Una inesperada unión

Nota del autor: tal vez prefieras buscar antes el primer capítulo de este fic, "Sentimientos prohibidos", aunque para nada es necesario para entender este. Just for fun ;)

Taichi regresó a casa como cada día. Había pasado un día especialmente agotador. Le apetecía llegar a casa, tumbarse en la cama, encender la consola, y perderse en un partido de fútbol que le resultase más fácil de ganar que los chavales a los que entrenaba. Tal vez no tenía madera de entrenador, pero eso no era lo que le apetecía pensar. Era más sencillo culparlos a ellos.

De modo que cerró la puerta, anunció "¡Ya estoy aquí!" sin muchas ganas, oyó que Hikari le devolvía el saludo y fue directo a su cuarto, Se quitó la chaqueta y apoyó la cabeza en el frío cristal de la ventana. En ese momento, sintió a alguien dándole un abrazo por la espalda.

—Hola, hermanita… —saludó, con voz agotada.

—Hola, oniisan —respondió ella—. ¿Un día duro?

—Mucho, no sabes lo que… —se detuvo. Hikari había empezado a bajar las manos por su torso. Una mano se escurría por debajo de la camisa, acariciando su pecho, mientras que la otra mano se situaba en la zona de peligro por encima de su pantalón—. ¿Qué haces? Si nos pillan…

—No nos pillarán —respondió ella con calma, osando estimular poco a poco a Taichi—. Papá se ha ido de viaje de trabajo… y mamá me dijo que estaría fuera hasta la noche.

—¿De verdad? —preguntó él.

—Claro.

—Ah, menos mal.

Se giró y sus labios acudieron al encuentro de los de Hikari. Esta se dejó llevar por el placer. Le encantaban los labios de Taichi. Y le excitaba que el chico la levantase por las caderas, la depositase sobre la cómoda, y se pegase a su cuerpo mientras se devoraban la boca mutuamente.

Su primer encuentro íntimo se había dado hacía unas pocas semanas, y a ambos les había gustado demasiado como para no volver a repetirlo. A pesar de que la continua presencia de sus padres evitaba con frecuencia que pudieran dar rienda suelta a las ganas irrefrenables que sentían, habían aprovechado muchas tardes en que se quedaban solos en casa, sin hacer planes con los demás, para el dulce baile del sexo.

Incluso algunas noches se habían atrevido, en un alarde de riesgo y la excitación que les provocaba aquella situación tan tabú, en colarse en el dormitorio del otro para disfrutar de su compañía y el calor humano. En esas ocasiones, a pesar de no atreverse a dar rienda suelta a la lujuria más física, sus respectivas manos se había ocupado de dejar a la otra persona plenamente satisfecha antes de dormir.

Y especialmente cuando era un día improvisado, les apetecía aún más manifestar físicamente esa maraña de sentimientos y placer físico que tanto les gustaba. Tanto era así que Taichi no había reparado en que su hermanita apenas llevaba puesta una camiseta y las braguitas, sin más. Era una situación injusta, por lo que optó por deshacerse de su propio pantalón. A través de la tela del boxer era más notable que aquella situación le volvía loco.

—¿Has pensado algo para jugar hoy? —preguntó Taichi. Su hermanita, en apariencia inocente, solía proponer juegos eróticos a los que él le encantaba jugar.

—De momento solo en esto… —susurró, poniendo una mano sobre la erección del castaño—. Hace mucho de la última vez… Y luego más…

Quitarse el resto de ropa era perder demasiado tiempo, por lo que optaron por algo más sencillo. Sobre el propio mueble, ella apartó la tela que cubría su intimidad para dejar paso al pene de Taichi, quien sólo había estirado hacia abajo de la tela de su última prenda. Recordó lo más importante, y abrió el cajón velozmente para sacar un condón. Se lo puso con cierta prisa, pero pronto estuvo perfecto para alinearse con el sexo de Hikari, quien suspiró al volver a entrar en contacto con su hermano. Lo echaba de menos.

Aquel mueble ya era un sitio habitual para ellos, por lo que Hikari sabía que lo mejor ahí era quedarse quieta. Si se movía ella también podrían volcar la cómoda, y no les apetecía que un percance les cortase las ganas. Por eso se limitó a abrazar a Taichi, a seguir disfrutando del sabor de sus labios y de la firmeza de sus embestidas. Adoraba sentirle entrando y saliendo de su cuerpo, a quien se lo había entregado, sin que él lo supiera, en exclusividad, al menos por un tiempo.

Taichi aceleró suavemente el ritmo de sus embestidas. Habían pasado tres días desde la última vez que él se coló en el cuarto de Hikari y ahora sentía que iba a estallar en cualquier momento. Había sentido culpa las primeras veces que habían hecho cosas así, pero saber que ella era la primera que quería que ocurriese le había quitado ese "temor". Sintió unos pocos espasmos.

—Hikari… —gimió.

—No… sabes cómo quiero… que me llames —jadeó ella.

—Mi-Mi amor… —acertó a decir—. Voy a… acabar…

—Acaba… acaba… —gimió ella, que sentía su clímax a puntito de estallar—. Aaaaah…

El castaño no podía contenerse mucho más, y llegó al final con las piernas temblando. Continuó alargando su orgasmo con más embestidas a Hikari, consiguiendo que esta también llegase al final. Cuando se apartó de ella, se quitó con mucha precaución el preservativo.

—Todo bien —suspiró, haciendo un nudo y envolviéndolo en papel. Lo pensó mejor y envolvió también el envoltorio brillante desechado—. ¿Te ha… gustado?

—Siempre me lo preguntas. Y siempre te voy a decir que sí —dijo ella. Taichi dudó de si ahora sonreía más que antes o se lo parecía—. Espero que también te guste esto que hacemos.

—Mucho, pero… hay veces que me da miedo.

—¿Por si nos pillan? —preguntó la chica.

—Bueno, aparte… esto que hacemos es clandestino… y parece que sólo te utilizo para el sexo… —dijo él, sentandose en la cama—. Me encanta lo que hacemos, pero me preocupa si te molesta que no hagamos otra cosa…

—Eso no es cierto —le recordó ella—. Me gustó mucho nuestra excursión de hace dos semanas.

Y es que bajo la inocente excusa de dos hermanos saliendo de excursión, ambos habían tomado el tren a una ciudad donde no conocían a nadie, y por ende, nadie les conocía a ellos. Las actitudes y las muestras de afecto que se habían dado en público no eran las que se hubieran dado dos personas de la misma sangre, pero para ambos había resultado algo muy liberador.

—Ven —dijo entonces ella—. Creo que ya sé cómo puedo ayudarte a relajarte —y le tendió la mano. Taichi la aceptó y siguió a su hermanita.

—¿Hace cuánto no nos bañamos juntos? —preguntó él, mientras la bañera se llenaba y ambos se quitaban la ropa.

—Muchos años. Pensé que podríamos retomar esa costumbre —bromeó Hikari, terminando de desnudarse—. ¿Me lavarás la espalda como buen hermano mayor? —preguntó en un tono que pretendía parecer inocente pero que para nada lo era.

—Por supuesto —respondió él. Había terminado de desvestirse, y no podía disimular que le encantaba ver a Hikari desnuda frente a él. Contempló su cuerpo expuesto lentamente, y dejó que ella hiciera lo mismo. Pero mejor si seguían el juego un poco—. ¿Entramos?

—Sí, está perfecta —dijo ella, tocando el agua.

Se metieron en la bañera, uno en cada extremo al principio. Se sentaron poco a poco, dejando que el agua les mojase toda la piel. Se relajaron por unos momentos, en completo silencio. No hacía falta decir nada. Como tampoco hacía falta que Taichi le pidiera a su hermana que se acercase. Ella giró con mucho cuidado y luego retrocedió hasta que su espalda pudo descansar sobre el cuerpo del castaño.

—Esto me encanta —suspiró ella.

—Si papá y mamá no estuvieran tan a menudo en casa… podríamos hacer esto con más frecuencia —dijo él.

—Tienes que buscarte un piso. Así podría ir a hacerte visitas —bromeó ella.

Desconocían ambos que la pregunta que él quería hacer tenía una respuesta de ella. Taichi anhelaba saber si Hikari pensaba que su "relación" podría ser duradera. Y la respuesta sincera de ella sería "no, pero la quiero disfrutar mientras dure". En lugar de eso, el castaño optó por vengarse de Hikari y ser él quien la excitase a ella, empezando a besuquear su cuello. Sus manos se movieron a por los pechos de la chica, y esta apoyó los brazos en el borde de la bañera para dejarle actuar libremente. Le gustaba mucho.

—Taichi —suspiró—, tócame tanto como quieras… —era más una petición que otra cosa. Y este, aceptando su invitación, dejó que su mano izquierda cayera hasta el sexo de Hirari, estimulándolo muy suavemente—. M-malo…

—¿Y si hago esto? —preguntó él, seductor, introduciendo con suavidad sus dedos en la húmeda cavidad de Hikari. Ella gimió.

—Sigue… un poco más —le pidió. La técnica de Taichi era un poco tosca pero aún así acertaba en cómo darle placer. Se dejó masturbar de aquella forma, aunque su mente estaba un poco más adelante que aquella situación.

—Si tuvieramos gomas aquí podríamos hacerlo otra vez… lo hemos planeado mal…

—No… no hace falta eso… —dijo ella, loca por el placer. No le importaba el riesgo en ese momento—. Podemos hacerlo… un poco… si quieres…

—Es muy arriesgado… incluso sin acabar, podría dejarte…

—¡Tengo la píldora del día después! —gimió ella. No había pensado en usarla en ninguna circunstancia, pero la excitación le urgía emplear esas medidas—. Taichi…

Y en ese momento se sintió suavemente levantada. Con cuidado se dejó caer de nuevo, y sintió por primera vez a su hermano dentro de ella sin la goma de por medio. Suspiró. Sabía que cuanto más se moviera, más peligro supondría. De forma que se incorporó… giró sobre sí misma y volvió a dejarse caer sobre la erección de su hermano. Se dieron un suave beso, ella movió las caderas.

En menos de un segundo se sucedieron un grito, otro grito, una ola de agua de la bañera y un movimiento muy rápido. La señora Yagami había llegado bastante antes de lo previsto, y les había pillado en el acto. Justo en el momento en que ambos se habían unido. Hikari, en un amago de salvar su imagen, se había apartado rápidamente de Taichi, pero ahora ambos sentían su pulso acelerado.

—¡¿Se puede saber qué hacéis?! —preguntó ella, atónita.

—Nos estamos bañando —se apresuró en decir Taichi.

—Hemos hecho esto por ahorrar agua —mintió la chica con bastante naturalidad—. ¿Eso es malo?

—¿Te crees que soy tonta? —preguntó la señora Yagami—. Como vuestro padre se entere… será terrible —continuó, más hablando para ella que para si misma—. Decidme que al menos teníais un condón… —miró a Taichi. Este apartó la mirada sin querer, delatándose—. Ay…

—Mamá, no… no puedes decirle nada —pidió Hikari, que por primera vez parecía asustada. Se había puesto de pie. Taichi no pudo quedarse sin hacer nada. Se levantó y tomó la mano de Hikari. Algo que hubiera tenido más seriedad si ambos no estuvieran desnudos. La señora Yagami se llevó una mano a la cara, con desaprobación.

—No soy tan idiota —comentó. Miró a sus hijos. Ella había empezado a sospechar que algo pasaba entre ellos, pero las señales eran tan sutiles que había optado por tenderles la trampa: ofrecerles la tarde libre y aparecer de improviso. Claro que no contaba con encontrarles teniendo sexo en la bañera—. La verdad, me da bastante envidia… a vuestra edad yo tenía más difícil poder… desahogarme —dijo buscando una palabra suave.

—No vas a contarle nada a papá, ¿verdad? —preguntó Taichi.

—Tranquilos, que no —dijo ella—. Pero si no os importa, me voy a meter en la bañera con vosotros. Hay que ahorrar agua —ironizó.

Hikari gruñó, pero no se negó. Aunque dentro de lo malo no era lo peor que les podía pasar. Sabía que su madre se quería asegurar de que sus juegos cesaran mientras estaba en casa. Y se confirmó cuando, después de quitarse la ropa con total naturalidad, se metió en la bañera entre medias de los dos.

Estuvieron un rato en completo silencio, con el agua caliente acariciando sus cuerpos, Hikari lanzó una mirada triste a su hermano, y luego miró el cuerpo de su madre, que parecía dormida. Le dio algo de envía su busto. El tamaño de sus pechos era mayor que los suyos. Tal vez a Taichi le gustaran más así…

Y no erraba mucho. El castaño no sabía qué le pasaba. Tal vez el hecho de haber roto la barrera con Hikari difuminaba la línea de la ética, pero era indudable que su madre tenía un cuerpo muy bonito. "¿Pero qué estás pensando?", se recriminó. Lo peor de aquella situación era que su erección no desaparecía. Y empezaba a ser molesto.

—Hijo… ¿en serio sigues así? —preguntó Yuuko en ese momento. Obviamente no le había pasado desapercibido que el chico seguía excitado—. No tienes remedio…

—Lo siento —dijo él—. Creo que será mejor si me salgo…

—Yo también —aventuró Hikari. Si por lo menos podían terminar lo que habían empezado la tarde no se habría estropeado del todo. Aunque tuvieran que buscar una nueva ubicación para dar rienda suelta a su amor.

—De eso nada —dijo su madre—. ¿Creéis que no sé lo que vais a hacer? Bah —dijo, negando con la cabeza—. Como si me fuera a servir de algo prohibíroslo… a saber dónde os iríais. Vamos, hija… ve con Taichi.

Ninguno de los dos se lo podía creer. Su madre les estaba animando. Taichi se quedó paralizado, pero para Hikari la ocasión no se podía desperdiciar. Avanzó con cuidado por la bañera, pasó al lado de su madre, y volvía a estar cerca de Taichi. Por alguna razón, que Yuuko estuviera delante era más estimulante incluso. Levantó su cuerpecito y dirigió el pene de Taichi hacia ella. Se dejó caer un poco más rápido de lo que le hubiera gustado, pero tenía demasiadas ganas. Suspiró al volver a sentir a su hermano dentro de ella. Se echó hacia adelante para volver a degustar sus labios.

Para él era un poco más incómoda la situación, ya que desde su posición podía ver perfectamente a Yuuko observando todo lo que hacían. Era incómodo, pero la sensación de Hikari encima de él le nublaba los pensamientos. Sostuvo las caderas de su hermanita mientras esta subía y bajaba.

—Vaya… prefiero no preguntar cuánto lleváis haciendo esto en secreto —comentó Yuuko en un tono pausado—. Veo que a mi hijita le gusta mucho…

—Sí… Taichi… sigue, oniisan… —suspiró ella.

Apenas se inmutó cuando su madre se movió detrás de ella, pero sintió un escalofrío cuando la mujer la envolvió entre sus brazos. Sintió sus manos posarse en sus juveniles pechos. No dijo nada, se concentró en el placer provocado por su hermano… pero la sensación del tacto de su madre era también muy agradable. Debería pedirle que dejara de jugar con sus pezones, pero no podía.

—Hikari… voy a acabar… me vengo… —gruñó Taichi.

—Yo también… oniisan… no aguanto más… —dijo ella. Era cierto que nunca antes había tenido sexo sin protección, pero lo cierto era que le estaba gustando. Y entonces sintió por primera vez a Taichi culminando dentro de ella. Se tuvo que agarrar a él cuando ella misma alcanzó el clímax. Agotada, se apartó de Taichi y descansó sobre los brazos de su madre.

—¿Qué tal, mi pequeña? —preguntó.

—Genial. Taichi es el mejor —respondió ella.

—Bueno… es cierto que parece una máquina… aún sigue muy excitado —dijo Yuuko. Una idea se formaba en su mente—. ¿Crees que aún podrías hacer algo más…?

—Estoy cansada…

—Le pregunto a Taichi… no me lo creo pero… veros en plena acción me ha puesto cachonda…

—Mamá… —el castaño temblaba—. ¿Qué es lo que propones?

—Algo igual de descabellado que hacerlo con tu propia hermana —dijo Yuuko.

Hikari se resignó y se puso en pie. Dejó a su hermano pasar donde estaba ella, y se puso a su espalda. Pegó su cuerpo al de Taichi mientras este se situaba entre las piernas de su madre. Ella no se lo podía creer. Lo había dicho sin pensar que ocurriría. Tal vez lo mejor sería decirle parar… "ya se lo diré luego", pensó mientras sentía la erección de su hijo introduciéndose lentamente dentro de ella.

Cerró las piernas alrededor de sus hijos. Ver a Hikari mirando mientras Taichi la penetraba era muy estimulante. Se dejó hacer por completo, disfrutando de las embestidas de su hijo. Gimió de placer cuando este atacó sus senos con la boca, probando su sabor, aumentando el ritmo de sus acometidas.

—Taichi… vas a hacer que me rompa —gimió Yuuko—, esto es maravilloso…

—Mamá… —gimoteó él— ¿Por qué…?

—No preguntes… sigue, mi pequeño… me gustaaaaah.

Como me lo haces a mi —le susurró la joven en el oído—. Sabes que te gusta…

—Hikari…

—No me importa… acaba cuando lo necesites…

Como si fuera eso lo que necesitaba oír, Taichi aumentó el ritmo de sus acometidas hasta que alcanzó el clímax. Se dejó caer sobre su madre, quien también estaba agotada. El chico no se lo podía creer. Acababa de tener sexo con su propia madre.

—Deberíamos salir de la bañera… —propuso Yuuko pasados unos minutos.

Ninguno de los hermanos había pensado en que aquello iba a continuar. Pero de pronto se vieron en la cama de sus padres. Taichi estaba recibiendo una doble ración de sexo oral. Su madre y su hermana parecían competir por ser quien le diera más placer y él se hallaba en una nube.

—Hikari… ¿me dejas a mi? —preguntó Yuuko a su hija.

—¿A cambio de qué? —preguntó ella, que no parecía dispuesta a renunciar a su hermano, pero en ese momento sintió los dedos de su madre penetrando en su vagina.

Se vio derrotada por la inesperada habilidad de su madre para masturbarla, y de esta forma Yuuko fue capaz de dar placer a sus dos hijos al mismo tiempo, aunque ella era quien más disfrutaba con aquella situación. Hikari se retorcía de placer, pero a Yuuko no le apetecía que Taichi acabase. No así al menos.

Se detuvo y le dio la espalda a su hijo, elevando sus nalgas, completamente ofrecida a él. Se preguntó cuánto tardaría el chico en moverse, pero de pronto sintió su lengua dando placer a su ano. Por segunda vez en la tarde pensó que aquello podría ser excesivo, pero estaba demasiado excitada como para detenerle. Y más al comprobar con qué exquisitez la dilataba. Hikari observaba todo frente a ella, y entonces se le ocurrió una idea. Hundió la cabeza entre las piernas de su hija, probando por primera vez sus salados jugos mientras Taichi introducía su erección entre sus nalgas.

Aquello estaba muy bien. No era para nada brusco, y su erección se movía con facilidad dentro y fuera de su culo mientras ella continuaba dando sexo oral a Hikari. Pero necesitaba otra cosa más… algo que la llevase al orgasmo.

—Taichi… no aguanto más… te quiero dentro…

Obediente, el castaño dejó de penetrar su trasero para volver a deslizar su erección entre los labios vaginales de Yuuko. Esta gimió y gimoteó cosas incomprensibles por estar ocupada con la intimidad de Hikari. Sintió que su hijo se retorcía y se preparó para volver a sentirle eyacular. Se derritió por el placer.

—Eres como tu padre —gimió ella, feliz—. Tenéis la misma técnica…

Taichi estaba muerto de la vergüenza, pero aún le quedaba algo. Hikari se había quedado a medias con el sexo oral, y ahora reposaba de espaldas a él, tumbada sobre su madre, ofreciéndole todo.

No podía contenerse mucho más aquella tarde, así que se situó entre las piernas de Hikari, y la penetró suavemente mientras esta degustaba las tetas de su madre. Eso le gustó a Yuuko. Hikari estaba fuera de sí. No era la tarde que había pensado pero al menos había conseguido su objetivo. Pasar un rato íntimo y profundo con Taichi.

Oniisan… estoy a punto… —le dijo—. Quiero que acabes…

—Voy a acabar… mi amor, voy a acabar… —dijo este, sin darse cuenta de que su madre estaba delante—. Te quiero…

—Y yo a ti —suspiró ella en el momento en que su orgasmomse mezclaba con el de Taichi dentro de su intimidad.

—Sois un par de pervertidos —dijo Yuuko. Habían acordado cesar el sexo, pero aún así sus retoños se estaban dedicando a lamer sus pechos, y ella no iba a prohibirselo. Al menos hasta que salieran de la habitacion.

—Hemos salido a vosotros —respondió la joven—. Una vez hace años os vimos a ti y a papá haciéndolo…

—Bueno, el es mi marido —Yuuko le quitó importancia—. Escucha, Taichi.

—Dime…

—No puedes volver a hacer esto. Eres el mayor —el chico se quedó helado—. No vuelvas a hacerlo con Hikari si no tenéis preservastivos a mano. Sé responsable, ¿vale?

—Mamá…

—No os voy a prohibir nada. Cómo si sirviera de algo —dijo ella, consciente de que sería peor detenerles—. Pero hoy tu hermana y yo vamos a tener que tomar la píldora del día después, y puede provocarnos malestar unos días.

—Sí, mamá. Lo siento, estábamos…

—Enloquecidos, sí. Yo también. Por eso he hecho lo que he hecho. No os voy a volver a interrumpir. Pero si queréis hacerlo de nuevo cuando salga de casa, por favor, avisadme. Y os daré un rato a solas adicional, ¿vale?

—Gracias, mamá.

Yuuko se quedó satisfecha. Era mejor que lo hicieran en casa antes que escaparse a algún descampado a hacerlo en público. Taichi pensó que, tras lo que había pasado, no le importaba mucho si Yuuko se volvía a unir a ellos en alguna ocasión. Pero por el contrario, Hikari quería reservarse a Taichi para ella sola.


¡Hola! Hace ya un tiempo desde el último one-shot que escribí, pero aquí estoy de vuelta. Tenía pendiente desde hacía tiempo publicar esta pequeña secuela de "Sentimientos prohibidos" con los dos hermanos, pero tenía varias ideas anteriores y tampoco me apetecía repetirme mucho con los personajes (ya que además, los que más me habéis pedido, en alguna situación, son Taichi e Hikari :P)

DIGI-FANTASMA-TAIKARI: Hola! Sí, sé que la parte explícita fue un poco corta, pero en esta ocasión me inspiró más escribir algo más suave de esos dos. Hay veces que pasa :/ En compensación este ha tenido sexo desde el principio xD Saludos!

Pronto habrá más lemmons, tengo aún como 4 peticiones en lista... y alguno que se me pueda ocurrir ;) Nos leemos por la comunidad. Lemmon rules!