Amor Correspondido
Capítulo 10
Un Florero con Girasoles


Phoebe cerró con pasador la puerta del dormitorio de Helga después de haber sido invitada a pasar por Roger Cummings y de comentarle que Helga acababa de llegar y que probablemente estaba tomando una ducha. Así que Phoebe optó por darle las gracias, subir de prisa las escaleras y encerrarse en la habitación. Roger probablemente volvió a su lugar en el sofá de Bob y a leer el periódico de Bob.

El cuñado de Helga desde hacía cinco años siempre la hacía sentirse incómoda debido a su extrema seriedad y escrupulosidad. Siendo profesor de Física en la Universidad de Columbia, Phoebe se preguntaba cómo era posible que un genio como él parecía ser un discapacitado social en casa de los Patakis, donde su suegro no le dirigía la palabra ni para hablar del clima. Bueno, considerando su edad, no era un suceso tan extraño.

Lo que si era en realidad un extraño suceso, era que Helga considerara a su cuñado un hombre decente, agradable e incluso divertido. Phoebe había presenciado la excéntrica camaradería que se desarrollaba entre ellos; camaradería que asombraba a Bob, a Miriam e incluso a Olga. Consciente de la poca convencionalidad de su amiga, la pequeña chica mitad japonesa mitad americana sabía que no debía estar tan sorprendida. Helga era una chica muy lista y de alguna manera había encontrado los rasgos que compartía con el cuarentón: un irónico sentido del humor, una lengua mordaz y muy poca tolerancia a la idiotez.

Phoebe continuó en esa línea de pensamientos mientras miraba alrededor de la habitación rosa y blanca, extrañamente pulcra. Lo único fuera de lugar era una sudadera azul claro con capucha colgando apenas de la silla del escritorio. Ella la cogió y se lo llevó a la nariz para determinar si estaba limpio o no. La prenda todavía estaba tibia por el reciente uso y Phoebe se preguntó de dónde vendría Helga a esta hora. Probablemente de correr, supuso aunque era algo tarde para eso. Decidió colgar la sudadera en el armario, ya que aún olía a limpio, así que se entró al closet. Llevando esto a cabo, no pudo ignorar la segunda nota de desorden en la habitación por lo demás impecable.

Los viejos libritos de Helga estaban dispersados por todo el lugar, incluso en el suelo y en el espacio entre los estantes y los cajones. Era como si ella hubiera estado trabajando cone ellos cuando de repente, se levantó y salió. Phoebe sintió curiosidad por el desorden y después de una breve vacilación, tomó uno de los libros de color rosa que estaban abiertos en un estante cerca. Como se suponía, era uno de sus libros de poesía. Empezó a leerlo de inmediato, antes de que su moral tomara conciencia de sus acciones.

Me llamaste hoy
Una tontería de la escuela
Veintiuno de febrero
Mi corazón se alza a los cielos
¡Que cursi soy!
tanta cuerda proveen
tus escasas palabras
casi la misma que me dan tus ojos
que me siguen al pasar
Tengo suficiente material

Para mantenerme esta noche en vela

Phoebe sonrió ante las palabras, escritas probablemente cuando estaban en primaria. Siguió hojeando las páginas tratando de encontrar una fecha y echando vistazos sobre la puerta de la habitación, aunque recordó haber cerrado con llave cuando ella entró.

Escuchó con atención los ruidos procedentes del baño y después de tener la certeza de que la ducha seguía corriendo, reanudó su exploración en los secretos de Helga. Reconoció que actuaba mal y sabía que estaba cometiendo un pecado casi imperdonable, pero el secreto que Helga mantenía sobre su poesía había estado cerca de hacerlas terminar su amistad un par de veces.

Los cimientos de este amor
se forjaron en tiempos lejanos
Cuando tu bondad me hechizó
Bondad
Mi privación, mi toxina
Pasa el tiempo y crecemos
Ya me tientas con su voz
Tu voz
Es deseo… necesidad
El presente ya es verano
Te encuentra presumiendo el bronce de tu piel
Tu piel
Veneno que me enloquece

Phoebe mantuvo sus ojos en las palabras por un momento, luego lo dejó a un lado el libro negro y agarrar otro para seguir leyendo sin perder un segundo.

Sé que no puedo decir
que fui traicionada porque
no hay nada que nos una
Pero,
¿Quiere eso decir que se debe sentir menos?
Mi corazón es carne viva, apenas late
Cómo me gustaría esta falta de lazo
Proporcionara algún cesar
A este dolor que nunca acaba

La chica de pelo oscuro respiró profundamente después de leerlo. Su amiga tendía a escribir las cosas que surgían en su cabeza, sus sentimientos y sus razonamientos. La poesía nunca fue el punto fuerte de Phoebe. Su inteligencia era lógica y obtenida de los libros mientras que la de Helga era apasionada y extraída de la vida y la observación. Ella era, sin embargo, capaz de entender la palabra escrita de su amiga.

Helga había presentado a menudo algunos de sus poemas en clase, sobre todo aquellos que dedicaba a la naturaleza, la comunidad, el afecto familiar y de amigos. Sin embargo, como quiera, hizo del conocimiento público algunos relacionados con el amor durante su tiempo en la escuela secundaria y la preparatoria; los que ganaron premios siempre fueron esos que hablaban de profundo, triste y sublime amor dedicados a un amante indefinido. El que le consiguiera la invitación a visitar la Casa Blanca en el primer año fue una de las más puras y desinteresadas odas al amor que Phoebe había oído nunca.

Después de un poco más hojear libros; Phoebe llegó a la conclusión de que los rosados pertenecían a los tiempos más antiguos, mientras que los negros eran los más recientes, por lo que los azules corresponden al período que encierra los tiempos de la escuela o prepa. A continuación, tomó uno azul que tenía una escritura más pareja y se dispuso a leer.

Duele
Tener que vivir esta noche sin fin
Sabiendo que
Estás siendo feliz en su cuerpo
Los celos me están arrasando
Duele
Tan hondamente
No poder deshacerme de la imagen
De sus cuerpos gozando
En este mero instante
Completamente ajenos
A la tortura
Que pueden causar
En este ser débil
Que no se puede ni mover
Ni respirar ni hablar
¿Cómo es que todavía vivo?
Que aún sigo, aún finjo
Me gustaría que fuera posible
Matar las sensaciones

Phoebe cerró el libro rápidamente, una sensación desagradable la quemaba. No debería haber invadido su privacidad; Helga nunca le había permitido eso. Había poesía permitida para ser visto y otra que era absolutamente privada. Ella lo sabía. Salió del closet y se dirigió al cuarto otra vez, en busca de un diccionario gordo que siempre estaba allí y brincó a la cama, fingiendo leerlo mientras se regañaba severamente a sí misma y mientras las palabras de Helga aun giraban en su cabeza.

Trató de controlar sus temblorosas manos y de calmar su mente. Demasiadas cosas la estaban molestando. El fisgoneo era el menor, su amiga herida la mayor.

'…siendo feliz en su cuerpo…'

Phoebe se secó los ojos. Aun cuando los libros no eran fechados, sabía perfectamente cuando sucedió. Fue al comienzo del tercer año. Arnold había estado saliendo con una de cuarto... ¿cómo se llamaba? ¿Minnie? Una naca facilota y descarada como el montón de nacas facilotas que se encuentran en los pasillos de cada prepa. Ella era una belleza salvaje entonces, extrovertida y provocadora. En ese tiempo Arnold iba dejando sus modos de chico bueno detrás y disipándose un poco, impulsado por sus amigotes. Gerald, por supuesto, era el primero en alabar sus triunfos. Otras palabras siguieron bailando en su cabeza.

'Completamente ajeno a la tortura que pueden causar en este ser débil'

Helga dio la impresión de tolerar bien las noticias de su querido Arnold y sus aventuras privadas. Phoebe había estado atenta pero nunca vio una debilidad en el comportamiento de la rubia. Hasta ahora se daba cuenta del infierno que estaba realmente viviendo. En aquel entonces, Helga todavía se guardaba todos sus sentimientos profundamente y no compartía nada y Phoebe recordó que no ella aun no era tan buena en ayudar a su amiga a sacarlos.

Oyó ruidos al final del pasillo y se dirigió a toda prisa al armario para comprobar que todo estaba en orden, bien, en el orden que había estado cuando llegó. Tomó apresuradamente la sudadera de nuevo colocándola donde estaba antes, en la silla y ella ya estaba de pie en la puerta en el momento que Helga alcanzó la perilla. Dejó que luchara con ella por un segundo antes de girarla y abrir la puerta.

"¡Uf! ¡Phoebe! ¡Gracias a Dios! Pensé que estaba atascada otra vez" su amiga entró en la habitación envuelta en una bata de baño oscura y una toalla en la cabeza "¿Y tú estás encerrado aquí por...? Si es que puedo saberlo, por supuesto" ella avanzó hacia el tocador en la esquina opuesta de la habitación.

"Tu hermano" respondió ella con sencillez.

"¿En serio?" La chica alta no ocultó su burla "Roger no te va a hacer nada, amiga mía" le sonrió dando un golpecito a su hombro "Dudo que incluso le haga algo a Olga" la sonrisa aún en su rostro cuando la miró a través del espejo "¿de qué otra manera crees que pueden aguantarse...? Phoebe ¿estás llorando?" Helga volvió a toda prisa "¿Qué te pasa?" Phoebe se dejó tomar por la barbilla para que la checara. Cerró los ojos y dejó salir una gran sonrisa que pretendía ocultar, notando que su corazón latía ansiosamente mientras que su amiga la examinaba.

"Se siente bien ser receptor de tal preocupación, ¿sabes? uno podría acostumbrarse" Ella abrió los ojos para encontrar una expresión cautelosa en su cara amiga.

"¿Estás segura?"

"¡Claro que estoy segura!" Phoebe liberó su rostro y despreocupada, dijo "Recibí un mensaje mientras estaba en la ducha" sonrió y miró traviesamente a Helga, agitando su teléfono celular "Sean. Estábamos recordando ese momento divertido cuando ambos engañaron a aquel huésped en la entrada del hotel de Malibú" una sonrisa se deslizó en el rostro de su amiga "te envía saludos, por cierto" No era precisamente una mentira ya que ella y Sean habían estado hablando de eso por la mañana. El rostro de Helga se suavizó ante la mención y caminó de nuevo al peinador no sin echarle una última mirada cautelosa como por no dejar.

"Se lo tenía merecido. ¿No sabía el zopenco que es grosero escuchar las conversaciones de otros?" se rió y luego dijo "¿Te acuerdas de la cara que puso cuando Sean dijo que éramos tan exigentes que ya era demasiado trabajo para él solo y que iba a conseguir a otro chico para que lo ayudara? ¿Te acuerdas de esa cara? ¡Oh Dios! ¡Fue de antología! "

La risa de las chicas se extendió varios minutos todavía mientras recordaban aquellas vacaciones de primavera. Phoebe recordaba ese día especialmente porque le alegró ver que Sean y Helga se llevaran tan bien. A ambos se les ocurrió gastarle la broma al pobre tipo, de repente. Por ahora la chica oriental se sintió aliviada de ver que Helga había creído lo que le dijo y no la siguió cuestionando acerca de su tristeza.

Mirando a su amiga con el rabillo del ojo, Phoebe se dio cuenta de que se veía fresca y relajada lo que encontró tranquilizante considerando lo que acababa de leer.

Después de todo, pensó, eso había ocurrido años atrás, cuatro o cinco años para ser exactos. Había sido incluso antes de su ruptura con Gerald y eso ya estaba muerto y enterrado para ella desde hacía tiempo aun cuando en ese entonces le había parecido una fatalidad. Esperaba que lo mismo le hubiera pasado a su amiga y entonces recordó lo que habían platicado días antes, algo acerca de sus sentimientos por el rubio seguían allí, pero de alguna manera, los justificaba pensando que había sido como un mecanismo de defensa de su parte que la había ayudado a sobrevivir los tiempos difíciles provocados por la falta de afecto de su familia. Que ella había vuelto todo su afecto y atención hacia Arnold tan intensamente que incluso lo consideraba un dios, y que tal sentimiento había ayudado como escudo protector frente a la indiferencia y el dolor del solitario mundo que la rodeaba.

Phoebe recordó también que tenía la impresión de que su amiga ya se había acostumbrado a la idea de que una relación entre ellos ya no funcionaría; principalmente porque todo lo que la sostendría, al menos de su parte, eran ilusiones severamente desgastadas a través de tantos años de afecto no correspondido.

Helga entró su closet tarareando mientras Phoebe se sentó en la cama y meditaba acerca de rubia amiga, quien parecía estar de buen humor y se preguntó cuál podría ser la causa.

Luego, recordando algo que había llamado su atención la primera vez que entró en la habitación, se puso de pie y caminó hacia la pequeña mesa que estaba debajo de la ventana. Allí yacía un jarrón con tres girasoles de tallo largo; una tarjeta estaba boca abajo sobre la mesa. Phoebe lo tomó y leyó: «Estaban justo afuera de la ventana de mi cocina; mi matinal recordatorio de ti. Te recogeré a las 6:30, James".

Así que 'James' pensó Phoebe, mirando a su pantalla del teléfono para ver la hora. Pasaba ya de las cinco y media. –'Será esta la causa de tu glorioso estado de ánimo el día de hoy, mi amiguita'. Volvió a colocar la tarjeta en su lugar y miró los girasoles. Vaya elección inusual para halagar a una mujer… pero de alguna manera parecía apropiado en el caso de Helga. Ella no era el tipo de chica afecta a las delicadas orquídeas y vaya que despreciaba rosas por convencionales. El Girasol era una flor fuerte con un color muy vibrante y aroma único. Palabras como sobreviviente, salvaje e indomable pasaban por su mente mientras se inclinaba ligeramente para percibir su olor.

Phoebe ponderó si este tal James conocía tan bien a su amiga o si sólo se trataba de un pretendiente muy experimentado. El hecho de que las flores estaban en el florero y no en el cubo de basura era indicador de que habían, por lo menos, impresionado a su amiga. Phoebe sonrió para sus adentros. Parecía que Helga finalmente se daba una oportunidad; no es que ella nunca saliera… era más bien como si nunca respetara a un chico. O era más bien que nunca dejaba a ningún hombre mantener la más mínima pizca de poder en la relación o como quiera que ella llamara a sus salidas. La tarjeta, la frase escrita en la misma y las flores en el jarrón hablaban toneladas a priori de lo que fuera que se estaba gestando allí.

Helga salió del closet luciendo un vestido de tirantes con estampado floral y cintura alta y lo combinaba con sandalias verdes. Sin decir una palabra, se plantó de espaldas a Phoebe para que le subiera el zipper.

"Es bueno ver que algunas cosas nunca cambian, incluso cuando otras simplemente siguen igual" la voz de Phoebe era humorosa. Si quería sacarle sopa sabía que no debía actuar con demasiada ansiedad y parecer relajada para conseguirlo.

"¿Cómo dices?" Helga tenía el listón del vestido entre sus dientes.

"Llevas shorts debajo del vestido" se burló Phoebe al ver la expresión de su amiga "Te pusiste un vestido; lo que es inusual"

"¡Oye! Solía usar vestidos cuando éramos niñas y si mi memoria todavía funciona, tú tampoco eres fan de los vestidos"

"Tal vez comencé a usarlos de nuevo este año" dijo Phoebe divertida y con voz infantil.

"Tal vez lo también lo hice" Helga imitó su tono.

"Pero yo no me pongo shorts debajo" el sonsonete todavía en su discurso.

"Bueno, supongo que ustedes, suertudas chicas californianas pueden aprovecharse del hecho de que usan traje de baño debajo todo el tiempo. Ustedes sí que saben cómo divertirse. El viento puede soplar a tu alrededor y no hay ningún problema" le pasó el listón a la chica con ojos almendrados y agregó "Pero conoces bien este pícaro viento de Hillwood... ¿No te pondrías tú algo debajo de un vestido así?" Helga señaló lo corto del vestido, mientras se mecía en sus pies.

"Lo sé, ese es el punto, Helga. Las chicas suelen comportarse, lo que hace innecesario usar los shorts" Ella hizo nada para disimular la chanza en su voz.

"Así que yo no soy una chica ¿o qué? ¡En serio Pheebs!" La aludida aseguró el lazo blanco en la espalda de Helga antes de añadir.

"No eres y nunca serás una niña bien portada"

"¡Gracias por la confianza! ¡Menos mal que no eres mi mejor amiga!" Helga la empujó juguetonamente antes de dirigirse a su tocador "¡Criminal, Phoebe! Hay casi cuarenta grados allá afuera; no voy a ponerme jeans con este calor. Además, por una vez me gustan los trapos usados que Olga trajo. Esta vez son un montón de vestidos como este y estoy pensando utilizarlos este verano "

"Eso está muy bien. Tal vez ahora puedes ver las verdaderas intenciones de Olga que me supongo son los mejores deseos para ti" ante la falta de otra respuesta que no fuera un chasquido burlón, Phoebe agregó. "Pero volviendo a nuestro tema anterior, sucede que yo sé que no pretendes comportarte… así que... ¿estás tratando de impresionar a alguien?" Phoebe se preguntó si no sería demasiado obvio a donde quería llegar o si era demasiado pronto para obtener una respuesta satisfactoria. Como siempre, su amiga le ganaba el tiro.

"Voy a 'La Nueva y Mejorada Dinolandia' así que ¿qué es lo que esperas? Que todo el mundo me vea en mi sexi y sedosa panti negra y roja. ¡De ninguna manera! Muchas gracias. Prefiero decepcionar a todos y que solo me vean con un mata pasiones blanco de mi abuela "

"Esos no son calzones de abuela. Se llaman shorts cortos para correr o algo por el estilo"

"Para ser un paria en el mundo del acondicionamiento físico, pareces conocer muy bien la terminología"

"Son cómodos para ir a la cama, y punto. Y no soy un paria. Sigo haciendo esgrima" añadió antes de que su amiga cambiara de tema. "¿Así que, Dinolandia?"

"Sip" su amiga estaba ocupada con el maquillaje.

"Con el tal... James, ¿eh?" Phoebe contuvo el aliento esperando la explosión.

"¿Por qué no? Yo quiero ir allí. Él quiere pasar tiempo conmigo" parece que no hubo gritoneo.

"Saliste con él ayer, ¿verdad?" Phoebe observó atenta sus reacciones por lo que continuó "¿y antier…?" en vista de sólo un segundo e insignificante encogimiento de hombros, sonrió "¿y el jueves también?"

"¿Hay alguna ley que lo prohíba? ¡Es un país libre!" Helga rugió, enderezándose.

Phoebe sonrió para sus adentros tanto por su éxito en sacarle información como en conseguir finalmente que la rubia explotara. Era increíble cómo estaba ya tan acostumbrada a esos arrebatos que se podría decir que ya le gustaban e incluso los echaba de menos cuando en los viejos días los encontraba agresivos y le infundían miedo.

"¿Es correcto entonces suponer entonces que has encontrado su compañía...mmm… agradable?" los ojos azules parecían un libro abierto; no estaba preparada para una confrontación tan directa tan pronto "¿Lo conozco?"

"No" ahora sus ojos se velaron inmediatamente.

"¿Hay algo que debería saber? Quiero decir, vas a un lugar público y considerando que casi todos nuestros amigos están en la ciudad… No me gusta ser sorprendida por gente que sabe cosas que yo no sé. No voy a ser otra vez la tonta que no sabe nada. Se supone que soy tu mejor amiga... Además, solías ser discreta, ¡pero Dinolandia!"

"¡Maldita seas!"

"¿Por qué tanto secreto?" Phoebe soltó. "Es obvio que te gusta el chico, ¿por qué...?"

"Él va a estar aquí sólo un par de semanas" Helga compartió a regañadientes mientras cerraba el tubo de rímel.

"¿De dónde es?" preguntó como si no le importara. Esa era la forma en que se podía sacar información de su discreta amiga. Phoebe actuaba como si se tratara algo trivial y Helga como si pensara en voz alta.

"D.C." afirmó, luego agregó: "de aquí… quiero decir... No" suspiró profundamente; de nuevo a regañadientes cedió "Él está de vacaciones. Viaja mucho por trabajo. Él es de aquí, pero últimamente vive en Washington, D.C."

"¿Lo acabas de conocer? ... ¿O lo conoces de antes?" leyendo su cara otra vez, preguntó: "¿Lo conozco yo?"

"No, ya te lo dije" ella se mordió el labio inferior "Lo conocí hace años. Bob... Bob y su papá se conocían. Ellos incluso..." ella vaciló "¡oh, qué importa!"

"¿Estabas con él por la mañana?"

"No" ella sonrió, alegrándose del cambio de tema. "Fui a las canchas con los chicos: Harold, Joey y yo contra Park, Brainy y Curly. ¿Puedes creerlo? ¡Ja! No me mires así; yo no armé los equipos. Por supuesto que los vencimos. Curly acabó llevándose el balón cuando vio el partido perdido. Otra vez. Ese chico tiene serios problemas"

"Pensé que eras su amiga, bastante cercana, a propósito" Su amiga se movió incómoda.

"¿Nada escapa a tu vista? ¿Quién eres? ¿El Gran Hermano? ¿Sauron? ¡Maldición, Phoebe! Sí, él es mi amigo. ¡Gran cosa! Pero de todos modos está loco. Aunque se porta bien últimamente"

Helga terminó de maquillarse, aunque a decir verdad, lucía muy natural. No llevaba ni base de sombra de ojos, sólo delineador y rímel en los ojos y brillo en los labios. Ni siquiera se puso rubor. Desenredó su pelo, luego lo retorció y lo ató de manera informal con un clip.

Phoebe sonrió para sus adentros al verla pasar para responder a Roger la había llamado para contestar el teléfono. Era obvio que la rubia no puso mucho esfuerzo en su arreglo. Estaba usando un vestido de segunda mano (no es que fuera obvio), escaso maquillaje y un clip que valientemente sostenía el peso de cincuenta centímetros de largos cabellos rubios. Sin embargo, el efecto era sorprendente. Helga era una mujer hermosa con su propio sello, a pesar de que insistiera en lo contrario.

Las ideas de Helga sobre su propia imagen eran generalmente pobres durante sus años escolares. Había sido una especie de patito feo cuando era niña y el comienzo de la adolescencia no había sido especialmente bueno para con ella, ya que le brotaron espinillas, padeció cara grasosa, usó frenos y lucía con orgullo su infame ceja de oruga. Los chicos siempre se estaban burlando de ella, como venganza por que los fastidiaba y por el hecho de que los venciera en casi todos los deportes que jugaban. Las chicas eran unas perras con ella, pero por lo general las mujeres no necesitaban una razón para ser cabronas unas con otras. La Vieja Betsy y los Cinco Vengadores estuvieron bastante ocupados en ese tiempo, y su propietaria en detención muy frecuentemente.

En algún momento alrededor de las vacaciones de octavo grado, sin embargo, Helga ya había alcanzado casi su estatura definitiva, así que ese verano la ropa que solía usar le quedaba corta. Sus shorts de hacer ejercicio y las falditas deportivas (que era lo que más usaba) apenas cubrían sus ya notables y torneadas piernas. Esto, unido a su torso delgado, curvas discretas, envidiable línea en hombros y cuello, piel lechosa y cabello dorado la convirtieron en alguien digna de observar, aunque sus rudos modales y esa ropa suelta no honraban como lucía.

Harold era especialmente desagradable y venenoso para con ella. Phoebe había sospechado que el chico podría estar enamorado de ella y que lo escondía detrás de su bullying, como lo hacía Helga con Arnold, pero nunca salió nada de eso. Sin embargo, tan pronto sus pies pisaron los pasillos de la Preparatoria, Harold perfeccionó su papel como su compadre. Phoebe no sabía de quien había sido la idea pero pronto supo que se habían prometido uno a otro acudir a todas las fiestas juntos, pero solo como amigos: Fiestas de Bienvenidas, Baile Formal de Invierno, Proms, etc.

Phoebe pensó en ese momento que era triste que sus amigos hicieran frente a sus problemas de autoestima de esa manera, pero resultó ser una manera ingeniosa para hacer frente a todo el estrés que tales acontecimientos provocan en los jóvenes. De esa manera evitaban la posibilidad de ser rechazados, de que nadie los invitara al baile o de terminar con citas decepcionantes. Helga y Harold eran, antes que nada, amigos. Ellos podrían coquetear, bailar o compartir su pareja sin sentimientos de molestia o culpa, (o como en el caso de Harold, atender a su novia en turno) confiando en que su compañero se llevara bien con el resto de los amigos en la fiesta y así, como punto final, tener una agradable experiencia.

Además, Harold había sido también el que casi arrastró a Helga para unirse al equipo de béisbol en segundo de prepa. Él había insistido al entrenador para que le diera una oportunidad en las pruebas de selección y al ver su potencial, el Sr. Johnson había luchado junto de ellos, alegando a los directivos que la escuela carecía de un equipo de softbol femenino equivalente y que no había nada en el reglamento en contra de que chicas jugaran en los equipos representativos en todo el distrito y que por lo tanto, debían permitirle unirse al equipo y jugar en la liga preparatoriana.

Helga era una jugadora habilidosa que tuvo que esforzarse el doble para convencer a todos: los directivos, profesores, compañeros y rivales y ganar su respeto. Incluso dejó el Club de Teatro, al que amaba, para no perderse las prácticas y los juegos. Como quiera mantuvo su lugar en Westies, el periódico escolar, donde todavía era apreciada por publicar noticias de dudosa credibilidad pero que atraían multitudes.

De alguna manera, la admiración que vino con su extraordinario papel como cátcher de los Gatos Salvajes (Wild Cats, los llamaré en adelante) y el éxito del equipo en la liga hizo maravillas para su autoestima. Empezó a aceptar más a la gente y ella misma a ser más amistosa, como si el hecho de estar rodeada principalmente de hombres lograra que resaltara su feminidad y mejorar, aunque sea un poco, su comportamiento. Ella comenzó a salir de nuevo a pesar de que no se consideraba bonita.

Para Helga, la palabra 'hermosa' iba para chicas como Olga, Rhonda, Lila y algunas otras de las chicas populares de la escuela, cuya belleza no podía ser negado por nadie; y 'bonita' iba para chicas lindas pero no eran avasalladoramente hermosas, como Phoebe o Nadine, pero eran hermosas en su estilo. Desde entonces y hasta ahora, ella no apreciaba su propia belleza. Phoebe razonaba que era porque a ella nunca se le dijo que era hermosa y debido a los patrones adquiridos desde muy niña. Ella nunca había entrado en el 'club de las bellas' y ahora, ella pensaba que cuando se arreglaba podía pasar por 'linda' o 'guapa' pero nunca por hermosa, lo que era una lástima. Desde el punto de vista de Phoebe, eran sus propias ideas las que estaban erradas.

Helga seguía abajo por lo que Phoebe pensó que ya era tiempo de irse. Eran las seis y cuarto. Hubiera deseado tener la oportunidad de sacarle más información acerca del chico, pero se estaba haciendo tarde y Helga era capaz de ponerla de patitas en la calle sin miramiento si para las seis y media seguía allí, por lo que un suspiro, tomó su bolso y se dirigió de mala gana a la puerta cuando el alerta de mensaje sonó en el celular de Helga.

Phoebe se detuvo en seco y retrocedió para tomar el teléfono. Ambas tenían permiso para checarse mutuamente los teléfonos, así que se presionó la tecla para iluminar la pantalla. 'Un nuevo mensaje' decía. Rhonda. Phoebe abrió y vio el mensaje de siete palabras '¿Estamos escondiéndonos? ¡Te híper odio, perra suertuda!

La confundida mirada de Phoebe seguía fija en la pantalla cuando su amiga volvió a entrar en la habitación y dejó el auricular de su extensión del teléfono de la casa en su base. Eran ya las seis y veinte. Helga se acercó al espejo para ver su imagen una vez más antes de tomar su pequeño bolso en forma de mochila y se volvió para mirarla. Levantó la ceja al ver a la morena con su teléfono.

"¿Qué?" gruñó.

"Ve por ti misma" le entregó el dispositivo "¿Hay algo que deba saber?" preguntó secamente.

Helga se quejó al leer el mensaje; luego maldijo a Rhonda y discutió con ella aunque la chica no estaba presente.

"¿Viste la foto?" Helga le preguntó, cautelosa.

"¿Qué foto?" Extendió el brazo para coger el teléfono, pero Helga lo alejó.

"Se te fue el avión. Perdiste tu oportunidad"

"Helga…"

"¡Grrrrr! Está bien, ya me atrapaste… ¡pero sólo porque ya es tarde y tú eres tú!" observó la pantalla del teléfono de nuevo antes de meterlo en el bolso. "Pero vas a prometer mantenerlo en secreto tanto tiempo como sea necesario. ¿Entendido?" Phoebe asintió divertida, lo que permitió a su amiga soltar la tan esperada información. "Es - James - Brighton - el - político- a -quien -voy -a- ver" soltó en una respiración y cerró los ojos.

"Helga, estás mascullando; no te entendí ni una palabra" Phoebe estaba empezando a enfadarse porque sabía que la prisa no le permitiría enterarse de todo lo que quería.

"James es James Brighton-Lewis. ¿Es eso lo que querías oírme decir? ¡Por Dios! ¡Es ese James! ¿De acuerdo?"

Phoebe parpadeó un par de veces por la información y por los gestos extravagantes de su amiga.

"¿Ese James?" ahora ella fue la que le hizo señas frenéticas la tarjeta sobre la mesa "¿El que está dirigiendo las campañas? ¿El hombre cuyas acciones están siendo analizadas en el escritorio de cada periodista político en el país?"

"Sheeesh, Phoebe. ¡Cálmate! ¡Y tú eres la tranquila…!" Helga se burló mientras se dirigía a las escaleras.

"¡Por Dios, Helga! El hombre es un político muy centrado y moderno. Nada de hablar por hablar o eludir temas candentes" exclamó mientras le posaba los talones a la rubia.

"Dime algo que no sepa"

"Es guapísimo y muy rico" Helga giró los ojos.

"Ídem"

"No puedo creer que no me lo dijiste antes. Por Dios Helga, ¿era tan difícil?"

"¿Por qué hacerlo público? Es decir, el chico se va en una semana más o menos. No quiero que todo el mundo luego diga "'Pensó que lo había pescado'. ¡Pfttt! ¡Como si me interesara!"

"¿No te interesa?" Preguntó con curiosidad, alcanzando el vestíbulo.

"Yo no quiero atraparlo" afirmó "No quiero ni necesito un novio. Él es… una especie de amigo. Sólo estoy pasando un buen rato" luego dudó "Bueno, eso planeaba, pero con Rhonda ahora enterada... ¡Dios! Tengo que llamar a la princesa Rhonda antes de que suelte la sopa"

"Déjamelo a mí. Ya es tarde. Yo la llamo"

"¿Segura?" los ojos de su amiga mostraban gratitud.

"Por supuesto. Yo le explico… pero eso no la detendrá para insistir luego" Helga se acercó al cuarto de TV para hablar con Roger por un minuto y luego regresó. "Helga" Phoebe comenzó "ese James... él... ¿qué edad tiene?" Phoebe mordió su labio inmediatamente.

"¿Tú también, Phoebe? ¡Pareces Bob!"

"Hey! Es una preocupación válida. Me alegro de que tu padre piense de esa manera" dijo a la defensiva.

"Yo puedo cuidar de mí misma; lo he estado haciendo desde siempre. Además, ¿cuál es el gran pendiente? James es demasiado notorio para ser del tipo abusivo. Tiene mucho que perder... y por otro lado" vaciló, mordiéndose el labio inferior "¿a qué le tienes miedo? ¿A que me enamoré? ¿A que termine con el corazón roto?" sonrió con tristeza "Sabes mejor que nadie, Phoebe que la posibilidad de que eso ocurra es mínima… y que de ser el caso, casi sería una bendición para mí"

Phoebe suspiró profundamente y sin decir palabra besó su mejilla como despedida. Ondeó su mano antes de llegar a la puerta y sonrió al salir. Tal vez Helga tenía razón. ¿Cuál podría ser la diferencia? Un corazón roto era un corazón roto y Helga era una experta en la materia y en efecto, para ella sería casi una bendición que se enamorara de otra persona.

¿Qué podía ser más peligroso? ¿Ser herido por un reconocido Don Juan o por un estudiante universitario de buen corazón? Phoebe se preguntó mientras miraba a ambos lados de la calle antes de cruzarla con el fin de doblar la esquina y tomar la calle que conducía a su casa. Al hacer esto, y después de haber caminado más una cuadra entera, volteó hacia atrás. Desde allí pudo ver el coche negro que estaba estacionado en frente de la casa de Helga. En la distancia, era fácil de discernir al yuppie que esperaba en la parte inferior de la escalera, aunque no su cara. También notó al sólido hombre calvo en posición de alerta a un par de metros de él y a otro fuera del coche, del lado del conductor, ambos vestidos con trajes oscuros.

Phoebe inhaló profundamente al recordar la atracción que ejercían sobre Helga este tipo de personas taimadas, del tipo de Ronnie Matthews. Esperaba que este político al menos fuera bien intencionado por el bien de su mejor amiga.


N / A: No poseo ningún derecho sobre Hey Arnold! Craig Bartlett y Viacom los tienen.

No poseo ninguna otra marca registrada mencionada aquí o el resto de la historia, sólo la trama y los personajes originales.

No soy poeta, sólo hice el intento. Ligeramente basados en canciones conocidas en español.

Les agradezco a todos los lectores y a los que tienen esta historia entre sus favoritas pero principalmente a los que dejan Reviews. Gracias por tomarse un minuto para hacerme saber que les parece.

Un detalle: los capítulos que vienen están cada vez más largos. Estarán rondando las diez mil palabras y algunos las superaran. En Inglés publiqué el capítulo de Curly de 12 mil palabras dividido en tres partes (Cap. 15, 16 y 17) y el de Phoebe, de similar longitud, en uno sólo (creo que es el 24). Me gustaría saber si les gusta leerlos aunque estén tan largos o les gustaría que los dividiera. Aunque personalmente me gustaría mantener el mismo formato que en inglés. Espero sus comentarios.

Fecha de publicación original probablemente Mayo de 2011.

Publicado aquí el 13 de diciembre de 2012.