Ya estaba bien entrada la mañana cuando Arthur se despertó. Le dolía el brazo herido; los calmantes que le había dado Gaius horas antes, pero podía soportarlo, no era igual de doloroso cuando estaba con Merlin. De repente, se dio cuenta, su compañero no estaba en la cama a su lado, ni siquiera se había dado cuenta cuando se había levantado.
Sonrío. Le hacía gracia lo mucho que le cuidado, todo lo que preocupaba por él, tanto como para dejarle dormir y enfrascarse en sus quehaceres diarios. Hizo oreja, se imaginaba que estaría por allí, recogiendo algo o preparándole el baño para cuando se levantara. Al fin y al cabo pese a ser su amante, delante de la mayor parte de la gente tenía que seguir comportándose simplemente como el sirviente fiel.
Sin embargo, no escuchó nada. no se oía nada por ninguna parte de sus aposentos, todo estaba en completo silencio. Merlin no parecía estar allí. Tal vez estaría con Gaius, aprendiendo o lo que fuera que hacía con el veterano médico.
Se sentía bien, dolorido y sabedor de que su padre apenas le dejaría hacer nada hasta que se repusiera del todo, pero bien por tener a alguien como Merlin a su lado, alguien a quien empezaba a creerse que le quería más que como un amante o un buen amigo, como algo más que le daba miedo decir en voz alta.
Lo echaba de menos cuando no estaba a su lado, pensaba en él ahora que no lo tenía cerca y se preguntaba que estaría haciendo o si por su parte Merlin también estaría pensando en él.
¿Era algo demasiado ñoño? ¿Algo más propio de las chicas que tenía a su alrededor que del mejor guerrero del reino? Lo cierto era que le daba igual, no porque nadie conocía sus pensamientos y lo que sentía, sino porque estaba seguro que no había nada malo en sentir todo aquello por un hombre, por su mejor amigo, por su… porque no decirlo, mejor amante.
Se incorporó con cuidado, cualquier movimiento brusco le hacía daño y no quería abrirse otra vez la herida del hombro ahora que estaba empezando a curarse. Se quedó ahí, recordando la noche anterior, las horas hablando, los ojos azules de Merlin puestos en los suyos; su sonrisa dulce y falta de cualquier maldad al sentir las manos de Arthur sobre su cuerpo. Pero si había algo que no podía olvidar eran los suspiros y gemidos de su compañero mientras habían hecho el amor.
Se levantó por fin, decidido a buscarle y decirle que a partir de esa noche, quería que durmieran todos los días juntos, siempre y cuando su padre no los descubriera, obviamente o de lo contrario entraría en cólera nada más enterarse y en el mejor de los casos echaría del reino a Merlin, eso si le perdonaba la vida por lo menos.
Una de las puertas del dormitorio estaba abierta y tras ella vio una sombra, que para su sorpresa no se movió. Se acercó un poco y se dio cuenta que la otra persona debía estar tendida en el suelo o por lo menos así lo parecía. Se acercó con más cuidado, si alguien se había colado en el castillo no quería que nadie le diera una desagradable sorpresa.
Miró su espada, no estaba lejos en el caso de necesitarla, aunque con su escasa movilidad, debido al brazo, pensó que tal vez sería mejor tenerla todavía más a mano. Entonces sintió que el corazón le daba un vuelco, no podía creerse lo que estaba viendo, pues no tenía ningún sentido.
Merlin estaba en el suelo, estaba inconsciente y su ropa estaba cubierta de sangre. Se agachó a su lado, a pesar del dolor en el brazo y le tocó el cuello. su puso era algo irregular, pero al menos estaba vivo.
"Merlin." Su compañero no contestó y eso le aterró todavía más. "Merlin vamos no me asustes así." Le tocó la mejilla y se dio cuenta que estaba fría. Se preguntó cuantas horas llevaba así, pero no tenía tiempo para conjeturas, tenía que ayudarle como pudiera. "Que alguien me ayude." Gritó lo más alto que pudo para que al menos alguno de sus soldados más cercanos pudiera oírle.
Sin embargo, fueron Gwen y Morgana las que entraron en el cuerpo y se quedaron petrificadas al ver la escena.
"Dios mío ¿que ha ocurrido?" Preguntó Morgana mientras Gwen se arrodillaba junto a Merlin.
"No lo se, pero necesito que me ayudéis a colocarlo sobre la cama y aviséis a Gaius tal y como estoy no puedo moverme muy rápido que digamos." Arthur se miró el brazo y lamentó estar herido, necesitaba ayudar a Merlin, demostrarle que podía devolverle todo lo que había hecho por él. Pero no dijo nada, pese a que Gwen ya conocía su relación, todavía era un secreto para Morgana.
Entre las dos muchachas llevaron a Merlin hasta la cama y el joven mago permaneció inconsciente y en silencio hasta que su cuerpo tocó la cama. Entonces se quejó, justo en el momento en el que su espalda tocó la cama se removió en su inconsciencia y protestó.
"Shhhh tranquilo." Le susurró Arthur al oído para sorpresa de Morgana que jamás había visto a su hermanastro comportarse así con nadie, con tanto cariño y delicadeza como lo estaba haciendo con su sirviente. Por muy amigos que fueran, al fin y al cabo el muchacho no era más que su criado y aquella forma de comportarse le chocó visiblemente a ella. "Todo está bien, sea quien sea el que te ha hecho esto, va a pagar por ello, pero ahora todo ha pasado."
Merlin se volvió a quejar y Arthur se dio cuenta de las manchas de sangre que provenían de su espalda. Levantó con cuidado su camisa y se quedó sin palabras al ver las heridas sobre su piel.
"¿Quién te ha hecho esto? Juró que le mataré."
No sabía cuanto rato había pasado allí sentado, protegiendo a Merlin, por si sus agresores decidían volver, acariciándole el cabello ahora que Morgana se había ido en busca en busca de Gaius. Se acercó a él le besó la frente al ver que volvía a removerse.
Merlin se calmó, aunque sólo fuera en sueños al notar el contacto de su piel con los labios de Arthur. Justo en ese momento, Gaius, seguido de Morgana, entraba en el dormitorio.
"Por el amor de dios ¿Qué ha pasado?" sin esperar respuesta, el médico se acercó al joven y le tomó la temperatura, se aseguró de cómo era su pulso y le pidió a Arthur que le ayudará a limpiar las heridas para saber exactamente donde tenía que tratarle.
"Eso es lo que me gustaría saber a mi. Anoche cuando nos… cuando me acosté estaba bien, no se, supongo que me quedé dormido y él se levantó. Alguien ha tenido que entrar en el castillo." Arthur deslizó el paño húmedo por las manos y los brazos de su joven amante con toda la delicadeza que le fue posible. "Avisaré a los soldados, si alguien le ha hecho esto, lo pagará muy caro."
Tanto Gwen como Gaius, sabedores de que el príncipe sentía mucho lo que decía y estaba muy seguro de sus palabras. era un gran guerrero y cuando se trataba de algo personal, no paraba hasta vengar la ofensa o el dolor que le habían provocado. No se querían imaginar lo que podía llegar a hacerles a los que le habían hecho aquello a Merlin.
Ahora que sus heridas estaban limpias de sangre, pudieron comprobar que había recibido golpes en la mayor parte de su cuerpo y que en su espalda había rasguños muy profundos, muy parecidos a los que podía dar un cinturón. Tenía un par de moratones en la cara y el labio partido. Algunas heridas no habían dejado de sangrar en ningún momento, por lo que Gaius tuvo miedo que se pudieran llegar a infectar.
Se dio prisa en curarle, aunque le llevó su tiempo estar seguro que había tratado todos los golpes y las heridas. No se quería imaginar lo mucho que debía haber sufrido el joven mago para llegar a algo así.
"Arthur." El príncipe se quedó mirando fijamente al muchacho. Había hecho mención de levantarse para hablar con los soldados tal y como había dicho y su amante se había dado cuenta. Realmente parecía tener un sexto sentido.
"Estoy aquí."
"No me dejes, tengo miedo de que vuelvan." Sin saber si lo estaba haciendo en sueños, Arthur vio como Merlin movía la mano y agarraba la suya con toda la fuerza de la que era capaz en ese momento, que desde luego no era mucha.
"No voy a ir a ningún lado." Deslizó con cuidado los dedos por su mano, tratando sobretodo de no hacerle daño. "Morgana, necesito que hables con los soldados, diles que revisen todo el castillo, si esos malnacidos, todavía están aquí quiero encontrarlos y por favor dile a mi padre que me excuse hoy quiero quedarme. Después de lo mucho que hizo Merlin en el bosque para cuidar de mi, creo que es lo menos que puedo hacer ahora por él."
Morgana asintió en silencio y salió de la habitación, mientras Gaius miraba al joven príncipe. "¿Con que es lo menos que puedes hacer por él? No sabía que le quisieras tanto, pensaba que no era más que una nueva diversión para ti."
"Cuida tus palabras Gaius, puede que seas amigo de mi padre, pero no te consiento que te metas en mi vida y mucho menos que hables así de mi relación con Merlin. Si le quiero o no, es cosa mío."
"Por su puesto señor, he sido un insensato hablando así." Gaius continuó mirando a Arthur.
Estaba muy claro que tenía unos fuertes sentimientos por Merlin, tal vez los había tenido siempre pero no se había atrevido a decirlos, tal vez era cierto y lo había descubierto en el bosque; pero lo cierto era que por mucho que tratara de ocultarlo o de no mostrar tan abiertamente sus sentimientos hacia su amigo, Arthur estaba cada vez más enamorado de él.
Merlin abrió levemente los ojos en ese momento. Buscó con rapidez a Arthur y sonrió, aunque lo hizo dolorosamente. Respiraba con rapidez, demasiada para lo que podía ser aconsejable, pero ni el príncipe, ni Gaius dijeron nada.
"Me has dado un buen susto." Dijo Arthur sonriente, pese al miedo que todavía recorría su cuerpo. Le acarició la mejilla y pese a querer besarle no lo hizo, pues la presencia de Gaius le cortaba. "Me alegra bien que estás bien."
Merlin intentó reír, pero el dolor lo hizo parecer más como una tos seca y dolorosa. "No es cierto, no esto bien, lo puedo sentir."
"Bueno, bueno, tu no te preocupes por eso. ahora tienes que descansar para estar en pie muy pronto." Arthur echó una ojeada a Gaius y este comprendió lo que el joven príncipe quería decirle. Asintió y sin decir nada salió del dormitorio. "¿recuerdas algo de lo que ha pasado?"
Todo el cuerpo de Merlin comenzó a estremecerse, como si la pregunta de su compañero hubiera sido un resorte para él. Arthur se acostó a su lado, sosteniendo su cuerpo, con cuidado tratando de hacerle sentir más cómodo.
"Era cuatro, no cinco… no estoy seguro. Me cogieron por sorpresa, no pude hacer nada." Se abrazó con fuerza a Arthur, cada vez con mayor intensidad a cada recuerdo doloroso. "Quise gritar pero me amordazaron. Escuché hablar a uno, me habló al oído. Creo que conocía su voz, pero no estoy seguro."
Arthur le besó otra vez en la frente, sobretodo quería calmarlo. Creyó escucharlo ronronear como un gatito que comenzaba sentirse tranquilo con su amo, pero también podía tratarse de un gruñido de dolor.
"Me dijo que esto era un mensaje para ti, por lo que le habíamos hecho o algo así. No lo se, no me acuerdo." Volvió a protestar, el dolor en su cuerpo era demasiado grande para dejarle pensar con claridad. Lo único que deseaba en ese momento de agonía era dormir junto a Arthur y tener la pequeña esperanza de que al despertar todo aquel infierno que trataba de no recordar, pese a que no podía quitárselo de la cabeza.
"Te prometo que no te volverán a poner la mano encima."
"Fueron los hombres de…" Merlin no terminó la frase pues se quedó dormido en los brazos de Arthur. Sin darse cuenta, este comenzó a acunarlo lentamente, como si se tratara de su niño.
"Sea quien sea, lo va a pagar muy caro." El príncipe deslizó los dedos entre el pelo de su compañero y acercándose a sus labios le besó cariñosamente, seguro de que Merlin no se habría dado cuenta. Sin embargo, sorprendido, lo vio sonreír. "Voy a cuidar de ti, pase lo que pase voy a cuidar de ti. Porque ¿sabes una cosa? Creo que te quiero."
