Actualizo muuuucho antes de lo que pensaba, pero había que celebrar que ya he terminado semestre XD Encima creo que este es el capítulo más largo hasta ahora, que cortos nunca han sido

Pero antes vayamos por partes:

ANAXIS: en este capítulo se dice si lo ha escuchado o no. De momento es misterio xD

MIRANDA22: lo de puede que... quedó bien, un poco cruel pero queda bien xD Y gracias por comentar al final :)

Gloes: Puede que la hayas clavado o puede que hayas fallado, en este capi todo se revela :D

mircuba: Me alegra que te guste, en serio ^^

PurpleWriter95: He actualizado antes del domingo! :D Lo que eso de cada día ya lo veo más chungo! No soy una máquina tengo un límite jajajaja

Valeescarlata: Que Regina sea la profe es clave. Quien la tuviera de profe por dios! Sacaría todo dieces jajaja

Y no me dejo a nadie. Así que... antes de que me matéis... Capi nuevo! :P


Capítulo 10

¿Qué? No estaba escuchando. ¿Ha dicho algo interesante?


Una sonrisa amable y divertida en sus labios. Y Emma sonríe radiante, siente que podría volar ahora mismo.

―No, nada, una burrada―por los pelos, casi la lía de verdad, necesita música ahora mismo, necesita algo para alejar aún más esos segundos de angustia―. ¿Te importa si pongo música?

―No, claro, es tu coche. ¿Qué vas a poner?

―¿Florence and the Machine?

―No los conozco.

―¿Pongo otro grupo?

―No, está bien, así puedo conocer lo que escuchan los jóvenes.

Oh, Dios mío ―la mira soltando una carcajada, totalmente relajada, el que no haya escuchado nada, el que no estuviese pendiente de la conversación, ha sido la mejor noticia que ha tenido en mucho tiempo―. ¿Eso ha sido una broma?

Ve la media sonrisa que se dibuja en su rostro y riendo enciende el reproductor. Empieza a sonar Heartlines demasiado alto, lo baja un poco y continua conduciendo.

―¿Y qué es eso de jóvenes?

―Una ya tiene una edad ―lo dice a modo de broma pero lo piensa de veras. A su lado, al lado de una cría de veintiún años, ella destaca. Son trece años, pero se notan.

―¡Sólo tienes treinta y cuatro! ―por un momento sus manos sueltan el volante para enfatizar sus palabras y la morena alza las cejas ligeramente preocupada por primera vez. Pero parece que la rubia tiene experiencia en conducir con mil distracciones. Casi que le divierte.

No sabe si le gusta que sepa su edad. Así que tuerce el gesto y replica:

―No hace falta que me lo recuerdes.

―Tranquila, aún lo guardo como confidencial. Estoy esperando al mejor postor para darle la información, lástima que yo sea el mejor postor ―sonríe radiante mientras vuelve a acelerar y Regina la observa deseando estar en otro lugar y no ahí, a su lado, sintiendo esas ganas irrefrenables de besarla que la invaden.

Tiene gracia. Odia que la lleven, odia ir en un coche y no conducir ella y pese a todo... no le molesta o le da miedo si conduce Emma. Y eso que corre más de la cuenta, pero no le importa, va bien. Se siente segura a su lado, se siente cómoda como hacia una vida que no se sentía. Va bien viéndola avanzar rápido en mitad de la noche, tarareando la música sin ser consciente, removiendo su cabello nerviosa de vez en cuando, lanzando miradas de reojo que no sabe que ella ve. Casi le gusta ir a su lado, al lado de esa temeraria conductora que casi parece la dueña de la carretera.

Vuelve a repasar mentalmente la conversación que mantenía con su amiga. Fija la vista en la carretera mientras medita en sus palabras y es acunada por la música, casi mística, reconfortante, con esa cantante que parece llevarla a otros lugares. Pero incluso en esos lugares la rubia parece el centro. Le gustan las chicas, o eso a dicho su amiga, le gustan las chicas y necesita olvidarla ¿a ella? Su amiga había dicho Regina y luego seguido de "la Evil Q...". Venía la Evil Queen, así es como la llaman. ¡Claro que estaba escuchando, cómo no iba a hacerlo! ¡Cómo perder la oportunidad de saber algo más de ella sin tener que preguntar, sin tener que exponerse! Estaba escuchando y no ha podido evitar que su corazón se encabritase al oír esa declaración de la amiga de Emma. Y a la vez ha tenido miedo, le ha dado miedo ver la puerta casi abierta a algo. Porque quiere algo, pero no puede, no debe...

―¿Te gusta?

Su voz la sorprende, esa pregunta más, se vuelve, perdida, hacía ella. Sus verdes ojos la miran de forma franca, aprovecha el semáforo en rojo para mirarla fijamente, y no sabe si por las palabras de antes, pero ve deseo. En ese verde en el que siempre le gusta mirar ve deseo y nota como se le seca la garganta y como todo se tambalea.

―¿Qué? ―la voz casi le sale estrangulada.

―La música. ¿Te gusta?

Suspira de forma casi imperceptible y asiente pese a que Emma ya tiene la vista en la carretera de nuevo al ponerse el semáforo en verde.

―Sí, está muy bien.

―¿Vamos bien por aquí? Nunca me fío de estos cacharros.

Fija la vista en la carretera y mira la calle. Se sorprende al ver que están casi al lado de su casa y lamenta decirle que siga recto durante dos manzanas más y habrán llegado. ¿Por qué se ha hecho tan corto el camino cuando a la ida le pareció eterno? ¿Es por qué no está Robin o es porque está Emma?

―Ésta es.

La rubia estaciona justo delante y apaga el motor dejando que aún así la música siga sonando. Se vuelve, sus verdes ojos fijos en los de ella, sonríe radiante y dice a través de sus rosados labios.

―Bueno, ya hemos llegado.

―Sí... gracias por traerme ―la mira a los ojos, fijamente, empieza a perderse en ellos. Le gustaría tener un mapa de sus ojos y llegar al lugar en el que confirmar sus miedos y sus ilusiones.

Never let me go, never let me go. Never let me go, never let me go. / Nunca me dejes ir, nunca me dejes ir. Nunca me dejes ir, nunca me dejes ir.

Sonríe de forma forzada por ese estribillo.

―De nada, Regina.

―Te cuesta llamarme así, ¿eh? Me obligas a llamarte Emma y luego te cuesta llamarme Regina.

Emma se encoje de hombros a modo de disculpa.

―Es que eres tú.

Lo dice de forma tan franca, tan directa, con esa sonrisa dulce... nota las ganas de besarla, el deseo en cada fibra de su ser.

―Pero eres tú. Todos me medio temen, a todos les afecto pero parece que no te afecto a ti―Emma inclina la cabeza atenta a sus palabras―. Si no fuese por lo que ha dicho tu amiga casi parecería que no existo en tu...

Entonces cae en la cuenta que ha dicho más de la cuenta. Se muerde el labio lamentando haberse relajado mientras cierra los ojos con fuerza un segundo. ¿Qué le pasa? Cuando los abre nota el pánico en los ojos de la rubia y como parece que quiera que la tierra la trague.

Dijiste que no estabas escuchando.

―Yo...

¡No era cierto! Era una de las bromas estúpidas de Ruby. Obviamente yo no... yo no... no necesito olvidarte ni nada. Porque... ¡Seguro que ya iba medio borracha! ¡En serio, le da mucho a la botella y se inventa cosas! ―habla en inglés, a toda velocidad, casi cuesta seguirla, prueba inequívoca de que está nerviosa y Regina parece haberse dado cuenta ya.

―Pues es una pena... ―la interrumpe y lo lamenta, hoy las palabras se escapan de sus labios, como si sus límites se hubiesen desbordado. No quería decirlo en voz alta, no quería, pero todo lo que no quiere hacer por miedo a hacerlo, es incapaz de evitarlo al mirarla, es innegable que lo que quiere es que sea cierto. Se muerde los labios lamentando haberlos abierto.

¿Qué...?

Sus ojos verdes la miran perdida, la ve tan frágil... Ve como Emma parece hacerse pequeña e indefensa y no puede evitarlo, siente unas ganas inmensas de echarse a sus brazos, pero como siempre se controla, es todo lo que hace. Traga saliva y se vuelve para quitarse el cinturón tratando de alejarse de lo que quiere pero... ve sus labios entreabiertos a escasos centímetros y no puede evitarlo. Se lanza a ellos, como tanta veces ha querido, como tantos días ha soñado y pensado y como jamás imaginó que haría.

Posa sus labios sobre los suyos en un simple roce. Un roce en el que van los deseos de todos los días desde que la vio. Pero sólo un roce, antes de atreverse a más, antes de tener tiempo de nada, se repone rápido de su locura. Se separa casi como movida por un resorte, notando la ira hacia si misma creciendo en su interior, con ganas de acabar con todo. Deseando haber alargado un poco ese pequeño instante, seguir sintiendo sus labios, porque al fin de cuentas ya lo ha complicado todo.

Cuando se separa ve como Emma la mira sorprendida, casi en shock y... como ya está todo perdido, como sabe que ya lo ha estropeado todo, no puede evitarlo...

Never let me go, never let me go. Never let me go, never let me go. / Nunca me dejes ir, nunca me dejes ir. Nunca me dejes ir, nunca me dejes ir.

Never let me go, never let me go. Never let me go, never let me go. / Nunca me dejes ir, nunca me dejes ir. Nunca me dejes ir, nunca me dejes ir.

Antes de darse cuenta, sus manos, ajenas a ella, sostienen su delicado rostro y la mira a los ojos, fija sus oscuros ojos en los de ella y los cierra antes de lanzarse a sus labios. Los devora, los devora con una pasión que casi duda haber sentido otra vez. Casi se siente morir de gozo en el instante en el que nota que Emma corresponde a sus labios, cuando la rubia le devuelve el beso mientras también sostiene su rostro y enreda sus manos en su oscuro cabello. Su mano en su nuca, tratando de acercarla aún más. Siente que por primera vez todo está bien a pesar de estar haciéndolo todo mal.

La lengua de Emma roza sus labios pidiendo paso y se lo da. Le daría todo ahora mismo con tal de que nunca dejase de besarla así. Ni en su mejor fantasía imaginaba sentir tanto con tan poco. El sabor de Emma invadiendo todo su ser, sus labios, su lengua, su aliento... jamás imaginó que en un beso se pudiera sentir tanto y a la vez demostrar tanto deseo. Jamás nadie la había besado así.

Siente su corazón golpeando con fuerza en su pecho, su lengua recorriendo la de la otra y sus labios buscando en los otros un lugar en el que parecen encajar. Parece que ahí, en sus labios rosados, hay un sitio para ella, uno en el que no le importaría quedarse.

Pero entonces termina, necesitan aire y al separarse se rompe todo: el momento, su fachada, su mundo... un mundo de cristal frágil que ha destruido por un beso, un sólo beso que es más que cualquier otro... Se horroriza y es consciente de lo que ha hecho y que por mucho que quiera no puede huir, no puede borrar ese error que cometería una y otra vez. Separa sus manos del rostro de Emma y ya parece echarlo de menos, casi nota como sus manos gritan por la ausencia de su tacto y debe haber algo en su mirada porque a pesar del deseo y de las ganas de más que hay en Emma sus manos se separan de ella casi con rabia, como si quemara.

―Yo... ―la respiración aún entrecortada, sus rosados labios y sus ojos parecen buscar una respuesta o una explicación―. ¿Qué has...? ¿Que acaba de...?

―Gracias por traerme, Señorita Swan ―dice con voz dura para bajar a toda prisa del coche, antes de desear y necesitar volver a besarla, porque sabe que de volver a hacerlo, ahora que por fin ha probado sus labios, que la ha sentido cerca, no podría parar, no querría. Vuelve al Señorita Swan, a las distancias, aunque ya es tarde, sabe que ha cruzado una línea que lo pone todo en peligro, una línea que ha evitado toda su vida y ahora...

―Espera... ―un susurro que la morena ignora mientras abre la puerta.

―Nos vemos en clase.

Cierra más fuerte de lo debido y saca fuerzas de donde puede para entrar en su casa a toda prisa y no volver a lanzarse sobre ella. Su corazón golpea con fuerza en su ser, sus latidos casi taponan sus oídos. Cierra la puerta y sube a su habitación lamentando lo que ha hecho y aún así sintiendo que necesita volver a hacerlo.

Se lleva las manos a la cabeza y suelta una maldición mientras lanza el bolso contra la cama. Aún tiene su sabor en la boca, aún nota sus manos en su rostro y en las suyas el suyo. Las lágrimas se amontonan en sus ojos y se odia. Lo que había reprimido durante tantos años Emma lo ha sacado a la luz en menos de tres meses.

Algo la lleva a mirar por la ventana y ve su coche aún abajo, justo donde la ha dejado. Una parte de ella quiere bajar y volver a besarla e incluso perderse en ella. Otra, la que siempre ha mandado, sabe que no debe, que debe quedarse, olvidarse de ella. Otra piensa que debe suplicarle para que no cuente nada. Pero no puede. No puede hacer nada. Por suerte ve que el coche se pone en marcha, las luces iluminan la carretera y la música sube a un volumen casi infernal. Suena un rato, entonces le llegan esos versos, los mismos de antes, casi sus pensamientos.

Never let me go, never let me go. Never let me go, never let me go. / Nunca me dejes ir, nunca me dejes ir. Nunca me dejes ir, nunca me dejes ir.

Never let me go, never let me go. Never let me go, never let me go. / Nunca me dejes ir, nunca me dejes ir. Nunca me dejes ir, nunca me dejes ir.

La ha vuelto a poner, ha vuelto a poner esa canción. Cierra los ojos mientras apoya la frente en el frío cristal y oye la música alejarse y también como su mundo, el que había creado, se resquebraja. No puede evitar echarse a llorar porque hasta ella tiene corazón y empieza a notar como esa rubia ocupa un lugar que no debería en él.


Acaba de cerrar la puerta, acaba de separar las manos de ella y ya es como si le faltase algo. Su sabor en su boca es la única prueba de ese beso que no sabe cómo interpretar. No sabe qué ha pasado... no lo entiende. Casi parece uno de sus muchos sueños. Uno de esos sueños en los que la hace suya. Pero esto ha sido real, jodidamente real. Está casada, es su profesora, no es lesbiana. Aunque... con ese beso lo parecía.

Ese beso... Sus dedos se van a sus labios, esos que ella ha devorado, esos que se perdían en los de ella. Le da miedo pensar en todo lo que ha sentido en ese beso, tanto por su parte como por la de Regina. No recuerda que nadie la haya besado como ella, con tanta pasión, tanto sentimiento, tanto dolor y casi que odio también peor notaba que no hacia ella. Nota su corazón latiendo tan fuerte que casi parecen golpes. ¿Qué debería hacer? ¿Entrar en su casa? ¿Irse como si nada pasara?

Se muerde los labios. Cierra los ojos con fuerza y arranca el coche. Busca la canción que ha sonado durante el beso y sube el volumen al máximo, no le importa que sea de noche ni que ella la escuche, la necesita.

Arranca y se pierde en la oscuridad.


―Venga, dice que bajemos.

Salen a la calle y no tardan en localizar el coche de su amiga, sería imposible no verlo llevando como lleva la música, tan alta, incluso más alto de lo normal en ella. Se miran entre ellas y luego miran a Emma. Está con la frente apoyada en el volante, sus manos sosteniéndolo con fuerza, los ojos cerrados y cantando sin ganas. Termina la canción y la vuelve a poner para volver a la misma pose.

―¿Qué le pasa? ―pregunta Elsa mientras avanzan.

―Ni idea ―abre la puerta y en seguida Emma se vuelve hacia ellas―. ¡Has tardado! ―disimula fingiendo no haberla visto.

―¡Lenta! ―sigue el rollo a Ruby porque sabe que su amiga odia hablar cuando está mal y ahora parece hecha polvo.

Sí, lo siento... ―baja el volumen y arranca, casi ni las mira, casi que en realidad no ve nada. Todo lo que ve es el rostro de Regina segundos antes de ese beso―. Os llevo pero no me quedo.

―¿Qué? ―exclaman a la vez.

―No me encuentro bien. Algo me ha sentado mal ―les sonríe de forma tan forzada que casi nota como su cara se resquebraja.

―¿Es por lo de la llamada?

―¡No! Sólo no me encuentro bien.

―Pero... ―Elsa mira a Ruby sin saber que decir más allá de ese "pero".

―Os llevo y me voy a casa.

Suena tan firme que sólo pueden asentir. Casi van en silencio todo el camino. Cuando llegan Emma les sonríe y les dice que les vaya bien antes de irse conduciendo, rápido, como siempre.

―Joder...

―Sí...

―¿Qué le pasará?

―No sé... sí que parecía que estaba enferma o algo ¿no?

―Sí, bueno Ruby, vamos a liarla, lo necesito.

Y tratando de no preocuparse demasiado entran a la discoteca con ganas de darlo todo y de encontrar algo o alguien capaces de borrarles todos sus problemas.


Cuando Robin llega a casa ella finge estar dormida, finge que lleva durmiendo desde que llegó, cuando lo cierto es que es incapaz de pegar ojo. De tenerlos abiertos su marido los vería enrojecidos de tanto llorar. No puede quitarse de la cabeza lo que ha hecho y mucho menos a ella.

Lo cierto es que desde la primera vez que la vio no puede echarla de sus pensamientos. Tanto años mintiendo para que ella, con tan sólo un par de miradas, lo destrocé todo. Aunque tampoco había mucho que destruir, todo lo que tenía, todo lo que tiene, es una gran mentira. Un matrimonio sin amor, una vida vacía y todo por el miedo. Un miedo que ella ha hecho que olvide por unos instantes y que ahora le atenaza el corazón pero por un momento, en sus labios, no tuvo miedo de nada, sólo de lo mucho que le hacía sentir y ha sido el miedo más maravilloso que ha sentido jamás.

Pasan las horas, Robin ya ronca, y ella sigue sin dormir.


¿Te vas? Son sólo las siete, Emma.

Se vuelve para mirar a Sidney y asiente seria, ni rastro de su sonrisa habitual.

¿Con la moto?

Sí...

¿Va todo bien?

Claro.

Él asiente con una sonrisa afable y ella se marcha con el casco en la mano. Se lo pone de camino al garaje y tras subirse en la moto da todo gas y sale disparada. No sabe a dónde, ni porqué, pero cuando está mal siempre termina en su moto a toda velocidad conduciendo sin más. Pero esta vez, incluso antes de arrancar, sabe a dónde va. No es que lo haya planeado, ni que sea premeditado, es sólo que siente que debe ir, casi como si fuera el único sitio en la Tierra. Va a su casa casi sin darse cuenta. Acelera más de la cuenta mientras se muerde el labio.

Llega a su casa más rápido de lo que habría pensado y frena. Se detiene y con el casco puesto mira hacia la puerta. Mira como si con hacerlo ella fuese a salir. Se está casi una media hora ahí quieta y ella no sale. "¿Por qué iba a hacerlo? Aunque... ¿por qué iba a besarme?"

Suspira y finalmente arranca de nuevo. Esta vez conduce más lento. Mira la zona, nunca había estado ahí. Ve tras un par de calles un pequeño mirador y decide para en él. Aparca la moto, se cuelga el caso en el brazo y se sienta en el suelo mirando las vistas.

Pese a ver estado toda la noche en vela se siente despierta. Toda la noche en vela dándole vueltas a la noche anterior. Toda la noche en vela pensando en ese beso, ese beso que casi le hace perder la razón. Deja el casco en el suelo, se hace uno de sus moños despeinados, y con las piernas aún cruzadas estira la espalda en el suelo apoyando la cabeza en sus brazos. Mira el cielo en el que el sol empieza a ganar terreno.

Suspira. Esta no es su forma ideal de pasar un domingo ni mucho menos. Desearía estar en su cama hasta las dos del mediodía como suele hacer, pero no, está en mitad de un mirador, tumbada en el suelo, pensando en ella. Pensando en el beso. Confusa como nunca. Porque sí, se moría de ganas de que pasase, fantaseaba con ello algunas veces, en algunas clases, hasta en la misma fiesta de su padre, pero de ahí a que pasara... jamás imaginó que sería posible por mucho que le gustase. Y menos ahora que se planteaba olvidarla, cómo si fuese posible.

"Está casada, con Robin. Es hetero. Bueno, quizá no una muy buena. ¿Y si no lo es? Y si..." De nuevo los "y si..." toda la noche en su cabeza, toda la noche rondando ante ella.

Sus " y si..." son interrumpidos.

―¿Qué haces aquí? ―un deje de pánico en esas palabras.

Abre los ojos sorprendida y se topa con los oscuros de ella. Ahora casi parecen negros. Se levanta movida por un resorte y se planta frente a ella. Está como jamás la habría imaginado: una coleta alta, sudada, con ropa de deporte y aún así le sigue pareciendo perfecta. El pantalón ceñido marca esas curvas en las que ayer moría por poner sus manos y que evitó para no terminar perdiéndose. Sacude la cabeza e inspira profundamente antes de decir:

―No lo sé. Antes de darme cuenta estaba aquí.

―¿A qué has venido? ―mira a todos lados como si temiese ser descubierta.

Le fastidia. Le fastidia que le hable así, como si fuese su culpa y quizás por no haber dormido explota:

Perdona pero la que debería pedir explicaciones soy yo, ¿eh? ¡De qué vas! ―alza un poco la voz sin ser consciente y habla veloz en inglés―. Me besas en mi coche y luego te vas acojonada. ¡Cómo si fuese mi culpa! ¡Cómo si hubiese sido yo la que se lanzó a tus labios! Y ahora si vengo a pedir explicaciones ¿soy la mala? Si tanto miedo te da que te vean conmigo no haber hecho nada. ¡Yo...! ¡Vete a la mierda! ¡Estaba dispuesta a olvidarte! ¡Iba a hacerlo y de repente me besas! ¿Por qué? ¡Qué te den! ―fija sus ojos en los de ella y los cierra con fuerza lamentando cada palabra al instante―. Lo siento... yo... Lo siento mucho profesora, yo...

Profesora... ya ni se atreve con Señorita Mills, mucho menos con Regina.

―No... tienes razón ―casi un susurro―. Es sólo que... no esperaba verte aquí.

Se quedan en silencio. Mirándose a los ojos y ambas deseando querer perderse en la otra sabiendo que no deben. Casi sienten una fuerza que las empuja hacia la otra, pero las dos son bastante fuertes, las dos siguen clavadas en el suelo. Una por miedo, la otra por orgullo.

―¿Lo sabe alguien?

―No... ―se habría ofendido de no notar el pánico en su voz y ver como sus ojos se aguan.

―Nadie debe saberlo... Te debo una explicación pero no aquí, no donde todo el mundo pueda vernos.

―Ya... ―desvía la mirada para no besarla, no mientras ella pone esos ojos de dolor, no mientras ella parece más vulnerable y adorable que nunca.

―Ven mañana por la mañana a mi casa. Robin se va las siete y media.

Y antes de que diga nada se va corriendo, sigue su ruta y se pierde. Ella se queda ahí, viendo como se va, notando como olvidarla parece cada vez más imposible.


―¿Cómo estás? ―la llama en cuanto se despierta.

―Bien.

―Ayer estabas rara ―va al baño a tratar de arreglar su cabello revuelto.

―Me encontraba mal, pero ya estoy bien.

―¿Qué haces? ―bosteza y escucha la risa de Emma.

―Estudiar, cosa que también deberías intentar tú, Ruby ―la morena se sorprende de la capacidad de su amiga para centrarse en estudiar un domingo y si supiera todos los miedos, las dudas y el deseo que invade su mente aún le sorprendería más. Pero Emma no le dice nada, se limita a fingir que todo va bien, que no pasa nada con Regina, que Regina y ella no han coincidido nunca lejos de la universidad. Fingiendo que lo que siente por ella no se empieza a desbordar.

―Qué va. Por cierto... ―no puede evitar el entusiasmo en su voz―. Elsa ha quedado con Ariel hoy.

Escucha como su amiga chasquea la lengua y un bolígrafo que cae.

―No te cae bien, ¿eh?

―No es eso... no quiero que le haga daño.

―Te preocupas demasiado por ella.

―Sí, bueno,es mi amiga. Te dejo que quiero estudiar.

―¿Te pasa algo? ―baja la voz al oírle acercarse. Le mira y le hace un gesto para que se calle. Él sonríe y levantando las manos vuelve a la cama.

―No.

―Eso esun sí... ―se muerde el labio tratando de contener las lágrimas.

―No, ¿vale? Adiós, Ruby.

―Em... ―su voz un susurro.

―¿Qué? ―suena confusa.

―Soy idiota, ¿no? ―se sienta en el filo de la bañera y cierra la puerta para no verle.

―¿Qué?

―No, nada. Adiós...

Cuelga. Se queda sentada sin moverse hasta que al rato oye que él llama a la puerta. La abre y Whale asoma su rostro, la mira con las cejas alzadas y una sonrisa torcida.

―¿Vamos a hacer algo o me voy?

Le encantaría decir que se fuera, que se fuera lejos y no verlo más. Pero no puede. Porque a pesar de todo le sigue queriendo, pese a haberle visto con aquella en la cama, le sigue queriendo. Le llamó en cuanto se separó de Elsa porque necesitaba estar con él. "Sigo siendo una idiota".

Se levanta y le besa con rabia mientras él la lleva hacia la cama.


―¿Dónde estabas esta mañana? ―le pregunta en cuanto sale de la ducha envuelta en la toalla.

―Fui a correr. ¿Llegaste muy tarde? ―pregunta como si no lo supiera―. No te oí llegar.

―Estabas bastante dormida ―se levanta y le da un dulce beso en los labios―. Llegué a las dos.

Se va hacia el baño y se lleva los dedos a sus labios. Nada. No siente nada. Ni un décima parte de lo que sintió con ella, es más, le cabrea que él borre el rastro de los labios de ella. Inspira profundamente y trata de sonar como siempre.

―¿Qué querrás comer hoy?

―Lo que tu quieras, Regina.

"A ella". Sacude la cabeza y empieza a secarse. Hará pasta: fácil y rápido. Así podrá echarse un rato en el sofá y recuperar el sueño perdido. Correr le ha ayudado, es más, le ha permitido verla, pero la ha dejado peor aún. Quiere una explicación y debe dársela ni que sea para que no diga nada a nadie.

―¿Pasta?

―Perfecto.


En cuanto entra al café la ve en la mesa del fondo. Con su mejilla apoyada en su mano, su cabello ocultando sus ojos a través de un flequillo nuevo. Le queda bien, no, está perfecta. Como siempre... La puerta se cierra a sus espaldas y Ariel mira. Sus ojos verdes se clavan en ella. Elsa baja la vista y avanza.

Se siente en frente y ve que ya se ha acabado el café. "¿Cuánto rato llevará aquí?"

―Llevo ya un rato ―parece haberle leído la mente―. ¿Café con leche?

―Sí...

Sonríe de forma forzada y se levanta a pedir a la barra los dos cafés para que lleguen antes. Elsa mira el móvil nerviosa, tratando de hacer algo mientras vuelve. Ariel vuelve y la mira inclinando la cabeza.

―¿Cómo me queda? ―se señala el flequillo y sostiene un mechón entre sus dedos. Parece querer llenar el vacío―. Me lo he cortado yo misma esta mañana, no estoy segura de haberlo hecho bien. Una no puede fiarse de la opinión de una madre, ¿no?

Llega el camarero y les da los cafés. Elsa los mira extrañada. Son para llevar.

―He pensado que sería mejor hablar dando una vuelta ―sonríe insegura y la rubia asiente.

Cuando se marchan, una vez en la calle, no puede evitar preguntarlo.

―¿Qué quieres?

―¿Qué?

―¿Qué quieres, Ariel?

―A ti sería una respuesta muy típica, ¿no? ―se encoje de hombros y la mira a los ojos―. Tú no lo entiendes...

―No. Obviamente no ―no puede evitar cabrearse, tiene todo el derecho―. Aquel día nos liamos, lo pasamos bien, me dijiste que te gustaba y al día siguiente ni te acercas a mí. Me esquivas. Pasas de mí y luego te veo con Eric. Obviamente no te entiendo. No sé si quiero.

―Es mi familia ―remueve el café con la cucharilla con manos temblorosas―. No lo entiendes, son muy antiguos. ¿Qué crees que pasaría si les dijera que estoy con una tía? ¡Me echarían de casa! ¡Lo perdería todo!

―Vale, lo entiendo― aunque la verdad es que no, que no puede entenderla porque ella no tiene ese problema, porque es de las que se lanzan con todo―. Sólo amigas. Te queda muy bien el flequillo.

―Elsa...

―¿Cómo llevas el examen del lunes? ―cambia de tema porque es más fácil.

La escucha suspirar y al final contesta. Caminan mientras se toman el café, caminan durante una hora y no pasa nada. Sólo hablan. Sólo amigas, aunque ninguna de las dos sólo quiera eso.


―¿Ya te vas? ―pregunta mientras hunde el rostro en la almohada.

Él se vuelve sorprendido y sonríe.

―Se nota que ayer dormiste en el sofá tres horas. Sí, ya me voy ―le da un beso en la cabeza y sale de la habitación.

―Que vaya bien ―grita para que le escuche.

Regina se tapa más con la manta y se arrepiente de la siesta de ayer. Acabó rendida en el sofá después de comer. Se durmió y luego tras cenar seguía tan cansada que simplemente alcanzó a quitarse el pantalón antes de volver a caer rendida con tan sólo la camiseta de manga corta ancha y sus bragas.

Llaman a la puerta y suelta una maldición y se levanta. Baja las escaleras descalza mientras se acomoda un poco el cabello. Cuando llega a la puerta no puede evitar preguntar mientras abre.

―¿Qué te has dejado aho...? ―las palabras mueren en sus labios.

No es el azul de él el que la recibe. Es el verde de ella.

Continuará...


Ya está! Ya se han besaó! Ya no podéis quejaros más por ello xD