A petición popular, cuelgo este epilogo, que también podría ser el primer capitulo de la segunda parte, porque señoras y señores, habrá segunda parte. Eso si, no me preguntéis cuando la colgare, porque con eso de que tengo que bajar al ciber a hacer cualquier cosa pues…
Solo es un aperitivo muy muy corto para ir abriendo boca, pero espero que os guste.
PS: Hasta ahora le he estado llamando "el enterrador" pero como se supone que ya esta jubilado le llamare Mark
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Mark, antes conocido como "The Uncertaker" o "el enterrador en España" abrió los ojos para mirar a la joven que estaba acurrucada en su pecho. Sonrió levemente y la arropo. Se sentía exhausto, la edad pasaba factura, y más con nochecitas como la anterior. Pero se sentía feliz. Llevaba unos meses viviendo en aquella cabaña con la mujer que amaba, sin saber que sus ex-compañeros, parte de su familia y por supuesto, la prensa (además de unos cuantos fans), le buscaban casi con desesperación. Y por supuesto, ni se le paso por la cabeza que alguien pudiera sobornar al detective que había utilizado para localizar a Victoria para que hablara. Y mucho menos, que ese alguien se encaminara hacia allí.
Miro al lobo que estaba tumbado frente a la chimenea. Pronto había descubierto que el animal y el se profesaban una antipatía mutua, tal vez por el instinto común de todos los machos de todas las especies de "poseer" a las hembras… Pero de algún modo, habían logrado llegar al acuerdo de ignorarse el uno al otro por el bien común. Aun así, Mark tenia que admitir que aquel animal semisalvaje era muy inteligente. Tal vez demasiado.
Abrazo mejor a su compañera y cerro los ojos para dormir otro rato. Lo necesitaba.
Cuando Mark ya se había abandonado al sueño, el lobo levanto bruscamente la cabeza, alerta. Alguien se acercaba a la puerta de la cabaña. Alguien que traería problemas a aquel remanso de paz.
