Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
BAJO LOS FOCOS
CAPÍTULO 10
Los primeros días fueron algo difíciles sabiendo a Edward tan lejos, pero las conversaciones telefónicas que mantenían rápidamente habían vuelto a ser tan cálidas, relajadas y tranquilas como lo habían sido a lo largo de seis años y hasta hacía solo unos pocos meses.
Sentir que su matrimonio por fin estaba volviendo a sentirse tan bien y tan correcto como nunca debió haber dejado de serlo, la hizo relajarse y, volver con firmeza a sumergirse en el trabajo, su gran pasión, por fin la hizo sentirse cómoda y tranquila.
Por otra parte, Nueva York le resultaba mucho más relajado de lo que le estaba resultando Los Ángeles esos últimos meses.
Los paparazzis no eran tan agobiantes aunque les había visto más de una vez y más de dos, agazapados en la calle tomando fotos de ella saliendo de su casa o del estudio.
Pero allí no había nada que ver por lo que supuso que pronto se aburrirían y buscarían alguien más a quien atosigar.
Por otra parte, ella misma había dejado de buscar noticias o publicaciones en internet sobre ella y su marido y reconoció que, alejarse de todas esas malintencionadas opiniones, hacía aumentar su seguridad. Tanto así que cuando las fotos de Bree Tanner saliendo del edificio de Emmett fueron publicadas , los insidiosos comentarios que surgieron entonces no fueron capaces de atormentarla.
Mientras tanto, en Los Ángeles, Dydime McNeal se afanaba en confirmar la presencia de su actor estrella para cada evento que hubiera en la ciudad y, aunque eso les estaba agobiando por la imposibilidad de Edward de reunirse con ellos, Bella lo estaba tomando de forma calmada y disipada.
Cuando ya llevaba más de dos semanas en Nueva York, por fin se sentía completamente calmada y distendida.
Cada día salía de casa de sus padres y se dirigía al estudio. Pasaba por su cafetería favorita y caminaba hasta Swan's, donde se dedicaba al trabajo, a veces en sesiones fotográficas, a veces pasando horas en el cuarto oscuro o retocando sus fotos en el ordenador.
Cuando volvía a casa, se quedaba con Benedict siempre que su propia madre le permitía alejarlo de ella.
Por las noches hablaba con Edward y sus charlas eran cálidas, románticas y dulces.
Por esas razones, después de dos semanas, sentía que había vuelto a ser ella. La Bella que siempre había sido y que nunca debería haber dejado de ser. La Bella que había enamorado a su marido cuando nadie lo había conseguido.
Después de esas semanas completamente sosegadas, finalmente Edward había conseguido librarse de compromisos por tres días y se reuniría con ella y su hijo en Nueva York, donde pasarían juntos la mañana de Navidad antes de que Edward volviera a Los Ángeles para esa misma noche acudir a la cena de gala a beneficio de Save the Children.
Sus padres no estaban dispuestos a aceptar que no se quedaran con ellos, por lo que desde el primer momento estuvo decidido que Edward se instalaría por tres días en casa de sus suegros con su mujer y su hijo.
—¿A qué hora llega tu vuelo? —preguntó Bella en voz muy baja esa noche, ya metida bajo las mantas de su enorme cama.
—A las tres.
—¿Quieres que vaya a recogerte? —ofreció Bella, pero no fue difícil para su marido reconocer en su tono el temor que sentía a que su respuesta fuera afirmativa.
—¿Quieres hacerlo? —inquirió él con petulancia.
Bella pensó durante un momento su respuesta. Finalmente, poniendo en orden sus ideas contestó.
—Quiero verte, quiero estar contigo —confesó haciendo sonreír a su marido en su casa de Los Ángeles —y si tú quieres que te recoja en el aeropuerto, lo haré, pero sabes que prefiero evitar a la prensa en este momento, y tú siempre traes mucha prensa contigo.
Edward sonrió. Sabía que Bella preferiría esperarle en casa y él no discutiría. Tenía que reconocer que estaba de acuerdo con ella y prefería evitarle esa situación, pero no por ello dejaba de sentirse receloso ante el nuevo temor que Bella estaba mostrando respecto a la prensa y que hacía ya años había dejado atrás.
—No te preocupes, nena. No voy a pedirte que vayas a recogerme.
—Puedo hacerlo si lo deseas —dijo rogando para que ése no fuera el deseo de su marido.
Y él no la decepcionó.
—No hace falta, cielo. Me basta con saber que me esperarás en casa y que estás tan ansiosa como yo mismo lo estoy por verte.
—No tengas dudas de eso.
—Te quiero, nena. Descansa y nos vemos mañana.
—También te quiero —reconoció antes de cortar la comunicación y enfrascarse en las páginas de su libro antes de sumirse en sus sueños bajo las cálidas mantas.
En la costa opuesta del país, Edward no se sentía feliz.
Llevaba semanas esperando poder reunirse con su mujer y su hijo y, aunque ella parecía honestamente feliz con su esperado reencuentro, él se sentía extraño.
En esas semanas la comunicación entre ellos había sido fluida y distendida pero, por alguna razón que prefería no imaginar, temía que su llegada a Nueva York volviera a llevar a Bella a su anterior estado de estrés y tensión.
Sintiéndose nervioso y frustrado se presentó en casa de Tanya.
Tanya se sorprendió al ver el semblante cansado y abatido de su amigo.
—Edward, cariño, ¿cómo estás?
—Hola, Tan —le saludó él dándole un cálido abrazo con el prominente vientre de la chica entre ellos —¿Estás sola?
—Sí. Rose tenía una cena de trabajo y le he dado la tarde libre a Sasha, aunque se ha resistido a marcharse.
—¿Tu asistenta se resiste a una tarde libre? —indagó riendo.
—Creo que Rose le paga un plus para que no me quite ojo de encima. Rosalie está obsesionada con que el bebé se adelantará.
—¿Y tú qué crees?
—Que si voy a vivir los próximos tres meses con una persona u otra siempre sobre mí, cometeré un homicidio —dijo la joven caminando hacia la cocina seguida por su amigo —Ven, te prepararé un café. Acabo de sacar del horno una bandeja de galletas de azúcar.
—No deberías ponerte a hornear en tu estado —aconsejó Edward atento, pero se arrepintió al ver la mirada asesina que su amiga le dirigió.
—¿Disculpa? ¿Qué has dicho?
—Que me encantará probara tus galletas —se corrigió rodeándola con un brazo para atraerla hacia él y dejar un sonoro beso sobre su coronilla.
No fue sino hasta que ambos se encontraron frente a dos tazas de café descafeinado y un plato ingente de galletas, que Tanya por fin se decidió a investigar la razón del rostro ceniciento de Edward.
—¿Y bien? ¿Cómo va todo? —indagó cautelosa.
Sintiéndose exhausto, Edward apoyó su frente sobre el frío mármol de la isla.
—Dios, Tanya, no sé cómo va todo. Necesitaba verte porque necesito desesperadamente hablar con alguien que me pueda entender o al menos me pueda ayudar a entender lo que me pasa.
Tanya sonrió comprensiva.
—Cuéntame, ¿qué es lo que sucede? ¿Has hablado con Bella?
—Sí. Hablamos cada día.
—¿Y cómo está? Creía que las cosas entre vosotros estaban mejor…
—Lo están —aseguró —Las cosas entre nosotros están bien. Ahora mismo cada día, cada vez que hablamos, está todo como estaba antes de que Benedict naciera. Como cuando tenía que pasar temporadas lejos de casa y solo podíamos comunicarnos por teléfono. Incluso en aquel maldito desierto neozelandés.
—Bien, eso es bueno, ¿no? —preguntó la chica sintiéndose confundida.
No lograba comprender a qué se debía el decaimiento de Edward si finalmente la relación con su mujer había vuelto a situarse en el punto en el que su matrimonio era sólido y fuerte.
Edward levantó la mirada y la fijó en su rostro con desazón.
—No lo sé —reconoció con tristeza.
—¿Por qué no lo sabes?
—Ay, Tan, no sé cómo explicarlo, pero…
—Vamos, dime lo que te atormenta.
—Hablo con Bella cada día, y ella está bien. Se le escucha bien, tranquila, relajada. No parece preocupada por noticias idiotas, por los paparazzis, o por nada de todo lo que le preocupaba estos últimos tiempos. Volver al trabajo también le ha hecho bien, supongo que estar con su familia… no sé… se siente bien. Y, desde luego que yo estoy feliz de saber que ella está bien. De hecho, he estado pensando que si lo que necesita para estar bien es alejarse de Los Ángeles, entonces tal vez haya llegado el momento de que dejemos la ciudad —explicó —pero… por otra parte…
—¿Qué?
—Por otra parte, no puedo negar que temo que no sea alejarse de Los Ángeles lo que le haya hecho bien, sino alejarse de mí… —confesó con dolor.
—¿Qué quieres decir?
—Tengo miedo de ser yo quien le hace daño.
—¿De qué estás hablando, Edward? Esa mujer te ama. En nada le haría bien estar alejada de ti. No podría vivir sin ti.
—Me ama —reconoció él —Sé que lo hace. Pero también sé que podría vivir sin mí. Siempre se puede. Sé que Bella me ama, no dudo de ello, pero también sé que por alguna razón que no acabo de comprender tiene la creencia de que ella no es suficiente para mí, en alguna forma, y cree que debe cambiar algo, no sé qué. Por alguna razón esta idea le agobia. Siente que debe hacer algo para poder estar conmigo o estar a mi altura, cuando en realidad soy yo quien voy colgado de sus zapatos. Es ella quien me hace grande, porque es ella quien me hace mejor persona. Ella quien me ha convertido en alguien realmente decente.
—Tú eres y siempre has sido un tipo decente —discutió Tanya enérgica —Tú no necesitas a Bella para ser un gran hombre de la misma forma que ella no te necesita a ti para ser una gran mujer. Os necesitáis el uno al otro porque os amáis y la vida es mucho más feliz para ambos cuando estáis juntos.
—Es posible que tengas razón.
—La tengo —sentenció ella rotunda.
—La tienes —concedió él con una sonrisa indulgente —Pero como sea, Bella siente que debe esforzarse más para merecer formar parte de esta relación y ese continuo esfuerzo la estresa.
—Entiendo lo que dices —reconoció Tanya —Bella cree que debe estar a la altura de las expectativas de tus fans.
—Como si alguna de mis fans llegara a la suela de sus zapatos… —gruñó —Como sea, ella está cansada y me preocupa que sea ahora, justamente cuando está alejada de mí y de todo este circo que forma parte de mi mundo, cuando se siente cómoda y relajada. Creo que tal vez hayan sido demasiados años bajo los focos. Y ahora, algo alejada de ellos, sintiéndose cómoda y más liviana, temo que se dé cuenta que prefiere esa vida que la nuestra.
—Pues está en ti demostrarle lo maravillosa que puede ser vuestra vida juntos, y si es necesario que os vayáis a vivir al desierto de Mojave, tal vez haya llegado el momento de hacerlo.
—Lo sé. Sé que estoy dispuesto a hacerlo. A hacer eso y lo que sea con tal de mantener unida mi familia y poder estar junto a esa mujer, es solo que tengo miedo de no llegar a tener siquiera la oportunidad.
—¿Qué vas a hacer para solucionarlo? —inquirió Tanya .
—Mañana volaré a Nueva York para verles, pero Dydime ya ha confirmado mi asistencia para la cena benéfica de Save the Children y estoy seguro de que Bella no me permitirá perderme nada que sea a beneficio de los niños… —reconoció con una mueca haciendo sonreír a su amiga.
—Ya conoces la vena filantrópica de tu mujer. Entonces, ¿cuántos días podrás estar en Nueva York?
—Tres días y sus noches, pero al menos podremos pasar juntos la primera navidad de Ben.
—Tres días y sus noches —reflexionó Tanya sonriente —Imagino que recuperaréis el tiempo perdido sobre todo en esas noches… —se burló y Edward no pudo evitar una mueca desolada al recordar la última noche que había intentado un acercamiento íntimo con su mujer y la forma en que esa noche había acabado.
Gracias por los reviews, alertas y favoritos y por leer.
Les espero en el grupo de Facebook Las Sex Tensas de Kiki.
En mi perfil tienen el link del tráiler que hizo Maia Alcyone para el fic.
Adelanto:
Aun sintiéndose famélica de su contacto, Bella no pudo evitar un respingo cuando Edward acabó de desnudarla dejándola cubierta únicamente por su ropa interior.
—Shh… —le calmó él al notar su repentina rigidez —tranquila, cariño… solo necesito sentir tu piel contra la mía —dijo mientras se quitaba su camisa desnudando su torso.
—¿No quieres hacerme el amor? —indagó ella confundida y sorprendida.
—¿Quiero que tu padre venga a buscarme con un arma? —sonrió él divertido —No voy a hacerte el amor con toda tu familia allí esperándonos —dijo quitándole importancia a la situación pero sabiendo que, de no ser por no estar seguro de hasta dónde podría llegar Bella, tardaría solo unos segundos en hundirse profundamente en el cuerpo de su esposa.
Besitos y nos seguimos leyendo!
