II (Saga De Los Dioses) Una rosa perfecta para el Sol
By: YuukoMidna
Recordar siempre: Que el Anime de Saint Seiya no me pertenece. Es obra del Señor Masami Kurumada(車田正美)y colegas.
Aquí comenzamos con otra historia de nuestros Dioses olímpicos. Esta vez es el turno de los mellizos Artemisa y Apolo. Veremos que les tienen preparado las moiras xD
Estas historias están basadas en lo sucedido a lo largo del anime, películas, manga, en el volumen de Lost Canvas y SS Omega Ω. Así como también algo de la historia griega. Algunas cosas cambiarán, yo solo me baso en los personajes y en algunos hechos. Pero mi historia será muy diferente a lo que realmente ocurrió, me concentro más en la vida diaria de los Caballeros que en las batallas. (Aunque puede que encuentren una que otra por ahí)
¡Disfrúten su lectura!
"Luna radiante"
Los largos dedos de su acompañante se desplazaron suavemente por el mentón de la joven hasta su barbilla, sintiendo la suave y blanca piel. Sus labios se apoderaron de los de ella, moviéndose lentamente y despertando un fuego que la joven jamás hubiera imaginado que existiera. La mano de Artemisa ascendió para acariciar el cuello del hombre y enseguida, como si hubiese regresado a la realidad, se apoyó contra el poderoso pecho masculino y lo alejo de sí. Mientras ella recuperaba el aliento, él se apartó, frunciendo el ceño con expresión confusa. Los violentos latidos del corazón se rehusaban serenarse, mientras ella, aturdida, trataba de analizar sus turbulentos pensamientos. De no haber sido por su fuerza de voluntad, sus temblorosas manos hubieran instado al ángel a continuar. No era más que un simple beso y, sin duda, no podría provocar ningún desastre. Pero ella sabía que el hielo era frágil, y debía pisarse con cuidado si no deseaba encontrarse navegando en un tumultuoso mar sin posibilidad de sobrevivir.
Artemisa trató de incorporarse, pero sus hombros aún seguían atrapados bajo el cuerpo de Touma. Él la sujetó con más fuerza y se acercó de nuevo a ella sin titubear. Súbitamente, los labios masculinos volvieron a apoderarse de la boca de la joven, insistiendo, provocando, exigiéndole una respuesta afirmativa o negativa. Artemisa, sin embargo, no podía decir sí, porque estaba segura que de continuar con eso, no se detendría. Tampoco podía pronunciar el no, porque era ése el preciso momento que tanto había anhelado vivir. La respuesta fue tan tenue como la caricia del rocío en primavera. Ni sí ni no, sino que su mente imploró en agonía: «No te alejes por favor, no me abandones» Touma entendió la súplica, sintió el casi imperceptible movimiento de los labios de la joven bajo los suyos, la leve rendición de la mano que intentaba apartar su pecho. Entonces, le deslizó un brazo alrededor de la cintura y atrajo a la joven hacia sí, intensificando el beso.
Ella se estremeció cuando los labios del joven abandonaron la boca para recorrer sus mejillas, su frente y sus frágiles párpados, que se entornaron a la espera del sensual contacto. Un intenso deseo creció en el interior de Touma. Había actuado con cautela, pero ahora ésta se desvanecía frente al tumulto de sus pasiones. Su consideración por la timidez de la Diosa desapareció, conforme se acrecentó su necesidad, su mano aferró uno de los delicados pechos femeninos. Artemisa ahogó una exclamación y se incorporó, apartando el imponente pecho del hombre con ambas manos. Mantuvo a Touma a una distancia prudente y se encaró con un susurro entrecortado.
-No se…si estoy lista todavía-
-Me detendré si lo deseas- Murmuró él, sabiendo que si lo rechazaba, un baño de agua helada no sería capaz de apagar el fuego que lo quemaba por dentro -¿Deseas que me detenga?- Susurro contra su odio. Al no obtener respuesta Touma rodeó con el brazo la cabeza de la muchacha, que lo miró sorprendida, y entonces, sus labios volvieron a atraparla. Las agitadas quejas de Artemisa se desvanecieron para convertirse en un gemido de desesperación. Él volvió a acariciar uno de los delicados senos, pero esta vez abrazó a la joven de manera que no pudiera mover los brazos. El ardor de esas caricias se encendió en el interior de Artemisa, extendiéndose a cada fibra de su ser. La manga del vestido le molestaba el hombro, y se destensó para aliviar la presión. Sintió entonces, un tironcito en la espalda, y el corpiño cayó. Sus ojos verdes se agrandaron cuando él liberó completamente las curvas de sus pechos, y se alertaron todos sus sentidos cuando la mano del hombre retiró la delicada tela del camisón para acariciar su piel desnuda. Artemisa se volvió, en un débil intento por escapar de la pasión de Touma y aplacar sus propios deseos. Pero él la retuvo, y la atrajo hacia sí. Ella intentó gritar, pero sólo emitió otro gemido entrecortado, sofocado por un apasionado beso. Los labios del hombre absorbieron toda su dulzura con una ferocidad que reveló todo su anhelo reprimido. Fue un beso interminable, implacable, exigente, que estimuló los sentidos de la joven hasta encender todo su ser con la llama de una devastadora pasión -Mi dulce y querida Artemisa- Susurró él, sin apartar los labios de su boca -La deseo con todo mi corazón, pero si quiere que me detenga, insisto que debe decirlo ahora-
-Yo…- No podía decir nada, no era capaz de pronunciar palabra alguna que sonara coherente. Él se separó para mirarla, y sus zafiros recorrieron las sonrojadas mejillas y las doradas curvas de sus pechos.
-Entonces hoy sellare nuestro destino- Sentencio, sin saber que el significado de sus palabras tenían más poder del que pensaba. Aunque ella abrió la boca, no fue capaz de articular palabra, y sólo pudo mirarlo, indefensa, atrapada en la red de sus propios deseos. Touma se inclinó lentamente y volvió a besarla, saboreando la suavidad de sus delicados labios. Artemisa no opuso resistencia y, con un leve gemido, permitió que la aprisionara contra las sabanas de seda. Ambas bocas se fundieron en tibia comunión, girando, retorciéndose, devorando hasta que las necesidades de ambos desembocaron en una búsqueda ávida, insaciable. El musitó palabras roncas, incomprensibles, mientras lanzaba una lluvia besos ardientes en el cuello de la joven, cuyo mundo comenzó a girar en medio de un caos de sensaciones.
Y entonces la imagen de Apolo se materializo frente a ella. Todas esas sonrisas que su gemelo siempre le dedicaba, sus abrazos, sus besos y el amor único e incondicional que él le profesaba "Te quiero Artemis, siempre serás la luz que ilumina mi camino"
-Lo siento Apolo…- Sollozo la joven entre las caricias –Perdóname…- Touma escucho aquellos susurros, pero no se detuvo a analizarlo, se boca se posó sobre el capullo rosado de uno de sus senos, y ella contuvo la respiración, entreabrió los labios, pero no pudo gritar, porque las devastadoras llamas de pasión la consumieron. Por propia voluntad, sus delicadas manos acariciaron el hombro del ángel y sus dedos se enredaron en su brillante cabello pelirrojo.
La cama se hundió más cuando Touma se incorporó para arrodillarse frente a ella. Como una pluma volando hacia la tierra, las manos del hombre se deslizaron sobre los brazos de su amada y luego la armadura simbólica del camisón se alzó sobre la cabeza de ella. A la vez que la prenda caía a un lado, la joven se vio rodeada por los poderosos brazos de su guardián y atrapada en la calidez del cuerpo masculino. Artemisa ahogó la exclamación que salía de su garganta. La sorpresa que experimentó no tuvo nada que ver con una sensación de repulsión como había imaginado que sería el contacto con un humano, sino más bien con las caricias audaces de un hombre que le hacia el amor. La fuerza de su guardián era inesperada, alzó a la joven fácilmente para tumbarla en el lecho. Con rapidez, el ángel se libró de sus propias ropas que separaban su piel de la de ella, los labios desnudos le acariciaron el cuello y descendieron hasta posarse, cálidos y húmedos, sobre su pecho, encendiendo más el fuego que crecía en su interior, provocando sensaciones que jamás se imaginó pudiera sentir. Artemisa apretó ansiosamente su cuerpo contra el de Touma, y al deslizarle una mano por el cuello, encontró una larga y rugosa cicatriz que le delineaba los prominentes músculos de la espalda. Eso sirvió para recordarle quien era, un humano de carne y hueso quien le estaba haciendo el amor. Era su ángel guardián, quien había entrenado exhaustivamente y recibido cualquier daño para proteger a su Diosa, aun a costa de su propia vida. Sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, el solo pensar todo el amor que él le había profesado en doloroso silencio, mientras ella se expresaba cruelmente de sus semejantes y juraba que jamás sentiría nada excepto repulsión por todos ellos.
Y ahí estaba, entregándose a él y amándolo como jamás pensó que lo haría. Se aferró a esa idea, al tiempo que las caricias del hombre se tornaban más audaces, explorando los secretos de su cuerpo femenino y virginal con la seguridad de un amante experto. Ella no dejaba de sorprenderse, porque había esperado una brusca ansiedad y una insegura torpeza. Pero él era tan dulce... tan increíblemente dulce... La mano del joven recorrió con deliberada lentitud cada rincón de los contornos de su Diosa como si saboreara cada uno de sus descubrimientos, y ella temblaba una y otra vez ante la más ligera caricia. Él se movió entre los muslos de la joven, y ella soltó una breve exclamación cuando la feroz lanza se introdujo en la delicada tibieza de su femineidad. Artemisa experimentó un dolor repentino, fugaz, cuando la carne se desgarró bajo la avasalladora presión. La masculinidad de su amado la penetró, y ella se mordió el labio para sofocar un grito, ocultando el rostro bajo el musculo de su cuello.
La joven le clavó las uñas en la espalda, pero él no pareció notarlo y, con los labios, continuó acariciándole las orejas y la frente. La respiración de Touma se tornó áspera, ronca, entrecortada, y Artemisa pudo percibir los violentos latidos del corazón de su ángel contra el pecho. Con increíble cuidado Touma comenzó a moverse, lentamente al principio, y el agudo y punzante dolor desapareció poco a poco. Los suaves capullos rosados, se erizaron bajo el endurecido vello que cubría el pecho del hombre. La joven comenzó a seguir los movimientos de las caderas de Touma, y ambos se entregaron a un salvaje frenesí que los hizo ascender hasta vertiginosas alturas.
El increíble placer que Artemisa acababa de experimentar la hizo retorcerse y arquear las caderas contra las de él. Los dos remontaron en un precipitado vuelo, ascendiendo juntos hasta que la atmósfera se tornó densa, embriagadora. La Diosa gimió, deseando más y más, y él se lo entregó. Era una meta conjunta que ambos cuerpos buscaban alcanzar, flexionando los músculos, entrelazando las piernas. Un suave grito escapó de los labios de la joven cuando la aureola de dicha los rodeó, bañándolos con una ola de placer que parecía destinada a no morir jamás.
Lenta, muy lentamente, ambos regresaron a la realidad, agotados, exhaustos, pero plenamente satisfechos con la unión de sus cuerpos. En la estela de la pasión, Artemisa se acurrucó contra el ángel, convencida de que Touma, no era un hombre cualquiera, era el hombre que había logrado cautivar a su frio corazón. La joven deslizó una mano por el ensortijado vello del pecho masculino y descendió hacia la pierna que el cuidadosamente había apoyado sobre ella. Los dedos del ángel la detuvieron, tomándola de la muñeca, Artemisa intentó protestar pero el dedo del joven se posó sobre sus labios para silenciarla.
-Me agrada sentirla en mi brazos y es mi deseo que duerma junto a mí hasta el fin de los tiempo ¿Está segura de querer esto?-
-Sí…estoy segura Touma -Se acurrucó junto a él y la estrechó en un fuerte abrazo, enterrando el rostro contra el cuello de la joven, aspirando su aroma y congelando ese momento en su vida como uno de los más preciados tesoros.
-He aguardado esto durante toda una eternidad- Le dijo con voz áspera -Y aunque pueda ser maldecido en la mañana, jamás permitiré que me separen de su lado- Una punzada de dolor atravesó el pecho de la joven y como si pudiera desaparecer en cualquier instante, se aferró con fuerza a su ángel.
-Te amo Touma- Un relampago a lo lejos ilumino la habitación, seguido de un estruendo que hizo temblar las paredes del templo. Artemisa sintió un escalofrió recorrerle la espalda y Touma la acaricio para tranquilizarla.
-Mi corazón siempre será suyo, mi dulce Artemisa- Beso sus labios con suavidad y susurro sobre ellos un "Te amo". Ambos se observaron intentado no quedarse dormidos, por temor a despertar y que todo fuera un sueño. Pero el cansancio termino por agotarlos y dejarlos inconscientes, unidos como un solo ser, entregados a su egoísta deseo.
Templo del comercio…
Recién amanecía y después de varios días de lluvia, el sol resplandecía en el horizonte augurando un hermoso día. Apolo ojeaba aburrido, un libro de medicina. Mientras Hermes terminaba de firmar unos contratos.
-¿Ya mero terminas?-
-No te pedí que me esperaras, puedes irte a desayunar sin mí- Apolo hizo un puchero, cerro el libro de golpe y dejo caer la cabeza hacia atrás.
-No entiendo como no te aburres con todos esos contratos y números financieros-
-Es mi trabajo y me gusta, así como a ti te gusta la medicina y corretear faldas- Apolo sonrió con picardía.
-Pues si…pero ya deje eso, ahora estoy enteramente dedicado a Daphne- Bromeo el pelirrojo.
-Seguro, me muero por ser testigo-
-Pues ya puedes ir comprando los anillos- Hermes enarco una ceja y lo miro con sarcasmo.
-Más te vale que no estés hablando enserio- El pelirrojo hizo un ademan con la mano restándole importancia.
-Aunque aún no se si estoy listo para atarme a alguien- Hermes rodo los ojos con impaciencia y decidió ignorarlo. Apolo siguió con su monologo cuando el sonido de su celular lo interrumpió. El pelirrojo tomo el aparato, era un mensaje de texto. Hermes lo miro de reojo y se dio cuenta que la expresión de su hermano cambiaba de forma radical con forme recorría con sus ojos el texto en la pantalla del teléfono.
-¿Apolo?- El pelirrojo ni siquiera lo escucho, su rostro se había deformado por la ira y sin previo aviso se levantó de un salto y camino hacia la salida. Hermes no perdió tiempo y siguió al Dios del sol -¿Apolo que pasa?- Como no recibió respuesta alguna, comprendió que algo andaba mal y para comprobarlo solo había que ver el cielo. El sol estaba oculto tras una enorme nube obscura y el hermoso día que pintaba hacia unos momentos, se había vuelto un nubarrón.
Templo principal del olimpo…
-Zeus, algo no está bien…- Hera observo las nubes que comenzaban a cubrir el cielo, ocultando el sol y soplando un viendo helado. Dejo las tijeras con las que cortaba unas flores en su jardín y se acercó a su esposo que armaba un barquillo de madera en miniatura, en una mesita sobre la terraza. La Diosa subió el escalón y camino hasta quedar frente al señor del rayo. Zeus dejo las pinzas sobre la mesita y miro a su esposa preocupado.
-Lo sé…también lo presiento-
-Es tu hija- La voz hizo que ambos se sorprendieran, ahí en la puerta estaba Cronos con su túnica gris y los cabellos revueltos, dando señales de que estaba durmiendo. Zeus frunció el ceño.
-¿De qué estás hablando anciano?- Cronos ignoro la ofensa y camino hasta el barandal de la terraza con las manos en la espada.
-Parece que alguien ha decidido hacer enfadar a Némesis- Permaneció el silencio mientras Zeus razonaba sus palabras, hasta que Hera hablo.
-¿Te refieres a…?- Hera no pudo terminar la pregunta. Como respuesta Cronos señalo el cielo, en donde se podían ver dos figuras aladas que volaban en dirección al templo de la Luna.
-Arpías- Susurro Cronos. Zeus se levantó tirando la silla en el acto.
-¡Carajo!- Salió del lugar tan rápido como pudo, dejando a una consternada Hera. Cronos tomo el lugar donde estaba Zeus e inspecciono el trabajo del Dios.
-Papá ¿Qué está pasando?- Cronos la miro de reojo y suspiro.
-Ustedes sí que saben complicarse la existencia. En mis tiempos como el gobernante no pasaban este tipo de cosas. Si mis hermanos querían amarse unos a otros, eran libre de buscar su propia felicidad-
-Siempre y cuando no tuviera que ver con quitarte el trono-
-Así es…- Hera hizo una mueca en desaprobación.
-Pues ya vez que no te funciono, padre-
-Si bueno…los hijos son harina de otro costal. Pero en mi experiencia de algo puedo estar seguro. Ningún trono es más importante que la vida de la persona que más amas- Hera vio el fugaz momento en que Cronos sonrió con melancolía. Su padre aun extrañaba a Rea y estaba segura que el mayor castigo que tenía que soportar, era no poder verla nunca más.
-¿Cómo es que sabes tanto al respecto?- El titán sonrió de lado y metió las manos en las mangas de su túnica.
-Ustedes olvidan que soy su padre-
Continuara….
Bueno como lo prometí aquí tienen en capitulo de esta semana n,n espero les haya gustado, no soy experta en el lemon pero hago lo que puedo. Y bueno, a darle con lo que sigue *w* aun faltan muchas cosas por pasar
Muchas gracias por sus reviws :3 espero seguir recibiendo mas para actualizar mas pronto!
Saludos y gracias por seguir leyendome n,n
Faltas de ortografía y gramática no son intencionales, pero si ven alguna avísenme, se aceptan consejos, sugerencias y criticas mientras no sean destructivas.
Mil Gracias por leer el capitulo y dejen su reviws ^^.
YuukoM. (\·/)
