La campana para el receso sonó y Midorima salió del salón para ir a la azotea y tratar de disfrutar de su comida, aunque con el resfriado que traía dudaba siquiera poder distinguir entre el arroz y el brócoli. Se arrepentía profundamente de intentar ser un buen amigo con Aomine y salir de su casa sin su objeto de la suerte para asistir a la celebración de su cumpleaños solo para terminar perdido y empapado hasta los huesos cuando un autobús pasó a toda velocidad junto a él y luego tener que regresar a su casa a pie y bajo la lluvia. Estaba enojado con el universo, pero en el fondo estaba agradecido con el universo pues pese a todas las cosas increíblemente estúpidas y malas que le pasaron Takao estuvo allí para compartir su suerte.

Tal vez era egoísta pensar en esos términos pero después de meses de solo convivir a gusto con Takao durante las prácticas y los partidos ―y a veces ni siquiera allí―le parecía una bendición pasar todo un día a solas con él. Takao tenía novia y mientras Takao sonreía Midorima se encerraba cada vez más en sí mismo. El día en que Takao llegó casi saltando de emoción y le dijo que ya no estaba soltero Midorima sintió el dolor literal de su corazón haciéndose pedazos, ni siquiera pudo fingir estar feliz por él sino que lo reprendió al decirle que una novia solo lo distraería de sus obligaciones tanto con la escuela como con el equipo y después salió huyendo cuando Takao se rió y le dijo que solo estaba celoso porque consiguió pareja antes que él y que debería apresurarse en confesársele a su «amor secreto».

Midorima se sentía incomodo cada vez que Takao mencionaba a su novia, sentía nauseas cuando tenía que verlos juntos aunque estuvo más que feliz de decirle a la chica ―la única vez que la pobre intentó hacer platica con él― que no, su signo y el de Takao no eran compatibles. Midorima se volvió un experto en desparecer cuando Takao sentía la necesidad de hablar de su novia lo cual afortunadamente no era muy a menudo sin embargo una de esas pocas veces lo afectó como nada nunca lo había hecho. Fue después de un partido, el equipo estaba de vuelta en el autobús y Takao sentado con un compañero de primero platicando de chicas cuando un chico de tercero recién ingresado al equipo titular le exigió que dejara de hablar de su novia; Takao trató de defenderse pero el chico le dijo de una forma muy cortante que a nadie le interesaban sus platicas, después de eso el entrenador se acercó para preguntar que se traían y el mismo entrenador reprimió a Takao y fue en ese momento que al ver al chico de tercero mirándolo como si se disculpara y al chico de primero con cara de haber visto un fantasma al darse cuenta que estaba presente que comprendió que ellos lo sabían, sus compañeros de equipo estaban al tanto de que estaba enamorado de Takao y eso fue demasiado. No quería que sintieran lastima por él pero si lo estaban defendiendo era porque lo compadecían y eso fue algo sumamente devastador para Midorima quien al llegar a su casa corrió a su habitación y se echó en la cama a llorar. No lloró cuando Takao le dijo que tenía novia, no lloró cuando Takao le dijo que se había acostado con ella, no lloró la primera vez que escuchó a Takao decirle a la chica lo hermosa que era, pero de pronto todo el dolor reprimido ya no cabía dentro de su pecho, sentía el dolor de todas esas veces y la humillación de saber que los demás sabían y Midorima lloró desconsoladamente y luego más tarde cuando su madre entró a preguntarle qué había pasado dejó que la mujer en un intento por calmarlo lo abrazara, le acariciara el cabello y le tarareara canciones como cuando era un niño pequeño.

«Tal vez deberías alejarte de él», eran palabras de su madre que lo seguían a toda hora del día, veía la sabiduría en ello pero simplemente no se podía obligar a no ver a Takao, sin mencionar que entre las clases y el básquetbol era prácticamente imposible.

―Shin-chan ―dijo Takao con voz ronca sentándose a su lado―, ¿te importa si como contigo?

―¿Y tu novia? ―preguntó un casi afónico Midorima.

―No quiere que la contagie.

Midorima asintió con deferencia, para sorpresa de Takao.

―Hace mucho que no comíamos juntos…

―No me hagas hablar Takao ―dijo Midorima antes de tener un acceso de tos.

―Suenas horrible… y también te vez horrible.

―Gracias, justo lo que quería escuchar.

―No, lo digo en serio, deberías pedir la salida temprano.

―Tenemos practica.

Takao sabia lo terco que Midorima podía llegar a ser y dejó de intentar convencerlo pero se la pasó toda la segunda mitad de las clases vigilándolo y no le gusto nada cuando de su apariencia soñolienta paso a respirar por la boca, tener las mejillas muy rojas y encorvar su espalda como si el mero esfuerzo de estar sentado fuera agotador. Cuando llegaron a la práctica el entrenador mandó a Midorima a la enfermería y pidió a Takao que lo acompañara, esta vez Midorima ni siquiera protestó aunque trato de convencer a la enfermera de que no lo mandara a casa, sus esfuerzos sin embargo fueron inútiles.

Takao se encargo de acompañarlo, después de bajar del autobús tenían que caminar varias cuadras y allí Takao se las tuvo que arreglar para ayudar a Midorima a avanzar pues la fiebre empeoró y se sentía mareado.

―No debiste haber ido a la escuela, Shin-chan ―Takao lo reprendió.

―¿Tanto odias verme a diario? ―murmuró Midorima.

―¿De qué estás hablando?

Takao empezó a preocuparse de que la fiebre estuviera haciendo alucinar a Midorima.

―Sé cómo llegar a mi casa, suéltame…

―¡¿Qué haces?!

Midorima trató de caminar rápido pero solo logró marearse más y empujar a Takao hacia adelante con él casi provocando que ambos se fueran de bruces.

―¡Shintarou! Vas a dejar que te ayude y te cayas ―Takao lo regaño y esta vez al pasar su brazo alrededor de la cintura de Midorima se aseguro de estarlo sosteniendo firmemente.

Extrañamente Midorima obedeció, dejo que Takao lo ayudara y no volvió a abrir la boca ni siquiera al llegar a su casa donde una extrañada señora Midorima les abrió la puerta.

―Te dije que no fueras a la escuela ―dijo el señor Midorima mientras ayudaba a su hijo a ir a su habitación.

Midorima respondió con algunos gruñidos de disgusto que no hicieron más que hacer que su padre se preocupara más pues a pesar de su carácter difícil Shintarou siempre había sido respetuoso.

Después de darle unas píldoras y asegurarse de que Shintarou no estaba demasiado cubierto el señor Midorima fue al patio donde su esposa estaba con Takao obligándolo a contarle que había pasado en la escuela, Takao se encontraba claramente incómodo y el señor Midorima sabía que su esposa estaba consciente de ello y dejó escapar un pequeño suspiro de cansancio pues desde hacia tiempo comenzó a mostrarse hostil con Takao donde antes lo trataba como otro de sus hijos, y si bien estaba actuando bajo un instinto maternal-feral bastante comprensible Shintarou les dijo en repetidas ocasiones que no tenían por qué disgustarse con todo lo que Takao hacia o dejaba de hacer además el chico cuidó de Shintarou y se preocupó lo suficiente como para llevarlo a casa y quedarse para saber que tan mal estaba.

―Señor Midorima ―dijo Takao cuando lo vio aproximarse―. ¿Cómo está Shin-chan?

―Algo desorientado pero la fiebre no es tan fuerte como parece, verás, mi hijo rara vez se enferma pero cuando lo hace parecería que está al borde de la muerte.

―¡Kosuke! ―lo reprendió su esposa.

―Ay, pero mi hermosa luna, sabes que es verdad. ¿Recuerdas la vez que tu hermana le dio su guiso raro de coliflor con atún y repollo? Estuvo enfermo durante una semana mientras que a los demás solo les causó nauseas.

La mujer se cubrió la boca tratando de ahogar una risita y su esposo sonrió.

―Takao-kun ―dijo el señor Midorima dirigiéndose al adolescente―, no tienes por qué preocuparte por Shintarou, se va a poner bien.

―Menos mal, me dio un buen susto… estaba diciendo cosas raras.

El señor Midorima lo miró extrañado.

―¿Qué tipo de cosas?

―Se enojo conmigo y quería que lo dejara solo a media calle ―dijo Takao recordando con aprensión lo furioso que su compañero pareció durante esos momentos.

El señor Midorima hizo un gesto de alarma que Takao interpretó como una mala señal sobre el estado de su amigo.

―Shin-chan no tiene nada grave ¿verdad? ¿O es que él se puso necio y le dijo que no me contara nada sobre…

―Bueno en realidad no pueden culpar a mi hijo si quiere algo de privacidad con respecto a su salud ―dijo la señora Midorima antes de retirarse.

―Tienes que perdonarla ―dijo el señor Midorima una vez que estuvo seguro de que su esposa no podía escucharlo― siempre ha sido algo sobreprotectora con nuestros hijos.

Takao asintió.

―Por cierto tu también estás enfermo, suenas casi tan afónico como mi hijo, aunque mucho menos gruñón.

Ambos sonrieron y luego el señor Midorima agregó:

―¿Ya fuiste a consultar?

Después de que Takao explicara lo que su doctor le dijo y las medicinas que estaba tomando y de que el señor Midorima juzgara no necesitaba nada mas Takao estaba listo para irse, sin embargo necesitaba hacer algo.

―¿Puedo despedirme de Shin-chan?

―Es probable que esté dormido pero anda, ve y despídete.

―Gracias y no se preocupe no lo voy a despertar.

Takao abrió con cuidado la puerta de la habitación de su amigo y asomó la cabeza, Shintarou estaba acostado de lado, tratando de leer probablemente pues sostenía un libro; Takao casi ríe pues al parecer ese extraño chico de cabello verde era la única persona que podía imaginar tratando de leer en los espacios entre alucinaciones causadas por la fiebre.

―Se supone que debes descansar ―dijo Takao entrando sin permiso a la habitación y sentándose en un lado de la cama de su amigo.

―¡Creí que ya te habías ido! ―dijo Midorima con cara de espanto para luego sentarse a mitad de la cama sin dejar de mirar a su compañero con algo de confusión y horror debido a su falta de respeto por el espacio personal.

―¿Tanto odias verme? ―dijo Takao levantando una ceja― Shin-chan, ya no estoy seguro de que sea la fiebre hablando.

―Cállate Takao.

―No ―respondió sin saber por qué, con algo de molestia.

―Creo que deberías irte ninguno de los dos nos sentimos bien.

―¿Me vas a decir qué está pasando?

―Después…

―Claro ―bufó Takao y se dispuso a irse pues no veía el punto de intentar seguir hablando cuando Midorima obviamente no lo quería allí.

―¡Espera!

Era la primera vez que Midorima experimentaba el ser el objeto de la exasperación de Takao o al menos la primera vez en que lo sentía de esa manera: la primera vez que sentía el frio de la persona que más le importaba y no supo como reaccionar; tal vez debido a ello tomo una decisión apresurada o más bien no tomo una decisión sino que dejo a su cuerpo actuar.

―¡Shin-chan ¿qué... ―Takao ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar pues de un instante a otro se encontraba tendido sobre la cama y con Midorima sobre él agarrando sus muñecas, sosteniendo sus brazos sobre su cabeza.

Takao en ese momento creyó haberse desconectado de la realidad pues Midorima estaba sobre él con la cara ruborizada y los ojos llorosos y oh dioses los labios entreabiertos y tan cerca de los suyos que podía sentir el aliento tibio que escapaba en pequeños jadeos y todo era tan irreal y bizarro y confuso y sobretodo aterrador cuando se dio cuenta esa sensación en su entrepierna pues su cuerpo estaba reaccionando. Pero entonces algo aun más extraño pasó… Midorima lo besó, lo besó de una manera torpe y desesperada y Takao se encontró correspondiendo el beso y deseando poder quitarle los malditos lentes. En cuanto Midorima dejo de sostener sus muñecas lo tomó de los hombros para dar vuelta a sus posiciones y Midorima lo permitió, incluso dejo escapar un pequeño sonido que casi parecía casi un gemido cuando Takao hizo que separara sus piernas para posicionarse entre ellas sin embargo en ese momento recupero el uso de su razón y se detuvo para recuperar el aliento y pensar. Midorima no se movió más que para acomodar un poco sus lentes, esperó con paciencia mientras Takao pasaba de tener una expresión perdida a una aterrada y luego a mirarlo sin expresión alguna.

―¿Era yo?... ¿Siempre fui yo? ―preguntó Takao en una voz monótona que su maldito resfriado no hacía más que empeorar.

Midorima a pesar de todo sabía exactamente a qué se refería.

―Sí.

―Tienes razón soy la persona más ciega que existe.

Takao se levanto y salió de la habitación dejando a Midorima solo y con un doloroso vacío en el pecho.


Al día siguiente Midorima siguió sintiéndose mal, esta vez hizo caso a sus padres y se quedó en casa, trató de aprovechar el tiempo adelantando trabajos pero encontró que no podía concentrarse mucho en ello luego intentó seguir leyendo la novela que había empezado unos días antes pero después de leer la misma página seis veces y no entender decidió que no tenia caso y durmió durante una buena parte del día hasta que el hambre lo despertó. Estaba consciente de que debía salir de su habitación antes de que sus padres se empezaran a preocupar pero antes era necesario hacer otra cosa: revisar Oha Asa pues esa mañana su celular estaba descargado y no se sentía con fuerzas como para cruzar la habitación y encender la computadora y después cuando pudo reunir suficiente voluntad para levantarse de la cama e ir a buscar un libro decidió ignorar esa parte de su rutina en una especie de desafío a la suerte pues ¿de qué servía tanta precaución si el día anterior su signo estaba en tercer lugar y su objeto de la suerte era una simple pluma roja que se aseguró de llevar consigo a toda hora y aun así experimentó uno de los episodios más humillantes de su vida y en el proceso probablemente también arruino su amistad con Takao?

Probablemente el universo odiaba a Midorima o esa fue la primera idea que al pobre chico se le cruzó por la mente cuando entró a la página web de Oha Asa y descubrió que su signo estaba en último lugar, que su objeto de la suerte para ese día era un fósil de trilobite y, peor aún, se anunció en anticipación el objeto de la suerte para el día siguiente porque al parecer era una pieza todavía mas difícil de conseguir que el cadáver petrificado de algo que vivió hace más de 250 millones de años.

Ignorando su estomago se paso cuarenta minutos visitando los catálogos electrónicos de varias librerías y tiendas de manga para siempre encontrar los mismos resultados "lo sentimos no hay resultados para esa búsqueda", "no disponible" y cuando por fin creía haber tenido suerte un "agotado". Subconscientemente casi llama a Takao y solo se detuvo cuando recordó que su celular estaba descargado y además probablemente Takao no quería volver a verlo en su vida.

No fue sino hasta un buen rato después cuando su madre lo estaba obligando a comer que su papá sugirió le pidiera ayuda alguno de sus otros amigos y si bien en un principio su primera reacción fue un NO en mayúsculas y negritas se dio cuenta de que tal vez necesitaría hacerlo. Primero pensó en Kuroko pues le fascinaba leer pero era más bien adicto a la literatura y seguramente no sabría mucho de mangas raros, luego pensó en Murasakibara a quien le gustaba leer manga pero luego recordó que odiaba ese tipo de género, finalmente en Akashi quien tenía el poder de sacar casi cualquier cosa de la nada si le daba la gana pero decidió que sería algo exagerado pedir su ayuda, entonces se le ocurrió que podía llamar a Aomine pues si recordaba bien una vez comentó le aterraba el hecho de que a Sakurai le gustaba leer y dibujar gore.

Después de una breve llamada en la que Aomine gritó de manera bastante poco masculina al escuchar el nombre del manga que Midorima necesitaba, de que Midorima le exigiera su ayuda pues después de todo era su culpa por cumplir años en un día de lluvia y de que Aomine muy a regañadientes aceptara preguntarle a Sakurai si le podía prestar el dichoso manga, Midorima por fin pudo tranquilizarse lo suficiente para recordar que tenía otras cosas que necesitaba hacer, primeramente preguntar que se había visto en clases.


Aomine encontraba fastidioso tener que ayudar a Midorima pero también sentía que era algo necesario pues le debía un favor muy grande tanto a él como a su familia así que por ello se encontraba yendo de vuelta a casa de su novio lo cual pensándolo bien no era algo tan malo aunque se habría ahorrado una vuelta si Sakurai no lo hubiera mandado a su apartamento por estarlo distrayendo mientras hacia la tarea de arte ―tarea que Aomine completó días antes pues mientras Sakurai trataba de hacer un cuadro surrealista superdetallado Aomine simplemente arrojó pintura sobre su lienzo pretendiendo que era arte abstracto.

Ya era de noche y Aomine pensó era raro que no hubiera luz en el patio o la habitación de Sakurai lo que le hizo detenerse un momento frente a su casa y darse perfecta cuenta cuando el padre de Sakurai salió y alguien cerró estruendosamente la puerta tras él, luego Aomine vio como subía a su auto y se alejaba por la calle. Aomine entró con precaución al patio de la casa y pensó que tal vez sería mejor si primero llamara a Sakurai pero en ese momento la ventana del cuarto de su novio se abrió.

―Daiki, ¿puedes esperarme en la calle de al lado? ―dijo Sakurai tratando de no levantar demasiado la voz y señalando a su izquierda.

Aomine asintió, estaba a punto de irse cuando, con horror, vio a Sakurai subir al borde de la ventana, asirse de la pared y pasar de allí al techo de la cochera.

―¡¿Estás loco?! ―gritó Aomine en voz baja (si es que se puede gritar en voz baja)

―¡Sé lo que hago! ―dijo un indignado Sakurai―. Por favor ve a donde te dije.

―¡Más te vale que no termine llamando a una ambulancia!

―¡Daiki!

―Sí, sí, ya sé… ya voy.

Aomine obedeció y al llegar a la calle lateral se preocupo al ver que todo ese lado de la calle estaba protegido por una barda de unos tres metros de alto y el único objeto que había en calle y que Sakurai podía utilizar para facilitar su descenso era un enorme contenedor de basura así que Aomine fue hasta allí y se aseguró de que estuviera cerrado. Varios minutos después apareció Sakurai quien, como si nada, caminó unos dos metros sobre la barda para acercarse al contendor luego se sentó sobre esta y saltó al contenedor y del contenedor saltó a la calle aterrizando casi sin ningún sonido como si fuera un gato. Aomine no estaba seguro de si quería guitarle o de si quería abrazarlo pero Sakurai le dio la respuesta cuando sacó un tupperware de su mochila y le ofreció galletas.

―¡¿Galletas?! ―gritó Aomine― Mierda, Ryou… me acabas de dar un susto enorme ¿por qué tardaste tanto?

―Perdón ―dijo Sakurai quien acababa de darse cuenta de que Aomine en serio se alarmó al verlo escaparse de esa manera―. De verdad lo siento, pero la vecina quería darnos esto ―dijo señalando las galletas― y humm… sabe que somos novios.

Eso último hizo que el humor de Aomine cambiara completamente.

―¿Por qué lo dices?

―Bueno, me dijo «tu chico te está esperando junto al contenedor» cuando pasé frente a la ventana de su cuarto.

Aomine levantó una ceja.

―¿Por qué suena como si estuviera acostumbrada a verte invadiendo su propiedad?

―Porque lo está, su jardín tiene un techo bastante amplio que va desde la barda que divide su casa con la mía, hasta la barda de la calle y lo he usado muchas veces para escaparme.

―No me agrada que hagas eso, es peligroso.

―Daiki, me he escapado de esa forma desde los doce años y cuando tenía doce mis piernas eran más cortas y tenía que saltar de mi ventana al techo de la cochera.

―¿Cómo es que sigues vivo?

―No es una caída tan larga ―dijo Sakurai con expresión neutra.

―¿Ya te has caído?

―Cuando tenía siete… pero de la rama que está bajo la ventana, todavía no me daba cuenta que podía saltar a la cochera.

Por la forma en que Sakurai hablaba y en que evadía mirarlo Aomine supo que no debía preguntar más, así que lo dejo de lado y preguntó lo realmente importante en ese momento:

―Tu vecina, ¿crees que les diga a tus padres?

―No, ella no habla mucho con nadie. Además si no les ha dicho cómo me logro escapar no creo que les diga sobre nosotros.

―Pero lo sabe… ¿confías en ella?

―Le gusta leer ―dijo a modo de respuesta.

Aomine nunca entendió el lazo invisible que se formaba entre lectores, incluso entre aquellos que no se hablaban pero cientos de veces vieron a un libro hablar sobre esa persona, sabía que era algo casi real, lo había visto antes con extraños en la biblioteca y con Kuroko y otros miembros de la generación de los milagros así que confió en el criterio de su novio, además ¿Qué más podía hacer?


Una media hora después Aomine y Sakurai se encontraban en la sala de los Midorima con Shintarou frente a ellos envuelto en una sabana que lo hacía parecer una enorme oruga, Aomine habría estallado de risa de no ser porque la señora Midorima estaba presente y ya tenía experiencia de lo lejos que podía llegar para proteger a su "bebé"… malditos recuerdos de secundaria, al menos quien sufrió esa vez fue Kise y no él.

―Gracias por traer el manga ―dijo el casi afónico Midorima.

―No es nada ―dijo amablemente Sakurai.

―¿Cómo que no es nada? ―protestó Aomine―. Probablemente casi todas las copias de eso fueron apropiadamente incineradas.

―No entiendo el escándalo con este manga ―dijo Midorima tomando el libro en sus manos para abrirlo.

―¡No! ―gritaron Aomine y Sakurai.

Midorima, confundido, se les quedó viendo.

―Te juro que no quieres ver eso ―dijo Aomine―, soy un mal amigo pero no tan malo como para dejarte leerlo.

―Dai… Aomine tiene razón ―dijo Sakurai―. No es una lectura que recomendaría.

Midorima supuso que debía creerles así que dejó el manga a un lado.

―Entiendo… gracias.

―De nada ―dijo Aomine cruzándose de brazos―. Si tan solo Ryou hubiera sido un buen novio y me hubiera advertido…

―¡Lo siento! Pero… ni siquiera me dijiste que lo ibas a leer.

―Por la portada pensé que era un inocente manga ecchi ―se excusó Aomine.

―¿Ecchi? ¿Inocente? ―dijo Midorima.

―Ah, sí ―dijo Aomine―. Se me olvida que tú no lees porno.

―Nunca encontré su atractivo ―respondió Midorima.

Sakurai no entendía cómo podían estar hablando tan libremente cuando la señora Midorima estaba cerca, y si no escuchó mal ¿Aomine se había dirigido a él como su novio?

―Sakurai, no necesitas pretender u ocultar nada en mi casa ―dijo Midorima al presentir lo que el chico pensaba.

Sakurai, algo inseguro y confuso asintió.

―¡Oi! ¿Quién te dio permiso de dirigirte a él sin honorarios? ―protestó Aomine.

―¿Puedo llamarte Sakurai?

―Claro.

―¡¿Qué?!

Aomine estaba seguro de que una alianza diabólica estaba empezando a concretarse entre Midorima y Sakurai y era algo que lo hacía sentirse demasiado incómodo así que más le valía al chico halcón entrar en escena y controlar al loco de los horóscopos.


Esa misma noche, en un tranquilo parque, Takao esperaba a que su novia hablara, le acababa de confesar lo ocurrido el día anterior con Midorima y aunque no mostraba ninguna emoción en realidad estaba aterrado. Ambos estaban sentados en una banca, alejados, Takao mirando el cielo y la chica mirando el suelo.

―Sabia que era cuestión de tiempo ―dijo la chica con tristeza mientras trataba de sonreír para restarle importancia a su dolor.

―Por favor, perdóname…

―No, no tengo nada que perdonarte… yo sabía que terminaría así. Mis amigas también me lo advirtieron ―dijo poniéndose de pie―, pero yo creí que él… no importa.

―¡Espera! ―Takao la tomó de la muñeca cuando se dio cuenta de que empezaba a alejarse.

―¿Qué?

―¿Estas terminando conmigo?

―Creí que tú estabas terminando conmigo.

―No, yo…

―¿Creíste que podías decirme lo que pasó entre tú y tu amigo y yo seguiría siendo tu novia?

Takao ahora si había ofendido a la chica.

―No…

La chica podría haberle dado una buena bofetada a Takao pero en lugar de eso decidió darle un consejo:

―Ustedes dos se aman, pero al parecer son demasiado idiotas para admitirlo. No importa si son pareja o si son amigos… ustedes simplemente deben estar juntos ―luego pareció dudar un momento―. Y como dijo la profesora de biología: tienen que des-aprender los prejuicios internalizados… y eso.

―No entiendo, yo no tengo prejuicios y en definitiva no soy gay…

La chica hizo un sonido de exasperación.

―¡Pues tampoco eres heterosexual! Mira, ya tengo suficiente con las dudas sobre mi propia sexualidad como para ayudarte con las tuyas.

―¿Eh?

―¡No preguntes! Solo… ve con Midorima-kun y hablen sobre ello y arreglen las cosas.

La chica se acercó a Takao y le dio un beso en la frente antes de despedirse.

―Suzume.

―¿Sí?

―Gracias.


Hola, perdón por tardar tanto en actualizar, no me he sentido bien, espero puedan entender…

Como sea, pueden amenazarme, o acosarme o animarme si gustan, solo dejen algún review, esta vez trataré de responder :3