CAPÍTULO DIEZ
Suspirando derrotado, pues el valiente samurái había decidido expulsar a todos de la dimensión sin que Leonardo lo supiera, se dirigió a la puerta y dejó entrar a Donatelo, pero antes le lanzó una mirada de advertencia, después cerró la puerta.
Donatelo había creído que si se le daba la oportunidad, habría corrido de inmediato al lado de su hermano para dejarse abrazar por él, rogándole al mismo tiempo que lo perdonara por lo que había hecho, pero en lugar de eso, se quedó mirando con indecisión a Leonardo quien lo miraba con cariño.
― Ven, Donnie, siéntate a mi lado ―, le pidió su hermano mayor. Con un nudo en la garganta, Donatelo se acercó poco a poco al lado de su hermano cuya sonrisa se volvía cada vez más tierna conforme el joven genio se acercaba.
― Yo… yo… nosotros… bueno, los demás y yo… ― Donatelo era un manojo de nervios, no sabía ni por donde comenzar.
― Donatelo, no te preocupes, sé por qué vinieron aquí.
― ¿Lo sabes?
― Si, y de verdad lamento mucho que hayan sufrido tanto por mi culpa, hermanito, te pediría que me perdones, pero eso quiero hacerlo cuando estén todos juntos.
Eso fue lo máximo que Donnie pudo soportar, sin atreverse a tocar a su hermano bajó la cabeza y se puso a llorar, Leonardo no permitió que su hermanito se sintiera solo y al igual que a Usagi le tendió lo brazos. Donnie no lo dudó ni un segundo y una vez más pudo estar entre los brazos del que tanto le había dicho lo mucho que admiraba la hermosa mente de la que era dueño. Las lágrimas ahogaban a Donnie quien a pesar de querer hablar, no podía.
― Te agradezco mucho todo lo que hiciste por mí, Donnie ― decía Leonardo al oído de su hermanito. Varios minutos pasaron antes de que Donatelo pudiera calmarse un poco ―. Donnie, por favor, dile a Usagi que entre, pero no te vayas.
Donatelo se levantó, se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y obedeció a su hermano. El conejo entró a la habitación y frunció el ceño al ver que Donatelo no se retiraba.
― Yo le pedí que se quedara, Usagi, por favor, no te enojes ― le dijo Leonardo sonriéndole. El conejo no podía resistirse a un ruego de su amado y menos después de que le sonreía de esa forma ― quiero pedirte un gran favor, Usagi.
El samurái no se molestó en preguntar cuál era el favor, conocía de sobra los deseos de Leonardo, así que puso manos a la obra, aunque no le gustaba para nada la idea. Dio la orden a sus hombres y una hora después, Splinter, Rafael y Miguel Ángel, estaban ya frente a la habitación de Leonardo. Usagi no cejaba en mirarlos con ojos amenazantes.
Tan pronto como entraron a su casa, Usagi les advirtió ―: A la menor frase, mirada o acción que provoque que Leonardo-san se sienta miserable, los degüello a todos.
Leonardo estaba ansioso cuando todos entraron, Donatelo estaba al lado de su hermano y sonrió al verlos a todos tan indecisos como lo estuvo él. Usagi de inmediato se acercó a Leonardo y le ayudó a levantar su cabeza para que la apoyara en su regazo, de esa forma Leonardo no tendría necesidad de sentarse. Todos se admiraron al ver la suavidad del trato de Usagi para con el mayor de ellos.
Nadie hablaba, hasta Splinter que había dedicado todo el tiempo pensando cómo habría de comenzar, estaba mudo. Las miradas de Usagi no ayudaban mucho, así que Leonardo, para aligerar el ambiente, se decidió a hablar primero.
― Padre, hermanos, quiero pedirles perdón por haber hecho lo que hice, fue la peor decisión de mi vida el haberlos dejado fuera del plan de acción, no los culpo en lo absoluto cuando creyeron que iba a lastimar a nuestro padre. Era su deber protegerlo y no deben sentirse culpables por ello.
― P-pero… después… no qui-quisimos escucharte y te… tratamos tan m-mal… ― tartamudeó Mikey realmente arrepentido de haberse portado de esa forma con su hermano ― hasta el peor de los criminales tiene el derecho a un juicio y nosotros te negamos toda oportunidad de defenderte, hermano ― Donatelo colocó uno de sus brazos sobre los hombros de su hermanito para ayudarlo a desahogarse.
― Eso… creo que fue lo único que me convenció de huir, Mikey… yo sabía que ustedes, después de que me di cuenta de que habían presenciado mi estúpida actuación frente a Destructor, se sentían traicionados y nunca me escucharían, eso me dolió más que nada, mi error me había costado muy caro, sabía que después de eso ya no tenía derecho a estar más con ustedes y me fui… ahora que lo pienso… nunca te pedí una disculpa a ti Usagi, nunca debí haberte mentido diciéndote que mi padre me había mandado contigo para aprender, lo siento.
Usagi miró a Leonardo con una sonrisa diciéndole con la mirada que eso no tenía importancia. Levantó una de las manos de Leonardo y en presencia de todos depositó un beso lleno de ardor en ella. Todo mundo se quedó impresionado, pero además, Rafael torció el gesto.
― También quiero decirles que siento mucho todo lo que han sufrido cuando Usagi les dijo que había muerto y…
― ¡¿QUIERES CALLARTE?! ― le gritó Rafael, apretando sus puños y temblando ligeramente, Leonardo de inmediato sintió el cuerpo de su amado tensarse ante eso, así que le sujetó una mano, rogándole con sus ojos que no se alterara.
― ¡RAFAEL! ― le amonestó su padre, pero el de rojo continuó.
― ¡¿Qué no te das cuenta de que somos nosotros los que te debemos pedir perdón?! Sobre todo yo… ― Rafael dejó salir muchas lágrimas, pero no dejó de mirar a su hermano a los ojos.
― Rafa… ― comenzó Leonardo, pero Rafael lo volvió a interrumpir levantándose de su lugar y acercándose a él a pesar de las miradas inflamadas de Usagi quien sin demora desenvainó una daga que portaba listo para defender a Leo. Cuando Rafael estuvo a su alcance la apuntó a su cuello, pero ni así Rafael se detuvo, sujetó el arma por el filo, forcejeó con Usagi con todas sus fuerzas y se la arrebató al conejo arrojándola al suelo; la daga dejó un rastro de sangre por todo el camino que recorrió.
Rafael se postró al lado su hermano y le dijo ―: Quiero pedirte perdón por haber intentado destruir tu felicidad, sé que no hay excusa para lo que hice, pero todo el tiempo desde que supusimos que habías muerto no he tenido paz y cuando llegamos aquí y te vi al lado de Usagi, sentí muchos celos, te veías tan feliz al lado de tu amigo, mucho más de lo que te has visto con nosotros que enloquecí. Yo deseaba con todo mi corazón ser el pilar que te sostuviera cuando te sintieras triste, derrotado o hastiado, pero nunca te lo pude decir como ahora, ¡deseaba tanto ser tan buen hermano como lo eres tú que mis buenas intenciones se fueron por la coladera por mis celos de hermano! ¡PERDÓNAME!
En ese punto Rafael ya se había abrazado a Leonardo con todas sus fuerzas, el hermano mayor lloraba al saber todo lo que escondía el buen corazón del hermanito que tanto esfuerzo necesitaba para mostrar su amor.
Mike y Don están mudos al escuchar tal confesión, Splinter dejó salir un suspiro tembloroso; ver a sus hijos tan arrepentidos y la fortaleza del mayor perdonándolos lo hacen quebrarse.
― Perdóname hijo mío, yo siendo tan viejo cometí un error garrafal que tú siendo casi un niño supiste afrontar sabiamente ―, agacha la cabeza al piso ―, todo mundo dice que debes sentirte orgulloso de ser mi hijo, ¡pero están mal! ¡Yo estoy orgulloso de ser tu padre! ― Levanta sus ojos arrasados en lágrimas, sintiéndose inmerecedor de ser perdonado.
El rostro de Leo hace una mueca de llanto y llama a su padre para abrazarlo con sus pocas fuerzas, Mike y Don no se hacen esperar y lo abrazan con cuidado. Leonardo disfruta con toda la fuerza de su espíritu el sentirse amado tan intensamente, disfrutar de la tibieza de todos, de su cariño y de las miradas de Usagi… era sin duda uno de los mejores días de su vida.
― Leo, mira lo que te hemos traído ― Mikey sonaba muy alegre, tono que pensó no poder tener de nueva cuenta. Levantó hasta la altura de sus ojos el pequeño oso que llevaba consigo y que el mismo Leonardo había confeccionado para él ―. Lo traje porque siempre pensaba que con él tú estabas cerca, cuidándome, ahora puedo estar tranquilo porque ya has vuelto con nosotros y nunca jamás nos separaremos. ¿Verdad Leo? ― El pequeño abrazaba al mayor con gran alegría.
― Será mejor que cuides bien de ese oso Mikey ―, sentenciaba Donatelo con algo de recelo, todos se le quedaban viendo ―, Leo no volverá con nosotros.
― ¿Qué...por qué? ¿Qué sucede Leo? ¿Ya no quieres regresar a casa? ¿Nos abandonarás? Pero ya te pedí perdón. ¿Qué pasa Leo?
― No pasa nada Mikey... es solo que... padre… ― Le decía muy serio a Splinter, Usagi estaba también al pendiente de la situación pues de ellos dependía su vida a lado de Leonardo ―. Usted sabe que yo lo amo y respeto mucho. Siempre lo he admirado y nunca he cuestionado ningún mandato suyo ― Splinter comenzaba a prepararse para lo que presentía era una despedida ― Y he comprobado de la manera difícil las consecuencias de no exponer mis planes ante todos es por eso que quiero preguntar algo…
― Leonardo... ― La triste mirada de Splinter era reflejo de su corazón.
― Sensei, yo me alejé porque perdí su confianza, pasé de un amado hermano al enemigo número uno, y todo por un error de mi parte, por ello debo saber ¿Usted aún cree que tengo lo necesario para seguir siendo el líder? ¿Confiarían en mí para guiar al equipo? ― Todos enmudecieron, aunque convaleciente Leonardo mostraba una firme decisión, la cual parecía haber tomado desde hace mucho tiempo.
― Leonardo ―, contestó la sabia rata ―, siempre has sido un excelente líder y un mejor hermano, cometimos un error de comunicación que pagamos muy caro pero eso es parte del aprendizaje, no dudo que todo esto te ha hecho crecer y cuidarás de la familia y del clan de la mejor manera.
― Así es padre, aquí he tenido que aprender de una u otra forma lo que es la maldad, la bondad, el amor y la felicidad ―, dijo mirando a Usagi en las últimas palabras ―, si confían en mí para seguir dirigiendo al clan les pediré una cosa ―. Deben saber que me he enamorado y el sentimiento que tengo por él… ―, dijo señalando a Usagi quien lo rodeo entre sus brazos ―, es tan grande y profundo que no puedo ni deseo vivir lejos de él, sus cuidados, palabras, compañía y amor me han salvado, me arrancó de las garras de la muerte y me dio consuelo en los momentos de angustia, ha visto lo mejor y lo peor de mí y me acepta a pesar de ello, no estoy dispuesto a hacer a un lado la felicidad que siento a su lado, por favor... les pido... no… les suplico, sean parte de esa felicidad, no me hagan elegir. Por favor, se los ofrezco como hermano mayor y líder, ¿quisieran quedarse a vivir con nosotros? ¿En este mundo?
La familia estaba impactada, no podían creer lo que escuchaban.
― Espera... ¿Tú?... ¿Y Usagi?... ― Rafael trataba de entender ― Eso quiere decir que son... ¿Pareja? ― Ahora Donatelo comprendía todas las muestras de cariño entre ellos.
― ¿Vivir aquí...? ¿Con ustedes? ― Mikey estaba emocionado ― Sensei, ¿qué dice? ¿Aceptaría quedarse en esta dimensión?
El sabio maestro observó el mismo sentimiento en todos los rostros de sus hijos y dio su veredicto.
― Leonardo, desde que eras niño te he exigido más que a los demás y no me defraudaste, trabajaste más duro que tus hermanos pues eras consciente de tu misión, una responsabilidad que dejé sobre tus hombros desde muy pequeño, siempre al pendiente, responsable amoroso. Hijo mío... ¿cómo crees que te lo negaríamos si por fin veo en ti el amor que Usagi te da? No Leonardo, no tendríamos corazón si te lo negáramos, siempre les he dicho que la familia es el verdadero hogar, no importa en donde estemos, y si tus hermanos están de acuerdo buscaremos un lugar para vivir aquí, en esta dimensión junto a ti.
Leonardo sonríe radiante, voltea a ver al conejo un le da un suave beso en los labios.
o-o-o-o-o-o-o
El gran día de la boda fue espectacular, todos en la ciudad acudieron en tropel a ver a los felices novios acompañados de amigos y familia. El santuario estaba listo para recibirlos. Y para suerte de ambos amantes, las costumbres de esa dimensión acerca del amor entre seres de un mismo sexo no era mal visto para nada. Usagi engalanado con el mejor kimono que se le obsequió, al igual que Leonardo, entraron al templo. Usagi acompañado por su señor, un gran honor para él y Leonardo acompañado de su padre. Ya todos los invitados principales estaban dentro esperando.
Después del ritual de purificación, los dos contrayentes leyeron sus palabras de compromiso.
― Leonardo- san, te prometo serte siempre fiel, protegerte de todo mal y amarte hasta el fin de mis días y más allá ― terminó colocándole uno de los anillos que la familia de Leo había pagado para ambos.
― Usagi-san, de ahora en adelante yo seré por siempre tuyo, combatiré el mal a tu lado y te amaré aunque haya abandonado este mundo ― Leo también le puso el anillo a su amado.
Mikey lloraba mucho y Donatelo le preguntó que tenía.
― Es que siempre lloro en las bodas.
― ¡Tú nunca habías asistido a una boda!
― En alguna tengo que empezar, genio. Además son lágrimas de felicidad por mi hermano y Usagi ― Donnie se sonrió y abrazó al travieso.
Un largo y tierno beso selló por siempre el destino de la pareja. Se bebió el sake tradicional, primero los novios y después la familia. Al terminar Usagi tomó de la mano a Leonardo y salieron seguidos de todos. Un gran banquete les esperaba justo debajo del árbol de sakura donde su felicidad había sufrido un retraso, pero no perdió nada por esperar.
― ¡Vivan los novios! ― exclamó Rafael con una gran sonrisa, levantando su copa para que todos siguieran su ejemplo antes de iniciar el banquete. Leonardo miraba con cariño y agradecimiento a su hermano de rojo quien se había disculpado son Usagi, tratando de congraciarse con él desde el día del perdón.
Gen se acercó con disimulo al lado de Usagi bebiendo una gran copa de sake y le susurró: ― Te lo dije, que tuvieras cuidado pues ibas a cometer una tontería, y cometiste la más grande de todas, te casaste… ― Usagi sólo se sonrió ante el comentario de su amigo quien lo abrazó con todas sus fuerzas ―. Que seas muy feliz mi buen amigo, de verdad que lo mereces.
Splinter se reprendía lo necesario por no poder ver esta solución, había estado tanto tiempo en peleas y batallas que el solo hecho de buscar tener una vida tranquila y llena de felicidad le parecía imposible, afortunadamente todo ese paradigma se derrumbó al ver la felicidad de su primogénito a quien había perdido, llorado y recuperado y quien tenía un corazón tan noble y grande que en él no cabía espacio para el rencor o la maldad, tanto así que ni siquiera el más mínimo atisbo de reproche sintió de su parte; por el contrario, se alegraba de compartir ese momento tan especial con todos ellos volviendo así a ser una familia, una grande y fuerte por los lazos de amor que los unían.
― Leonardo, Usagi ― Splinter se acercaba a los jóvenes recién unidos ― Lo único que espero es que ustedes vivan la felicidad de este día por el resto de su vida ― Los jóvenes se alegraron con sus palabras pues con eso el maestro les daba su bendición.
― Splinter-san, le prometo que a eso dedicaré mi vida, en ver sólo la alegría en los ojos de Leonardo ― prometió Usagi al buen sensei.
― Padre, sus palabras significan mucho para mí ― Tomando la mano del anciano la besó en forma de respeto y agradecimiento de que compartiera la emoción que él tenía.
Usagi recibió su premio a su paciencia y a su bondad al recibir a su amigo en su hogar, cuidando de él cuando estuvo primero sin hogar y después en peligro de muerte. Leonardo también recibía lo que cualquiera que ha dedicado su vida a los demás merece. Con Usagi delante de él, mirándolo con ternura más la mirada de aprobación y orgullo de su padre aunada a las miradas de alegría y felicidad de sus pequeños hermanos Leonardo pensó: "Todos los que amo y me quieren, están aquí, conmigo. Soy feliz."
***FIN***
¡Muchas gracias a todos los que apoyaron esta historia con sus comentarios! :D
