Creo que terminé antes de lo esperado xD El inevitable final ya está aquí. Estoy muy contenta de haber escrito este fic, me gustaron mucho sus comentarios y de nuevo les pido una disculpa por las veces que no actualicé a tiempo jaja. Sé lo que es esperar un nuevo capítulo y que no llegue ;-; Mil gracias por su apoyo y espero haber complacido a todos con el final. Como ya saben, es una guerra, así que no pueden correr todos por una pradera agarrados de la mano, pero se hace lo que se puede. Ahora sí me dedicaré de lleno al de La Pantera, que por ahí hay dos lectoresque lo han estado esperando. Nos seguimos leyendo. ¡Un inmenso abrazo!
Guerra en Karakura
Capítulo diez: La huida.
Aizen se encontraba en su despacho cuando Starrk irrumpió abriendo la puerta de par en par.
-Capitán, tenemos un problema.
Aizen suspiró y dio un sorbo a su vaso con whisky, incitando a Starrk a que continuara.
-Hay infiltrados en la ciudad. Un soldado los vio dirigirse al hospital. Eran cuatro de ellos y trataron de llevarse a sus compañeros que estaban esposados a las camas. Los detuvimos a tiempo, hay tres guardias vigilándolos. ¿Cuáles son sus órdenes, capitán?
-Me pregunto por qué no pueden hacer nada bien. Mis órdenes eran que vigilaran las entradas de la ciudad, que cuidaran las entradas del hospital, que atraparan a los bastardos que se robaron mis tanques, que me trajera la sangre y los cuerpos mutilados de los soldados de Kurosaki. Esas eran mis órdenes, sargento. Todos son un montón de incompetentes.
Se levantó de su silla y salió del despacho rumbo al hospital, y aunque Starrk dudó un momento, finalmente fue tras él.
Al llegar al hospital, Aizen entró con aire altanero hasta donde estaban Hisagi y los otros. Los soldados los tenían arrodillados en una hilera de espaldas a la pared. La doctora Unohana estaba siendo sujetada por otro soldado. Al ver a Aizen dejó de revolverse para zafarse y simplemente observó con cuidado cada uno de sus movimientos.
-Caballeros –saludó Aizen acercándose a ellos-. No sé si llamar valentía o estupidez al hecho de encontrarlos aquí, infiltrándose en mi ciudad, o debería decir, escabulléndose como ratas para rescatar a sus camaradas. Una misión suicida, si me lo preguntan.
Caminó entre ellos, evaluándolos.
-No había visto a ninguno de ustedes. ¿Quién está a cargo?
-Ese de ahí –Starrk apuntó con el rifle a Hisagi.
Aizen observó su insignia de sargento.
-¿Cuál es tu nombre?
Hisagi escupió a los pies de Aizen.
-Ah, veo que llevas la misma escuela que Kurosaki Ichigo –sacó un trapo de sus ropas y limpió sus botas. Le dio una patada en la cara, causando que Hisagi cayera al piso con un ruido sordo-. Estás aquí por órdenes de Kurosaki. Pero me pregunto cómo es eso posible, dado que está encerrado pudriéndose en prisión. ¿Acaso le hiciste una visita a escondidas?
-¿Acaso no sabes nada de lo que pasa en "tu ciudad"?
Aizen sonrió.
-Es de mala educación responder una pregunta con otra pregunta. ¿Dónde está el resto de tu gente? Seré indulgente si se rinden ante mí.
-Puedes seguir buscando, o torturarme, no te diré nada.
Aizen sacó el arma de su cinturón y le apuntó a la frente.
-Estoy perdiendo la paciencia. No tengo tiempo para seguir torturando gente –y jaló el gatillo.
La sangre voló hasta la pared de atrás, donde pequeños trozos de masa encefálica se quedaron pegados. Se hizo un silencio sepulcral, roto solamente por el sonido que hizo Aizen al jalar el martillo nuevamente y colocarse enfrente de Kenpachi.
-Tú –lo apuntó-. Habla o correrás la misma suerte que tu sargento.
-No le temo a la muerte, la muerte debería temerme a mí –respondió Kenpachi con una sonrisa.
-Muy poético de tu parte –disparó una vez más.
Se dio la media vuelta y guardó la pistola en su cinturón, caminando hacia la salida.
-Soldados, es así como se maneja esta situación. Maten al resto y limpien el desorden. No queremos causar problemas a la doctora.
Le sonrió a Unohana y regresó al despacho. Tampoco estaba de ánimos para tomar más prisioneros. Tenía que averiguar cómo se habían encontrado Kurosaki y el sargento sin nombre.
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-Espera –exclamó Orihime zafándose del agarre de Ichigo-, ¿dónde está Grimmjow?
-¿Qué? Inoue, tenemos que salir de aquí. Olvídate de ese tipo.
-¡No! No podemos dejarlo aquí. El teniente de Aizen lo estaba torturando. Todo es culpa mía, yo lo convencí de que me ayudara a entrar a la prisión.
-Espero que no estés sugiriendo que lo rescatemos. ¡Es un soldado de Aizen!
Orihime lo miró penetrante y retrocedió unos pasos.
-No me iré sin él.
-Te cargaré en mi espalda si tengo que hacerlo. Ahora, ¡muévete!
Orihime pensó que más tarde se arrepentiría de lo que iba a hacer, pero de todas formas no se acobardó.
-Puedes irte si es lo que quieres. No saldré de aquí si no es con Grimmjow. No pienso darle la espalda.
Ichigo se pasó la mano por el cabello, desesperado.
-Estás siendo infantil. No volveré a repetirlo. Vámonos ya, Inoue.
Orihime rodeó a Kurosaki y se dirigió a la salida, decidida a buscar en toda la ciudad si fuera necesario. Ichigo la detuvo del brazo.
-De acuerdo, lo ayudaremos –exclamó resignado-. Ishida, espéranos en la recepción. No tardaremos.
Ishida asintió, le dio la pistola y salió del cuarto con Urahara y Ururu. Orihime y Kurosaki salieron también y llegaron hasta la siguiente puerta. Una luz se colaba debajo de la puerta, lo que indicaba que adentro había alguien. Ichigo le ordenó a Orihime que esperara detrás de él y jaló el martillo para cargar el revólver. Abrió de un tirón la puerta y apuntó a Gin.
-Ni siquiera lo pienses –exclamó cuando vio que se llevaba una mano al cinturón-. Las manos donde pueda verlas.
Gin levantó las manos rendido sin dejar de sonreír y se apartó lentamente de Grimmjow.
-Inoue, desátalo.
Orihime corrió al lado de Grimmjow y le quitó las cuerdas de las manos y pies. Gin paseaba la vista del uno al otro.
-¿Qué cree que está haciendo, capitán Kurosaki? Entiendo que venga a rescatar a la princesa, pero por qué llevarse a uno de mis soldados también? Es un traidor, y los traidores son llevados con el capitán Aizen para que haga justicia con su propia mano.
-¿Es así? No parece. Creo que te estabas divirtiendo mientras jugabas al chico malo.
-¿Y? Es un soldado de mi ejército, queda completamente fuera de su jurisdicción.
-Inoue tiene cuentas pendientes con él. Ya decidiremos qué hacer con él cuando haya terminado.
-¿Cuentas pendientes?
Orihime terminó de desatar a Grimmjow y lo ayudó a levantarse. Lo sostuvo sobre su hombro y lo llevó a la salida, pasando peligrosamente cerca de Gin.
-No sé si ya lo sabe, pero la doctora busca quién le haga compañía por la noche, nada más.
-¿A qué te refieres? –exclamó Ichigo enojado. La mano con la que sujetaba la pistola comenzó a temblar.
-Ah, vivimos en un mundo de secretos y malentendidos. Usted cree que Grimmjow torturaba a la doctora. El lobo malo acechando a la princesa. Bueno, tal vez ella le llama tortura a ser follada como una zorra, ¿no es así, Orihime-chan?
Orihime se ruborizó y apartó la vista de Kurosaki. Grimmjow escupió sangre.
-Qué momento más incómodo, un trío amoroso –se burló Gin.
-¿Por qué debería creer algo de lo que dices? No eres más que una víbora.
-Puede creer lo que usted quiera. La verdad, me tiene sin cuidado.
Ichigo avanzó lentamente hacia Gin, sujetando el arma con ambas manos y fulminándolo con la mirada.
-No creas que te he perdonado lo que le hiciste a Rukia. Prometí borrarte esa sonrisa del rostro.
-Adelante. Si es que tiene las agallas –respondió Gin.
-Kurosaki-kun, ya es suficiente. Tenemos que irnos –lo apremió Orihime. Ya no quería ver más sangre derramada.
-Será suficiente cuando yo diga que es suficiente –respondió Ichigo jalando el gatillo.
La bala impactó en la pierna de Gin, que gritó de dolor. Ichigo se acercó más a él y lo miró desde arriba con desprecio. Cargó el arma nuevamente y le disparó en la otra pierna. Un charco de sangre se formó debajo del cuerpo de Gin mientras trataba de contener la hemorragia.
-Me preguntó dónde entrará la siguiente bala... –susurró Ichigo.
Gin sonrió al escuchar las mismas palabras que le había dicho a Rukia en la celda. El karma era una perra. Su frente fue perforada por el plomo y su cuerpo cayó inerte en el suelo, desangrándose a su paso mientras el fantasma de su última sonrisa escapaba de sus ojos sin vida.
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En la oficina del alguacil los tres disparos llegaron con un ruido ahogado. Al escuchar el primero pensaron que era parte de la misma tortura que el teniente Ichimaru estaba llevando a cabo. Después de todo, había tres prisioneros en los cuartos, sin contar a la niña, que solo era un medio para conseguir lo que quería. Tal vez se había cansado de intentar sacarles información o tal vez ya no le eran útiles y decidió deshacerse de ellos.
-¿Crees que deberíamos ir a revisar? –le preguntó Szayel a Nnoitra.
-No creo que sea buena idea involucrarnos –respondió Nnoitra subiendo los pies a la mesita de centro.
El resto del grupo estaba viendo televisión o jugando cartas. La mayoría estaban alcoholizados y su buen humor les nublaba el juicio.
Ishida, Ururu y Urahara estaban agachados del otro lado del mostrador de la recepción. Habían escuchado los disparos y se pusieron alerta. Tal vez los guardias también los habían escuchado y no tardarían en salir a ver qué había ocurrido.
Ishida se puso de pie y se escondió detrás de un pilar mientras sacaba el arma de repuesto que llevaba en el cinturón. Si las cosas salían bien, no tendría que aniquilar a nadie más esa noche.
-¿Dónde está, capitán? –susurró para sí mismo.
Asomó la cabeza por el pasillo y subiendo las escaleras del sótano pudo vislumbrar una sombra que se acercaba. Era Inoue, y detrás de ella venía Ichigo con Grimmjow recargado en su hombro. Por su forma de andar supuso que le habían partido unas cuantas costillas al igual que a Urahara.
Volteó una vez más hacia la oficina del alguacil y al no detectar movimiento se giró y ayudó a Urahara a llegar hasta la ventana.
-¿Puedes bajar? –le preguntó.
Urahara asintió y fue el primero en salir, luego Ishida, Ururu, Grimmjow, Orihime y por último Ichigo. Caminaron unos metros hasta llegar a la alcantarilla y uno a uno descendieron hasta llegar al túnel.
-¿Qué fue todo eso? –le preguntó Ishida a Ichigo, refiriéndose a los disparos.
-Un saldo de cuentas, es todo –se limitó a responder.
Orihime caminó de la mano con Ururu al principio del grupo. Todos iban en silencio y no se atrevió a decir una sola palabra al respecto.
Cuando salieron de la ciudad, llegaron a un claro del bosque y se detuvieron. Más adelante estaba el resto del pelotón, esperando su llegada. Ishida se sorprendió al ver a Matsumoto entre ellos. Todos la estaban rodeando.
Ichigo buscó a sus hermanas y corrió a abrazarlas, ambas estaban con Rukia, que ya había despertado.
-¡Ichi-nii!
-¡Ichigo!
-Karin, Yuzu, me alegro de verlas a salvo. Rukia, ¿cómo te sientes?
-Me duele como mil infiernos, pero estaré bien, capitán –respondió la pelinegra con una sonrisa.
Ishida llegó con Matsumoto y le preguntó qué había pasado.
-Fui la única que logró escapar. La doctora Unohana me dio una bata y me hizo pasar como una paciente civil. Aizen...Aizen mató al sargento Shuuhei y a Kenpachi. El resto de sus hombres se encargaron de Ikkaku y Chad –los ojos se le llenaron de lágrimas-. Lo lamento mucho, capitán. No pude hacer nada.
Ichigo la abrazó.
-Está bien. No es tu culpa –en el fondo le dolía mucho la pérdida de sus hombres, pero no podía hacer nada para enmendar lo que ya había pasado.
Grimmjow y Orihime se habían mantenido rezagados del grupo, mientras veían como se reencontraban todos ellos y la trágica historia de lo que había pasado en el hospital. Orihime pensó que si ella hubiera estado ahí, tal vez habría podido hacer algo al respecto. Pero eran sólo suposiciones. Parecía que Grimmjow le había leído la mente.
-Tampoco es tu culpa. No hubieras podido hacer nada.
-Pude haberlo intentado.
-Y el resultado habría sido el mismo. Aizen no perdona –sentenció.
-Inoue, ¿puedo hablar contigo? –la llamó Ichigo.
Orihime se sobresaltó y asintió rápidamente mientras seguía a Ichigo a unos metros del grupo.
-Lo que pasó allá atrás...yo...lamento mucho haber actuado así. Arriesgaste tu vida para salvarme y yo solo podía pensar en...
-Está bien. Lo entiendo, Inoue –la interrumpió Ichigo.
-Creo que no te he agradecido por todo lo que hiciste –continuó Orihime.
-No hay nada qué agradecer –se rascó la nuca nervioso y miró hacia otro lado-. Hay algo que debo preguntarte.
-¿Qué sucede?
-Tú...bueno...lo que Gin dijo sobre ti...sé que es un maldito mentiroso, pero...no puedo sacarme de la cabeza sus palabras...tú y Grimmjow...ustedes...
-Es verdad.
-Sólo necesito escucharlo de ti. Necesito que me digas que lo que dijo Gin era mentira...yo... –se detuvo sin dar crédito a sus oídos-, ¿qué dijiste?
Orihime suspiró, completamente ruborizada.
-Lo que dijo es verdad. Desde el día que estuve en el campamento de Aizen.
-Inoue, él...¿él te...?
Orihime sonrió amargamente.
-Sí. Lo hizo. Pero lo que pasó después no fue su culpa. No me obligó a nada. Kurosaki-kun –la voz se le quebró por las lágrimas contenidas-, yo... lo hice por voluntad propia. Ansiaba tanto sentir algo. Lo que fuera. No me di cuenta de que lo que estaba haciendo estaba mal. Pasaron muchas cosas allá afuera y yo...
Ichigo la miró seriamente. No tenía idea de qué decirle. Que Grimmjow la tocara sin permiso y la lastimara era una cosa, pero ¿qué se suponía que hiciera si Inoue había actuado por su cuenta?
-Ya veo –respondió en un susurro.
-No estoy tratando de justificar lo que hice –se limpió las lágrimas que corrían por sus mejillas-, a pesar de todo, era lo que yo quería. Lamento mucho no haberte dicho nada y...
-Sólo...vete, por favor.
Orihime lo miró sorprendida. Ichigo estaba volteando hacia otro lado, claramente incómodo con la situación y seguramente deseando terminar pronto con aquello. La odiaba, estaba convencida de que la odiaba. Y lo peor de todo era que sentía que se lo merecía. Agachó la cabeza y asintió en silencio. Se acercó lentamente a Ichigo y le dio un corto beso en la mejilla.
-Gracias por todo, Kurosaki-kun. Lo siento.
Se fue dejando a Ichigo parado en medio de los árboles, con las manos cerradas fuertemente y una tristeza que nada podría enmendar.
Grimmjow vio lo que había pasado y se acercó a Ichigo para hablar con él.
-Te saqué de aquel lugar, pero ahora estás por tu cuenta –exclamó Ichigo cuando lo vio acercarse.
Grimmjow asintió y señaló a Orihime con la cabeza.
-Si buscas un culpable, soy yo. Yo fui el que inició todo.
-No estoy buscando ningún culpable –replicó enojado-. Pasó lo que tenía que pasar y punto.
-Entiendo que estés enojado, pero...
Ichigo se acercó a Grimmjow y lo tomó fuertemente por la camisa.
-¡¿Cómo carajo te sentirías si yo llegara y te hiciera lo mismo?! ¿Si te quitara al amor de tu vida, a tu única razón de existir? Ella es más que mi pareja, es mi familia, siempre hemos estado juntos, desde que tengo memoria. No vengas a decirme que sabes lo que se siente...
Lo soltó y se limpió las lágrimas del rostro. Grimmjow no sabía qué decir o hacer para calmarlo.
-Tu teniente...¿ella está bien? –preguntó para cambiar de tema.
Ichigo asintió, extrañado por la pregunta. Grimmjow soltó una risita.
-Es...es increíble que haya sido él...
-¿A qué te refieres?
-A Ichimaru –respondió-. Fue él quien dejó el botiquín afuera de tu celda. Me lo dijo después. Claro que trataba de buscar un culpable, porque Aizen lo mataría si se enteraba que había actuado a sus espaldas. Era más fácil culpar a otro. Estábamos en el momento y lugar equivocados.
-¿Gin...salvó a Rukia? No tiene sentido. Él fue quien le disparó, en primer lugar.
-No pudo vivir con la culpa. Creo que no era tan bastardo, después de todo.
Ichigo asintió todavía sin creer lo que había escuchado.
-Pronto va a amanecer. Seguramente ya se habrán dado cuenta de lo que ocurrió. Será mejor que nos pongamos en marcha.
Ichigo miró a Grimmjow fijamente a los ojos y en el fondo supo que lo había perdonado. A ambos.
-¿Puedo pedirte un favor?
-Me salvaste la vida, creo que es lo justo.
-Cuida bien de Inoue.
Grimmjow esperaba que Ichigo dijera algo como aquello. No había escuchado la conversación pero después de lo que había dicho Gin era normal que haya sembrado la duda en su interior, y al parecer Orihime había confirmado sus sospechas.
Extendió la mano y Kurosaki lo pensó un momento pero al final se la estrechó.
-Eso por descontado –respondió Grimmjow-. Cuídate, Kurosaki. Cuida bien a tu gente y mantente alerta. Espero que volvamos a encontrarnos, esta vez en otras condiciones.
Se dio la media vuelta y se reunió con Orihime. Ichigo asintió y una ligera sonrisa curvó sus labios. Sí, yo espero lo mismo.
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Epílogo
Había pasado un mes desde que el ejército de Karakura había sucumbido ante la Alianza Nuevo Mundo. La guerra aún no había terminado y el dominio de Aizen se había expandido hacia otros territorios.
Orihime y Grimmjow habían escapado hacia las montañas, luego de algunos días, las heridas del peliazul por fin habían sanado y había podido recuperarse lo suficiente. Pasaron hambre, frío, tormentas, persecuciones, pero hasta ahora, se las habían arreglado para sobrevivir.
-¿Lo encontraste?
-El bastardo escapó de nuevo.
Orihime soltó una risita. Grimmjow había estado rastreando un venado para que les sirviera como alimento, pero hasta ahora no había tenido mucha suerte. Tendrían que comer raíces y frutos secos de nuevo.
-Creo que ya he perdido el apetito. Será mejor que descansemos y continuemos en la mañana.
Grimmjow se acercó a ella y la abrazó por detrás.
-A mí me acaba de dar hambre, pero no precisamente de comida. Estoy harto de los frutos secos y las raíces.
Orihime se giró en sus brazos hasta quedar de cara a él.
-Es lo mejor que podemos conseguir hasta que encuentres a ese ciervo.
Grimmjow la tomó de la nuca y le dio un fogoso beso en los labios. Orihime se lo respondió y se abrazó a su cuello. Como siempre, desprendía un ligero aroma a madera y hierbas. Sus ojos la veían como la primera vez, con ganas de devorarla hasta que gimiera su nombre.
-Debo admitir –Grimmjow y Orihime se separaron al escuchar aquella voz-, que no esperaba encontrarlos por aquí.
-Ulquiorra –dijo Grimmjow.
El pelinegro estaba de pie a unos metros de ellos, recargado en un árbol y con los brazos cruzados.
Ojos verdes y azules se encontraron una vez más, pero lo sorprendente no era escuchar su voz después de un mes, ni que los haya rastreado hasta las montañas sin ser descubierto, sino la incertidumbre de no saber si era un aliado o un enemigo.
FIN
Me duele en el alma despedirme de esta historia. Espero que nos leamos en otros fics, estoy empezando un Ulquihime, a ver qué tal pega. No es OTP pero estoy en el ship. Abrazos de oso a todos mis lectores, y ¡hasta la próxima!
