Hey!
Sigo viva, con poca actividad, pero viva. La verdad es que se me había olvidado la contraseña de la cuenta y apenas la recuperé ;w;9
Capítulo 8! Gracias a quienes siguen esta historia. Hoy veremos un poco más de nuestros misteriosos nuevos personajes, tanto su nombre como su personalidad. (Advierto que al menos yo los amo :3) En fin, los dejo leer.
Advertencia:
Éste capítulo en especifico está algo subido de tono y hay escenas levemente yuri (chicaXchica) y algo perver.
– Si que eres torpe… –el pequeño se agacha a ver a su amiga, tendida sobre el suelo.
Ella levanta la cabeza con una sonrisa avergonzada y rasca su coronilla. Se pone de pie y sacude su ropa llena de tierra.
– No puedo evitarlo… –dice sonriendo– aun no desenredo mis pies.
Él le sonríe y niega con la cabeza; vencido.
– No tienes remedio… Akemi.
No puedo asegurarlo, pero he visto a estas personas antes. Lo sentí en ese momento. Pero la gran mancha que opaca mi memoria era muy persistente y se decidió a dejarme la incertidumbre hasta que me quemase la piel. Él y ella, eran tan parecidos y al mismo tiempo se notaba su contraste. La familiaridad que tenían hacia que mi pecho doliera y las lágrimas me amenazaran con huir de mis ojos.
– ¿Quiénes son ustedes? –cuestionó Zusuki apretando la mandíbula y terminando con el silencio que nos había rodeado. Lamentablemente no fue suficiente para sacarme de mi ensimismamiento.
Me convertí en una simple espectadora petrificada, como las estatuas que hay en los castillos de antaño. Atada por las sensaciones que en realidad ya no recordaba.
– ¿Importa acaso? –preguntó el chico sin cambiar su expresión, aunque su aspecto le hacía ver mayor, el tono de su voz delataba que debía estar en un rango cercano a nuestra edad. – ¿Qué hay si no nos volvemos a ver en nuestra inútil existencia? ¿De qué servirá, entonces, el conocernos?
– Perdónenlo, –sonrió la chica algo avergonzada mientras colgaba la granada de su cinturón y jalaba la manga del chico– A veces Akio es algo aguafiestas.
Él giró la cabeza contrariado y con una expresión horrorizada.
– ¡Te dije que no mencionaras nuestros nombres! ¿Qué caso tiene lo que dije entonces? –Exclamó con el ceño fruncido– ¡Realmente eres una tonta Kuromi!
– Pero… tú acabas de hacer lo mismo. –repuso ella.
Él guardó silencio, meditando sobre su acción.
Y así se rompió el encanto de una entrada sorpresiva. Todo lo que pudieron haber planeado perdió su lustre en ese momento. Y estoy segura de que tanto Zusuki como yo teníamos la misma expresión de desconcierto.
El sentimiento que me ataba a un estado de shock desapareció y me permitió llegar al lado de Zusuki mientras el chico, Akio, se daba de topes contra la pared, al menos internamente.
– ¿Segura que fueron ellos quienes hicieron esto? –pregunté poco convencida. Si, el tipo parecía tener mil bolsillos llenos de objetos punzocortantes y/o explosivos, pero definitivamente apenas era un adolescente.
Bueno, nosotros también lo éramos, así que no hay mucho que pueda decir.
– Puede que no lo parezca pero sí, –confirmó Zusuki entornando los ojos, como cuando trata de hacer que algo se mueva. – Tiene lógica haber usado una granada, la línea de un detonante hubiera delatado su ubicación.
– Saben, es de mala educación cuchichear solo entre ustedes –dijo una voz a nuestras espaldas.
Giré la cabeza y pude ver a la chica con una sonrisa de oreja a oreja, un tanto maliciosa si puedo decirlo. Aunque fue un breve instante, conseguí ver como el color de la sangre teñía su iris. Incluso para la persona más veloz del mundo, recorrer la distancia que nos separaba y sin que alguien con un sexto sentido tan afilado como Zusuki pudiera verlo venir, era imposible.
En realidad, era casi tan imposible como viajar en el tiempo.
– ¿Qué tal una carrera? –Sonrió– De ojos rojos a ojos rojos.
Sus ojos serpentinos cambiaron una vez más de color y se desvaneció delante de nosotras.
– Por aquí –gritó a nuestra espalda.
Para cuando Zusuki y yo nos dimos vuelta la chica ya estaba al lado de su compañero con su sonrisa de satisfacción aun latente.
– Ellos… –conseguí decir con un hilo de voz.
– Son como…
–Les propongo algo, ya que mi compañera aquí presente abrió la boca –dijo el chico con una sonrisa mientras posaba su mano sobre la cabeza de la chica– si consiguen atrapar a uno de nosotros cooperaremos con lo que quieran saber. ¿Qué dicen?
– ¿Qué opinas, Zusuki…?
Mi amiga borró su expresión sorprendida y la cambió por la típica sonrisa que mostraba cada que tenía un reto delante de ella.
– Supongo que podemos tomar esta oportunidad –dijo.
Asentí por lo bajo en un vano intento de no perderlos de vista. Podía notar lo confiados que estaban, pero al mismo tiempo me parecía que ocultaban algo o había una cosa que desearan decir. Como si estuvieran guardándose una frase entera.
La chica sonrió como lo hubiera hecho una niña pequeña, en el júbilo de que alguien juega con ella.
– No podrán alcanzarme –exclamó mientras echaba a correr por uno de los destruidos pasillos. Zusuki tuvo un tiempo de reacción menor que el mío y salió en busca de la chica, dejándome a mí con el chico.
– ¿Y bien? Akemi –llamó él. Pude notar que el también tenía ojos serpentinos, del tipo que te atraviesa como si fueras de cristal.
Y de cierta manera, esa sensación ya me resultaba familiar.
Tensé los músculos y apreté la mandíbula en un ridículo intento de ocultar la sorpresa del conocimiento de mi nombre. Fue cuando me di cuenta de que en realidad no se trataba de una idea provocada por mi mente y la imaginación. Esas personas, o por lo menos él, me conocían de algún lado. Y por ende, yo debería de conocerlos a ellos. Saber eso y aun así olvidar el importante dato es una sensación muy mala, peor que el hambre.
– ¿Qué harás, ahora que ya me has visto? –prosiguió con un tono de voz neutral y expectante, similar al que usan los maestros cuando te preguntan de nuevo cual es la respuesta a un problema.
¿Qué esperaba él que yo hiciera?
Di un paso adelante, en una intención de iniciar una carrera en su búsqueda, eso en caso de que quisiera huir. Suspiró y negó con la cabeza; vencido.
– No te mentiré, ya me imaginaba que harías eso –acorde a mis pasos, él retrocedió– aunque de verdad quería que tu reacción fuera otra.
Y dicho esto emprendió su carrera por otro pasillo conmigo pisándole los talones. A mi espalda el arma de fuego golpeaba con cada paso.
– ¿Por… porque sabes mi nombre? –jadee tratando de no perderle la pista.
– ¿Por qué no sabes tú el mío? –contraataco.
Y con eso aumentó mi malestar. Esta insaciable hambre de recordar.
Nota de la autora: ¡Hola! Esta parte la voy a narrar en tercera persona porque estaríamos siguiendo a Zusuki y a la chica serpiente, y ya comprobé que cuando escribo desde el punto de vista de Zusuki es una batalla infernal que al final me lleva un mes o poco más. A la chica serpiente aun no la conocemos bien, así que queda descartada en esta ocasión. Gracias por su paciencia. ~A
Contrario a lo que Zusuki había pensado la chica serpiente no desapareció. Por lo menos no al principio. La siguió por unan serie de senderos que anteriormente debían de haber sido los pasillos del lugar. Durante la carrera en más de una ocasión volcó escombros con la intención de detenerle el paso a la chica, obstáculos que la misma evitaba haciendo uso de su aparente habilidad.
Así como ella le había dicho, era realmente una carrera de ojos rojos a ojos rojos. "Aunque fácilmente podría retenerla a ella misma" pensó Zusuki mientras volcaba su mente a la tarea. Sin embargo, al igual que con los obstáculos la chica fácilmente escapó de su agarre.
– Escurridiza… justo como una serpiente –susurró Zusuki para sí misma para luego alzar la cabeza de vuelta a su objetivo. – ¿Por qué una granada?
La chica giró la cabeza por sobre su hombro y sonrió.
– ¡Mi nombre es Kuromi, rubia, no "serpiente"! –le gritó ganando algo de ventaja al dar una vuelta brusca.
Cuando Zusuki viró de la misma manera se dio cuenta algo tarde de que había seguido a Kuromi hasta un callejón sin salida; donde, dicho sea de paso, su presa no se encontraba.
Durante un par de segundos Zusuki dio vueltas sobre su propio eje, con los ojos bien abiertos y las terminales nerviosas activas. Sin embargo, no había lugar donde se hubiera podido esconder, y aquí las paredes eran demasiado altas como para escalarlas tan rápido.
– Y en cuanto a lo de la granada… –susurró una voz a su espalda, en su oído. Un par de manos finas se posaron sobre sus hombros tan de repente que no pudo evitar estremecerse. –De haber usado un detonador, hubiera delatado nuestra ubicación ¿no te parece?
Zusuki trató de dar una respuesta rápida dándose la vuelta, pero solo alcanzó a verla por unos milisegundos, antes de desaparecer.
– Por aquí –llamó Kuromi con una voz cantarina. Zusuki nuevamente giró su cabeza, ahora para ver a la chica sentada sobre unos escombros con una expresión bastante relajada.
Apenas dio un paso en su dirección desapareció de nuevo. Y tomó apenas unos segundos antes de sentir una respiración ligera, algo húmeda, en su cuello.
– ¿Por qué llevas esto…? –Kuromi estiró una de sus manos al muslo de Zusuki, donde en una funda descansaba una pistola, provocando un sobresalto en ésta. Con un siseo retiró el arma de su sitio de descanso– ¿…aquí?
– ¡Aléjate! –exclamó Zusuki dando un salto atrás. Aunque leve, casi le parecía sentir que el calor acudía a sus mejillas.
Kuromi se encogió de hombros, aun con el recién adquirido revolver en la mano. Su sonrisa seguía sin desaparecer, pero ahora se había deformado a una más… maliciosa.
– ¿Te afecta? –sonrió ella dando vueltas a su nueva arma.
"Solo se burla de ti" se dijo Zusuki mentalmente, aun así eso no quitaba el hecho de la comenzaba a sacar de sus cábeles. Esa escurridiza serpiente iba de un lado al otro, y solo con sus nervios sensitivos en alerta podía seguir el ritmo de sus desapariciones. Lamentablemente, de este modo era aun más susceptible a…
Sin verlo venir, Zusuki percibió en el lóbulo de la oreja un roce cálido y húmedo. Por el rabillo del ojo pudo comprobar cómo Kuromi retiraba su lengua de su oído, no sin antes mostrar una sonrisa y miradas libres de remordimientos, tan traviesa como provocativa. Y si antes consideraba que tenía un parecido extraordinario a una serpiente, lo delgado y largo de su lengua no hicieron más que reforzar ese pensamiento.
– Parece que no estás muy concentrada… ¿verdad? –siseó mientras deslizaba sus manos por la cintura de Zusuki.
– Te… te dije que te alejes –balbuceó Zusuki mientras hacía que un trozo de escombro se dirigiera en dirección de la cabeza de Kuromi.
– Si me alejo, no conseguirás atraparme –ahora Kuromi estaba justo delante de ella; mucho más cerca que antes.
La diferencia de alturas no era tan grande, siendo Zusuki la más alta, pero esto le permitía a Kuromi aprovecharse de los pocos puntos ciegos de su oponente. De una manera que atacaba al mismo tiempo su seguridad mental. Kuromi rodeó a Zusuki con sus brazos y de una manera tortuosamente lenta deslizó sus manos por su espalda, cerca de su columna vertebral. Las terminales nerviosas hicieron su trabajo espléndidamente, enviando una serie de corrientes eléctricas a cada poro de la piel de Zusuki. Los colores en su rostro ahora eran evidentes.
Zusuki dio un paso hacia atrás. Pero ya era tarde. Kuromi había encontrado un modo d ganar, y si lo hacía jugando ese tipo de juego… ¡Que aproveche!
– ¿Ves como si vas en mi busca? –a su espalda Kuromi volvió a sisear. Apegó su propio cuerpo al de Zusuki y cruzó sus manos hacia el frente, alcanzando tocar un par de secciones sensibles en el torso de la misma. Zusuki se dio media vuelta, lista para encarar a la nada.
– Aquí –llamó Kuromi desde algún punto en su espalda.
A pesar de que algo en su mente le decía que no lo hiciera, inútilmente Zusuki se dio la vuelta.
–Ah no… –otra vez el siseo estaba a su espalda, cerca de su oído. En esta ocasión Kuromi deslizó su lengua por el cuello de Zusuki– estoy por aquí.
Kuromi se desvaneció para aparecer delante de Zusuki, con una de sus manos tomó su mentón y lo ubicó en su dirección.
– ¿Quieres seguir jugando? –Siseó mientras acercaba sus rostros, hasta quedar a pocos centímetros la una de la otra– ¿Aun piensas que me darás alcance?
Y tras pasar su lengua por sobre sus labios la separación entre ellas quedó anulada. Otra corriente eléctrica recorrió el cuerpo de Zusuki hasta sus puntas. Lo que pensaba cada una… lo dejaré a su imaginación.
– Esa era mi intención –susurró contra su rostro y, haciendo provecho de su proximidad, Zusuki encadenó a Kuromi a una estructura de metal cercana, aparentemente impidiéndole el escape.
Kuromi levantó sus manos encadenadas y bajó la vista a su cintura, también aprisionada. Se encogió de hombros y suspiró resignada.
– Vaya, con que has volteado la jugada –dijo mientras se tumbaba en el suelo y hacía un puchero, tal y como lo habría hecho una niña pequeña. –No es justo…
"¿Qué clase de loca me tocó perseguir?" se preguntó Zusuki para sus adentros. Agitó la cabeza como si con ello consiguiera eliminar todo tipo de duda, debilidad y sensaciones delatoras.
– Ahora, vas a responderme algunas preguntas… –dijo Zusuki mientras se ponía en cunclillas frente a su cautiva contrincante cuya sonrisa aun no era borrada. – Pero antes deja de hacer eso…
Kuromi dejó de imitar un beso al aire y sonrió de lado. Zusuki solo frunció el ceño.
– Pero… ¡No estudié para el examen! ¿No habrá algún modo de que usted, profesora, pueda darme puntos… extras? –El cuerpo de Kuromi adoptó una postura bastante sugerente, antes de que ésta estallara en carcajadas– ¡Vamos rubia! Si no quitas esa cara tendrás arrugas antes de tiempo.
"Solo juega contigo, solo juega contigo, solo juega contigo" esa especie de mantra en la mente de Zusuki impedía a la misma concentrarse en lo importante.
– ¿Por qué hicieron esto? –preguntó con un tono bastante forzado. Kuromi inclinó la cabeza hacia un lado.
– Por qué… ¿por qué habrá sido…? –meditó.
– ¡No juegues conmigo!
– Venga, no te enojes –sonrió Kuromi mientras estiraba un dedo y presionaba un punto medio en el pecho de Zusuki, quien se hizo un paso hacia atrás con las mejillas encendidas. – Si lo hicimos, es porque el dichoso dueño nos ha estado causando problemas.
– ¿Sloan? –Cuestionó– ¿Qué clase de problemas como para hacerle algo así?
Kuromi retiró su dedo de la humanidad de Zusuki y lo mantuvo en alto.
– Algunas cosas no las puedo decir. –Sonrió– Y estoy segura de que esa no era tu única pregunta. Mejor dicho, esa no era la más importante.
"Astuta", pensó Zusuki.
– No te escaparás. Pero, si. Esas armas, ¿De dónde las sacaron? –preguntó manteniendo una seriedad impecable.
Kuromi guardó silencio unos minutos antes de sonreír sorprendida.
– ¿Nuestro arsenal? ¿Eso es lo que te preocupa? –ganas de reír no le faltaron, con lagrimas y todo. Una risa sincera. Pero al final decidió tragarse la gracia del asunto.
– No tanto el arsenal en sí. Sino su procedencia. –prosiguió Zusuki, tomando el mentón de Kuromi de manera brusca, obligándola a alzar la vista. – Te lo repito. ¿De dónde las sacaron?
– ¿Ahora eres la "S"[1]? –Kuromi rió por lo bajo– No lo sé. Akio es el que se encarga de traerlas, aunque no las usamos demasiado, por lo que hace ya tiempo de su adquisición.
Zusuki dio mayor fuerza a su agarre.
– Ya te dije que no lo sé, demonios. –Kuromi alzó la cara, librándose del agarre– un tal Tsuka, o algo así.
Zusuki dejó caer su mano y se dedicó a observar a Kuromi en silencio.
– ¿Qué?
– Ya te lo dije –siseó Kuromi– ¿Qué acaso nuestro juego ya no es divertido?
"Ese pedazo de imbécil…" musitó Zusuki en voz baja impidiendo que la persona delante de ella la escuchara.
–Oye… –siseó de nuevo Kuromi; habiendo estirado sus ataduras al máximo, consiguió quedar cerca del oído. Haciendo uso de su lengua trajo de vuelta a Zusuki al juego. – Estas cosas son incomodas…
Kuromi apegó su cuerpo al de Zusuki y se removió contra ella, fingiendo incomodidad. Las cadenas tintinearon al roce. Zusuki soltó un suspiro, más parecido a un jadeo, para luego manejar las cadenas de tal forma que dejaron a Kuromi contra la pared.
Kuromi, pensando que aun podría entretenerse un poco más, soltó un gemido al apretarse las cadenas; dejando a Zusuki confundida y un tanto desubicada de la situación actual.
– ¿A caso eres masoquista? –masculló.
–No sé, tú dime –nuevamente inclinó la cabeza y sonrió maliciosamente.
Zusuki la miró en silencio unos minutos. En parte tentada a golpearla, en parte tentada a extraer alguna prenda. Ambas opciones tenían sus pros y sus contras. Y ambas resultaban igualmente satisfactorias.
Aunque ya el malestar inicial que ese "juego" le causaba había pasado, Zusuki desechó todo idea que propiciara su continuación. Había ganado, o por lo menos así lo consideraba ella. Se puso de pie y le dio la espalda a Kuromi, dispuesta a llamar a Akemi para ver su avance.
– Lindo trasero –siseó Kuromi a su espalda.
Zusuki giró la cabeza por sobre su hombro para fulminarla con la mirada. Kuromi solo sonrió más abiertamente.
– Si eso es todo lo que querías de mí… –con esto Kuromi desapareció, dejando detrás sus ataduras. Zusuki abrió mucho los ojos. ¡Todo ese tiempo había podido librarse!
Kuromi reapareció detrás de ella. Con paso sigiloso apegó su cuerpo al de Zusuki por la espalda y cruzó sus manos por sobre sus pechos. Mordió con una tortuosa lentitud su cuello.
– Entonces me marcho, me necesitan en otro lado –susurró contra su oído– Gracias por decirme que querías de nosotros, volveré a jugar luego.
Y dicho esto se desvaneció. Por lo menos de ese lugar.
AKEMI
Me conocían.
Por lo menos él me conocía.
El sentimiento, el miedo y la desesperación de haber olvidado a alguien me dominaron. Y me sentí una basura.
Aunque Akio, que era como se llamaba el chico al que perseguía en ese momento, no me dio ningún tipo de pista sobre de qué o como me conocía; mucho menos el tipo de relación que pudimos haber llevado en el pasado. Eso me daba un amplio margen imaginativo. Un doloroso y amplio, margen imaginativo.
¿Habíamos sido amigos? ¿Qué tanto tiempo nos conocimos? Si éramos amigos… ¿Por qué dejé de verlos, como para tener oportunidad de olvidarlos? O nuestro tiempo había sido tan corto que fácilmente los olvidé y entonces les traté como desconocidos la siguiente vez que nos vimos.
Desee poder alejar todos esos pensamientos y concentrarme en mi tarea; darle alcance. El terreno era irregular, múltiples agujeros y escombros bloqueaban el camino. Y mi ventaja se acortaba cuando a mi objetivo se le ocurría que era buena idea dar una vuelta inesperada o lanzarme algún cuchillo.
– ¿¡Qué acaso eres un alfiletero o algo así!? –gritaba entonces, porque realmente había perdido la cuenta de sus ataques. Pero, al igual que con todo tipo de pregunta que le hacía referente a nuestro mutuo conocimiento, simplemente esbozaba una sonrisa sin detener su carrera.
¿Qué tan grande era el área afectada por su ataque? Sentía que ya habíamos recorrido por lo menos un kilómetro de galerías y pasillos destruidos. Pero seguramente íbamos en círculos, o por lo menos eso esperaba.
– ¿Es que acaso nunca te cansas? –jadee cuando íbamos entrando a una galería, probablemente debía haber sido una sala de espera.
Él detuvo sus pasos un poco, pero permaneció a varios metros, y efectivamente no se veía cansado. Parecía listo para reemprender su carrera apenas viera que yo realizaba algún movimiento.
– Digamos que… no me molesta correr. –Contestó por fin– Cosa de familia, supongo. Aunque bueno, eso tú deberías saberlo.
– ¡Deja de decirme qué debería saber! –grité exasperada. Él era casi igual de irritante que Shane.
– ¿No piensas usar eso? –preguntó señalando mi rifle y, definitivamente, ignorando mi comentario.
Lo medité un momento, y es que realmente no lo había pensado. Fácilmente podría disparar a su pie o su pantorrilla, inmovilizándolo. Aunque analizándolo, para ello debería detenerme y apuntar, Zusuki se había llevado el revólver.
– ¿Qué? ¿No eres capaz, Akemi? –sonrió él. Y odié infinitamente esa sonrisa altanera.
– No me tientes. –gruñí por lo bajo. Seguramente el modo en el que lo miraba era similar o igual a la mirada de un perro rabioso.
Él se estiró y se posicionó con la intención de volver a correr. Sin que lo notase tomé una piedra del suelo, aun sin despegar mi ceño fruncido de él.
– ¿Sabes? Me agradabas más cuando eras una encantadora niña torpe –siseó antes de emprender su carrera.
Sentí mi sangre arder, deseosa de recordar, cuando lancé la piedra en su dirección y me lancé tras él. En cambio la piedra solo rozó por un lado su cabeza, ya fuera porque la esquivó o por una pésima puntería de mi parte. Era probable, olvidé que para tener buena puntería debía tener la cabeza fría y centrada.
– Bueno, tal vez aun eres algo torpe. –se burló.
Esta vez el camino que tomamos fue algo diferente. La cantidad de curvas aumentó, pero aun así pude reconocer que era una línea que tenía un inicio y un fin. En esta ocasión Akio se preocupó más por seguir un camino concreto que por lanzarme navajas.
Tras dar la vuelta en un recodo llegamos a un callejón sin salida. Bueno, sí que tenía salida, pero era una caída de por lo menos 7 metros. Fue aquí donde se detuvo finalmente y me encaró.
Fue ahí donde noté que en realidad sus ojos no eran precisamente rojos, si no un color similar al cobre.
– Final del camino –dije, ahora si apoyando mi mano en mi rifle, lista para ponerlo en posición de ataque.
Él sonrió de lado. La confianza emanaba por cada poro de su cuerpo.
– Lo mismo digo, vieja amiga.
No bien había terminado la frase la chica que antes lo acompañaba apareció a su lado. Le sujetó el brazo y ambos desaparecieron sin dejar rastro.
[1] Sádica ~A.
