Primer Año: El Brindis

Snape entró en la parte donde residía en la escuela y se dejó caer sobre uno de los sillones. ¡Al fin! El maldito año había terminado, los alumnos se habían ido a hacer la vida imposible a sus padres y él tendría unos meses para intentar olvidarse de ellos.

—Te has ido muy pronto, Severus —le comentó el director, como siempre, entrando como si esa fuera su casa (aunque claro, en teoría la escuela era suya y Snape residía en la escuela... cosa que no le daba mucho margen a obligarle a salir de ahí).

—Sabes que siempre suelo irme cuando Sprout ha bebido su tercera copa —le indicó, logrando que el director sonriera.

—Ah, sí... Quién diría que una mujer tan pequeña pueda llegar a tener esos pulmones —tuvo que admitir Dumbledore, asintiendo.

—El problema es que Nadie le dice que NO sabe cantar —medio siseó Snape, dándole la culpa a Dumbledore por eso.

—Querido Severus, recuerdo que la primera vez que te encontraste con eso se lo dijiste... Aunque debo admitir que tus términos al decirlo no fueron los más adecuados —comentó el director, pareciendo que incluso se estaba conteniendo de sonreír más al recordar eso.

—Era cuestión de dejárselo claro, no podía ir con subterfugios —se defendió Snape, por un momento él mismo teniendo que contener una sonrisa, cosa contraproducente: no quería que el director pensara que era humano y esas cosas desagradables, como que tenía sentimientos.

Dumbledore chasqueó sus dedos y de pronto se oyó la voz de Snape resonando en la sala:

"Tú, bruja del demonio, ¿es que no ves...? No, ese no es el término, ¿es que no OYES lo que estás gritando? Eso sí, si me dices que lo que haces es imitar a una Mandrágora en celo, entonces deberé decir que es la MEJOR imitación que haya oído en la vida. En cambio si INSISTES en decir que eso es ópera te aseguro que..."

—Ya, ya —murmuró Snape, moviendo su mano y la voz apagándose mientras él, definitivamente, sonreía—. No fue un mal año. Aunque al siguiente tuve serios problemas para conseguir plantas para mis pociones.

—Así aprendiste porqué nadie le dice nada —sonrió Dumbledore, haciendo aparecer dos copas que flotaron en el aire por un segundo antes de que ambos las cogieran.

—Cada año pasa algo. Aunque este... —la voz de Snape se volvió algo más sombría.

—Querido Severus, hoy es un día para celebrar —le cortó Dumbledore—. Aunque siento haber estado tan equivocado. De hecho, hacia el final incluso estaba empezando a pensar en qué regalo de bodas podía compraros a ti y a Quirrell —le sonrió.

Snape entornó los ojos y simplemente... brindó.