Disclaimer: La vida es sueño y los sueños, sueños son. Quienquiera que sea el dueño de los derechos de CSI, por favor no me demande que los sueños son lo único que tengo.

N.A.¡Atención! este fic está alcanzando niveles tóxicos de fluff. Léalo bajo su propia responsabilidad.


Grissom miró de reojo. Sara dormía plácidamente. Volvió su mirada al cielo con una sonrisa.


Susurró el nombre de ella al tiempo que la remecía ligeramente para despertarla

- Se está haciendo tarde, Sara. Será mejor que nos vayamos pronto.

Sara pestañeó pesadamente y le miró con la vista aun nublada por el sueño.

- ¿Hmmm? – fue su única respuesta

- Debemos irnos – repitió Grissom divertido. Nunca había sentido tanta ternura por alguien como ahora – Además, se me está adormeciendo el brazo.

Sara se levantó rápidamente

- Lo siento – le espetó con una sonrisa medio traviesa, medio tímida – No me di cuenta ¿Estuve mucho tiempo dormida?

- No mucho – respondió él con la mirada fija en su puño que abría y cerraba para restaurar la circulación.

Luego de guardar la manta nuevamente en el maletero, se encaminaron de vuelta hacia la ciudad. Sara iba al volante. Grissom se relajó y dirigió su vista a un costado del camino. Luego de varios minutos, miró a Sara quien estaba seria. Sólo ahí se percató del silencio que pesaba en la atmósfera.

- ¿Qué piensas? – preguntó él.

- Nada, sólo conduzco.

- Nadie piensa nada – después de una pausa agregó – Dostoyevski le pidió a su hermano que no pensara en un oso blanco. Si yo te pido lo mismo ¿eres capaz de hacerlo?

- Pero eso es trampa, porque al mencionarlo… - Sara le dirigió una mirada fugaz y se dio cuenta del gesto de satisfacción en el rostro de él. Sonrió junto con Grissom.

- Bueno ¿qué pensabas hace un momento entonces?

Sara titubeó un segundo pero luego se decidió a responder.

- En lo que me dijiste cuando mirábamos las estrellas.

Grissom se sobresaltó ¿No estaba durmiendo?

- ¿Qué cosa, Sara?

- Sobre tus cumpleaños.

¡Ah¡Eso! - ¿Qué pasa con mis cumpleaños?

- Bueno, este… es que… es que parecía más mi cumpleaños que el tuyo.

- Pero si tú eres feliz, yo también lo soy.

Sara le miró contenta. Grissom y sus frases.

- Yo me refería a que me gustaría regalarte algo…

- No te molestes

- ¡No es molestia!

De la nada, Sara soltó:

- ¿Podemos volver a vernos mañana?

El rostro de Grissom cambió completamente. Ella se arrepintió de la pregunta. ¡Maldición! Lo he arruinado todo.

Él abrió la boca para responder, pero, como siempre, no encontró las palabras adecuadas y, también como siempre, Sara se le adelantó.

- Lo siento, no quise presionarte. No importa entonces, nos vemos de nuevo el lunes en el laboratorio. Allí te entrego el regalo y…

- ¡Sara!

Ella calló como si hubiese sido una orden. Grissom suspiró. Comenzó:

- Sara, yo… - iba a decirle que le encantaría verle nuevamente el domingo, pero se traicionó – necesito que me dejes en un hotel. Mi departamento aún sufre los estragos de mi… pésimo talento culinario – recordó el beso y se aclaró la garganta nervioso.

- Pero, Griss, puedes quedarte en mi casa, no hay problema – dijo ella con naturalidad. Segundos después sopesó las implicancias de su ofrecimiento y se sonrojó en silencio.

Después de un rato agregó

- Sólo si quieres. Porque si te incomoda lo entend…

- Sí quiero – le interrumpió él ansioso. Quizás demasiado ansioso. Ambos lo notaron y decidieron no hablar más en lo que restaba de camino.


Sara le había pasado un par de mantas a Grissom quien dormiría en el sillón.

- Gracias

- De nada – dijo ella- Que duermas bien. Si necesitas algo, avísame. El sillón es bastante cómodo, aunque no lo creas – sonrió.

No quiero siquiera pensar porqué Sara dormiría en el sillón teniendo una cama en su dormitorio.

Sara se dirigió a su habitación. Iba a cerrar la puerta tras ella, pero dio media vuelta.

- Parece que nos veremos mañana de todas formas.

Grissom sintió una tibieza llenando su pecho pero sólo atinó a responder bruscamente

- Sí. Buenas noches.

- Buenas noches, Grissom


Sara no podía dormir. Con la mirada fija en la hora que indicaba su radio reloj, pensaba en todo lo que le había sucedido en el día ¿Qué la había llevado a conducir hasta la casa de Grissom? No es que se arrepintiera, al contrario, pero justo se le ocurrió acatar sus impulsos en el día del cumpleaños de él y eso le parecía extraño. Todo le parecía extraño. Es que no estaba acostumbrada a tanta felicidad y menos con Gilbert Grissom, el hombre culpable de la mayoría de sus angustias durante los últimos años.

Pero lejos, lo más extraño de todo era lo sencillo que había sido contestar ese beso y la espontaneidad con la que se había dormido en sus brazos… y ahora, en este preciso instante, no podía conciliar el sueño. Era como si, habiendo probado lo que era dormir junto a él, dormir sola ya no tuviese sentido. Resignada al insomnio encendió la luz de la mesa de noche.

De pronto, tuvo miedo ¿Qué pasa si mañana todo cambia?¿Si se arrepiente de haberme besado?¿De haber cenado conmigo? Sara, habiendo estado en el sistema desde los 13 años deberías saber que la gente se arrepiente hasta de haber amado ¿Cuántos niños viste volver al orfanato con el corazón destrozado porque sus padres adoptivos ya no les querían? Tú, Sara Sidle, deberías dejar de ilusionarte. Sólo disfruta el momento.

Su monólogo no le evadía de la tristeza. La verdad era que no quería perder a Grissom. Él era el único hombre a quien realmente había amado en su vida y el sólo pensar en un futuro sin él, le hacía sentir como si su corazón se hundiera en un agujero sin fondo.

Sintió unos golpes en la puerta que la arrancaron súbitamente de su debate interno. Con rapidez, se sentó contra el respaldo y tomó el primer libro que había en su velador. Lo abrió en cualquier página mientras pronunciaba – Adelante.

- Permiso – dijo Grissom entrando tímidamente al dormitorio de Sara. Estaba un poco desgreñado: su camisa y pantalones arrugados, descalzo y con unas nacientes ojeras bajo sus penetrantes ojos azules. Sin embargo, la genuina sonrisa que llenaba su rostro le hacía ver todavía presentable.

- ¿Tampoco puedes dormir? – preguntó él con cansancio.

- Pensé que leyendo me daría un poco de sueño – dijo ella levantando un poco el libro a manera de explicación.

- ¿Qué lees? – inquirió sentándose a los pies de la cama. Ella le pasó el libro. Después de una breve inspección, acotó con sarcasmo:

- Sara ¿en realidad estabas leyendo?

Ante la mirada de perplejidad de ella se expresó mejor.

- Ni la tapa, ni la contratapa están tibias, por lo que no has sostenido este libro por más de unos segundos. Además… "La Guía Telefónica" no es una lectura muy amena.

Sara rió.

- ¡Pero es que quería dormir! – dijo a modo de broma. Grissom no rió. Su ceño fruncido estaba ahora fijo en su rostro.

- No soy buena humorista ¿no? La verdad es que nunca…

Grissom ya no la estaba escuchando. Le interrumpió.

- Sara¿estabas llorando?

Con preocupación frunció los labios y le miró como si no esperase salir de su boca nada más que una explicación. Sara se limpió la cara con el dorso de la mano y sonrió.

- Es que me emocioné cuando llegué a los "González"

Parecía como si él no hubiese escuchado el comentario: continuaba esperando una respuesta.

- Déjalo ya. No es nada. De verdad.

- ¿No es nada¿O no quieres decírmelo?

Sara no sabía qué contestar a eso. Prefirió sincerarse.

- Tengo miedo, Grissom. – dijo, desviando la mirada.

- ¿De qué, Sara? – ella le miró nuevamente

- Del futuro.

- Sabes… William Golding dijo una vez que el miedo no es capaz de hacerte más daño que lo que un sueño puede.

Grissom vio como el rostro de ella volvía a iluminarse y la alegría comenzaba a insinuarse en sus comisuras. Su mirada se detuvo sobre la cicatriz en el hombro desnudo de ella. Añadió:

- Si te sirve de consuelo yo también tengo mis propios miedos

Él se levantó.

- Bueno, duerme ya y no pienses tanto en el futuro, que nunca es como uno espera.

Posó por un momento su mano sobre la de ella y se dirigió hacia la sala de estar.

- Grissom – lo detuvo Sara –… no te vayas.

Él, aún de espaldas, tragó un poco de saliva y respondió.

- Está bien

- Acompáñame, por favor. Al menos hasta que me duerma

- No hay problema.

Se sentó en la cama, al lado de ella, con las piernas estiradas sobre el cobertor. Ella acostada y con los ojos cerrados, le pidió:

- Cuéntame algo.

Grissom entrelazó los dedos sobre su regazo y pensó en algo que decirle, pero no se le ocurrió nada.

- ¿Algo como qué? Además la última vez que lo intenté, te quedaste dormida en la mejor parte – sonrió recordando su angelical rostro dormido.

- Pero entonces cuéntamelo de nuevo. Eso sí, que sea la versión corta, para que no me duerma en lo mejor otra vez.

El silencio se adueñó por un instante de la habitación.

- Te amo, Sara.

Le tomó a ella un par de segundos creer lo que realmente había escuchado. Abrió los ojos extrañada y le miró. Él continuaba con la vista baja y se notaba que le había costado mucho trabajo decirlo.

Sara se incorporó y se sentó de rodillas. Deslizó suavemente una mano por su mejilla y logró que le viera a los ojos. Él todavía conservaba esa mirada asustadiza. ¿Cómo puede todavía dudar de que le quiero?

Acercó sus labios a los de él y le besó dulcemente. Él cerró los ojos y se dejó inundar por su cariño. No supo hacer otra cosa.

Sara, con los ojos aún cerrados, apoyó su frente sobre la de él.

- Yo también te amo, Griss.


TBC