Bella POV—Catorce
"Edward!" llamé. Estábamos en la escuela y era un frío día de invierno, el último día antes de las vacaciones de invierno. Él estaba unos pasos delante de mí pero cuando lo llamé se volteó y sonrió, esperando a que lo alcance. Me apuré para llegar a su lado.
"Hey Bells," él dijo flojamente. Le sonreí. "Cómo esta mi chica favorita?"
"Estoy increíble," dije con una tonta sonrisa. "Todd me invitó a salir y le dije que si." Edward rodó sus ojos. Jacob y yo habíamos terminado unas semanas después de su cumpleaños y desde entonces había estado saliendo con chicos por lo menos cada semana.
"Otro de los chicos de juguete de Bella," él comentó.
"Te cuentas a ti mismo en esa categoría?" bromeé.
"Oh si. Pero soy tu chico de juguete favorito, ya que no de deshaces de mi cuando te aburres," replicó con una sonrisa. Le saqué la lengua.
"Como ya te dije un millón de veces. Estoy buscando al chico indicado. Y todos los chicos con los que he salido están muy lejos de ser el indicado" expliqué sinceramente.
"Puede que este más cerca de lo que piensas Bella," dijo seriamente.
"Y tu chica indicada puede estar más cerca de lo que piensas. Si me dijeras quien es quizás te podría ayudar. Digo honestamente, ninguna chica es lo suficientemente fuerte como para resistirse a ti," dije. Este comentario antes me hubiera avergonzado, pero estaba tan cómoda con Edward, que no me importaron todos los cumplidos que le hice. Él se lo merecía.
"Tú pareces resistirte a mi," dijo secamente. Yo me reí.
"Oh no. De hecho soy como Alice. Sra. Isabella Marie Cullen esta escrito por todo mi diario," bromeé. Él sonrió, sus ojos brillando levemente. "Y no creas que puedes cambiar de tema tan fácilmente. Necesitas una novia Edward."
"No necesito novia Bella. Tú solo quieres que tenga una para que tengamos una cita doble," replicó, su tono frío.
"Quizás" admití tímidamente. "Vamos Edward. Eres guapísimo. Un hombre de dulce total. Puedes tener a cualquier chica que desees" hice unos ojos de perrito, mis labios comenzaron a hacer un puchero.
"No cualquier chica," él negó calladamente.
"Quién?" pregunté curiosamente. Me miró, como si se hubiera olvidado que estaba ahí, o como si no me diera cuenta de lo obvio.
"Nadie," dijo rápidamente. "Y quizás no estoy interesado en ninguna de las chicas del pueblo."
"Edward cómo es posible?" lloriqueé. "Tienes a tantas para escoger."
"No realmente, Bella. Déjalo." Me mando una mirada seria y yo suspiré ruidosamente.
"Bien. Si no quieres enriquecer tu vida con alguna chica linda," comencé, pero me calló con una mirada de advertencia. "Entonces qué estas planeando hacer con tu tiempo estas vacaciones?"
"No lo se. Salir con mis amigos," dijo, en tono obvio.
"Si pero que si todos tus amigos están ocupados?" persistí.
"Entonces me quedaré en casa solo y tocaré el piano," anunció.
"Suena como un tiempo maravilloso," dije sarcásticamente.
"Mejor que escucharte hablar por horas sobre chicos guapos," dijo de golpe. "Dios Bella, algunas veces ni siquiera se quien eres." Sus ojos miraron a sus pies mientras decía esto. Me congelé y él también lo hizo. Los pasillos estaban vacíos ya que casi todos se habían ido a sus casas por el día.
"Sigo siendo yo,"dije seriamente. "Sigo siendo Bella."
"La Bella que yo conocía no salía con todos los chicos de la escuela," replicó suavemente. "Yo solía ser el único chico en la vida de esa Bella."
"Edward…" dije despacio. "Estas celoso? De que no pase mucho tiempo contigo?"
"Quizás…" me miró antes de mirar nuevamente a sus zapatos.
"Edward. Solo porque tenga citas algunas veces no significa que me haya olvidado de ti. Quizás no seas el único chico en mi vida pero siempre serás el más importante ok?" dije gentilmente. Me miró. No estaba acostumbrada a ver a Edward tan serio y vulnerable. Era como si me estuviera mostrando una parte secreta de él y me gustaba.
"Ok," dijo con una cálida sonrisa.
"Después de todo es lo que las parejas casadas hacen," bromeé. Me miró, confundido. "Todavía cuento la boda que Alice nos organizó en primer grado. Digo, si me quiero casar con otro chico, tenemos que hacer los trámites del divorcio," bromeé. Él se rió, recordando.
"Así que me estas engañando?" preguntó en tono de fingido ultraje.
"Oh cariño lo lamento tanto! Tú ya no satisfacías todas mis necesidades y me dejabas en casa todos los días con nuestros doce hijos," dije, con mi cabeza en mis manos y fingiendo llorar.
"Doce hijos?" Edward preguntó sorprendido.
"Sip. Verás, estábamos teniendo problemas para que me embarazará así que fuimos con un medico y nos recomendó un procedimiento para que me embarazará y tuve a seis al mismo tiempo,"respondí calmadamente. Él rió de mi tono serio. "Entonces decidimos que queríamos uno mas pero terminamos con otros seis."
"Oh ya veo. Supongo que seis es nuestro número de la suerte," replicó, todavía riendo.
"Sip. Por eso es que tenemos seis perros también." Me reí con él, satisfecha de al menos haberlo animado.
"Así que todos los días me voy mientras tú te quedas en casa con nuestros doce hijos y seis perros?" preguntó curiosamente. Lo pensé por un minuto.
"Trabajas como recolector de basura," respondí.
"Lindo. Eso es lo que piensas que seré," dijo secamente, sus ojos vivos por la risa.
"Es un pensamiento positivo" le piqué.
"Así que soy un recolector de basura, tú eres un ama de casa y tenemos doce hijos y seis perros?" preguntó y yo asentí. "Y donde vivimos?"
"Vivimos en una mansión en Beverly Hills," repliqué.
"Con mi salario de recolector de basura?" preguntó, su cuerpo temblando por la risa mientras sus cejas se levantaban.
"No! Tus padres pagaron por ella mientras nosotros prometimos mantener alejados de ellos a nuestros doce pequeños diablillos," repliqué.
"Suena como que tenemos una familia disfuncional," notó. Yo asentí.
"Bueno somos tú y yo," le recordé. "Pero todos nuestros hijos son ridículamente guapos. Lo heredaron de su papi." Le di gentilmente con la cadera.
"No yo creo que lo heredaron de su mami," replicó, golpeándome con su cadera en realización. Me sonrojé, sonriendo, complacida conmigo misma.
"Creo que debemos ir a casa. Navidad es en dos días y no he terminado de hacer las compras," dije, sacudiendo la cabeza.
"Espero recibir algo bueno," dijo, su cara tornándose seria, una chispa de risa brillando en sus ojos.
"Lo amaras," prometí. Le había conseguido un nuevo colector de CD's de grandes éxitos de todos los tiempos. Era caro y me tomó muchos meses de ahorro para poder comprarlo. Pero sería perfecto para Edward. "Y mi regalo también debe ser bueno."
"Oh
lo es," dijo instantáneamente. Caminamos hacía el exterior,
alzando nuestras capuchas mientras íbamos al auto de Emmett. Recién
había obtenido su licencia y yo todavía estaba nerviosa de ir con
él, especialmente en ese jeep tan monstruoso y la velocidad a la que
iba. Edward y yo nos sentamos en el asiento trasero son Alice y
Jasper y yo estaba en medio de Alice y Edward.
"Lindo de su parte el unírsenos," Emmett dijo, su voz molesta. "Qué estaban haciendo ustedes en el armario de las escobas?" pregunto juguetonamente.
"No, ya tenemos doce hijos, creo que ya estamos bien,"respondí flojamente. Todos nos miraron a mí y a Edward y Edward comenzó a reír, lo que ocasiono que me riera también. Rosalie rodó los ojos.
"Están tan enamorados" murmuró. Decidí ignorar el comentario. Alice y Rosalie estaban diciendo constantemente que Edward estaba enamorado de mí pero que yo estaba demasiado ciega como para verlo. Y yo estaba diciendo constantemente que Edward y yo solo éramos amigos y que él me quería como a una hermana. Tomé su mano en la mía y la apreté suavemente. Él sonrió con su sonrisa de lado, sin dejar mi mano.
"Despierta Bella! Es Navidad!" pequeñas manos me sacudían gentilmente. Rodé a un lado para ver a Alice parada a mi lado, sosteniendo una caja en sus manos. "Feliz Navidad Bella!" cantó. Mire al reloj y gruñí.
"Alice," suspiré. "Son las ocho de la mañana. Déjame dormir"
"No. Tú y Charlie van a ir a mi casa para abrir regalos así que levanta tu trasero. Traje el mío porque pensé que te gustaría usarlo." Me sonrió, sosteniendo la caja como evidencia.
"Ropa Alice?" lloriqueé.
"Eso fue lo que me diste" replica defensivamente. Era verdad. Le había regalado un vestido de una de sus tiendas favoritas. "Solo ábrelo." Suspire y me senté en la cama. Ella me dio la caja. Ella ya estaba vestida y lista. La abrí para encontrar un vestido suéter blanco de cachemira, un par de leggings negros y un par de flats blancos de Chanel. Todo junto daba como resultado un conjunto muy caro.
"Es muy lindo Alice. Pero es demasiado" dije. "Al menos llévate algo."
"Oh no," dijo instantáneamente. "Es un regalo Bella. Lo tomas y lo usas o me pondrás triste." Para probar su punto, su cara hizo un perfecto puchero. Yo suspire.
"Bien." Ella gritó y aplaudió con alegría. Fui al baño y me bañe rápidamente antes de vestirme. Cuando regrese a mi cuarto, vi que Alice había convertido mi escritorio en un salón. Productos para el cabello y maquillaje se encontraban en todas partes.
"Alice, por qué insistes en torturarme?" pregunté.
"Estos son tuyos," anunció, sosteniendo su mano al frente como si estuviera presentando un premio de un show.
"De mi." me volteé y vi a Rosalie, luciendo perfecta y sonriendo.
"Es demasiado chicas," murmuré patéticamente.
"Te ves linda," Rosalie dijo, ignorándome completamente. "Y te versa mejor cuando terminemos tu cabello y maquillaje."
"Por qué me tengo que vestir bien si solo voy con los Cullen? Digo, no es como si tratara de impresionar a alguien,"dije.
"Excepto Edward," Alice dijo. Yo sacudí la cabeza.
"Chicas solo-" comencé.
"Somos amigos" terminaron en unísono, rodando los ojos.
"Exacto." Alice me sentó en la silla de mi escritorio y comenzó a secarme el cabello con la secadora mientras lo alaciaba. Rosalie comenzó a atacar mi cara con múltiples objetos de tortura conocidos como delineador, mascara y gloss. Después de media hora, anunciaron que habían terminado.
"Te ves tan linda Bella. Mucho mas mayor para alguien de catorce," Alice borboteó.
"Hicimos un buen trabajo," Rosalie estuvo de acuerdo.
"Ahora nos podemos ir a tu casa?" lloriqueé, mirando al reloj. Eran casi las diez. Alice asintió. Me puse los flats de Chanel y las tres bajamos las escaleras. Charlie nos estaba esperando con las llaves en mano.
"Feliz Navidad niñas," dijo, sin siquiera sorprenderse al ver a Alice y Rosalie.
"Feliz Navidad papá," respondí.
"Vamos o llegaremos tarde. Les llevaré hasta ahí," dijo roncamente. Lo seguimos hasta la patrulla y yo me reí cuando Rosalie y Alice se subieron en el asiento trasero detrás del divisor de plástico.
"Acostúmbrense señoritas," bromeé. Rosalie hizo una cara y Alice se rió con delicadeza. Llegamos a la casa de los Cullen en unos cuantos minutos, ya que vivían cerca. Alice prácticamente corrió a la casa y Rosalie le siguió, sacudiendo la cabeza. Charlie y yo caminamos tranquilamente, tratando de no caer en helada nieve que cubría el suelo. Detestaba la nieve, únicamente porque cuando regresaba la lluvia, congelaba todo, y siendo la persona más torpe del mundo, me tropezaba un montón. Sin embargo tenía que admitir, carámbanos de hielo colgar de los árboles se veía hermoso.
Cuando Charlie y yo entramos a la casa, la primera cosa que note fue el aroma de pan de banana. La segunda cosa que note fue el masivo árbol de Navidad en el centro de la espaciosa sala. Estaba cubierto de oropeles y ornamentos plateados. Sonreí cuando noté una estrella hecha de palitos de paleta y tenía escrito para Edward con amor Bella escrito con mi letra chueca, de cuando tenía cuatro o cinco. También había un delicado ángel en la punta del árbol, con cara de porcelana y un vaporoso vestido blanco. El área debajo del árbol estaba saturada de regalos y añadí los míos y de Charlie a la pila. Velas y estatuas de Santa estaban por todos lados y villancicos navideños sonaban de fondo gracias al estéreo. Edward estaba sentado en el sillón con Jasper y Emmett, los tres estaban jugando Mario Kart en el Wii.
"Regalos de Navidad?" pregunté, dejándome caer en el sillón junto a Edward. Estaban usando el pequeño volante y torció y volteó todo su cuerpo con ello.
"Si," respondió, sin quitar los ojos de la pantalla. Rodé los ojos. Chicos y sus videojuegos.
"Woo!" Emmett gritó, saltando y con el puño en alto. Para mi intensa sorpresa, me levanto en un gran abrazo de oso y comenzó a cantar "We Are the Champions" y empujándome levemente de adelante hacía atrás. Me reí y me aleje de él y él me tiró en el suelo.
"Wow Bella te ves bien" dijo, silbando. Reí. Emmett era como mi gran oso de peluche en un hermano mayor.
"Tú tampoco te ves mal," repliqué.
"Regalos de Navidad?" Edward preguntó con una sonrisa de lado. Me sonroje levemente.
"Si" respondí.
"Te ves hermosa," dijo.
"Y tú te ves muy guapo" comenté. Estaba usando unos jeans que se ajustaban a sus musculosos muslos y una camisa polo de color azul marino.
"El desayuno-almuerzo estará listo en diez, ok niños?" Esme llamó.
"Si mamá!" Emmett llamó fuertemente. Edward saltó del sillón y se agachó para susurrar en mi oído.
"Quiero darte un regalo. Vienes arriba por un segundo?" susurró, su aliento cosquilleando en mi oreja.
"Ok," dije de regreso, una sonrisa apareciendo en mi rostro. Me tomó de la mano y me llevó hacía arriba, guiándome en una la familiar ruta a su habitación. Entramos en su habitación y él cerró la puerta. Me hundí en la cama.
"Cierra los ojos," demandó.
"Edward odio las sorpresas," murmuré.
"Por favor Bella? Compláceme," rogó, su labio inferior formando un adorable puchero.
"Bien," suspiré. Digo, como alguien puede negarse a esa cara? Cerré los ojos.
"Cúbrelos con las manos y mantenlos cerrados," Edward instruyó. Yo asentí y levante mis manos para cubrir mis ojos. Escuché a Edward moverse por el cuarto, abriendo cajones y cerrándolos de nuevo. Espere impacientemente hasta que sentí que se sentaba detrás de mí. Me hundí levemente, arrastrándome hacía atrás de manera que mi espalda quedo en sus piernas.
"Qué estas haciendo?" pregunté. Moví una de mis manos para ver un poco pero él mantuvó la suya firmemente la suya. Noté lo cálida que su mano se sentía.
"No mires," instruyó. Tomó una bocanada de aire y me pregunté si me iba a besar. Pero entonces sentí sus manos en la parte de atrás de mi cuello, una fina cadena alrededor. Una ola de decepción me invadió pero me aleje. Él es mi amigo. No debería querer besarlo. Sería como querer besar a Alice o Rosalie. Sus dedos temblaron por un Segundo y los quito, y todo lo que dejo fue el ligero peso de lo que haya colgado en mi cuello.
"Ok," dijo, tomando mis manos sobre mis ojos con las suyas. "Abre." Él gentilmente bajo mis manos y yo abrí mis ojos. Me miré en el espejo que estaba frente a nosotros. Lo primero que note fue la sonrisa ansiosa de Edward y sus brillantes ojos verdes, la manera en que sus manos tomaban las mías a mi costado. Entonces mis ojos se fijaron en la piedra rojo sangre que colgaba de mi cuello. Me quede sin aliento.
"Granate?" pregunté, mi voz sin aliento. Edward asintió.
"Te gusta?" preguntó nerviosamente. Moví mi mano hacía arriba para tocarla. Tenía forma de corazón, colgando de una cadena de oro blanco, suave como seda y fría. Era hermosa.
"Me encanto," dije. "Granate es mi favorita."
"Lo se," replicó, sonando complacido. Me sonrió tímidamente.
"Wow Edward. Esto es …asombroso." El sonrió. Me volteé y pase mis brazos a su alrededor, abrazándolo fuertemente hacía mí. Sentí lágrimas bañar mis ojos por la dulzura del gesto. Debió haber costado mucho pero no me importaba en esos momentos. Bese su mejilla gentilmente, y ninguno de los dos notó cuando la puerta se abrió violentamente.
"Qué están haciendo?" Charlie rugió, parado junto a la puerta. Su cara estaba roja.
"Papá! Cálmate!" grité, liberando mi abrazo de Edward.
"Vine hasta aquí …ustedes...en su cama…besaste su mejilla" dijo incoherentemente.
"Papá relájate! Solo lo estaba abrazando para agradecerle mi regalo de Navidad." Señale a mi collar y Charlie palideció, sus ojos se abrieron.
"Qué piedra es esa?" preguntó.
"Granate, papá," repliqué, rodando mis ojos. Hombres, pensé, resistiendo la necesidad de sacudir la cabeza.
"Cuánto costo eso?" preguntó, volteándose a Edward.
"Papá! No es educado preguntar cuanto costaron los regalos de Navidad," le regañe. Tomó unas bocanadas de aire.
"Correcto. Bueno, el almuerzo esta listo. Y ustedes no puedes estar solos en este cuarto nunca más! Entendido?" Edward y yo asentimos furiosamente, presionando nuestros labios para no reírnos.
"Bajaremos en un minuto," dije. Charlie pareció dudarlo un momento, pero entonces se volteó y bajo las escaleras, dejando la puerta abierta completamente. Edward y yo estallamos en carcajadas al momento que ya no nos escuchaba.
"Creí que se le iba a reventar una vena en la cabeza," reí.
"Lo se! Ni siquiera estábamos haciendo nada," replicó. Por un minuto pensé que su voz sonaba arrepentida, pero pensé que no era nada.
"Pero gracias Edward. Realmente. Este es el mejor regalo que he tenido," dije suavemente, mi risa desvaneciéndose.
"Realmente?" preguntó orgullosamente
"Bueno supongo que no." frunció el ceño gentilmente.
"Qué es?" demandó.
"El mejor regalo que he tenido es a ti" dije gentilmente. Presioné mi frente gentilmente a la suya y el me dedico su sonrisa de lado.
Principio del formulario
Final del formulario
10
