Cap. 9

1962

Mansión Xavier. Salem Center, Westchester, Nueva York.

A la mañana siguiente, después de cortar las mangas del chándal que les había dado Charles (realmente era el chándal más feo del mundo) Katrina salió de su cuarto. Estaba encargada de despertar a los jóvenes y ya tenía un plan en mente. Fue directamente a la habitación de Sean armada con una aguja y sonriendo malévolamente. Apenas cinco segundos más tarde y tres ventanas menos, todos estaban en pie.

-Cuando te pedí que despertases a los demás –dijo Charles, en pijama y zapatillas, removiendo tranquilamente su té y mirando lo que quedaba de la cristalera- Me refería más bien a zarandearlos. Coger una almohada y pegarles con ella como último recurso.

-Lo… Siento –dijo Katrina, enrojeciendo. Charles suspiró.

-No importa, amor, de todos modos Sean nos va a dejar sin ventanas en cuando empecemos su entrenamiento. Mejor nos vamos acostumbrando.

Pusieron la pizarra con los datos de los mutantes en la cocina cuando acabaron de desayunar y Orya les sorprendió, levantándose y cogiendo un rotulador.

-¿Qué haces?

La joven rusa no contestó y se limitó a apuntar algo debajo de las fotografías de Shaw y su hija. Charles se acercó a mirar, intrigado, mientras que Katrina se sentaba sobre el aparador con las piernas cruzadas.

-Absorbe y usa energía… ¿Y ella imita poderes?

-Tenemos encima un buen puñado de mierda –Scarlett resumió perfectamente la situación y Charles chasqueó la lengua.

-Ese lenguaje. Alex, despierta –zarandeó suavemente al joven, que se había quedado dormido sobre la mesa. Miró a todos uno por uno con toda la ilusión de un profesor recién titulado y sonrió- Bien. Empecemos.


Katrina alzó una ceja al ver el panorama en el jardín. Sean, Hank y Scarlett jugaban a una versión muy bestia del béisbol que acabó con el bate saliendo disparado de las manos de Sean y atravesando limpiamente una ventana del segundo piso. Los tres jóvenes se miraron un segundo y se fueron, silbando inocentemente.

A pocos metros de ellos, Erik, Raven y Orya jugaban al Twister y habían formado un revoltijo increíble sobre la lona de colores. Ambas habían resultado ser sorprendentemente flexibles y la cosa no mejoró cuando Erik las retó al juego nada más para que se callasen. Conclusión; tenían a un cazador de nazis, a una cambiaformas y a una telépata rusa afónica enredados en el jardín, en el nudo mutante más grande que habían visto jamás.

-¿Esa pierna es de Raven o de Orya? –preguntó Alex, confuso. Katrina se encogió de hombros.

-Francamente, ni idea –le miró de reojo y frunció el ceño- ¿No habías ido a por un maniquí?

-Sí, eh… -el joven se rascó el cuello, incómodo- Charles tiene otra idea. Yo le he dicho que es muy bestia, pero…

-Lo haréis genial. Vamos, ya está todo preparado… –intervino Charles, acercándose antes de abrir mucho los ojos, asombrado- Santo Dios, ¿pero de quién es esa pierna?

-No se sabe.

Vieron que alguno de los tres perdía el equilibrio y el nudo mutante se derrumbó ante sus ojos entre risas, quejidos y juramentos en alemán. Charles suspiró, meneando la cabeza.

-Venga, seguidme.

Los guió al sótano, donde estaba la entrada de un búnker subterráneo de al menos treinta metros de largo. Katrina soltó un largo silbido, ligeramente impresionada.

-Vaya.

-¿Por qué demonios tienes un búnker? –preguntó Alex. Charles se encogió de hombros.

-Mi padrastro se tomaba muy en serio la posibilidad de que hubiera una guerra atómica, por eso construyó este búnker aquí abajo. Vamos a usarlo como una especie de galería de tiro.

-¿No crees que atravesaremos las paredes? –Katrina se apoyó contra la pared y Charles negó con la cabeza, sonriendo.

-Este sitio se hizo para aguantar una bomba atómica, contendrá lo vuestro.

-Cuando hago esto suele haber problemas –comentó Alex sombríamente.

-Eso es porque no lo controlas, eso te controla a ti –razonó Charles- Por eso estamos aquí y para eso entrenamos. Alex, supongo que tienes claro lo que quiero que hagas.

-Cristalino.

-Katrina, tu… Para decirlo claramente, vas a ser la diana.

-¿Tu idea de empezar suavemente consiste en ponerme de blanco de tiro? –protestó Katrina. Si, era ignífuga, pero no por ello le hacía gracia- ¡Que se va a quemar la ropa!

-Tu chándal y el de Alex son a prueba de fuego –explicó Charles- Tranquila, no te pasará nada.

-¡A mí eso me da igual! –protestó la joven, colocándose al fondo- Lo más probable es que el fuego rebote contra mí o que me atraviese. ¿Pero tú sabes la de veces que he quemado ya la ropa? ¡Me voy a quedar sin armario!

-Tú y Raven pasáis demasiado tiempo juntas –gimió el telépata, y Katrina alzó una ceja.

-¿Perdona? Tal vez si ALGUIEN no acaparase a Orya…

-¡Yo no acaparo a nadie!

-¿Podéis dejarlo ya? –Alex parecía medio divertido y medio fastidiado. Charles suspiró, diciendo algo sobre la gente que le hacía comportarse como un adolescente.

-Si de verdad quieres que haga esto, mejor vete –dijo Alex, situándose frente al maniquí y apretando los puños.

-¿Os cierro la puerta?

-Sí

-De acuerdo –Charles salió y atrancó la puerta por fuera- Suerte –fue lo último que oyeron. Alex miró a Katrina y frunció ligeramente el ceño.

-Oye… ¿Cómo controlaste lo tuyo?

-Fue relativamente sencillo –la joven tragó saliva- O lo ocultaba o huía. Al final me cansé de huir.

-¿Y seguro que no eres inflamable? –preguntó una vez más sólo para asegurarse.

-Que no –respondió cansinamente, apoyándose contra la pared del fondo- Venga, haz lo tuyo.

Alex apretó más los puños. Empezó a moverse como si estuviera con un hula hoop al tiempo que algo rojo empezaba a brillar en su pecho. Los anillos se formaron en torno a él, salieron despedidos en todas direcciones… Y ni uno sólo le dio a Katrina. Sin embargo, rajaron las paredes y el suelo del búnker haciendo forma de espiral, provocando que saltaran chispas y algún pedrusco que otro. Al final quedó como si una especie de rayador de queso gigante hubiera pasado por allí.

Charles entró a todo correr con una sonrisa, que se desvaneció un poco al ver el búnker incendiado.

-Oh, Dios.

Cogió un extintor y empezó a apagar las llamas, sin tener mucho éxito. Katrina suspiró. Hizo saltar una tubería de la pared con un gesto de su mano y el agua se ocupó del fuego.

-Bueno –dijo, atrayendo las miradas hacia ella- Al menos no destrozamos el búnker, ¿no?

Sonrió tristemente al ver la cara desilusionada y desanimada de Alex.

-No te preocupes, te ayudaremos a controlarlo.


Por supuesto, el siguiente "pequeño avance" propuesto por Charles consistía en tirarlos a Sean y a ella desde una ventana del segundo piso.

Genial.

-¿Estáis seguros de que volaremos? –preguntó Sean, atemorizado y con el rostro ligeramente verde. Katrina bufó al verse en el espejo. Al menos a ella no le habían encasquetado esas alas a rayas. Como Hank había decidido probar los dos modelos de traje con ellos por lo que Katrina sólo tenía unos guantes con tela entre los dedos, que al abrir la mano hacían que pareciese la de una rana. Hank suponía que si la joven dirigía el aire contra ella de forma adecuada, los guantes ofrecerían resistencia al aire y le permitirían planear. No estaba demasiado segura y el hecho de que Raven apareciese armada con una Polaroid, dispuesta a inmortalizar el momento, tampoco la animaba demasiado.

-No tengo tan claro eso de que voléis –comentó Erik. Katrina lo miró de reojo, alzando una ceja.

-Erik.

-¿Si?

-Cierra la boca.

-Nein.

-Todo es posible –soltó Hank apresuradamente, tratando de impedir una pelea que podía acabar con trozos de kitkat a medio derretir aplastados en la cabeza de Erik (larga historia)- En cuanto a ti, Katrina, como controlas al aire, no deberías necesitar las alas…

-Hank, no te enrolles –ordenó Charles- Vamos.

-¿Cómo que no debería? –la joven palideció. Se dirigieron a un pasillo con cuatro ventanas: en la primera se colocaron Erik, Orya y Alex; Sean se sentó en el alféizar de la segunda; Katrina en el de la tercera y Scarlet y Raven estaban en la cuarta ventana, la joven rubia armada con Polaroid. Hank se colocó detrás de Sean y Charles detrás de Katrina.

-Veréis el tortazo que se van a pegar –susurró Scarlett- Eh, mirad a Sean, está completamente verde. ¡Parece un maldito trébol!

-¡Te he oído!

-Y recuerda, grita lo más fuerte que puedas –dijo Charles, sacando la cabeza por la tercera ventana y mirando a Sean.

-Necesitas que las ondas sean supersónicas, colócate en el ángulo adecuado y te sustentarán –dijo Hank mientras ajustaba el traje.

-¿Qué me sustentarán? Confiemos –masculló Sean. El pobre se santiguó varias veces seguidas y se puso todavía más verde.

-Suerte –dijo Katrina, no muy convencida.

-¡Y no olvides gritar! –añadió Charles. Sean se santiguó de nuevo y abrió los brazos. Raven apuntó cuidadosamente con la Polaroid y todos contuvieron la respiración. Sean se lanzó hacia delante con los brazos extendidos, dejó escapar un grito que sonó como "¡Augw!", la Polaroid hizo su ruidito característico y el pelirrojo cayó a plomo entre los arbustos. Todos se echaron a reír.

-A… Ahora tú, Katrina –dijo Hank sin demasiada convicción.

-¿Qué? ¿¡Es que queréis matarme!?

-Tranquila –Charles le palmeó el hombro- Lo harás bien, tan sólo haz lo mismo que en Florida

-Charles –replicó tranquilamente- En Florida creé un maldito tornado que se llevó por delante un barco. ¿En serio quieres que haga eso? –gritó. Charles inclinó la cabeza.

-Oh… Vaya. No importa, no te pasará nada.

Katrina gimió y entonces sintió algo suave en su cabeza.

-¡Katrina! Katrina, ¿me oyes? –esa era Orya, y tenía la voz… ¿voz mental? De quien se estaba partiendo de risa- Erik está pensando que tienes bastante metal encima como para que te levante, no te dejará estamparte contra el suelo. ¡Que mono! –chilló en su mente. Katrina sacudió la cabeza.

-¡Cierra el pico, Orya! –exclamó. Todos miraron a Orya de hito en hito, y ella tan sólo se limitó a sonreír alegremente mientras sus ojos multicolores refulgían- En fin…

-Kat… -comentó Hank- ¿Es un buen momento para decirte que te necesito en el laboratorio?

-No, definitivamente no –le fulminó con la mirada antes de mirar el hueco que había dejado Sean en los arbustos- A la mierda.

No lo pensó más, abrió los brazos y se tiró.

De nuevo sonó la Polaroid, de nuevo rieron.

-Bueno –comentó Hank- Al menos no te has estampado contra el suelo.

-¡Que gran alivio! –fue la respuesta amortiguada de Sean, que se levantaba como podía con el cabello revuelto y lleno de hojas. Se sorprendió al ver la situación- Katrina, ¿qué haces…?

-¡BAJADME DE AQUÍ! –chilló la joven, pataleando en medio de las lianas que habían crecido de Dios sabe dónde y la habían atrapado a tres metros del suelo. Tenía una fuertemente enrollada en torno a su pierna derecha, otra por su torso, un tallo lleno de hojas en el brazo izquierdo y, por si faltaba algo, estaba boca abajo- ¡BAJADME DE AQUÍ AHORA MISMO! Ah, y Hank. ¡TE VOY A MATAR! ¡LEHNSHERR, DEJA DE REÍRTE!


Después de que la bajaran (tardaron una hora larga, armados con podadoras y grandes tijeras. Al final tuvieron que tirar de ella hasta que las lianas y el resto de plantas cedieron) Katrina consiguió tener un descanso mientras Charles hacía carreras con Scarlett y Hank. Cabe destacar que el posible orgullo deportivo del joven profesor quedaba aplastado, machacado y destruido cruelmente de forma repetida. Scarlett corría increíblemente rápido y cuando Orya les informó que iba a 90 km/h, se pasó el siguiente cuarto de hora dando saltitos infantiles y riéndose de Hank, que por lo visto iba a 85. Pero a Katrina no le importaba. Ella, Orya y Raven estaban en bikini en el patio, las tres con gafas oscuras y empapándose bien de sol mientras escuchaban los últimos éxitos musicales por la radio.

Erik, en bermudas y camiseta, fue a sentarse en la silla junto a ella. Orya y Raven se levantaron de forma automática, cuchicheando y alejándose rápidamente. Katrina se sonrojó al darse cuenta de lo que pretendían.

-Imbéciles.

-Raven tiene la mentalidad de una adolescente –comentó Erik sin desviar la mirada del trío que corría frente a ellos una y otra vez.

-Y que lo digas.

Permanecieron unos segundos en agradable silencio, viendo cómo Sean intentaba ligar descaradamente con Orya. Charles se distrajo, tropezó con la cola de Scarlett y recorrió los siguientes cuatro metros rodando. Sin embargo, como Orya corrió hacia él y empezó a preguntarle si estaba bien etc, etc, al final no parecía que a Charles le importase tanto la caída.

-Será idiota –masculló Erik con una pequeña sonrisa, antes de fijarse en el cuello de Katrina- ¿Eso es…?

-Sí –suspiró la joven, tanteando detrás de su cuello en busca del cierre de la chapa. Cuando logró abrirla, se la pasó a Erik, que la inspeccionó con gran interés.

-En 1943 yo tenía doce años –dijo de pronto, con la voz repentinamente ronca- La primera vez que cogieron a mi familia, los nazis nos llevaron al campo de extermino Majdanek junto con cientos de familias judías. Y apareció el Capitán América.

-¿Mi tío? –preguntó Katrina, asombrada. Erik asintió.

-Sí. Llevaba un traje francamente ridículo, la verdad –sonrió- Pero él y su equipo sacaron a todos los judíos de allí y nos llevaron a un pequeño pueblo a varios cientos de kilómetros. Aguantamos un año entero, pero al final volvieron a atraparnos y nos llevaron a Auschwitz.

-Siento oír eso –la voz de Katrina tembló ligeramente al imaginarse a Erik con diez años metido en aquel infierno, y sintió el deseo irracional de haber estado allí para poder abrazar al Erik niño.

-La primera vez que vine a América visité el Museo Smithsonian para averiguar qué había sido de él. Resulta que cuando volvieron a atraparnos, tu tío estaba de vuelta en América con el ataúd vacío de su amigo.

-Bucky Barnes –Katrina se mordió el labio- Sí, conozco la historia.

-Hubiera sido demasiado buena suerte que apareciera dos veces –Erik se encogió de hombros y le devolvió la chapa a Katrina, que pudo ver un número grabado en su antebrazo. 214782. Se le revolvió el estómago. ¿Cómo podían identificar a una persona, mucho menos a alguien como Erik, de esa forma? Con números, como si fueran animales que no merecieran un mínimo de respeto…

Esa era exactamente la mentalidad nazi, le dijo su conciencia. O tal vez era Orya, porque no le constaba que su conciencia tuviera acento ruso.

-¡Fuera de mi cabeza! –gruñó. Respiró hondamente tratando de calmarse y miró a Erik, que parecía muy relajado. Tal vez porque se sentía mejor después de contarle su historia a alguien, o tal vez porque la visión de Scarlett dormitando sobre la hierba como un gato producía una ligera somnolencia- ¿Y sigues… Ya sabes, siendo judío?

-En parte –Erik se encogió de hombros- Más por honrar a mi familia que por otra cosa, la verdad. ¿Y tú? ¿Crees en algo?

-¿Yo? –a Katrina se le escapó una risa- Qué bueno. Yo hace años que no creo en nada, Erik. Ninguna religión, ningún Dios. Sinceramente, no creo que si ahí arriba hubiese algo –señaló al cielo- Ocurrieran estas cosas… Mira tu propio pasado. Mira Raven, mira Ángel. O si no, mírame a mí. Mi madre muere, mi hermana muere… No, no muere, la matan. Mi padre me echa de casa, los padres de Hank le metieron en un internado desde los siete, Darwin muere… No, no creo que nadie permitiese eso si pudiera impedirlo.

-Espera, espera. Rebobina –Erik frunció el ceño- ¿Tu padre te echó de casa? ¿Cuándo?

-A los quince –la joven apretó los puños al recordar el suceso- Me… Me hicieron algo horrible, me destrozaron. Me volví medio loca y maté a unos chicos… Se lo merecían. Pero mi padre no lo entendió y me echó de casa. Estuve vagando por ahí y al final me infiltré en la CIA. No creerías la edad que se puede aparentar con tacones y un poco de maquillaje.

-Scheißkerl (*) –escupió Erik. Katrina le miró de reojo con una sonrisilla.

-No se lo que es eso, pero ha sonado fatal.

-Mejor no te lo traduzco.

-¡Eh, Kat! –Hank se acercó corriendo con un pequeño cristal rectangular en la mano. Parecía nervioso, o simplemente cansado después de correr- Kat, voy a ir ahora al laboratorio, necesito una muestra de tu sangre.

-¿Para qué? –la joven frunció el ceño y Hank sonrió misteriosamente.

-Orya ha visto algo. ¿Puedo…?

-Sí, claro. Sírvete –bromeó. Hank la pinchó rápidamente con una aguja y recogió la sangre con el cristal, antes de mascullar un rápido "Gracias" y salir corriendo al interior de la casa. Erik frunció el ceño.

-Un crío algo extraño, ¿no?

-Te daría una colleja, pero es verdad –Katrina se encogió de hombros- Es… Un pelín friki. Y borracho tampoco mejora.

-¿Borracho?

-Sí, Moira y yo le emborrachamos hace un par de años, en Halloween –suspiró ante el recuerdo- Peor idea de todos los tiempos.

-¡Eh, chicos! –Orya corrió hacia ellos, arrastrando a Sean y a Charles, que tenía marcas de pintalabios sobre un moratón de la mandíbula y sonreía estúpidamente- ¡Ya sabemos cómo haceros volar!

-¿Implica meternos en un helicóptero y tirarnos?

-Eh… No –Orya les miró con ligero apuro- Charles, borra esa de la lista –susurró.

-En fin -suspiró Katrina- Vamos a ver.


(*)Scheißkerl= Hijo de puta, más o menos. De nuevo, gracias al traductor de Google :)