Summary: "Y todo estaba bien", ese fue el final para la generación de Harry, Ron y Hermione. Cuando 19 años después sus hijos asisten a Hogwarts, ellos serán los protagonistas de nuevas aventuras.
Dsiclaimer: Los nombres y lugares de Harry Potter© son propiedad de Warner Bros., Little Brown y de la "Reina" J. K. Rowling. Yo solo los tomo prestados para pasar el tiempo y… jugar con ellos.
LA TORRE DEL TERROR
Con el correr de los días, las cosas parecían ir más tranquilas de lo que habían sido las primeras semanas como alumnos de Hogwarts para el nuevo trío de Gryffindor. Una de las noticias más importantes las vivieron la segunda semana de octubre, cuando el hermano de Albus entró corriendo a la Sala Común con una euforia digna de un demonio de Tasmania. Al parecer tanto él como Fred habían conseguido los puestos de golpeadores en el equipo de Quidditch de Gryffindor, los padres de los chicos no podían estar más contentos, cosa que hicieron saber cuando a la mañana siguiente de la noticia, tanto Fred como James recibieron nuevos bates y protectores que complementarían su vestimenta y accesorios para sus juegos. Jocelyn Wood, la capitana, les hizo saber que estaba conforme con su decisión y que esperaba que con ellos el equipo mejorara un poco, aunque estaba aún dudosa del nuevo cazador y la buscadora, quien sorprendentemente resultaba ser su hermana menor Amber, según se comentaba la chica tenía unos reflejos desastrosos pero había acabado en ese puesto por haber sido la mejor que se había presentado a las pruebas. Mientras que el nuevo cazador, por lo que decían James y Fred, parecía defenderse bastante bien, se trataba de Connor Malone, de quinto año. Según las malas lenguas dentro del clan Weasley–Potter, Malone había intentado salir un par de veces con Dominique Weasley, quien lo había rechazado olímpicamente. Era bien sabido que su prima era un extraño caso de lo que podría considerarse femme fatale, siempre tenía pretendientes pero ninguno parecía interesarle y terminaba por rechazar a todos. Algunos incluso la apodaban la Bruja Blanca, por ser toda una reina en el arte de la frialdad.
Mientras que Albus, Rose y Scorpius habían tomado por costumbre aprovechar de vez en cuando en sus ratos libres para visitar a Hagrid, cuando el guardabosques y Profesor no estaba impartiendo clases. Hagrid les comenzaba a tener un cariño muy especial, había algo que diferenciaba a esos tres del resto de los alumnos, incluidos algunos primos Weasley, que los hacía especiales, por eso no dudaba un segundo en recibirlos en su cabaña, siempre era una grata sorpresa para él por lo que aprovechaba en esas ocasiones para relatarles algunas de las cosas que sucedían en sus clases, incluso los tres amigos se ofrecieron a ayudarle con el crecimiento de las calabazas que utilizarían en el decorado del Gran Comedor ese año, lo que a Hagrid más le impresionaba de eso era que Scorpius Malfoy hubiera sido el que había tomado la iniciativa, según el rubio ayudaba a su madre en los jardines de su casa cuando era más pequeño. Jamás en su vida el semi-gigante hubiera imaginado que un Malfoy se ensuciaría las manos en la tierra por hacer un trabajo con él, pero después de lo que había ocurrido al principio de las clases Hagrid había abierto una parte de su mente, dejando de lado los prejuicios, y había aceptado al chico con el que el hijo de Harry Potter parecía tener una gran amistad. Pronto las calabazas fueron aumentando de tamaño y con ellas el día de Halloween se fue acercando.
Los alumnos de primer año de Gryffindor se encontraban en su clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, era la víspera a la noche de Halloween y todos se encontraban en un ambiente expectante, ya que era costumbre que se hiciera una fiesta a lo grande en el Gran Comedor, los rumores que corrían aquella vez eran que además de la visita anual de Harry Potter al Colegio, la Directora había contratado algunas cosas excéntricas para hacer la noche más conmemorativa, por eso no era de extrañarse que cuando el Profesor Farley, un hombre de aspecto algo severo y solemne, les había dado tiempo para que copiaran la definición sobre lo que eran las arpías del pizarrón, la clase se hubiera puesto al poco tiempo a susurrar sobre lo que verían a la siguiente noche.
—Alumnos, por favor— el Profesor Farley los calló con un solo gesto, no porque fuera el Jefe de Casa de Hufflepuff significaba que podía ser menos atemorizante, de hecho todo lo contrario. El Profesor John Farley ponía todo su empeño en que las clases fueran trabajadas al máximo y se apegaba de manera asombrosa al cronograma que desde principio de año les daba a sus alumnos, todos los primos de Albus y Rose, incluido James, hablaban muy bien del Profesor, a pesar de sus incesantes quejas por los deberes que les dejaba—. Sé que mañana es una noche importante, pero no por ello deben descuidar sus obligaciones, es por eso que si no terminan de copiar del pizarrón, esperaré para la siguiente clase la entrega de una redacción de tres metros de pergamino sobre las arpías más famosas a lo largo de la Historia de la Magia.
—Profesor Farley— la voz de Arabella Babcock, alumna de Ravenclaw, resonó en el aula—, ¿las arpías tienen alguna conexión con los cuentos de hadas que les relatan a los muggles?
El grupo de Cayo Goyle rompió en risas, una clara muestra de burla, ya que era sabido que Arabella era una de sus pocos compañeros de generación que era hija de muggles. El Profesor Farley le lanzó una mirada fría a los Slytherin que pronto se callaron, muy para el deleite de Albus y Scorpius, ese grupo de serpientes era demasiado pesado para el gusto de ambos amigos.
—Naturalmente, señorita Babcock. Las arpías inspiraron varios cuentos de autores muggles, los cuales son muy diferentes a los que normalmente nos cuentan a los magos cuando somos jóvenes— le respondió el Profesor a la niña, la clase estaba atenta, ya que eran pocas las veces en las que podían hacer una comparación del mundo mágico con el muggle.
Los únicos que no prestaban atención eran Goyle y sus secuaces.
— ¿Cuándo nos anotamos a Estudios Muggles?— susurró con fastidio Prunella Flint.
Rose tenía ganas de ahorcar a su compañera desde hacía ya casi dos meses, cuando la había conocido le pareció que era una niña bastante hueca en el cerebro, que seguía solamente al grupo de Goyle porque estaba enamorada del líder del grupo. A veces le daba pena de lo patética que resultaba ser, ya que gracias a lo que le había enseñado su padre y la forma en la que había sido criada, Rose podía entender a la perfección que el Mundo Mágico era lo que era gracias al Mundo Muggle. Inclusive era sabido que los magos y los muggles llegaron a convivir en casi perfecta armonía durante un tiempo, pero luego llegaron los días de oscuridad donde las personas no mágicas empezaron a ver con ojos de recelo a aquellos que tenían habilidades diferentes, con lo que comenzó la famosa Cacería de Brujas y el Ministerio de Magia recientemente creado había tenido que imponer el Estatuto del Secreto, lo que impidió que los magos hicieran uso de su magia ante muggles. Rose sabía todo aquello porque su madre le había contado cómo había recibido su carta de Hogwarts (la antigua Directora, la Profesora McGonagall, había sido quien había ido a la casa de los Granger un día para anunciarles que su hija era una bruja y que tenía una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería), enterándose así también de la existencia de un mundo que ni ella ni sus padres sabían que existía hasta ese preciso momento.
— ¿Nunca hiciste nada extraño, como por arte de magia?— le preguntó una vez Rose a su madre.
Hermione la miró con culpabilidad.
—De hecho, un par de veces me pasaron cosas que simplemente no podía explicar— los ojos avellana de su madre se perdían entre recuerdos de su infancia—. Fue por causa de algunas de esas cosas que en la escuela primaria no tuve muchos amigos, mi única amiga era una vecina de mis abuelos maternos, Elizabeth, ella no iba a la misma escuela que yo, así que no podía saber las cosas por las que otros niños no querían jugar conmigo— le confesó con algo de tristeza luego de un rato—, luego entré en Hogwarts y perdí contacto, pero ahí fue donde conocí a mis mejores amigos, a Harry, a Ginny y, por supuesto, a tu padre.
Rose sonrió contenta, pero había una duda que no le dejaba de dar vueltas en la cabeza.
— ¿Mami?
—Dime, corazón.
— ¿Crees que después de que entre en Hogwarts pueda seguir manteniendo contacto con Emma, y Al con Tom?— Hermione sonrió, sabía lo mucho que Rose quería a sus dos amigos.
Albus y Rose iban juntos a una escuela muggle, ambos primos se habían hecho amigos de dos niños, juntos conformaban un extraño grupo que normalmente era perseguido por los matones del colegio, lo cual les había traído un montón de dolores de cabeza tanto a ella y a Ron como a Harry y Ginny, ambas familias habían recibido varias advertencias por parte del Ministerio sobre el Estatuto del Secreto, en especial los Potter, ya que Albus era el que perdía un poco más el control con su magia y terminaba en situaciones difíciles de explicar ante los ojos de sus amigos y sus compañeros.
Ni Emma, ni Tom, supieron nunca de la verdadera condición de sus amigos. Ambos pensaban que los primos habían sido mandados a una especie de internado en Escocia, una tradición que ellos creían que practicaba toda la familia entera de los Weasley y los Potter. Igualmente Rose le había prometido a Emma seguir en contacto, lógicamente solo se daría en verano, ya que no podía utilizar el correo habitual para mandar cartas, además del hecho que en el mundo muggle el papel y la tinta eran prácticamente obsoletos, los niños y jóvenes de esa generación hacían demasiado uso de aparatos electrónicos que facilitaban el estar en contacto entre ellos. Esa era una de las cosas que el Ministerio de Magia veía con cierto interés del Mundo Muggle, y según había escuchado Rose en un par de ocasiones había grupos de hijos de muggles y mestizos que trabajaban en un movimiento en el Ministerio para poder incorporar elementos similares, alegando que ellos vivían casi en la era medieval.
Por ello, a Rose, no le era nada indiferente el tipo de pregunta que había realizado su compañera de Ravenclaw, de hecho ella misma le había preguntado en varias ocasiones a su madre al ver las similitudes de las brujas de los cuentos de hadas más comunes con algunas de las leyendas sobre arpías que circulaban en el mundo mágico.
—Entonces, ¿realmente existieron esas… brujas?— preguntó esta vez Bianca Summers, de Hufflepuff.
—Normalmente como en todo relato antiguo, estan basados en hechos y personajes reales, así que no es poco probable que esas brujas –como ustedes las llaman– sean algunas de nuestras arpías más conocidas. Una de las más notables fue a la que se le conoce Maleficent, a quien le gustaba seducir a los reyes viudos para luego apoderarse del reino y poder, tal vez, desayunarse a sus herederos, se dice que fue descubierta por un mago poderoso quien logró revertir una de las maldiciones que la bruja había lanzado contra la única heredera al trono de quien fuere su último marido.
La clase estaba absorta, incluso Goyle seguía algo atento lo que decía el profesor.
—Lógicamente estos relatos son muy antiguos por lo que no podemos conocer a con certeza la edad en la que Maleficent vivió, ni el nombre del reino, pero es sabido que por los escritos muggles de los hermanos Grimm, se tiene la idea aproximada de que esta arpía vivió en las épocas medievales, inclusive se podría decir que fue de la misma época que Merlín.
Albus estaba sorprendido, él jamás en su vida hubiera pensado que, tal vez, los tontos cuentos de hadas que su madre le leía a Lily para dormir, pudieran ser reales. Igualmente, se sentía algo tonto, ya que era algo lógico que esos relatos estuvieran basados en algo real. Lo que le llevó a pensar entonces si no sería así con todos los cuentos que sus padres les habían relatado de chicos, sus favoritos eran los cuentos de Beedle el Bardo, específicamente el de Los Tres Hermanos, ya que su padre había hecho la tradición de contárselas cada noche de Halloween.
—Antes de que termine la clase, quiero recordarles que mañana tendremos de invitado al Señor Harry Potter, Caballero de la Orden de Merlín de Primera Clase, Jefe de Aurores del Ministerio de Magia, mejor conocido por todos como El Elegido o El-Niño-Que-Vivió, por derrotar a Lord Voldemort en tres ocasiones— Albus sentía la mirada de todos sus compañeros de clase, algo que sabía que iba a pasar desde que desde principios del mes el Profesor Farley había anunciado que su padre sería el encargado de darles una charla especial sobre las Artes Oscuras y su defensa en situaciones de riesgo.
Rose se compadeció de su primo, quien en esos momentos tenía un rubor al estilo Weasley que le decoraba el rostro.
—Así que quiero por favor que sean puntuales con su asistencia, a pesar de que se algunos de ustedes tienen periodo libre entre su esta clase y la anterior— los ojos avellanas del profesor se posaron especialmente en los alumnos de Gryffindor y Ravenclaw—, además el Señor Potter me ha pedido que no se olviden de traer sus varitas –si, señorita Ackerley, después no podrá ir a buscarla a su dormitorio–, no será necesario que traigan pergaminos ni libros para esta clase especial. Ahora sí, pueden retirarse, disfruten de su cena.
En esa ocasión la clase salió haciendo más ruido que de costumbre, algunos de sus compañeros de Hufflepuff y Ravenclaw miraban a Albus y a Rose expectantes, por lo que los primos supusieron –como les habían anticipado un tanto antes el resto de sus primos–, pronto se verían bombardeados de preguntas por parte de sus compañeros en referencia al Gran Harry Potter y qué esperar de la clase que él y el Profesor Farley les tenían preparada para el siguiente día.
A decir verdad sus compañeros no eran los únicos que tenían preguntas en mente, desde hacía unos días a Scorpius le había entrado la duda en cuanto a qué diría el padre de Albus sobre la amistad de su hijo con un Malfoy, además estaba el hecho de la bendita profecía, que si bien había ocurrido unas semanas atrás, Scorpius había estado teniendo sueños recurrentes sobre el tema. Solo esperaba que el Señor Potter no se enojara con él por no haber querido comunicar antes lo que la Directora Trelawney había dicho en trance.
Con algo de aprensión los tres amigos se dirigieron al Gran Comedor para la cena, mientras a su alrededor sus compañeros vibraban del deseo de hacer preguntas que nadie se animaba a realizar, o al menos eso suponía Rose.
— ¡Oye, Potter! —Albus se detuvo en mitad de camino entre el Gran Comedor y la Escalera Principal, se trataba de Edward Bagman de Hufflepuff, un chico de cara algo alargada y nariz afilada, cuyos ojos azules brillaban con una emoción que Albus identificó como la típica de un fanático antes su estrella de rock preferida. Una vez que Edward se aseguró que tenía la atención de Albus se apresuró a preguntarle lo que tanto deseaba desde que habían terminado la clase de Defensa— ¿Es cierto que tu padre es descendiente de Merlín?
Rose gruñó por lo bajo, Teddy Lupin ya les había advertido que a veces los alumnos de Hogwarts podían tener ideas descabelladas acerca de sus familiares. Scorpius miraba la escena algo absorto y con curiosidad, ya que Albus no hablaba mucho de su padre, y a pesar de que su propio padre, Draco Malfoy, le había hablado un poco del personaje noble que era Harry Potter, siempre le había dado un poco de curiosidad por saber un poco más acerca del mago que había vencido a aquel al que su abuelo llamaba "El Señor Tenebroso".
— ¡Por Merlín!— la voz exasperada de James Potter resonó por todo el pasillo— ¿Cuándo aprenderán que nuestro padre no es el descendiente de ningún mago poderoso y tampoco tiene un poder especial?
Alumnos de distintos años y casas que estaban yendo hacia el Gran Comedor se detuvieron a escuchar con atención, eran pocas las veces que habían visto a James Potter así, normalmente el chico se caracterizaba por ser alegre y buscar hacer bromas, incluso en referencia a su padre, algunos recordaban incluso que el año anterior, cuando James cursaba su primer año, el chico había dicho algo similar a «Sí, soy el hijo del Gran Harry Potter. Ahora muévanse, que tengo hambre».
Sin duda a James le había pasado algo, y por ello tenía un humor de perros, Albus sabía que en esas ocasiones lo mejor era no meterse con su hermano, por eso esperaba que Edward Bagman no tuviera la intensión de seguir con su pregunta.
—Si, mi padre vendrá a Hogwarts mañana. Si, derrotó a Lord Voldemort. Y si, somos sus hijos— James movía los brazos como aspavientos, por lo que sus amigos comenzaron a sacar sus varitas en caso de que fuera necesario petrificarlo— ¡Pero no somos descendientes de Merlín, ni de algún otro mago tenebroso o lo que sea!
Un chico de gafas circulares y pelo negro al que Albus identificó como uno de los alumnos de Ravenclaw, Aidan Hackleton, acomodándose los anteojos y dio un paso hacia donde estaba un exasperado James, y ante el asombro de todos, el chico le puso una mano en el hombro, un gesto que para muchos parecía de compasión. Albus temía por el chico, su hermano era muy bueno con el hechizo moco-murciélago que su madre había creado y sabía que podía lanzárselo en cualquier momento.
—Potter— dijo Aidan con voz solemne—, realmente no podrías decir con certeza si Merlín o alguno de los grandes magos del pasado forman parte de tu árbol genealógico, recordemos que Merlín vivió en la Edad Media y todo documento sobre él esta muy bien resguardado en el Departamento de Misterios…
—Alguien ha leído mucho El Quisquilloso— susurró Rose—, me preocupa que James quiera atacarlo.
—Por la cara que tiene no tardará en soltar cualquier cosa— secundó Scorpius que miraba la escena con asombro.
— ¡Los Potter bien podrían ser descendientes de Merlín!— sonrió el chico de Ravenclaw, se notaba que se sentía orgulloso de poder compartir su ideología con todo el alumnado de Hogwarts, y tal vez había podido probar su postura con el mayor de los hijos de Harry Potter.
—Está bien— dijo James con voz fría, para sorpresa de su hermano y sus amigos—, si quieren creer eso… adelante, los Potter somos como la realeza dentro del Mundo Mágico, o al menos así es como nos pintan los diarios, pero, ¿saben qué? —la gente estaba a la expectativa de lo que el chico de doce años podía decir— No me importa lo que crean, yo sé quien es mi familia, solo les pido por favor que nos dejen de mirar como si fuéramos objetos de exposición de un Museo Muggle, porque por Merlín, les garantizo que sé que mi familia es más ordinaria que cualquier otra.
Albus y Rose estaban boquiabiertos, literalmente, por la forma en que James había manejado la situación, cuando el mayor de los Potter siguió su camino hacia el Gran Comedor seguido por Fred y Sean, los murmullos tardaron en hacer acto de presencia, pero sin duda el discurso del joven había marcado a más de un estudiante.
—Fuiste muy valiente—dijo Albus acercándose a su hermano mayor, tomando asiento junto a él ignorando las miradas que Rose y Scorpius les dedicaban desde el otro extremo de la mesa de Gryffindor.
Albus nunca hubiera podido hacer una cosa así como James.
—Gracias enano— a pesar de que no le gustaba el apelativo que había usado para dirigirse a él, Albus lo dejó pasar, sabía que algo estaba inquietando a James.
— ¿Estas bien?— le preguntó, al ver el semblante serio que seguía teniendo.
—Honestamente no lo sé, Al— confesó James—. Siento…. Como si algo en el ambiente no estuviera bien, tal vez es que todos se la pasan mirándonos o… no lo sé, siento que algo va a pasar— el chico soltó un sonido de exasperación.
Albus contemplaba a su hermano sin decir una palabra, él también sentía que algo estaba por suceder, pero no quería sonar paranoico, ya que tenía por amigos a dos de las personas más imaginativas que jamás había conocido, y es que ya Rose les estaba mirando con creciente preocupación, sin duda pensando mentalmente todo tipo de libros que pudieran ayudar a explicar el comportamiento extraño de James, mientras que Scorpius podía estar analizando cada movimiento para luego compararlo con lo que la Profesora Trelawney les había vaticinado hacía una semana atrás.
—Seguramente no es nada— quiso asegurarle Albus—, es probable que sean los nervios de que mañana veremos a papá.
James soltó un bufido.
—Ni que me lo recuerdes, ya diez de mis compañeros me abordaron igual que a ti en el pasillo— Albus sonrió—, no es gracioso Al. El año pasado se pusieron pesados pero no fue tanto…
—Lo sé— le dijo con seriedad el ojiverde. Ya sabía lo pesados que podían ser sus compañeros.
—Tal vez es que somos dos de los Potter que ya estamos en Hogwarts, si es por eso no quiero imaginarme lo que será cuando venga Lily— Albus se estremeció ante la idea, no le gustaba llamar la atención—. Y encima nuestros primos no ayudan— puntualizó James mirando de reojo hacia la mesa de Ravenclaw especialmente, donde Dominique y Louis se sentaban con sus compañeros y amigos de curso, los cuales los miraban a ellos sin ningún disimulo.
— ¡Hey!—se quejó Fred quien no se había perdido ni una palabra de los dos hermanos desde que ambos tomaron asiento— ¿Y yo estoy pintado?
—Fred, tu eres casi un hermano para mí, a lo igual que Sean, no importa que seamos primos realmente— se apresuró a corregirse James, Albus lo miró comprendiendo lo que decía, Rose para él no era una prima más, era como su hermana, sólo que de padres distintos, aunque de la misma sangre, y eso parecía estar también ocurriendo con Scorpius, quien día a día se iba ganando un puesto similar su vida, al que ocupaban Fred y Sean en la vida de James.
— ¡Aww, yo también te quiero Jamsie! — exclamó Fred, provocando que el resto soltara una carcajada, lo que había aligerado la tensión en el ambiente. Sin duda a veces los amigos y los primos podían hacer la diferencia cuando de estos temas se trataban.
El día llegó a su fin y antes de que alguno de los hermanos Potter pudiera darse cuenta Halloween había hecho acto de presencia, a sabiendas de que su padre estaría en el Castillo todo el día, ninguno de los dos hermanos pudo divisar a su padre en todo el transcurso del día. Aunque por lo que escuchaban de alumnos de cursos superiores—en especial de parte de sus primas Victoire y Molly—, las clases de Defensa de su padre estaban siendo todo un éxito.
El primero de los dos en tener clase con Harry fue James, quien después de la segunda hora que precedía al almuerzo se encontró en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras con sus compañeros de su generación, todos estaba expectantes a lo que sucedería. James que ya había vivido una experiencia similar el año anterior, sabía lo que podía esperarse de la clase, aún recordaba cómo había vivido su primera experiencia de tener a su padre como profesor por un día, había sido uno de los momentos más bizarros que jamás había vivido, el hecho que su padre se tomara todo un día para compartir sus vivencias hacía de la ocasión un momento único, al menos para James que no dejaba de sentir orgullo de saber que Harry Potter era su padre, aunque otras veces el título fuera un dolor de muelas (en especial cuando se trataban de la red de rumores de Hogwarts o artículos del Profeta"). Por eso al finalizar la clase James se acercó a su padre y le abrazó con fuerza, eran en esos momentos en los que el chico caía en cuenta de las grandes cosas que había hecho su padre y de las veces que su familia había estado a punto de perderlo.
— ¡Hola, viejo!— le saludó James sin ningún tipo de vergüenza.
Harry lo miró divertido, su hijo mayor a veces era demasiado elocuente para su gusto.
— ¿Realmente te parezco tan viejo?
—Sólo un poco— le sonrió James, Harry rodó los ojos.
—Tu madre te manda saludos y Lily me pidió que te de esto— de su maletín sacó un pedazo de torta de chocolate envuelto en varias servilletas—, al parecer la abuela Molly les está enseñando a cocinar a ella y a Roxanne, tienes suerte que sea este y no su invento de frutillas con crema.
— ¿Qué tendría de malo eso?— quiso saber James intrigado, ya su hermana le había contado en una carta que el hecho de que aprendiera a cocinar era una pequeña parte del castigo que tía Hermione les había puesto a ella, a Roxanne y a Hugo por haber infiltrado en su casa un perro sin consentimiento previo (obviamente la opinión de tío Ron no contaba), pero lo bueno de todo eso según decía Lily era que el perro se había quedado y ellos aprendían a cocinar de verdad y no cosas infantiles como las que hacían en la cocinita de Rose.
—Tu hermana siempre confunde la crema chantillí con la crema de afeitar.
—Oh— James hizo una mueca de asco, su hermana desde hacía unos meses empezaba a mostrar problemas oculares, cosa que cuando se lo señalaban hacía que se molestara, lo mismo pasaba a veces con Albus, pero en el último era en ocasiones de estrés, lo que le provocaban usar lentes cuando comenzara a tener la vista cansada, al parecer eso no era el caso de la pequeña Potter—, ¿sigue sin querer ir al oculista?
—No hay nada que la convenza— le afirmó su padre—. Por cierto, mamá y yo estamos muy contentos con que hallas pasado las pruebas de Quidditch, como te dijimos en nuestra carta, pero no somos los únicos me parece que en Navidad, tu y Fred, van a tener un par de sorpresas por parte de sus tíos Charlie y George— James sonrió con entusiasmo, si era lo que imaginaba, seguro él y su primo tendrían escobas nuevas para año nuevo, eso a lo mejor tranquilizaría un poco los nervios de Jocelyn Wood, que sin duda estaba algo histérica, pues en una semana se celebraría el primer partido de Gryffindor contra Slytherin, uno de los clásicos en el colegio y que todo mundo estaba expectante—. Ahora bien, James, hijo quiero que este año te comportes, sé que tomaste algo de mi escritorio en el verano y quiero que me prometas que lo usarás bien y no para hacer ningún tipo de travesura.
Los ojos verdes de Harry brillaron triunfantes cuando su hijo mayor lo miró presa del pánico, aún no podía entender cómo su padre se había dado cuenta que había logrado dar con el famoso Mapa del Merodeador.
—S-si, papá.
—Así me gusta, ahora si me disculpas hijo, debo ir a hablar con Nev…, con el Profesor Longbottom.
James aún no podía creerlo, a su padre no se le escapaba nada.
Mientras tanto Harry Potter continuó con su travesía a través de los pasillos de su antiguo Colegio, Hogwarts estaba tal y como lo recordaba, solo que con algunas modificaciones que habían sido producto de la Guerra. Con paso presuroso alcanzó el quinto piso donde se encontraba la entrada a la Torre de Gryffindor, pero sin detenerse siguió hasta el que antes había sido el despacho de la Profesora McGonagall y que ahora pertenecía a Neville Longbottom, uno de sus grandes amigos y compañero de estudio. Antes de entrar tocó la puerta tres veces, sabía que disponían de poco tiempo antes de que debiera seguir impartiendo su clase de defensa anual con los alumnos de primer año, cosa que moría por experimentar, ya que sería una experiencia extraña tener a otro de sus hijos como alumno por un día.
—Adelante— la voz inconfundible de Neville resonó tras la puerta— ¡Harry, qué bueno verte! — le saludó el hombre— Pasa, toma asiento.
Harry se sentó frente a él.
— ¿Qué tal han estado las clases hasta ahora?
—Bastante bien, debo de admitir que me sorprende la rapidez en la que los chicos aprenden los hechizos estos días, el Profesor Farley ha hecho un trabajo asombroso con ellos.
Neville asintió.
—Es un excelente Profesor y persona.
—No tengo duda alguna de que así sea— Harry se acomodó en el asiento, sabía que estaban bordeando un tema un tanto tenso, ya que desde que había recibido la carta urgente de Neville sabía que algo raro estaba pasando en los terrenos de Hogwarts—. Neville, tu querías hablar conmigo sobre algo…
El hombre suspiró.
—Así es, Harry— admitió luego de unos segundos—. Algo extraño esta sucediendo en el Castillo, desde hace unos meses la Profesora Trelawney está como extraña, parece como si hubiera vuelto a ser aquella Profesora asustadiza y chiflada que era cuando nos impartía clases, tu sabes que después de la Guerra cambió de sobremanera, en especial gracias a la ayuda de McGonagall.
Harry lo recordaba perfectamente, de hecho ese era uno de los argumentos con los cuales se le había dado a Trelawney el cargo de Directora cuando a muchos les hubiera gustado más que fuese Flitwick, pero cuando el mago se había opuesto a ocupar semejante puesto en el consejo escolar habían tenido que deliberar sobre la mejor opción para los alumnos de Hogwarts, según les habían contado Andrómeda Tonks y Bill Weasley, había sido una difícil decisión a tomar.
—A veces va por el castillo con mirada ausente, algunos prefectos ya la han visto, incluso Albus…
— ¿Al?— se extrañó Harry, su hijo no le había contado nada, si lo había notado un poco tenso en su escritura después del castigo que habían recibido con Filch por pelearse con un par de slytherins para defender a su nuevo amigo Scorpius Malfoy, internamente Harry sentía que el destino les había jugado una broma muy pesada, ya que quién en su sano juicio pensaría que el hijo de Draco Malfoy terminaría siendo uno de los mejores amigos de Albus Potter y Rose Weasley, cuando los padres de los dos últimos no soportaban al padre del primero durante sus años escolares.
Harry debía admitir que Draco Malfoy había cambiado mucho luego de la guerra, según tenía entendido había logrado desafiar a su padre hasta que se independizó por completo, fue en esa época cuando se enteró del casamiento del rubio con la pequeña Greengrass, cosa que sorprendió a más de uno en el mundo mágico, pues era sabido que los Greengrass pese a ser sangre pura y haber pertenecido a Slytherin durante generaciones eran una familia de ideología a favor de los derechos de los hijos de muggles, de hecho ellos también habían sido unos de los primeros en adherirse a la causa que Hermione Weasley impulsaba en el Ministerio de Magia para la defensa y el derecho de los elfos domésticos.
—Al parecer él y el hijo de Malfoy presenciaron un episodio con la Profesora Trelawney.
— ¿Una profecía?— se apresuró a deducir Harry.
—Me temo que si— le dijo con convicción su viejo amigo—, solo que ambos no quisieron decir nada al respecto, lo sé porque la Profesora se veía alteada, unas horas después en su despacho volvió a entrar en transe, sin duda dijo una profecía, fue algo extraña, hablaba de una fuerza oscura, algo peor que Lord Voldemort.
Harry se tensó, eso no era nada bueno, no después de las cosas que estaban ocurriendo afuera y que parecían escapársele de las manos. Durante los últimos meses se habían registrado en distintos puntos del mundo actividades que indicaban el uso de Magia Negra, en especial en las zonas de Egipto, México, Perú y la India, sin mencionar un episodio extraño en Albania.
— ¿Estas seguro, Nev?
—Completamente Harry, sabes que jamás mentiría al respecto— Neville lo miró de manera significativa, sabía que contaba con su amigo para todo lo que ocurriera.
—Esto es sumamente extraño— confesó Harry—, desde hace unos meses en el Ministerio venimos investigando sobre algunos casos sobre el uso de las Artes Oscuras en distintas partes del mundo, todos los focos comenzaron en el mes de abril de este año, en un principio pensé que se trataba de una broma de mal gusto por parte de los Mortífagos que aún están prófugos de Azkaban, pero luego empecé a temer lo peor. Nadie de mi familia excepto de Ron saben de esto.
—Tienes mi silencio, Harry.
El ojiverde asintió, en un acto de costumbre se llevó la mano a la frente donde aún relucía como el primer día, su extraña cicatriz en forma de rayo.
Luego de unos minutos de silencio ambos magos se incorporaron, continuarían aquella charla después del banquete de Halloween con mayor tranquilidad. Harry sopesaría el involucrar y alertar a los antiguos miembros de la Orden, ya que él mejor que nadie sabía que a veces las profecías de la Profesora Trelawney podían llegar a cumplirse.
Albus, Rose y Scorpius se encontraban ya sentados en el salón que les habían designado para aquella clase especial sobre la Defensa contra las Artes Oscuras. Albus podía sentir las miradas de sus compañeros en su nuca, lo cual lo hacía sentirse el doble de nervioso, cosa que era un tanto ilógica, ya que se trataba sólo de su padre.
—Respira, Al— le recordó por milésima vez Scorpius, quien se veía algo más tranquilo que sus dos amigos.
Rose rodó los ojos ya que en el fondo intuía que el rubio estaba más nervioso de lo que aparentaba.
La clase se quedó en completo silencio cuando el Profesor Farley avanzó hacia el frente del salón donde se alzaba una pequeña tarima alargada con una extraña forma que a Scorpius le hizo recordar a una tarima de duelo, solo esperaba que el papá de Albus no quisiera hacerlos pasar al frente y batirse en uno.
—Buenas tardes clase— les saludo con seriedad el profesor, sin embargo se podía distinguir un brillo de entusiasmo en sus ojos grises—, quiero que le demos la bienvenida a uno de los magos más importantes del Ministerio y de nuestra historia, sé que con estas palabras Harry me matará, pero muchos de los que estamos aquí presentes no lo estaríamos si no hubiera sido por su valía y destreza que logró deshacernos del mago más terrible de todos los tiempos, Lord Voldemort— si hubiera volado una mosca la hubieran escuchado, todos estaban atentos a lo que decía el profesor, Albus sintió en su interior un profundo orgullo por su padre, al fin y al cabo todo aquello que el Profesor Farley decía era real, y era por esa misma causa en la que a veces él se sentía tan abrumado, nunca jamás podría llenar los zapatos de su padre—, así que… ¡Bienvenido nuevamente a Hogwarts, Harry Potter!
Los compañeros de Albus comenzaron a aplaudir en cuanto la figura de Harry se asomó por la puerta. Albus notó que si bien su padre sonreía con ánimos, había algo en su mirada que parecía desencajar, era como si su mente estuviera en otro lugar, lejos de los muros del castillo, pero muy presente al mismo tiempo. Incluso Rose pudo notar que su tío estaba preocupado por algo, en su interior algo se estremeció, ¿y si era por toda esa locura que les había ocurrido a Albus y a Scorpius semanas atrás? Solo esperaba que pronto tuvieran respuestas, al fin y al cabo el plan era abordar al padre de su primo en cuanto aquél circo terminara.
—Buenas tardes, chicos— les saludó Harry.
—Buenas tardes, señor Potter— respondieron a coro los chicos de primero, a Harry se le colorearon las mejillas, jamás se acostumbraría a eso a pesar de ya llevar unos buenos quince años haciéndolo.
Todo había empezado por idea de la Profesora McGonagall, quien por entonces era la Directora de Hogwarts, ella había propuesto que Harry les enseñara un poco de defensa a los alumnos del colegio por cualquier eventualidad que ocurriera, más precisamente porque en ese entonces los Mortífagos aún estaban en fuga y a pesar de que la Guerra había terminado, seguían causando disturbios en algunos lugares. Harry agradecía internamente que esos días habían llegado a su fin, pero no podía evitar sentir en su interior que algo peor se aproximaba, solo esperaba que la Profesora Trelawney pudiera aclararle en asunto antes del banquete de Halloween.
—Bien, como muchos sabrán estoy aquí para darles una lección sobre la defensa en casos extremos— todos lo miraban atentos, incluso Albus, a quien divisó enseguida sentado entre Rose y un chico rubio al que identificó como Scorpius Malfoy, a Ron le iba a dar un paro cardíaco cuando le contara—. En mis tiempos en Hogwarts pasé aventuras extremas, todas a causa de Lord Voldemort y sus Mortífagos, cuando esas ocasiones sucedían todo lo que podía hacer era usar la lógica y dejarme llevar por lo que estuviera a mi alcance, sé que ustedes como alumnos de primero a penas estan viendo cosas sencillas como un Wingardium Leviosa en Encantamientos, lo que son las arpías en Defensa e inclusive estan viendo el Filtro de los Muertos y el uso del bezoar en Pociones, entre otras cosas.
»Durante mi primer año me vi forzado a utilizar distintos tipos de destreza, cada una de las pruebas que viví las sobreviví gracias a la ayuda de mis dos grandes amigos y compañeros, Hermione y Ron Weasley —Rose se sonrojó al sentir que las miradas ahora se posaban en ella—. Los tres vencimos un trol juntos, los tres logramos impedir que Voldemort resurgiera, resolviendo todo tipo de acertijos, y los tres fuimos, en cierta manera, los responsables de la destrucción definitiva de la llamada Piedra Filosofal. Junto con el Profesor Farley estuve viendo la manera en cómo enseñarles algo de defensa y la idea surgió con algo que ocurrió durante mi segundo año en el Colegio y el quinto del Profesor. En aquel entonces, nuestro Profesor de Defensa era un hombre egocentrista y narcisista que no nos enseñó ni la mitad de las cosas que hoy ustedes saben y solo con tener un mes y semanas dentro de Hogwarts, es por eso que decidimos realzar una de sus ideas, formaremos una especie de Club de Duelo, donde ustedes aprenderán a batirse, las reglas sin embargo serán que nunca deben propasarse con los hechizos entre ustedes, solo se permitirá el desarme.
»Por ello, quisiera que por favor pasaran dos personas al frente— varias manos se alzaron en el aire, para sorpresa de Albus, Scorpius fue uno de ellos. Harry posó la vista en el amigo de su hijo—. Bien, veo que varios quieren pasar, ¿por qué no decide usted Profesor Farley en base a los conocimientos y destrezas de los que alzaron la mano?
El hombre recorrió el salón con la mirada, era algo asombroso ver cómo las casas se mezclaban entre sí, a pesar de una pequeña excepción en el fondo del salón donde se encontraba un grupo de slytherins.
—El señor Malfoy— anunció el Profesor luego de unos minutos— y el señor Macmillan.
La clase enmudeció al escuchar la elección, era sabido entre los Hufflepuff que Macmillan no simpatizaba para nada con el hijo de Draco Malfoy, en especial por el daño que le habían causado a la familia de su madre los Mortífagos.
— ¿A qué está jugando el Profesor?— susurró Rose algo alarmada— Es casi igual que colocar a Scorpius con Goyle, y eso es solo un decir.
Albus acompañó en el pensamiento a su prima, pero debía admitir que ambos chicos eran buenos en la materia pese a llevar poco tiempo cursándola. Solo esperaba que lo que su padre quisiera enseñarles no implicara nada peligroso, él más que nadie sabia que las cosas con Scorpius parecían llevarles a un nivel de peligrosidad más avanzado que lo que cualquiera podría imaginar, y como había dicho Rose, y eso que sólo era un decir.
—Caballeros— les sonrió Harry a los chicos de primero, Scorpius estaba nervioso, pero él quería demostrarle al padre de su amigo que podía ser de confianza, por ello había tomado la decisión rápidamente—, primero que nada deben saber que no podrán utilizar ningún hechizo para agravar al otro, simplemente necesito que me demuestren cómo esquivarían ustedes un hechizo de algún contrincante en caso de que se les presente un duelo.
Ambos asintieron. Macmillan miraba algo receloso a Scorpius, quien no se dignaba a mirar a su oponente más de lo necesario, el Hufflepuff aún no estaba convencido con que el Sombrero Seleccionador hubiese hecho una buena elección metiendo a un Malfoy en Gryffindor y menos con que el hijo del propio Harry Potter ya lo considerase un amigo.
—Cuando cuente tres hacen una reverencia— Harry les demostró cómo —, y comienzan con hechizos de desarme que deberán esquivar, ¿entendido?
Los dos chicos volvieron a asentir para luego subir a la tarima, quedando ambos mirándose fijamente.
—A la de tres— anunció Harry.
—No sé por qué eres el amigo de Albus— le susurró Joseph a Scorpius—, pero estoy seguro que puedo demostrarle lo equivocado que está en sus elecciones.
—No soy mi padre, mi apellido no me define— le contestó apresuradamente Scorpius.
—Una…
—Deberías estar asustado, Malfoy— le advirtió Joseph—. Me han dicho que los slytherins no están muy contentos con que juegues en dos bandos.
—No juego en dos bandos, pero eso ya no es asunto tuyo, la guerra pasó hace siglos.
—Dos…
—Eso díselo a la gente que perdió a su familia por culpa de la tuya.
Scorpius se aferró a su varita, estaba harto de las acusaciones que le hacían de vez en cuando, pese a que su padre ya se lo hubiera advertido millones de veces, y pese a que Albus o Rose –aunque no lo admitiera– intentaran que no le afectara, había veces en que la cuota de cosas que podía soportar se veía reducida a un mínimo de insultos, ese momento era uno de ellos, ya bastantes nervios tenía por conocer al padre de Albus en persona como para añadirle que surgiera, en presencia del mago, el tema de la guerra y la participación de su familia en ella.
— ¡Tres!
— ¡Tarantallegra!— exclamó Macmillan de inmediato, Scorpius no fue lo suficientemente rápido como para mover su varita, pero hizo algo que su instinto e había dicho: esquivar la amenaza de manera física.
— ¡Rictusempra!— volvió a atacar Macmillan, esa vez Scorpius reaccionó a tiempo, recordando algunos hechizos de protección y desarme de la hoja de Sortilegios Weasley que Rose les había compartido semanas atrás.
—Protego
Macmillan se veía frustrado.
— ¡Slugulus Eructo!
Scorpius volvió a esquivar el hechizo de manera física, el cual rebotó contra la pared de piedra que pronto comenzó a despedir algo similar a una mucosidad.
— ¡Expelliarmus!— exclamó esta vez Scorpius, quien había tomado desprevenido a Macmillan después de que el chico se quedara momentáneamente estupefacto viendo el resultado del hechizo Traga-caracoles en una pared.
La varita de Joseph voló por los aires, con lo que el Gryffindor logró desarmar por completo al Hufflepuff. Macmillan lo miró con odio.
— ¡Juegas sucio igual que tus familiares, asqueroso hijo de Mortífagos!
Harry se había visto venir aquella pelea, por lo que antes de que Scorpius sacara su lado Malfoy, subió a la tarima y puso distancia entre los dos alumnos.
—Chicos, quiero decirles que lo hicieron muy bien ambos, me sorprendió el hecho de que supieran incluso hechizos más avanzados de los que yo sabía a su edad. Pero creo, Señor Macmillan, que en un duelo cuando uno queda totalmente desarmado por las habilidades de su contrincante el mismo ha sido dado por finalizado, a menos de que realmente busque una pelea, con lo que debo decirle por experiencia que ameritaría un castigo innecesario para todo alumno que quebrante dicha norma.
Macmillan miró a Harry enfurruñado, no le importaba que fuera uno de los más grandes magos de la época, su padre a veces le había advertido que el gran Harry Potter podía ser demasiado condescendiente con algunas personas, ya que según contaban había sido el mismo Potter el que había salvado a la familia Malfoy de Azkaban y había mandado colgar el retrato del ex Director y Mortífago Severus Snape en la oficina de la Dirección, aunque sus explicaciones habían sido vagas muchos tomaban su palabra como verdadera, por lo que no dudaron cuando el, por entonces, joven mago había dicho que no debían presentarse cargos en contra de aquellos personajes oscuros y siniestros.
—Ahora bien, dejando de lado las peleas al final— Harry intentó no hacerle caso a las sonrisas socarronas que presentaba el grupo de slytherins hacia el fondo de la clase, ya que suponía, por el parecido que tenían los chicos con sus padres, eran con los que Albus y Rose habían peleado hacía un par de semanas atrás y que era comandado por el hijo de Gregory Goyle y Pansy Parkinson—. Quiero que todos los presentes recuerden los primeros momentos del duelo, Scorpius lo hizo maravillosamente bien, uno debe estar con la alerta permanente en estas situaciones ya que cuando te agarran desprevenido lo mejor es seguir el instinto y o quedarse estático en un solo lugar, es importante para ello que se ejerciten bien, tengo entendido que el Profesor Krum en las clases de vuelo los obliga a dar vueltas por los terrenos— la mayoría se quejó en señal de protesta—, lo que me parece excelente. Uno nunca sabe cuando podrá necesitar emplear la fuerza física sobre la magia.
Albus estaba asombrado, su padre nunca les había hablado así tan "crudamente" a él ni a sus hermanos, en parte se sentía un poco frustrado por ello, ya que le hubiera gustado saber todo ese tipo de cosas de ante mano como parecía saberlas Scorpius. El rubio le había contado en una ocasión que su padre y él mantenían una relación sin nada de secretos, de hecho él sabía detalles de la Segunda Guerra Mágica que ni el propio Albus o alguno de sus primos se había enterado.
Cuando la clase especial de defensa dio por finalizada, Albus, Rose y Scorpius se quedaron en el salón a esperar a que el último de sus compañeros abandonara el salón. Harry no estaba para nada sorprendido cuando los tres gryffindors se le acercaron.
—Hola Al— le saludó con cariño a su hijo—, ¿qué tal has estado?
—Bien— respondió el aludido con algo de timidez, no sabía por qué se sentía tan cohibido, después de todo era su padre con quien estaba hablando, no con una estrella de cine como a las que admiraban Lily y Rose—, esto… papá, te presento a Scorpius— el rubio estrechó con ligera timidez la mano de Harry, quien no dejaba esconder su asombro ante el parecido que el chico tenía con su padre físicamente pero la diferencia enorme de ambos en cuanto a personalidades—. Papá… yo— interrumpió de nuevo Albus—, esto nosotros…
—Tío Harry— se apresuró a decirle Rose sin esperar saludo—, tenemos algo importante que decirte.
Harry los miró con el ceño fruncido, su intuición le decía que lo que fuera que ese trio tuviera que decirle en los próximos siete años serían cosas que seguramente pondrían a más de uno con los pelos de punta. Haciendo acopio de toda la serenidad posible, Harry le sonrió a su sobrina para que continuara con su relato.
—Soy todo oídos, Rose.
La pelirroja se sonrojó levemente, aún sentía en su interior los efectos de ver a su tío como un profesor más e incluso como una figura a la que se debía admirar (algo que atribuía a una especie de efecto secundario después de pasar una hora y media en una clase de defensa donde todos los críos presentes tenían a su tío en un pedestal casi a la altura del Mago Merlín).
—Señor Potter— se arriesgó esta vez Scorpius, lo que tomó a Harry un poco de sorpresa, el chico incluso tenía un tono de voz similar al de su padre, aunque no lo demostrara estaba más que sorprendido de ver a un Malfoy con el uniforme de Gryffindor, pero por lo que había visto era un chico bastante noble y valiente, lo cual concordaba con las aptitudes que hacían a la decisión del Sombrero Seleccionador—, verá… hace unas semanas atrás cuando nos castigaron a los tres, ocurrió algo que creemos debe saber.
A Harry se le fue el alma a los pies, después de una hora había casi olvidado el tema que había charlado con Neville, por lo que, que los tres chicos lo sacaran a colación, hacía que una sensación extraña se removiera en su interior. Instintivamente se llevó la mano a su cicatriz.
—Nos habíamos perdido en los pasillos— continuó Albus con un poco más de valor—, cuando de repente se nos apareció la Profesora Trelawney…
—Albus, sabes que nadie se puede aparecer dentro de Hogwarts— le cortó Rose, el pelinegro bufó.
— ¿Vas a dejarme contarle, si o no? —la pelirroja rodó los ojos. Harry hizo un esfuerzo sobrehumano para no reír, Rose le recordaba mucho a Hermione— Bien, lo que quería decirte es que la Profesora Trelawney —o al menos eso creemos— nos dijo una profecía.
Harry miraba a su hijo sin pestañar, buscando algún signo que delatara que estaba fingiendo, algo que nunca en su vida creería a Albus capaz de hacer, el chico era muy reservado pero era además muy fácil de leer.
— ¿Están seguros?— quiso asegurarse Harry, a lo que los tres asintieron—, ¿qué fue exactamente lo que dijo?
Albus y Rose miraron a Scorpius, al fin y al cabo su amigo tenía una memoria más fuerte en esas cosas que la de una computadora. Harry miraba asombrado tal interacción, si bien sus ojos no mentían una parte de su mente seguía asombrada sobre la idea de que el hijo de Draco Malfoy fuese el mejor amigo de Albus y Rose.
—Ha ocurrido antes— comenzó a relatar el rubio—, buscaba juventud en rostros gráciles y níveos enmarcados en velos del color del ébano, después de un centenar de años volverá a pasar, doce serán su reclamo, doce será su meta, de temples distintas con fuego por característica en piedra de diamante tallará nombres y cuando la medianoche llegue a su fin ella habrá retornado...
»Para derrotarla esta vez se necesitarán dos caballeros de armadura dorada y corazón puro. El león volverá a rugir y el fénix renacerá de sus cenizas. Será derrocada una vez más, sin embargo este será solo el comienzo del fin... Ella volverá por tercera vez, más poderosa que antes y su reinado amenazará con desaparecer la magia. Al señor oscuro tres amigos le vencieron, y ella caerá para siempre solo si los lazos de futuras generaciones quedan unidas, estos serán de nuevo la luz en nuestro camino, siendo uno de ellos descendiente del mismo mago que el poder a ella le quito...— finalizó Scorpius.
Las palabras del chico crearon un silencio incómodo, Harry intentaba darle vueltas a lo que aquello significaría, pero la curiosidad que tenía en ese momento opacaba un poco la opresión que sentía en el pecho.
— ¿Cómo la has recordado?— Harry sabía que era la pregunta incorrecta, pero estaba fascinado con la capacidad de rememorar que tenía el chico.
—Mi madre me dice que es un don que tengo… puedo recordar todo tipo de cosas, incluso detalles que nadie más se fijaría— admitió Scorpius, sintiéndose algo avergonzado por compartir con el padre de su mejor amigo algo que él consideraba uno de sus peores defectos.
Harry no dijo más nada, por lo que se quedó pensativo unos instantes, tratando de descifrar el significado de las palabras que Trelawney había dado en esa oportunidad y que sin duda eran la causa de, lo que Neville llamaba, su retroceso a sus días como la Profesora más chiflada de Hogwarts.
En los últimos meses Harry había tenido que lidiar con cosas demasiado extrañas y a pesar de no ser un creyente en lo que respecta a profecías y cosas que iban más allá de la lógica humana, Harry sentía que tal como había ocurrido hacía casi cuarenta años atrás, una fuerza oscura podía volver a alzarse de nuevo, solo esperaba que sus hijos no tuvieran que pasar el mismo infierno que él y sus amigos habían vivido.
—Creímos que era necesario que tú lo supieras tío Harry.
El aludido asintió.
—Hicieron bien en venir a mí, pero deben saber que Nev- digo, el Profesor Longbottom también es de confianza.
A Scorpius se le colorearon las mejillas, sabía que había sido un tanto paranoico al no decirle la verdad al Profesor aquella noche, pero algo en su interior le había pedido que esperara, ahora los resultados no estaban siendo del todo lo que él esperaba que fuesen.
— ¿Qué crees que sea, papá?
Harry miró a Albus, el chico se veía un poco preocupado, él mismo recordaba las cosas que sentía cuando un adulto no le contaba del todo lo que realmente estaba sucediendo, por lo que trató de ser justo con su hijo, tal como se había prometido ser hacía muchos años atrás.
—Honestamente no lo sé, Al— le respondió Harry—. Solo les pido que esto no salga de estas cuatro paredes, y que no se metan en problemas, dejen que los grandes solucionen las cosas.
—Tío Harry, en caso de que algo sucediera, ¿tú nos lo dirías?— le pidió Rose con algo de esperanza.
El mago se tensó, sabía que estaba en un terreno escabroso, ya que conocía de sobremanera a Ron y a Hermione, y los hábitos sobreprotectores que su cuñado y mejor amigo tenía para con sus hijos.
—Prometo decirles lo que pueda— le aseguró después de unos segundos, Rose no estaba muy complacida con la respuesta.
—Nosotros creímos que usted entendería el significado de lo que la Profesora Trelawney nos dijo— se apresuró a decir Scorpius.
—Les mentiría si les dijera que sé a lo que se refiere, pero una cosa es segura, eso que les dijo la ha estado afectando, por ello quiero que ante cualquier anomalía que vean a su alrededor me lo comuniquen de inmediato a mí o a Neville, no esperen a último momento o a que podamos vernos, con este tipo de cosas no se juega.
Los chicos asintieron.
—Ahora, vayan a prepararse para el banquete, que estoy seguro que no se querrán perder— les apresuró Harry—, después de todo este será su primer Halloween en Hogwarts.
Albus se despidió de su padre luego de que este le diera un trozo de pastel de chocolate que su hermana había horneado para él, James había recibido uno igual, además de un par de dulces que le enviaba su abuela. Harry vio alejarse al nuevo y extraño trio de Gryffindor para luego emprender su marcha hacia la Dirección donde Neville, la Profesora Harris y los Profesores Jenkins, Callisto y Farley lo esperaban junto a una nerviosa Sybill Trelawney, quien no dejaba de mirar en dirección a los terrenos del Castillo con la mirada fija en un punto, como si esperara que pronto algo saliera de entre las sombras del Bosque Prohibido.
Desde su puesto con el resto de los retratos de los antiguos directores de Hogwarts, Albus Dumbledore miraba la escena con interés, si fuese posible que los cuadros sintieran, él seguramente estaría experimentando la misma inquietud que la Profesora Trelawney, pues después de todo pronto la tranquilidad se vería azotada por una nueva tormenta.
* N G *
En la mesa de Hufflepuff todos estaban felices de estar en el Banquete, los dulces que adornaban la mesa eran pasados de un lado a otro, incluso se canjeaban con los de las otras casas cuando alguno predilecto se agotaba.
Fiona Inglebee miraba todo absorta desde su lugar, sin duda sería una ceremonia que quedaría marcada en la memoria de muchos. Su propia madre, Susan Bones, le había contado sobre todo ese tipo de celebraciones que sucedían en el Castillo cuando ella aún era alumna, sin omitir por supuesto las grandes hazañas que tres de sus compañeros de Gryffindor lograban atravesar en cada uno de los años y que en más de una ocasión habían puesto a Hogwarts patas para arriba.
Había sido un día agotador, teniendo clases desde muy temprano en la mañana, por lo que no era del todo sorpresa que se sintiera tan cansada. De momentos sentía un dolor punzante en la cabeza que le había comenzado al comienzo de su clase especial de Defensa Contra las Artes Oscuras con el legendario Harry Potter, cosa que lamentaba terriblemente pues de todo lo que les había enseñado el padre de Albus Potter solo le había quedado la primera parte cuando Scorpius Malfoy había sido elegido para batirse en duelo con Joseph Macmillan, a su juicio Joseph se tenía merecida esa derrota por ser tan prejuicioso.
Fiona siguió la celebración en silencio, pronto el dolor de cabeza se le trasladó al estómago, sin duda alguna se había dado el atracón de su vida.
—Fi, ¿te sientes bien?— Bianca, una de sus nuevas amigas, la miraba preocupada.
—Me duele la panza— soltó Fiona lastimeramente.
Su cabello pelirrojo se arremolinaba en su cara que comenzaba a estar sudorosa y pálida.
—Creo que deberías ir a ver a Madame Sherrington— le dijo Amanda, quien también se había unido a la conversación y la miraba de la misma forma que Bianca.
—Es solo un dolor de estómago…
«Silencio»
Una voz resonó cerca de ella, era suave y aterciopelada, un poco aguda pero melódica.
«Escucha con atención Fiona»
La chica dio un respingo, volteando a todos lados con la intensión de encontrar a la fuente de esa voz susurrante.
«Tienes mucho sueño, ¿a qué si?», la chica asintió. «Pobrecilla, ¿por qué no sigues las indicaciones de tus amigas? Hazles caso, vas a la enfermería».
—Chicas, no me siento bien— anuncio con voz estoica la pelirroja, sus compañeras la miraron extrañadas, Fiona debía de sentirse muy mal pues actuaba de manera extraña.
La niña se levantó con rapidez y se encaminó en dirección a la torre de la enfermería, justo antes de llegar a destino, su cabeza comenzó a dolerle con mayor intensidad provocándole mareos. Debía sentarse, no sentía su cuerpo y el dolor la doblaba, el cuerpo comenzaba a arderle de manera extraña. Quería gritar, pero sus cuerdas vocales parecían haber desaparecido, de pronto, todo se calmó y la oscuridad la inundó.
Un grito de terror resonó en los pasillos del colegio, los alumnos de Ravenclaw y de Gryffindor miraban con expresiones de espanto hacia la figura que se veía flotando desde la Torre de Astronomía, se trataba de una de las alumnas de Hufflepuff de primero. Pero no era esa imagen grotesca la que causó tal conmoción, sino más bien la inscripción que rezaba en el cielo, como una marca permanente.
Una estrella de cinco picos con distintos símbolos parecidos a las runas antiguas, iluminaba el cielo con un fulgor anaranjado, en el centro de la estrella una "M" resplandecía de manera serpenteante.
— ¿Qué demonios hace Inglebee, y qué es eso?— exclamó horrorizada Rose.
—Me temo que eso es lo que hemos estado queriendo averiguar estos últimos días…
—La nueva fuerza oscura— susurró con temor Albus.
Los tres se estremecieron. Afuera el reflejo de la estrella brillaba con intensidad.
Feliz Halloween algo atrasado y para quienes celebren el Día de Acción de Gracias, también. Lo bueno es que hay nuevo capi, nueva amenaza. Lo que lleva a preguntarme, ¿por qué siempre las cosas extrañas suceden en Halloween? (Je, lo dice la que escribió este capítulo con ansiedad, el cual tenía planeado desde la página cero de este fic…)
¿Alguna teoría sobre lo que pueda ser? Me encanta leer las que tienen algunas, unas estan bien encaminadas y otras… espero que con este capítulo comiencen a intentar ver hacia donde va la cosa o se aproximen tanto como puedan, al fin de cuentas el final va a ser, a mi juicio, fantástico –si es algo egoísta pero, me encanta la idea que se formó en mi mente, así que me apresuraré a escribir para compartírselas.
Debo de admitir que me inspiró mucho ver de nuevo las dos últimas películas de Harry Potter, ¿a ustedes qué película es su favorita? A mi me encantan la uno, la cuatro y la siete parte uno y dos (aunque odio de sobremanera la forma en la que David Yates trató algunos puntos de la historia *cof*beso de Ron y Hermione*cof*).
Este es uno de los capítulos más largos, hemos visto de todo un poco, lo cual espero no sea tan mareador. Y bueno, en esta ocasión hago mención honorífica a las fieles lectoras de siempre y a las nuevas que se dan una vuelta por este fic excéntrico:
Miranda Kliese, xXm3ch3Xx, lovebooks-P.M, y a la nueva lectora Guillermina (espero que te halla llegado mi respuesta, estoy feliz siempre de que halla nuevos lectores)
Y a todos los que han añadido el fic a su lista de favoritos o le han dado en follow, es magnífico saber que siguen esta historia, pese a su excentricidad.
Nuevamente quiero invitarlos a que se unan a mi fan page en Facebook (buscando Aye436 me encuentran), ya que ahí estoy subiendo los banners de cada personaje, es decir, cómo me imagino a cada uno de los Next Generation, incluidos los Ravenclaw, los Hufflepuff y los Slytherin, lo único que me falta son los profesores. Y por otro lado les anuncio, de nuevo, que este fic ya cuenta con trálier, cuyo link verán en mi perfil, este cuenta con pequeños avances que seguro darán una idea de hacia dónde va la historia, pero nada que sea demasiado revelador además de lo que ya se vio en este capítulo y los anteriores.
Sin mucho más que agregar, me despido. ¡Travesura realizada!
XOXOX
Aye436
PD: ¡No olviden sus reviews!
