Capitulo 10

Crowley apareció en el bunker pasado el medio día para ir a ver a su caballito de batalla. Aún no conseguía dar con el paradero de Abaddon pero si era honesto, tampoco es que estuviera trabajando personalmente en ello. Le resultaba mucho más divertido pasar tiempo con el rubio, primero entrenando un poco para la gran batalla, luego intercambio un par de insultos y finalmente terminaba follando en donde estuvieran.

-¿Ardilla?- fue hasta la cocina pero no estaba, salió al pasillo cuando una voz familia lo hizo voltear a la derecha.

-¡Crowley!- éste lo miró con una sonrisa.

-¿A qué debo el recibimiento tan afectuoso? ¿Tanto me extrañabas?

-¡Sam despertó!

-Oh, ya veo.

-¿Eso es todo lo que dirás?- preguntó tomándolo por el brazo- Ven, quiero que lo revises.

-Oye.

-Sí, sí, luego hablaremos, ahora ven, esto es importante.

El demonio se sintió un poco molesto al oír esas palabras, ¿Por qué el alce era más importante que él? rápidamente se vio arrastrado por el menor hasta la habitación de su hermano. Efectivamente el castaño se encontraba despierto y parecía muy desorientado. Crowley no tuvo más opción que revisarlo antes de girarse al rubio.

-¿Y bien?

-Sus heridas han sanado bastante, la gracia cumplió su cometido, yo puedo hacer el resto.

-Genial, hazlo- dijo Dean.

-Bien- respondió rodando los ojos y lo curó- Ya está, ahora tu hermanito se encuentra a salvo.

-¿Cómo estás, Sammy?- éste lo miró parpadeando unos segundos.

-Dean…- su vista se encontró con la del mayor- ¿Crowley…? ¡Crowley!

-Wow, wow, tranquilo tigre- lo detuvo el cazador por los hombros- Relájate un poco, acabas de despertar.

-¡¿Qué hace él aquí?!

-Te explicaré todo pero cálmate un poco.

El rey del averno escuchó en silencio lo que decía Dean mientras le explicaba lo ocurría, lo mal que quedó luego de las pruebas en la iglesia, que el cielo estaba tapiado, Abaddon quería conseguir el trono y que él hizo un trato con el demonio para que lo curara a cambio de ayudarle a matar a la pelirroja y también le contó sobre Caín y la marca. Obviamente omitió sus entrenamientos matando demonios para dominar la Primera espada y las recientes sesiones de sexo que tenían después.

-¿Hiciste un trato con Crowley? ¿Estás loco?- soltó Sam irritado.

-No es para tanto, además, nos conviene matar a esa perra tanto como a él.

-No puedo creerlo… no puedo creerlo.

-Déjanos a solas- pidió el rubio mirándolo.

-Ok, tendrán un momento cursi de abrazos y besos, no tardes- siseó el demonio casi sin darse cuenta- Nosotros tenemos cosas que hacer.

Desapareció de la habitación bastante enfadado y no por las cosas que dijo Sam, sino que, por esa maldita punzada de celos que estaba comenzando a sentir por culpa de ese castaño ¿Por qué no pudo seguir jugando a la bella durmiente un poco más? Estaba seguro que las cosas cambiarían bastante ahora que el Winchester menor volvía al juego y el solo pensar que sus duros esfuerzos para entrenar al rubio se irían al carajo por su culpa, lo irritaba aún más.


Crowley tardó tres días en regresar al bunker. No le hacía ninguna gracia comprobar sus sospechas pero la ardilla era insistente por teléfono y estaba aburrido de oír sus mensajes de voz en el celular. Apenas apareció en la sala común, encontró a los dos hermanos revisando unos libros pero se sorprendió un poco al notar que se encontraban en mesas diferentes y el ambiente parecía algo tenso.

-¿Llegué en buen momento?- preguntó atrayendo la mirada de los hermanos.

-Hasta que apareces, ¿En dónde te habías metido?- lo regañó el rubio.

-Por ahí, ¿Encontraron a Abaddon?

-Todavía no- respondió Sam claramente enfadado.

-¿Me perdí de algo? Parece que el momento cursi no les resultó muy bien.

-Cierra la puta boca- ordenó Dean y eso le confirmó sus suposiciones- No has respondido ninguna de mis llamadas ni mensajes.

-Aún no tienen algo, así que ¿Para qué iba a venir? Yo tampoco he encontrado a la cabeza de zanahoria- sonrió- En fin, llámenme cuando tengan algo, adiós chicos.

-Espera un momento.

El rubio lo tomó por el brazo para llevarlo hasta la cocina y lo miró bastante enfadado, mucho más que de costumbre. Ya se imaginaba lo que pasaba por esa cabecita rubia pero prefería oírlo de sus propios labios.

-¿A qué viene esa miradita?

-¿Dónde has estado estos últimos días?- preguntó serio.

-Ya te lo dije, por ahí, ¿Alguna otra pregunta, ardilla?

-¿Realmente has estado buscando a Abaddon o has vuelto a doparte por ahí y desangrar personas?

-Dudo que quieras saber la respuesta pero no te preocupes, tengo a mi gente trabajando en eso y pronto la encontraremos.

-¿Y el entrenamiento? Dijiste que aún me faltaba.

-No entiendo hacia donde quieres ir, ardilla, ¿Por qué no eres más directo y admites la verdad?

-¿Qué verdad?- preguntó acercándose a él, invadiendo por completo su espacio personal.

-Que tu nueva adicción te está matando y no puedes estar sin ella.

-¿Nueva adicción? No sé de qué hablas- respondió serio.

-De mí- dijo con superioridad- Me has extrañado estos tres días ¿Verdad? Seguramente te peleaste con el pequeño Sammy y te has sentido muy solitario sin mí a tu lado, sin mencionar que tu parte favorita de los entrenamientos es el sexo y no te culpo, soy el mejor.

-No te creas la gran cosa- habló irritado- Y para que sepas, te equivocas… Nosotros tenemos un acuerdo y quiero cumplirlo cuanto antes para luego atravesarte el cuello.

-¿En serio, Dean?- preguntó divertido e hizo aparecer un cuchillo en su mano derecho- Pues toma, hazlo.

Le pasó el cuchillo mata-ángeles y se quedó observándolo. El rubio colocó el filo en su cuello pero le bastó con ver esas esmeraldas para saber que no tendría el valor suficiente para hacerlo.

-¿Qué ocurre, Dean? Te estoy dando la mejor oportunidad que tendrás, puedes matar a Abaddon y no me necesitas vivo para eso, vamos, ¿Qué esperas para matarme?- el menor negó despacio y soltó el cuchillo. Crowley esbozó una sonrisa de satisfacción y acarició su mejilla despacio- Vamos ardilla, di de una buena vez lo que ambos sabemos.

-Yo…

-Podrías llevarte una sorpresa- alzó las cejas insinuante.

-Mmm…

-Ya sabes que no tienes por qué ocultar algo conmigo, yo sé todo lo que hay en esa linda cabecita rubia, así como tú supones lo que pasa por la mía.

-Crowley… yo… te necesitaba aquí…- murmuró lo último sin mirarlo pero el demonio lo tomó por la mandíbula para que lo hiciera.

-No te escuché bien, dilo de nuevo.

-Idiota…

-Que no te dé vergüenza, ardilla- se acercó hasta sus labios- Debo admitir que yo también te extrañé pero solo un poquito.

-Mentiroso.

-Lo mismo que tú a mí y no diré más al respecto, además- le mordió el labio inferior hasta hacerle un pequeño corte que no tardó en sangrar- Extrañaba esto, nada ni nadie puede compararse al sabor de tu sangre, ni al de tu cuerpo- lo miró fijamente- ¿Tú también extrañabas eso, Dean?

-Sí…

Eso fue todo lo que el demonio necesitó oír para chasquear los dedos y transportarlos hasta la habitación del menor. No perdió el tiempo en largos preludios y apenas se desnudaron ambos, lo empujó sobre la cama para comenzar a follarselo con un poco de desesperación pero los gemidos del rubio y sus movimientos, le reafirmaron que se sentía igual de necesitado que él. A pesar de las rudas caricias, las embestidas desenfrenadas y las mordidas que se propinaban mutuamente para evitar gritar. Esa fue la primera vez, que Crowley pudo decir con certeza que no se folló a Dean, sino que, hicieron el amor y que realmente, consiguieron un nivel de conexión que antes no tenían. Cuando el cazador se corrió marchando ambos abdómenes, el demonio le siguió unos segundos después, llegando al orgasmo en ese estrecho interior. Cuando fueron capaces de regularizar sus respiraciones, se miraron fijamente durante varios segundos antes de que el menor le acariciara la nuca despacio.

-Dean…

-Tenías razón… realmente necesitaba esto…- jadeó sobre sus labios- No vuelvas a irte de esa forma.

-Si tanto me extrañabas, podrías haberme llamado.

-O tú podrías haber venido- respondió sonriendo un poco.

-Tendremos que arreglar esto en algún momento, Dean.

-¿Qué cosa?- preguntó mirándolo.

-Esto, nosotros, tú y yo, llámalo como quieras.

-Y yo que pensaba que no te gustaban los momentos cursis.

-No me gustan pero tú eres diferentes, además, ahora que serás mi caballero de brillante armadura en la batalla, tengo que obtener algunos privilegios de eso.

-Eres un idiota ¿Lo sabías?

-Me lo dicen a menudo- respondió el demonio con una sonrisa- ¿Estás listo para irnos?

-¿A dónde?

-Tengo que comprobar que estos cortos días de descanso, no han hecho mella en tu entrenamiento.

-Antes de que aparecieras, encontramos un caso que involucra demonios, ¿Te parece una buena prueba?

-Estupendo, entonces vamos.

Ambos se vistieron y se arreglaron un poco para regresar a la sala común con Sam. No le pasó por alto la mirada que le dirigía el menor antes de colocarlo al tanto sobre la cacería que tenían entre manos.

-Muy bien, entonces los llevaré hasta allá.

-¿Y por qué nos ayudarías con esto?-preguntó el castaño serio- No sabemos si tiene algo que ver con Abaddon.

-Te recuerdo, alce, que mi única segura contra esa mujer es la ardilla, así que si me interesa lo que hagan.

-¿Seguro que no es por algo más?- insistió.

-¿Algo más como qué?

-Ya basta los dos- pidió Dean- Vamos de una vez hasta Wichita y acabemos con esto pronto.

Crowley los transportó hasta ese lugar y cuando localizaron a los demonios que estaban causando problemas, le pasó la primera espada al rubio y se quedó a mirar muy de cerca lo que ocurriría. Fue una agradable sorpresa ver que sus esfuerzos no se habían perdido y que su luchador estaba más que listo para hacerle frente a Abaddon. La forma en que destrozó a esos demonios, fue sencillamente preciosa y se excitó un poco al ver al cazador de esa forma. Acabó con sus enemigos sin ningún problema pero claro, se había olvidado por completo de él.

-¡Ya basta, Dean!- el castaño lo tomó por el brazo- ¡¿Qué mierda te pasa?!

-No te entiendo- respondió sin emoción en la voz- Solo me encargué de esos demonios, a eso vinimos ¿Verdad?

-¿Encargarte? ¡Lo que hiciste fue mucho más que encárgate de ellos! ¿Qué ocurre contigo?- soltó preocupado.

-Solo hago mi trabajo, Sam.

-No, no es cierto- se llevó una mano a la cara- ¿Te detuviste a pensar que necesitaríamos a uno de ellos vivo para interrogarlo? ¿O tan siquiera pensaste que podríamos exorcizar a uno de ellos?

-Nosotros no matamos personas.

-Que yo sepa, es lo que hemos hecho este último tiempo, Sam.

-No… algo te ocurre… estás diferente.

El rubio le dio la espalda para ir a revisar el resto de la casa en busca de algún otro demonio. Crowley quedó muy satisfecho con todo lo que vio y los llevó de regreso al bunker. Dean fue a darse una ducha tibia y el mayor pensaba acompañarlo pero Sam lo detuvo por el brazo mientras lo miraba muy enojado.

-¿Ocurre algo, Sammy?

-No me llames así, bastardo.

-¿A qué viene el mal genio? ¿Viste algo que no te gustó?- preguntó con una sonrisa.

-Sabes perfectamente que es lo que pasa y no te saldrás con la tuya.

-No sé de que hablas.

-Voy a descubrir que le estás haciendo a Dean y créeme que en cuanto tenga la oportunidad, seré yo quien te atraviese el cuello y acabe con tu patética vida.

-Oh vamos, alce, ¿Para qué ponernos tan dramáticos? Todos saldremos ganando con esto, yo tendré mi reino de vuelta, tú sigues con vida, la ardilla acumula otro trofeo en su repisa, todos ganamos.

-Mentira, tú eres el único que ganará con esto, ¿Qué pasará con Dean cuando mate a Abaddon? ¿Qué pasará con él cuando deje de serte útil?

-Aún no he pensado en ello pero deberías preocuparte más por ti.

-¿Qué?

-No he olvidado lo que intentaste hacerme en la iglesia y créeme Sam- se acercó para susurrarle al oído- Vas a pagarlo muy caro, así que en vez de preocuparte por la ardilla, mejor cuida tu espalda.

Esbozó una sonrisa mientras le palmeaba el hombro y desapareció para ir con Dean, abordándolo en la mitad de la ducha. El rubio esbozó una pequeña sonrisa que era una clara invitación para algo más.

-¿Qué haces aquí?- preguntó con cierta coquetería.

-Curioseando.

-Oh ¿No te han enseñado que a la ducha se entra desnudo?- el demonio miró su traje antes de enfocarse en el menor.

-¿Me creerías si te digo que no lo sabía?- respondió divertido.

-No, te creería que lo has hecho para que yo te enseñe.

-Mmm, quizás sí, quizás no pero ya que estamos aquí, podrías mostrarme como se entra a la ducha y ahórrate la escena donde tiras el jabón- dijo con una sonrisa- Porque voy a follarte con o sin ella.


El demonio apareció esa tarde en el bunker, por fin sus subordinados encontraron una pista sobre el posible paradero de Abaddon y se lo iba a comunicar al rubio pero solo encontró al castaño hojeando unos libros.

-¿Dónde está la ardilla?- no recibió respuesta- No creo que sea el momento para comenzar una escenita, creo que encontré a nuestro objetivo, así que donde está Dean, necesito a mi caballero para la batalla.

-¿Sabes donde estuve hace unos días? Aprovechando que te llevabas a mi hermano por horas a quien-sabe-donde.

-¿Celosito, Sammy? Ya no eres un niño para comportarte así- respondió divertido y miró al castaño, quien se levantó para ir hacia los estantes.

-Estuve buscando y gracias a una pequeña conversación que tuve con Dean ¿Adivina que encontré?

-No lo sé- dijo caminando hacia él con lentitud- ¿El santo grial? ¿La Atlántida? ¿La piedra filosofal?

-Apunta más arriba- se dio la vuelta para mirarlo-O mejor dicho más atrás, mucho más atrás.

-Ve al punto, alce, no tengo todo el día para jugar a preguntas y respuestas- dijo caminando hasta quedar a su lado.

-Encontré a Caín, bueno, donde solía ocultarse pero eso no es lo importante, también encontré esto- sacó un diario del librero y se lo enseñó- ¿Sabes que es, Crowley?- éste entrecerró los ojos-Quizás te suene el nombre de Colette, porque este es su diario y hay cosas muy interesantes en él, bastante interesantes- el demonio iba a tomarlo pero no pudo acercarse más- Ni te molestes- indicó hacia arriba y vio la trampa del diablo dibujada- ¿Qué te parece si tenemos una pequeña charla mientras esperamos el regreso de Dean?