Hola. Hoy seré solemne, no necesito disculparme por tardar... vuestro odio es hacía los escritores de la cutre comedia que por desgracia nos enganchó, JTV. Pero bueno, todo indica que ROISA ha muerto y si es así, por mi parte, adiós a la serie... la cual ya sólo veo las escasas escenas de Luisa... ¿Qué decir del último capítulo? ¿DEL ÚLTIMO MOMENTO ROISA? Gran decepción... es todo lo que puedo expresar, Rose de morir, merecía morir de otra forma, no se, en brazos de Luisa, no traicionada por ella... aunque yo creo que está viva, fue una muerte demasiado fake, y esto amigos, ¡es una telenovela!

Os dejo un dulce capítulo de mi fic, para animaros, si es que se puede. Graciaaaaaaas infinitas por leerme y review; NonSam, y Kafg ^^ Lo aprecio, mucho.


CAPÍTULO 10

Luisa… cariño – intentado llamar su atención pero Luisa parecía absorta en otro planeta y aun no había contestado a la simple pregunta de "¿qué novedades tienes que contarme?".

Las razones por las que Luisa no se había atrevido a hablar eran porque tenía que su sinceridad se apoderase de ella y lo soltase todo. No sólo hablaba con su psiquiatra, sino con su nueva novia ante los ojos de su padre. Por tanto no podía por nada del mundo que desde hacía una semana se había convertido en la amante formal de su madrastra. Y que Allison tenía unos cuernos que no la cabían por la puerta, tampoco.

-Perdona nena, pues nada, ha sido una semana muy monótona, y aburrida en el hotel…

-Más arriba.. no, no, abajo, ¡oh oh no pares! – mordiéndose el labio – Uff, ¿dónde has aprendido a hacer esto?

Rose llevaba media hora dando un masaje en los pies a Luisa y no se cansaba de escucharla gemir de placer.

-No lo sé Lu, pero si quieres puedo enseñarte – amasando las yemas de las falanges carpianas con mayor presión.

-¡Descuida! No quiero aprender, prefiero que me den a mí los masajes – cerrando los ojos al sentir la fuerza de las palmas de las manos de Rose contra los dedos de sus pies.

-Y yo prefiero ser quien te de los masajes, verte morir de placer es mucho más placentero que todo el sexo del mundo – acercando sus labios rojizos a los pies de Luisa y besándolos.

-¡Para, para, me haces cosquillas!

-Pues eso, que no he hecho naaaaada interesante, y no, tranquila, no me he aburrido hasta tal punto que he vuelto a beber. Lo tengo superado, no lo necesito, ni lo echo de menos – sonriendo a su psiquiatra.

-¿Y eso por qué? ¿Tienes algún hobby nuevo? – alzando una ceja en tono provocativo.

-¡Allison, aquí no! – impidiendo que la rubia le hiciese el amor en el ascensor del hotel de su padre. Luisa estaba muerta de vergüenza, y no porque les pillase cualquier empleado, que le daba igual. Si no, porque si les pillaba Rose Solano iba a meterse en un buen lio.

-¡No seas aguafiestas! – arrodillándose ante Luisa y desabrochándole el pantalón. A lo cual Luisa ya no pudo decir que no.

-Sí, me he echado novia y le gusta tener sexo en sitios públicos. Es un poco guarra – recibiendo el impacto de un cojín en su cara. Se lo había ganado.

-Creo que la sesión ha acabado por hoy. Te veo perfectamente y me alegro mucho. Profesional y personalmente. Y ya he acabado con todos mis pacientes por hoy, ¿me invitas a cenar? – levantándose de su sillón y acercándose al sofá donde Luisa estaba tumbada.

-Es que… ¡no puedo! Ya tengo planes con Rose, ya sabes, planes forzosos, me obliga mi padre, y no puedo decir que no.

-Voy contigo, soy tu pareja… Quiero llevarte mejor con tu madrastra – solucionando el problema.

-Tengo que ir sola. Es que Rose es muy difícil de tratar – inventando cualquier excusa viable para que Allison desistiese de ir con ellas.

-Pues por eso, yo soy psiquiatra, a lo mejor necesita ayuda.

-No mujer, es estrés… por la boda. Tenemos que ir a buscar un vestido de novia de nuevo (mintió) y es tan exigente ¡agh! – fingiendo una muesca de asco.

-Rose… como rompamos el vestido nos va a tocar pagarlo – poniéndose tensa y susurrando.

-¿Y? No me importa – mordisqueando el cuello de Luisa con su posible vestido de novia puesto dentro de un diminuto probador de una boutique de alto standing.

-¿Hemos venido a buscar vestido o a visitar todos los probadores de la ciudad? – intentando evitar que pasase lo que iba a pasar, por cuarta consecutiva vez en esa sola tarde.

-¿Te he dicho ya que eres una carca? – levantando la cabeza del escote de Luisa, y subiéndose los tirantes de su vestido de novia – No me gusta el vestido, vayámonos a otra tienda – quitándosele de un movimiento y quedando sólo en braguitas ante la mirada de Luisa que se encontraba a pocos centímetros - ¡No! Ahora no, ni se te ocurra tocarme que nos pueden pillar.

-Pero… - arrepintiéndose de sus palabras y quedándose con las ganas.

-Vaya, si tan especialita es buscando vestido de novia… te la dejo para ti sola, es un asunto familiar. Si, si, tengo papeleo que hacer – besando la mejilla de su novia y despidiéndose de Luisa.

-Ya te llamo ¿vale? – guiñando el ojo a Allison y saliendo por la puerta de la consulta, resoplando. Uf, se había librado por los pelos.

Abajo, en el parking, el chófer de Rose la estaba esperando para llevarla a saber donde a hacer el qué.

-¡Buenas tardes Joey! – saludando amigablemente al bonachón del chófer. Según Rose llevaba toda la vida en su familia, y lo quería como a uno más. Familia a la que aun no conocía, y tampoco parecía que fuesen a venir a la boda pero… no eran temas que hablar con una amante, se supone que no debería interesarle nada que no fuese carnal, y pasional.

-Buenas tardes señorita Alver, la niña Rose os espera en su apartamento.

-¡Oh! – Luisa no fue capaz de decir nada más. Hasta ahora sólo habían estado juntas en el hotel o sitios públicos. Obviamente Rose tenía una casa en dónde dormía cuando no lo hacía en el hotel pero aun no le había llevado. Parecía ser un paso muy importante en su relación. Ni siquiera su padre (futuro marido de Rose) conocía en donde habitaba su prometida.

-¿Le pasa algo señorita Alver? – inquirió el chófer.

-¡Ay no, no, tranquilo! Sólo estoy muy emocionada – sonriendo de oreja a oreja, impaciente por llegar a la guarida de Rose.

Después de unos quince minutos en coche, por fin llegaron. Era una zona de la ciudad que Luisa no conocía, tampoco es que frecuentase mucho otros lugares que no fuesen el minibar de su hotel en sus tiempos jóvenes, peeeero… parecía una urbanización de lujo muy bien situada.

-La puerta está abierta, sólo debe dirigirse al edificio B puerta 12. Que pase una agradable tarde señorita Alver – abriéndole la puerta del coche e indicándole la dirección.

-Más que agradable… - pensó Luisa al mismo tiempo que se dirigía en la dirección que Joey la había indicado. Tras medio minuto andando encontró la puerta y la abrió, estaba abierta, buena señal de que no se había equivocado.

Al entrar en el largo pasillo al que daba paso la puerta exterior, la única iluminación era la luz tenue de las velas que indicaban un recorrido a seguir. Luisa se estremeció y siguió andando. Tras unos pocos pasos, apareció el salón, con una mesita delante del sofá con más velas. En el medio sólo había un jarrón con una flor recién cortada, era una rosa. Luisa dejó el bolso en un lateral y se inclinó a oler la rosa.

-¿Te gusta? – sorprendiéndole la voz angelical de Rose en su nuca – Porque las sorpresas no han hecho más que empezar – besando el bello erizado de la nuca de Luisa, provocando que se estremeciese.

-¿Y a qué se debe todo esto? – dándose la vuelta, quedando frente a frente con Rose, la cual estaba preciosa con una sencillo vestido azul marino, de tirante fino, cubierto en el lado derecho por su cabellera pelirroja.

-Hoy es nuestro mes aniversario – sonriendo a Lu con los ojos relucientes.

-¿Es nuestro qué? – sin entender nada de lo que Rose decía, pero no la importaba, era tan bella.

-Pues eso, que hoy hace treinta días; igual a un mes, de nuestra primera vez. Es 4 de Agosto, ¿se te había olvidado? – apoyando sus manos en los hombros de Luisa – tranquila, yo me acordaré por las dos, soy muy buena con las fechas. Pero espero que para nuestro próximo mes aniversario me regales algo – besando en la mejilla a Lu, y separándose de ella, yendo en dirección a la cocina – Espérame aquí, la cena ya está casi lista.

Luisa sin moverse, ni abrir la boca se quedo petrificada en mitad de toda esa parafernalia con velitas… ¿Mes aniversario? ¿Hola? ¿Dónde se había metido? Menos mal que sólo era su amante definición de sexo, sexo y más sexo… Si Rose trataba así a sus amantes, ¿cómo trataría a sus novias? Y lo peor, ahora tenía que buscar un regalo diferente para cada mes, y había ¡12 meses en cada año! Estaba a punto de llorar por su desgracia cuando Rose apareció por el umbral de la puerta con un picardías negro y un bote de nata en la mano.

Quizás no era tanta desgracia al fin y al cabo.


P.D: Cada párrafo en cursiva es un recuerdo de Luisa, para que me entendáis.