Star Fox: The Anglar Wars

Por Fox McCloude.

Disclaimer: Star Fox y todos sus personajes son propiedad de Nintendo. Todos los derechos reservados.

Misión 6: Solar – The Ultimate Weapon.

Planeta Solar...

Las fuerzas cornerianas en Solar se habían visto obligadas a regresar a la base luego de experimentar de primera mano el poderío de una de las armas de asalto masivas de los Anglars, el Satélite Solar. El supuesto ataque sorpresa que habían planeado contra los Anglars terminó resultando en una emboscada que forzó a las fuerzas restantes a huir. Ahora, con menos de 16 horas antes que el Satélite Solar se colocara en posición de ataque contra la base, las tropas discutían sobre si deberían quedarse a plantarle cara a sus adversarios, o huir para salvar sus vidas. Entretanto, en el Great Fox, Falco Lombardi acababa de reunirse con sus viejos compañeros, y con su llegada traía algo más que noticias sobre lo que había estado haciendo los últimos meses. Ahora, Fox y compañía lo estaban poniendo al corriente de lo que acababan de enfrentarse.

- Vaya. De modo que tuvieron mucha suerte. – dijo Falco.

- Sí, y solo para salir con vida. – dijo Fox. – La verdad es que no nos esperábamos algo así. –

- El hecho es que no tenemos un plan. – intervino Howler. – Ese satélite no es algo para tomar a la ligera. –

- Bueno… sucede que… tengo algo conmigo que tal vez nos sirva de ayuda. – dijo Falco.

- ¿A qué te refieres? – preguntó Fox.

- No he tenido tiempo de revisarlo todavía… pero Katt me pasó unos archivos robados durante nuestro breve encuentro en el Sector Y. – explicó Falco. – Supuestamente eran de una base de datos con información referente a las armas que están construyendo los Anglars. –

- ¿Es en serio? – dijo Fox. - ¿Por qué no nos lo dijiste antes? –

- Bueno, es que ella planeaba vender esa información a la milicia, y si se llega a enterar que yo se las di de gratis… - Falco se detuvo un momento antes de continuar. – Pero estamos hablando de una emergencia, ¿verdad? Seguro que lo entenderá. –

- Supongo que no tenemos nada que perder. – dijo Fox. - ¿Dónde los tienes? –

- Están guardados en la computadora de mi Sky Claw. – dijo Falco.

- Howler, ve a buscar un disco. Tenemos que revisarlos ahora. –

Mientras Howler iba por un disco, Falco llevó a Fox a su Sky Claw y accionó su computadora para preparar la descarga de datos. Al cabo de unos minutos, Howler regresó con el disco. Insertándolo en el lector, Falco descargó la información, y posteriormente la llevaron a la computadora en el puente del Great Fox para observarla detenidamente. Con suerte, tal vez hubiera un archivo referente al Satélite Solar al que acababan de enfrentarse.

En el puente, Fox y compañía insertaron el disco para revisarlo. Wolf se encontraba también en el puente, pero si ya de por sí le era difícil trabajar cerca de dos miembros del equipo Star Fox (con todo y que uno de ellos fuese su hermano menor) con tres ya era demasiado para él y prefirió quedarse al margen, aunque parando bien las orejas para escuchar atentamente. Entre tantos archivos, tardaron un buen rato en dar con el que estaban buscando, pero afortunadamente, ahí estaba.

- Creo que lo encontramos. – dijo Falco. – Archivo AE-V005, "Satélite Solar". –

- Veamos qué tiene. – dijo Fox, abriendo el archivo. Este contenía una especificación completa de los planos del satélite, sus armamentos y demás. La clave era usar esa información para encontrarle alguna debilidad.

- Deberíamos llevarle esto al Comandante Schvaltz. – dijo Howler.

- Sí, estoy de acuerdo. Copiemos el archivo. – dijo Fox.

- Espero que Katt no me mate cuando se entere. – comentó Falco por lo bajo.

En la sala de guerra de la base corneriana, los oficiales continuaban enfrascados en la discusión. Schvaltz y los altos mandos de la flota estaban tan ocupados discutiendo que no se dieron cuenta de que Fox y los otros estaban ahí, y al cabo de unos minutos a Wolf solo se le ocurrió echar un tiro al aire para que se callaran y notaran su presencia. Cuando Howler lo reprendió por eso, Wolf simplemente respondió diciendo "Ya tenemos su atención, ¿no?". Una vez que todo mundo se calmó, Fox les mostró los datos que tenían en el disco, para que pudieran observar las especificaciones del Satélite Solar. Con el tiempo en su contra solo podían hacer una revisión general. De lo que alcanzaron a ver, en apariencia, las defensas del Satélite eran impenetrables, y su armamento demasiado poderoso para encararlo de frente. Sin embargo, hubo un detalle que encontraron particularmente interesante.

- Observen esto. – dijo Schvaltz. – Las bahías laterales donde están colocados los cañones principales del satélite también contienen los motores estabilizadores de la nave. –

- Sí, ¿y qué con eso? – preguntó uno de sus subordinados.

- Esos motores son los que mantienen toda la estructura a flote. En teoría… si pudiéramos neutralizarlos, tal vez podríamos hacer que el satélite pierda su curso. – sugirió Schvaltz.

- Eso suena a que es más fácil decirlo que hacerlo. Y de todos modos, ¿eso de qué nos serviría? – preguntó Howler.

- Tal vez… ¿sacándolo de su curso, podríamos hacer que se estrelle contra el planeta? – sugirió Fox.

- ¿Por qué no mejor hacer que se desplome en la lava? – intervino Wolf de repente. Todo mundo lo miró, y como si nada, él simplemente agregó: - Solo era una idea. –

- De hecho… no suena tan mal tu idea. – dijo Schvaltz. – Denme un mapa completo del curso del satélite. –

Colocaron un holograma donde se simulaba el curso actual del Satélite Solar. Se dieron cuenta de que, convenientemente, pasaba por encima de un enorme banco de lava, una distancia que tardaría por lo menos cinco horas en atravesar por completo en su camino hacia la base corneriana. Schvaltz supo que ese era el lugar perfecto. Inmediatamente, hizo una simulación para explicar su plan.

- Si los motores principales son los que mantienen en su curso al satélite, y logramos eliminarlos, en teoría un golpe directo en la parte superior podría hacerlo perder su rumbo, haciendo que la gravedad del planeta lo atraiga y se desplome. Tal como lo sugirió O'Donnell… es decir, Wolf, nuestra mejor opción para eliminarlo sería hacerlo caer en la lava. – explicó Schvaltz.

- Es posible, Comandante. – dijo uno de los oficiales adjuntos. – Pero la parte difícil sería como destruir los motores del satélite. Está escudado, y toda la flota Anglar lo estará protegiendo. –

- Quizás no haga falta destruirlos por completo. – dijo Falco. – Bastaría con separarlos de toda la estructura. Miren esto. –

Señaló las uniones que mantenían conectados los motores al satélite. Eran relativamente delgadas, y si lograban romperlas, los motores quedarían totalmente separados del satélite, logrando el objetivo que se tenían propuesto. No obstante, el espacio era extremadamente estrecho como para que alguna nave pudiera pasar por él y llegar hasta las uniones, apenas sí tenía unos cinco metros y medio de ancho.

- Ese espacio es demasiado pequeño para que ninguna de nuestras naves pueda atravesarlo. –

- Tal vez en posición horizontal. – puntualizó Falco. - ¿Pero qué tal en posición vertical? –

- ¿Cuál es tu idea, Falco? – preguntó Fox, aunque presintiendo saber qué era lo que su amigo pensaba.

- Es verdad que todos los cazas tienen una envergadura más ancha que cinco metros y medio. Pero si hablamos de altura del piso hasta el techo, mi Sky Claw no pasa de los tres metros y medio incluyendo los estabilizadores verticales. Si vuelo en posición vertical, puedo atravesar ese espacio, ¿no? –

- Tal vez, pero tendrás un espacio muy reducido para volar. –

- Lo he hecho en condiciones peores. Pasando a máxima velocidad, puedo usar el ala cortante de mi Sky Claw para cortar las uniones, y con eso eliminamos los estorbos de los motores, y los cañones al mismo tiempo. – dijo Falco con mucha confianza.

- Si alguien puede hacerlo, ese es él. – corroboró Howler, conociendo de primera mano las soberbias habilidades para pilotear de Falco.

- Supongo que no tenemos muchas alternativas. – dijo Schvaltz resignado. – Mientras tanto, ¿qué podemos hacer con los interceptores y las naves de entrega que les recargan sus municiones? –

- De eso quería hablarle también, Comandante. – dijo Fox. – Mientras estábamos peleando, le disparé un tiro recargado a una de las naves de entrega cuando estaba pasándole los misiles de concusión a uno de los interceptores. Es verdad que el blindaje de las naves de entrega es impenetrable, pero es posible destruirlas desde adentro, ya que mientras están pasando las municiones a los interceptores, abren una compuerta por abajo. El disparo que lancé impactó en uno de los misiles de concusión lo que provocó una reacción en cadena que los destruyó a ambos, al interceptor y a la nave de entrega. –

- ¿Por qué no nos lo dijiste antes? – preguntó Schvaltz.

- Me disculpo, no tuve oportunidad de hacerlo, ya que fue en ese preciso momento que apareció el satélite. – explicó Fox.

- Bueno, aún no es demasiado tarde. – dijo Schvaltz. – En cuanto a los misiles de concusión de los interceptores, creo que solo nos queda apegarnos al plan original de activar los escudos en el último momento y obligarlos a gastar munición. Ahora que si intentan recargarse… ya sabemos qué hacer. –

- Creo que con eso ya tenemos un plan, ¿verdad? – dijo Howler.

- No completo, pero con el tiempo en nuestra contra, solo podemos intentarlo y esperar lo mejor. – dijo Schvaltz. - ¿Cuánto tiempo tardará en llegar el satélite a la zona de lava? –

- A esa velocidad, entrará en unas tres horas aproximadamente. – Calculó el oficial adjunto. – De ahí en adelante, solo tendremos cinco horas para detenerlo. Una vez que la atraviese no tendremos salvación. – En eso sonó una transmisión de parte de la oficial de comunicaciones.

- Comandante Schvaltz, el escuadrón de reconocimiento acaba de enviarnos un reporte. Nos informan que interceptaron transmisiones enemigas provenientes de un puesto de comunicaciones estacionado a unos 300 kilómetros al noroeste de nuestra base. –

- ¿Un puesto de comunicaciones? – preguntó Schvaltz.

- Es probable que las transmisiones vayan dirigidas a más tropas Anglar que estén en las cercanías. – prosiguió la oficial de comunicaciones.

- Eso no está bien. – dijo Schvaltz. – Si reciben refuerzos, nos dificultarán más la tarea de detener ese satélite, y no tenemos mucho tiempo. –

- En ese caso, hay que destruir el puesto de comunicaciones. – intervino Howler. - ¿Qué tan protegido está? –

- Según el escuadrón de reconocimiento, solo tiene una pequeña guarnición, y cañones láser de alta potencia para naves pesadas. –

- ¿Tiene defensas contra cazas pequeños y rápidos? –

- No que sepamos. –

- De acuerdo. Yo me haré cargo de él. – declaró Howler.

- ¿Tú solo? – preguntó Schvaltz.

- El tiempo apremia, Comandante. Hay que interferir con sus comunicaciones para evitar que reciban refuerzos. Cualquier retraso que sufra el satélite puede hacer la diferencia entre la victoria y la derrota. – declaró Howler.

- Eso es verdad, pero… ¿estás seguro de que…? –

- Mi Ray Wolf está equipado con un hiperimpulsor. Puedo aparecerme y atacarlos por sorpresa, destruir el puesto de comunicaciones y regresar para ayudarles rápidamente. Si es verdad lo que dijeron, no se esperarán que un caza pequeño y solitario los ataque, y eso me dará una ventaja. –

- Howler tiene razón. – dijo Fox. – El factor sorpresa puede ser una gran ayuda en estos casos. –

- Está bien, se nos agota el tiempo y las opciones. – dijo Schvaltz resignado. – Este será el plan. La flota corneriana se dividirá en dos para atacar al satélite por los flancos. Así evitaremos los ataques directos. Los cruceros crearán un perímetro, para ayudar a que Falco se acerque lo suficiente para atacar las uniones que sujetan a los motores. Mientras tanto Howler se ocupará de destruir el puesto de comunicaciones para evitar que puedan enviar más transmisiones y solicitar refuerzos. Una vez eliminados los motores del satélite, los cruceros dispararán a la parte superior, para provocar que caiga hacia la lava. Solo tendremos cinco horas antes de que atraviese por completo la zona de lava. Si no… en el caso de que no lo logremos, quiero que el resto del personal en la base prepare los transportes e inicie los procedimientos de evacuación de emergencia. ¿Todo mundo está claro? –

Todos asintieron firmemente. Schvaltz dio la orden a las tropas para prepararse, y todos salieron de la sala de guerra hacia sus puestos. Armados con la información traída por Falco, ahora las tropas cornerianas contaban con una mejor oportunidad de sobrevivencia y victoria contra sus adversarios.

Mientras se dirigían al Great Fox, Wolf, que iba caminando al lado de su hermano, se le ocurrió hacerle un comentario.

- ¿No tienes nada qué decirme, hermanito? –

- ¿De qué? – preguntó Howler.

- Sobre mi idea para destruir esa cosa, por supuesto. – dijo Wolf. - ¿O se te olvidó quién dio la sugerencia? –

- No dejes que se te suban los humos, Wolf. – dijo Howler. – Solo hiciste un comentario, aunque admito que realmente resultó muy útil. –

- Hasta yo puedo ayudar de vez en cuando. –

Howler quiso refutar con algo, pero tuvo que admitir que la idea de Wolf de hacer que el satélite se desplomara en la lava fue la base para todo el plan. Tendría que darle su crédito correspondiente si el plan resultaba y lograban destruir todo el satélite. Si no… bueno, ya podría recriminárselo después con calma. Aunque por muy divertido que resultara, el lado racional de Howler deseaba con todas sus fuerzas no tener que hacerlo. Perder no era una opción.


Más tarde…

Siguiendo las órdenes de Schvaltz, la flota corneriana se estaba preparando para el segundo ataque. La idea era esperar a que el satélite entrase en la zona de lava, para lo cual midieron el tiempo, y en ese momento saltarían al hiperespacio para iniciar el asalto por los flancos. Según el reloj, faltaba poco menos de una hora para que el satélite estuviera encima, pero mientras tanto, se ocuparían de algo más.

- Contamos contigo, Howler. – dijo Fox, desde el puente de mando del Great Fox, hablando con Howler, que ya se encontraba a bordo de su Ray Wolf esperando la señal para hacer su parte en la misión.

- Me reuniré con ustedes en cuanto pueda. Aunque realmente no creo que me tarde mucho en volar ese puesto de comunicaciones. respondió Howler.

- Tienes luz verde. – dijo Schvaltz, en su nave insignia. – Buena suerte, y que regreses a salvo. –

Howler dio señal afirmativa y se preparó para dar el salto hiperespacial. Introdujo las coordenadas del área donde se encontraba el puesto de comunicaciones Anglar, accionó el hiperimpulsor y partió. Mientras tanto, el resto de la flota mantenía un ojo sobre los relojes, esperando al momento en que el satélite entrara a la zona de lava. Muchos en las filas cornerianas se mostraban escépticos de enviar a un solo piloto a atacar el puesto de comunicaciones, pero Fox y Falco aseguraron que lo lograría. Habían volado con él por años, y sabían de lo que era capaz.

Al salir del hiperespacio, Howler utilizó su radar de largo alcance para examinar el perímetro. No debía de haber activado las alarmas o tal vez ya tendría encima a todo un enjambre de enemigos. Escaneando los alrededores, no tardó en dar con el susodicho puesto de comunicaciones. Pasando a control visual, se dio cuenta que la pequeña base destacaba por una enorme antena de comunicaciones que giraba en círculos encima de lo que se veía como una enorme torre de radio. Alrededor había unos cuantos cazas Anglar patrullando, y varios cañones pesados, sin duda alguna colocados para repeler cualquier amenaza. Pensando cuál sería la mejor forma de atacar, Howler decidió usar una de sus Bombas Nova y lanzarla a una distancia segura del puesto, solo para llamar su atención, mientras él rodeaba el perímetro para atacar desde otro lado. Con suerte, dejarían una buena abertura para que él pudiera derribar la antena de comunicaciones, que era el verdadero objetivo.

- Empieza la función. – dijo Howler, pulsando el botón del lanzador de bombas.

Programó la bomba para que se retardara en la explosión, de modo que recorriera una buena distancia. Entretanto, él aceleró su Ray Wolf, manteniéndose fuera de los límites del radar de la base antes de iniciar su asalto. Unos quince segundos más tarde, la bomba estalló, Howler pudo ver un pequeño destello en la distancia. Tal y como lo había anticipado, los Anglars mordieron el anzuelo y se dirigieron a ver qué pasaba, dejando la base relativamente desprotegida. Esa era su señal.

- ¡Aquí voy! –

Los motores del Ray Wolf rugieron y el pequeño y veloz caza se lanzó hacia el puesto de comunicaciones. No había necesidad de destruirlo todo, bastaría con inhabilitar la antena, así ya no podrían enviar ni recibir transmisiones, que era lo que les interesaba. Como no podía perder el tiempo, ignoraría a sus atacantes y se enfocaría solo en destruir la antena y luego escapar de ahí a toda velocidad. Sonaba sencillo, y de hecho resultó serlo relativamente. Con casi todos los cazas Anglar alejados de la base, para cuando lo detectaron no pudieron regresar a tiempo, y solo pudieron atacarlo con los cañones. Estos, si bien tenían una potencia de fuego que podría haberlo desintegrado de un solo tiro, de poco servían si no eran capaces de dar en el blanco, pues estaban diseñados para atacar naves pesadas, no para cazas pequeños y veloces. Howler maniobró entre el fuego sin mayores dificultades, al tiempo que recargaba sus cañones láser para dispararle a la antena.

- ¡Tomen esto! – gritó pulsando sus gatillos.

¡BROOM! Un golpe directo, el emisor-receptor de la antena había quedado fuera de comisión, pero Howler no estaba satisfecho. Se elevó sobre la torre y luego descendió en vertical preparando otro disparo, para rematarla solo por si acaso. En esa posición quedaba fuera del arco de disparo de los cañones láser, y recargando de nuevo, esta vez disparó al eje giratorio de la antena. La antena dejó de girar repentinamente, mientras el eje echaba chispas. Howler se aprovechó y disparó una ráfaga de fuego rápido haciéndolo estallar, y el disco de la antena fue a desplomarse aplastando una buena porción del puesto en el proceso.

- Eso es. – dijo Howler, de inmediato abrió el canal de comunicaciones de largo alcance para hablarle a Schvaltz. – Está hecho, Comandante. Destruí la antena de comunicaciones. Puede proceder al ataque. –

- Buen trabajo. Reúnete con nosotros a la brevedad. –

- Enterado, cambio y fuera. – dijo Howler, en eso notó que los cazas Anglar ya venían por él. – Media vuelta y salir de aquí. –

Howler hizo que el Ray Wolf diera un giro completo de 180º y se alejó lo más rápido que pudo, mientras introducía nuevas coordenadas para volver a hacer el salto hiperespacial y reunirse con el resto de la flota corneriana. Ya la parte fácil había quedado atrás. Ahora venía lo verdaderamente difícil.


Una hora después…

El Satélite Solar continuaba su avance escoltado por la flota Anglar. Su anterior victoria parecía haber aumentado, con mucho, la confianza de las tropas. Los daños que provocaron a los cornerianos hacía unas horas eran solamente un preludio de lo que les esperaba. Muy pronto los destruirían a todos y con ello tendrían el control completo sobre Solar. O eso era lo que pensaban. En el momento en que el satélite comenzaba a colocarse por encima del enorme banco de lava, los sensores captaron múltiples señales.

- Comandante Zoldge, estamos recibiendo señales de salto hiperespacial. –

- ¿Qué dices? – Zoldge pareció sorprendido.

Segundos más tarde, las naves cornerianas aparecieron en ambos lados del satélite, preparadas para iniciar el ataque. En cuestiones numéricas ambas flotas ahora estaban bastante equilibradas debido a las bajas que habían sufrido los cornerianos en el enfrentamiento pasado, pero los Anglars contaban con el satélite para inclinar la balanza a su favor. No obstante, estos no sabían que ahora los cornerianos tenían un plan de ataque para eliminar ese "pequeño" factor.

- Ah, ya veo. Con que esos perros cornerianos no quieren caer sin dar una pelea. De acuerdo, démosles lo que quieren. – dijo Zoldge. – Estaciones de combate, todas las naves prepárense para la batalla. –

Al atacar por los flancos, las tropas cornerianas estaban obligando a sus adversarios a romper las filas para poder defenderse de los ataques al tiempo que permanecían fuera del arco de disparo de los cañones principales. El plan era sencillo: tenían que crear una abertura para que Falco pasara con su Sky Claw, y se ocupara de la parte crucial del plan: cortar las uniones que conectaban a los motores con el satélite. El Great Fox permaneció en la retaguardia durante el inicio del asalto, mientras Fox, Falco y Wolf se preparaban para salir cuando Schvaltz les diera la señal.

Los cruceros se estaban enfrentando prácticamente a quemarropa. Al atacar por los flancos, los cruceros cornerianos tuvieron una pequeña ventaja inicial que les permitió causar daños en las naves enemigas antes que estas pudieran ponerse en posición para responder el fuego. De haber hecho un ataque directo, se habrían puesto a tiro para que el satélite los vaporizara, y como este tenía que mantener su curso hacia el verdadero objetivo, que era la base corneriana, no podía girar hacia los flancos ya que se desviaría y tardaría más en llegar.

- Desplieguen a los interceptores inmediatamente. – ordenó Zoldge.

A esta voz los cruceros Anglar dejaron salir a las naves interceptoras. Las fuerzas cornerianas hicieron lo propio desplegando a sus propios cazas, y Schvaltz envió la señal al Great Fox para que Fox y compañía ingresaran a la batalla. Los tres se lanzaron por los conductos de acceso hacia la bahía de lanzamiento y abordaron sus naves, saliendo al encuentro de sus enemigos.

- De acuerdo, equipo, conocen el plan. – dijo Fox. – Cuando disparen los misiles de concusión, no activen los escudos hasta el último segundo. –

- No sabrán ni quién los golpeó. – dijo Falco.

- Bah, esos idiotas no son pieza para mí. – dijo Wolf, tronándose los nudillos.

El fuego cruzado no se hizo esperar. Esta vez, sin embargo, los pilotos cornerianos, o tuvieron más suerte o más habilidad, ya que la mayor parte de ellos sí fue capaz de activar los escudos en el momento indicado cuando los interceptores comenzaban a disparar los misiles de concusión. El plan de obligarlos a gastar munición marchaba sobre ruedas, y sin perder tiempo iniciaban el contraataque una vez que se aseguraban de que habían gastado sus misiles. Lento pero seguro, y los números en las filas Anglar comenzaban a disminuir gradualmente, en gran parte gracias a las intervenciones de Fox, Falco y Wolf.

Unos 20 minutos después de iniciar el combate, dándose cuenta de que los cornerianos empezaban a ganar terreno, Zoldge ordenó a varias naves separarse del grupo principal e intentar atacar a los cruceros desde sus puntos muertos. Previendo esto, sin embargo, Schvaltz ordenó a los cruceros cornerianos cerrar la formación para maximizar la defensa y mantener posiciones hasta que llegara el momento de atacar el satélite. Los cazas de reserva comenzaron a hacer rondas cerca de los cruceros para protegerlos en caso de que se les acercaran las naves Anglar.

- Necesitamos ganar tiempo. – dijo Fox. – ROB, quiero que dispares una ronda de misiles hacia los cruceros Anglar que hay en el cuadrante B-5. –

- Entendido. –

- Wolf, Falco, síganme. –

Cubiertos por los misiles lanzados por el Great Fox, los tres cazas se abrieron paso en las filas hacia los cruceros. El punto clave para derrotar una nave pesada con un caza pequeño es acercarse lo suficiente para inhabilitar el puente de mando, y al hacerlo esta queda a la deriva. Los misiles no hicieron gran daño en el casco de la nave gracias a los escudos, pero este ataque era solo una pantalla para distraerlos del verdadero peligro. Fox disparó una ronda de fuego rápido hacia el generador del escudo del crucero que iba al frente, y aunque no logró destruirlo, este ahora estaba intermitente. Falco se encargó de darle la estocada usando su Bomba Nova, y segundos después la nave perdió su curso. Viendo que la táctica daba resultado, Fox abrió un canal con Schvaltz.

- Comandante, requerimos apoyo aquí. Envíe un grupo de cazas a atacar los cruceros con el armamento más fuerte que tenga. –

- ¿Crees que puedan destruir los cruceros? –

- No hace falta. Basta con inhabilitar el puente de mando. – explicó Fox.

- De acuerdo. – dijo Schvaltz, entendiendo a lo que Fox se refería. – Escuadrones B y C, dispérsense y ataquen al puente de mando de los cruceros Anglar. Corbetas 6 y 7, avancen por el centro y disparen fuego de advertencia para abrir un camino para los cazas. –

Dos de las corbetas que flanqueaban la nave insignia de Schvaltz se separaron del grupo principal, actuando como escoltas para ayudar a los escuadrones de cazas cornerianos a avanzar. Aunque algunos de ellos cayeron presa del fuego cruzado, suficiente cantidad logró su cometido de acercarse lo suficiente para atacar los generadores de escudos de las naves pesadas Anglar, utilizando los torpedos de protones. Los pilotos de Star Fox (y Star Wolf) se sumaron a la refriega ayudando a inutilizar los cañones menores para evitar que pudieran defenderse. El Great Fox desde la retaguardia disparó unos cuantos misiles más como refuerzo, y el resultado fue un crucero destruido y el otro dañado.

Entretanto, los interceptores Anglar ya comenzaban a tener que lidiar con otro "pequeño" problema. En sus arranques de desesperación, habían comenzado a disparar misiles de concusión a lo loco, esperando que alguno de ellos lograra darle a alguno de sus adversarios, aunque sin mucho éxito. No solo erraban los tiros, sino que en unas cuantas ocasiones se dañaban unos a otros por no apuntar bien a donde dirigían sus proyectiles, y con la estrategia de los cornerianos de activar sus escudos en el último segundo, estaban más que desperdiciando sus municiones inútilmente.

- Comandante Zoldge, los interceptores solicitan que les enviemos municiones extra en el acto. –

- De acuerdo, que desplieguen a las naves de entrega. – dijo Zoldge, cuyo semblante ya no se veía tan confiado como al principio.

Los cruceros Anglar restantes comenzaron a desplegar a las "indestructibles" naves de entrega para enviarles sus municiones a los interceptores. Tenían una buena reserva para resistir una larga batalla, pero los cornerianos ya sabían exactamente como "cortar las rutas de entrega". Fox solicitó a Schvaltz que le permitiera a él, Falco y Wolf encargarse de las naves de entrega, a lo que Schvaltz accedió.

- Ya saben lo que hay que hacer. – dijo Fox al verlas.

Los interceptores Anglar que ya habían agotado sus municiones se replegaron para encontrarse con las naves de entrega. Fox, Falco y Wolf los persiguieron, sabiendo que el único momento en que las naves de entrega serían vulnerables sería cuando estuvieran pasándoles las municiones a los interceptores.

- Recarguen sus lásers, y no los suelten hasta que estén a tiro. – indicó Fox.

Los interceptores Anglar, sintiéndose muy confiados y seguros mientras les pasaban las municiones, no se percataron de las tres naves que se dirigían hacia ellos hasta que varios disparos recargados los hicieron volar, en el proceso destruyendo también o al menos causando graves daños en las naves de entrega. Los misiles de concusión contenían explosivos de alto impacto, de modo que bastaba hacer detonar uno solo para que todos los demás lo siguieran. Fox, Falco y Wolf consiguieron destruir por lo menos dos naves de entrega cada uno, junto con los interceptores a los que estaban suministrando los misiles, y al hacerlo no solo disminuían sus números, sino que los privaban de su valiosa carga de municiones una vez que las agotaran.

Cuando Fox atacó a una de las naves de entrega, el interceptor que estaba siendo cargado de municiones se desacopló sin avisar y huyó al anticiparse a lo que Fox estaba por hacer. El interceptor logró escapar, pero la nave de entrega no tuvo tanta suerte, pues antes que pudiera cerrar las compuertas de los suministros, Fox descendió y le disparó por abajo, logrando destruir una más. No obstante, el interceptor pareció haberse arrepentido de abandonar a la nave de entrega de esa manera, e inmediatamente se lanzó tras Fox para vengarse.

- Parece que alguien se puso de mal humor. – comentó Fox con sarcasmo.

Fox tuvo que maniobrar en medio del fuego que le lanzaba el interceptor. Cuando este le disparó los misiles de concusión, entendió que no podía usar la táctica de activar los escudos en el último segundo. Esto solo funcionaba al ser atacado por el frente, pero los deflectores posteriores no tenían la misma fuerza que los frontales. Fox maniobró, y deliberadamente pasó entre dos interceptores Anglar con la esperanza de que los misiles los destruyeran a ellos. Dio resultado, pero el perseguidor no estaba dispuesto a dejarlo escapar y continuó disparando, decidido a derribarlo como fuera.

- Creo que me vendría bien algo de ayuda en este momento. – dijo Fox ante la tenacidad de su perseguidor, y a los pocos segundos, recibió su respuesta.

¡ZAP! ¡ZAP! ¡ZAP! ¡BROOOM! Una lluvia de fuego rápido acabó con el interceptor que perseguía a Fox. Segundos más tarde, pasó junto a él el Ray Wolf.

- Perdón por la tardanza, amigos. – dijo Howler, abriendo una transmisión. - ¿De qué me perdí? –

- No mucho en realidad. – dijo Falco. – La fiesta apenas está empezando. –

- A tiempo como siempre, Howler. – dijo Fox.

Con Howler reincorporado a las filas, los cuatro pilotos continuaron con su labor. Fox y Falco se ocupaban de atacar a las naves de entrega, cubiertos por Howler y Wolf, que se encargaban de derribar a los interceptores que buscaban tomar represalias cuando sus municiones volaban en pedazos antes o durante el proceso de entrega. Sacando a los misiles de concusión de la ecuación, ahora los cazas cornerianos eran libres de irse todos a la vez a enfrentarse cara a cara a los interceptores Anglar, abriendo paso para que los cruceros pudieran atacar a las naves pesadas.

En el puente de mando del Satélite Solar, Zoldge comenzaba a impacientarse. La resistencia montada por las tropas cornerianas estaba resultando más difícil de derribar de lo esperado. No quería tener que desperdiciar el poderío del satélite con la flota y desviarse del curso original para destruir la base corneriana, pero si seguían resistiéndose de esa manera, pasaría demasiado tiempo antes que llegaran a la base, y tal vez para entonces hubieran escapado de ahí.

- Que giren los motores. – ordenó Zoldge. – Vamos a destruirlos aquí y ahora. –

- ¿Cambiaremos el curso, señor? –

- Así es. Nos retrasaremos un poco, pero es mejor eliminar a las pestes antes que se multipliquen. – dijo Zoldge.

El satélite cesó su avance, y comenzó a girar para cambiar el curso. Su intención era colocarse de tal forma que la nave insignia corneriana (en otras palabras, la nave de Schvaltz), quedara dentro de su arco de disparo para destruirla. El primer paso para derrotar a múltiples oponentes es vencer primero al líder. Pero desafortunadamente para ellos, Fox se percató del cambio de curso mientras estaba combatiendo, y al adivinarles la intención de inmediato estableció contacto con Schvaltz para advertirle.

- Comandante Schvaltz, el satélite está cambiando de curso. – le dijo. – Creo que se dirige hacia usted. –

- ¿Qué dices? – Schvaltz pasó a control visual para observar el satélite, y se dio cuenta de que efectivamente estaba girando en su dirección. - ¡Acción evasiva! ¡Todas las naves, dispersen la formación ahora! –

Alertados por Schvaltz, todas las naves que lo flanqueaban rompieron filas y se alejaron. Para cuando el satélite logró establecer el nuevo curso y disparó sus cañones, ya habían logrado ponerse fuera de su radio de ataque y afortunadamente ninguna de las naves cornerianas fue alcanzada por los masivos rayos, pero la nave de Schvaltz se salvó apenas por los pelos, ya que esa era el verdadero objetivo.

- Estuvo cerca. – dijo Schvaltz, suspirando de alivio justo después que el rayo pasara de largo sin tocarlos. – Creo que con esto tenemos que adelantar un poco los planes. Que los cruceros se agrupen en escuadras de tres y manténganse dispersos. Ignoren a la flota Anglar, concéntrense en debilitar las defensas del satélite lo más que puedan. –

La brusca decisión de Zoldge de cambiar el curso podría no haber tenido el efecto deseado. Gracias a que Fox notó la actividad a tiempo, las naves cornerianas lograron evitar un ataque inmediato, y pudieron tomar una mejor posición para atacar. El cambio de curso también implicaba que el satélite tardaría más tiempo del estimado originalmente para salir del banco de lava, lo que aumentaba sus oportunidades de llevar a cabo el plan para destruirlo. Siguiendo las órdenes de Schvaltz, las naves cornerianas dejaron en segundo plano a sus oponentes Anglar y concentraron sus esfuerzos en atacar el satélite. Al parecer este ya no resultaba tan efectivo ahora que sabían de lo que era capaz y como evitarlo. Ya que los lásers no podían penetrar los escudos del satélite, los cornerianos se vieron forzados a utilizar los torpedos de protones. Las baterías turboláser derribaron a una gran cantidad de ellos, pero incluso ellos conseguían enviarles como último ataque uno o dos torpedos de protones para ayudar a mermar sus defensas. Los interceptores y cruceros Anglar tardaron un buen rato en reagruparse y volver a establecer el perímetro alrededor del satélite para poder protegerlo, ahora que finalmente entendían cuál había sido siempre su verdadero objetivo. Aunque, fuera cual fuera su plan, Zoldge tenía la certeza de que no podrían hacer gran cosa contra el enorme satélite.

- Comandante Schvaltz, el satélite se está posicionando para disparar de nuevo. –

- Tendremos que acercarnos más. – dijo Schvaltz. – Enfrentemos a las naves enemigas a quemarropa, y recemos porque eso haga que no se les ocurra disparar con el satélite. Máxima potencia a las pantallas deflectoras delanteras. –

- Entendido. –

A pesar de las naves que habían perdido, los cornerianos se estaban acercando a su objetivo. Tal como Schvaltz esperaba, el satélite no se atrevió a disparar sus cañones principales por miedo a destruir a los suyos, y al mantenerse juntos, la potencia de las pantallas deflectoras de los cruceros se incrementaba significativamente. Habían creado una defensa virtualmente perfecta.

- Estos perros están resultando más difíciles de lo que imaginaba. – gruñó Zoldge. – Tú, envía una transmisión. Quiero todos los refuerzos disponibles, y los quiero ahora. –

- Enseguida. –

Mientras afuera las dos flotas continuaban combatiendo ferozmente, el oficial de comunicaciones junto a Zoldge tecleó algo y envió un mensaje. La estrategia de los cornerianos estaba dando resultado: las formaciones cerradas les permitían permanecer más o menos protegidos al mismo tiempo que acababan con algunos de sus enemigos. Los interceptores bajaban rápidamente en número, y con ellos las naves de entrega, ahora que ya sabían cómo destruirlos a ambos de un solo golpe.

Pasaron unos minutos y no hubo respuesta. Zoldge comenzaba a impacientarse. Los cornerianos estaban ganando terreno por momentos, y los refuerzos que Zoldge solicitó no aparecían por ningún lado.

- ¿Dónde están esos malditos refuerzos? – dijo Zoldge, traqueteando los dedos sobre su silla. – Abran un canal con el puesto de comunicaciones. –

El oficial de comunicaciones tecleó algo, y a los pocos minutos dio una respuesta que a Zoldge no le agradó. – No podemos establecer contacto con el puesto de comunicaciones, señor. –

- ¿Cómo dices? – Zoldge creyó oír mal. - ¿Qué quieres decir con "no podemos establecer contacto"? –

- No hay señal, señor. – dijo el oficial. – El puesto parece estar fuera de línea, no tenemos recepción de ellos. –

- ¿Pero cómo es posible? La única forma de que eso pase es que… - Y entonces la cabeza de Zoldge echó a andar. - …no, no puede ser. –

Usando la lógica, si no estaban recibiendo nada, lo único posible era que el puesto de comunicaciones hubiera sido descubierto y atacado. De ser ese el caso, las comunicaciones estarían interferidas dado que la antena de ese puesto era punto clave para las transmisiones de larga distancia, ya que las recibía y las retransmitía rápidamente al actuar como mediador. Pero si estaba inhabilitado, las transmisiones de larga distancia tardarían más en llegar al resto de las tropas Anglar en los alrededores, y para cuando lo hicieran, ya sería demasiado tarde. Los cornerianos debieron prever esto, y deliberadamente se aseguraron de que no pudieran pedir refuerzos en esta batalla.

- Suciamente ingenioso. – dijo Zoldge, con una vena palpitándole en la cabeza. – Nos han dejado solos aquí. –

Lento pero seguro, las defensas alrededor del satélite iban disminuyendo. En cuestión de una media hora más, las fuerzas cornerianas habían eliminado a suficientes naves Anglar para crear una abertura en las filas. Schvaltz ordenó a un grupo colocarse en un cuadrante específico para actuar como protecciones para Falco y mantener a los enemigos a raya de modo que pudiera pasar.

- Mantengan posiciones, no permitan que nada pase. – ordenó Schvaltz. Inmediatamente, cambió el canal de comunicaciones para hablarle a Falco. – Es tu turno, Falco, hora de que hagas tu parte. –

- Ya era hora. – dijo Falco. – Howler, cúbreme las espaldas. –

- Voy detrás de ti. –

El Sky Claw atravesó el camino que le habían abierto las naves cornerianas. Pese a que algunas de ellas recibieron daños por estar actuando como escudos vivos, afortunadamente ninguna fue destruida, y en caso de que alguno lograra pasar e intentara atacar a Falco, Howler estaba en la retaguardia listo para todo. Con los enemigos a buena distancia, Falco pudo dirigirse a salvo hacia el satélite, listo para darles el golpe decisivo.

- ¡Aquí voy! – gritó mientras colocaba el caza en posición vertical y preparaba el ala cortante. Con mucho cuidado atravesó el estrecho pasaje hacia el motor derecho, descendió para acercar las puntas afiladas y…

¡SLASH! Corte preciso, y las uniones que mantenían el motor pegado al satélite fueron cercenadas limpiamente. El motor cayó hacia la lava y al mismo tiempo, el satélite comenzó a inclinarse hacia el lado contrario, creando un clima de pánico en los que estaban adentro, incluyendo a Zoldge.

- ¡Qué demonios pasa! – gritó furioso.

- ¡Comandante, perdimos el motor de estribor! – gritó el oficial.

- ¡¿QUÉ? ¡¿CÓMO ES POSIBLE? –

Mientras tanto afuera, Falco observaba el resultado de su ataque. Un motor menos, pero aunque el satélite estuviera fuera de control, el otro motor todavía lo mantendría a flote. Ahora tenía que volver a calcular su ataque para el motor de babor, ya que la inclinación del satélite cambiaba el escenario. El movimiento, aunque relativamente lento, era constante y un error de cálculo podría resultarle fatal. No tenía más opción que esperar a que ellos mismos se estabilizaran manualmente antes de poder atacar el otro motor.

Aproximadamente un minuto después lograron estabilizarse por completo, y fue entonces que Falco dio la vuelta y regresó para terminar el trabajo. Sin embargo, el daño causado en el costado de estribor había incendiado algunas de las secciones, y las llamas no tardaron en alcanzar un depósito de gas que estalló provocando una fuerte sacudida. Falco no había recorrido totalmente el pasaje, y el sacudón lo tomó por sorpresa. Instintivamente salió de ahí, milagrosamente en una pieza, pero al hacerlo dejó incompleta su labor: una de las uniones del motor había quedado intacta, y este seguía pegado al satélite, aunque literalmente pendiendo de un hilo.

- ¡Maldición, fallé por un metro! – gritó golpeando su panel de control furioso. Y vio algo en su indicador que lo hizo enojarse aún más. – Ah, esto es genial. Mis puntas afiladas quedaron dañadas, ya no puedo volver a hacer el ataque. –

- ¡Bah, déjamelo a mí! – salió alguien al paso de repente, era Wolf. – Terminaré con esto a la antigua. –

Nadie había reparado en Wolf hasta ese instante. El lobo se lanzó hacia el motor de babor, decidido a terminar el trabajo. Sin mediar palabras, pulsó el botón del lanzador de bombas. La bomba salió directo hacia el estrecho pasaje.

¡BOOOOOOOM! Directo en el blanco, la explosión terminó de separar esa dichosa unión que aún mantenía al motor del satélite pegado a la estructura. Si perder el primer motor les había dado pánico, ahora haberlos perdidos ambos los haría morirse del terror, casi literalmente.

- Bueno, no era parte del plan original, pero funcionó. – dijo Fox, de inmediato enviando la transmisión a Schvaltz. – Comandante, lo logramos. Le toca a usted dar el golpe final. –

- Entendido. ¡Todas las naves, concentren su fuego a la parte superior del satélite! ¡Máxima potencia! – ordenó Schvaltz.

Los cruceros cornerianos se posicionaron para terminar con el satélite, ignorando por completo a las naves Anglar que todavía quedaban a su alrededor, después de todo, el satélite era su verdadero objetivo. Mientras la tripulación trataba de estabilizarlo usando los motores de emergencia, recibieron fuertes sacudidas en la parte superior, producto de los disparos de los cañones pesados de todos los cruceros cornerianos, incluyendo la nave insignia de Schvaltz y el Great Fox. El golpe fue demasiado, ahora sin sus motores principales, nada podría salvarlo de su inminente caída en el infierno que había debajo.

- ¡Comandante Zoldge, la gravedad del planeta nos está atrayendo! –

- ¡Cállate! – gritó Zoldge.

- ¡Tenemos que salir de aquí! –

- ¡Que te calles! – volvió a gritar Zoldge.

- ¡¿Es que no aprecia su vida? ¡Nos vamos a fundir ahí abajo! –

- ¡Que así sea! – declaró Zoldge. - ¡Moriremos con honor antes que escapar! –

- ¿Honor? ¡Usted está loco! ¡Vámonos de aquí! –

- ¡Nadie se irá! – vociferó Zoldge autoritario. - ¡No les daremos el gusto de vernos huir a esos malditos! –

- ¡Allá usted si quiere morir en ese infierno! – gritó el oficial de comunicaciones. - ¡Más vale que digan "aquí corrió" que "aquí murió"! ¡¿Quién viene conmigo? –

La decisión pareció ser unánime, pues todos los que estaban en el puente abandonaron sus puestos y dejaron a Zoldge solo, aún gritando órdenes y vociferando maldiciones. Pero aparentemente, el sentido común y de autopreservación de sus subalternos superaba a su lealtad, ya que ninguno lo escuchó. Mientras el satélite descendía vertiginosamente hacia el ardiente líquido, se pudieron ver como algunas naves de escape salían de él. La batalla había terminado: la flota corneriana había logrado su cometido destruyendo el satélite, que se desplomó en la lava y se hundió lentamente. El resto de las naves Anglar, viendo como su superarma era tragada por la lava, se dieron cuenta de que no tenía sentido seguir luchando, rompieron filas y escaparon hacia el hiperespacio.

- Uff… fue difícil, pero lo logramos. – dijo Schvaltz.

- Comandante, el enemigo se está retirando. ¿Qué hacemos? – preguntó el oficial de comunicaciones.

- Déjenlos que se marchen. – dijo Schvaltz. – Otras cosas urgen de momento. – En eso, abrieron una transmisión desde uno de los cruceros.

- Comandante Schvaltz, logramos capturar uno de los cruceros de batalla Anglar. La tripulación abandonó la nave en las cápsulas de escape, pero tal vez pueda sernos útil.

- Entiendo. Que lo remolquen hasta la base. Nos vamos de aquí. –

Dicho esto, la flota corneriana emprendió la retirada. Una victoria, una pequeña pero gran victoria para ellos. Quizás las cosas comenzaran a pintar mejor después de esto.


Más tarde…

Los ánimos de las tropas cornerianas mejoraron luego de la destrucción del satélite. El crucero de batalla que lograron capturar era un excelente botín de guerra, ya que ahora podrían incorporarlo a sus filas, y además con eso tener una idea mejor de la clase de armamento con el que los Anglars podrían reaparecer. Mientras tanto, el Comandante Schvaltz intentaba decidir cuál sería la mejor forma de recompensar a Fox y compañía por su valioso apoyo. Wolf intentó insistir en que les pagaran en efectivo, pero los demás no estaban de acuerdo en ello, a pesar de que Schvaltz estaba dispuesto a hacerlo de buen grado. Pensaban que habría otra forma de recompensa. Después de discutir un rato, Fox convenció a Schvaltz de que les permitiera entrar en la nave Anglar que habían capturado, y permitirles llevarse de ella algo que pudiera resultarles de utilidad. Schvaltz tardó un poco en decidirse, pero considerando que de no ser por ellos no hubieran podido derrotar la amenaza del Satélite Solar, finalmente accedió a sus términos. Después de un par de horas, cuando pasaron por un hangar donde había almacenados varios cazas Anglar prototipo que llamaron la atención de Howler. Estaban casi nuevos, se notaba que no habían sido utilizados aún, y en excelentes condiciones. Después de deliberar un poco, finalmente llegaron a un acuerdo y les permitieron llevarse uno de los cazas como pago por su apoyo. Schvaltz se despidió de Fox y compañía agradeciéndoles de nuevo por su ayuda prestada y deseándoles lo mejor en sus futuras batallas. Con su tarea completada, el escuadrón emprendió un nuevo rumbo.

Howler en este momento se encontraba en el hangar, revisando las partes compatibles del caza Anglar que les dieron luego de la escaramuza para utilizarlas de repuesto, y de ser posible como mejoras para sus propias naves. Luego de desmantelarlo por completo, hubo dos cosas en particular que le llamaron la atención. Los motores estaban equipados con quemadores auxiliares que incrementaban la salida de los propulsores, lo que le daba a la nave un impulso adicional para mayor velocidad de vuelo. También poseía un formidable sistema de armas, no había forma de hacerle ascos a semejante poder de fuego con los cañones láser de plasma que tenía. Falco dijo que le gustaba su nave como estaba, así que se rehusó a aceptarlas, dijo que no le hacían falta. De modo que Howler fue luego con Fox a preguntarle.

- En serio, Fox, pienso que no le vendría mal. – dijo Howler. – Tu Arwing II ha aguantado muchas cosas, pero no está de más que le hagamos una mejora de vez en cuando, y menos considerando lo que se nos viene encima. –

- Si tanto los quieres, pónselos a tu Ray Wolf. – dijo Fox.

- Pues la verdad… solo me interesa el sistema de quemadores auxiliares. Mi Ray Wolf tiene suficiente potencia de fuego, pero tu Arwing II solo tiene un cañón estándar. –

- Hmm… - Fox se detuvo a pensarlo. Howler quería poner a buen uso las partes del caza, pero no las quería todas para él. – De acuerdo, haz lo que creas conveniente. –

En eso, sonó el comunicador de Fox, era ROB solicitando que fuera al puente para una revisión de sistemas. Howler mientras tanto puso manos a la obra y se puso a instalar las partes. Tuvo que desarmar el cañón láser del Arwing II casi por completo para poder reconfigurar el sistema de armas, de modo que se pudiera ajustar a los cañones de plasma gemelos. Al terminar, desarmó el motor del Ray Wolf para colocar los quemadores auxiliares en los propulsores. Después los probaría con más calma.

Aún después de terminar, Howler decidió seguir revisando las otras naves en caso de que requiriesen alguna reparación menor. Más en concreto, estaba revisando al Wolfen de su hermano mayor. Y hablando de él, al cabo de unos minutos se apareció en el hangar, y vio a Howler de nuevo metiendo mano en su caza.

- ¿De nuevo con eso, hermanito? – dijo Wolf. – Si salí intacto de la batalla, ¿qué sentido tiene que sigas revisándolo? –

- Solo quiero estar seguro. – respondió Howler simplemente. Wolf, sin embargo, no se iba a tragar ese cuento tan fácil.

- ¿A quién quieres engañar, Howler? No te preocupa más mi seguridad de lo que te preocupa que pueda estar tramando algo. Simplemente no confías en mí. -

- Eso es verdad. – admitió Howler sin mirarlo directamente. – Pero ya sea que confíe o no en ti, no nos conviene que te vuelen allá afuera, ya te lo dije. Tú has lo tuyo, y déjame a mí hacer lo mío. –

- Hmph, como quieras. – dijo Wolf.

El lobo mayor se dio la vuelta y abandonó el hangar metiéndose al elevador. En cuanto Howler se cercioró de que se había ido, detuvo momentáneamente lo que hacía, y sacó algo de su cinturón de utilidades. Era un pequeño dispositivo circular, del tamaño de una tapa de botella, con una luz azul que parpadeaba. Lo que Wolf decía era verdad, Howler no confiaba en él, y lo de estar revisando la nave de nuevo en realidad solo era un pretexto para hacer algo que Howler consideraba más importante, algo de lo que no podía permitir que Wolf se enterara. Viendo de nuevo hacia la puerta del elevador, solo por si alguien más entraba, pegó el dispositivo debajo de uno de los tubos del motor del Wolfen cerciorándose de que quedase bien oculto a la vista, de modo que si alguien abriera el motor no lo pudiera notar en absoluto.

- Por si las dudas… - murmuró.

Esta historia continuará…


Notas del Autor:

Uff, vaya. Fue duro enlazar los trozos de este cap, pero ya está. Creo que se me hará costumbre que cada año tome una materia en cursos intensivos en la universidad, así que adiós a las vacaciones de verano. Con tanto que estudiar y tan poco tiempo la verdad es que es una suerte si llego a tener un ratito para ponerme a escribir algo. Bueno, por cosa de seguir la ruta de Star Fox Command, notando que por este camino el Arwing II de Fox recibe lásers de Plasma, decidí conservar ese detallito, solo que intenté buscar una mejor forma de insertarlo, aunque no creo que eso importe mucho. Tomaré un enfoque diferente en la batalla del próximo cap, y todavía no veremos de Slippy o Krystal. Es todo lo que les voy a adelantar.

Gracias por los reviews a Anhell, Albian y dragon titanico. A ver si echo mano de mis otras historias incompletas para terminarlas de una buena vez. Nos vemos.