SEGUNDA PARTE: LA GUERRA

Capítulo 10: El Monte de la Rebelión.

Disclaimmer: La historia de Magic Knight Rayearth 魔法騎士レイアース Mahō Kishi Reiāsu no me pertenece a mí, si no a las geniales CLAMP. Ni sus personajes, mi único fin es el esparcimiento y el entretenimiento por medio de esta obra propia de mi autoría (quería oírme así de seria, jajajaja). Por lo tanto, ya aclarado...¡empecemos!

Han pasado años desde que me uní a la Rebelión. Presea y yo decidimos unirnos a ella con la esperanza de encontrar una verdad aterradora en el Monte Akai. La Orden de Yeajëe guardaba más secretos de los pensados en cuanto a la guerra milenaria. Sin duda nos hallábamos ante un mundo más oscuro del imaginado. El maestro de Clef, "El Ermitaño" me entrenó durante mucho tiempo. Presea decidió renunciar a su nombre Kina y volver a su Orden, pues Nova le hizo una oferta. Aunque ahora tiene demasiado que no veo a ninguna de las dos. Me parece que por orden de Nova, las dos se encuentran en una misión. La infiltración tenía como fin de Nova lograr el apoyo a la Rebelión por parte de la Orden, sin embargo el fin de Presea es totalmente diferente. Sólo tendrá acceso a saber el verdadero papel de la Orden, si vuelve a ella. Ella fue ascendida por Esmeralda a Kina, pero ahora desde que Hikaru es la nueva Kina Marthea, ya no le debe lealtad.

En realidad, dudo mucho que Presea no hubiera deseado conservar su lealtad para Hikaru, de hecho al principio la teníamos, pero ahora yo peleó por dos razones: detener esta absurda guerra y olvidar a Hikaru. Me parece mentira pensar el hecho de a pesar de su crueldad, de su desdén y de su egoísmo yo pueda seguir amándola. Me encuentro luchando con toda mi fuerza para olvidar, pero no me la arranco de mi esencia, a pesar del tiempo. Presea tampoco puede olvidar a Clef pues ella tiene el consuelo de que nuestro estimado amigo no haya caído en la misma trampa de la Kina Marthea, con todo y que ahora sólo su presencia en la Orden de Yeajëe impiden que le ponga el mismo precio a su cabeza que a la mía.

Si, ahora después de Nova, soy el segundo más buscado de Cephiro, pero como me uní a la Rebelión, la gente no nos ha delatado. La crueldad de la Kina Marthea ha vuelto el mundo de Cephiro realmente gris; sin embargo, me niego a creer que sea una crueldad propia, para mí hay cosas más sospechosas de las que se pueden ver a simple vista, pero no deja de ser crueldad para con la gente. El mismo Cephiro ya no respira vida, respira temor. Los bellos Montes de la región se han oscurecido. La flama roja del Monte Akai, agonizaría de no ser por el donativo de curación que hago en secreto del fuego negro. El Monte Aoi, y el Monte Midoriro han perdido su encanto. Las hermosas y cristalinas Aguas de la Serenidad del primero se han vuelto turbias, llenas de criaturas monstruosas, lo cuál ha disminuido el agua que llega a Cephiro. Se tiene que traer de Fahren. La región se ha secado demasiado, los hermosos bosques se han extinguido, el frío es algo demasiado común, pues los vientos del silencio del Monte Midoriro también dejaron de ser apacibles y cálidos. Todo se ha vuelto totalmente gris y lúgubre. De momentos pienso que hubiera pasado si ella no se hubiera vuelto una tirana.

En esos momentos los encontré, los guardias de Cephiro vigilando un enorme cortejo. Seguramente era alguien importante. No se veían tantos guardianes de Cephiro. Me acerqué sigilosamente para ver la situación. Era seguramente una de las guardianas personales de la Kina Marthea, pues ellas también usaban escolta.

Era bastante extraño encontrarlos por las faldas del Monte Akai, pues generalmente la zona es muy peligrosa para ellas. De momento me mantuve en silencio. Sólo se oía el ruido del cortejo, de los animales para montar y de la guardia. Era una misión secreta o al parecer muy importante. Permanecí en silencio, esperando. Los instantes se volvían eternos, y ahora ya no deseaba que mi amigo Kanora, volviese. Los vientos gélidos congelaban cada músculo de mi cuerpo. Esperaba en silencio, todo consumido por la oscuridad de la montaña.

De pronto, el cortejo se detuvo en un claro en dónde una de las siete lunas de Cephiro adornaba la noche. Del carruaje descendió Lafarga. Aunque no lo había visto hace mucho tiempo, aún lo recordaba. Ahora ya no usaba su armadura azul, si no una negra con rojo, y su rostro lucía dos marcas de color rojizo. Ayudó a una mujer a bajar y en ese momento casi me quería ir de boca. Era ella. Podría distinguirla en cualquier parte. Su cuerpo era más esbelto, más largo, y llevaba una enorme capucha de una tela roja. Su vestido era de color rojo sangre y de lana gruesa. Sin duda sabía del frío de la región. Yo me quedé de piedra, podía sentir tantas cosas, pero ese no era el punto en estos momentos.

Ella caminaba con seguridad, arrogancia. Sin duda, de la dulce Hikaru no habían quedado más que cenizas. El fuego tiende a destruir. Ahora era totalmente diferente. Era como las cenizas, una versión maquiavélica de lo que una persona suele ser. No podía ver sus ojos desde aquí, pero dudaba que tuvieran la misma chispa de vida, de alegría, de amor que solían tener por mí, por su gente, por lo que ella amaba. Estaba perdida para siempre.

Bajé con cautela del Monte, yendo con cuidado a través de sus faldas. Era algo verdaderamente sencillo, llevaba toda mi vida entrenado en la discreción, además de que el entrenamiento con el "Ermitaño" de verdad me había servido para mejorar mis habilidades en el momento de combatir. Bajé por las firmes piedras del Monte Akai, tan particulares, que gracias al Fuego Negro habían adquirido una hermosa tonalidad azulada y negra, justa para favorecer el camuflaje, en especial en una de las noches tan oscuras de Cephiro.

Bajaron a una de las persona de un carro cubierto del metal que obtienen de las flores azules de Cephiro. Pocos lo saben, pero ese metal permite contener cualquier tipo de manifestación poderosa. Física o espiritual. Era una especie de forja especial, aunque sólo los encantamientos de Zagato , Clef y la Kina Marthea eran capaces de demostrar una inmunidad. A la fecha, no tenía plena conciencia de si los míos también, pero no era algo necesario para mí saberlo.

Ella se acerco al carro, seguida de Lafarga y sus dos eternas guardianas. Seguían siendo igual de altas que ella, cosa que por absurdo que suene, me hizo sonreír con ternura. De cualquier forma, en ese carro tenían a alguien demasiado poderoso, alguna persona que necesitaba de la especial atención de la Kina Marthea. Un rayo de fuego fue suficiente para abrir el carro. Sus dos guardianas entraron por el prisionero en cuestión. Tenía un largo cabello negro, una figura cubierta por un simple vestido de alguna tela gruesa, sin duda la tela especial para prisioneros. He tenido hombres que han escapado de las prisiones de Cephiro, y esa tela en el cuerpo es demasiado dolorosa, incómoda y dura de toda prenda de vestir que existe. Puede controlarse, y causar la sensación de rayos, de fuego, de hielo, lo que se le ocurra al torturador. Imaginar que la misma Kina Marthea era el torturador, bueno…esa mujer hizo algo de especial mención.

Y al parecer ella pensó lo mismo que yo, puesto que podía ver como la mujer se retorcía por las suaves cenizas del Monte. Mis ojos comenzaron a arder, pude sentir como las flamas me llenaban las manos. Eso era mi furia. Podían hacer cualquier cosa con sus vidas, pero no podían dañar a una inocente, en este Monte. Él mismo reclamaba esto. Podía sentir la furia que se escondía en su lava ardiente. Podría decir que casi era enloquecedora. Iban a matarla, en sus faldas. Iban a MATARLA, por una injusticia.

-Bien, Aska du Fahren, se te acusa en nombre de la Kina Marthea, por una posible conspiración con la rebelión, por insultos a la moral de los Kinas, por renunciar a tu lealtad a tu señora y por ende por tu traición a Cephiro- era la voz de Hikaru, pero sin duda no era la misma forma en que antes hablaba la mujer de la que me había enamorado. Ella era dura, tenebrosa e incluso…lo decía con sorna.-Tu sentencia es la muerte, al menos que desees arrepentirte y yo te perdone la vida.

-Soy fiel a Cephiro, a la única que no soy fiel es la que ahora se dice mi señora-dio un escupitajo al suelo. Nunca pude estar más orgulloso de alguien. Sin duda eso pensaba en el momento en que pude ver como ella se quitaba la capucha. Era como ver a una mujer mucho más hermosa, pero también más aterradora. No quedaba en ella ni un solo rasgo de ternura, de dulzura.

Lanzó un destello de fuego de sus manos, múltiples bolas de fuego llegaban a sus manos. La calcinación total, era la peor forma de morir. Se preparó para lanzar su ataque fulminante, pero en ese momento lancé yo dos bolas de fuego.

-Buenas noches, parece que interrumpí la fiesta a la que no estaba invitado-mi voz también tenía sorna, y pude ver como todos los guardias se ponían en posición de ataque.

-General Lantis Gathanriel, diría que es un gusto verle, pero la Kina Marthea no suele ser mentirosa, y menos con uno de los líderes de la rebelión.

-Ciertamente, podemos esperar que sea una tirana, un ente despiadado y cruel…¿pero mentirosa? Nunca le atribuiríamos semejante cosa a "nuestra" amada gobernante, ¿verdad?-estaba siendo irónico, y lo sabía. Se supone que la vez en que la viera tenía que ser gélido, no sentir que el corazón me volvía loco.

-¿Cómo se atreve un simple expatriado a traicionar a quién le dio techo, y a insultar a la sabia Kina Marthea?-Umi, me parece que se llamaba así, se adelanto, quitándose la capa roja. Era una cabeza más pequeña que yo, pero Lafarga también y si era más alto. Esto sería una batalla demasiado interesante.-Yo, guardiana de la Kina Marthea Hikaru, ordenó su arresto y su inmediata ejecución junto con la de la princesa de Fahren, Aska, por la condena de la calcinación total.

-No es como que quisiera perderme mi ejecución, pero tengo cosas más interesantes que hacer, cómo por ejemplo…evitarla-los guardias se vinieron contra mí, en un momento basto para dejarlos lastimados con el poder del Fuego. Ni siquiera tuve que esforzarme demasiado. Fui por Aska y la coloqué en mis brazos, iba a conjurar a mi caballo, pero en el momento en que trataba de activar a Clefto fui atacado por una bola de fuego. Hikaru. Sólo ella.

-Bien, si el general Gathanriel quiere pelea, la tendrá-dijo ella, se quitó la capa dejando ver su cabellera totalmente roja, y el suave vestido de lágrimas que usaba. Verán, un vestido de lágrimas es una cosa complicada. Es muy suave, pero ofrece una fuerte protección para quién lo usa. Se consigue de una forma difícil de mencionar, pero habla de que la persona tiene un concepto bastante egoísta hacía su persona.

-No, no lo haré-aunque ella fuera la persona más cruel de la creación, aunque estuviera a punto de matarme, aún así nunca lo haría. Nunca le haría daño. Una bola de fuego impacto sobre mi cuello, en la suave cadena que prometí usar por orden suya, antes de irme. Eso era todo lo que tenía de su anterior forma de ser. Ni a ella iba a permitirle quitarme ese recuerdo. Mis ojos se abrieron, el panorama se veía totalmente más claro, Clefto fue conjurada, y lancé un feroz ataque de Fuego Negro, rodeándonos. Su guardia estaba totalmente pasmada. Sin duda habían escuchado hablar del poder de éste. Sólo una persona tenía acceso a él. Nuestro señor Axul, al que ellos llamaban traidor.

-Es imposible…-fue lo único que salió de sus labios.

-Bueno, su alteza, ahora nos vamos entendiendo-pateé un poco de la ceniza que nos rodeaba, lancé un rayo y miles de pedazos de fuego volaron sobre los cuerpos de la guardia de ella. Todo comenzó a arder, a llenarse de polvo, pero ahí estábamos, sólo ella y yo. Me acerqué a ella, la tuve frente a frente, la tomé entre mis brazos aunque ella me veía con rencor y cubiertos por ese fuego, la besé. No era el beso de un amante, era el beso de una persona con el corazón herido, con el rencor guardado. Podía sentir que ella me correspondía, levante su cabeza, suavemente, con la intención de que se quedara conmigo. Pero después reaccione. Ella era cruel, dura e iba a matarme. En ese momento retrocedí justo a tiempo, de recibir una bola de fuego fulminante en el corazón.

Sus ojos me miraban con ira, y no dudo que los míos la vieran igual. Escuché unos débiles gemidos y toses, entonces me percate de Aska. La había encerrado junto conmigo. Teníamos que escapar. Lancé un ataque de fuego para distraerla, y corrí hacía Aska. Estaba perdiendo aire, cubierta de ceniza y pálida. Sin pensarlo, le di un poco de aire boca a boca, lo suficiente para asegurarme de que su cuerpo lo recibiera. Me alegré en el momento en que ella abrió los ojos.

-General Lantis, ha pasado demasiado tiempo…me alegro tanto…

-Ya, ya todo estará bien-ella asintió, y se quedó desmayada en mis brazos. Yo la acuné suavemente y la levante. –Resight, apear…-y mi caballo apareció. Ahora podíamos huir.

O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O

Me siento totalmente calmada, de hecho estoy tomando el té tranquilamente con mis padres y mis hermanos. Estoy sentada, con un hermoso kimono de seda roja. Me encanta estar con ellos y escuchar el suave susurro del agua. Me siento tan feliz aquí, sin nada para perturbarme.

Sin embargo, una imagen en el agua empieza a llamarme la atención. Yo reconocería esa cara en cualquier parte, mi corazón late a toda velocidad. Es Lantis, se ve tan sereno, tan serio, como siempre. Mi cuerpo quiere alcanzarlo, mis manos tocan la superficie del lago para poder sentirlo. Quiero tenerlo cerca de mí, abrazarlo y decirle que lo amo. No recuerdo siquiera por que no puedo estar a su lado. Sólo puedo recordarlo a él. Al tocar el agua, la imagen cambia, y una voz llena mi cabeza.

-Él es el dueño de tu corazón, de tu alma, de tu cuerpo…sin embargo, no te ama. ¿Quién podría amar a una niña cómo tú? Él escogió a Aska, no a ti. A ti te odia, te ataca, te desprecia. No eres nada.

-No te creo, él me ligeras lágrimas aparecieron en mis ojos. No podía hacer caso, no de nuevo.

-Obsérvalo tú misma-Una imagen se proyecto. Aska estaba hermosa, radiante, y él la beso. Durante mucho tiempo. Se veía realmente enamorado de ella. Y observé como veía a alguien con odio, mientras la llevaba en sus brazos. Era a mí, incluso me atacó con bolas de fuego, mientras yo le imploraba por perdón, por que volviera a mi lado, llorando. Él parecía incluso reír.-¿Lo ves? Odia, odia al hombre que ha lastimado tu corazón.

Me sentía a punto de morir, todo en mi cuerpo había estallado en miles de pedazos, pero algo evito que yo volviera a sentir la furia y el temor. Una sensación tan cálida llegó desde mis labios a mis pedazos. No fue suficiente, pero por lo menos evito que yo muriera…de nuevo.

O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O

Me ha costado demasiado trabajo llegar a la zona de nuestra base secreta. Llevar a Aska no ha sido sencillo, pero me dio algo para pensar, por lo menos que no fuera el beso de desesperación que le di a Hikaru. Mi boca todavía vibraba, se sentía tibia a pesar del frío de la noche. La princesa estaba muy mal, sin duda la tortura había sido terrible. El vestido tuve que calcinarlo y ponerle mi capa de hilos hechos de las suaves hebras de los caballos plateados. Era una prenda muy lujosa, propia de la realeza de Azulian. De vez en cuando podía abandonar Cephiro para ir a nuestra guarida. Claro, eran cosas que no hacía en presencia de nadie, pues estaba atado por un secreto mágico que me mataría si revelara la ubicación. Yo mismo estuve de acuerdo con Zagato en que me pusiera ese sortilegio. Amo a mi tierra, amo a la suave tierra azul, a las dulces y tranquilas aguas de mi planeta, a los volcanes con su particular fuego púrpura y azulado, a los cielos, a todo lo que la forma. Hemos estado en la guerra durante mil años, pero ese escondite nos ha dado lo mismo que en su momento le dio nuestra amada Axulian a nuestro señor Axedrien, su tranquilidad y vida por un lugar feliz.

Estaba lloviendo cuando llegamos. El clima de Cephiro es todo menos agradable desde que Hikaru dejó de poseer dulzura y paz en su corazón. No hay un solo día en que no haya un tornado, una tormenta de luz, un terrible terremoto o un ataque furioso de la lluvia. Al parecer no podemos escaparnos de nuestros destinos, y es en esos momentos en los cuáles suelo preguntarme sobre el tormento de Hikaru, los secretos más oscuros escondidos en ella. Sé lo suficiente de Cephiro como para saber que depende de la voluntad de su Kina Marthea, del equilibrio entre su corazón y mente. Desgraciadamente no tiene ninguna de las dos. Pasó a dejar a Aska en la enfermería al cuidado de Bugga, en dónde espero esté en buenas manos. Por suerte, ella la recibe con el mismo candor de siempre, con la suavidad de sus manos expertas y ancianas, y sus suaves ojos grises. Me dice que no me preocupe por nada y me deja en paz.

Entro a las cuevas. Ya me esperan Geo y sorprendentemente, una Nova muy sonriente.

-Es un milagro verlo, General Gathanriel, su fama llega demasiado lejos, hasta me siento importante de tener el privilegio de sostener una conversación civilizada-Nova disfruta de tomarme el pelo, aún se me hace increíble que ella fuera la jovencita capaz de apuntarme un arma al cuello. Ese combate me costó demasiado ganarlo, en especial por su velocidad y tenacidad. Ahora llevaba su acostumbrado uniforme de la Orden de Yeajeë, de ligeras escamas de una de las criaturas volantes de Cephiro. Es suave, flexible y de un eterno color negro. Su cabello rosa se extendía a sus pies, enorme, contrastando con su armadura negra. Al parecer se había quitado la protección del cuerpo, pues sólo llevaba esto, sus botas y su cinto dónde descansaban sus dos estelas luminosas, capaces de dañar a un ser humano y cosas más duras.

-Déjalo pequeña, ahora dime ¿qué hace la mejor rebelde de Cephiro en la base? ¿Quién se encarga de las tierras de la zona de Midoriro?

-Se encarga otra unidad, según me parece de nuevo tuvimos actividad con la perra de Fuu. Me parece increíble que esas mujeres hayan creado un nuevo impuesto-ella detestaba a Hikaru y a sus amigas. No era para menos, habían causado muchas bajas en sus ejércitos anteriores. En realidad, yo no las detestaba, deseaba rebanarles el cuello, pero en realidad soy pacífico.

-Y ahora ¿por qué fue? Dime que no fue tan absurdo como el pasado-en estos momentos los Kinas habían caído en un estado total de explotación a los cephirianos. El de la semana pasada era por el derecho a que los Kinas los gobernaran. Una verdadera tontería.

-Fue peor. Ahora deben pagar para el arresto de los rebeldes-ella se río. Sin duda, sabíamos que no muchos pagarían ese impuesto. A lo máximo lo harían los Kinas, pero la población en general se siente comprendida por los rebeldes.-Me pregunto cuantos ciudadanos de Cephiro se mueren por capturarnos.

-Pues al menos que tu ejército haya causado estragos en Cephyro, yo diría que muy pocos-sonreí con sorna. En realidad me pregunto en que piensa Hikaru cuando ordena esta clase de cosas, o en primer lugar si piensa cuando lo hace. Me parece que no. Los impuestos en verdad son necesarios, dependes de ellos para conseguir lo que buscas, pero cobrar a una población por cosas sin sentido, eso sólo lo hacen quienes han perdido el sentido de la inteligencia.-Y conociéndote has manifestado lo feliz que te puso la novedad ¿verdad?

-Apenas tres vueltas de las siete lunas de Cephiro y ya me conoces como la palma de tu mano. Eres alguien de temer, Gathanriel-se carcajeó ella.-Si, digamos que la guardia Kina de Midoriro está reclutando nuevos miembros para reponer a los perdidos…¿no quieres presentar tu candidatura? Manejas la espada como si fuera una banderola y lanzas lucecitas, pero eres el único hombre que me ha vencido siempre en combate.

-Sabía que mi historial me ayudaría a entrar a la guardia Kina, pero…creo que no soy demasiado bueno para ellos- a continuación nos comenzamos a carcajear, pero me detuve ante la visión que nunca esperaba encontrarme en ese lugar…Tatra y Tarta, su hermana gemela que se me veían con intensidad.-Tatra…

-¡Lantis!-ella corrió a abrazarme, causando la curiosidad de Nova, incluso puedo decir que un destello extraño se mostraba en sus ojos rosáceos. Se quedó en silencio.-¡Cuánto tiempo ha pasado, querido Lantis!

-Demasiado pequeña, demasiado-sonreí mientras correspondía a su abrazo. Tenía mucho tiempo que no la veía. Incluso a su novio y mi mejor amigo, Eagle no lo veía desde hace mucho y lo extrañaba demasiado. Todos ellos dejados en mi vida anterior como Príncipe Menor y Comandante de las Fuerzas de Azulian.-Los he extrañado demasiado a todos, a Clío, a mi hermano, a…Ea…mi mejor amigo-se supone que estoy desterrado por Eagle, a la fecha sólo Clef sabe de mi secreto. Sé que lo ha mantenido oculto, pues de lo contrario sería hombre muerto a estas alturas, además espero que a él no lo haya envuelto la misma maldad que al resto de los Kinas. Él es un Axul, nosotros no nos dejaríamos envolver tan fácil.

-Han pasado tantas cosas Lantis, si pudiera empezar por algo…

-Podrían empezar por ejemplo, por decirme ¿quiénes son y qué hacen en el campamento de la Rebelión Cephiriana?-Nova interrumpió con su voz de capitán a nuestro encuentro. Típico de ella.

-Son Tatra y Tarta de Chizeta, la región de la neutralidad- Nova baja la defensa y sonríe, aunque mira con una expresión extraña a Tatra. Les saluda a la forma Cephiriana con reserva, da una orden a uno de los soldados que pasan por ahí, y le pide que las deje en una habitación cómoda. Tatra se despide abrazándome, para decirme un mensaje: Necesita verme, tenemos cosas que hablar. En cuanto se va, Nova me ve y parece un poco enfurruñada, pero se controla.

-Amigos de Chizeta…eso es algo inesperado, y nada menos que las princesas de la Zona Neutral-ella permanece con cierto rictus en la boca.- ¿No les cuesta mantenerse neutros por la guerra? No han hecho nada por Cephiro ni por Autozam. Aunque no me sorprende que no te enfade, después de todo, tú no le eres leal ya a la tierra que te vio nacer.

-Pues en realidad, me tiene sin cuidado lo que pase en Autozam. Cephiro es mi nueva patria, y con ella está mi lealtad-me preocupa Autozam, es nuestro apoyo, pero también me preocupa Cephiro. Suena demasiado tonto pero le tengo un cariño muy especial por ser la tierra de ella. La sigo amando, aunque sé que no debería, sin embargo no puedo decírselo a la mujer que tengo enfrente de mí. Ella nunca lo comprendería. –Tengo que arreglar unas cosas con Geo y asegurarme de la llegada de Mistra a dónde le mande.

-Lantis…-ella me tomó de la capa, y su voz era a duras penas un delicado susurro. Costaba creer que la misma persona hubiera usado hace unos momentos una voz totalmente autoritaria.-Me alegro mucho de verte.

-También yo, pequeña Nova- y me di la vuelta.

-No jefecito, las reparaciones no se hacen así por que sí. Tengo que conseguir unas piezas, además de sobornar a medio mundo para las más pesadas. Por no mencionar lo complicado del conjuro, y encima de eso, tengo que buscar si encaja la joya en cuestión, por cierto esto no es Escudo, puedo sentirlo. Es igual de bueno, palpa con la misma vida, pero no es Escudo-el pequeño Kaie, me veía con sus enormes ojos verdes y pecas. Era demasiado pequeño, pero irradiaba una inteligencia sorprendente. Era el mejor arreglando cosas. Geo lo había traído en lo que conseguía a un mecánico más grande. Confiábamos en Kaie, pero él tenía que dormir la siesta al oscurecer.

-Bueno Kaie, quería mejorar lo inmejorable. Clefto es genial sin necesidad de ninguna mejora-sonreí al pequeño, le di una palmada sobre la cabeza, revolví su cabello castaño entre mis dedos, y suspiré ¿dónde demonios iba a conseguir Paya?

-Ni yo mismo entendí por que querías mejorar lo que yo considero la mejor espada de Cephiro, mira que tu espada no le pide nada ni a la espada de la mismísima Kina Marthea-sonrió el pequeño, mostrándome la ausencia de uno de sus dientes.

-Siempre se puede ser mejor Kaie, eso aplica hasta cuando eres el mejor-sonreí, y le dije que buscará a Geo. Era increíble ver a un equipo tan disparejo. Geo era altísimo, a diferencia de Kaie, era musculoso, Kaie era delgaducho, casi enclenque, su cabellera era negro intenso como sus ojos, Kaie tenía un cabello platino, con ojos rojo intenso, pero con todo eran el equipo mejor coordinado de mecánicos que pude haber pedido. Se complementaban como ninguno, quizá faltaba Sazu, pero él todavía estaba en búsqueda de la autorización de Eagle para venir. Al padre de Eagle le convenía que los mejores hombres de Autozam apoyaran a la rebelión, pues ésta sin duda debilitaría a Cephiro, haciéndolo por fin un objetivo sencillo de vencer. Por eso Geo y Kaie habían obtenido la autorización y yo, les había introducido en este mundo. La defensa de Cephiro fallaba mucho desde que Clef estaba en depresión, Ferio siguiendo los mandatos locos de Fuu y los cephirianos habían perdido la fe de su gobernante, por lo cuál ni siquiera costó trabajo alguno introducirlos.

Geo apareció, era uno de los únicos hombres que tenía que ver con la cabeza hacia arriba. Un increíble hombre, incluso capaz de darme miedo, con gran bondad…y pasión por lo dulce.

-Bueno Lantis, me parece que este mocoso dijo que querías verme-sonrió y le agito los cabellos a un divertido Kaie. Él idolatraba a Geo Metro.-¿Para qué me necesita el General Gathanriel?

-Llegó Tatra y su hermana-mi rostro era bastante serio. Sabíamos él y yo que eso era extraño. Generalmente Tatra nunca abandonaba a Eagle. Estábamos en problemas.

-Sin duda en este país destaca demasiado-él comento con seriedad. Toda la alegría se había esfumado.

-Demasiado, es casi como un rayo de sol en medio de la oscuridad.

-Supongo que pidió hablar contigo ¿no?-fue todo lo preguntado por Geo. Él sabía demasiado bien, como yo, que me había venido a buscar por una razón bastante interesante.

-No quiero adelantarme, pero igual necesito que me acompañes. Nos concierne a los dos.

-Ve a checar al nuevo robot que estamos arreglando Kaie, me parece que esos ineptos cephirianos ni siquiera saben que es una llave de energía concentrada-Kaie corrió a obedecer la orden de Geo, y apenas vimos al pequeño lo suficientemente lejos, nos dirigimos a dónde habían ubicado a Tatra. Como invitadas mías, sin duda tendrían que estar en la misma sala dónde estaban mis aposentos de descanso. Le pregunté a un soldado dónde estaban las invitadas mías, y nos dirigimos a la amplia habitación.

No era tan decorada como ellas la habían dejado, ahora todo el ambiente la habitación tenía alfombras, un suave aroma a jazmines, que me hizo en su momento querer a Tatra, cojines de delicada seda, y una suave música de fondo.

-Me siento como en las habitaciones del palacio de Chizeta-el primero en romper el silencio fue Geo. Siempre era demasiado extrovertido. Igual que Eagle, igual que Zagato, contrario a mí.

-Esa es la idea-Tatra nos recibió con una sonrisa. Llevaba un suave vestido de color amarillo. Siempre fue su color preferido.-Que gusto verte, mi querido Geo.

-Siempre es un placer para mí, Tatra. Me encanta verte, siempre te veo más guapa- él le tenía una gran lealtad a la novia de su teniente y amigo.

-Lantis, ¿no vas a preguntar a que venimos?- Tarta, la menor siempre fue más directa, menos dulce y más decidida. Era tan parecida a Tatra como una gota de agua y tan diferente como un copo de nieve.

-Supongo que me conoces Tarta, no me gusta perder el tiempo-sonreí y me dejé caer en uno de los cojines, después de pedirle permiso a ambas. Estaba demasiado cansado.

-Bien, Chizeta ha decidido apoyar a la rebelión. No podemos permitir que la Kina Marthea anulé el pacto de protección a los cephirianos. Está atentando contra la neutralidad, y parece que eso era lo deseado por ella. Incluso parece un intento de autodestrucción. No puedo creer que haga los actos justos para voltear la lealtad de su pueblo. Sabemos que intentó asesinar a la princesa Aska de Fahren, y eso no es normal. Además…espera, necesitamos un sortilegio del silencio-Tatra y yo nos incorporamos y lanzamos un rayo dorado y morado, que se mezcló para causar nuestro aislamiento en un dimensión totalmente ajena. Nos sentamos y dejamos que Tarta siguiera.-¿Has hablado con Zagato recientemente?

-Hace relativamente poco, ¿por qué?-pregunté con curiosidad.

-¿No has notado algo extraño en el señor Axul?-preguntó Tatra con interés. Ella quería mucho a mi hermano, por eso no me sorprendía como ella se había dado cuenta de la extraña actitud de mi hermano. Él aseguraba estar cansado, pero yo sabía la diferencia. Algo raro y extraño estaba pasando con él.

-Si, pero él se lo atribuye a su cansancio, dice que la guerra le está costando demasiado trabajo-sonreí, pero en realidad no era algo alegre. No me gustaba.

-Pues bien, sabemos por Clío que Zagato tiene a una persona escondida en el palacio Axul-respondió Tatra, a lo cuál me dejó pasmado.-Sabemos que Alcyone ya no duerme con él, y Caldina dice que la misma Alcyone le confesó esto con lágrimas.

-Eso es bastante raro de Zagato. Aunque nunca tomó en serio a Alcyone, siempre dormía con ella una o dos noches- reflexionó Tatra. No me había dado cuenta de los cambios de cama de mi hermano. No les daba importancia, pero su conducta era demasiado sospechosa.

-Hablando de camas, Lantis…¿qué asunto traes…con la chica que preguntó sobre nosotras?-Tarta siempre era demasiado directa, pero era extraño pensar en algo que nos involucrara a Nova y a mí.

-¿Con Nova? Ninguno, somos amigos y ella me ofreció un sitio como elemento de la Rebelión, pero fuera de eso…nada ¿paso algo?-mi amiga era observadora, pero me sorprendió su pregunta.-Yo…amo a alguien más-y la había visto hoy después de tres ciclos lunares, le había besado y ella me quería matar. Sublime.

-Lantis, ¿sufres por ella, verdad?-Tatra se acercó a mí, y me abrazó. Siempre fue demasiado dulce.

-Demasiado pequeña, demasiado-sonreí sin alegría, y le correspondí a su abrazo.-Pero fue culpa mía, por enamorarme de quién no debía, pequeña. Yo lo sabía y aún así no hice nada para detenerlo. Creo, siempre amé a lo imposible. No podías ser experto en armas y mago, y fui las dos, no podías ser un Kailu, y yo soy el único Kailu existente, no podíamos pisar Cephiro, yo fui el primero en pisarlo, que no podías amar a la Kina Marthea, y yo la amo.

Mis amigos se quedaron en silencio. Nadie dijo nada, incluso la música paro. Todo era demasiado silencioso, pero por fin lo había admitido y me sentía demasiado tranquilo.

-Lantis de acuerdo, Eagle dijo que estabas loco, pero ahora veo que estás demente ¿la Kina Marthea? ¿La misma tirana que ahora quieres destruir?-Geo fue el primero en romper el incómodo silencio.

-No siempre fue la mujer que es ahora, antes era totalmente diferente, pero ahora...tengo que terminar con ella, para volver a recuperar la paz de esta tierra y de la nuestra. La guerra de mil años podría terminarse si supieran todos la verdad. Aunque dudo que la verdad pueda arrancar mil años de rencores, de rechazos, de muertes. Tan sólo tenemos que descubrirla completa para buscar quizá algo más que la guerra de mil años.

-¿De qué verdad hablas Lantis?-preguntó Tatra sin comprender.

-Hablo Tatra, de lo que pasó realmente con Marthea y con Axedrien.

Notas de Ady: Parecía que no volvería a escribir de nuevo algo en Fuego Negro, pero cierto es que la inspiración me volvió. La historia tomó un giro, pero espero sea comprensible. Se aceptan lechugas y jitomates para mi ensalada, o critica constructiva, NO DESTRUCTIVA. No sé cuando escriba el otro capítulo, pero por lo mientras agradezco a todos sus Reviews, sus Favorites y espero actualizar con más prontitud. Los quiero.