ABSURDO AUTOCONTROL
¿En qué medida nuestros sentidos pueden llegar a engañarnos a fin de bloquear el dolor? Y cuando el inexorable camino de ese dolor es el llanto amargo, un rayo de esperanza es lo único que puede secar nuestras lágrimas incluso antes de que estas empiecen a brotar de nuestros ojos.
La bella joven rodeó con sus brazos el cuello de su amado príncipe y besó emocionada sus labios. O al menos eso era lo que había escrito ella en el libreto. Si bien no había besado a muchos chicos en su vida, conocía perfectamente la sensación y eso no se sentía como un enlace mutuo de labios. Abrió los ojos lentamente para saber qué estaba ocurriendo y se aterró al descubrir que lo que estaba besando era nada más y nada menos que la palma de la mano de su amigo.
Los espectadores murmuraban confundidos entre sí, y los actores y actrices se habían quedado inmóviles presenciando el extraño desenlace de la historia. La princesa se alejó de inmediato de Tetsuhiro y la narradora se apresuró a pronunciar el típico "Y vivieron felices para siempre" mientras el público aplaudía con cierta duda y el telón caía. Por su parte, Souichi no salía de su estado de shock. La escena se repetía una y otra vez en su cabeza y se decía a sí mismo que lo que había visto no podía haber sido real. ¿En verdad el idiota había puesto su mano entre ambas bocas para evitar el beso o sus sentidos lo habían engañando?
– Morinaga…
Ya en los camerinos, los integrantes del elenco comenzaron a cambiarse en silencio. Sus rostros reflejaban felicidad porque la obra había sido un total éxito, pero a la vez denotaban incomodidad, ya que la escena final, de cierto modo, había arruinado la atmósfera de perfección que había tenido todo hasta antes de ese momento. En un camerino aparte, una chica se deshacía el moño y se miraba al espejo con una expresión de enojo. A su lado, un joven de ojos verdes, ya sin su traje de príncipe, se encontraba cabizbajo y sin saber qué decir.
– ¿Cómo pudiste hacerme esto, Morinaga-kun?
– Miyuki-chan, yo…
– Dijiste que tenías buena memoria, ¿acaso olvidaste cómo se da un beso? – preguntó con sarcasmo.
– No es eso, es solo que tuve una razón para…
– O sea sí tienes una buena justificación después de todo, ¿eh?
Tetsuhiro bajó la cabeza avergonzado. Le dolía haberle fallado a su amiga, pero no se arrepentía de haber evitado ese beso y jamás lo haría. Por eso, quería explicarle sus razones y estaba seguro de que después de que ella lo escuchase, lo perdonaría, o al menos ya no lo detestaría.
– Miyuki-chan, gomen, pero no podía besarte. Si lo hubiera hecho, habría lastimado a una persona muy importante para mí y jamás me lo habría perdonado.
La chica agrandó los ojos como si esa información le hubiera afectado más de la cuenta. Tetsuhiro aún miraba al suelo y su rostro reflejaba tristeza. Necesitaba ordenar sus ideas y expresar lo que sentía con la honestidad que lo caracterizaba o sería odiado por su compañera por el resto de su vida.
A unos pasos de ahí, cierto tirano caminaba por los corredores tratando de encontrar la salida, pues con la conmoción del momento, se había perdido. Por instinto, llegó hasta los camerinos y divisó que uno estaba abierto y que, dentro de este, conversaba su asistente con la que había sido la princesa en la obra. Afortunadamente, podía escuchar lo que hablaban, así que se recostó contra la pared, asomó un poco la cabeza y aguzó el oído.
– Yo sé que me elegiste para tu obra porque confiabas en mí, pero…
– Morinaga-kun, ¿siempre has sido tan ingenuo?
– ¿Eh?
– No te elegí porque confiara en ti, ni porque fueras guapo o tuvieras buena memoria, sino porque…
La jovencita esquivó la mirada de su amigo y sus ojos se humedecieron, pero ella hacía lo imposible para no darlo a notar.
– Porque me gustas…
Hubo un silencio sepulcral en la habitación que solo fue interrumpido por los pequeños sollozos de la chica que acababa de declararse. Tetsuhiro no reaccionaba pues aún estaba tratando de asimilar las palabras de su amiga. Desde la puerta, Souichi estaba tan afectado como su asistente o incluso más. No había forma de que un hombre rechazara a una chica tan hermosa, carismática y además inteligente, con un futuro prometedor como actriz y directora. Nadie lo haría, ¿verdad? A menos que fuera gay. Exacto. Su asistente era gay y jamás estaría con una mujer, ¿no? Y a pesar de saber esta verdad porque el otro se la había repetido millones de veces, la incertidumbre y el miedo lo carcomían.
– Miyuki-chan…
Y más cuando a ojos del mundo entero, él y ella harían una pareja maravillosa. ¿Qué sentido tenía vivir enamorado de un científico loco y tirano cuando una linda chica acababa de confesarle sus sentimientos? Y parecían sinceros. Tal vez hasta el corazón de un homosexual podía cambiar ante la declaración de una hermosa y maravillosa mujer, ¿cierto? Después de todo, él no tenía nada que ofrecerle.
– Sumimasen. – pronunció inclinando su cuerpo en un ángulo de 90 grados – Yo agradezco tus sentimientos, pero no puedo corresponder a ellos.
El nudo en la garganta de Souichi estaba a punto de hacerlo estallar. ¿La había rechazado? ¿Realmente la había rechazado? El mayor respiró hondo para no romperse ahí mismo mientras sentía su corazón latir dolorosamente. Una vez más, Tetsuhiro lo había elegido a él. En esta y en mil vidas más, en este y en mil mundos alternos más, siempre lo elegiría a él. ¿Por qué hasta ahora lo comprendía?
– Ya lo sé. – interrumpió ella secándose las lágrimas – Prácticamente me lo acabas de decir.
– No sabía lo que sentías y te lastimé. Por favor perdóname.
– Ya, ya, levanta la cabeza. – ordenó ya más tranquila – Es mi culpa por no haber sido directa desde un principio. Me habría ahorrado el mal rato y el besar la palma de tu mano.
– A-Ah, con respecto a eso…
– Pudiste haber puesto la mejilla y habría sido mucho menos bochornoso para mí. En fin, olvídalo. Agradezco tu sinceridad, y no volveré a molestarte.
Ante esto, Tetsuhiro decidió que era mejor ser absolutamente sincero con ella. Tal vez después de contarle toda la verdad, ella se sentiría mejor.
– Miyuki-chan también es ingenua.
– ¿Eh? ¿Por qué dices eso?
– Porque durante todo este tiempo, no te diste cuenta de que… yo soy gay.
Souichi casi se cae de rodillas, pero se sostuvo a tiempo de la pared. ¿Cómo es que podía decirle eso a una chica que acababa de declarársele? En definitiva, su asistente estaba loco.
– ¿G-g-gay?
– Ajá, y la persona de la que estoy enamorado es un hombre. – contó con una sonrisa.
Ciertamente Miyuki quedaría con un trauma de por vida a partir de esa noche. Pestañeó incrédula para calmarse y, de cierto modo y sin saber por qué, se sintió un poco más aliviada, pues su ego de mujer bonita podría seguir intacto.
– ¿U-un hombre?
– Así es.
– ¿Q-qué clase de hombre?
– Un hombre maravilloso… – comenzó evocando el hermoso rostro de su Senpai – Es violento, malgeniado y obstinado, pero también es noble, gentil y bondadoso y tiene un gran sentido de la justicia. No importa lo que yo haga, él siempre termina perdonando mis tonterías y mi egoísmo. Por eso, él es la persona que más amo en la vida.
La chica quedó en silencio y contempló al muchachito de ojos verdes que ahora sonreía con ternura. Ella también sonrió resignada y sintió algo de envidia hacia ese hombre que probablemente jamás conocería.
Souichi se quitó la capa lentamente y la arrugó entre sus puños. Caminó de largo y sin rumbo esperando encontrar pronto la salida. Ya no tenía nada más que hacer ahí.
Cuando escuchó que la puerta se abría, Souichi se acomodó en el sofá con libro en mano y continuó con su supuesta lectura. Su kouhai aún mantenía un semblante un poco triste y distraído, pues seguía pensando en todo lo ocurrido horas atrás. Cuando vio a Souichi sentado tranquilamente, tomó aire y trató de calmarse.
– Ta-tadaima…
– Ah, okaeri. – dijo entre dientes.
Un silencio incómodo reinó en el salón, silencio que solo fue interrumpido por las uñas de HoneyGreen que arañaban las barras de su pequeña jaula.
– Tadaima, HoneyGreen, ¿genki? – dijo acariciando al conejo que se engreía cada vez que era tocado por su amo.
Estuvo unos minutos jugando con él mientras analizaba a su Senpai desde aquel sitio estratégico. Souichi no había huido a su habitación y se veía bastante relajado, así que al parecer no estaba tan enojado como cuando se fue. ¿Había tomado una buena decisión al dejarlo solo y, por ende, darle tiempo para pensar? Devolvió al animalito a su jaula y se acercó poco a poco al otro hombre.
– Senpai, yo… quiero disculparme contigo. Debí decirte la verdad en su momento y así evitar que te enojaras y que nos peleáramos.
– No es la primera vez que me ocultas cosas, Morinaga.
– Lo sé y fui un imbécil al hacerlo de nuevo.
Una vez más hubo unos segundos de silencio que fue cortado por un suspiro profundo del joven asistente.
– Senpai, yo… yo no la besé.
– ¿Ah, no? – preguntó Souichi fingiendo despreocupación.
– No, te juro que no.
Souichi siguió leyendo su libro como si nada pasara haciendo que el otro se inquietara, por lo que este se apresuró a sentarse a su lado. Senpai dio un ligero salto al sentir tan cerca a su kouhai. Los recuerdos de hace un rato lo asaltaron nuevamente y sacudió la cabeza para ahuyentarlos al mismo tiempo en que dejaba su libro a un costado.
– Senpai, hablo en serio. Por nada del mundo besaría a alguien que no fueras tú, mucho menos a una mujer…
El mayor se preocupó. Era consciente de que no sabía mentir y de que era muy transparente a los ojos del otro. Un mínimo error y descubriría que había ido a verlo y, que para colmo, había presenciado la declaración de la chica y el rechazo de él. Sabía que estaba mal ocultarle algo tan importante, sobre todo cuando él mismo lo acusaba de no decirle las cosas. No obstante, creía que no era el momento conveniente para contar su verdad.
– Sabes por qué, ¿cierto?
Souichi volvió a la realidad y empezó a respirar con dificultad. No sabía por qué por más veces que hubiera escuchado esas palabras, estas tenían siempre el mismo efecto en él. Lo anulaban hasta el punto de sentir que perdía el control de sus actos.
– Porque te amo…
El chico lo abrazó fuertemente y escondió su rostro entre su cabello cerrando los ojos a medida que aspiraba su olor. Un aroma dulcete, mezcla sutil entre champú, jabón de tocador, tabaco y su esencia personal. Podría vivir respirando ese olor por el resto de su vida como si fuera oxígeno para sus pulmones.
– Y-ya lo sé.
El muchachito despertó del ensueño momentáneo y abrió los ojos al oír las palabras que habían salido apenas en un susurro de la boca de su Senpai. Se separó de él y lo miró desconcertado tomándolo de los hombros.
– ¿Qué dijiste?
– Q-que ya lo sé. Me lo dices todo el día, todos los días, sería raro que no lo supiera, ¿no?
Los ojos de Tetsuhiro se iluminaron y se abalanzó sobre su superior haciendo que ambos cayeran sobre el sofá. Souichi lanzó un grito del susto por el repentino ataque del otro, pero no hizo nada por alejarlo. Cuando el menor lo apretó más fuerte, Souichi supo que si no lo detenía ahora, su cuerpo empezaría a reaccionar de esa forma extraña que supuestamente él tanto odiaba. Sin embargo, no tuvo tiempo de hacer nada, ya que su impulsivo kouhai acababa de apresar sus labios, y el hecho de que estuviera sosteniendo su cuerpo con sus fuertes brazos no lo ayudaría a zafarse, por lo menos, hasta dentro de un par de minutos.
– Senpai…
Los besos en los labios se intercalaban con besos en el mentón y el cuello. Souichi mantenía los ojos cerrados perdiéndose en cada uno de ellos. Suspiraba sutilmente a medida que cada célula de su cuerpo se estremecía. Sus cinco sentidos estaban concentrados en el ferviente y ardiente amor del hombre que lo sostenía con ímpetu y delicadeza al mismo tiempo.
– Mo-Morinaga…
Las neuronas de Souichi se fundieron en un instante. Su mente había quedado en blanco y si nada ni nadie interrumpía aquel momento, él tampoco lo haría, porque para comenzar ni siquiera sabía qué era lo que estaba haciendo. Repitió su nombre dos veces más, pero el otro interpretó esto de una manera diferente. Pensó que estaba pidiéndole que se detuviera. Y así lo hizo.
– A-ah sí, el trato, lo lamento…
El científico abrió los ojos de golpe y se encontró con la patética escena. Estaba tirado en el mueble respirando agitadamente. Aún podía sentir las húmedas huellas que esos besos habían dejado en su piel, y sus labios todavía palpitaban insistentemente. Su cuerpo tiritaba como si tuviera frío, a pesar del intenso calor que emanaba de sus poros. Los dos guardaron silencio y esperaron a que sus respiraciones se sosegaran un poco. No se atrevieron a mirarse de frente, pero era obvio el efecto que había tenido ese apasionado momento en ambos. Tetsuhiro se puso de pie y carraspeó antes de hablar mientras se dirigía hacia la cocina.
– Se-será mejor que vaya a hacer algo de comer. ¿Está bien si preparo brochetas de cerdo?
– A-ah, e-eh, mmm, sí, supongo que sí…
Souichi se abrazó a sí mismo sintiendo otra vez despertar la frustración en su interior. Se levantó del sofá y se fue a su habitación sin decir una palabra. Tetsuhiro se dio cuenta de esto y suspiró resignado. Definitivamente la situación se estaba saliendo de control y él no podía hacer nada al respecto, no sin el consentimiento pleno de Senpai. En otras circunstancias, se habría dejado llevar, pero ya no. Ahora no podía hacer más que seguir muriendo en silencio hasta que de la boca de su Senpai saliera una petición.
– Senpai, si tan solo me lo pidieras, yo… yo haría lo que tú quisieras…
Pero muy en el fondo de su corazón, presentía que ese día jamás llegaría.
– Tómalo con cuidado entre tus manos, Kanako-chan.
– ¡Kawaii!
La niña sostenía al pequeño animal con ternura y lo acercó a su mejilla para sentir las suaves lamidas que le daba este como si fueran besos. Era su primer encuentro y ya parecía que se llevarían muy bien.
– Se ven demasiado adorables ambos. – exclamaba Tetsuhiro emocionado – Ah, ya sé, les tomaré una foto con mi celular. Senpai, acércate más para tomarles una a los tres.
– ¿Estás demente? Sabes que odio las fotos.
– Niisan, no seas terco, este es un acontecimiento especial.
– ¿Por qué si se puede saber?
– Porque estamos celebrando que hoy conocí al pequeño HoneyGreen.
– ¿Qué tiene eso de especial?
– Morinaga-san, toma una selfie, tu brazo es largo y definitivamente saldremos los cuatro.
– ¡O-oigan, no me incluyan en estas cosas!
– Tienes razón, Kanako-chan. – respondió acomodando el celular – Todos digan… ¡Senpai!
– ¿Ahhh? Chotto matte…
– ¡Senpai! – repitieron Tetsuhiro y Kanako al unísono sonriendo ampliamente.
Después del clic inconfundible de la cámara, relajaron el gesto y se apresuraron a ver el resultado. Naturalmente, ambos salían sonrientes y hasta parecía que HoneyGreen hubiera posado. Sin embargo, el rostro de Souichi era lo más cómico que habían visto en sus vidas.
– ¡Niisan, te ves…! – trataba de decir entre múltiples risas – ¡Te ves tan, tan…!
– ¡Senpai, en verdad, en verdad…!
El más joven y la hermanita de Souichi no podían dejar de reír y miraban una y otra vez la foto ante el rostro sonrojado y la miraba furiosa del aludido y volvían a estallar en carcajadas.
– ¡D-dejen ya de reírse! Ustedes saben que no salgo bien en las fotos y aun así insistieron… ¿Sabes qué? ¡Dame el celular!
– No, no, no, Senpai, te prometo que ya no nos reiremos más, ¿nee, Kanako-chan?
– Míranos, niisan, ya paramos, ya paramos.
– Más les vale. – advirtió antes de levantarse para dirigirse a su habitación – ¡Y tú, Morinaga, pobre de ti si alguien más ve esa foto!
– Te prometo que en cuanto la baje a mi laptop, la borraré del celular.
– Niisan está cada día más irritable, ¿nee? Gomen nasai, Morinaga-san, tienes que aguantarlo tú solito todos los días.
– Iie, iie, Senpai tiene mal carácter, pero es una buena persona cuando está de buen humor.
– ¿Y eso sucede? – preguntó ella incrédula – Será más o menos cada vez que pasa un cometa, ¿nee?
– Kanako-chan… – rió el joven.
La pequeña se quedó unas horas más para almorzar y jugar con el conejito y después ambos muchachos la llevaron a la casa de Matsuda-san prometiendo que se reunirían pronto otra vez. Al regresar al departamento, Tetsuhiro decidió que ya era hora de hacer las compras para el resto de la semana.
– Senpai, ¿no quieres acompañarme al supermercado?
– ¿E-eh? Ve tu solo, estoy algo cansado…
– Está bien. No me tardo.
Cuando el jovencito se fue, el otro se quedó observando la puerta durante algún rato. La verdad era que tenía miedo. No podía sacarse de la cabeza a su kouhai vestido de príncipe ni las palabras que le había dicho a su amiga, y mucho menos después del fogoso momento en el sofá. Incluso en la noche había soñado que el apasionado beso que se dieron había terminado en algo más. Naturalmente había despertado agitado, sudando y maldiciendo a los cinco continentes. La situación se estaba volviendo inmanejable y cada día que pasaba se sentía más y más frustrado. Los días nunca habían avanzando tan lento como en esta ocasión.
– Creo que ya me hace falta un buen trago.
Para su fortuna, la refrigeradora estaba bien abastecida gracias al chico de cabello corto. Sacó varias latas de cerveza y se sentó a beber. Cada trago que descendía por su garganta intentaba matar uno a uno los recuerdos de su asistente. Quería borrarlos todos, pero en cambio no hacía más que revivirlos nítidamente. Se maldijo y empezó a beber una lata tras otra con desesperación logrando que su cuerpo se adormeciera y cayera rendido sobre el gran sillón.
Horas después, el más joven hacía su aparición con varias bolsas de productos comestibles y de limpieza en las manos. Después de cerrar la puerta, saludó como siempre solía hacerlo y se sorprendió al no recibir respuesta alguna.
– Tadaima, Sen… ¡Senpai! ¿Daijoubu desu ka?
Tetsuhiro entró en pánico y trató de mover a su superior al ver que este se encontraba totalmente fuera de juego. Al ver las latas vacías por todos lados, asumió lo evidente y se tranquilizó. Acomodó y guardó todo lo que había comprado, luego limpió el desastre causado por su Senpai, y decidió bañarse, no sin antes alimentar a HoneyGreen.
– Me daré una ducha veloz y lo llevará a su habitación. Puede enfermarse si se queda aquí y encima en esas condiciones.
Rato después, al oír a lo lejos la caída del agua, Souichi abrió los ojos con pesadez. Todo le daba vueltas, pero aun así se puso de pie y se tambaleó hasta el cuarto de baño que era de donde provenía aquel molesto ruido. Giró la perilla y entró a tientas. Distinguió una silueta a través de la cortina y exasperado la corrió de sopetón, dejando al descubierto a un muy asustado y muy desnudo Tetsuhiro.
– ¡S-Senpai, casi me matas del susto!
Souichi se quedó mirándolo de pies a cabeza y sintió cómo su cuerpo se ponía al rojo vivo. Con la poca cordura que le quedaba, se obligó a pensar que todo lo que estaba sintiendo eran puramente los efectos del alcohol. Sin embargo, ebrio o no, siempre le echaría la culpa de todas sus desgracias a su asistente.
– ¡¿P-por qué haces esto, bastardo?!
– ¡¿Hacer qué, Senpai?!
– ¡Pues bañarte! ¡Y encima sin ropa! – gritó enfurecido.
– Estás completamente ebrio, deja que termine de bañarme y te ayudaré a acostarte, ¿de acuerdo?
– ¡Urusai! ¡No estoy ebrio!
– Vamos, regresa a la sala hasta que salga y luego…
– ¡Te digo que no estoy ebrio! – gritó metiéndose a la ducha.
– Senpai, ¿pero qué haces? ¡Te vas a mojar!
– Todo es tu maldita culpa, que yo esté así es tu culpa…
– No te entiendo nada, ¿de qué hablas? ¿Qué hice esta vez?
Pero en lugar de responder a su pregunta, Souichi perdió el control por completo y se abalanzó sobre él, arrinconándolo contra la mayólica. El joven desnudo solo observaba atónito la mirada penetrante de su Senpai y sentía cómo su cuerpo ardía a través de la ropa mojada.
– S-Senpai, onegai, no hagas esto… No me tientes así, sabes que no quiero romper mi promesa…
– Urusai… – murmuró entre dientes.
Souichi, como poseído por el mismísimo demonio, lo cogió violentamente de la nuca y estampó sus labios contra los suyos iniciando uno de sus típicos besos toscos e inexpertos. Aunque, al parecer con el alcohol, a esos besos se les quitaba un poco lo inexpertos. Tetsuhiro sentía cómo poco a poco sucumbía a la tentación y cerró los ojos correspondiendo con su característica pasión. Se aferró a la camisa del mayor, mientras el agua caía sobre ambos empapándolos por completo. De repente, sintió que Souichi dejaba de mover los labios y daba por terminado el beso, resbalándose entre sus brazos tan solo segundos después.
– ¿Se-Senpai?
Se inclinó extrañado para saber qué había ocurrido exactamente, pero se dio con la gran sorpresa de que su querido tirano había perdido el conocimiento y ahora dormía profundamente.
– Esto no puede ser cierto… – suspiró incrédulo.
Tetsuhiro lo sacó de la ducha con cuidado para sentarlo sobre el inodoro. Cerró la llave de la ducha y se secó raudamente amarrando luego la toalla alrededor de su cintura. Desvistió a su Senpai, que como era de esperar seguía inconsciente, dejó la ropa a un lado y empezó a secarlo con otra de las toallas. Cuando terminó, lo cubrió con esta y lo tomó en brazos para llevarlo a su habitación. Una vez adentro, lo depositó con delicadeza sobre su cama, le colocó un bóxer limpio, y la camisa y el pantalón de su pijama. Mientras realizaba esta tarea, las manos le temblaban y el corazón le golpeaba las costillas. Sus ganas estaban al límite y a Senpai no se le ocurría mejor idea que emborracharse y lanzársele encima en la ducha.
– En serio, ¿qué le pasa a Senpai? ¿Por qué tomó tanto y se metió al baño? ¿Realmente no se da cuenta de lo mucho que me cuesta contenerme? Y sobre todo, ¿por qué me besó?
Cuando terminó de vestirlo, sintió que había cumplido su misión en la tierra y hasta se enorgulleció de sí mismo. Secó su cabello como pudo y lo colocó de costado para que la humedad de este no tocara la almohada y así no se resfriara. Lo contempló una última vez y besó sus labios que aún tenían un fuerte sabor a licor. Estaba seguro de que al día siguiente amanecería con una resaca y un humor de los mil demonios, y él estaría ahí al pie de su cama con un café caliente y la cabeza lista para recibir sus golpes.
– Hiroto-kun tiene razón, soy un DoM.
Lo cubrió con las sábanas, y se dispuso a ir a su habitación a vestirse también para no enfriarse más de la cuenta. Cuando estaba en la puerta, escuchó gemir quedamente a Souichi que se había movido un poco entre las sábanas.
– Mori… naga…
El aludido tragó en seco y al girarse levemente, notó cómo se dibujaba una expresión entre dolor y placer en el rostro del hombre que estaba sobre la cama. Salió rápidamente de ahí y cerró la puerta con la respiración agitada.
– Me voy a odiar mañana en la mañana…
El tirano despertó con una resaca espantosa. Maldita sea la hora en la que había decidido pegarse tremenda bomba. Y lo peor era que no recordaba casi nada. Trató de evocar algún hecho por más mínimo que fuera, pero solo veía imágenes borrosas sin ningún significado relevante. Intentó levantarse, pero no pudo. Afortunadamente, en ese momento, Tetsuhiro había entrado al haber escuchado murmullos provenientes de la habitación y lo había cogido a tiempo de los brazos cuando ya estaba a punto de desplomarse.
– Oh, oh, Senpai, cuidado, pudiste hacerte daño.
Souichi solo se limitó a aferrarse a la camiseta del otro para no aterrizar en el pavimento. Como pudo se sentó en la cama y se tomó el puente de la nariz con dos dedos, ya que de nuevo todo había empezado a darle vueltas.
– O-Ohayou gozaimasu, Senpai.
Al recibir un gruñido como respuesta, el más joven simplemente continuó con su acostumbrado discurso matutino. Depositó un café en el velador y volvió a mirarlo.
– Felizmente hoy no hay universidad, así que puedes descansar lo que desees. Anda tomando este café, te ayudará a sentirte mejor. Yo iré a preparar el resto del desayuno.
– Matte…
Cuando estuvo a punto de retirarse, el chico sintió que Souichi tomaba su mano para detenerlo. Se miraron unos segundos y luego, Souichi desvió la mirada. Al parecer ciertos recuerdos habían atacado su mente, pero nada estaba claro del todo. Como de costumbre, decidió adelantarse a los hechos y sacar sus propias conclusiones, y empezó a hablar con un claro tono de enfado e impaciencia.
– Tú… me hiciste algo anoche, ¿verdad?
– ¿Ahhh? ¡Claro que no, Senpai! Anoche tomaste de más y perdiste la conciencia. Yo solo te traje a tu habitación y te cambié de ropa. ¡Eso fue todo!
– ¡¿Cómo puedo estar tan seguro?!
– Estoy diciendo la verdad, y además fuiste tú el que…
– ¿Fui yo el que qué? – cuestionó suspicaz.
– Fuiste tú el que… el que estableció un plazo y yo juré cumplirlo. No he roto mi promesa y no lo haré. – exclamó algo alterado.
Souichi se sorprendió por esta reacción y lo soltó. Volvió a echarse en la cama y se dio vuelta cubriéndose con las sábanas.
– De acuerdo. No tienes por qué estar tan molesto.
– Es que me duele que no confíes en mí. – murmulló desanimado.
– Tengo razones para hacerlo, ¿o no?
– Sí, pero…
– Te dije que está bien. Warukatta…
El menor vaciló unos instantes y se retiró de la habitación. ¿Cómo reaccionaría Senpai si supiera lo que había hecho la noche anterior? ¿Debería contárselo ahora o esperar a que el otro recordara su osado comportamiento? Se recostó en la puerta y cerró los ojos, mientras con anhelo recordaba los impetuosos labios de su Senpai impregnados de alcohol y su trémulo cuerpo mojado por el agua fría. ¿Habría querido tal vez transmitirle con ese beso desesperado lo que no podía decirle con palabras?
– Si tan solo fueras más honesto sin necesidad de recurrir al alcohol…
Ahí lo tienen. Tetsu es el hombre más fiel y enamorado que conozco y es un hecho. Pobre Miyuki, no estaba preparada para esto. XD Senpai a punto de caer y Tetsu pensando que quería que se detuviera. Ah, quién entiende a este par? Otro hecho es que Souichi cuando se embriaga, deja actuar a su subconsciente, pero hasta ese punto? Sí que estaba ebrio, eh? Hace mucho que quería escribir una escena de ducha sobre ellos y me encantó hacerlo.
By the way, no puedo creer que ya estemos en el Cap 10 de "HoneyGreen"! Gracias por seguir acompañándome en esta maravillosa aventura!
Para el cap 11:
Pista: Abandono
Pregunta: Se viene una celebración especial. Será un día triste o un día feliz?
Ja nee!
**Jane Ko**
