Disclaimer: Los personajes son de SM, esta historia y si aparece alguno que otro personaje es de mi autoría.


I promise you, I will learn from my mistakes.

Coldplay


6 de Agosto 2013

- Hola, mi amor. Este día no he dejado de pensar en ti, sé que despertarás pronto. Podré ver esos enormes ojos achocolatados tuyos y tu sonrisa de nuevo en tu rostro. Podremos salir donde quieras, reír, jugar y pasar horas sin hacer nada, así como lo hacíamos antes.

››¿Sabes? Te extraño demasiado, me haces mucha falta. Tu esencia en mi vida se ha vuelto indispensable. Jess también te extraña, no tiene a quien molestar y por consiguiente no para de hacerlo conmigo. Te tengo noticias, Renée ya se hizo por fin una ecografía para saber el sexo del bebé. ¡Adivina! Es un niño. Tu madre lloró por horas, y quiere que el bebé se llame Stephan. Jessica odia ese nombre, prefiere mil veces el que tú les dijiste antes y te prometo – rió bajo- ella hará lo que sea para que se llame Nathan.

››Aprovecho cada momento que puedo para venir aquí y verte aunque sea un ratito. Tengo que irme, princesa, pero volveré mañana. Creo que si no despiertas pronto, morirás aplastada por todas las flores que tienes aquí – volvió a reir – el aroma es simplemente embriagante, no sé cómo todavía sigues dormida. Te quiero mucho, mi Bella durmiente. Hasta mañana.

Isabella sintió como un pequeño roce en su frente que le dejó una sensación muy cálida.

Ahora sabía que todo era un sueño, no sabía lo que tenía que hacer para despertar. Escuchaba cada día la voz de Edward, los llantos de su madre, las bromas de Alice y las risas de su hermana. Sentía algunas veces una sensación cálida alrededor de su mano, y jamás quería que terminase. Era su contacto con el mundo real.

El lugar en el que estaba ya no se asemejaba al paraíso, claro que seguía siendo hermoso, pero ahora le parecía monótono. Estaba aburrida de ese lugar, quería salir de ahí y ¡ya!

Algunas ocasiones trataba con todas sus fuerzas de poder regresar, de poder mover alguna parte de su cuerpo y hacerle saber a su familia que estaba ahí, que les escuchaba y decirles que ya no se preocupasen, ella estaba bien. Muy de vez en cuando lo lograba, podía mover un dedo o todos los de su mano, eso sí, muy lentamente

Otras veces tan solo se rendía y quería dejar las cosas como estaban. No quería volver a despertar. Pero todas esas malas ideas se iban cuando escuchaba la voz de Edward. Esa voz que la animaba hasta en sus momentos más oscuros. Ahora estaba demasiado segura que él era el hombre que ella quería para toda su vida. Lo amaba a niveles insospechados, y dolía tanto no poder ver aquellas esmeraldas que podían leerla tan fácilmente, o esa sonrisa torcida que hacía que su corazón dispare sus latidos.

Suspiró, extrañaba tanto a su familia.

Edward mientras tanto salía cabizbajo de la habitación, cerrando la puerta con mucho cuidado.

Deseaba tanto que Bella despertase, volver a sentir su pequeño cuerpo entre sus brazos, sus rosados labios junto a los de él, sus perspicaces ojos y el brillo que tenían cada vez que estaban juntos, la manía de siempre recogerse el cabello cuando estaba nerviosa o enojada y la forma en la que se mordía el labio cuando se concentraba demasiado.

No le agradaba para nada aquel cuerpo sin nada de vida que se encontraba en aquella cama de hospital. Las enfermeras hacían su mejor esfuerzo alimentándola intravenosamente, pero seguía adelgazando cada vez más. Su cabello había perdido brillo y sus pómulos resaltaban más y más

Recompuso su estado de ánimo, no le daría a nadie la satisfacción de verlo como se destruye cada día sin Bella. Con paso lento pero seguro, se dirigió a la cafetería, donde la familia Dwyer se encontraba almorzando. Llegó a su mesa y se dejó caer elegantemente en una de las sillas vacías que se encontraban justo alado de Jessica.

- Buen provecho

- Gracias, Edward – respondió Jessica mientras se llevaba un poco de espagueti a su boca - ¿cómo está Bella?

- Igual – suspiró – desde la última vez que movió uno de sus dedos todo ha seguido como si nada.

Jessica le apretó una de sus manos, confortándolo un poco.

- ¿No vas a comer nada? – preguntó Renée, acariciando distraídamente su pancita de embarazada.

- No, no tengo mucha hambre. Tal vez más tarde.

- Para ser comida de hospital, está buenísima – sonrió Jessica, Edward le devolvió la sonrisa

- Tal vez, tome un poco de tu plato – Edward tomó un tenedor que estaba en una canastita de mimbre y robó una albóndiga del plato de Jessica

- ¡Ey!

- Es cierto, esta buenísima.

- Pero no es para que comas de mi plato – refunfuñó Jessica. Edward le robó la última albóndiga de su plato. - ¡EDWARD!

- Eres una gruñona, cuñada – Jessica rodó sus ojos pero sonrió.

- Estoy llena, ¿quieres? – la castaña le mostró su plato a medio comer a Edward.

- Iremos con Bella, muchachos – Phill se despidió de ellos y Renée hizo lo mismo.

- ¡Edward! – le llamó - ¿quieres? – volvió a preguntar Jessica.

- Ya que insistes…

Jessica soltó una carcajada, cada vez más sabía porque su hermana se había enamorado de Edward.

Equipo de cardiología ¡código azul! Repito, equipo de cardiología ¡código azul!

La señorita en el altavoz sonaba tranquila y profesional. Edward y Jessica se miraron a los ojos, no sabían que era un codigo azul, pero por los rostros de los doctores presentes en la cafetería sabían que no era nada bueno.

Equipo de cardiología ¡código azul! Repito, equipo de cardiología ¡código azul!

Los presentes en ese lugar se alertaron cada vez más, batas blancas pasaban como un flash por los corredores, enfermeras corrían de un lado a otro con máquinas y una pareja de esposos lloraba fuera de una de las habitaciones.

El cobrizo y su acompañante terminaron de comer, y con paso lento se dirigieron hacia la habitación de una castaña.

- Todavía no se mucho de ti. Dime, ¿Qué estudias?

- Arquitectura – respondió Edward – pero me gustaría ser piloto, me encanta la idea de poder volar un avión y alcanzar el cielo tan solo con un control.

- ¿Por qué no sigues ese sueño? – Jessica lo miraba asombrada. Edward suspiró.

- No quiero dejar a mi familia, me harían mucha falta.

- Pero es tu sueño, no debes dejarlo ir así como así.

- No quiero separarme de Bella, ella es todo para mí y tener que alejarme por tan solo cumplir un capricho no me agrada mucho.

- No es solo un capricho – repuso Jessica – es algo que realmente te gusta y apasiona. Sé muy bien que mi hermana comprenderá. ¿Por qué tan solo no lo intentas?

- No sé, talvez en un futuro cercano – sonrió Edward – Tengo toda la vida para intentarlo.

Ninguno de los dos dijo algo de nuevo mientras llegaban a la habitación de Isabella. Pero la escena que se encontraron no era lo que esperaban.

- ¡¿Qué diablos está pasando aquí?! – bramó asustado Edward.

Muchas personas entraban y salían de la habitación de Isabella. Phill se contra la pared frente a la puerta abrazando a una muy llorosa Renée.

- Doctor – Jessica agarró del brazo a un hombre alto, de tez clara ojos azul oscuro y un cabello demasiado rizado - ¿qué está pasando? – aquel hombre miró a cuatro pares de ojos que lo miraban aterrorizados.

- ¿Son familiares de la señorita Swan? – preguntó con voz grave. Todos asintieron sin decir una palabra. El doctor se irguió más en su lugar, dándole una apariencia más alta – La paciente ha sufrido un paro cardíaco súbito ya que su presión arterial se encontraba demasiado alta, estamos haciendo todo lo posible para que su corazón vuelva a latir.

El cobrizo se apoyó de espaldas en la pared más cercana, dejándose caer hasta el suelo mientras sus ojos soltaban aquellas gotas saladas tan aborrecidas por él. El mundo se derrumbó para Edward y una parte de él se fue con ella.

23 de Agosto 2013

- Yo no quiero salir de aquí – susurró Edward aferrándose más al cuerpo de su amada

- Edward, tienes que comer algo. No puedes estar siempre con Bella

- Puedo y lo hare, no volveré a dejarla sola.

- Tan solo vamos a comer ¿sí? – Edward negó con la cabeza – Eres un cabezota. Mira, mamá se va a quedar con ella ¿está bien? no tienes de que preocuparte.

Edward miró fijamente a Jessica, tratando de hacerle entender que por más que un volcán explotase en ese momento, no iba volver a dejar a Isabella sola. No después del gran susto que les dio.

6 de Agosto

"La paciente ha sufrido un paro cardiaco súbito."

"El corazón de Bella ha dejado de latir."

"Bella está muerta"

Cada palabra, cada oración que había formado aquel doctor era el fin para Edward. Él no paraba de pensar en las promesas, en las peleas que tuvieron y en los momentos que pasaron juntos. Todas las sonrisas, los llantos, las risas, los suaves labios de ella, su carácter, su forma de ser, ya no iba a volver a sentirlos. Ella se había ido, y se llevó todo.

Se acurrucó más contra la pared tapando su rostro con sus manos. Sentía la humedad en ellas a causa de las lágrimas, pero no le importaba. Nada importaba si ella no estaba ahí con él.

Edward no era nada comparado a como se encontraba Renée. La señora se había desmayado del tan solo pensar que su hija estaba muerta, que ya no la iba a volver a ver jamás. Jessica aparentaba estar tranquila, dando palabras de apoyo a sus padres, pero por dentro no podía con ese dolor. Toda ella se quebraba en mil pedazos, talvez fue la que más sufrió de todos ellos.

Después de varios minutos de espera, varios minutos en los que pensaron que Isabella ya no se encontraba en este mundo, llegó el mismo doctor, esta vez más relajado.

- Señores, tengo buenas noticias. La señorita Swan ha recuperado el pulso, es leve pero su corazón vuelve a latir. Fue un milagro haberla salvado, muchas de las personas que sufren de este tipo de paro cardiaco no pueden volver a ser revividas. En estos momentos la están controlando y estabilizando, cuando las enfermeras y los demás doctores acaben, pueden pasar.

El corazón de Edward volvió a dar un brinco de esperanza. Miró a cada uno de los presentes desde su posición, a Phill y Jessica les brillaban los ojos por la felicidad.

Bella se iba a quedar más tiempo con él. Iban a volver a ser felices.

Jessica se dio por vencida, no valía la pena seguir discutiendo con Edward. Ahora tendría que arreglárselas para traerle algo de la cafetería sin que las enfermeras la descubran.

- Me diste un susto de muerte, princesa. ¿Cómo se te ocurre atemorizarnos de esa manera? Si te soy sincero, no sé qué haría sin ti. Eres mi luz en la oscuridad, la fuerza que me empuja a salir adelante, sin importar las circunstancias. – suspiró – Eres mi todo, bonita.

Edward besó la mano de Isabella, entrelazando sus dedos al final. Apoyó su cabeza a un lado del cuerpo de ella y cerró los ojos. Imaginando un mundo alterno donde nada de lo que estaba pasando ocurría. Tan solo eran él y ella.

- Edward, cariño – la voz de Renée susurraba mientras suavemente movía el hombro del cobrizo – Despierta.

Un poco adormilado, Edward empezó a despertarse, saliendo del perfecto mundo donde se encontraba. Divisó borrosamente la silueta de la madre de Isabella. Llevó una de sus manos a su rostro y frotó sus ojos. Renée lo miraba tiernamente con una sonrisa.

- Al fin despiertas, ya es muy tarde y tus padres deben estar preocupados

- No, no quiero irme – dijo muy obstinadamente Edward.

- Nosotros nos quedaremos por hoy con ella, tienes que descansar como es debido – Renée le acaricio protectoramente la mejilla – Quiero que sigas siendo el joven apuesto que eres, para que así sigas enamorando a mi hija – Edward negó otra vez con la cabeza – Te llamaremos si vuelve a pasar algo ¿está bien? Tus padres esperan abajo. – Edward la miró horrorizado.

- ¿Mis padres?

- Claro, cariño. No les has dicho donde estas, estaban preocupados. Anda, ve con ellos. Mañana será otro día y Bella seguirá aquí.

Un poco indispuesto, Edward comenzó a levantarse. Creyó ver la mano de Bella buscando suavemente la suya, pero cuando volvió su vista, la mano seguía como si nada. Se acercó a su cabeza, ahora libre de alguna venda, y le dio un beso en su frente, queriendo alargar el momento.

Renée lo miraba con devoción y todo el amor materno que podía llegar a tener. Edward era un caballero, en todo el sentido de la palabra, y amaba a su hija como nunca había visto a alguien hacerlo. De seguro que ningún otro chico haría lo que él estaba haciendo con ella en estos momentos.

Antes de que Edward pudiera pronunciar algo, su teléfono empezó a sonar. Salió al corredor para poder contestar. Observó como Phill y Jessica entraban en la habitación riéndose de alguna broma.

- Mamá – habló Edward en cuanto presionó la tecla verde.

- Anthony, ¿Dónde estás? – la voz suave de Esme Cullen se escuchaba preocupada.

- Ya voy, solo denme unos minutos. – Edward escuchó un suspiro a través de la línea.

- Está bien, cariño. No demores, se hace muy tarde

- Si, mamá

Edward terminó la llamada y regresó a la habitación de la castaña, donde todos observaban como se removía lentamente en la cama. Edward se acercó a ella presurosamente y recogió su mano entre las suyas. Movía sus dedos esporádicamente, y las máquinas que estaban alrededor de ella empezaron a sonar cada vez más fuerte. Las enfermeras no tardarán en venir, pensó.

Isabella levantó una de sus manos y cubrió sus ojos con ella, trató de articular alguna palabra pero su garganta se encontraba demasiado seca, bajó su mano hasta ella y carraspeó un poco. Pausadamente abrió los párpados, la luz del techo la cegó por un momento, pero después de unos segundos parpadeando y acostumbrándose a la luz pudo observar todo lo que la rodeaba.

Sintió la presión de algo en su mano izquierda y volteó la cabeza para ver de qué se trataba. Se encontró con unos ojos color esmeralda que la miraban con adoración y alguna que otra lágrima de alegría en su rostro.

- ¿Por qué lloras?

- Amor – sonrió – despertaste.

Bella miró a cada persona en la habitación. Todos ellos se encontraban con una sonrisa en su rostro. Volvió su rostro al muchacho que sostenía su mano, trató de quitarla pero él se lo impidió - ¿Quién eres? – respondió incomoda.

30 de Agosto 2013

- Bella ahora es otra persona, Edward está devastado.

- ¿Por qué lo dices?

- ¿No te has enterado?

- Odio que me respondan con otras preguntas y lo sabes. Di ya lo que tengas que decir.

- No recuerda nada, Rose – suspiró cabizbaja la menudita. La rubia la miró interrogante – ¿Supiste del accidente que tuvo con el caballo?, bien, pues ese golpe hizo que su cerebro tuviera una contusión y eso conllevó a su pérdida de memoria. Los doctores no saben si será temporal o definitiva – en cuanto Jessica me dijo que despertó, fui a visitarla – sollozó – no sabes…Rose…no sabes que difícil…no…no reconoce ni a su familia.

Rosalie guardó silencio, confortando a Alice mientras lloraba en su pecho. Una de sus mejores amigas, todavía consideraba a Bella su mejor amiga a pesar de la pelea que tuvieron, no sabía que existía. Se había olvidado completamente de ella. De todos.

- Lo peor de todo – prosiguió Alice – es que ya mismo es su cumpleaños – lágrimas se acumulaban en sus ojos. Parpadeo rápidamente para deshacerlas – y no lo va a recordar – Rosalie rodó sus ojos.

- De eso no tienes que preocuparte, su familia estará con ella y le hará recordar.

- ¿Tú crees?

- Absolutamente.

Ambas guardaron de nuevo silencio, solo se escuchaba el suave respirar de cada una. Las personas pasaban a su alrededor, niños jugando, madres regañándolos, parejas caminando y personas corriendo de un lado a otro, tratando de llegar a sus trabajos.

Los días habían pasado demasiado rápido para gusto de cualquiera. Las clases nuevamente habían empezado pero ninguno de ellos se sentía listo para volver a la rutina. Edward, por voluntad propia, decidió no volver a la universidad. Si antes parecía triste, ahora parece un humano sin alma. Había perdido el brillo en sus ojos, desde que Isabella despertó no volvió a mostrar ningún rastro de felicidad, solo llegaba a casa a comer y dormir.

Su teléfono vibró, anunciando una llamada. Con mucha pereza lo contestó.

- ¿Qué piensas que estás haciendo? - dijo la voz al otro lado de la línea.

- Miro el techo, no pienso nada

- ¿Crees que está bien que empieces a dejarte morir? La verdad, a mi medaría mucho gusto, alguien menos con quien lidiar, pero tienes que pensar en tu familia, en ti mismo, ¡en Bella!

- ¿Qué quieres que haga? ¡Ella no me recuerda! ¡Ella no sabía ni siquiera que existía!

- No pensé que eras un marica. ¡Bien! Date por vencido a la primera prueba que les pone el destino, sabía que tu amor por ella no era tan grande como parecía. – Jessica estaba furiosa

- ¡NO SABES LO QUE DICES! – Bramó Edward- Ella es mi vida, es mi sol, no puedo seguir sin ella.

- ¡Entonces vuélvela a enamorar! Haz que te recuerde, ¡vuelvan a ser felices!

- ¿Y si no funciona?

- Si quiera habrás intentado. Piensa bien lo que haces y vas a hacer. Adiós.

Edward, con el teléfono todavía pegado a su oreja, comenzó a pensar. Era muy cierto lo que Jessica le había dicho, no perdía nada intentando. Podía volver a enamorar a Bella, podría hacer que de poco a poco lo empezase a recordar, pero si no lo hacía, tendría nuevos recuerdos de él, todo lo malo que pasaron se habría esfumado. Era una nueva oportunidad que el destino le dio para hacer las cosas bien.

oOo

- Bien, entonces ¿este es mi perro? – dijo Isabella acariciando al cachorro que se encontraba acostado bocarriba en el suelo.

- Si, y esta es tu habitación. – Jessica abrió sus brazos todo lo que pudo – Aquí encontraras todas tus cosas. – Isabella dio un asentimiento con la cabeza y el perro ladró como respuesta.

- Es muy tierno, ¿cómo dices que se llama?

- Tito – sonrió Jessica

- ¿Por qué se llama así?

- No lo sé, tu solo lo bautizaste de esa manera. – Isabella volvió a asentir con su cabeza, sin mencionar palabra.

Todo era tan distinto, desde que despertó del hospital había muchos huecos en su mente. Algunos eran recuerdos de su niñez, muy poco claros. Recordaba sí, pero no mucho.

La sorpresa de que su madre se había vuelto a casar, estaba embarazada y tenía una hijastra casi hace que le dé un paro cardiaco, muchas noticias que digerir. Por una parte estaba feliz por su madre, ahora sabía que era completamente feliz y no aparentaba como lo había hecho antes.

Su hermanastra era muy tierna, siempre estaba ahí para ella cuando necesitaba algo, era muy atenta y parecía siempre estar de buen humor, luego estaba aquel chico que había sostenido su mano cuando despertó, tan cortés, tan cariñoso, pero sobre todo, tan guapo. Jessica le había dicho que era su enamorado, pero es que simplemente no lo podía creer. Era un príncipe sacado de algún cuento, y ahora ella era la princesa que había que rescatar.

Lo más extraño de todo, era que la primera y última vez que lo vió, fue al momento que despertó. Habían pasado tantos días y no tenía ni una noticia de él. Para lo poco que recordaba sabía que los enamorados no debían comportarse de esa manera.

- Bella, cariño – Renée abrió un poco la puerta de la habitación. Isabella seguía con la labor de rascarle la pancita a su perro – Tienes visitas – sonrió. Jessica la miró interrogante.

La madre de las castañas abrió completamente la puerta, dejando entrar a dos personas que diferían excesivamente la una de la otra. Una de ellas era muy pequeñita, su cabello no le llegaba siquiera a los hombros y era muy negro. Ella saltó de la alegría al ver a de nuevo a su amiga. La otra, en cambio, era muy alta, su cabello rubio platinado caía en ondas hasta más debajo de su busto y la miraba entre alegre y culpable.

- ¡Bella! – gritó la menudita mientras la abrazaba muy fuerte. Isabella estaba próxima a quedarse sin aire.

- Hola…supongo – rio la castaña. Después de un gran momento, la chica soltó a Bella.

- Sé que no me recuerdas, pero te quiero mucho.

- ¿gracias? – todos en la habitación rieron.

- Soy Mary Alice Brandon, pero solo me dicen Alice – su sonrisa era demasiado grande, Isabella la asoció con la sonrisa del gato Cheshire. La castaña le dio un asentimiento de cabeza – somos muy buenas amigas y te encanta salir a los centros comerciales conmigo a vaciar las tiendas.

- No creo que llenándole la cabeza de esas cosas haga que pase contigo en cada tienda de Seattle, Alice – la voz de la rubia resonó por la habitación.

- Pero a esta nueva Bella le puede gustar las compras tanto como a nosotras – respondió Alice haciendo un puchero. Rosalie la ignoró.

- Soy Rosalie Hale – le tendió la mano para estrecharla a la de Isabella – hemos tenido ciertas diferencias en el pasado, pero sé que ahora todo estará mejor.

Isabella le devolvió el apretón a Rosalie mientras sonreía. Aquellas chicas le caían realmente bien.

La castaña vió como Rosalie cerraba fuertemente los ojos mientras se estremecía.

- ¿Qué mierda tengo entre las piernas?

- ¡Ese vocabulario! – la reprendió Renée. Alice rio a carcajada limpia.

- ¡Es solo un perrito! – Alice bajó hasta la altura del cachorro y le acarició por detrás de las orejas - ¿Cómo te llamas bebe? ¡Ay! qué lindo que eres ¿Quién es lindo? ¿Quién? Solo tú.

- Se llama Tito – respondió Isabella

- Pues procura que esa bola de pelos no se me acerque mucho – Rosalie, con muy mala cara se alejó del animal.


¡Hola hermosas! Les ruego me perdonen la tardanza. No he tenido mucho tiempo libre pero ahora que lo tuve les he subido este capitulo.

¿Qué les pareció? Este fue el momento preciso para que Rosalie y Bella hagan las paces, ¿no les parece? Estaba esperando este momento para que vuelvan a ser amigas :3, y bueno... Edward tiene que reconquistar a Bella de cualquier manera. ¡Háganme saber su opinión en un review!

Como siempre, agradeciendo a todas las chicas que me dejan los maravillosos reviews, esta vez no podré responderles, pero quiero que sepan que me hace inmensamente feliz recibir sus comentrarios: Tata XOXO, isabel 20, Yoliki, helenagonzalez23-athos, , melychile, LittleVampireSexy, Nelva Robsten, Yessica Alexandra, Guest, Bella-Jaze

Agradeciendo también infinitamente a mis lectoras, a las princesas que me han agregado a favoritos, están siguiendo y/o tienen en alerta a esta historia. No podrían faltar mis lectoras fantasmas :) seguiré insistiendo hasta encontrar un review suyo hehe

Espero poder actualizar pronto, haré todo lo posible ¡lo prometo!

Les mando un enorme abrazo y beso.