Insaciable
-Vamos Hermione levanta, ya es la hora.
Ginny corrió las únicas cortinas que permanecían cerradas y entró una luz deslumbrante, lo que provocó que Hermione apretara con fuerza sus párpados cerrados y diera la vuelta sobre sí misma en la cama, tapándose con la manta de un color burdeos dejando ver únicamente algunos mechones rizados sobre la almohada.
-Venga Hermione –dijo Ginny en tono condescendiente-. Ya han bajado todas, solo faltas tú.
Hermione dobló su edredón para destapar su cara y una vez acostumbrada a la luz, abrir los ojos. Todas las camas estaban hechas y la habitación recogida. Ginny salió del cuarto de baño colocándose bien la túnica.
-Yo ya estoy, nos vemos en el comedor –y dedicándole una sonrisa se marchó cerrando la puerta tras ella.
Hermione sabía que día era, el día en que oficialmente perdía contra el gran conquistador, Draco Malfoy. Aunque la apuesta trataba de cinco días, a Malfoy le bastaban tres y estaba segura de que todo saldría tal y como él había dicho. Detestaba con todas sus fuerzas la superioridad con la que lo hacía todo, la prepotencia, la soberbia y sobre todo, el desprecio con el que la trataba a ella. Y aún no podía explicarse cómo pudo estar tan cerca de él… recordaba ese momento la mayoría de las noches y al hacerlo le temblaban las piernas. Lo odiaba, pero había conseguido que durante un instante solo pensara en él y no precisamente con odio… Era consciente de que cuando sus bocas se rozaron un cosquilleo recorrió todo su cuerpo, no podía separarse de él ni tampoco quería hacerlo. Las miles de razones lógicas del porqué jamás se debería acercar al Slytherin desaparecieron al roce de su piel contra la de ella, tan suave, le encantaría volver a… ¿Qué? ¿En qué estaba pensando? Hermione sacudió la cabeza y se incorporó rápidamente en la cama haciendo desaparecer las imágenes que habían invadido su mente. ¿Cómo se le podía pasar por la cabeza algo así? Draco tan solo era un ser despreciable para ella, digno de su apellido, un detestable hurón saltarín, y Hermione, bajo ningún concepto iba a volver a besarlo. Solo fue un desliz debido a su bajo estado de ánimo, pero se acabó.
Bajó al Gran Comedor pero no sin antes observar de nuevo la marca de su cuello, parecía que por fin estaba empezando a atenuarse. Harry, Ron y Ginny ya habían acabado de desayunar así que se sentó con Parvati, la cual estaba muy concentrada en leer "Corazón de bruja" y mientras Hermione desayunaba le leyó todos los artículos sobre tipos de conjuro con los que hechizar a tu "forzada" media naranja.
-¿A qué es genial? –preguntó Parvati levantando por fin la mirada de la revista.
-¿Eh? Ah, sí, claro… fantástico –Hermione no pudo evitar desconectar un rato del sermón.
Parvati miró un instante la entrada del comedor y Hermione la imitó, Cormac entraba mirando a todos lados buscando a alguien, hasta que se cruzó con los ojos marrones de la chica y le sonrió embobado. Hermione le respondió y pronto Parvati se giró hacia ella con cara curiosa, le encantaban los cotilleos y aún más cuando acababa de leer su revista favorita.
-¿Y bien? –la miró abriendo mucho los ojos intentando transmitirle que era la más discreta del mundo y que a ella se lo podía contar.
-¿Qué?
-Ya sabes, Cormac y tú –dirigió la mirada al chico para indicárselo-. ¿Cómo os va?
-Cormac y yo no estamos saliendo Parvati.
La cara de sorpresa que puso la chica hizo reír a Hermione.
-Pero si tú… él… quiero decir que… -intentaba no ser demasiado directa con el tema del chupetón- no sé… pensé… que estarías juntos.
-No, somos amigos pero… solo eso…- Hermione no pudo evitar sonrojarse y bajó la mirada, debido a la mentira estaba quedando como una fresca.
-¡Buenos días!
Alguien posó la mano en la espalda de Hermione, era Cormac. Todas las chicas de esa mesa y algunas de las otras lo miraban casi babeando, con la esperanza de que se dirigiera a ellas. Estaba radiante, como todos los días, sonriendo de orea a oreja y con un brillo especial en sus ojos azules.
-Buenos días Cormac –saludó Hermione.
Parvati los miró a los dos intrigada, pero a los pocos segundos cayó en la cuenta de que podría estar interrumpiendo así que recogió su revista y sonriendo como si estuviera haciéndole el gran favor de su vida a Hermione se marchó.
-¿Cómo estás? –dijo mientras se sentaba a su lado.
-B…b…bi… ¡achííís! Bien, aunque algo resfriada –le sonrió inocentemente-. ¿Y tú?
-Perfectamente –y él le devolvió una sonrisa aún más grande-. Venía a decirte que mañana habrá otra cena del club de Slughorn, a las nueve, ¿vendrás no?
-Claro, no me la perdería.
-¡Genial!
El chico se ponía realmente contento cada vez que tenía oportunidad de pasar más tiempo con Hermione y ella lo notaba, eso le agradaba. Debido al estornudo un mechón de pelo cayó por la frente de la chica y entonces Cormac lo apartó con delicadeza, rozando su nariz, y después acarició dulcemente su mejilla. Hermione se dio cuenta de que él se estaba acercando, mirándola fijamente, y él, percatándose de que lo estaba haciendo inconscientemente volvió a mantener la distancia, no quería incomodarla, aunque si fuera por él hubiera seguido hasta llegar a sus labios.
-Bueno… -Cormac quiso terminar con el contacto visual antes de que no pudiera resistirse a volver a intentarlo, pero esta vez sin pararse- será mejor que vayamos a clase ¿no? –y se levantó antes de que ella tuviera tiempo para contestar.
-Sí, mejor.
Hermione recogió sus libros y se colgó la maleta al hombro. Cuando se dirigía a la salida del comedor pasó la mirada instintivamente por la mesa de Slytherin, encontrándose así con una mirada más fría que el propio hielo, de indescifrable significado, y entonces volvió a mirar hacia delante, pero algo extrañada… hubiera jurado que Malfoy apretaba fuertemente los puños.
-Ya estoy –dijo Ron bajando las escaleras de la sala común.
Ginny se levantó del sofá de al lado de Hermione y Harry hizo lo mismo.
-Nos veremos después del entrenamiento –Harry sonrió a Hermione mientras los tres, vestidos con la equipación de quidditch y agarrando sus escobas salían por el retrato.
Como cada semana, los entrenamientos de quidditch solían durar una hora y media, pero esta vez iba a alargarse, ya que el sábado jugaban un partido contra Ravenclaw y querían estar preparados. Hermione decidió pasarse ese tiempo en la biblioteca, un sitio en el que siempre encontraba la tranquilidad que necesitaba, y obviamente, la respuesta a cualquier pregunta, los libros. Le encantaba estudiar y llevarlo todo al día incluso adelantándose al temario para así prepararlo mejor y siempre le daba resultado, era la mejor de todo su curso, incluso de otros.
Saludó a la señora Pince y se sentó en una mesa vacía, aunque no era difícil encontrar una porque no había demasiada gente. Sacó su libro de Runas Antiguas y comenzó a escribir en sus apuntes, sin darse cuenta el tiempo estaba pasando bastante rápido. Se levantó un instante dejando su mesa llena de papeles y la pluma en el bote de tinta para buscar un libro de Aritmancia, su materia preferida, quizás porque era la que le resultaba más complicada. Se dirigió a una de las miles de estanterías que se encontraban allí y pasó el dedo índice por los títulos de los libros." Historia de la magia, Cuidado de Criaturas Mágicas, Astronomía, Transformaciones, Adivinación –asignatura que a Hermione le parecía una soberana tontería y una pérdida de tiempo-, Herbología y … aquí, Aritmancia". Cogió el libro de su sitio y observó la portada asegurándose de que era el que buscaba, y así era. Se dispuso a volver a su mesa mientras ojeaba el libro, pero en la fila contigua a la suya, al fondo, vio que se encontraba Marietta, muy concentrada leyendo y sola. Miró hacia ambos lados para cerciorarse de que nadie iba a reunirse con ella, se le estaba ocurriendo un plan. Aún no había perdido la apuesta, Marietta no se había besado con Malfoy porque si lo hubiera hecho, Draco se hubiera encargado de hacérselo ver. Puede que Pansy no hiciera nada con respecto a que el Slytherin jugara con ella de forma descarada, ya que estaba perdidamente enamorada de él y aunque así fuera, sabía que al final ella era la que acababa repitiendo, cuando Draco quisiera claro, pero Marietta no tenía por qué pensar igual. No sabía exactamente qué era lo que le iba a decir, pero estaba segura de que a la chica del pelo rojo no le sentaría nada bien que Malfoy la estuviera utilizando y posiblemente lo rechazara. Hermione sonrió con regocijo y un ápice de astucia, después de haberlo dado todo por perdido aún quedaba alguna forma de evitar que el Slytherin se hiciera con la suya. Cerró el libro y se encaminó hacia ella con decisión, pero rápidamente giró hacia la izquierda y se ocultó tras la estantería de su fila, Malfoy llegó por el otro extremo del pasillo y se sentó al lado de Marietta.
A punto, había estado a escasa distancia de haberlo conseguido y empezó a maldecir por lo bajo, todo parecía estar odiosamente destinado a que ella perdiera esa maldita apuesta. Estaba rabiosa, había albergado la esperanza, por pequeña que fuera, de poder evitar todo aquello. Pero ahora tenía que saber que estaba sucediendo, espiarlos, la curiosidad la reconcomía por dentro. Casi en la mitad de la estantería había un pequeño hueco vacío donde por suerte, se veía perfectamente a Marietta y a Draco, pero ellos no la veían a ella, la chica estaba casi de espaldas y demasiado atontada mirándolo como para darse cuenta de que alguien los estaba vigilando, y él también estaba bastante ocupado seduciéndola con su perfecta sonrisa pícara. Por el momento estaban charlando tranquilamente, pero al poco rato Draco empezó a arrimarse, demasiado para el gusto de Hermione, que se estaba mordiendo las uñas cuando nunca lo había hecho. Él le quitó el libro de las manos y comenzó a agarrar su cintura, Hermione se ponía más histérica por momentos e incluso estaba metiendo la punta de la nariz en el hueco para verlos algo más cerca, pero esa no fue su mejor decisión. Un libro volvía volando a su sitio y golpeó a Hermione en la nariz echándola hacia detrás, ésta soltó un pequeño y sordo grito mientras se llevaba las manos a su parte dolida. Masajeándose un poco la nariz pudo volver sentirla, por suerte no le había salido sangre. Se había perdido la parte más importante y ya no quedaban huecos en la estantería, así que decidió asomarse cuidadosamente por el extremo de ésta, arriesgándose a que la vieran, pero no le importaba, tenía que averiguar lo que estaba pasando. No quiso exhibirse demasiado así que se agachó y quedó a la altura de las mesas de madera unidas a la estantería, levantó un poco la cabeza y entonces los vio, sus sospechas se confirmaron, Draco agarraba la cintura de Marietta mientras ella se apoyaba en sus hombros, y los dos se besaban con ímpetu, los dos se besaban gracias a ella. Hermione permaneció unos segundos observándolos, pero pronto decidió terminar con esa vista y dejó de asomarse. Se sentía tremendamente mal, con una sensación parecida a la ira y un gran nudo en la garganta. Estaba enfadada, rabiosa, fastidiada, había sido ella misma la que empezó la apuesta pero no se imaginó que podría llegar a afectarle así. Tenía ganas de ir y separarla a base de tirones de pelo si hacía falta, pero no podía soportar ver como lo besaba, no podía hacerlo. Estaba claro que se había confundido de chica, Marietta era como las demás, una chica más en la lista de Draco Malfoy, que únicamente las quería para satisfacerse y alimentar su enorme ego, pero que ninguna lo hubiera rechazado antes no significaba que Hermione no pudiera hacerlo, es más, ella sería la excepción.
Volvió a asomarse para comprobar que no lo había soñado, pero tal y como esperaba aún estaban pegados. "¿Por qué no para? Ya los he visto, ya es suficiente". Al ver que no paraban se reincorporó poniendo los ojos en blanco y sin poder parar de apretar los labios se sentó en su sitio e intentó seguir con sus deberes, cosa que fue imposible durante el tiempo restante. Escuchaba un profundo silencio a veces interrumpido con el sonido de un beso, eso la enfurecía mucho más, con un único beso hubiera bastado, pero no podía irse todavía, porque eso supondría pasar por delante de ellos y era lo que menos le apetecía en ese momento. Por fin pudo escuchar como los dos se levantaban y al parecer se marchaban, pero para asegurarse volvió a mirar, se habían ido. Entonces ella recogió sus cosas y sin despedirse si quiera de la señora Pince salió a paso firme de la biblioteca hacia el pasillo totalmente abandonado y pobremente iluminado, estaba anocheciendo. Estaba enfadada, muy enfadada y no sabía por qué, era normal que estuviera molesta pero ¿tanto?
-¿Te duele la nariz Granger?
Hermione escuchó una voz demasiado familiar, se dio la vuelta y lo encontró allí. Draco Malfoy estaba apoyado en la pared justo al lado de la puerta de la biblioteca, con la sonrisa torcida y los ojos grises, fríos como el mármol. Estaba claro que la estaba esperando para molestarla con el pretexto de haber ganado el reto, pero ella no estaba precisamente de humor.
-No está bien espiar a la gente, aunque pensé que eso ya lo sabías.
-¿Por qué no te vas con tu nueva noviecita y me dejas en paz? –dijo Hermione en un tono bastante agresivo.
Ella se volvió y siguió su camino pero Draco no iba a dejar que se marchara todavía, le encantaba hacerla de rabiar, así que empezó a seguirla.
-Porque eso sería demasiado aburrido.
-No parecía que estuvieras precisamente aburrido en la biblioteca.
-Dime una cosa Granger, ¿te molesta que la haya besado?
Hermione se paró en seco y lo miró, enfurecida, abrió los labios para gritarle cualquier insulto que se le pasara por la cabeza, pero él se le adelantó.
-¿Qué la haya besado durante largos minutos? –se paró justo delante de ella mirándola profundamente y Hermione pudo notar como empezaban a aflojarse sus piernas-. ¿Qué la agarrara de la cintura lentamente atrayéndola hacia mí?
Entonces hizo exactamente lo mismo con Hermione, se aproximó mucho más a ella y apoyó sus manos con delicadeza en su cintura, haciéndola callar por completo. Hermione se olvidó de la ira que sentía antes y se dejó perder en su mirada de ojos grises, tan tentadora. Draco se acercó a su oído lentamente y rozó su mejilla con la cara de Hermione, ella notó el frío en su rostro pero a la vez la sensación cálida que le dejaba al tocarla.
-¿Qué le susurrase cosas al oído hasta hacer que ella me deseara?
Hermione cerró los ojos arrastrada de nuevo por algo desconocido, pero haciendo un gran esfuerzo volvió a abrirlos, tenía que ser fuerte. Draco volvió a rozar su mejilla para colocarse cara con cara y mirar sus tiernos labios algo abiertos, como si esperaran con ansias un beso. Y en un tono muy bajo y a la vez muy seductor añadió:
-O quizás lo que te molesta es haber deseado con todas tus fuerzas que la chica a la que yo estaba besando… fueras tú.
Ella cada vez estaba menos convencida de que lo que acababa de decir fuera mentira, pero en ese instante no podría asegurarlo, él la sacaba de todos sus pensamientos. Al no contestar, Draco perfiló una pequeña sonrisa torcida de satisfacción y muy lentamente acercó sus labios a los de ella. Hermione lo miraba cada vez más próximo, y sentía que en ese mismo instante podría derretirse en sus brazos, pero no iba a dejar que la tratara como a una cualquiera, y menos después de haber besado a Marietta, así que reprimiendo sus ansias y con poco aliento dijo:
-Sigue… soñando.
Ella no se movió ni un centímetro pero él paró el acercamiento, quedándose inmóvil durante un segundo para después separarse lo suficiente como para volver a mirarla, pero esta vez sorprendido, aunque intentara no mostrarlo demasiado. Mientras, ella recobraba su genio.
-Y ahora, si no te importa, ¡déjame en paz!
Hermione le dio un fuerte pisotón en el pie al que Draco se encorvó y soltó un pequeño quejido. Ella se dio la vuelta con aire satisfactorio y se marchó con una complaciente sonrisa mientras Malfoy la observaba, apretando la mandíbula fuertemente. Lo había rechazado, una asquerosa y odiosa sangre sucia lo había rechazado, a él. La ira del chico empezó a extenderse por todo su cuerpo, era una sensación que lo dominaba y notaba como la furia y la rabia se apoderaban de él. Cerró el puño y lo apretó violentamente, quería ir tras ella y agarrarla del cuello hasta que suplicara que le soltase, que le pidiera perdón de rodillas, quería verla sufrir como se merecía. ¿Quién se creía que era? Solo una traidora a la sangre. Sentía un fuerte calor en el pecho, la cólera se reflejaba en una mirada asesina de ojos grises, podría acabar con ella tan solo con un simple movimiento de varita. ¿Quién se había creído para hacer semejante cosa? Nunca antes habían rechazado a Draco Malfoy, nadie. Hermione andaba hacia el otro extremo del pasillo con aires victoriosos, y Malfoy dio la vuelta y a paso rápido se fue en dirección contraria a ella, pero eso no iba a quedar así. Draco sabía perfectamente que Hermione lo odiaba, como él a ella, pero también lo deseaba, y el rubio se encargaría personalmente de que cayera en su peor error, la haría pagar por aquello.
No sabía exactamente a donde quería llegar, pero Hermione siguió andando por aquellos pasillos hasta llegar a las escaleras. Estaba muy contenta, aunque le hubiera costado más de lo que pensaba había rechazado a Draco Malfoy y lo había hecho enfurecer mucho, pudo notarlo en su cara. ¿Acaso pensaba que ella sería como cualquiera de las otras? Pues estaba muy equivocado, puede que cometiera un gran fallo aquella noche en la quinta planta pero eso empezó y acabó allí. Nada cambiaba que él fuera su enemigo y el de sus amigos, que fuera Draco Malfoy, un Malfoy, hijo de mortífago y oficial rival de los hijos de muggles, o como él llamaba, los sangre sucia. Lo tenía decidió, todo volvería a la normalidad tras aquella absurda apuesta que nunca debería haber empezado. Tras dar vueltas y bajar escaleras sin sentido quedó frente una gran ventana y pudo ver varias escobas en el aire justo al lado de los aros de quidditch, entonces decidió que se quedaría viendo el entrenamiento y con un poco de suerte conseguiría distraerse, porque aunque estuviera bastante satisfecha aún seguía malhumorada, sin saber demasiado bien el motivo. Salió hacia los jardines y se dirigió al campo de quidditch donde se sentó ocupando un pequeño hueco en las enormes y vacías gradas. Dejó sus cosas a un lado y contempló el campo. Ni Harry ni Ron ni Ginny se percataron de su presencia, ya que estaban totalmente concentrados en el juego. Katie Bell y Ginny intentaban colar la quaffle pero Ron lo evitaba, en realidad no se le daba nada mal ser el guardián, y mientras, Harry permanecía quieto sobre su escoba, pendiente de ambos lados del campo ya que en el otro extremo también practicaban otro tipo de estrategia. Hermione se limitaba a seguir a los jugadores con la mirada pero estaba absorta en sus pensamientos, la escena de Draco y Marietta volvió a invadirle la mente arrastrando un sentimiento de exasperación que hizo que arrugara la túnica entre sus manos con fuerza. Pero casi al instante aflojó al notar que un chico alto y corpulento con equipación de quidditch, pelo rubio y rizado, sonrisa de oreja a oreja y unos ojos azules preciosos se acercaba a ella para sentarse a su lado.
-¡Hermione! –exclamó sorprendido de verla allí.
-¡Hola Cormac! -dijo ella intentando disimular su enfado y aparentando normalidad-. ¿Qué haces aquí? Quiero decir, que bueno, tú eres...
- ... el sustituto de Ron, lo sé, pero aun así tengo que venir a los entrenamientos, ya sabes, por si acaso - bajó un poco la mirada y su voz se fue apagando, porque tenía la esperanza, por pequeña que fuera, de que ella hubiera ido a verle a él, pero estaba claro que no, ni siquiera sabía que entrenaba con los demás.
Hermione notó ese detalle así que trató de arreglarlo.
-Estoy segura que cuando puedas jugar en un partido lo harás muy bien.
Ella le dedicó una sonrisa y enseguida los ojos azules volvieron a iluminarse y a observarla, y poco a poco esa mirada pasó a ser algo nerviosa y tímida, le encantaba tenerla cerca pero a veces no sabía cómo actuar con ella, así que centró la vista en el juego, pero no por mucho tiempo.
-Bueno y ¿cómo llevas mi obra de arte?
Hermione soltó una pequeña risa y a la vez se sonrojó, casi olvidó que lo había culpado sin tener nada que ver.
-Bien, ya empieza a disminuir y no tendrás que seguir cubriéndome más.
-Hermione, ya te he dicho que no me importa, -puso su mano sobre la de ella que reposaba en su rodilla y la agarró suavemente- seguiré cubriéndote el tiempo que haga falta, además, es divertido esquivar a todas las cotillas del colegio ¿no crees?
Los dos empezaron a reír fuertemente y Hermione olvidó por completo su enfado, le agradaba verdaderamente estar con Cormac y poder contar con un chico como él, siempre se portaba bien con ella.
-Achíís
-Uff… por lo que veo sigues resfriada, deberías volver al castillo aquí hace mucho frío y probablemente lloverá dentro de poco.
-Puede que tengas razón.
El cielo estaba totalmente gris y las nubes negras se acercaban mientras el aire soplaba dejando la cara de Hermione con una sensación fría que enseguida se volvió cálida cuando Cormac le acarició la mejilla.
-¡McLaggen! –Ron lo llamaba subido en su escoba al frente de los aros y le hacia un ademán para que se reuniera con el equipo, y al mismo tiempo echó una mirada no muy cordial a Hermione.
Cormac devolvió la mirada al campo y se levantó sosteniendo su escoba en la mano y cuando la castaña también se incorporó se dirigió a ella.
-Debo volver, el entrenamiento habrá terminado y Harry querrá decirnos algo como capitán.
-Vale.
-Tú vuelve a la sala común y descansa, te vendrá bien para el resfriado y así podrás estar mañana perfecta en la cena, no querría que te la perdieras.
Hermione levantó las comisuras al ver la sonrisa encantadora del chico.
-¡¿Quieres venir ya?
-¡Ya voy! Bueno nos veremos mañana Hermione.
Y después de besarla en la mejilla se subió a la escoba y volvió con el equipo. Ella quedó unos segundos observando cómo volaba hasta los demás y cuando comenzaron a hablar en círculo recogió sus cosas y se marchó al colegio, pero tal y como temía empezó a llover repentinamente a mitad del camino. Se cubrió como pudo pero no pudo evitar mojarse lo suficiente como para estornudar durante todo el recorrido. "Genial", pensó, así nunca se libraría de ese molesto resfriado. Entró por fin en el castillo empapada de cabeza a pies al igual que todos los que taponaban la entrada, señal de que les había pasado lo mismo. Sin querer y debido a la multitud chocó con alguien y al girarse pudo ver una melena rubia, larga y mojada que cubrían una cara pálida con un gesto risueño y absorto.
-Oh, lo siento Luna.
-No importa –dijo con su habitual tono suave y apaciguado.
Luna la miraba con sus ojos azules redondos y grandes, tenía los zapatos enfangados y la túnica chorreando agua por todas partes, pero aun así parecía no importarle en absoluto. Hermione advirtió que sostenía un frasco de cristal aparentemente vacío entre sus manos.
-¿Qué llevas ahí?
-Ah, ¿aquí? Heliopaths en miniatura.
-Helio…¿qué? –preguntó Hermione extrañada, era la primera vez que escuchaba esa palabra.
-Heliopaths. Son criaturas de fuego que a veces se pueden encontrar en un tamaño reducido. Me temo que han debido pelear con los Blibberings y han alterado el tiempo haciendo que llueva descontroladamente, pero no te preocupes, he conseguido atrapar algunos.
Hermione se quedó mirándola intentando encontrar el sentido a todas aquellas palabras, y supuso que lo último que Luna había dicho debía ser una gran responsabilidad, al menos para ella. Pero no estaba sorprendida, ya que estaba acostumbrada a ese tipo de "teorías" por su parte.
-…Ah. Qué bien ¿no?
La rubia asintió.
-¿Vienes al comedor?
-No, voy a ducharme y ahora bajo.
-De acuerdo, yo voy a empezar a cenar ya, hasta luego.
Y se marchó a paso lento y divertido hacia el Gran Comedor dejando un rastro de agua por donde pisaba y pensando en voz alta "Espero que haya pudding".
Hermione subió hasta llegar a su cuarto donde dejó su maleta y entró en el baño. Se desnudó y se metió en la ducha caliente, por fin una agradable sensación. El sonido que salía del grifo se mezclaba con las gotas de agua que caían y resbalaban por la ventana, como también lo hacían en un cuartillo abandonado en la segunda planta.
Pansy aún seguía maravillada de que Draco la hubiera sacado prácticamente a rastras de la sala común y la hubiera llevado hasta allí, ya que con la lluvia la habitación del rubio estaba llena. Ella notó que el Slytherin estaba muy enfadado, pero no se atrevió a preguntarle, ya que ni siquiera se habían dirigido la palabra. Nada más cerrar la puerta fuertemente Draco se abalanzó sobre la morena y la atrajo bruscamente hacia él, besándola insaciablemente, y ella respondía a cada uno de sus movimientos. Pansy aumentó su efusividad al pensar que el chico por fin se había dado cuenta de que ella significaba algo para él, pero Draco sabía muy bien que no era así. La empujó contra la pared con toda la aspereza posible y la agarró por la cintura para atraerla aún más a su cuerpo, mientras ella despeinaba el pelo rubio platino correspondiéndole activamente. Quería desquitarse por el rechazo de Hermione, evidenciando que él conseguía a la chica que quería y como a él se le antojaba, sin importar nada, o al menos trataba de demostrárselo a sí mismo. Su ira volvía a recobrarse por todos sus poros al recordarlo y estrujó con más fuerza a la chica, consiguiendo que ésta soltara un leve quejido pero él sabía perfectamente que no se separaría de él. La tenía controlada y eso le hacía sentir superior, siempre había sido el dominante y no iba a dejar que eso cambiara.
Sus recuerdos le jugaron una mala pasada y un fuerte aroma de vainilla refrescó sus fosas nasales apareciendo de la nada. Entonces fue consciente de que no estaba besando a Granger y que desde que lo había hecho nada acababa de satisfacerlo por completo, incluso besar a otras chicas se estaba convirtiendo en algo insípido, más bien pesado, pero no iba a dejar que eso siguiera sucediendo. Eso le hizo mover más intensamente su lengua contra la de Pansy, apretar sus brazos en su espalda a punto de partirla en dos, pero nada, aquello no era ni una diminuta parte de lo que había sentido con la Gryffindor. Estuvo durante largos minutos intentando conseguir que todo aquello le despertara el más mínimo anhelo a continuar pero no obtuvo resultado, ni siquiera se había dado cuenta de que la chica se había deshecho de su parte de arriba del uniforme y ahora intentaba hacer lo mismo con la camisa de él. Pero Draco acabó por rendirse ante aquella situación y con rudeza se apartó de ella, haciendo que Pansy quedara con la boca abierta y se inclinara un poco hacia delante debido a la presión con la que había aprisionado su cuerpo. Tras tomar distancia volvió a mirarla como último recurso, pero ni tenerla tan cerca en sostén a su plena disposición le hizo reavivarse, tan solo le dieron ganas de tirarle la camisa para que se la pusiera inmediatamente. Chasqueó la lengua y quedando de espaldas a ella apoyó su codo en la pared mientras pasaba su mano y agarraba su melena totalmente despeinada. Había visto muchas más veces a Pansy de esa forma e incluso desnuda y siempre se había abalanzado sobre ella sin dudarlo, pero esta vez era distinto, muy distinto. Se miró la camisa y empezó a abrocharse los escasos botones que a Pansy le había dado tiempo a desabotonar antes de que se alejara tan rápidamente. La chica estaba desconcertada, no sabía que le pasaba a Draco, últimamente lo había notado muy raro en las pocas veces que podía verlo. Lo rodeó con sus brazos y apoyó su cabeza en su espalda.
-Draco ¿ocurre algo? ¿Es por mí? –preguntó ella en un tono suave y dulzón al sentirlo entre su abrazo.
-Déjalo ya, ¿quieres?
Draco puso los ojos en blanco y desenlazó los brazos de Pansy alrededor de él. Se dio la vuelta y pudo ver como los ojos de la morena empezaban a humedecerse como cada vez que a Draco no le apetecía estar con ella.
-Entonces… -le costaba hablar pero reprimió su llanto y continuó- ¿por qué me has traído hasta aquí para después hacerme esto? ¿Hay otra?
-Nunca has sido la única –dijo Draco empezando a desesperarse, odiaba esas situaciones.
Pansy se quedó callada, eso lo había sabido desde siempre pero jamás se había comportado así, había seguido con ella como si nada. El rubio al ver que ella seguía empeñada en hacerse la víctima salió resoplando del cuartillo y se dirigió al Gran Comedor. Observó un hueco entre Derrick y Nott así que se encaminó hacia ellos con la intención de relajarse un poco, pero justo antes de sentarse la furia volvió a quemarle como fuego en su interior. En la mesa de enfrente estaba Hermione, con una rebeca roja igual de ajustada que sus vaqueros muggles y con el pelo ligeramente húmedo, señal que había salido de la ducha hace poco, y reía tan fuerte que su eco podía escucharse por encima de las voces de los demás alumnos, y el que la estaba haciendo reír mantenía tal sonrisa que parecía que las comisuras se le iban a salir de la cara. Sabía quién era, el idiota de McLaggen, el imbécil del musculitos, al que le partiría la boca si lo tuviera a mano. Veía como él aprovechaba para hacerle cosquillas y como un acto reflejo apretó los puños, pero se contuvo de ir hacia él. Se le habían pasado las ganas por completo de quedarse allí así que cogió una manzana verde de una bandeja, con tanta fuerza que el plato quedó girando sobre sus propios bordes haciendo un ruido desagradable que llegó a oídos de todos, y con paso firme fue hasta la puerta, con unos ojos marrones clavados en su espalda pero esta vez sin sonrisa.
No podía ser que llevara desde que salió de la biblioteca enfadado, aunque ahora lo estaba muchísimo más. Y mientras tanto la odiosa sangre sucia, la causante de su fastidio –cosa que cabreaba más a Draco- estaba de risitas con ese gilipollas. Sus pasos lo llevaron hacia la puerta de Hogwarts, la lluvia caía de vez en cuando en forma de diluvio pero había parado. Notaba como dejaba un rastro en el suelo de jugo de manzana, a causa de estar estrujándola en su puño. Al salir se sentó en un peldaño, miró la fruta y la lanzó fuertemente en el aire, después volvió a llevarse las manos a su cabello rubio platino. ¿Qué cojones le estaba pasando? ¿Por qué estaba tan cabreado? Era una asquerosa pero insignificante sabelotodo y estaba consiguiendo enloquecerlo, estaba logrando que no se sintiera satisfecho con ninguna chica, que solo pensara en volver a besar esos labios carnosos que le hicieron sentirse realmente vivo. Se acabó, estaba diciendo tonterías, con pensar tanto en ella lo único que estaba consiguiendo era confundirse más, estaba claro que a él, a un Malfoy, una sangre sucia no iba a afectarle en nada, no lo permitiría. Vio pasar a Ron con Lavender, cogidos de la mano y dirigiéndose en dirección contraria al castillo y no pudo evitar pensar con antipatía que hasta la comadreja se lo estaba pasando mejor que él. Pero en ese mismo momento lo tuvo claro, Granger lo pagaría caro.
Las llamas de fuego se reflejaban en la mirada de Hermione, que estaba sentada en el sillón de la sala común frente a la chimenea con una rebeca rosa, otros vaqueros ajustados y unas botas anchas marrones a juego con su bufanda, que todavía no podía prescindir de ella. Aún seguía pensativa por el día anterior, el comportamiento de Draco la dejó realmente sorprendida. Vio como se marchó del Gran Comedor con brusquedad y su aspecto no era el mismo que cuando ella lo dejó en el pasillo de la biblioteca, además se le notaba enfurecido y en parte a Hermione le gustaba eso, porque cabría la posibilidad de que fuera por ella, se lo merecía.
-Hermione ¿qué haces aquí todavía?
Cormac bajó las escaleras de caracol vestido para la cena y se dirigió hacia ella extrañado de que aún siguiera allí cuando siempre llegaba la primera. Hermione se giró y al verlo se levantó abandonando sus pensamientos.
-Hola Cormac, estoy esperando a Ginny.
-Pero si ya es tarde, hace diez minutos que debe haber empezado la cena, anda vamos, ella sabe cómo llegar.
Hermione miró las escaleras por si a lo mejor la pelirroja bajaba pero todo indicaba que no, entonces fue al retrato antes que Cormac que le cedió el paso cortésmente.
-Estás muy guapa Hermione –dijo él sonriéndole.
-Gracias, -ella le respondió haciendo el mismo gesto- tu también estás genial.
Aunque en esas situaciones muchas veces respondía por compromiso Hermione lo decía enserio, la ropa que llevaba le sentaba muy bien, haciendo honor al mote que Draco le había puesto, musculitos. Cormac cada vez conseguía más hacerse un hueco con Hermione, la manera en que la trataba le encantaba y la hacía sentir a gusto.
-¿Irás el sábado a ver el partido?
-Claro.
-Podríamos verlo juntos, si te apetece claro.
La castaña se daba cuenta de los intentos de acercamiento del chico, pero no le molestaban.
-Me parece bien.
Él intento disimular su alegría pero aún así se le notaba. Llegaron al despacho de Slughorn y como suponía ya estaban todos allí, bueno todos menos Ginny que llegó diez minutos más tarde disculpándose. La cena fue realmente divertida y en algunos momentos acertados Cormac, que se había sentado al lado de la chica, le comentaba cosas por lo bajo que la hacían reír. Mientras tanto a Harry no se le escapaban esos pequeños detalles.
Al salir, Harry se acercó a ella y empezaron a caminar a la sala común. Al ver que su amigo solo se limitaba a sonreír mirándola dijo:
-¿Qué?
-Nada…
-Harry no tengo nada con Cormac –explicó ella sonriendo también-. Solo lo pasamos bien juntos, nada más.
-Ron ya estaría como loco.
Y los dos empezaron a reír por el comentario. Pasaron por un pasillo que daba al servicio de las chicas y Hermione le dijo a Harry que siguiera él hacia la sala común, ella enseguida iría. Y esas fueron sus intenciones hasta que salió y una mano la agarró del brazo y la apoyó sobre la pared del pasillo perpendicular al que estaba. Hermione soltó un pequeño grito ya que no se lo esperaba, pero al ver de quién se trataba su cara adoptó un gesto entre molestia y… ¿agrado?
¡Hola de nuevo! :D siento haber tardado tanto pero tengo tantas cosas que hacer -.- Aunque ya por fin os lo dejo aquí ^^
Hermione ha intentado (sin éxito) alejar a Marietta de Draco y finalmente ha perdido la apuesta, pobre xD Pero parece que a ella le ha molestado más que besara a la otra chica y Draco se lo ha olido :) aunque Hermione lo ha rechazado y lo ha dejado hecho un manojo de nervios jaja será por eso que le tiene preparado algo muy especial... porque encima está pensando más en ella, o al menos en lo que le puede llegar a cabrear jaja
Os dejo a Hermione apoyada en un pasillo oscuro de Hogwarts frente a alguien... (aunque ya os imaginareis quien xD)
Muchisimas gracias Sweet Knight y madamnow por el review en el capítulo anterior :D y a las que leéis mi historia! Espero que no dejeis de comentar y sigais leyendo ^.^
Espero que os haya gustado e intentaré darme prisa en subir el siguiente :)
Cristina94
