Gracias, gracias a todos por tomarse la molestia de dejar un review. Bueno, ya se que todos se mueren por saber mas sobre que pasara después del mega desastre de la fiesta. Aquí se los dejo y felices fiestas a todos!

Resumen: Bella, una joven, retraída, estudiosa que toda su vida la ha pasado

entre libros, se enfrenta al reto más importante y dramático de su vida. El sexy y engreído jugador del campus, Edward Cullen.

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, son creación de la maravillosa mente de Stephenie Meyer

Capitulo diez: La Canción

Mi distracción se convirtió en mi principal prioridad a partir de mi despertar. Me relajé en un buen baño tibio para toparme con que habíamos hecho bien en separarnos pues en el instante e el que salía del baño oí cada una de las puertas abrirse y cerrarse y un desfile de buenos días ser ventilado. Todos tomaron una tarea en la preparación del día de gracias. Unos preparaban la mesa, otros decoraban y otros limpiaban. Yo en lo personal pase el día ayudando en cada platillo a Esme, tratando de prolongar lo que no debía prolongarse.

En todo el día no me tope más de un segundo con Edward. Ni que quisiera yo porque, al fin y al cabo, no sabía que decirle o que hacer. No sabia como enfrentarle y, muchísimo menos en aquel momento cuando todo el odio que podía sentir por el había desaparecido.

Pensé muchísimo en lo gracioso que era el destino. Yo había jurado nunca perdonarle, nunca dejar que se me acercara. Lo había llamado por todos los insultos existentes mientras lo sentía cerca. Pero no, no la noche anterior cuando me había cargado dulcemente en los brazos, cuando me había acunado en su regazo y no me había dejado sola.

Recordé sus lágrimas tibias contra mí. Su roce amable y tierno y el fervor y la dedicación con la que había intentado arrancarme todos mis miedos. Todo, absolutamente todo lo bondadoso y tierno que el podía ser. Por eso ya entendía porque tanto éxito con las mujeres. Porque caían tan fácil mente.

Mientras pensaba, suspiraba. ¿De donde salen esos subiros? Pensé mientras me cambiaba en el vestido que Alice y Rose habían sacado para mi. Sentía como, ante cada uno de mis pensamientos recurrentes fluctuaban hacia el. Como si se hubiese convertido en el objeto de mis memorias.

Termine mi arreglo personal pronto, dándole gracias al cielo por la presencia de Emmett y Jasper. Gracias a ellos, no tendría a Rose y a Alice acosándome con su tan ansiada sección de maquillaje.

El vestido que habían escogido para mi era de una negro simple hasta las rodillas. Hacia combinación con un par de zapatos sin tacón plateados y cerrados. No le hacia falta nada pero, al parecer, los demás no pensaban lo mismo que yo.

Cuando me disponía a salir de la habitación, me encontré con una pequeña caja negra de roce muy suave. Me pregunte a quien podía pertenecer y lo abrí. Adentro había un hermoso par de pendientes plateados muy brillantes y delicados. Eran especiales, tanto, que, sin saber su procedencia, me hacían llorar.

Junto a ellos encontré una nota con la pulcra y estilizada letra de Edward.

Hermosísima Isabella:

Mama no me perdonaría si no te los doy, de hecho, son de ella o mejor dicho, eran. Tanto como mi familia como yo consideramos que en ti serian el par de pendientes mas hermosos que se han visto. Espero que te gusten esperamos que te gusten preciosa Bella.

Edward Cullen.

Eran bellos sin duda, pero no eran diseñados para mí. No quería tenerlos. Consideraba que ese regalo no me iba, yo no era parte de esa familia y no tenia porque tenerlos. Pero en el transcurso de las horas, y a razón que todos los Cullen eran igual de testarudos, decidí seguirles el juego y ponérmelos para luego abandonar mi habitación.

Baje las escaleras hasta llegar a la planta baja. La casa estaba decorado muy hermosa, obra de Esme y Alice sin duda. Estaba bien iluminada con luz calida y dorada. Las flores cubrían cada superficie que no tuviese una función o estuviese ocupada. Pero lo mejor era el delicioso olor de flores diversas, algunas que jamás había visto y otras agradablemente conocidas.

Cerré los ojos grabándome aquella fragancia. Mientras disfrutaba de aquellos olores, una dulce melodía emano en la habitación y entonces abrí los ojos. Busque y busque la procedencia de aquella música de Ángeles y pare la búsqueda en el preciso instante que vi uno sentado en el piano de la casa, en una esquina muy alejada.

Me fui acercando con mucha calma pues temía interrumpir su concentración. Su rostro se veía sereno y sus ojos permanecían cerrados. Su expresión era de una increíble paz y contemplándole comencé a preguntarme como podía, como había adquirido tal magnitud de conocimiento como para lograr tocar los ojos cerrados.

En aquel momento, Edward me parecía la criatura mas hermosa que jamás había visto en mis veinte años. No perecía, en lo absoluto, el Edward Cullen que aparentaba ante la banda de idiotas de sus amigos. Parecía casi un niño soñando.

La melodía alcanzo un punto en el que podías sentir las emociones del que la había escrito en tu piel. Dolor, angustia, pena y un amor y ternura inmensurables. Era casi como la acción de añorar algo hermoso, algo delicado, algo que amas con todo tu ser.

Lo observaba y mientras lo hacia las notas musicales actuaban sobre mi. Sentía un débil llanto salir de mis ojos. Pero no un llanto de angustia, sino, aquel llanto que sientes cuando presencias algo majestuoso. Aquel llanto que tienen las personas que aman. Tanta fue la emoción que cerré también mis ojos y no fue hasta que el silencio nos envolvió que mis ojos se abrieron completamente, dejando mis lagrimas humedecidas y una vista borrosa.

Ya, justo enfrente de mi, estaba Edward, hermosamente vestido y con un rostro sonriente.

-Ya veo que descubriste mi secreto.-bromeo.

Tuve que hacer un esfuerzo fuera de mí por hablar. Me seque las lagrimas y le respondí.

-Tocas hermoso Edward. Es la canción más bella que jamás he escuchado. Es incluso mas hermosa que Claro de Luna.-le comente.

-Vaya, vaya, me sorprende que digas eso. Pero no creo que esto este a la altura de Claude Debussy, Bella.-

-Por supuesto que lo esta. Es hermosa. Cuando la oyes puedes sentir las emociones en el aire. Hasta me hizo llorar, como pudiste ver.-le dije.

-¿Así que te gusta?-pregunto de repente algo tenso.

-Me encanta. ¿Quién es el autor Edward?-le pregunte mientras lo miraba a los ojos.

-Yo.-respondió con voz algo avergonzada.

-¿Tú escribiste esto?-

-Si.-

-¿Cuándo?-le pregunte, la sorpresa no me cabía en el cuerpo.

-Hace unos meses.-

-¿Tiene nombre?-

-Si. Pero no te lo voy a decir, no aun.-me aseguro y añadió.-Tal vez algún día, cuando estés preparada.-

-Edward, no deberías avergonzarte. Lo que haces con el piano es un don que tienes. ¿Dónde aprendiste a tocar?-

-Mi madre me enseño cuando era chico, también a mi hermana Rosalie pero ella no le gusta tanto como a mí.-

-Dudo mucho que alguien le guste la música de la manera y la magnitud que a ti te gusta.-le asegure.

-Sabes, esa es la primera canción que escribo desde que Salí de la escuela.-comento.

-¿Por qué si tienes tanto talento?-pregunte mientras el bajaba la mirada.

-Bella, ¿todavía te preguntas porque? Ni siquiera había venido a casa en más de dos años. Todo por se el idiota en el que me convertí. Hasta le di la espalda a mis padres. Casi no me veían, a menos que fueran hasta la universidad. Descuide la música, lo descuide todo.-me dijo y mientras lo hacia se colocaba despaldas a mi.

-Edward, lo que cuenta es que volviste. Además, ya nada puedes hacer con eso. ¿Por qué mejor no tocas otras canción?-sugerí.

-Tal vez más tarde Bella. Creo que seria mejor ayudar con la cena. Pero te prometo que lo haré.-

-Esta bien.-accedí.

Y, cuando me disponía a caminar hacia la cocina, sentí la mano de Edward tomar la mía y una paz interior me envolvió. Ni siquiera me moleste en quitarla porque sentía, que, de alguna manera, era allí donde debía estar.

Su roce se sentía como las llamas y la sensación de hormigas en mi cuerpo era inmensa. Me dejaba completamente absorta. Tanto así que nunca sentí las miradas inquisitivas de Esme, Carlisle, Rose y Alice en cuanto llegamos a la cocina. Pero Edward, sintiendo las suyas al contrario de mí, aparto su mano en el preciso instante que mis mejillas comenzaban a encenderse de un rojo intenso.

-Bella estas hermosa. Esos pendientes te quedan muy bien.-comento Carlisle y tuve la leve impresión que solo deseaba romper el incomodo silencio.

-Yo le dije a mama que te verías bien con ellos.-añadió Alice.

-Este…gracias por esto pero no tenían que molestarse.-

-Tonterías, claro que teníamos. Además eran miso y yo quería que los tuvieras. Carlisle me los regalo cuando Edward nació y me pareció conveniente que los usaras.-dijo y por alguna razón, sentí que aquella aseveración tenía un doble significado que, supuse, no saldría al tema así que lo ignore.

-Bueno, bueno, vamos a cenar que yo tengo hambre.-comento Emmett desde el comedor todos comenzamos a reír.

Poco a poco y entre todos logramos llevar los artículos y los alimentos a la gran mesa de comedor. Todos tomaron asiento en lo que parecía ser su lugar habitual. Todos menos yo.

Me quede mirando para ver que, seguramente con toda la intención del mundo, había sido colocada justo afrente de Edward a pesar de haber mas sillas disponibles. ¿Seria aquello un plan de la mente de aquellos aparentemente inocentes Cullen? No podía saberlo.

Tampoco podía imaginarme el sentido de unidad que compartían cada uno de los Cullen en la cena. Eran una familia muy unida y en un amplio margen. Reían y se contaban anécdotas pasadas, hasta mantuvieron unas cuantas discusiones.

-Págame Edward.-decía Emmett.

-Hay ya, esta bien, toma tu maldito dinero.-

-En serio chicos esta es la última vez que juego con ustedes si siguen haciendo trampas.-anuncio Esme.

-Pero si fue un juego limpio mama.-

-Limpio es el jardín y tiene tierra.-comento sarcásticamente.

-Bueno, yo me voy a dormir.-anuncio Alice.-Y creo que deberían hacer lo mismo, ya son las dos de la mañana y se nos ha ido el tiempo en juegos. Buenas noches.-dijo poniéndose de pie y todos la imitamos.

Subimos en silencio hasta el pasillo en donde un conjunto de buenas noches y despedidas, en conjunto con ruido de puertas se escucho. Solamente me que allí parada una fracción de segundo para recibir mi tan esperado Buenas Noches.

-Bunas Noches, Bella.-

Buenas noches, Edward.-y tras eso me metí a mi habitación

Fue un día de gracias muy especial, mas que ninguno que hubiese podido pasar con mi familia. Carlisle y Esme eran excelentes anfitriones, hasta participaron en nuestros jugos de después de cenar mientras comidamos helado de postre. En resumen, no solo fue un gran día, sino un excelente fin de semana también.

En el restante de los días que pase allí hicimos muchas cosas. Hasta jugamos partidos de fútbol. Los equipos eran siempre eran los mismo, en el caso de jugar mixto. Siempre éramos Esme, Alice, Jasper y yo en un equipo mientras que en el otro estaban los demás, Emmett, Edward, Rosalie y Carlisle. Yo no sabia jugar muy bien por eso esperaba la derrota de mi equipo. Gran error. Aunque Edward, Rosalie y Emmett fueran tan astutos, jamás eran comparación con la habilidad de retener la pelota de Esme quien jugaba como si tuviese la edad de sus hijos. Fue ella la que llevo nuestro equipo lejos de la humillación total y las bromas de Emmett.

Y, ver a Emmett tan molesto por no poder hacer bromas de los demás, valía su peso en oro.

Fue por eso y por todo lo mucho que me había divertido que odie abandonar la casa Cullen el domingo.

Nos encontrábamos en la parte delantera dando nuestras despedidas. La nieve había dejado de caer pero el día aun permanecía muy frió. No sabia si la atmósfera era la que estaba cargada de tristeza o era yo por mis deseos de quedarme.

-Esme, Carlisle, gracias por todo. Me divertí muchísimo.-les agradecí.

-Gracias a ti Bella, por venir a casa. Espero que podamos verte aquí en navidad.-comento Esme.

-Eso espero.-asegure, acercándome para despedirme de ambos mientras Alice, Jasper, Rosalie, Emmett y Edward me esperaban a mis espaldas.

-Adiós mama.-gritaron todos a la vez mientras me dirigía hacia el convertible de Rosalie quien tenia una mirada algo indecisa.

-Bella…-tanteo.

-Dime Rosalie.-

-Me preguntaba…Emmett va a venir conmigo y Alice con Jaspe en el otro auto. Tal vez iremos a algún lugar. No quisiera que te sientas mal por esto, no se, ¿Te irías con Edward? Ya se que es una mala idea, olvídalo.-

-No, esta bien, me voy con Edward, no es problema.-le asegure.

-¿De verdad?-pregunto.

-Si. Bueno, nos vemos. ¡NOS VEMOS ALICE!-le grite.

-¡NOS VEMOS BELLA!-se despidió mientras los perdía de vista.

-Bueno Bella, espero que no te sientas incomoda conmigo.-me comento Edward, ya en su auto.

-Para nada. Lo que no deja de impresionarme es este auto. ¿De que tipo es?-pregunte, odiando mi incapacidad para reconocer los autos.

-Un Aston Martin Vanquish.-respondió.

-Es un auto muy costoso, supongo.-

-Si, lo es. Fue un regalo de mis padres. Me encanta mas que por su diseño exterior por la velocidad que alcanza.-

-¿Te gusta la velocidad?-cuestione, alzando las cejas.

-Y mucho, abróchate el cinturón.-

-Por q…-pero no pude terminar la frase.

Salimos disparados a la autopista a velocidades insospechadas. No era como si no conociera las altas velocidades, porque de hecho también me gustaban. Era que Edward conducía realmente rápido, mucho más rápido que Rosalie, Alice o yo.

Durante un buen tramo estuve algo indispuesta, insegura ante la forma de conducir de Edward. Pero pronto me encontré muchos más cómoda, lo suficiente para entretenerme con la música que Edward había puesto.

-La grabaste a un CD.-

-Si, esa copia es tuya, la estoy probando. Es que sabia que te gusto mucho esa canción cuando la el día de gracias así que la grabe y me permití añadir unos favoritos míos.-comento

-Gracias, lo voy a poner todos los días para dormir. Te lo prometo.-le asegure. En ese mismo instante sentí una aguda punzada en mi cabeza.

-¿Qué te pasa Bella?-

-Yo no…esta bien, me duele…la…cabeza. Me duele mucho.-

-¿Qué sientes?-pregunto angustiado.

-Siento…una punzada.-

-Creo que mejor te llevo al hospital.-

-No quie…hay…me duele mucho.-le dije y solté un gemido muy fuerte.

-Bien Bella voy a llevarte al hospital ahora.-me anuncio, tomando una desviación de vuelta a Gloucester.

-No creo que sea necesario.-y al instante que le dije esto se volvió hacia mí.

-Claro que lo es, mírate, te ves muy mal.-me dijo mientras mis ojos crecían de horror.

-Edward, ¡Cuidado!-le grite y todo se volvió negro.

Como siempre les digo, hasta aquí llego el capitulo.

Se que he tardado años (olviden mi exageración) en actualizar pero mis clases comenzaron y he tenido mucho que hacer pero les juro que jamás se me olvido la historia. Al contrario, la tenia muy presente en mi cabeza cuando se suponía que debía atender al profesor.

Espero de verdad que no se les hayan ido los nervios esperando y espero que esto no vuelva a pasar.

Ahora vemos que los pobres Edward y Bella no salen de un problema para meterse en otro. Ya veremos que pasa ahí.

Hasta el próximo capitulo!!!