Capítulo X
Draco no sabía porqué estaba allí. Bueno, no, claro que sabía porqué. Había una oferta, después de todo. Y a él también le gustaban los libros. Por supuesto, él tenía una biblioteca gigante, repleta de libros, muchos de los cuales no había leído, así que no era como si necesitara más. Pero una oferta en libros no podía ser ignorada. Al menos, eso era lo que se repetía a sí mismo.
No tenía que ver con el hecho de que tenía cierta certeza de que Hermione estaría allí (ella misma se lo había dicho), probablemente toda la tarde, comprando libros.
Él podía comprar libros donde quisiera, además. Ella no era la dueña de la librería.
De hecho, él era el dueño de la librería. Bueno, técnicamente los familiares de Flourish & Blotts eran los dueños, pero él era un inversionista principal. Después de la guerra, la librería había quedado en ruinas, como muchos negocios en el Callejón Diagon. Sin ganas de ver cómo luchaban durante el período post guerra, Draco había invertido miles de galeones en la reconstrucción y rebastecimiento de los libros disponibles, una vez le regresaron su fortuna. Después de todo, en lo que escaseaba el conocimiento, o era difícil acceder a él, el costo social siempre era el prejuicio, basado en la ignorancia; y el nuevo Draco Malfoy no estaba dispuesto a tolerar esa situación. Flourish & Blotts, a la fecha, tenía una nueva sección, completa, del modo de vida de los muggles y su literatura, después de una sugerencia que le hizo al gerente más viejo de la tienda, quien caso muere del shock en lo que escuchó dicha sugerencia de él.
Para su disgusto, después que se recuperó, tanto el señor Bellish como su asistente, el señor Peck, parecían extremadamente orgullosos de él, aún más después que coordinó con su representante legal su participación como patrocinante de la librería. Ahora lo saludaban de manera muy efusiva cada vez que iba a la tienda. Era embarazoso, así que Draco solía pedir sus órdenes vía lechuza más que ir hasta allá personalmente, y así evitaba sus sonrisas largas y los saludos en la espalda cargados de afecto.
Afortunadamente, todos los saludos, todos los ofrecimientos de conseguir los libros por él, los reportes de los últimos sucesos relacionados con el negocio, habían concluido antes de que Hermione llegara. En lo que lo miró, con una pila de libros en sus brazos, Draco estaba buscando en una de los pasillos como un cliente normal.
"¡Oh, Malfoy!" exclamó, claramente contenta de verlo. "¿No puedes dejar pasar una oferta de libros, eh?"
Él sonrió amablemente ante ello. Él era Draco Malfoy; ni siquiera prestaba atención al precio de los libros cuando los compraba. Pero no era necesario recordarle a ella eso.
"¿Tienes rato aquí?", preguntó Hermione, mirando sus brazos, vacíos de libros. "Tengo pocos minutos aquí, y ha tengo una docena de libros que quiero".
Draco ya sabía eso. Lo sabía desde el momento en que entró, con su cabello suelto y sacudido gracias a las ventiscas fuera de la tienda, sus ojos brillantes, sin fijarse en algo distinto a los libros que la rodeaban. Simplemente no supo qué decirle o cómo hacerse notar, así que se conformó con aparentar buscar. Con su esmero, Hermione lo encontraría tarde o temprano.
Draco no contestó su pregunta. Por el contrario, le dijo, "Sabes puedes enviar tus libros al mostrador para evitar cargarlos".
Hermione parecía sorprendida con ello y miró sospechosamente al resto de clientes, todos cargando pilas de libros en sus brazos.
Draco le sonrió, entendiendo que dudaba de lo dicho, y que no hallaba la manera de decírselo. Él le dijo: "Vamos", y la tomó del codo, llevándola a la entrada.
"Señor Bellish", dijo, formalmente, tratando de ignorar la sonrisa enorme en el rostro del señor Bellish al verlo acompañado de un personaje tan querido como la señorita Hermione Granger. "A la señorita Granger le gustaría dejar su pedido aquí en el mostrador, así puede continuar comprando libre de cargas. ¿Puede encargarse de estos por ella?"
El señor Bellish tomó los libros de los brazos de Hermione con gusto. "¡Por supuesto, por supuesto, señor Malfoy! ¡Señorita Granger, es adorable verla de vuelta por aquí! ¡Mande todos sus libros al mostrador y estarán esperando por usted en lo que termine de comprar!". Él le hablaba a Hermione, pero sonreía a Draco, quien no se atrevía a imaginar qué le causaba tanta satisfacción.
Una vez libre de peso, Hermione estaba emocionada de ver la etiqueta de identificación que apareció mágicamente en su pila de libros. No notó las miradas de reojo que intercambiaban Draco y el señor Bellish, o la pequeña cresta familiar que apareció en la esquina de la etiqueta mientras se alejaba, indicando que los libros ya habían sido pagados. Tampoco notó cómo los hombros de Draco se encorvaban, como si intentara protegerse de la sonrisa enorme que le envió el altamente complacido librero.
Especialmente, cuando le dijo a ella, dándole la espalda al señor Bellish, "¡No te olvides de revisar la nueva sección, con recientes adiciones de literatura muggle!".
Draco hizo un mohín ante la acción del librero, esperando que no complementara el comentario agregando que esa sección había sido incluida gracias a su sugerencia. Hermione debió entenderlo en un sentido que no era, porque inmediatamente brincó en defensa de los libros en referencia. "Oh, ¡pero la literatura muggle es muy entretenida! Su estilo y uso de las palabras y la redacción suelen ser muy artísticos y a veces graciosos, fuera de lo que podríamos considerar historias y personajes anodinos".
Draco sabía eso. De hecho, tenía una colección entera de libros escritos por Clive Cussler. Aunque pensaba que en general sus libros podrían ser increíblemente ridículos, partiendo del resumen en la cubierta trasera del libro, se encontró a sí mismo particularmente cautivado con las aventuras de Dirk Pitt (más allá de su nombre ridículo).
Aun así, dejó que Hermione lo arrastrara a la nueva sección, y fue incapaz de interrumpir su discurso acerca de los atributos de varios de sus autores favoritos. La pila de libros en el contador seguía creciendo, y Draco se encontró deseoso de leer algunos de los libros que le sugería.
Tenía dudas acerca de Robert Jordan, en tanto sus libros parecían extremadamente largos, y era un hombre totalmente ignorante de la magia real, brindando una lectura interminable e insufrible. Pero el entusiasmo de Hermione lo convenció de comprar el juego de libros completo, y la expresión en su cara cuando le pidió compartir sus impresiones al leer el set aseguró que, de hecho, los leería todos. Y probablemente desde ya.
Hermione de verdad amaba todo tipo de libros. Sus intereses eran amplios y variados, y podía escoger un libro solamente por su presentación. Draco estaba fascinado de verla escoger, y no podía encontrar un patrón o razón detrás de sus elecciones al mostrador. A veces, escogía un libro y pasaba varios minutos leyendo el primer capítulo o los comentarios. Frecuentemente solo cogía un libro de la estantería y lo enviaba al contador. Más de una vez trazaría la letra escarchada de la portada y sonreía para ella. Draco notó que hacía esto mucho en la sección de clásicos muggles. Quería preguntar por cada uno de ellos, pero como parecía muy personal, anotó mentalmente los títulos para otra conversación.
En las secciones que contenían nuevos descubrimientos y avances en Pociones y Transformaciones, se encontraron atrapados en varias discusiones sobre la validez de los métodos y ética que empleaban los investigadores. Hermione sostenía los derechos y la dignidad de todas las criaturas, mágicas, conscientes o similares, y Draco generalmente apoyaba la necesidad de hallar soluciones y respuestas para el mundo mágico. Durante un momento particularmente álgido, Hermione sacudió un libro contra su pecho y sugirió que lo leyera antes de soltara más ideas ignorantes.
Draco se limitó a sonreír ante la pasión en los ojos de ella, disfrutando el debatir con ella sobre temas que la apasionaban tanto. Y el libro fue al tope de la pila de libros con su nombre en el mostrador central. Parecía que Robert Jordan tendría que esperar.
Era tarde en la noche cuando anunciaron en Flourish & Blotts que cerrarían pronto, y Hermione y Draco salieron de la conversación en la que estaban involucrados, en esta ocasión, sobre la preservación de las costumbres y rituales del mundo mágico. Extrañamente, estaban en los dos lados opuestos de la conversación; Draco se inclinaba más por dejar atrás el pasado y moverse hacia el futuro, pero Hermione argüía sobre la necesidad de tener anclaje en la historia, y en salvar lo que podía ser salvado mientras se modificaban las creencias que habían hecho tanto daño. Él estaba sorprendido, y conmovido, de escucharla defender algunas de las ideas con las que había crecido y de las cuales se había sentido avergonzado en los últimos tiempo, simplemente por pertenecer a la cultura de los sangre limpia.
Pero era hora de cerrar, así que Hermione envió un último libro al mostrador antes de que se dirigieran a la entrada para concluir sus compras.
Para la sorpresa de Hermione, en el contador solo estaba el último libro que había escogido. El señor Bellish le dio una sonrisa amable y le dijo que el resto de sus libros habían sido empacados y enviados a su casa, y que los encontraría allí esperando por ella. Le entregó el último libro en sus manos, y sorprendida, protestó. "Pero todavía no los he pagado".
El señor Bellish se deshizo de la queja y le guiñó un ojo. "Oh, la cuenta ya fue cancelada. Vaya a casa y disfrute sus nuevos libros. Solo no olvide salir de vez en cuando y comer".
Ella le devolvió la sonrisa, tomando su libro y guardándolo en la cartera. "¡Por supuesto! Buenas noches, gracias por su increíble selección de libros".
Volviendo hacia Draco, el señor Bellish dijo, "¡Y, señor Malfoy, esperamos verlo nuevamente por aquí muy pronto. Había pasado mucho tiempo desde la última visita!".
Draco se dio por enterado con una leve inclinación de la cabeza. Pero el señor Bellish agregó, "Y asegúrese que la joven llegue a su casa sana y salva", y Draco tuvo que evitar que se le escapara un gruñido para evitar que Hermione pensara que era por su culpa. Jodidos libreros.
Mientras se dirigían a la puerta, juntos, el señor Bellish se volvió al señor Peck, quien cerró la puerta tras ellos, y dijo, "Me hace muy feliz ver al joven Malfoy con una amiga, señor Peck".
El señor Peck resopló ante eso y dijo, "Más que una amiga, me parece".
El señor Bellish sonrió, complacido, y contestó. "Eso espero, señor Peck. Eso espero". Y mientras regresaba a la caja registradora, agregó, "Especialmente porque es una compradora compulsiva de libros". Los dos se rieron ante esto, disfrutando cómo sus dos mejores compradores se habían superado a sí mismos comprando juntos.
Hermione una vez llegó a casa, después que Draco responsablemente se asegurara que había llegado bien al punto de Aparición, estaba emocionada de ver tantas cajas de libros esperando por ella. No podía esperar a lanzarse de cabeza en ellos y disfrutar su fin de semana con nuevos y viejos amigos. Pero primero verificó su cuenta en Gringotts para ver el daño que había causado, y se sorprendió al notar que no habían cargos de Flourish & Blotts, salvo por el libro que pusieron en sus manos.
Confundida, empezó a abrir todas las cajas para ver si había un recibo dentro. Y en el fondo de la última caja encontró una etiqueta con la cresta familiar de Malfoy. Volteándola, leyó la nota que decía, "Mejor los lees todos, Granger, o los voy a colocar en mi propia biblioteca".
Hermione se sentó en su piso de madera, un poco aturdida. Draco Malfoy había gastado cientos de galeones en libros para ella.
