetir la misma frase una y otra vez no estaba ayudándola mucho, pero su estado de pánico no le permitía hacer otra cosa.

"No estoy borracho" Inuyasha tampoco estaba colaborando.

"Inuyasha" una voz gélida, como ninguna otra, se escuchó a espaldas de la chica. Kagome volvió su cabeza, con temor de lo que le esperaba ver. El estoico hermano mayor de Inuyasha, se había levantado de la mesa y permanecía firmemente en pie, o al menos, eso era lo que él creía, porque se tambaleaba casi desde un extremo de la casa al otro. La princesa se movió rápidamente para correr a su lado y tratar de evitar que cayera al piso, pero ni siquiera logró levantarse. Inuyasha aún la sostenía por la cabeza.

"Inuyasha, tengo que levantarme. Debo ayudar a tu hermano"

"Pues levántate"

"Es que tienes que soltarme"

"Yo no te estoy agarrando"

"Si lo estás haciendo"

"No lo estoy haciendo"

"¡Inuyasha, suéltame!" Como pudo, la muchacha se zafó del agarre de su esposo y se levantó para ir en auxilio de Sesshoumaru, quien increíblemente, todavía se mantenía en pié.

"Sesshoumaru, ¿Por qué no te sientas?" Kagome trataba de ser cortés. Por lo que ella había visto en algunas fiestas, sabía que no debía alterar a alguien en estado de ebriedad, pues algunos hombre, influenciados por el alcohol, se volvían muy peligrosos y por la espada que su cuñado sostenía en una de las manos, tenía la impresión de que él era uno de esos "Esa es la espada de Inuyasha ¿A que hora la agarraste?"

"Inuyasha," volvió a hablar el hermano mayor, ignorando por completo a la joven "defiéndete. Ha llegado el día de tu muerte"

Sí. Definitivamente, Sesshoumaru era del tipo peligroso.

"Sesshoumaru, ¿Por qué no bajas la espada un momento?"

"No. Debo poner en claro las cosas entre mi hermano y yo. Inuyasha, levántate"

"Inuyasha no se puede levantar"

"Sí puedo" discutió el susodicho desde su lugar en el suelo, sin siquiera hacer el mínimo esfuerzo de moverse.

"Que no puedes" respondió Kagome ¿Quién en su sano juicio discutía con un borracho? Definitivamente, estoy mal de la cabeza. La princesa decidió ignorar a su esposo y poner más atención a su cuñado ¿Cómo podía distraerlo?

A pesar de sus esfuerzos, Sesshoumaru avanzó hacia su hermano. Afortunadamente, la mesa se interpuso en su camino. El joven le dio una mirada furibunda al mueble, como demandándole que se moviera de lugar. Por supuesto, las técnicas intimidatorias no funcionaban con objetos inanimados. Kagome observó con horror como Sesshoumaru extendía el brazo que sostenía la espada, preparándolo para asestar un golpe con el arma. No había forma de llegar a él a tiempo de salvar la mesa.

La princesa se tapó la cara, esperando escuchar el golpe, pero cuando finalmente lo oyó, no se pareció en nada a una espada cortando madera. Bajó las manos con un poco de aprensión y suspiró aliviada al ver que su cuñado finalmente había perdido el equilibrio y estaba sentado sobre el piso con una expresión furiosa en su semblante.

"Sesshoumaru ¿Estas bien?"

"Inuyasha, no creas que podrás librarte de mi ira. Voy a matarte" el joven mayor trataba infructuosamente de ponerse en pie, pero no teniendo ningún objeto sobre el cual apoyarse, la tarea era imposible. Sin embargo, eso no le impedía seguir incitando a su hermano "¿Qué clase de cobarde eres que te escondes tras una mesa?"

"No soy cobarde" Al parecer, Inuyasha había decidido contradecir todo lo que se le dijera.

Kagome se acercó al mayor de los muchachos y atentamente le ofreció ayuda para levantarse. Él la miró con ojos de pocos amigos.

"¿Insinúas, mujer, que no soy capaz de ponerme en pie por mí mismo?"

"Por supuesto que no. Estoy segura de que tú puedes solito" le sonrió la chica. Por el rabillo del ojo, trató de ver que estaba haciendo Inuyasha. Si el muchacho decidía, por una vez, hacerle caso a su hermano y levantarse para responder al reto, las cosas empeorarían enormemente. Se tranquilizó al notar que su esposo no estaba haciendo ningún esfuerzo por levantarse. De hecho, estaba muy quieto, con la cabeza inclinada hacia delante y observando fijamente el piso frente a él. Kagome volvió su atención a su cuñado, quien de forma inexplicable, se estaba levantando sin ayuda.

Kagome se puso de pie al mismo tiempo, extendiendo los brazos en caso que el joven volviera a perder el equilibrio. Aunque ¿A quien engañaba? Si él se caía, no había forma de que ella lograra detenerlo. Su cuñado era casi dos cabezas más alto que ella.

"Kagome" escuchó a Inuyasha llamándola desde su lugar en el piso.

Ella lo miró. Él chico continuaba en la misma posición de hacía unos minutos, con su cabeza inclinada y mirando hacia el piso ¿Ahora qué? "Dime"

El muchacho levantó su vista, sin enfocarla bien y torpemente anunció "No tengo piernas"

"¿De que estás hablando? Sí tienes piernas" ¿Por qué sentía que las conversaciones se estaban volviendo más y más ridículas?

"No tengo" discutió el muchacho "Mira, mis piernas no están" señaló hacia el espacio vacío frente a él.

"Eso es porque estas sentado sobre ellas"

"¡No es cierto!"

¿Por qué yo? La princesa se olvidó un momento de su cuñado que ya iba por el décimo intentó de pararse correctamente y regresó al lado de su esposo "Inuyasha, ya deja de decir tonterías. Ven te ayudaré a levantarte para que vayas a la cama. Creo que dormir te hará mucho bien"

"No puedo levantarme. No tengo piernas"

Kagome se llevó una mano a la frente, exasperada Voy a matar al predicador

"Kagome" la torpe voz de Inuyasha sonó nuevamente.

"¿Ahora que quieres?" la jovencita se sentía al borde del llanto por la frustración. Inuyasha no estaba mirándola a ella, al contrario, sus ojos estaban tratando de mantenerse fijos en su hermano mayor, quien una vez más, había perdido el equilibrio.

Inuyasha giró su tambaleante cabeza hacia su esposa "¿Por qué hay tres Sesshoumarus?"

Kagome suspiró. Estaba considerando que bien podía empezar matando a Inuyasha, eso la haría entrar en calor para cuando Miroku llegara.

Como conjurado por sus pensamientos, el predicador hizo su entrada a la vivienda. Rápidamente ubicó a Kagome, arrodillada junto a Inuyasha y adoptando su expresión más serena, amablemente, se dirigió hacia la señora de la casa.

"Señora Kagome, Shippo me informó que usted tenía algunos problemas y vine de inmediato a ver en que puedo serle útil"

"¡No es cierto!" chilló una vocecita detrás de Miroku, inmediatamente después, Shippo entró velozmente "Él no quería venir. Tuve que amenazarlo con contarle a Ryu de que lo descubrí espiando a las muchachas en el río"

"¿Estaba espiando a las muchachas?" A pesar de lo ocurrido con el alcohol, Kagome se había convencido de que el predicador era incapaz de hacer cosas deshonestas, pero a cada segundo que pasaba, le resultaba obvio que solo se estaba engañando a sí misma.

"¡De ninguna manera!" Se defendió Miroku "Simplemente fui a dar una caminata, me salí del sendero y terminé cerca del río. Sí miré un poquito, pero fue totalmente por accidente"

"¿Sabe que? Olvidemos eso. Tengo un problema mucho más grande aquí"

Miroku dirigió su mirada hacia los otros dos ocupantes de la casa, como si no los hubiera notado antes "¿Qué les pasa a los jóvenes Sesshoumaru e Inuyasha?"

"¿Qué que les pasa? ¡Están borrachos!"

"No estoy borracho" afirmó Inuyasha entre hipos.

"Hermano, voy a matarte" dijo Sesshoumaru mientras trataba de usar la espada como bastón para incorporarse correctamente.

"Pues, parece que sí están borrachos" dijo casualmente Miroku "Esta juventud. No deberían beber más de lo que pueden soportar"

"¡Ellos no beben!" exclamó Kagome, ahora de pie a unos centímetros del predicador. Se oyó un golpe seco y ambos se volvieron para ver a Sesshoumaru tirado en el suelo, boca a bajo y completamente inconsciente.

"Pues yo diría que sí" parpadeó Miroku, luciendo de lo más inocente.

"¡Esto es su culpa!" acusó airada la princesa.

"Perdóneme, mi estimada señora, pero no veo como puedo ser responsable de que su esposo y su cuñado les guste beber más de la cuenta"

"¡Ya le dije que ellos no beben! Por eso es que están tan mal. No están acostumbrados al alcohol"

"Corríjame si me equivoco, querida señora, pero ¿acaso no se necesita alcohol para embriagarse? Al parecer, sus parientes perdieron la medida"

"Ellos no perdieron ninguna medida" Kagome caminó hacia la mesa, teniendo cuidado de no pararse sobre Sesshoumaru y tomó la cantimplora, mostrándosela a Miroku "Esto es suyo ¿No?"

Miroku abrió muy grandes sus ojos "Oh, oh"

"Sí. Oh. Oh. Ellos están ebrios por su culpa. Se quemaron la lengua por el picante y sin darse cuenta se bebieron el contenido de este recipiente"

"Señora Kagome, le aseguro que nunca fue mi intención ocasionar algo como esto. Es más yo ni siquiera acostumbro beber. Ese licor me lo regalaron en mi camino hacia aquí y. . ."

"¡No me importa! ¡Lo único que quiero es que arregle esto!"

"Pero señora, aunque con todo mi corazón, quisiera ayudarla, no veo como yo puedo solucionar algo como esto"

"¡Pues tendrá que encontrar una forma por que de lo contrario, no tendrá que esperar hasta que estos dos estén sobrios por la mañana para morir, pues en este mismo momento, iré directo a casa de mi suegra a contarle que nuestro nuevo y querido predicador es un embustero que espía mujeres y que para colmo tuvo la desvergüenza de traer licor a mi casa y embriagar a sus dos hijos!"

Miroku retrocedió unos pasos, intimidado por la creciente furia que la dulce Kagome estaba mostrando, con la esperanza de llegar a la puerta y poder escapar. Sin embargo, al llegar al umbral se dio cuenta de que la puerta estaba cerrada, gracias a Shippo. El predicador había olvidado que la joven frente a él no era la única persona coherente contra la que se tenía que enfrentar.

"No vas a irte de aquí hasta que arregles a esos dos borrachines, Miroku"

"Hay, pero que niño tan simpático" fingió una sonrisa el predicador.

Kagome iba a exigir nuevamente una solución al problema, cuando la voz de su esposo volvió a interrumpirla.

"Kagome"

Todos los presentes se volvieron hacia el joven, quien de alguna forma, había logrado moverse de su anterior posición y ahora estaba casi sobre su hermano, tratando de moverle la cabeza.

"¿Qué quieres ahora, Inuyasha?" trató de ser paciente la princesa. Al fin de cuentas, no era culpa de ninguno de los hermanos estar en la situación que estaban.

El muchacho levantó su cabeza lo más que pudo y en su inestable forma habló en tono lastimero "Sesshoumaru está muerto"

"No está muerto, Inuyasha. Solo está dormido"

"¡Si está muerto!"

"Que no. . . ¡Aggg! ¡Predicador, arregle esto ahora!" la joven no podía contener su frustración por más tiempo y Miroku siendo tan inteligente como era, entendió el mensaje.

"De acuerdo, está bien. Necesitaré una bebida amarga y caliente. Una gran cantidad de bebida amarga y caliente y además agua fría"

"Encenderé el fuego de inmediato y a esta hora el agua del arrollo está muy fría"

"¿Con quien empezamos, entonces?"

"Con Sesshoumaru. Hay que enviarlo a casa antes de que Izayoi venga preguntando por él"

"Perfecto. Manos a la obra"

000

Dos horas después, Kagome suspiraba aliviada de que todo hubiera terminado.

Luego de, literalmente, arrojar a Sesshoumaru al arroyo – La princesa rogaba de todo corazón que el joven no recordara nada de lo sucedido – y darle de beber cinco tazas de café hirviendo, lograron que el muchacho recobrara suficiente equilibrio como para caminar solo y bajo el cuidado de Shippo fue enviado a su casa. El niño recibió indicaciones precisas de distraer a Izayoi lo suficiente como para que ella no notara ni la condición de su hijo, ni que la ropa que estaba usando, no era de él – Miroku juraba estar traumatizado de por vida luego de haber tenido que ayudar al alto joven a cambiarse de ropa - El chiquillo aceptó la tarea con agrado. No era cosa de todos los días que le dieran permiso de engañar, perdón, distraer a alguien.

Cuando hubieron terminado con el mayor, fue turno del menor. A Kagome por poco se le sale el corazón al darse cuenta de que su esposo había salido de la estancia. De inmediato salió al patio y buscó por toda la propiedad, sin tener suerte. Temía que el muchacho hubiese bajado hasta la aldea y dado el estado en el que se encontraba, eso habría ocasionado un caos terrible. Por supuesto, si eso sucedía, ella iba a señalar al predicador como el total y absoluto culpable de todo.

Afortunadamente para Miroku, eso no fue necesario. Cuando ella entró nuevamente a la casa, se topó con Miroku recostado casualmente sobre la pared que daba al dormitorio. Al ella reclamar su falta de interés en encontrar a Inuyasha, el joven simplemente señaló que el ojidorado no estaba perdido, simplemente, estaba durmiendo cómodamente en la habitación. La princesa corrió al cuarto para comprobar la noticia con sus propios ojos y efectivamente, ahí, de espaldas, con su brazos y piernas estirados, abarcado todo el espacio disponible y roncando sonoramente, estaba Inuyasha acostado en la cama de Kagome.

Miroku consultó si debía despertarlo para darle el mismo tratamiento que el hermano mayor recibiera. Kagome rechazó la idea. El agua del arrollo era casi congelante a esa hora y de no ser por que su temor hacia Izayoi superaba casi cualquier otro temor, ella habría evitado que Sesshoumaru pasara por eso. A punto estuvo de pedirle al predicador su ayuda para mover a Inuyasha hasta su propia habitación, pero pensándolo mejor, decidió dejar las cosas como estaban, en especial cuando Miroku preguntó, muy cándidamente, por cierto, como es que se las arreglaban para compartir una cama tan angosta.

Kagome ocultó su sonrojo distrayendo al predicador a través de entregarle escoba, paños y cubeta para agua y poniéndolo a trabajar limpiando el desorden que los hermanos habían causado.

Kagome se quedó en la habitación cuidando del sueño de su esposo. Había escuchado en alguna parte que, si un ebrio vomitaba mientras dormía, corría riesgo de ahogarse. Definitivamente no podía permitir que eso le sucediera a Inuyasha cuando estuviera solo, por lo que largo rato después que Miroku se marchara, la princesa aún continuaba vigilando al ojidorado.

Ahora, ¿Cómo iba a explicarles a los hermanos lo sucedido esa noche? Si ella les contaba que Miroku había traído el alcohol con el que se embriagaron, Inuyasha primero mataría al predicador y luego le haría a ella la vida imposible por insistir que lo invitaran a cenar y Sesshoumaru, pues, ella no estaba segura de lo que haría Sesshoumaru, solo podía imaginarse que no sería nada bueno.

Cuando la mañana llegara, vería que inventar. Aún guardaba las esperanzas de que Miroku no fuera tan malo. Inuyasha estaba durmiendo placidamente y no parecía haber motivos para preocuparse, así que luego de arropar bien al joven y acomodarle la almohada, dejó la habitación para ir y tratar de descansar un poco, aunque en el fondo, ella sabía que eso no sería nada fácil.

000

"Me duele la cabeza" se quejaba Inuyasha mientras recostaba su frente sobre la mesa.

La noche anterior le parecía muy confusa. Recordaba el fiasco de la cena, el arranque de ira de Sango y también que su hermano había querido decirle algo importante, pero después de eso, nada. Y lo más raro de todo, era que esa mañana no había despertado en su cama sino que en la de Kagome. Así que luego de analizar todas las posibilidades, llegó a la única conclusión lógica. La comida de Kagome le había hecho daño. Y la falta de objeción de parte de la chica cuando él le echara en cara esa verdad, solo confirmó su acusación.

"El té que te di te aliviará el dolor en un rato. Ten, toma más agua" ofreció su esposa.

"Ninguna comida me había hecho tanto daño antes ¿Qué le echaste?" El muchacho se terminó su tercer litro de agua y le hizo señas a Kagome para que le sirviera más.

"Seguramente fue el condimento" contestó ella sin mirarlo a la cara y mientras colocaba frente a él otro tarro lleno de agua. ¿En que era mejor recibir recriminaciones de Inuyasha en cuanto a su comida en lugar de recibir recriminaciones por su falta de juicio al preparar esa cena en honor al predicador? No podía negar que sentía grandes deseos de acusar a Miroku, pero, no quería cargar su muerte en su conciencia

"Tu desayuno está listo. Esto te hará sentir mejor" la jovencita colocó frente a su esposo un espléndido plato conteniendo huevos revueltos, tocino, panecillos, fruta cortada en trocitos, acompañado de leche caliente y jugo de naranja recién exprimido.

El muchacho vio la comida con desconfianza. Kagome hizo un esfuerzo para no perder la calma y comenzar una discusión con él. Inuyasha no estaba en condiciones de sostener una pelea. Cuando él se levantó de la cama esa mañana, ella lo recibió con un muy vivaz buenos días a lo que el joven respondió entre gruñidos que dejara de gritar porque el ruido le estaba partiendo la cabeza en dos. Ella se apresuró a preparar un té para el dolor y luego de servirle a él su ración, ella se tomó el resto. Su cabeza también amenazaba con romperse.

La noche anterior no pudo conciliar el sueño pues nerviosa de que su esposos fuera a sufrir un accidente a causa de su estado de embriaguez, se mantuvo alerta hasta la madrugada. Así que ella también estaba agotada, adolorida y de mal humor. Pero siendo la única que realmente sabía lo ocurrido, le tocaba ser la madura en el hogar para mantener la paz.

El chico comenzó a ingerir sus alimentos, con un poco de duda al principio, pero luego de unos cuantos bocados, la comida tardó solo un par de minutos en desaparecer del plato. Teniendo el estómago lleno, comenzó a sentirse un poco más animado. Lo bastante como para hacer algo más que gruñirle a su esposa.

"¿Te acuerdas que quería Sesshoumaru?"

"¿Qué quería?" preguntó ella, confusa.

"Sí. Anoche dijo que necesitaba decirme algo, pero no me acuerdo si me lo dijo o no"

"Cierto. No. No dijo nada" La princesa había olvidado por completo de que antes de que los chicos cayeran bajo los efectos del alcohol, el mayor había querido discutir algo importante con el menor. "Creo que él también se sintió mal"

"¿Tu comida le hizo daño a mi hermano?" Inuyasha permitió que un tono divertido se mezclara en su voz.

"Sí" contestó la princesa, avergonzada. La primera vez que invitaba a su familia política a comer, y todos iban a pensar que era una terrible cocinera que casi los había envenenado con la cena. El predicador tenía una gran deuda con ella y ya estaba planeando la forma en que se la iba a cobrar.

"¡Bien!" exclamó Inuyasha

"¿Bien?" ¿De que estás hablando?

"¡Sí! La próxima vez que lo invites a cenar, no querrá venir. Eso significa más comida para mí"

La chica no pudo evitar sonreír ante la ocurrencia "Ya te sientes mejor ¿Verdad?"

"Más o menos. Todavía tengo sed"

"Te traeré más agua"

Inuyasha la vio levantarse y dirigirse hacia la cubeta donde guardaban el agua para beber. Su mente viajó al primer día que compartieran la vivienda. Se habían peleado porque, a parte de que ella no sabía hacer nada, tampoco quería servirle a él. Pero en eso fue entonces. Ahora, él ni siquiera necesitó pedírselo, ella de su propia voluntad se levantó, dejando su comida a medio terminar para darle un poco de agua. Era algo que ella había estado haciendo con mayor frecuencia: atenderle como cualquier otra esposa atiende a su marido.

Le resultaba extraño pensar en eso. Ella no era realmente su esposa. Solo estaba de paso en su camino a reunirse con otro hombre y él la estaba ayudando a lograrlo.

"Aquí tienes" sonrió Kagome, colocando un recipiente grande conteniendo el precioso líquido. Inuyasha hizo un sonido a forma de agradecimiento y buscó algo con que desviar sus pensamientos.

Afortunadamente para él, en ese momento, alguien llamó a la puerta. Los esposos se volvieron para encontrar a Sesshoumaru de pie en el umbral.

"Buenos días, Sesshoumaru. Pasa" se obligó a sonreír Kagome. Sesshoumaru llevaba una expresión seria en el rostro y eso no era buena señal ¿Acaso recordaba lo que pasó? Yo también tendría problemas olvidando ese baño congelado. El muchacho no lucía nada diferente a su apariencia habitual. Bien vestido, bien peinado, no parecía estar sufriendo algún dolor. Eso le daba algo de esperanza de que su cuñado no estuviera allí para vengarse.

"Buenos días, Kagome" saludó pasivamente el joven mientras se dirigía hacia la mesa. Kagome contuvo el aliento. Sesshoumaru la pasó de largo, rodeando la mesa se quedó de pie junto a su hermano "¿Qué me hiciste?" demandó gélidamente

"¿De que hablas?" Inuyasha inclinó la cabeza para poder ver a su hermano al rostro.

Sin preámbulos, Sesshoumaru sacó unas prendas de dentro de su camisa y las dejó caer sobre la cabeza de su hermano.

"¿Qué haces con mi ropa?" demandó el menor, tomando las piezas y examinándolas.

"Eso es lo que yo quiero saber. Esta mañana me desperté con esta ropa puesta. Así que dime ¿Qué me hiciste?"

"¡Yo no te hice nada!" contestó molesto el más joven poniéndose de pie y mirando retadoramente al otro chico.

"Tranquilos, muchachos," terció Kagome, colocándose en medio de ellos "No es hora para pelear. ¿Agua?" La chica le extendió un recipiente al mayor de los jóvenes. El muchacho lo pensó dos segundos antes de tomar el recipiente e ingerir de un golpe todo su contenido. Aparentemente, Sesshoumaru también estaba muy afectado, todavía.

"Tengo que disculparme, Sesshoumaru. Al parecer le puse algo a la comida que les hizo daño a ti y tu hermano. Anoche te ensuciaste la ropa, así que Inuyasha hizo el favor de prestarte algunas de sus prendas ¿No te acuerdas?" ¡Por favor, di que no!

Sesshoumaru la observó, tratando de determinar si podía creerle o no. Él realmente no recordaba la noche anterior después de la cena. Lo que sí recordaba, es que había pasado una noche llena de pesadillas. Primero, soñó que había estado nadando en un río congelado, luego, que había quedado atrapado entre llamas ardientes que olían a café y la peor parte, fue cuando se vio a sí mismo, junto a Miroku, encerrado en una habitación y sin ropa. El solo recordar esa parte de la pesadilla, le daba ganas de vomitar. Finalmente, exhalando, tomó asiento junto a la silla de su hermano. "¿Tendrás algo para el dolor de cabeza?" La princesa afirmó y se dispuso a prepararle algo de té a su cuñado.

"No vine solo a reclamarte" comenzó a hablar el mayor al momento que el menor tomaba asiento una vez más "Creo que no te di las noticias que te traía ¿O sí?"

"Kagome dice que no. Yo no me acuerdo"

"En fin, es mejor que te lo diga de una vez antes de que tu esposa vuelva a envenenarnos" Desde su lugar en la cocina, Kagome contuvo su impulso de vaciar dentro del té un poco más de la salsa picante de la cena del día anterior.

"Habla entonces" Inuyasha estaba muy impaciente. Lo que le gustaba menos que las sorpresas, era su hermano dando sorpresas

Sesshoumaru tomó la taza que Kagome le ofreciera y esperó a que ella tomara asiento para terminar con sus noticias "Mushin se siente muy viejo como para continuar su labor como ministro de Himeshi, así que piensa cederle su puesto al predicador"

En la habitación reinó un silencio absoluto. Kagome no podía creer lo que oía. Lentamente levantó sus ojos hasta el rostro de Inuyasha. El muchacho tenía una expresión indefinible "Te dije que me dejaras matarlo" dijo el chico en un simple tono de voz.

"Mamá dijo que no podías" justificó Sesshoumaru.

"Ella no tendría que enterarse de que yo lo hice"

"Inuyasha, serías el único sospechoso"

"Pues ser acusado de asesinato no me parece tan grave como imaginarme a ese tipo quedándose aquí ¿Tendré que soportarlo de por vida? ¿Aunque no se case con Sango?"

"No lo sé. Mushin todavía no le ha ofrecido el cargo, primero quiso consultarlo con el consejo"

"¿Y ustedes aceptaron?"

"La mayoría de los aldeanos consideran que el predicador sería una adición valiosa para Himeshi. Al menos, parece ser muy hábil con las palabras" El hermano mayor se cuido de mostrar que él también sentía descontento ante la idea. En especial después de la pesadilla.

"Pero si él se queda, será. . . será. . ." Inuyasha no tenía palabras para expresarse.

"Un desastre" terminó por él Kagome.

Inuyasha la miró confundido. Se suponía que Kagome era de esos aldeanos que confiaban en el charlatán. Ella se encogió de hombros. No podía expresar en alto que su confianza en Miroku había comenzado a tambalearse.

Inuyasha colocó su frente sobre la mesa nuevamente "Me duele la cabeza"

000

Kagome había estado buscando a Sango desde hacía rato. No importaba que la otra muchacha fuera la que perdiera los estribos la noche anterior y arruinara la comida, la princesa sentía que era en parte su culpa. El dolor de cabeza que tenía desde la mañana no había disminuido en nada y a punto estuvo de darse por vencida, cuando divisó a Sango camino al río.

"¡Sango!"

Sango ni se detuvo. Siguió caminando sin importarle que la otra chica estuviera corriendo tras de ella. cuando Kagome finalmente la alcanzó, apenas le dedico una mirada de reojo "¿Qué quieres?"

La princesa no pudo evitar encogerse ante la inusual frialdad de su amiga "Quiero hablar contigo. Solo un momento"

"Estoy ocupada"

"Por favor, Sango. Quiero disculparme" suplicó la princesa.

"No me interesa"

"Pero. . ."

"¡Dije que no! Hablar contigo no me sirve de nada. El otro día te conté lo que siento y no te importó. Preparaste todo ese alboroto de cena sin importarte como me afectaría" La dureza en la mirada de Sango era indescriptible.

"Sango, no fue mi intención menospreciar tus sentimientos. Eres mi amiga. Solo quiero ayudarte" Las palabras le salían desde el corazón, pero Sango no lo veía así.

"Nosotras no somos amigas" bufó "Y no pongas esa cara de asombro"

La princesa tragó grueso "Creí que lo éramos. Me has enseñado a hacer tantas cosas y hemos hablado de todo. . ."

"No 'hemos' hablado de todo. 'Yo' he hablado de todo. Te conté de cuando mi papá me enseñó a cazar, de cuando los gemelos y yo nos perdimos en esa ciudad, de cuando mi mamá me compró ese vestido que tanto le había pedido. Y te dije de mi temor también, algo que solo le había confiado a Kagura, porque ella me entiende. Quise creer que tú serías igual, pero ¿Qué fue lo primero que hiciste? ¡Corriste a contarle a Kaede! ¿Por qué?"

Kagome percibió el tono herido en la voz de Sango y se sintió fatal. Ella no sabía que era un secreto y además, lo había comentado con Kaede movida por su preocupación. Por supuesto, la amable anciana también se preocupó y trató de discutir el asunto con Sango. A la princesa no le pasó por la mente que al buscarle ayuda, estaba traicionando su confianza.

"Sango, yo no quise. . ."

"¿Qué, no quisiste? ¿Ponerme en ridículo? Porque con la estúpida cena de anoche en verdad me remataste"

"Sango, en verdad, lo lamento"

"No me importa. No puedo confiar en ti. Pero es mi culpa. Nadie me mandó a tratar de ser amigable contigo. Debí alejarme cuando noté que no querías ser sincera conmigo"

"Yo no te he mentido" dijo Kagome, luchando por sonar convincente.

"Seguro que no, porque nunca me dices nada. Cada vez que te pregunto como eran tus padres o como conociste a Inuyasha me cambias la plática. Tú no confías en mí, pero ya no importa. No me interesa saber de tu vida, ni cuales eran tus intenciones, ni cuanto lo sientes, porque no somos amigas"

Sango se dio la vuelta y se alejó lo más rápido que pudo, dejando a Kagome con la boca abierta, sintiéndose miserable y tratando de contener las lágrimas.

000

"Señorita Sango"

Al escuchar la voz que la llamaba, Sango tuvo que luchar contra su impulso de volverse rápidamente y asestar un gancho derecho a la mandíbula de quien le hablaba. En su lugar, la joven mujer giró lentamente sobre sus talones y con su voz más cordial, respondió "Predicador, ¿Qué se le ofrece?"

"Solo deseo expresarle mis más sinceras disculpas por lo ocurrido anoche" habló Miroku, mostrando una de sus acostumbradas sonrisas "Le aseguro que de ninguna manera deseaba hacerla sentir incómoda"

Sango apretó los labios y se obligó a hablar "Olvide eso, predicador. Usted no es el culpable" Al menos, no el único.

"No sabe que alivio siento al escuchar esas palabras" El predicador se llevó una mano al pecho a la vez que ampliaba su sonrisa.

"Me alegro por usted. Con permiso" La joven se dispuso a retirarse pero la voz de Miroku la detuvo nuevamente.

"Disculpe mi atrevimiento, pero creo que tampoco debería estar tan molesta con su padre"

Sango dejó escapar un bufido "¿Perdone?"

"No digo que no tenga derecho a estar molesta" continuó el predicador, no dándole oportunidad a la joven de protestar "Lo que quiero decirle, es que usted debería tratar de comprender mejor a su padre"

"¿Comprenderlo? ¡Él no me comprende a mí!"

"No es trabajo de un padre comprender a su hijo. . . o hija, en su caso. El trabajo de un padre es proteger a sus hijos y yo creo que eso es lo que el señor Ryu pretende. Él quiere asegurarse que usted este bien cuidada"

"No necesito de nadie que me cuide, por sí no lo ha notado"

"Oh, sí lo he notado" afirmó el joven acariciándose la mejilla para mayor énfasis. Sango no pudo evitar sonrojarse al recordar el golpe con el que le dio la bienvenida al predicador y como lo había utilizado de tiro al blanco la noche anterior "Lo que quiero decirle es que no importa cuan fuerte e independiente sea usted, para su padre, siempre será su pequeña niña, por lo tanto, él siempre estará buscando una forma de asegurar su bienestar futuro y dado que para las mujeres solteras la vida es más difícil, él quiere cerciorarse de que usted cuente con un buen hombre a su lado"

"¡Ja! Como si tener un buen hombre a mi lado me asegure una larga y feliz vida"

El predicador notó como la joven hizo énfasis en la palabra 'larga', pero se contuvo de comentar al respecto, en su lugar, agregó "El mayor objetivo de un padre, es lograr la felicidad de sus hijos y por eso se meten continuamente en su vida, importunando, muchas veces avergonzando y algunas otras más, llegan al extremo de herir profundamente a sus retoños"

"¡Eso es ridículo! Si se ama a una persona, lo único que no haces es lastimarla"

"Una vez más, tengo que estar en desacuerdo. Lo cierto es que no hay otra cosa que duela más que el amor"

"Si usted lo dice. . ."

"Lo dice la vida. Hay muchos ejemplos. Podemos empezar con el más triste y común de todos como lo es la muerte de un ser querido y creo que usted tiene experiencia en esa área"

Sango no contestó. El fallecimiento de su madre era un tema que ella prefería evitar lo más posible. Miroku entendió su silencio y sin esperar por una respuesta, continuó "Cuando yo era un niño pequeño, mi padre me llevó a casa del ministro del pueblo y me dejó allí, prometiendo que volvería pronto. Nunca volvió"

Sango alzó la vista, como preguntándole si lo que le decía era cierto o solo un cuento con moraleja. Miroku le sonrió una vez más y prosiguió "El ministro era un buen hombre y se hizo cargo de mí. Me enseñó todo lo que sé" sonrió con nostalgia por un segundo "Sin embargo, nunca me dijo adonde fue mi padre ni porque. Estuve molesto con él durante años, hasta que un día, siendo ya mayor, encontré a un antiguo conocido suyo. Esta persona me contó que mi padre había adquirido muchas deudas y debía una cantidad enorme en impuestos. El día que me dejó con el ministro, lo hizo con el fin de ir en busca de algo de dinero y provisiones para que pudiéramos escapar del pueblo, lamentablemente, la guardia lo encontró primero, se lo llevaron preso y lo obligaron a trabajar en las minas, como compensación de sus deudas, hasta el día de su muerte"

"¿Murió estando preso? El ministro debió estar enterado"

"Si lo estaba. Cuando volví a verlo para exigirle una explicación, me dijo que mi padre le había pedido expresamente que no me contara nada. Nuestro gobierno tiene la lamentable costumbre de que cuando una familia cae en deuda extrema, apresan a todos sus miembros con el fin de cobrarse lo debido cuanto antes. Mi padre temía que si yo me enteraba, me habría ido a buscarlo terminado en la cárcel junto a él" Miroku alzó la vista al cielo sin sonreír "Creí que me había abandonado y me dolió muchísimo, pero," Bajó sus ojos hasta que quedaron al nivel de los de Sango "lo hizo para protegerme. Me hirió para protegerme"

Sango inclinó la cabeza y guardó silencio por unos segundos, finalmente, en el tono más suave que tenía, habló "Sinceramente, lamento que esas cosas hayan ocurrido en su vida, y creo que lo que su padre hizo fue muy noble, pero lo que el mío hace. . ."

"Usted no tiene que estar de acuerdo con el señor Ryu si no quiere, solo digo que trate de comprender sus intenciones y lo perdone"

"Si lo perdono, lo volverá a hacer"

"Cierto y entonces, usted deberá perdonarlo una vez más y cuantas veces él lo vuelva a hacer, de la misma forma que él perdonará continuamente sus errores y los de sus hermanos. Para eso son las familias: para torturarse y perdonarse continuamente"

Sango pensó en las palabras que acababa de oír. Tenía que admitir que el predicador hablaba con sabiduría, pero aún así, estaba renuente a aceptar que su padre siguiera entrometiéndose en su vida. Y no solo era Ryu. También estaban inmiscuidos todos los aldeanos ¿Debía perdonarlos a ellos también? ¿Cada vez que tramaran un plan para casarla? Eso le consumiría muchas energías.

Miroku pareció adivinar sus pensamientos, por que de inmediato agregó "Y esa regla también se aplica a los amigos. Sé que su disgusto se ha extendido hasta la señora Kagome, pero ella estaba actuando de buena fe y me consta que no es su responsabilidad que todo haya salido tan mal"

"Pero ella fue la que comenzó con la idea" acusó la muchacha.

"La señora Kagome me invitó a cenar bajo la premisa de establecer lazos de amistad y nada más. Ella es una buena mujer que está preocupada por usted, al igual que su padre"

Sango desvió su mirada ¿Kagome se preocupaba por ella? Tal vez fuera cierto, pero eso no le daba derecho de andar por ahí contando a todo el mundo los secretos de otras personas. "Yo. . . pensaré en lo que me ha dicho" prometió la chica.

Miroku le mostró su mejor sonrisa, a lo que ella respondió con una leve inclinación de cabeza y se dispuso a marcharse, otra vez.

"Un momento"

"¿Y ahora que?" Las palabras salieron más frías de lo que ella habría querido, pero el predicador ya le estaba colmando la paciencia.

Miroku volvió a sonreír, lo que a ella le pareció más fastidioso ¿Cómo podía sonreír tanto? ¿Qué no le dolía la cara? En eso de las sonrisas, el tipo era peor que Kagome. Los quejas internas de la joven se detuvieron en el momento que notó como el predicador extraía de dentro de su túnica un fino y delicado prendedor para el cabello y se lo ofrecía a ella "Por favor, reciba esto como muestra de mi sinceridad"

"No es necesario que me de nada" habló la chica con un poquito de desconfianza pero sin quitar su mirada del prendedor.

"Insisto. Por favor, acéptelo"

Sango extendió su mano dubitativamente, tomando el delicado objeto. Era dorado con incrustaciones de piedras rojas "Es muy bonito y muy fino. Debe ser carísimo"

"El precio no importa, mi estimada señorita. Después de todo, una mujer tan hermosa como usted, se merece lo mejor"

La chica se sintió enrojecer ante el piropo. Hasta entonces, ningún hombre la había elogiado de forma tan directa. Aunque generalmente se debiera a que ella nunca les daba oportunidad.

"Gracias"

"No hay de que"

La joven finalmente se marchó siendo observada detenidamente por Miroku. El predicador iba a extrañar el prendedor. Lo había obtenido como recuerdo de una bella y acaudalada dama y su intención había sido conservarlo para venderlo posteriormente, cuando se le acabara el dinero. Sin embargo, consideraba que entregárselo a Sango era una buena maniobra. Las mujeres generalmente se conmovían al recibir regalos inesperados y se volvían más amables y atentas con quien se los entregaba. Él realmente necesitaba que Sango calmara su agresividad para con él, si quería sobrevivir en Himeshi, en especial después de haber recibido la propuesta para quedarse en la aldea como ministro.

No es que el puesto le resultara atractivo. Él era un aventurero sin hogar y tal vez era eso lo que le llamaba la atención de la aldea. Era un lugar pequeño, cómodo, con gente agradable – exceptuando a Inuyasha – y sobre todo con mujeres muy bellas. Un lugar al que bien podría llamar hogar, al menos durante algún tiempo. Mantuvo su mirada fija en el leve contoneo de las caderas de Sango, observando la elegancia de su andar y la seguridad de sus pasos. Una mujer fuerte y a la vez frágil.

Miroku pensó que podría enamorarse de ella, aunque por el momento, prefería no hacerlo.

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Sango sostenía en sus manos el prendedor que acaba de recibir, apreciando su belleza. Nunca había recibido un regalo tan lujoso. El dibujo que formaban las piedras tenía la forma de un dragón sin alas. Era un dibujo inusual, pero exquisito. Definitivamente era una prenda que solo utilizaban las damas de alcurnia, damas totalmente contrarias a lo que ella era. Pensó que el predicador realmente era una persona dadivosa al entregarle a ella, prácticamente una desconocida, una pieza tan delicada. Tal vez todos en la aldea tenían razón y él no era un mal tipo. Aunque eso no significaba que estuviera dispuesta a darle una oportunidad.

La joven, entonces, entrecerró los ojos al considerar que tal vez la intención del predicador había sido, precisamente, el de ganar su favor. Durante algunos de sus viajes, había escuchado como algunas mujeres se quejaban de que los hombres generalmente se portaban espléndidamente con ellas, dándoles regalos caros, cuando las estaban cortejando para luego de obtener lo que buscaban dejarlas sin decir siquiera adiós. Aspiró pausadamente, ese no podía ser el caso de Miroku, después de todo, era un predicador. Los predicadores no estaban supuestos a andar por ahí conquistando mujeres a diestra y siniestra ¿Cierto?

No pudo seguir debatiendo más sobre el tema, porque en ese momento, la voz de su padre llegó hasta ella. Tuvo la intención de correr a su habitación y encerrarse dentro para no tener que hablar con Ryu, pero su conversación con el predicador estaba fresca en su cabeza.

Su papá era un buen hombre que se preocupaba de todos sus hijos por igual. De hecho, se pasó cinco años atosigando a Kyo hasta que finalmente lo vio casado con Karei. El hermano mayor, también había estado renuente a casarse, aunque su temor se debía a que estaba convencido de que no encontraría una mujer que fuese capaz de alimentarlo adecuadamente. En ese aspecto, Karei había dado el ancho sin problemas. En realidad, la diminuta mujer a veces parecía comer más que su marido.

Suspiró. Sabía que su padre no haría nada para lastimarla a propósito y sí se merecía una segunda oportunidad. Y tercera y cuarta y cuantas fueran necesarias, tal como Miroku lo había dicho.

Se puso en pié y se dispuso a recibir a su padre con una sonrisa, la cual se amplió al ver el bulto que Ryu sostenía en sus manos.

Sango colocó el prendedor sobre la mesa del comedor y se acercó rápidamente a su padre "¡Pero que lindo! ¿De donde lo sacaste?"

Ryu colocó el bulto sobre los brazos de su hija y sonrió satisfecho de sí mismo al verla sonreírle nuevamente "No es lindo, es linda. La encontré cerca de la colina, por donde estábamos talando árboles. Busqué por todos lados y no encontré nada que pareciera su guarida ni su madre, aunque es obvio que es salvaje, es apenas un cachorro, así que pensé que tal vez te gustaría tenerla"

"¡Me encanta! Nunca había visto una gatita tan linda. Gracias papá"

"Que bueno que te guste" sonrió Ryu para luego ver a su hija con ojos esperanzados "Entonces ¿Me perdonas?"

Sango volvió su atención hacia su padre y enseguida entendió a que se refería. Miró a la gatita un momento y luego a Ryu otra vez "Perdóname tú a mí. No debí ponerme como me puse. Tú solo estás tratando de cuidarme"

"Eso es lo único que quiero, hija, cuidarte, pero parece que esta vez se me fue la mano"

"Un poquito" confirmó Sango, en un tono suave mientras acariciaba a su nueva mascota. Levantó su mirada hasta conectarla con la de su padre y en el mismo tono continuó "Papá, yo no te puedo explicar mis razones para eludir el matrimonio, pero solo te pido que respetes mi decisión. Cuando esté lista, yo escogeré al hombre adecuado. Sin tu ayuda"

"Lo sé. Es solo que," Ryu suspiró fuertemente "Tu madre anhelaba ver esta casa llena de nietos. Por eso la construí tan grande, para que todos los chiquitines pudieran correr de arriba para abajo sin problemas, pero tú y los gemelos ya son mayores y últimamente la casa me parece tan vacía. Aún tengo a Kohaku, pero. . ."

El rostro de Sango se ensombreció. Precisamente esa era su razón para no hablar abiertamente de sus temores. Su padre adoraba a los niños y nunca había ocultado su deseo de tener la casa rebalsando de nietos. Y su madre los adoraba también. Se sentía tan mal de ir en contra de los deseos de las dos personas que más le importaban en el mundo, pero no podía evitarlo.

Notando el semblante de su hija, Ryu decidió cambiar el tema "¿Y como vas a llamarla?"

Sango volvió sus pensamientos al tiempo presente y se dio cuenta de que su padre se refería al nombre que le pondría a la gatita. La joven miró al felino por largo rato, sopesando las opciones y finalmente anunció "La llamaré Kirara"

"Es un lindo nombre" confirmó su padre.

La gatita escogió ese momento para soltar un 'miaú'. Padre e hija tomaron eso como la confirmación del animal hacia su nuevo nombre.

"Seguramente tienes hambre ¿quieres un poco de leche, Kirara?" Otro maullido fue su respuesta. Sango sonrió y miró a su padre "¿Me ayudas a darle de comer?"

"¿Con todo gusto?"

Ambos salieron rumbo al granero en busca de leche, charlando amenamente. Ryu esperaba que su hija no tardara demasiado en tomar la decisión que, según él, era la correcta. Sango tenía todo el potencial para ser una madre excepcional y ella era la única que no se daba cuenta de eso.

Sango se sentía mucho más tranquila. Solo debía ser paciente con su padre. Tarde o temprano, Ryu aceptaría su decisión y las discusiones se acabarían por completo. Por el momento, su prioridad era alimentar al pequeño nuevo miembro de la familia. No cabía duda, Kirara era el mejor regalo que había recibido en su vida.

En la mesa del comedor, quedó completamente abandonado el fino y costoso prendedor del predicador.

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La tarde estaba llegando a su fin y faltaba poco tiempo para que los hombres volvieran de sus faenas, sin embargo, eso no le preocupaba a Sango. Aunque ella había decidido perdonar a su padre, su benevolencia no había sido extendida hasta sus hermanos gemelos, razón por la cual, los chicos habían sido castigados con tener que preparar la cena durante cinco días seguidos, lo que le daba a ella libertad de hacer lo que se antojara.

Caminaba lentamente acariciando su nueva mascota. En tan solo unas horas, la gatita se había convertido en su mejor amiga. La relajaba, tenerla cerca la hacía pensar con más calma y raciocinio y tal vez a eso se debía que en ese momento estuviera camino a casa de Kagome.

Había llegado a la conclusión de que la jovencita no era la culpable de nada. Ella solo había organizado una comida, algo común. No tenía razones de peso para estar enojada con ella. Al contrario, Kagome debería ser la que no quisiera hablarle después del desorden que ella armara.

Llegó a su destino y encontró a la jovencita ocupada en la cocina. Al verla, Kagome la recibió con una sonrisa y la invitó a pasar. Sango se sintió apenada. Kagome no mostraba resentimiento ni siquiera después de haber sido tratada tan mal esa tarde.

"Quiero disculparme por lo de anoche y por lo de esta tarde. No debí disgustarme contigo"

Kagome le tomó una de las manos y la guió a sentarse "No, Sango. Tú tenías razón de estar enojada. A ti no te agrada el predicador y ninguno de nosotros tiene derecho de forzarte a una amistad con él" suspiró "Yo sé lo que se siente que te obliguen a hacer algo que no quieres"

"Kagome. . ."

"No te preocupes" pidió la princesa con una sonrisa "Ahora, ¿Por qué no me presentas?" Kagome dirigió su mirada al regazo de Sango, donde Kirara estaba cómodamente acurrucada.

"Esta es Kirara" anunció alegremente Sango "Mi papá me la dio esta tarde como ofrenda de paz"

"Pues es adorable" Kagome se ocupó en acariciar el claro pelaje del animalito "Seguro serán buenas amigas"

Esa frase le recordó algo a la chica mayor "Kagome, acerca de lo que dije, que no somos amigas, olvídalo ¿Sí? Tú tienes derecho a tu privacidad y yo no. . ."

"Sango," interrumpió la más joven "tú tenías razón. Las amigas verdaderas deben ser capaces de confiar entre ellas. Primero quiero disculparme por lo de Kaede. Torpemente asumí que ella estaba enterada y por eso le conté. . ."

"No quiero hablar de Kaede ni nada que tenga que ver con 'ese' tema. No por ahora"

Kagome guardó silencio por un momento, respetando el deseo de su amiga "Entonces, hablemos de tu otro reclamo. Yo no he sido honesta contigo, tal como lo dijiste, y he estado pensando y quiero contarte la verdad" Al menos en parte La princesa se sintió culpable. La honestidad debía ser completa, no a medias, pero ella no tenía alternativa.

"¿Qué verdad?" se interesó la otra muchacha.

"De Inuyasha y de mí. Pero antes, tienes que prometerme que no le dirás nada a nadie. La señora Izayoi me prohibió claramente hablar de este tema. Si se entera que te conté, me matará"

La otra chica frunció el ceño, intrigada pero aceptó la condición sin protestar. La princesa se acomodó en la silla y respiró profundamente "Yo nunca había visto a Inuyasha hasta el día de la boda"

Sango detuvo sus caricias sobre su mascota y puso toda su atención en su amiga. Era obvio que la conversación sería más interesante de lo que ella había anticipado.

Unos minutos después, Kagome terminaba la versión acortada de su historia, la cual era muy parecida a la que le dijera a Inuyasha, con la excepción de que incluyó una mayor descripción de Kouga.

Sango analizó la información que acababa de recibir con cuidado. No era de extrañarse que la otra chica fuera tan reservada. "La verdad es que no me extraña. La señora Izayoi siempre ha sido muy estricta en temas como ese"

"Pues no entiendo porque. Lo único que debía hacer era explicarles a Kaede y Kagura que fue un accidente. Ahora que las conozco, me doy cuenta de que mi suegra solo las usó como pretexto. Ambas son muy discretas y prudentes"

"Yo tampoco sé porque. Pero, al parecer, antes era peor. Kagura me contó que su mamá y la señora Izayoi tuvieron una gran pelea hace mucho tiempo. Pasaron años sin hablarse"

"¿Qué pasó? Mi suegra no parece del tipo que se pelea. Aunque cuando se enoja sí da miedo" La princesa hizo una mueca que a Sango le pareció graciosa.

"Pues mira. Según lo que Kagura me dijo que su mamá le contó, cuando Kagura era bebé, su papá murió y había en la aldea otro tipo que estaba interesado en su madre y le propuso matrimonio. La mamá de Kagura, Sayaka se llamaba, aceptó la proposición. Entonces, tu suegra se metió en el asunto, oponiéndose. Al parecer, no estaba de acuerdo en que una viuda o viudo contrajera matrimonio nuevamente y mucho menos si la muerte del primer cónyuge acababa de suceder, aduciendo que era una falta de respeto al difunto y que demostraba deslealtad. Llegó al extremo de pedir que el concejo creara una ley que le prohibiera a cualquiera contraer segundas nupcias"

Kagome pudo ver la lógica en el punto de vista de Izayoi. Si te casabas con alguien a quien amabas, no había forma de que pudieras amar a otra persona, aún cuando la primera hubiera muerto. Sin embargo, no estaba de acuerdo en que su suegra tratara de imponer su voluntad sobre los demás. De todas formas, siempre había la posibilidad de que en el primer matrimonio no hubiera felicidad.

"Los mayores decidieron ignorar esa petición" continuó Sango "Con todas las muertes, habían muchas mujeres viudas con hijos que necesitarían ayuda extra y si prohibían que se volvieran a casar, solo les estarían haciendo las cosas más difíciles. Por otro lado, Sayaka se sintió ofendida ante las insinuaciones de tu suegra de que ella nunca quiso al padre de Kagura, pero Kagura me asegura que su madre siempre habló maravillas de su primer esposo y que aunque también quería mucho al segundo, el primero tenía un lugar especial en su corazón. Yo no entiendo como podía amar a dos hombres al mismo tiempo, pero bueno, tampoco voy a criticarla. En fin, fue una gran pelea, pero afortunadamente, después de muchos años, se reconciliaron"

"Me alegra escuchar eso. No es bueno guardar rencores"

"Realmente, la señora Izayoi no tuvo alternativa. O se reconciliaba con Sayaka o se arriesgaba a arruinar la felicidad de su hijo. Es irónico. Lo que la señora Izayoi consideraba como un error de hecho le proporcionó a Sesshoumaru algunos años de felicidad"

"Explícate" pidió Kagome.

"¿Qué no sabes? Kanna nació de ese segundo matrimonio. Si Sayaka hubiese cedido a las presiones a que fue sometida, tu cuñado no se habría casado. Aunque tampoco habría enviudado. . . Humm, si lo piensas bien, en realidad no parece tan grande bendición"

"Espera. . . ¿Estas diciendo que Sesshoumaru y Kagura eran cuñados?" la princesa se mostró sorprendida, para luego agregar en un tono más suave, refiriéndose a su conversación con Kagura días atrás "Con razón ella dijo que era complicado"

"Realmente no sabías" habló Sango, incrédula para luego preguntar confundida "¿Qué era complicado? ¿Quién lo dijo?"

"Es una conversación privada que tuve con otra persona" contestó Kagome, no queriendo sonar grosera, pero decidida a no comentar de más sobre los asuntos de otras personas. Ya había aprendido su lección.

Sango entendió la intención de la chica, por lo que bromeó "Ya estás aprendiendo" Kagome sonrió desviando la mirada "¿Cómo es que no estabas enterada de quien fue la esposa de Sesshoumaru?" preguntó la chica mayor "¿Acaso Inuyasha no habla contigo?"

Kagome se encogió de hombros "No voy a estar aquí mucho tiempo. Supongo que siente que es innecesario informarme de la vida de su familia"

"Y ¿Por qué dices que no estarás aquí? ¿Adonde vas a ir?"

"Sango, ya te lo dije" hablo Kagome, como si el asunto fuera obvio "Salí de la ciudad en busca de mi prometido. Cuando esté lista, seguiré rumbo al sur"

"Pero. . . no puedes hacer eso. Estas casada"

"¿Disculpa? Fui obligada a casarme"

"Sí y lo lamento, pero, es algo que no puedes deshacer"

Kagome miró a su amiga. No se lo creía "Creí que me entenderías. Todos aquí están tratando de obligarte a casar porque creen que es lo correcto, pero tú no estás de acuerdo. . ."

"Kagome, yo estoy soltera. No tengo ataduras con nadie y soy libre de decidir. Tú estás casada, atada a tu marido. No eres libre"

"Pero fui obligada" repitió la princesa.

"Cuando el ministro te preguntó si aceptabas a Inuyasha como tu esposo, cual fue tu respuesta"

"¡Me obligaron!" contestó forzadamente la princesa.

"Pero dijiste que sí. Esa es una promesa que no puedes romper"

¿Aunque me haga infeliz? Kagome sintió sus ojos humedecerse. Había esperado contar con el apoyo de su amiga, pero, al parecer, los principios inculcados en ella pesaban más que la lógica.

"Y aún cuando te fueras" siguió Sango "Inuyasha quedaría muy mal parado. Aquí no se acepta el divorcio, por lo que a los ojos de todos en la aldea, él seguiría siendo un hombre casado, sin posibilidades de tomar una nueva esposa y mucho menos, tener hijos. Si te vas, tendría que quedarse solo"

"Nuestro matrimonio no ha sido consumado" replicó secamente la princesa "No es válido"

Sango se cruzó de brazos, teniendo cuidado de no tirar a Kirara "Eso solo es un pretexto y no serviría para convencer a nadie"

Kagome también se cruzó de brazos "¿Tengo que quedarme aquí, entonces? ¿En contra de mi voluntad?"

"No tiene que ser en contra de tu voluntad" habló amablemente Sango, tomándole una de las manos a Kagome "Inuyasha es un buen chico. Un poco tosco, pero, nadie es perfecto. A decir verdad, él y su hermano eran considerados los mejores partidos cuando estaban solteros. Son muy fuertes, valientes, trabajadores y además muy guapos. Sin mencionar que uno de ellos es el jefe de la aldea. Aquí entre nos, tengo que confesar que siempre me fascinaron sus ojos" Sango miró a Kagome con ojos juguetones, pero la otra chica le devolvió la mirada impasivamente. Sango se aclaró la garganta y resumió en forma más seria "Inuyasha sería un excelente marido, Kagome. Estarías muy bien con él y quien sabe, tal vez llegarías a quererlo.

"Yo ya estoy enamorada de otro" anunció firmemente Kagome "Y tú dijiste que no se puede amar a dos personas de la misma forma"

"No. Pero, tampoco puedes irte con un hombre si estás casada con otro. Eso es inmoral"

Una lágrima resbaló por la mejilla de la princesa, sin que ella se molestara en limpiarla. Sango la notó y de inmediato agregó "¡No llores! Si te vas, no sabes que te encontrarás en el camino ¿Qué tal si te pasa algo? Es mejor que te quedes aquí donde tienes familia y amigos y hasta trabajo. Además que si nos dejas, te extrañaríamos mucho"

"¿Tú me extrañarías?"

"¡Por supuesto que sí! A pesar de lo que te dije antes, sí te considero mi amiga y tienes razón, hemos compartido mucho. Y yo no sería la única. Kaede depende mucho de ti para ayudarla, Susume finalmente tiene alguien con quien hablar y que de hecho entiende lo que está diciendo. Y Shippo, parece pegado a ti la mayor parte de tiempo"

La princesa no pudo evitar una sonrisa. En Himeshi había encontrado muchas personas maravillosas, a las que apreciaba.

"Hasta Inuyasha se ha acostumbrado a ti" se aventuró a comentar Sango.

Eso llamó la atención de la otra muchacha "¿Ah, sí?"

"Según los gemelos, ya no es necesario que alguien le pregunte por ti para que te mencione. Sai jura que el otro día, él estaba presumiéndote, diciéndoles a los otros hombres lo buena que eres con los enfermos"

"¿En serio?" Un leve sonrojo tiñó las mejillas de la princesa ¿Inuyasha habla bien de mi? Nunca lo habría imaginado.

Sango sonrió honestamente "Al principio, él parecía estar enojado contigo todo el tiempo – yo no entendía porque – pero ahora es diferente. Cuando tiene tiempo libre, en lugar de irse a explorar como en los primeros días, se viene para su casa. Creo que comienzas a agradarle"

"¿Comienzo a agradarle?" La princesa percibió un cosquilleo extraño en el estómago.

"Ajá. Y él también te agrada ¿Cierto?"

"Bueno, no es tan malo vivir con él. . ."

"¿Lo ves? ¡Podría funcionar!"

"¿Aun cuando no haya amor?"

"Según me dijo Kagura, su mamá aceptó a su nuevo esposo por necesidad, por su hija. El amor vino después. Y tal vez sí sea posible amar a dos personas de la misma forma o al menos parecido. . . Yo que sé. Al menos, podrías intentarlo"

Kagome no comentó. En su opinión, el amor solo era amor cuando era eterno y estaba convencida de que no podría enamorarse de nadie como se había enamorado de Kouga, sin importar cuan valiente, fuerte y atractivo resultara cualquier otro prospecto.

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"Inuyasha, esto es inútil"

Kagome acababa de fallar el vigésimo quinto intentó de dar en el blanco móvil con el cual estaba practicando y comenzaba a sentirse frustrada. Ya era el quinto día que entrenaba bajo esa modalidad, y hasta el momento, le había sido imposible acertar una sola vez.

"No importa cuanto te cueste, tienes que aprender a hacerlo" replicó el joven desde la rama del árbol donde se había acomodado para observar a su pupila. La chica lo miró con ojos suplicantes "Aunque hagas esos ojos de borrego moribundo, no voy a suspenderte el entrenamiento"

"¡Pero es imposible! Llevo practicando sin cesar durante una eternidad y todavía no le atino. Era tan fácil con los blancos fijos. ¡No entiendo porque ahora no me sale!" Kagome dejó caer el arco al piso y se sentó sobre la grama cruzándose de brazos.

Inuyasha reprimió un suspiro. Algunas veces, Kagome era más infantil que él. Bajó del árbol de un salto y caminó lentamente hacia ella. "Tienes que mejorar tu tiro cuanto antes. No sabemos cuanto tiempo más conservaremos la paz en este lugar y todos debemos estar preparados en caso de que tengamos que defendernos"

La princesa se desalentó mucho más ante el comentario. Había tenido tantas cosas en las que reflexionar los últimos días. Afortunadamente las cosas con Sango habían vuelto a la normalidad, especialmente por que ambas se aseguraban de evitar tocar el tema de el 'otro' a toda costa y era mejor así pues habían asuntos de mayor urgencia que atender como lo era el que le quitaba el sueño por las noches: las dificultades de los aldeanos para reunir el monto de los impuestos y las posibles repercusiones si fallaban en conseguir el dinero.

Todos en la aldea estaban trabajando el doble. Inuyasha y su hermano habían tenido que hacer dos viajes a las ciudades más cercanas en menos de cinco días. En ambas ocasiones, su esposo había vuelto casi a media noche y totalmente cansado.

Le resultaba increíble que ella, al igual que todas las mujeres de Himeshi, estuviera entrenándose para defender la aldea de su mismo gobierno. Del gobierno que ella, involuntariamente, representaba.

"Ya sé que es importante" habló en un susurró la princesa "Es solo que estoy cansada. Has redoblado el entrenamiento, el trabajo con los enfermos también ha aumentado por todos los accidentes sufridos en los plantíos, y, simplemente estoy exhausta"

"Mira, si tú aciertas al menos una vez, te prometo que comenzaré a enseñarte a montar"

"¿De verdad?" Kagome lo miró con ojos esperanzados. El joven se había negado rotundamente a enseñarle a montar a caballo pues no tenía tiempo de estarla instruyendo en dos áreas al mismo tiempo, y según él, era más importante que aprendiera a usar un arma.

"Yo no miento" contestó defensivo el chico.

"Ya sé que no" replicó ella, como si de algo obvio se tratara. Se incorporó tomando su arco y flechas y adoptó su posición "Manos a la obra"

Inuyasha avanzó hasta el tablón que usaban como blanco y lo balanceó "Fija tus ojos en un punto, tal como te lo he dicho y apunta hacia allí. Cuando el tablón pase por ese punto, dispara"

La princesa siguió las indicaciones al pie de la letra, pero volvió a fallar.

Inuyasha se acercó a ella. La princesa se preparó a recibir el regaño de costumbre y se asombró al no recibirlo. En lugar de reñirla, Inuyasha le pidió que se colocara en posición de tiro y se quedó de pie atrás de ella. Observo su postura, sin encontrar errores en la forma de pararse o sostener el arco. Lo que a la chica le fallaban, eran los reflejos.

"Prepárate a disparar" ella obedeció "Fija tu mirada en un punto ¿Ya?"

"Ya" contestó ella sin desviar su mirada del objetivo.

"¿Hacia donde estas viendo?"

"Hacia el tronco del árbol que está justo atrás del tablón"

"Bien" dijo él, inclinándose hasta casi colocar su barbilla sobre el hombro de Kagome, con el fin de ver el punto indicado desde el mismo ángulo que ella. La princesa se obligó a mantener la concentración. No importaba cuantas veces el lo hiciera, ella no se acostumbraba a que se le acercara tanto. No le molestaba en realidad, solo le resultaba incómodo. Aunque tenía que reconocer que él olía muy bien.

"¿Lista?" preguntó el chico.

"Sí"

"¡Ahora!"

Kagome liberó la flecha que voló en línea recta hasta conectarse con el centro del tablón. Kagome dejó salir un pequeño grito de victoria y se volvió para darle un impulsivo abrazo a su esposo. Un segundo después, se dio cuenta de lo que estaba haciendo y lo soltó de inmediato. Supo en el momento que se había sonrojado como un tomate y al darle una rápida mirada a su esposo, apreció de que no era la única.

"Con eso terminamos por hoy" dijo Inuyasha sin mirarla a la cara.

"Sí, gracias" contestó ella, evitando a su vez, mirarlo.

"Me voy a trabajar"

"Sí. Yo recogeré las flechas"

El asintió y caminó en dirección a los plantíos. Kagome no se animó a verlo marcharse mientras recogía las flechas. En el fondo, su mente repetía: realmente huele bien.

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N/A: ¡Es imposible! ¡No puedo actualizar cada dos semanas! Básicamente, se debe a que los capítulos me salen muy largos y eso requiere mayor trabajo de edición. Y tampoco puedo hacerlos más cortos porque no alcanzo a decir todo lo que quiero decir. Ni modo, tendrán que tenerme paciencia.

Y antes de que alguien pregunte, no se que me dio por emborrachar a los hermanos. Solo me acordé de una vez en el manga en que Inu se embriagó y se veía adorable negando que estuviera borracho y luego se me ocurrió en como luciría su hermano en la misma situación y tuve que escribirlo. Espero que no les haya parecido muy tonto e innecesario. Yo me divertí.

Y sí, también Miroku tiene su historia triste ¿Y por qué todos tienen historias tristes? Pues, en la vida real, no hay nadie a quien no le haya sucedido algo triste o al menos, desagradable y es como lo estoy mostrando en este fic. En especial, hay que considerar que tienen un gobierno fatal.

Bueno, gracias por leer y mayormente, gracias a quienes dejan review. Ya lo he dicho antes y lo repito: Sus comentarios me alegran el día y me animan a continuar con esta historia.

Muchísimas gracias y besitos.

Susy